Integridad y Sabiduria
Sermones

Cuando el cristiano no entiende su libertad en Cristo

Miguel Núñez 19 diciembre, 2021

Cristo nos llamó a libertad, pero ¿libertad de qué exactamente? Esta pregunta, que los fariseos le hicieron a Jesús y que Pablo responde a los gálatas, sigue confundiendo a muchos creyentes hoy. La libertad que Cristo compró no es licencia para vivir como queramos ni liberación de estructuras sociales o políticas. Es libertad de la condenación de la ley, del poder del pecado y de la muerte espiritual. Cuando Jesús dijo "consumado es", todo lo necesario para la salvación quedó completo. No hay nada que agregar.

Los gálatas no entendieron esto. Falsos maestros los convencieron de que a la gracia de Cristo había que sumarle obras de la ley, como si él no hubiera terminado su obra. Pablo les advierte con severidad: si vuelven a confiar en la circuncisión para salvación, Cristo les resulta inservible, quedan obligados a cumplir cada precepto de la ley sin fallar una sola vez, y se separan de la gracia que los perdonó. Es como el conductor que, al ser detenido por pasarse una luz roja, argumenta que es buen esposo y padre honrado. Nada de eso importa: violó la ley.

Tampoco hoy escapamos de esta tendencia. Cuando pecamos, corremos a multiplicar devocionales, ofrendas o asistencia a la iglesia, como si pudiéramos comprar el perdón de Dios. Pero el perdón no se gana ni se merece; se recibe con corazón contrito, confiando únicamente en la obra de Cristo. La gracia nos trajo, nos encontró, nos sostiene y nos preserva. Entender esto transforma la obediencia: dejamos de obedecer por temor al castigo y comenzamos a hacerlo por amor al que nos amó primero.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bueno, hoy reiniciamos después de una pausa de cuatro domingos, creo, a reiniciar en la epístola de los Gálatas. Titulamos esta serie "Cuando el Evangelio está en juego" y hemos titulado este mensaje... Le voy a dar el título desde el inicio, aunque la mayoría de las veces no lo hago así, pero en esta ocasión el título del mensaje es: "Cuando el cristiano no entiende su libertad en Cristo". Vamos a estar hablando de eso, de qué implica esa libertad, qué no implica esa libertad y qué es lo que el apóstol Pablo está tratando de comunicar a los gálatas, que tiene aplicación para nosotros hoy.

Para aquellos de nosotros que no nos acordamos, ahora no tenemos memoria de muy larga duración, yo podría decir, esta epístola puede ser dividida muy fácilmente en tres. Capítulo 1 y 2 es una sección autobiográfica donde el apóstol Pablo habla de su llamado al Evangelio, de su llamado a los gentiles, de cómo él fue a Jerusalén en un par de ocasiones, como visitó a Pedro en una de esas ocasiones, pasó quince días con él, habló de su llamado, de cómo él había estado predicando el Evangelio y pudieron comprobar que ciertamente Pablo predicaba el mismo Evangelio que Pedro predicaba. Y él y Jacobo, que eran los líderes de cabecera en Jerusalén, pudieron darle su apoyo para que continuara el ministerio al cual Dios le había llamado. Es la primera sección, sección autobiográfica, capítulo 1 y 2.

Capítulo 3 y 4 es una sección altamente teológica donde Pablo nos ayuda a entender de una manera muy desmenuzada acerca de la salvación por gracia, por fe en Cristo Jesús, solamente separada de las obras de la ley. Y la tercera sección, capítulo 5 y 6, que es la que estamos iniciando hoy, es una sección que muchos le han llamado como una sección de ética cristiana. Yo prefiero llamarle una sección de teología aplicada, de cómo estas verdades tienen una aplicación extraordinaria en la vida diaria, porque una cosa es tener conocimiento y otra cosa es vivir el conocimiento que tú conoces.

Lo que Pablo hace en esta sección, en esencia, es comparar un tipo de religión con otro tipo de religión: una religión basada en las obras de la ley para salvación, versus una religión basada en una salvación por gracia, por medio de la fe en Cristo Jesús. Una religión que representa el reino de las tinieblas, aquella que tiene que ver con las obras de la ley, y una religión que representa el reino de la luz.

En esta porción, Pablo les deja ver las implicaciones masivas y mortales que tiene creer, poner tu confianza en las obras de la ley para poder entrar al reino de los cielos. Si sigues ese camino, tú pudieras ser muy devoto de una religión basada en las obras, que al final del camino te lleva a la perdición, a pesar de tu devoción, porque la realidad es que mi salvación depende de mi devoción a Cristo y su obra a favor de los suyos.

Y esto es como tú y yo debiéramos ver lo que ha ocurrido por medio de Cristo. John Stott, en su comentario sobre esta epístola, dice lo siguiente: "Nuestro estado original antes de venir a Cristo era uno de esclavitud; éramos esclavos. En ese sentido Jesús es nuestro libertador. Nuestra conversión", dice Stott, "es entonces un acto de emancipación. El día que me convertí me emanciparon, y la vida cristiana es una vida de libertad".

Anterior a la venida de Cristo, que es lo que estaremos celebrando en unos días, la gente todavía, el pueblo judío, estaba bajo la condenación de la ley de Moisés, bajo el yugo de la ley. Tú tenías que cumplir estrictamente cada obra de la ley, tanto la ley moral como ceremonial, como alimenticia. Y realmente eso se convirtió en una carga pesada, y la mejor forma de expresarlo es pensando que esa ley era literalmente un yugo. Y Cristo vino a ofrecer una salvación distinta y les habló de que debiéramos venir a acercarnos a Él porque Él tenía un yugo fácil y una carga ligera. Cristo vino a cambiarnos el yugo pesado imposible de la ley por su yugo fácil y de carga ligera. ¿Te imaginas la oferta que eso representaba?

