Integridad y Sabiduria
Elías: un Hombre Común con un Dios Extraordinario

Aprendiendo a depender de Dios (parte 1)

Héctor Salcedo 24 enero, 2020

La oración que Dios responde no es la que busca comodidad sino la que se alinea con su carácter. Santiago nos revela que Elías oró fervientemente para que no lloviera, y Dios lo escuchó porque era un hombre justo cuya petición emanaba de su comunión íntima con el Altísimo. Su oración no pedía beneficio personal; pedía que la santidad de Dios se reivindicara sobre un pueblo hundido en idolatría. Si Dios respondía, Elías sufriría la misma sequía que el resto. Esa clase de oración —la que antepone la gloria de Dios al bienestar propio— es la que puede mucho, porque nace de un corazón alineado con la voluntad divina.

Después de confrontar al rey Acab, Dios le ordena a Elías algo desconcertante: esconderse junto a un arroyo insignificante, alimentado por cuervos, aves impuras y naturalmente poco confiables. El diseño no era casual. El arroyo podía secarse cualquier mañana; los cuervos eran comedores de carne que podrían no llegar. Cada día Elías enfrentaba la misma pregunta: ¿confío en Dios o confío en mí? Dios estaba desarrollando el músculo de su fe porque conocía los desafíos enormes que vendrían. El pastor Héctor Salcedo nos recuerda que Dios no puede poner cuchillos peligrosos en manos de niños espirituales. Antes de usarnos en público, nos entrena en secreto. Y ese entrenamiento incluye arroyos pequeños, provisiones inciertas y la invitación diaria a depender solo de Él.

  1. Según la clase, ¿qué condiciones hicieron que la oración de Elías fuera eficaz ante Dios, y cómo se relaciona esto con los pasajes de Salmo 66:18 y Proverbios 28:9?

  2. ¿Por qué Dios eligió un arroyo en lugar de un río, y cuervos en lugar de un medio más confiable para sustentar a Elías? ¿Qué estaba desarrollando Dios en su profeta mediante estas circunstancias aparentemente absurdas?

  3. La clase menciona que pocas veces oramos peticiones que, si Dios las responde, nos irían mal a nosotros. ¿Puedes identificar alguna área de tu vida de oración donde tus peticiones están más enfocadas en tu comodidad que en la gloria de Dios?

  4. ¿Hay algún "arroyo pequeño" en tu vida actual —una situación de incertidumbre o escasez— donde Dios podría estar entrenando tu fe para algo que aún no puedes ver? ¿Cómo estás respondiendo a esa circunstancia?

  5. Si Dios guía paso a paso y no revela el plan completo, ¿cómo podemos distinguir entre esperar pacientemente su dirección y simplemente quedarnos paralizados por miedo o falta de fe?