La carta a los Gálatas comienza y termina con Cristo, y en su cierre Pablo deja claro que la cruz es el único motivo legítimo de gloria para el creyente. Frente a los judaizantes que insistían en la circuncisión para evitar la persecución, el apóstol declara sin rodeos: "Jamás acontezca que yo me gloríe sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo". Esa cruz, símbolo de vergüenza en la antigüedad, se convirtió para Pablo en el eje de toda su vida y predicación. No podía hablar de otra cosa porque entendía que allí Cristo lo absorbió todo: cargó el pecado, pagó la deuda, redimió al pecador.
Pero abrazar la cruz tiene implicaciones radicales. Pablo lo expresa con una imagen poderosa: "El mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo". Todo lo que el mundo valora —fama, posición, reconocimiento— quedó clavado en esa cruz. Y el mundo, a su vez, ya no lo quería a él. El que antes pertenecía al Sanedrín y perseguía a la iglesia ahora era perseguido. Las marcas en su cuerpo daban testimonio de ello.
Una historia de las tribus africanas ilustra quién tiene derecho a reclamarnos: cuando varios hombres disputaban la custodia de un niño rescatado del fuego, un joven entró al círculo y mostró sus manos quemadas. Él lo había salvado. De la misma manera, cuando Cristo muestra sus manos llagadas y su costado traspasado, queda claro que solo Él puede reclamarnos. No como dictador, sino como aquel que nos amó y del cual nada ni nadie podrá separarnos.
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Permíteme que habra la epístola de los Gálatas para terminar nuestra serie. Estamos cerrando la serie en el día de hoy con el mensaje número 27. Aparte de la serie, estuvimos viendo como recordarán una mini serie dentro de la serie mayor que no titulamos, pero que tenía que ver toda con el fruto del Espíritu. Y quizás decía yo al pensar en el día de hoy, era una de las incidencias en este día de la resurrección, que pudiéramos terminar una carta donde el foco central es la cruz de Cristo.
El foco central del fin de la carta a los Gálatas es la cruz de Cristo. Yo no lo planifiqué de esta manera, pero al final yo creo que era apropiado que al final de esta carta gloriosa de tanto contenido teológico, y luego de enseñanzas prácticas para nuestras vidas, que nosotros pudiéramos cerrar la carta con un énfasis en lo que es la persona de Cristo y su muerte en la cruz. La epístola que nosotros estamos cerrando en esta mañana es una epístola que ha sido usada por Dios junto con la epístola a los Romanos para crear grandes avivamientos en la historia de la iglesia, incluyendo el avivamiento de Martín Lutero en su propia vida. Y hemos escuchado con gozo los testimonios de varios de ustedes o muchos de ustedes, de gente de fuera del país por igual, hablándonos de lo que Dios hizo durante todos estos meses.
Yo he querido titular este mensaje: "Cuando una carta comienza y termina con Cristo". Cuando una carta comienza y termina con Cristo. La epístola a los Gálatas es una carta eminentemente cristológica. La persona de Cristo Jesús, su Cristo, es mencionada no menos de 45 veces, lo que implica que uno de cada tres versículos alude a la persona de Jesús de alguna manera.
Cuando Pablo comenzó a escribir la carta, escucha qué tan temprano Pablo comienza a dirigirse a la persona de Jesús. En el versículo 1:1: "Pablo, apóstol, no de parte de hombres ni mediante hombre alguno, sino por medio de Jesucristo" —está en el versículo uno— "y de Dios el Padre que lo resucitó de entre los muertos". En el versículo uno, Cristo es aludido y su resurrección también. En 1:4 habla de que Cristo se dio por nosotros. En 1:6 el apóstol Pablo dice: "Me maravillo que tan pronto ustedes hayan abandonado a Él" —con E mayúscula— "que lo llamó por la gracia de Cristo, para seguir a un evangelio diferente".
Pablo está preocupado. Pablo está preocupado con el hecho de que los gálatas han sido engañados, han sido como hipnotizados para volver a las obras de la ley. Y él está diciendo que ahí le preocupa que ellos puedan ir y abrazar un evangelio diferente, que en realidad no es otro evangelio porque solo hay uno, pero que cuando ellos hicieran eso, eso los apartará de Cristo. La carta mira a Cristo de principio a fin.
Y con esa introducción yo quiero leer entonces el fin de la carta, porque vimos cómo comienza con Él. Ahora yo quiero que tú puedas ver cómo termina con Él. Versículo 11, capítulo 6: "Miren con qué letras tan grandes les escribo de mi propia mano. Los que desean agradar en la carne tratan de obligarlos, tratan de obligarlos a que se circunciden, simplemente —escucha— para no ser perseguidos a causa de la cruz de Cristo. Porque ni aun los mismos que son circuncidados guardan la ley, pero ellos desean hacerlos circuncidar para gloriarse en la carne de ustedes". Escucha ahora: "Pero jamás acontezca que yo me gloríe sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo. Porque ni la circuncisión es nada ni la incircuncisión, sino una nueva creación". Escucha otra vez: "Y a los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea sobre ellos y sobre el Israel de Dios. Y de aquí en adelante nadie me cause molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con el espíritu de ustedes. Amén".