Y con eso yo quiero entonces que podamos leer Gálatas 5 del uno al doce, para después tratar de desempacar los versículos. Esta es la Palabra de Dios:

"Para libertad fue que Cristo nos hizo libres. Por tanto, permanezcan firmes y no se sometan otra vez al yugo de la esclavitud. Ahí está la palabra, yugo. Miren, yo, Pablo, les digo que si se dejan circuncidar, Cristo de nada les aprovechará. Otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a cumplir toda la ley. De Cristo se han separado ustedes que procuran ser justificados por la ley; de la gracia han caído. Pues nosotros, por medio del Espíritu, esperamos por la fe la esperanza de justicia. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión significan nada, sino la fe que obra por amor. Ustedes corrían bien, ¿quién les impidió obedecer a la verdad? Esta persuasión no vino de aquel que los llama. Un poco de levadura fermenta toda la masa. Yo tengo confianza respecto a ustedes en el Señor de que no optarán por otro punto de vista, pero el que los perturba llevará su castigo, quienquiera que sea. Pero yo, hermanos, si todavía predico la circuncisión, ¿por qué soy perseguido aún? En tal caso, el escándalo de la cruz ha sido quitado. ¡Ojalá que los que los perturban también se mutilaran!"

El texto leído así parece un tanto complejo, de manera que vamos a tratar de exponerlo de una manera que tú lo puedas entender, explicar a otros y aplicarlo a tu vida. El versículo uno del capítulo cinco, el primero que leímos, es una introducción; vamos a considerarlo así en la estructura. Del versículo dos al versículo seis, entonces lo que tenemos es la explicación de Pablo de las implicaciones mortales, letales, fatales de tú abrazar una religión basada en las obras de la ley. Y del versículo siete hasta el doce, lo que tenemos es un abordaje de parte de Pablo acerca de los falsos maestros y su condenación. Entonces vamos a ver como tres sombrillas de todo lo que está aquí en este texto de hoy.

La primera enseñanza tiene que ver con el propósito para el cual Cristo nos llamó. Versículo uno, primera parte: "Para libertad fue que Cristo nos hizo libres". La primera pregunta que surge inmediatamente es: ¿libres de qué? Esta pregunta le fue hecha ya a Cristo por parte de los fariseos y los escribas que le acompañaban. De manera que, como la Palabra interpreta la Palabra, yo me voy a ir al capítulo ocho del Evangelio de Juan y voy a leer un par de versículos que nos responden directamente a esa pregunta.

Escucha como Cristo comienza a hablar. La gente le está escuchando, los fariseos están ahí, y esto es lo que Cristo dice en Juan 8:32 al 36: "Y conocerán la verdad, y la verdad os hará libres". Escucha: "Nosotros somos descendientes de Abraham", le respondieron. ¿Quiénes? Los escribas y los fariseos. "Nunca hemos sido esclavos de nadie". Aquí viene la pregunta: "¿Qué quieres decir con 'los hará libres'?" Esa es la pregunta. "Cuando tú dices que nos hará libres, ¿de qué es que nos va a hacer libres?" Esta fue exactamente la misma pregunta de los fariseos: ¿libres de qué? Jesús contestó: "Les digo la verdad, que todo el que comete pecado es esclavo del pecado". Cristo vino a hacernos libres del pecado. Está claramente respondido a la misma pregunta que yo acabo de hacerle al texto de hoy en el versículo primero, cuando dice que Cristo nos llamó a libertad. Versículo 36 de Juan 8: "Así que si el Hijo los hace libres, ustedes son verdaderamente libres".

De manera que Pablo está ayudando a los gálatas a entender cuál fue la libertad que Cristo compró. En primer lugar, Cristo vino a hacernos libres del pecado. Pero quizás, en el contexto de lo que estaba pasando con los gálatas, que se habían dejado confundir y habían sido desviados del camino, quizás de manera primaria Pablo está ayudando a entender que Cristo los había hecho libres de la condenación de la ley, una ley que continuamente acusaba al pecador de haber sido transgredida y que no permitía que la conciencia del pecador pudiera disfrutar de libertad. Y al mismo tiempo, como consecuencia de esa condenación, entonces ahora Cristo vino a hacernos libres de la muerte que dicha condenación traería.

De tal forma que Cristo vino a ofrecernos libertad. "Para libertad Cristo nos hizo libres", pero ¿cuál libertad? Bueno, libertad de la condenación de la ley, libertad de la condenación del pecado y libertad de la muerte espiritual. Ahí está el propósito de nuestra libertad.

Menciono eso porque a lo largo de los años yo creo que ha habido dos grandes grupos o dos grandes malentendidos de cuál es la libertad que Cristo vino a comprar para nosotros. En el caso de los gálatas, no entendieron que cuando Cristo fue a la cruz y dijo "consumado es", consumado fue, que todo había terminado, que no había nada más que hacer para alcanzar salvación que no fuera venir a Él por gracia y poner su fe depositada en su obra, y que eso sería todo lo necesario para alcanzar salvación.

Por tanto, cuando estos falsos maestros comienzan a llegar, llamados judaizantes, y comienzan a enseñar que era necesario volver a la circuncisión, que no era más que un símbolo teológico para representar regresar a la ley... De manera que en la carta a los Gálatas, cada vez que tú leas acerca de circuncisión, entiende que Pablo está refiriendo a todas las obras de la ley con un símbolo externo. De manera que ahora estos falsos maestros han convencido a los gálatas de que a la gracia de Cristo había que agregarle obras para como completar lo que Cristo no había terminado.

Cuando en realidad Cristo vino precisamente a cumplir la ley que tú y yo no podíamos cumplir, y que cuando Él la cumplió, su cumplimiento fue aplicado a mi vida de tal manera que yo sería considerado como alguien que había cumplido a cabalidad la misma ley. Los gálatas no entendieron que su salvación o su libertad había sido comprada por completo por Cristo y trataron de agregar obras de la ley. Malentendido número uno.

