IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Pepe Mendoza • Héctor Salcedo • Joan Veloz • 25 febrero, 2021
Muchos creyentes experimentan la vida cristiana como una carga pesada, y una razón frecuente es la confusión o resistencia frente a la voluntad de Dios. Esta clase aborda cómo el desconocimiento de esa voluntad —o la idea errónea de que siempre debería traer comodidad— genera ansiedad, culpa y temor a equivocarse. La enseñanza distingue entre la voluntad decretada de Dios (lo que Él ha determinado soberanamente y no podemos conocer de antemano), la voluntad revelada (sus mandamientos y principios en la Escritura), y la voluntad directiva (la guía específica que discernimos al caminar con Él). El problema surge cuando queremos acceder a la voluntad secreta de Dios sin obedecer primero lo que ya nos ha revelado.
Romanos 12:1-2 emerge como el pasaje central: presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo y no conformarnos al mundo permite que nuestra mente sea transformada para comprobar —no simplemente conocer— la voluntad de Dios. Esta comprobación no es instantánea; requiere entrega total, conocer el carácter de Dios y sospechar de nuestros propios deseos egoístas. Los casos de José y de Jesús en Getsemaní ilustran que la voluntad de Dios puede incluir sufrimiento, pero siempre conduce a propósitos buenos. La clase concluye con consejos prácticos: buscar consejo sabio, orar pidiendo sabiduría, cultivar gratitud por las circunstancias presentes, examinar las motivaciones del corazón y aprender a esperar, porque Dios no tiene prisa y el proceso de guiarnos también nos transforma.
¿Cuáles son las tres dimensiones de la voluntad de Dios que se distinguen en la clase, y por qué es importante no confundirlas cuando buscamos dirección para decisiones específicas?
Según Romanos 12:1-2, ¿qué condiciones previas son necesarias para poder "comprobar" la voluntad de Dios? ¿Por qué el texto dice "comprobar" y no simplemente "conocer"?
Piensa en una decisión reciente donde sentiste confusión sobre lo que Dios quería. ¿Estabas obedeciendo lo que Él ya te había revelado claramente en su Palabra, o buscabas una respuesta específica sin atender primero a sus mandamientos conocidos?
La clase menciona que muchas veces resistimos buscar consejo porque tememos escuchar algo que no queremos oír. ¿Hay algún área de tu vida donde has evitado el consejo de personas maduras precisamente por esa razón? ¿Qué revela eso sobre tus verdaderas motivaciones?
Si la voluntad de Dios puede incluir caminos difíciles —como lo fue para José o para Jesús— ¿cómo debería cambiar nuestra manera de evaluar si estamos o no en su voluntad? ¿Qué criterios usaríamos en lugar de "puertas abiertas" o "circunstancias fáciles"?