En la despedida del apóstol Pablo en esta carta, no hay duda de que el eje central de este último pasaje es la cruz de Cristo. Y no solamente la cruz de Cristo, sino las implicaciones que dicha cruz tuvo para Pablo y hoy tienen para nosotros, hasta el punto que él dice: "Cuando yo abracé la cruz, el mundo fue crucificado y yo fui crucificado para el mundo".
Pero antes de yo hacer como un zoom sobre la cruz de Cristo, permítanme exponer algunas de las otras cosas dichas aquí en el cierre de la epístola. Lo primero que vimos es que Pablo llama la atención sobre el hecho de que él está escribiendo él mismo con letras grandes. La costumbre en la antigüedad era tener como una especie de secretario a quien tú le dictaras la carta. Eso era algo más común, y de hecho hay evidencia de eso en varias de las cartas de Pablo. Pero en esta está como un poco más claro, porque hasta aquí él no había dicho nada, y de repente ya para cerrar es como que Pablo está diciendo: "Aquí va mi firma, y la garantía es esta: que yo mismo la estoy escribiendo, y esto que estoy escribiendo tiene letras grandes".
Algunos han especulado sanamente que quizás Pablo tenía algún problema de visión, a lo mejor. Que quizás este problema de visión era su aguijón. Lo dudo, pero a lo mejor. O quizás era simplemente algo que nosotros hacemos hoy de manera distinta. Pablo está tratando de enfatizar un hecho, una verdad, un cierre, un argumento, el cierre de un argumento de manera bien subrayada. Pero no se subrayaba en hebreo para enfatizar algo, no se usaban letras mayúsculas para subrayar algo como hacemos nosotros, no habían negritas como estamos acostumbrados a ver, sino que era una de las formas como podía hacerse, sobre todo en un papiro, verás, irregular la hoja y todo lo demás.
Entonces ahora Pablo está resaltando el cierre de esta carta. ¿Quién merece ser resaltado? Y está refiriéndose de nuevo en este cierre a los judaizantes, esas personas que insisten en la necesidad de cumplir con la ley de Moisés y que lo dicen de otra forma, y es que tú tienes que circuncidarte. Pero la circuncisión equivaldría a que tú necesitas cumplir el resto de la ley. Bueno, aquí Pablo quiere ahora puntualizar algunas cosas tóxicas, dañinas, venenosas de los judaizantes con respecto a la circuncisión. Y vamos a ver algunas de esas enseñanzas antes de enfocarnos en lo que tiene que decir acerca de la cruz de nuestro Señor, que celebramos, celebramos, recordamos un par de días atrás.
Enseñanza número uno: los que insistían en la circuncisión o en las obras de la ley para ser salvos eran enemigos de la cruz. El versículo 12: "Los que desean agradar en la carne tratan de obligarlos a que se circunciden". El pasado acabado. La pregunta es: ¿por qué? Está ahí en el versículo 12: "Simplemente para no ser perseguidos a causa de la cruz de Cristo". Ah, eso es lo que tienen ustedes detrás. Ustedes lo que quieren es, después quizás de haber creído, quizás después de haberse identificado como cristianos, ahora llegó la persecución. Ahora ustedes quieren evitar la persecución y ahora quieren dar a aparentar que realmente nunca abrazaron la cruz de Cristo. Y probablemente es cierto. Y ahora no solamente se circuncidaron, pero quieren que otros se circunciden para no ser perseguidos a causa de la cruz de Cristo.
La persecución ha sido un filtro a lo largo de la historia para purificar la iglesia. Es fácil ser parte de una iglesia, es fácil ser parte de esta iglesia o de cualquier otra, cuando nosotros no estamos bajo prueba, bajo persecución, bajo dificultad, cuando las cosas van bien, cuando no estamos en pandemia. Pero cuando la prueba viene, muchos abandonan la fe, muchos dejan de congregarse, como escribe el autor de la epístola a los Hebreos, como muchos tienen el hábito de hacer. Sí, hay.
Hoy nosotros tenemos cruces por todas partes. Tenemos cruces en las iglesias, tenemos cruces en nuestras casas, tenemos cruces en los aretes, tenemos cruces en las cadenas y pendientes, tenemos cruces en portadas de libros y cuadernos. Pero esa no era la realidad de la antigüedad. La cruz era un símbolo de maldición, era un símbolo de vergüenza. Nadie quería tener una cruz, nadie se le quería ver con una cruz.