Otros han malentendido la libertad que Cristo compró, y la manera como lo han hecho es tomando la palabra "libertad" que aparece en los textos bíblicos, sacándola de su contexto y dándole una aplicación que ni Cristo ni Pablo jamás tuvieron en mente.

Escucha a Philip Ryken, el presidente de Wheaton College, que ya yo he citado en otras ocasiones, de cómo él explica este malentendimiento de esa libertad. Él está hablando de sus conciudadanos porque es en Norteamérica donde él vive, pero yo creo que se puede aplicar a muchas de nuestras sociedades. Esto es lo que Ryken dice: "Los norteamericanos valoran la libertad por encima de cualquier otra cosa. El problema está en que ellos generalmente quieren el tipo de libertad equivocada. Algunos hablan de libertad en términos políticos: libertad de expresión, libertad de reunión, libertad para votar. Otros trabajan para obtener libertad de las estructuras sociales opresivas. Sin embargo, lo que los norteamericanos mayormente quieren es libertad personal. El sociólogo Robert Bellah ha concluido que la libertad es quizás el valor americano más profundo y resonante. Pero al final, la libertad termina significando el ser dejado solo por otros, sin que le impongan los valores, las ideas o estilos de vida de otro. El estar libre de una autoridad arbitraria en el trabajo, en la familia y en la vida política."

Ryken amplía su comentario y dice: "En otras palabras, lo que los norteamericanos realmente quieren es libertad de que lo dejen solos para hacer lo que quieran. La razón por la que queremos ser dejados solos es porque nosotros somos naturalmente egoístas. Podemos hacer lo que queremos hacer, cuándo, adónde, cómo y con quien nos plazca. Si esto es lo que la libertad significa para nosotros, entonces el creer en Dios se hace extremadamente inconveniente. Si hay un Dios, Él indudablemente tiene opiniones acerca de lo que debemos hacer, dónde debemos hacerlo y con quién debemos hacerlo."

Pero ni Cristo ni Pablo estaban hablando de ese tipo de libertad. Se habían referido a libertad de la condenación de la ley, a libertad del pecado y a libertad de la muerte como consecuencia de lo anterior. Los falsos maestros llegaron a Galacia; las iglesias de Galacia habían logrado convencer a los gálatas de que para obtener su libertad espiritual tenían que volver a la circuncisión, a las obras de la ley.

Pablo está tratando de desmontar esa idea, y por eso en el versículo 1, segunda parte, dice: "Por tanto, como Cristo nos llamó a libertad" —a libertad en esos tres significados—, "por tanto, permanezcan firmes y no se sometan otra vez al yugo de la esclavitud." Permanezcan firmes y no vuelvan al yugo de la ley. Permanezcan en lo que son las buenas nuevas del evangelio de salvación: por gracia solamente, por fe solamente y en Cristo solamente.

Y recuerda que la circuncisión de la que Pablo está refiriendo, y se va a continuar refiriendo, tiene que ver con volver al pacto anterior, al pacto de la ley de Moisés. Y ese pacto era extremadamente estricto, y Pablo ahora va a pasar a demostrarles las consecuencias letales que tiene el aceptar tal cosa. Y esas consecuencias son tres.

Consecuencia número uno: si te dejas circuncidar, o si vuelves a creer en las obras de la ley para salvación, entonces la obra de Cristo para ti es inservible. Cristo es inservible. El versículo 2: "Mira, yo Pablo les digo que si se dejan circuncidar" —volver al pacto anterior— "Cristo de nada les aprovechará."

En ese caso, ¿qué es lo que Pablo está diciendo si Cristo en nada nos aprovechará? Que el cumplimiento de la ley por parte de Cristo a mí no me sirve, que la muerte de Cristo en la cruz a mí no me perdona de pecados, y que la resurrección de Cristo no me garantiza ninguna vida eterna. Si eso es lo que ustedes quieren abrazar, gálatas, entonces entiendan que abrazar la ley y perder a Cristo es una cosa o la otra.

¿Te imaginas que Cristo vino, vivió, murió, se crucificó, resucitó, y que para mí no tenga el más mínimo beneficio? Eso es una verdad demoledora. Eso me quita la alfombra de abajo de los pies, me remueve toda esperanza del futuro o de vida eterna. De manera que Pablo comienza a demostrarles lo letal que es poder dejar a Cristo a un lado creyendo en las obras de la ley. Cristo, su obra, lo que hizo, sus enseñanzas, de nada me sirve si ese es el caso.

Consecuencia número dos: si confías en la circuncisión para salvación, entonces estás obligado a cumplir todas y cada una de las imposibles obras de la ley. El versículo 3: "Otra vez testifico a todo hombre que se circuncida" —volver al pacto anterior— "que está obligado a cumplir toda la ley."

Aquellos que estaban confiando en cumplir la ley de Moisés para salvación estaban obligados a cumplir cada uno de los preceptos morales de la ley, cada uno de los preceptos ceremoniales de la misma ley, y cada una de las leyes alimenticias. No había chance para una sola desobediencia. Una sola desobediencia te condenaba, una sola. No importa el lugar, no importa el momento, no importa la circunstancia; tenías un chance de obedecer.

¿Te imaginas que esa fuera nuestra condición? ¿Cuántas sentencias de condena tuviéramos nosotros sobre nuestras cabezas? ¿Cuántas miles de condenas, cuántas tú piensas? ¡Uf, incontables!

Pero Cristo no vino a ofrecernos tal cosa. Cristo vino a ofrecernos una obra por gracia, de tal manera que cuando desobedeces hay un camino de regreso a Él, por medio del cual tú puedes encontrar perdón, restitución, restauración, y puedes volver a caminar con Él. Y Pablo está tratando de ayudarles a entender: ¿cómo es que van a cambiar este camino de yugo fácil por aquel de yugo pesado y de condenación? Eso es.

