Integridad y Sabiduria

Dios es amor

Héctor Salcedo 28 abril, 2026

Decir que Dios es amor no es una frase sentimental ni un eslogan religioso. Es una de las afirmaciones más radicales de la Biblia, y su peso se mide en lo que costó: el envío del Hijo a un mundo de rebeldes. Primera de Juan 4:7–11 establece que el amor de Dios no se activó porque nosotros fuéramos dignos de recibirlo, sino exactamente lo contrario. Éramos pecadores, enemigos, hijos de ira por naturaleza —como lo confirma Efesios 2— y aun así Dios actuó en favor nuestro. Eso es lo que hace que este amor sea asombroso y no simplemente esperable.

El pastor usa una ilustración de D. A. Carson que lo aclara con fuerza. Cuando Bob le dice a Su "te amo", en parte le está diciendo que la encuentra encantadora. El amor humano responde a algo valioso en el objeto amado. Pero Dios no encontró en nosotros esa clase de atractivo moral. Moralmente somos, en palabras de Carson, el pueblo del mal aliento, de las rodillas lisiadas, de la personalidad violenta y rencorosa. Y Dios dice: aun así los amo. No porque sean tan dignos de amor, sino porque ese es el tipo de Dios que soy.

Ese amor tiene un centro histórico y visible: la cruz de Cristo. No hay forma de conocer el amor de Dios sin contemplar la encarnación, el sufrimiento, el abandono del Padre y la muerte del Hijo. Pablo lo expresa de manera íntima en Gálatas 2:20 al decir que Cristo "me amó y se entregó a sí mismo por mí" —una apropiación personal que va más allá del conocimiento doctrinal.

Y ese conocimiento produce efectos reales. Cuando el amor de Dios deja de ser solo una doctrina y se convierte en algo experimentado, genera amor de regreso hacia Dios y amor genuino hacia los demás. Como dice Primera de Juan: nosotros amamos porque él nos amó primero.