De hecho, había eufemismos, palabras usadas para referirse a la cruz sin tener que hablar de cruz, precisamente porque era tan odiosa la cruz, tan vergonzosa. Y ahora los judaizantes, obviamente por mucho menos, se querían identificar con la cruz de Cristo. Sus motivaciones no eran buenas. Eran enemigos de la cruz, al fin de cuentas, porque ellos querían evitar la persecución de la cruz para con ellos, aunque le pudiera pasar a algún otro.
Identificarse con la cruz en la antigüedad tuvo un precio. Sigue teniendo un precio en las sociedades donde el cristianismo no es permitido. Pero, ¿sabes qué? Tiene un precio hoy si verdaderamente sigues lo que Pablo nos dice en esta carta, cuando habla de que el mundo fue crucificado para él y él para el mundo. Ya veremos eso un poco más adelante. Cuando la prueba llega, aquellos que pasan la prueba verdaderamente dan testimonio de que su fe era verdadera y no una fe superficial, no un cristianismo cultural y no una fe no genuina. Y ahí está Pablo, claramente, diciéndoles a los gálatas: "¡Hey! La circuncisión que ellos quieren que ustedes asuman es algo ritual religioso. Lo único que quieren es evitar la persecución". Con lo cual dejan dicho que ellos no eran verdaderamente discípulos de Cristo.
Enseñanza número dos: aquellos que guardaban la circuncisión eran hipócritas, porque insistían en guardar la ley cuando en realidad ellos no guardaban la ley ni podían hacerlo. Fíjense en el versículo 13: "Porque ni aun los mismos que son circuncidados guardan la ley, pero ellos desean hacerlos circuncidar para gloriarse en la carne de ustedes". Y no guardan la ley, ¿no es verdad? Nadie puede. Y si no guardaban la ley, bueno, las implicaciones de eso eran una de dos: o eran unos hipócritas sabiendo que no guardaban la ley, le exigían a otros que sí lo hicieran —eso es posible, pasa hoy, y pasa hoy fuera de la esfera del cristianismo también— pero quizás eran no tanto hipócritas sino ignorantes. Eran como Pablo cuando perseguía la iglesia, que creía que estaba en la ley, que estaba cumpliendo con la ley, cuando decía "en cuanto a la ley, irreprensible". Pero la realidad es que nadie ha podido cumplir con la ley excepto Cristo Jesús. Entonces quizás eran más bien ignorantes: pensaban que la cumplían, pero no la cumplían. Pero esos que no cumplían con la ley eran los que estaban insistiendo en guardar la ley y, por tanto, mantener la circuncisión.
De hecho, es un problema que la iglesia primitiva tuvo en más de un lugar. Cuando tú lees el libro de los Hechos y llegas al capítulo 15, tú lees que llegó un grupo de Jerusalén a la iglesia de Antioquía y decían: "Si no se circuncidan conforme al rito de Moisés, no pueden ser salvos". Y dice el texto de Hechos 15 que Pablo y Bernabé tuvieron un conflicto con ellos no pequeño. Entonces se determinó que bajaran a Jerusalén, y eso dio origen al primer concilio de la iglesia, el Concilio de Jerusalén, para determinar cuál era el rol de la circuncisión. Y se determinó que la circuncisión no tenía ningún rol. De manera que cuando esta gente llega a Galacia con esta falsa doctrina, eso ya estaba resuelto, pero ellos no habían soltado esta enseñanza, todavía estaban con lo mismo.
Entonces aquí estaban estos maestros falsos, quizá hipócritas, quizá ignorantes, quizá ambas cosas. Pero Pablo nos dice algo más y dice que ellos querían que ustedes se circuncidaran para gloriarse en la carne de ustedes. Y el texto no dice exactamente lo que eso implicaba, pero yo no sé si es que ellos mandaban un reporte a la iglesia de Jerusalén, la iglesia madre, que decía: "Tenemos cien carnes más". Yo menciono eso porque hoy en día iglesias han sabido hacer eso. Cada vez que hay un grupo de bautizados: "Bautizamos cuarenta más, cincuenta más". Y cuando tú preguntas cómo está la iglesia: "No está muy bien, pero bautizamos treinta más, ochenta más". Y yo no digo que esté mal celebrar cuando la gente se bautiza realmente o cuando nuevos miembros entran, es motivo de celebración. Pero es más como para consumo interno y regocijo interno, más que para gloriarnos en números.
Enseñanza número tres: no importa lo que una persona crea, si la cruz de Cristo no es el centro de lo que él o ella cree para salvación —y no solamente el centro, sino lo único que cuenta para tu salvación— esa persona está perdida, rumbo a una condenación eterna. Y esto es como Pablo lo dice en el versículo 15: "Porque ni la circuncisión es nada ni la incircuncisión, sino una nueva creación". ¿Qué es lo que Pablo está diciendo? Pablo está diciendo a los judíos —pensemos en el mundo de hoy— la circuncisión no le añade nada a tu salvación, no te gana puntos, no tiene méritos. Pero para nosotros que no somos circuncidados, el bautismo tampoco lo hacemos para salvación. No me gana absolutamente nada, no me agrega absolutamente nada a mi salvación. Nosotros enseñamos, predicamos, practicamos un bautismo que ocurre, se supone, después de ser salvo, para dar testimonio de algo que ya ocurrió en mi vida. De manera que las obras no agregan absolutamente nada a la cruz de Cristo.
