No hay una respuesta única para saber cuántos hijos debe tener una pareja cristiana, y precisamente esa es la tensión que esta enseñanza aborda con honestidad. La Biblia ofrece un mandato general en Génesis —"sed fecundos y multiplicaos"— y algunos lo interpretan como un llamado a no poner ningún límite a la descendencia, llegando a tener trece, quince o más hijos. Sin embargo, el pastor Miguel Núñez señala que Dios también nos ha dado el Espíritu Santo, la razón y su Palabra, recursos que nos ayudan a discernir de manera más específica en cada situación particular.
Lo que sí queda claro es que el egoísmo no puede ser el motor de esta decisión. Limitar el número de hijos para mantener un nivel de vida más cómodo, o para conservar una libertad personal que los hijos vendrían a reducir, es una forma de pecado que el pastor Núñez nombra sin rodeos. El llamado es a examinar los motivos del corazón antes de tomar cualquier determinación en esta área.
Dios dirige a cada pareja de manera individual, tomando en cuenta sus dones, su carácter, su capacidad económica y las circunstancias que atravesarán a lo largo de la vida. Por eso no existe un modelo único que le sirva a todos. Hay familias pastorales con siete hijos y familias pastorales sin ninguno, y ambas pueden estar dentro de la voluntad de Dios.
La invitación práctica es concreta: orar, conversar como pareja, buscar un mismo sentir y poner la decisión en manos de Dios, confiando en que Él tiene más interés que nadie en que el resultado sea bueno.