Por cierto, Martyn Lloyd-Jones ofrece una excelente ilustración de cómo esto pudiera lucir. Que montas en tu carro, vas manejando, te pasas en un semáforo en rojo, hay un carro de policía que te cae atrás, viene detrás de ti, te detiene, te para y te dice: "Bueno, usted acaba de cometer una infracción de la ley."

Imagínate por un momento que tú comienzas a defenderte: "Eh, agente, yo sé que yo me pasé en rojo, pero mire señor, yo soy un esposo fiel, yo he honrado padre y madre, yo no he robado, yo nunca he hablado mentira, nunca he levantado falso testimonio." Yo creo que la gente probablemente estaría como medio sonriente, diciendo con su tiquete en la mano: "A pesar de todo eso, usted violó la ley."

Entonces, exactamente como es con la ley de Dios: tú puedes haber cumplido todos y cada uno de los preceptos desde que naciste hasta no sé cuándo, y tú infringiste, tú violaste una ley, un precepto pequeñito, y tú eres culpable de haber violado toda la ley. Eso es exactamente lo que Santiago dice: que si tú fallas en un solo punto de la ley, tú eres culpable de haber violado toda la ley.

Gálatas, ¿es eso lo que ustedes quieren? ¿Es ese yugo de esclavitud, o tú quieres una libertad comprada por Cristo, entregada a ti por gracia, por medio de la fe depositada en Él, para que puedas vivir verdaderamente en plenitud y en libertad?

¿Te imaginas que nosotros pudiéramos aquilatar eso bien? ¿Cómo cambiaría eso radicalmente la manera como tú y yo obedecemos, la manera como tú y yo vivimos la vida cristiana? Eso es lo que a los gálatas todavía no les había hecho clic.

Entonces, ¿qué estamos viendo? Si recuerdas, si va por ese camino: Cristo y su obra serían inservibles, número uno; número dos, tendría que cumplir todas las obras de la ley con punto y coma; y tercera consecuencia: si trata de alcanzar salvación o ser justificado por medio de las obras de la ley, inmediatamente queda separado de la gracia por medio de la cual Cristo te perdonó la primera vez y te ha seguido perdonando el resto de las veces.

¿Tú quieres quedar separado de la gracia? Eso es exactamente lo que el texto dice en el versículo 4. Escucha: "De Cristo se han separado ustedes que procuran ser justificados por la ley; de la gracia han caído."

¡Wow! No puedes contar con gracia de aquí en adelante, no puedes contar con perdón, no puedes contar con un camino de regreso. No hay más de un chance para la desobediencia, porque es por medio de la gracia que Cristo nos sacó de la condenación a la libertad, de ser esclavos a ser hijos, de ser condenados a ser libres, y de la muerte a la vida. Sin esa gracia, literalmente te quedas condenado, te quedas siendo esclavo, te quedas siendo no libre, y te quedas muerto.

Los gálatas no habían entendido su libertad, y mucha gente hoy en día, aunque no está tratando de volver a las obras de la ley, trata de con obras ganarse el favor de Dios, ganarse el perdón de Dios. De manera que si pecamos, entonces de repente nos volvemos más fieles a nuestros devocionales diarios y comenzamos a orar más y más largo, y si teníamos algunos días sin venir a la iglesia comenzamos a venir a la iglesia todo el tiempo, confiando de que "bueno, por lo menos me toca hacer algo, porque imagínate con este pecado que yo cometí". No, porque no son obras de la ley ni qué hacer mental que van a lograr tu perdón. No, no. Tú vienes a Cristo con un corazón contrito y humillado, y basado en la obra que Él hizo en la cruz, le pides perdón, le pides arrepentimiento, te arrepientes hasta donde Él te da la oportunidad de hacerlo y comienzas de nuevo a caminar con Dios. Y aunque tú debes hacer tus devocionales y leer la Biblia y orar, y tienes que hacer todo eso, eso no tiene nada que ver con tu perdón, porque tú no compras tu perdón, no te ganas tu perdón, no te ganas el favor de Dios, no te ganas la posición delante de Dios. Es otorgada por gracia. Pero si abrazas la ley, quedas separado de Dios y quedas separado de la gracia.

Hermanos, nosotros tenemos que entender mucho mejor la importancia de la gracia. Sin esa gracia yo no podía predicar este mensaje que estoy predicando en este momento. Sin esa gracia yo no soy digno de predicar una palabra santa a través de labios impuros. Si no fuera por su gracia yo no pudiera predicar una palabra de parte de Dios, como le dice Pablo a los corintios en Segunda de Corintios 2:17. Ni pudiera predicar una palabra delante de Dios, como Pablo le dice en el mismo versículo que acabo de citar. Porque como él explica a los corintios en el versículo anterior, en 2:16 de su segunda carta, él dice: "Para estas cosas, ¿quién está capacitado?". Nadie. Nadie está capacitado para pararse delante de Dios y hablar su palabra. Pero lo hacemos. Sí, ¿por qué lo hacemos? Lo hacemos por gracia, porque es así como funciona mi vida cristiana delante de Él.

Escucha cómo Pablo entiende que la salvación funciona, versículo 5: "Pues nosotros por medio del Espíritu esperamos por la fe la esperanza de justicia". Por medio del Espíritu fuimos regenerados, nacimos de nuevo, por gracia, porque Dios quiso darnos un nuevo nacimiento, quiso hacer una criatura nueva. Y por medio del Espíritu entonces ahora yo puedo ejercer mi fe y poner mi confianza en Cristo Jesús. Y por medio de esa misma fe yo puedo esperar la vida eterna que Dios nos prometió en su Hijo. Y eso es lo que Pablo está tratando de ayudarles a ellos a entender: nosotros por medio del Espíritu, no de la ley, esperamos por la fe la esperanza de justicia, la esperanza de vida eterna que Dios nos prometió.