Cuando Cristo dijo "consumado es", consumado fue, todo terminado. Nada puede agregar esta predicación, treinta años de predicación, ochenta años de predicación no agregan absolutamente nada a lo que Cristo compró en la cruz para mí. Su sacrificio es suficiente, completo, infinito. Entonces, ¿qué es lo que cuenta? Bueno, lo dice ahí. Escucha otra vez: "Porque ni la circuncisión es nada ni la incircuncisión, sino una nueva creación". Eso es lo único que cuenta. La obra del Espíritu de Dios que viene a ti, regenera tu alma, te convierte en una nueva criatura, de manera que ya lo viejo ha pasado, lo nuevo ha llegado. Eso es lo que cuenta. Y eso ocurre el día que tú reconoces que estás en necesidad de salvación, que necesitas perdón de pecados, que Cristo fue a la cruz, derramó sangre para el perdón de tus pecados, que Él lo pagó, los pagó, y que ahora tú puedes recibirlo como tu Señor, como tu Salvador. El Espíritu de Dios viene, te hace una nueva creación. Y Pablo dice: eso es lo que cuenta.
En el versículo 16, Pablo hace pronunciar como una bendición sobre los que han disfrutado de esa nueva creación: "Y a los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea sobre ellos y sobre el Israel de Dios". Paz y misericordia. "Yo les bendigo si son nueva criatura". Y al mismo tiempo dice: "Y sobre el Israel de Dios". ¿Qué quiere decir esto? El Israel de Dios. Bueno, en el Antiguo Testamento los judíos pensaban que estaban ellos como pueblo, merecedores de salvación exclusivamente, y luego estaban los gentiles. Luego, en el Nuevo Testamento, los gentiles comienzan a creer, pero todavía muchos de los judíos creyentes pensaban y trataban de mantener como una cierta separación, como trató Pedro de hacer cuando subieron algunos de Jerusalén, y Pablo tuvo que enfrentar a Pedro también, como si nosotros fuéramos dos pueblos: el pueblo judío y el pueblo gentil, ambos creyentes. No. Ahora nosotros somos un solo pueblo, que Pablo está llamando el Israel de Dios.
Nosotros tampoco estamos diciendo que la iglesia de hoy es el Israel de Dios y, por tanto, Dios se olvidó de Israel y no va a haber más trabajo especial, extraordinario, de parte de Dios sobre Israel. Porque Romanos 9 al 11 dice todo lo contrario: que hay todavía un despertar que ha de ocurrir en la nación de Israel de forma masiva. De manera que lo que estamos diciendo es que el Israel de Dios, a lo que se refiere, es que es un solo pueblo. Israel fue el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento, la iglesia ahora es el pueblo de Dios en el Nuevo Testamento, y los dos juntos ahora formamos el nuevo pueblo de Dios. Pablo pronuncia esa bendición sobre ese Israel de Dios.
Enseñanza número cuatro, y ahora nos enfocamos en el resto del tiempo en la cruz de Cristo. Para el cristiano —escucha bien— para el cristiano, la cruz de Cristo debiera implicar un cambio radical en su forma de pensar, en su forma de vivir, en su forma de ver el mundo y de relacionarse con el mundo, en la forma como el mundo lo ve a él, la manera como el mundo ya no le aprecia como le apreciaba antes cuando estaba en el mundo. Y como dice Pablo de su vida, en el versículo 14: "Pero lejos esté de mí gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo fue crucificado para mí y yo fui crucificado para el mundo".
Vemos la primera parte del versículo 14 primero. Pablo está diciendo: nosotros tenemos la tendencia de gloriarnos en diferentes cosas —logros, posiciones, dinero, fama, prestigio— pero Pablo dice: "Yo no tengo nada en qué gloriarme, yo tengo una sola cosa en que gloriarme, y es la cruz de Cristo". Que hubo un hombre, la segunda persona de la Trinidad, Dios que se encarnó, vino como hombre, cumplió la ley, después de haber cumplido la ley fue y se ofreció, murió en nuestro lugar, me sustituyó en la cruz, derramó sangre, perdonó mis pecados, y ahora yo puedo recibir la santidad que a Él le corresponde, que me da entrada al reino de los cielos y que me hace una nueva criatura. Eso solo es mi motivo de gloria. Y con eso vale, está diciendo. Cuando yo vine a los pies de Cristo, mi forma de pensar, mi forma de vivir, mi forma de relacionarme con el mundo y de cómo el mundo comenzó a relacionarse conmigo, cambió radicalmente.
