Miguel Núñez • 6 octubre, 2016
La diferencia entre atravesar una prueba y ser destruido por ella radica en cuánto conocemos a Dios. No se trata de conocimiento doctrinal abstracto, sino de una relación viva que transforma nuestra respuesta cuando el sufrimiento se prolonga más allá de lo que podemos soportar. Job ilustra esta realidad de manera dramática: el mismo hombre que al principio adoró diciendo "el Señor dio y el Señor quitó, bendito sea el nombre del Señor", capítulos después deseaba no haber nacido. Su conocimiento inicial de Dios lo llevó hasta cierto punto de la prueba, pero no más allá. Y eso nos pasa a todos.
Abraham tampoco conocía a Dios como pensaba. Cuando Dios anunció el juicio sobre Sodoma, Abraham lo cuestionó como si fuera más justo que el Creador. Pero treinta y siete años después, cuando Dios le pidió sacrificar a Isaac, no hubo preguntas — solo obediencia. En ese tiempo, Dios se había revelado y Abraham había aprendido a confiar en su soberanía y bondad simultáneamente. El pastor Núñez enfatiza que estos dos atributos deben sostenerse juntos: un Dios que puede hacer todas las cosas y que además es bueno. Cuando pensamos en nosotros mismos, no podemos ver la bondad de Dios porque a nosotros "no nos conviene" lo que está pasando. Pero cuando pensamos en Él, podemos decir con el salmista: "Bueno es para mí ser afligido, para que aprenda tus estatutos." El objetivo de la tribulación no es descubrir por qué sufrimos, sino conocer más profundamente al Dios que permite el sufrimiento.
Según la clase, ¿qué reveló la reacción de Job en el capítulo 1 comparada con su reacción en el capítulo 3 sobre los límites de su conocimiento de Dios?
¿Qué diferencia hubo entre el Abraham que cuestionó a Dios por Sodoma y el Abraham que estuvo dispuesto a sacrificar a Isaac, y qué produjo ese cambio según la enseñanza?
Cuando enfrentas dificultades prolongadas, ¿tiendes a pensar más en ti mismo y en lo que "no te conviene", o en quién es Dios? ¿Cómo se manifiesta eso concretamente en tus pensamientos o palabras?
El pastor mencionó que muchas veces oramos para que Dios nos saque del problema, pero no estamos interesados en Dios dentro del problema. ¿Puedes identificar una situación reciente donde tu oración buscaba más la solución que a Dios mismo?
Pablo y Silas cantaban a medianoche en la cárcel después de ser azotados. ¿Qué tipo de conocimiento de Dios —y qué tipo de muerte al yo— crees que se requiere para responder así, y cómo podría cultivarse eso en una comunidad de fe?