Y para luego entonces trata de cerrar esta primera parte de este texto en el versículo 6, diciendo: "Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión significan nada, sino la fe que obra por amor". ¿Qué es lo que Pablo está diciendo? Considera esto: si volviste a las obras de la ley confiando en tu salvación por medio de dichas obras, eso en Cristo significa nada. No has logrado absolutamente nada, has quedado condenado. Pero si por otro lado tú has entendido que la salvación es por gracia, no te has circuncidado, no has vuelto al pacto anterior, pero abusas de la gracia pensando "bueno, la salvación es por gracia, de manera que yo puedo vivir como yo quisiera vivir, antojadizamente", entonces en Cristo tampoco significa absolutamente nada. Porque no es la circuncisión que te salva ni la incircuncisión tampoco. Es tu confianza solamente en Cristo Jesús, por fe solamente.

Y Cristo nos trajo libertad por medio de su obra. Versículo primero: "Para libertad fue que Cristo nos hizo libres". Ya me dejé decir esto otra vez de manera aplicada. Cristo nos llamó a ser libres del pecado, pero no para seguir pecando, sino para librarnos de las consecuencias de seguir cosechando consecuencias del pecado, porque nos empoderó por medio de su Espíritu para vivir otro tipo de vida. Cristo nos llamó a la libertad con relación a la ley, de manera que yo no tenga que obedecer ahora motivado externamente por una ley que me condena y me llena de terror, sino que yo sea motivado internamente por el Espíritu de Dios que mora en nosotros, que pone en mí el querer y el hacer, que pone mi amor por Cristo, y que ahora yo pueda obedecer por amor a Él y no por temor a Él. ¿Vas entendiendo la diferencia? ¿Vas entendiendo a qué libertad Cristo nos llamó?

Cristo nos llamó a libertad para llegar a ser todo lo que Él quiere que yo sea y para llegar a hacer todo lo que Él quiere que yo haga. Esa es el tipo de libertad a la que nos llamó. Cristo nos llamó a libertad para que yo pueda acercarme al trono de la gracia con confianza y allí hallar oportuno socorro para lidiar con mis tentaciones, mis tropiezos, mis caídas, mis pecados. Esa es la libertad a la que Cristo nos ha llamado. Cristo nos llamó a libertad para que yo no acepte la acusación de Satanás continuamente acerca de mi pecado anterior, que ya Cristo lo ha perdonado, del cual Él ya me restauró, de tal manera que yo pueda vivir una vida de adoración para la gloria de Dios y para el gozo del creyente. Para libertad fue que Cristo nos hizo libres. ¿Entiende mejor ahora a qué libertad Cristo nos llamó?

Ahora déjame decirte a qué libertad Cristo no nos llamó. Cristo no nos llamó, no nos prometió libertad de persecución. Segunda de Timoteo 3:12: "Todo el que quiera vivir piadosamente será perseguido". Dos mil años de evidencia tenemos nosotros. Cristo no nos llamó a libertad de sufrimientos, porque frecuentemente es por medio del sufrimiento que Él va tallando su imagen en mí y me hace más dependiente de Él. Por otro lado, Cristo no nos llamó a libertad de opresión, y eso te lo pueden decir los hermanos cristianos que viven en Corea del Norte, que viven en China, que viven en los países musulmanes, que frecuentemente han sido y son más fieles que nosotros que vivimos en la libertad de Occidente. El Señor mismo fue perseguido y fue oprimido y fue clavado por el reino bajo el cual Él vivió.

De manera que nosotros necesitamos entender con claridad a qué libertad nos llamó Cristo y a qué libertad no nos llamó, porque pretender que de este lado de la eternidad vamos a encontrar una sociedad justa, eso es una quimera, eso es una irrealidad, y eso es una expectativa irreal. Ahora, eso no implica que aquellos hermanos que Dios ha colocado en posiciones estratégicas no deban luchar para tener una influencia en la sociedad que pueda ir en la dirección de los valores cristianos. No, nosotros felicitamos a los hermanos que han estado haciendo ese trabajo, los que lo hicieron en el pasado como Wilberforce, que logró la libertad de los esclavos en Inglaterra después de veintiséis años de lucha en lo que sería como el Congreso de nosotros. Felicitamos a los que han ido al Congreso, que han estado en el Congreso. Nosotros mismos hemos estado allí más de una ocasión tratando de ser sal y luz. Pero eso es una cosa, y otra cosa es entender que nosotros hemos sido llamados a una libertad que Cristo no prometió, de la cual Pablo tampoco habló, de la cual tampoco ha disfrutado la enorme mayoría de los escogidos de Dios de este lado de la gloria.

De manera que ahora nosotros tenemos hasta aquí como dos grandes sombrillas. La primera: cuál fue el propósito del llamado de Cristo y a qué libertad nos llamó. La segunda sombrilla: las tres consecuencias de creer en las obras de la ley. Cristo se hace inservible por un lado, estamos obligados a cumplir las obras de la ley por otro lado, y en tercer lugar nosotros quedamos separados de la gracia de Cristo. Son las tres consecuencias.

La tercera sombrilla tiene que ver con los falsos maestros y el juicio para ellos, y esa es la sección del versículo 7 al 12. En esos versículos Pablo aborda varios temas distintos, de manera que la mejor forma, la forma más práctica y entendible para hacer esto, es simplemente viendo que aquí hay una pregunta, un proverbio educativo, un voto de confianza, una advertencia severa para el que hizo tropezar a los gálatas, una mini defensa personal de Pablo y un deseo final.