Este era un tema tal que Pablo no podía hablar de ninguna otra cosa que no fuera la cruz de su Señor. De hecho, tú puedes ver eso en sus cartas. Cuando les escribe a los corintios, en su primer capítulo, en 1 Corintios 1:18, él habló del mensaje de la cruz que era necedad para los incrédulos. En 1 Corintios 1:23, él dice que predicaba a Cristo y a Cristo crucificado. En 1 Corintios 2:2, todavía en Primera de Corintios, él dice: "Porque nada me propuse saber entre ustedes excepto a Jesucristo y a este crucificado". En esta carta a los Gálatas, en Gálatas 5:11, él habló del escándalo de la cruz.
La cruz es un escándalo en nuestro día. Predicar la cruz, que el Mesías, que el Mesías de Israel, el Mesías prometido de Dios murió en la cruz, eso no es solamente vergonzoso, eso es un escándalo. En Colosenses 2:15 Pablo habló del triunfo de la cruz. En Filipenses 2:8 habló de que Cristo se humilló y sufrió muerte, y muerte de cruz. Pablo no se podía sacar la cruz ni de su mente, ni de su vida, ni de su predicación, no podía. Él sabía las implicaciones que tuvo para Cristo llegar hasta ahí. De la misma manera, él sabía entonces las implicaciones que tendría para él poder verdaderamente representarlo correctamente.
Y no por nada él era un apóstol. Probablemente entendía que todo cristiano está clavado con Cristo, y de esa misma manera debiera el mundo estar clavado a la cruz también, y que como consecuencia el mundo te clavaría a ti allí también. Como tres crucifixiones: la de Él, la tuya y la de Él.
La razón por la que Pablo pensó de esa manera acerca de la cruz como la única razón para glorificarse es que él sabía que cuando Cristo llegó allí, Cristo lo absorbió todo. Todo pecado lo cargó todo, lo pagó todo, lo redimió todo, lo libró de todo y nos redimió a todos los que hemos sido llamados a ser suyos. Pablo entendió, y así deberíamos tú y yo entenderlo, que dadas las implicaciones que la cruz tuvo para el Hijo, entonces no pueden haber implicaciones pequeñas para los hijos.
Pablo lo entendió. El Dios eterno, infinito, inmortal, que los cielos no pueden contener, de alguna manera misteriosa vino y fue confinado por nueve meses a un útero. Solo pensemos, ¿no? Es el Dios-hombre. Cómo lo pasamos por alto. No vayan tan rápido. Y Él está allá dentro, es el Dios que los cielos no pueden contener. Él fue el que lo sufrió.
Pablo está consciente de que nadie podía obedecer la ley, y para poderlo obedecer Dios tuvo que encarnarse. Dios tuvo que afectarse eternamente porque adquirió un cuerpo con el cual Cristo todavía vive hoy. La cruz de Cristo tuvo implicaciones masivas. Él pasó por juicios ilegales corrompidos. Fue tratado como un culpable siendo Él inocente; eso fue suyo también. El sufrimiento lo padeció Él. La burla de los que pasaban por el frente y le decían: "Si tú eres Dios, bájate de ahí, ¿qué Dios es ese?" La humillación fue suya. La sangre derramada fue suya. El abandono por parte de sus mejores amigos fue suyo, y el abandono del Padre con relación al Hijo también lo sufrió Él.
Pablo está diciendo: es que las implicaciones de la cruz no solamente son masivas para mí; de hecho, son masivas para mí porque fueron masivas para Él primero. Y la realidad, Pablo está diciendo, es: o te glorías en Él o te glorías en ti, o te glorías en tus obras o te glorías en la obra de Cristo, pero no en las dos cosas.
De hecho, hermanos, en el mejor sentido de la palabra, no hay en el mundo múltiples religiones. Hay dos, no hay más. Está la religión del esfuerzo y sacrificio humano, y está la religión del sacrificio de Cristo. Estas son las únicas dos. La primera religión te lleva a la condenación, no importa cómo se llame; la segunda te lleva a la salvación. Por eso la cruz de Cristo fue el único motivo de gloria para el apóstol Pablo.
Si hubo alguien que pudo entender y luego explicarnos la cruz para que nosotros pudiéramos, quizás —la pudiéramos tachar el quizás— pudiéramos vivir diciendo exactamente la misma cosa, fue el apóstol Pablo. Como escribió el día de antes de ayer en la red Dustin Benge, él es el profesor de historia de la espiritualidad en el Southern Baptist Theological Seminary, él escribía algo bien sencillo pero profundo: para el cristiano, la cruz de Cristo es su redención, su propiciación, su limpieza, su perdón, su acceso a Dios, su reconciliación, su justificación y su santificación. Claro que en lo único que te vas a gloriar es en la cruz de Cristo. ¿En qué más lo vas a hacer?
Y escucha ahora la segunda parte del versículo 14. "Pero jamás acontezca que yo me gloríe sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo", primera parte. Segunda parte ahora: "por el cual", o sea por ese Cristo, "el mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo".
