Nadie llega a Dios por inteligencia ni por esfuerzo propio. Esa es la afirmación central de esta enseñanza: el conocimiento de Dios es un regalo que él mismo concede, y solo es posible porque nuestro Dios es un Dios que se revela. Esa revelación opera en dos niveles. El primero es general: Dios ha puesto en la conciencia de todo ser humano una percepción de lo espiritual y lo trascendente, y ha desplegado en la creación evidencia suficiente de su existencia y poder eterno. Como declara Romanos 1, los atributos invisibles de Dios se han visto con toda claridad desde la creación del mundo, de modo que nadie tiene excusa. Sin embargo, el ser humano en su rebelión ha distorsionado esa evidencia, cambiando la verdad de Dios por una mentira y rindiéndose a ídolos, hoy más sofisticados que nunca: el poder, el dinero, la fama, el sexo.
Ese es el estado natural de toda persona. Y es precisamente ahí donde entra la revelación especial: Dios abre los ojos del que permanecería en oscuridad, produce el nuevo nacimiento del que habló Jesús a Nicodemo, y hace posible conocer al Padre a través del Hijo. Conocer a Dios de esta manera no es simplemente saber cosas acerca de él, sino ser encontrado por él, ser contado entre sus colaboradores, ser parte de su familia.
El pastor Núñez utiliza una ilustración de J. I. Packer para graficar este privilegio: cuando alguien superior a nosotros en rango o capacidad nos abre su confianza, nos invita a sus proyectos y nos hace parte de su círculo cercano, la vida adquiere un sentido que antes no tenía. Cuánto más cuando ese alguien es el Dios todopoderoso. A eso se añade que jamás agotaremos su conocimiento: su grandeza, su entendimiento y su amor exceden toda comprensión humana, lo cual no debe desalentar sino maravillar, pues significa que nunca cesaremos de descubrir nuevas dimensiones de su excelencia.
Según la enseñanza, ¿cuáles son las dos formas en que Dios se ha revelado a la humanidad, y qué distingue una de la otra en cuanto a lo que comunican?
Romanos 1 afirma que el ser humano conoce a Dios pero "restringe la verdad con injusticia". ¿Qué significa eso en términos concretos, y qué ejemplos de ídolos modernos se mencionaron en esta sesión?
Si conocer a Dios es un regalo que él concede y no un logro que el ser humano alcanza, ¿cómo cambia eso la manera en que valoras tu propia fe? ¿La tratas como un privilegio o como algo que dabas por sentado?
La ilustración de J. I. Packer describe lo que sientes cuando una persona superior a ti te abre su confianza y te hace parte de sus proyectos. ¿En qué momentos concretos de tu vida has experimentado ese asombro de ser conocido y llamado por Dios, y cuándo se ha enfriado ese asombro?
Esta enseñanza afirma que nunca podremos conocer a Dios de manera exhaustiva, y que eso debería maravillarnos en lugar de frustrarnos. ¿Cómo puede esa realidad transformar la forma en que nos acercamos al estudio de la Biblia, la oración y la vida en comunidad?