Veamos la pregunta: ¿quién fue que los hizo tropezar en el camino? Versículo 7: "Ustedes corrían bien, ¿quién les impidió obedecer a la verdad? Esta persuasión no vino de aquel que los llama". Gálatas, si ustedes estaban corriendo, ustedes iban en la carrera, iban bien. Cuando yo fui, yo les prediqué el evangelio, creyeron el evangelio, entendieron la gracia de Dios, entendieron lo que es la fe en Cristo Jesús, e iban bien. Y de repente, ¿quién fue que vino y les vendió una verdad que no era ninguna verdad, sino les vendió otro evangelio que procedía del reino de las tinieblas y que lo volvía todo a azufre?

La idea en el original detrás de esta frase de "quién fue que les impidió obedecer a la verdad" es literalmente —hay una palabra en el original compuesta— que significa lo que en inglés dirían "cut in". ¿Han visto algunas carreras olímpicas? Hay un corredor que va en su carril y de repente él se introduce en el carril de la derecha o de la izquierda accidentalmente, como que hace tropezar al otro. Es como que alguien se interpuso. ¿Quién fue que te cortó el camino? ¿Quién fue que, en inglés dirían, "cut you off", te cortó? Es algo que Pablo está diciendo: ¿quién fue que se introdujo en el camino para que ustedes llegaran a desobedecer la verdad? Y no importa de dónde haya venido, lo que yo estoy seguro es que de Dios no vino. "Esta persuasión no vino de aquel que los llamó". ¿Qué fue, gálatas? ¿Dónde fue que se perdieron? ¿Qué fue lo que no entendieron? Y parte del problema con los gálatas es parte del problema nuestro: es como que hay una tendencia incurable a pensar que nuestras obras de alguna manera contribuyen a mi salvación.

Cuando yo creía de esa manera, años atrás, antes de llegar a nuestro país, muchos años antes, realmente yo tuve dos semanas de crisis porque yo le decía a Kathy que no puede ser que tus obras o tu caminar no contribuyan absolutamente en nada. Porque nosotros de una u otra manera seguimos pensando en las obras como un contribuyente, y por eso es que se nos dice que somos legalistas en recuperación. Yo he oído de los alcohólicos que tú le dices a un alcohólico: "Mira, tú eres alcohólico", y para que se mantenga en sobriedad tiene que pensar, tiene que pensar que tú nunca te has sanado, tú eres un alcohólico en recuperación. Bueno, nosotros somos legalistas en recuperación porque volvemos con frecuencia a pensar en estas obras que nos ayudan de alguna manera a nuestra salvación, o agregamos cosas de la ley de Dios no necesarias para la salvación y queremos que otros las cumplan a pesar de que son contrarias a veces a lo que Dios ha dispuesto.

Esta era la pregunta que Pablo tenía: ¿quién los estorbó? Pablo usa un proverbio educativo. Nosotros tenemos proverbios, lo que llamamos refranes, son proverbios. Y este es el proverbio en el versículo 9: "Un poco de levadura leuda toda la masa". Una pequeña desviación del satisfecha corrompe todo el satisfecha. Tú podrías negar el satisfecha con una muy pequeña desviación de su verdad. De hecho, las doctrinas cardinales de la Palabra de Dios necesitan ser definidas de forma muy precisa. Una cosa es decir que la salvación es por fe, y otra cosa es decir que la salvación es por fe solamente.

A principios de los años de este milenio, de los años 2000, uno o dos años después, hubo una gran controversia porque un grupo de evangélicos se reunió con un grupo de líderes de la Iglesia de Roma y elaboraron un documento. Ese documento contenía de parte y parte una declaración firmada de que la salvación era por fe. Y se levantaron varios de los líderes defensores de la fe cristiana: R. C. Sproul, John MacArthur, Ackhamberg y otros, diciendo: "No, espérate, que la salvación no es por fe; la salvación es por fe solamente, y esa palabra no está en el documento". Ese documento se llamó ECT número uno, estoy tratando de recordar la sigla, y luego hicieron un ECT número dos para tratar de corregir el error del primero, pero esa brecha nunca se solucionó.

La Iglesia primitiva confesó el Credo de Nicea. Dice que Cristo resucitó al tercer día, y eso estuvo bien hasta que alguien levantó la mano y dijo: "No, sí Él resucitó, pero no corporalmente. Él resucitó de esta manera: los discípulos y los apóstoles, después de su muerte, resucitaron sus ideas y sus enseñanzas y comenzaron a enseñar y a predicar, y así nació la Iglesia cristiana". Ahora hubo que aclarar: "No, espérate, es que Cristo resucitó corporalmente. Si tú no quieres poner esa palabra, me estás diciendo que dejaste a Cristo en la tumba, y nosotros estamos afirmando que no, que Cristo se levantó de la tumba". De manera que la palabra "corporalmente" hay que ponerla ahí.

La inspiración de la Biblia no es simplemente que la Biblia vino de parte de Dios. No, su inspiración es verbal, palabra por palabra; es plenaria, de tapa a tapa. De manera que para algo está diciendo: una pequeña cantidad de levadura echa a perder toda la masa. Tú permites una pequeña desviación del satisfecha, de la doctrina, y arruinaste el satisfecha. Pablo está diciendo que tú no puedes tener salud espiritual sin conocimiento doctrinal.

No es por accidente que Pablo escribió a Timoteo en su segunda carta, última carta. Ya no habría tercera a Timoteo, ninguna otra carta más. Estas son las palabras finales. Leemos en 2 Timoteo 2:15 de su segunda carta: "Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad". Precisión es la palabra clave, porque una pequeña cantidad de levadura echa a perder toda la masa.