El mundo para mí fue crucificado con toda su oferta. Todo lo que el mundo busca, yo no lo busco. Yo no lo busqué, yo incluso lo proclamé: no es mi búsqueda. De la cruz en adelante, todo lo que el mundo aprecia, yo desprecio. ¿Cómo así, Pablo? Sí, sí, todo lo que el mundo aprecia: nombre, fama, fortuna, posición, títulos, reconocimientos, aplausos, privilegios, posiciones. Todo eso yo lo clavé. Para mí yo lo clavé. Eso que yo valoraba antes, para mí es ahora basura. El mundo no tiene nada que ofrecerme que pueda competir con la cruz de Cristo; por eso es que es basura. No es que el mundo no tenga cosas de valor; lo que pasa es que tiene valor hasta que tú lo comparas con Cristo, y ahí entonces la oferta del mundo se convierte en pura basura.
Para Pablo, si tú conoces a Cristo y tú no cambias radicalmente, él no estaría seguro si tú conoces a Cristo. Literalmente, si tus valores no cambian, si no cambia tu estilo de vida, tus ambiciones, tus sueños, tus aspiraciones, tus deseos, tus anhelos, tus prioridades, tus pensamientos, tus pasiones, hay que preguntarse si tú conoces al Cristo de la cruz.
Martín Lutero hablaba de dos teologías: la teología de la cruz y la teología de la gloria. La teología de la gloria es la teología del hombre, la fama, el reconocimiento, el aplauso de los fariseos, la religiosidad. La teología de la cruz es la teología que a Pablo le tocó vivir. Es la teología de sacrificio, de eximirse, es la teología que mejor representa lo que Cristo también hizo cuando se eximió, cuando se restringió, cuando no disfrutó de los ángeles y arcángeles y de toda la gloria.
Y Pablo está diciendo: no solamente yo crucifiqué al mundo, es que el mundo me crucificó a mí. ¿Cómo así? Bueno, es que ya el mundo no me deseaba. La gente en el mundo con quien tú estuviste participa, y te sales de él, ya ellos no te tienen en el mismo aprecio. Porque él es un salvelese evangélico que ahora no sé, tiene un fanatismo. Yo antes pertenecía, si se piensa, al Sanedrín, pero ahora con Pablo no se puede contar. Pablo perseguía la iglesia, pero con Pablo no podemos contar para que persiga a la iglesia; a él hay que perseguirlo.
De manera que el mundo en que Pablo vivió no podía contar con la inteligencia, los talentos de Pablo, sus habilidades, con la aprobación de Pablo para que apedrearan a Esteban. No, ya el mundo me crucificó. De manera que estamos clavados: el mundo está clavado para mí, y para el mundo yo estoy clavado.
Decía un pastor, evangelista inglés, conocido en ciertos círculos, Campbell Morgan, segunda mitad de los mil ochocientos, primera mitad de los mil novecientos. Él decía: es el hombre crucificado el que puede predicar la cruz. Luego hace referencia a las palabras de Tomás, el apóstol. Decía que Tomás dijo: "Excepto que yo vea en sus manos las heridas de los clavos, no creeré". Él dice: lo que Tomás dijo de Cristo, el mundo lo dice acerca de la iglesia. Y el mundo también está diciendo a cada predicador: a menos que yo vea en tus manos las huellas de sus clavos, yo no creeré. Es la verdad. Es el hombre que ha muerto con Cristo el que puede predicar la cruz de Cristo. No hay otra manera.
Si hubo alguien que supo abrazar la cruz de Cristo, vivir la cruz de Cristo, estar dispuesto a pagar el precio por su causa, fue este hombre: el apóstol Pablo. Y esa es la razón por la que le está escribiendo en el versículo 17: "De aquí en adelante nadie me cause molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús".
Es como si Pablo está diciendo: yo estoy cerrando la carta, estoy cerrando mi argumento, tú sabes que yo no voy a seguir hablando de esto. De aquí en adelante, en buen dominicano lo voy a decir: que no me sigan hablando disparates, que nadie me cause molestias, porque si hay algo de lo que yo estoy seguro es que, si ustedes quieren evitar la persecución, yo llevo las marcas de Jesús en mi propio cuerpo. Yo he sufrido por la cruz. Yo he establecido un argumento acerca de la circuncisión, yo lo estoy cerrando ahora. Yo he hablado de por qué la cruz de Cristo es la respuesta, la redención de todos, hermanos, sin nada más. Yo he hablado de cómo Cristo pagó el precio y cómo él mismo, Pablo, pagó el precio al haber abrazado la cruz. Y ahora yo llevo las marcas, precisamente, de la persecución que ustedes quieren evitar. Ustedes prefieren las marcas de una circuncisión; yo prefiero las marcas de Jesús.
