Integridad y Sabiduria

La soberanía de Dios

Joan Veloz 17 marzo, 2026

¿Por qué sigo sufriendo si Dios me ama? ¿Por qué ciertas oraciones no parecen recibir respuesta? Estas preguntas no se resuelven con estrategias de cambio personal, sino conociendo al Dios que gobierna toda la creación. La soberanía es la prerrogativa de Dios para hacer todo cuanto le place, cuando le place y como le place. Él tiene autoridad absoluta, poder absoluto y libertad absoluta sobre su creación. Separar este atributo del amor y la sabiduría de Dios debilita la fe; unirlos revela que Dios siempre desea lo mejor, siempre sabe lo que es mejor y siempre tiene el poder para que así ocurra.

La Biblia ilustra esta realidad en historias concretas. Faraón, Jacob, Ezequías, Daniel, los mártires de la iglesia primitiva y José fueron todos instrumentos en manos de un Dios que teje la historia según su propósito eterno. La historia de José es quizás el ejemplo más poderoso: traicionado por sus propios hermanos, falsamente acusado y encarcelado, José llegó a gobernar Egipto no por azar, sino porque Dios estaba preservando a su pueblo. La misma lógica opera en la cruz de Cristo, el acto más soberano de toda la historia: lo que pareció una derrota fue el plan redentor predeterminado desde antes de la fundación del mundo.

Entender la soberanía de Dios no elimina el sufrimiento ni lo convierte en algo agradable. Lo que hace es darle propósito. El creyente puede entonces atravesar enfermedades, puertas cerradas, traiciones y fracasos con la certeza de Romanos 8:28: todas las cosas cooperan para bien de quienes aman a Dios. No algunas, no las más importantes: todas. Somos vasijas en manos del buen alfarero, y el proceso de moldear duele, pero el alfarero sabe exactamente lo que está haciendo.