En el primer siglo ese proverbio era usado para dar a entender que un pecadito, si hubiera tal cosa, algo que tú consideras chiquito, corrompe toda tu vida cristiana. Esa es la idea. En la época de Jesús todavía el pueblo permanecía en su entendimiento bajo la ley. Bueno, en efecto así fue hasta que Él se crucificó, y por tanto se celebraba la fiesta de los panes sin levadura. Lo único que la ley estipulaba de eso era que hacía una vez que, por siete días, el pan que tú comieras no tuviera levadura, como una manera de simbolizar lo fácil y lo rápido que tú puedes contaminar tu vida. De la misma forma que la levadura, cuando tú se la agregas a la masa de harina, hace crecer toda esa masa. Pero su día tratando de agregar a la ley de Dios, entonces dijeron: "No, durante la fiesta de los panes sin levadura, toda la levadura hay que sacarla de la casa". Entonces no podía haber levadura en la casa; no solamente que no se la agregara al pan, es que tampoco existiera en tu casa. Y quizás lo que yo estaba tratando de comunicar es: para que tú no vayas a tener la tentación un día de que hagas pan durante esos siete días, si no se creció bien como tú la quieres, vayas a agregar la levadura y vayas a pecar, mejor la sacamos de la casa.

Bueno, cuando Pablo les escribía a los corintios, él usa otra frase pero con la misma idea. En su primera carta, en 1 Corintios 15:33, les dice: "Las malas compañías corrompen las buenas costumbres". ¿Cuánta gente tú necesitas para que llene el criterio de mala compañía? Una. Una sola persona puede corromper toda tu vida cristiana. Por tanto, tienes que cuidar tus compañías, porque un solo maestro que haya llegado a la iglesia de Galacia con esa doctrina... Quizás llegó más de uno, pero uno solo hubiese llegado y hubiese sido suficiente para pervertir el satisfecha. Y de ahí el proverbio que Pablo les menciona.

Pablo no solamente tiene un proverbio que enseñarles, pero expresa un voto de confianza en el versículo 10: "Yo tengo confianza respecto a ustedes". No en ustedes; yo tengo confianza con relación a ustedes en el Señor de que no optarán por otro punto de vista. Yo tengo la confianza de que, al final, Dios en su fidelidad, como Él comenzó la obra de salvación en ustedes, Él la va a completar. Mi confianza no está en ustedes, ni ustedes debieran tener confianza en ustedes de que van a terminar bien, y yo tampoco. Tu confianza y la mía tienen que estar en la gracia de Dios que nos preserva en el camino, de manera que tú y yo podamos perseverar hasta el final porque Él nos sostiene en el camino. Sin Dios, si Él retira su gracia, yo quedo cortado de la gracia de Dios como los gálatas estaban tratando de hacer. Entonces, ¿sabes qué? Nos perdemos dieciocho veces en el camino y más. Pero el Dios que pone tanto el querer como el hacer, Él es el que está con sus ojos abiertos viéndonos, observándonos, trayéndonos, llamándonos la atención para que podamos continuar hasta el final.

El texto contiene una advertencia severa para quien hizo tropezar a los gálatas. Escucha en el versículo 10, segunda parte: "Pero el que los perturba llevará su castigo, quienquiera que sea". ¡Wow! Esto es una advertencia severa. Enseñar la Palabra de Dios de manera errada al pueblo de Dios no es poca cosa. Tergiversar el satisfecha tampoco lo es. Negar el satisfecha de manera intencional es mucho peor. Negar la obra de Dios, negar la unción del Espíritu Santo es la blasfemia contra el Espíritu, contra la cual no hay perdón. Y de esa misma manera, tratar de hacer daño al cuerpo de Cristo, la obra de Cristo, es una de las más grandes ofensas que tú puedes hacer o cometer contra el Hijo de Dios. Él compró un pueblo a precio de sangre, da su vida, se sacrifica, ¿para que una criatura pueda venir después a dañar su obra, dañar su iglesia, dañar su novia? Como dirían en inglés: "No way".

Y Pablo está diciendo que el que ha perturbado el caminar de los gálatas tendrá su castigo, quienquiera que sea. Y por eso me han oído decir desde este púlpito, múltiples veces lo he tuiteado incluso, lo he puesto en las redes: no tratemos de dividir la iglesia de Cristo. En el caso de los gálatas: no trates de tropezarla, de hacer tropezar a los hijos de Dios. No hagas daño intencional a uno de los hijos de Dios, porque cuando lo haces, Dios, Cristo, se toma ese daño de forma personal. Y por eso es que cuando Pablo estaba persiguiendo la iglesia, Cristo se le aparece: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" "No, yo no te estoy persiguiendo a ti, Señor, estoy persiguiendo la iglesia". "Esa es la misma cosa. Cuando persigues la iglesia, me persigues a mí. La iglesia y yo no estamos separados. Yo soy la cabeza, ellos son el cuerpo. Ellos son el cuerpo, yo soy la cabeza, pero no andamos por dos lugares diferentes". Y Pablo tiene aquí una advertencia severa contra aquellos que han hecho tropezar a los gálatas en el camino de salvación.

Ya casi al final, Pablo tiene una mini defensa personal. Aparentemente lo estaban acusando de algo que él no estaba enseñando. Nada nuevo en la vida de Pablo: continuamente acusado de cosas nunca hechas, nunca dichas. El versículo 11: "Pero yo, hermanos, si todavía predico la circuncisión, ¿por qué soy perseguido aún? En tal caso, el escándalo de la cruz ha sido satisfecho". Déjame leer de eso mismo en la Nueva Traducción Viviente, que se hace mucho más claro: "Amados hermanos, si yo todavía predicara que ustedes deben ser circuncidados, como algunos dicen que hago..." Hay gente allá fuera que está escuchando cómo yo estoy peleando en contra de que se circunciden o vuelvan a las obras de la ley, y a pesar de eso me están acusando de que yo todavía predico circuncisión.

Entonces Pablo pregunta: ¿Por qué entonces, si yo todavía predico circuncisión como ustedes dicen, por qué entonces aún se me persigue? Si estoy predicando lo mismo que los falsos maestros predican, ¿a qué se debe que yo estoy siendo perseguido y ellos no?