Y es Pablo que pudiera decirle: "Déjame decirte de mi currículum. Yo he estado en innumerables trabajos." Esto está en listado, una parte estoy simplemente mencionando, pero está en listado en la segunda carta de Pablo a los Corintios, el capítulo 11. "Para eso yo pasé innumerables trabajos, yo estuve en múltiples cárceles, múltiples cárceles, yo recibí un número de azotes incontables." ¡Wow! Escucha, el número de azotes incontables que Pablo habla no tiene nada que ver cuando él soportó cinco veces los treinta y nueve latigazos de los judíos. Si los multiplicas son ciento noventa y seis latigazos. "Yo fui golpeado tres veces, golpeado con varas varias veces, apedreado una vez y naufragué tres veces. Estuve una noche y un día en lo profundo en alta mar, en agua sin nada más. Yo estoy todo marcado, de manera que yo estoy hablando de algo por lo cual yo mismo he sufrido. Yo estoy hablando de algo que yo he visto y oído. Yo me encontré con Jesús, yo recibí el testimonio del Evangelio por medio de Jesús, directamente de Jesús."
Yo, Pablo, pudiera estar diciendo: "Yo estuve bajo la ley, yo crecí creyendo que yo era irreprensible en cuanto a la ley, pero el pecado, el pecado me ofuscó, me engañó. Pero yo te estoy haciendo saber ahora que por las obras de la ley nadie puede ser salvo, sino por la cruz. Y que tú debes estar dispuesto a pagar el precio que tengas que pagar para vivir por la cruz, defender la cruz, proclamar la cruz. Porque sabes que ni la circuncisión ni la incircuncisión son absolutamente nada, solo una nueva creación, una nueva criatura, algo hecho por Dios por medio del Espíritu Santo, como consecuencia de haber depositado tu confianza plena en el sacrificio sustitutivo, penal de Jesucristo. Me sustituyó allí, cargó tu pena en la cruz. De manera que nadie me venga a hablar disparates y nadie me siga molestando. Terminé mi argumento. Eso es lo último que yo tenía que decir."
Y para no estar tan obsesionado en el sentido sano con la cruz, otra vez yo tengo que referirme a otras cartas de él. Cuando él escribe a los corintios en su primera carta, capítulo 1, versículos 23 y 25, dice: "Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, que es piedra de tropiezo para los judíos e insensatez para los gentiles." Los judíos escuchan de este Mesías crucificado y piensan: "Eso no puede ser, imposible. Leo el Antiguo Testamento, Pablo: maldito es todo el que muere en un madero. ¿Tú estás creyendo que este Mesías...?" Es tu piedra de tropiezo. Y los gentiles lo escuchan y dicen: "Eso es otra de estas corrientes, fábulas, insensatez." Locura, dicen otras traducciones.
Sin embargo, es como que Pablo se voltea y dice: "Está bien, está bien. Sin embargo, para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios." Esa es la diferencia: los llamados. Pero por obra suya, versículo 30: "Estáis vosotros en Cristo." Por obra suya, por su sacrificio estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, justificación, santificación y redención, para que, tal como está escrito: "El que se gloría, que se gloríe en el Señor."
¿Escuchaste? Cristo se hizo sabiduría de Dios, justificación del pecador, santificación del pecador, redención del pecador, para una sola razón: para que si te vas a gloriar, te gloríes solamente en el Señor.
La cruz sigue llamando la atención. Y la cruz sigue llamando la atención porque demuestra el amor infinito de nuestro Dios, capaz de llamarnos y aceptarnos a pesar de nuestra gran pecaminosidad. La cruz nos recuerda que no hay condenación para aquellos que están en Cristo Jesús, porque todo lo pagó. La cruz nos recuerda la gracia de Dios y lo inservible e impotente que es el ser humano y el esfuerzo humano. La cruz nos recuerda la misericordia de Dios, capaz de perdonar al peor de los pecadores.
Ahora, si la cruz nos recuerda la impotencia del hombre, la resurrección nos recuerda el poder de Dios, que levantó a Cristo de entre los muertos y que nos levantará a nosotros. De manera que la cruz nos recuerda ciertas cosas acerca de Dios, la resurrección nos recuerda acerca de otras cosas. La cruz de Cristo nos recuerda que el mismo que murió, el mismo que profetizó que Él resucitaría al tercer día, es el mismo que nos prometió que nosotros resucitaríamos también. De manera que si Él lo hizo, tú tienes garantía de que tú también lo harás en el futuro.
La resurrección nos recuerda que tu muerte no es el punto final de la historia, simplemente puntos suspensivos con una historia que continuará en el mundo venidero. Tan pronto tú cierres los ojos de este lado, los estarás abriendo de aquel lado, como si fuera una continuidad. Y Cristo, que fue a la cruz, Cristo que pagó cada una de las implicaciones de la cruz sobre su vida, es el Cristo que hoy entonces puede llamarte como suyo.
