Miguel Núñez • 25 junio, 2015
El desierto no es un accidente en la vida del creyente, sino el lugar donde Dios quebranta el orgullo y prepara al siervo para ser usado. Moisés pasó de ser un príncipe en Egipto —un "don importante"— a convertirse en un pastor anónimo durante cuarenta años: un "don nadie" que cuidaba ovejas en medio de la nada. Este proceso de reducción fue necesario porque Dios no llama a los grandes, sino a los pequeños; no usa a los autoconfiados, sino a quienes han descubierto su propia insuficiencia. La zarza ardiente que no se consumía no fue solo un milagro físico: revelaba al Dios que controla la naturaleza, que existe por sí mismo y que puede sostener a su siervo donde no hay nada en qué confiar.
Cuando Moisés finalmente es llamado, responde con preguntas que disfrazan sus temores: "¿Quién soy yo?", "¿Cuál es tu nombre?", "¿Y si no me creen?", hasta llegar a la confesión honesta de que no sabe hablar. El desierto nos empuja a ese rincón donde ya no podemos adornar la realidad. Dios no tiene problema con nuestros temores —sabe que somos polvo— pero sí con el orgullo que usamos para cubrirlos. La respuesta divina a nuestra insuficiencia no es un abrazo emocional, sino la revelación de su soberanía: "¿Quién hizo la boca del hombre? ¿No soy yo, el Señor?" Solo cuando confesamos que no tenemos nada, Dios puede ser nuestra suficiencia.
¿Qué reveló Dios sobre su carácter a Moisés en el encuentro de la zarza ardiente, y por qué era importante que Moisés conociera estas cosas antes de ser enviado a Egipto?
Según la clase, ¿cuál es la diferencia entre haber recibido a Cristo como Salvador y haber tenido un encuentro con Dios que te impacta lo suficiente como para cambiar tu motivación y propósito de vida?
Moisés disfrazó sus temores con preguntas espirituales antes de confesar honestamente su insuficiencia. ¿De qué maneras tiendes tú a adornar o esconder tus temores en lugar de confesarlos directamente a Dios?
La clase menciona que la vara de Moisés pasó a llamarse "la vara de Dios". Si aplicaras este principio a algo concreto en tu vida —tu trabajo, tus hijos, tus finanzas—, ¿qué cambiaría en la forma en que lo manejas o lo entregas?
¿Por qué crees que Dios se irrita más con el orgullo que usamos para cubrir nuestros temores que con los temores mismos? ¿Qué nos dice esto sobre lo que Él realmente busca en nuestra relación con Él?