Pablo dice entonces: si ya no predicara que la salvación es por medio de la cruz de Cristo, si no predicara eso, nadie se ofendería. En otras palabras, la razón de mi persecución es que hay gente ofendida porque yo predico que la salvación es por Cristo, por medio de su obra en la cruz, su resurrección, y no por medio de la circuncisión. Entonces no me hablen de que yo estoy predicando circuncisión, no es verdad, y esta es la prueba. ¿Cuál es la prueba? Mi persecución, que se debe única y exclusivamente a la locura de la predicación de la cruz.

Pero eso Pablo lo dice: nadie se ofendería. La cruz de Cristo fue una ofensa en el primer siglo, fue una ofensa en siglos posteriores, es una ofensa en el siglo de hoy. Muy posiblemente en algún momento, en algún lugar, alguien va a abrir este mensaje y va a escuchar que las obras que están siguiendo en la religión que ellos siguen no les sirven para nada en su salvación, y que de hecho esas obras vuelven a Cristo inservible. Y alguien se va a ofender, porque la cruz de Cristo sigue siendo ofensiva cuando tú la predicas tal como ella es. Pero cuando Cristo dijo "consumado es", consumado fue, se acabó. Todo había terminado en cuanto a la salvación se refiere. Mis obras, las sucias de pecado, no pueden contribuir a mi salvación.

Ahora escucha cómo Pablo cierra este texto, porque sin lugar a dudas, sin cuestionamiento alguno, estas son las palabras más severas que Pablo jamás haya escrito. Versículo doce: "Ojalá que los que os perturban también se mutilaran". ¿Saben lo que significa en el original? Ojalá que los que os perturban se castraran. ¿Qué es decir? No consideren que se castren, pero en serio.

Bueno, lo más probable es que Pablo estaba haciendo referencia a algo distinto, pero usó palabras severas para simbolizar lo que él estaba tratando de hacer. Probablemente lo que Pablo estaba tratando de comunicar era que aquellos que estaban predicando circuncisión, que de alguna manera habían entrado a la iglesia, lo ideal sería que ellos mismos se cortaran y salieran de las iglesias de los gálatas, y dejaran a los hijos de Dios tranquilos. Que ellos mismos se mutilaran del cuerpo de Cristo, se separaran. Pero para expresar esa idea usó un lenguaje que algunos pudieran considerar incluso vulgar. Pero no es ese el oro para ayudarles a entender lo que ellos están haciendo. La manera como están perturbando el satisfacción es tan severa, que yo necesito palabras severas para ayudarlos a entender que esto es lo que debe pasar. Ya sea que ellos se mutilen o que Dios los mutile, los corte y los separe, que están dañando el camino de la verdad.

Hermanos, después de haber considerado estas verdades, de nuevo tenemos que recordar que la fe cristiana llega a ti por gracia, separada de méritos. Que no hay nada que tú puedas hacer para ganarte la salvación, no hay nada que tú puedas hacer para preservar la salvación. Tú puedes honrar tu salvación y debes honrar tu salvación. Tú debes adornar tu salvación con la manera como tú vives. Tú debes vivir a la altura de tu salvación, pero no la puedes ganar, no la puedes afirmar, no la puedes asegurar. Eso es una obra de pura gracia.

En su gracia, Cristo te salió a buscar cuando estabas perdido. En su gracia, Cristo te trajo, no simplemente como que te atrajo o te sedujo. No, no. Él te arrastró. Él fue, te buscó, te encontró y te arrastró a los caminos de Dios y te dijo: "Ven para acá, ¿qué haces allí? Tú eres mío. Tú has sido predestinado desde antes de la fundación del mundo y este es donde tú perteneces. Aunque tú no lo entiendas, tienes que venir". Y cuando entraste tú dijiste: "¡Wow, wow! No sabía que era de esta manera". Y después del primer wow, entonces te zafaste de nuevo otra vez y querías volver, tener una libertad que nunca te prometió. Y en su gracia, entonces Él sigue corrigiéndote, Él sigue trayéndote, Él sigue buscándote hasta que tú entres en gloria. Porque tú estás preservado en la palma de su Padre. Su Padre es mayor que todos y nadie nos puede arrebatar de la palma de la mano de Dios.

Esa es la verdad. Eso es lo que tienes que creer. Pero es por gracia que eso está hecho y garantizado, por ninguna otra razón debajo del cielo ni por encima del cielo, ni en el cielo ni en ningún otro lugar. Fue su gracia. Hermano, su gracia te trajo aquí. Su gracia me ayudó a predicar este mensaje. Su gracia me ayudó a preparar el mensaje. Su gracia te motivó a venir. Su gracia aplicó a tu corazón alguna verdad de la Palabra. Su gracia motivó tu aplauso. Todo es motivado por gracia, hecho por gracia. Todo es fruto de la gracia de Dios operando en ti.

Si puedes verlo así, si puedes aquilatarlo así, eso lo único que va a hacer es que va a producir en ti amor por el Autor de la gracia, que es Cristo Jesús. Y ahora le vas a obedecer no por temor al castigo o a las consecuencias, sino por amor a Él. Vas a cambiar el temor a Jesús por el amor a Jesús. ¿No sería eso maravilloso? Vivir una vida de obediencia motivado porque le amas. Porque si me amas, guardarás mis mandamientos. Y eso es por gracia.

Gracias, gracias, porque por tu gracia, tu gracia infinita, tu gracia que me trajo, tu gracia que me encontró, tu gracia que me buscó, tu gracia que me perdonó, tu gracia que me preserva, tu gracia que me bendice, tu gracia que me corrige, tu gracia que me disciplina, tu gracia que permite el dolor y el sufrimiento, la aflicción, la opresión, la persecución en mi vida como parte de tu plan soberano que me da forma a tu imagen, que me ayuda a depender de ti, que hace crecer mi fe, que hace crecer mi amor por ti. Gracias por tu infinita gracia, en Cristo Jesús. Amén. Que el Señor bendiga su Palabra.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.