Déjame ilustrarte lo que acabo de decir, esto último, con esta historia. Es una historia que viene de una de las tribus de África. Cuenta que una noche un fuego se desató y quemó rápidamente uno de los poblados. Todos murieron excepto una persona. Aparentemente, mientras la casa ardía, un extraño fue visto cuando entró a la casa y sacó a un niño pequeño de las llamas, lo llevó donde pudiera estar seguro, y luego el extraño desapareció.
El día siguiente, la tribu se reunió para saber qué hacer con el niño. De forma supersticiosa —conoces las tribus supersticiosas en las personas primitivas— ellos pensaron que debía ser un niño especial por la forma como fue salvado. Un hombre sabio pensó que él era el mejor candidato para tener al niño. Un hombre rico pensó que él estaba mejor calificado. Pero de repente un hombre joven caminó, vino al círculo de discusión y dijo que él hacía esa petición o reclamación primero que todos. Él entonces les enseñó las manos recién quemadas. Él había sido la persona que había rescatado al niño del fuego.
La conclusión de la historia es que de esa forma los dioses del mundo nos reclaman. El mundo tiene dioses que quieren tu atención, que quieren tu vida, que quieren tu esfuerzo. Los dioses del mundo nos reclaman. Pero cuando Cristo penetra el círculo y enseña sus manos llagadas y su costado traspasado, entonces es obvio quién tiene el único derecho de reclamarnos. El único derecho, es la razón por la que Cristo espera, demanda que tú vivas para Él, porque el único que tiene derecho de reclamarte no son los dioses del mundo, es Él, con manos llagadas y los pies traspasados y su costado traspasado.
Precisamente el apóstol Pablo, cuando él escribe a los Romanos, él concluye... Él tiene claro lo que ha ocurrido, él tiene claro quién ha pagado por él, él tiene claro quién lo amó en su condición. Y por eso, cuando él va a cerrar el capítulo 8, él escribe: "Porque en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Porque yo estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que está en Cristo Jesús, Señor nuestro."
Nada ni nadie nos podrá separar de aquel que nos amó. ¿Escuchaste bien cómo Pablo lo dice? Pablo no dice: "Nada, por grave, me podrá separar de aquel a quien yo amo." No. Todo el mundo me puede separar de aquel a quien yo amo, si es a mí que me van a separar. Pero Pablo no lo dice de esa manera. No, lo dice: "Nada ni nadie me puede separar de aquel que me amó." Porque es Él que me tiene en sus manos y Él es que me tiene garantizado hasta que yo entre en gloria. Fue crucificado, fueron clavados a la cruz, el mundo fue clavado para mí y yo fui clavado para el mundo. Eso es como Pablo cierra el capítulo 8 de Romanos.
Pero luego tú sigues avanzando y llegas al cierre de la historia redentora. Y cuando llegas al cierre de la historia redentora, es Juan que está describiendo. Y ahora Juan no está describiendo tanto desde la perspectiva del Cristo crucificado, sino que él está escribiendo desde la perspectiva del Cristo que se ha levantado y ha visitado a Juan para dar testimonio de quién es Él.
En el capítulo 1, entonces, ese último libro de cierre de la Biblia, Juan nos habla de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama —noten la frase otra vez— al que nos ama y nos liberó de nuestros pecados con su sangre. Ahí está la cruz. E hizo de nosotros un reino, sacerdotes para Dios su Padre. A Él sea la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. He ahí la razón: el Cordero inmolado, la cruz de Cristo. Y Él viene con las nubes y todo ojo le verá, aun los que le traspasaron, y todas las tribus de la tierra harán lamentación por Él. Sí, amén.
Ahí está Cristo: "Yo soy el Alfa y la Omega", dice el Señor Dios, "el que es y el que era y el que ha de venir, el Todopoderoso." El que todo lo puede, el que todo lo cumple. Todo lo que promete, lo cumple. Tú puedes esperar por Él, porque Él resucitó y tú también resucitarás con Él.
Padre, gracias. Gracias por la cruz, gracias por Cristo. Gracias por lo que hiciste en Pablo, lo que hiciste de Pablo. Gracias por dejarnos a Pablo de ejemplo. Gracias por dejarnos entender que no solamente la cruz tuvo grandes implicaciones para tu Hijo y grandes implicaciones para la vida de Pablo, es que la cruz tiene grandes implicaciones para mi vida. Él todo lo pagó, Él murió, Él resucitó, Él lo hizo cuando yo no lo merecía. Sus manos fueron llagadas, su costado traspasado. Es solamente justo que Él me reclame. Pero Él no me reclama como un dictador, Él me reclama, como acabamos de ver, porque Él me ama. Y en su amor, Él sabe que si Él no me reclama, yo me pierdo. Y es la razón por la que Él continuará reclamando mi vida para Él, para que los dioses del mundo no me hundan con ellos. Una y otra vez, gracias por tu Palabra, gracias por tu Espíritu, gracias, Padre, por tu Hijo.
Y así termina Pablo diciendo, hermanos, y así termino yo y cierra la carta, versículo 18.
Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con el espíritu de ustedes. Amén. Bendiciones.
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