Integridad y Sabiduria
Sermones

Cuando tu paz no tiene explicación humana

Miguel Núñez 23 enero, 2022

La paz que satisface el alma no puede comprarse ni fabricarse con los recursos del mundo. A diferencia del alivio temporal que ofrecen los viajes, los seguros o los placeres que adormecen el dolor, la paz que Cristo prometió a sus discípulos la noche antes de su crucifixión es de naturaleza completamente distinta: no depende de las circunstancias, sino de una relación viva con Dios. Es una tranquilidad interior que permanece incluso cuando todo alrededor está en convulsión.

Esta paz, fruto del Espíritu Santo, tiene requisitos claros. Requiere confianza en el carácter, los propósitos y las promesas de Dios. Requiere un corazón completamente entregado, no dividido entre Dios y el mundo. Requiere una vida de oración marcada por la gratitud, amor genuino por la Palabra de Dios, y obediencia práctica a lo aprendido. Cuando estas condiciones se cumplen, Dios guarda el corazón y la mente en una paz que sobrepasa todo entendimiento humano.

La historia del misionero Eric Barker ilustra esta realidad de manera conmovedora: tras recibir la noticia de que el barco donde viajaban su esposa, sus ocho hijos, su hermana y sus sobrinos había sido torpedeado y todos habían muerto, Barker subió al púlpito y anunció que su familia había llegado a casa segura. Para él, el cielo era el hogar verdadero. Esa paz no tiene explicación humana; solo puede venir de verse a uno mismo en Cristo, con garantías eternas que ninguna tragedia puede arrebatar.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Quiero invitarte a que abras tu Biblia en la carta a los Gálatas, capítulo cinco, que puedas marcar ahí, porque pronto vamos a estar leyendo. El título de mi mensaje en esta mañana es: "Cuando tu paz no tiene explicación humana". Esto le da continuación a nuestra serie en Gálatas, la carta de Pablo a las iglesias de Galacia, que hemos estado revisando. Este es el mensaje número 17, y dentro de esa serie estamos haciendo una mini serie relacionada a las virtudes que forman el grupo de virtudes que forman el fruto del Espíritu. Vimos el amor, vimos el gozo, y hoy estamos viendo la paz.

Yo quisiera tomarme el tiempo y volver a leer otra vez el texto donde aparecen estas virtudes descritas. Gálatas 5:22-23, quizás para el final nos la aprendemos de memoria: "Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley."

El día de hoy yo quiero ver la paz como parte de este fruto y en contraposición a la ansiedad, el desasosiego, los pleitos, las rencillas, las rivalidades que Pablo menciona en el versículo 19 de este mismo capítulo como obras de la carne. Cuando nosotros leemos los periódicos y las redes sociales, yo creo que nos queda claro, nos queda extremadamente claro, que si hay una virtud que esta generación carece es de paz. El lenguaje, la descripción de los eventos, la forma como los hombres se hablan, las disensiones entre naciones hoy en día, ciudadanos de una misma nación cómo se disputan, cómo se pelean, los índices de descomposición social, todo habla en favor de que no hay paz en ningún rincón de la sociedad.

Adán y Eva fueron creados, y cuando Dios pronunció su creación como buena en gran manera, todo estaba en armonía, todo estaba en paz: el hombre con Dios, el hombre y la mujer, esa primera pareja con los animales, los animales entre sí, toda la ecología estaba en paz, estaba en armonía. Adán al pecar interrumpió su relación con Dios y eso alteró todo lo demás. Con eso él perdió su paz interior consigo mismo. Primero pierde su paz con Dios y de ahí en adelante no habría paz. Él perdió su paz interior y él perdió su paz exterior con los demás. Dicho de otra manera, tu paz con Dios es lo que determina la paz que puedes disfrutar con cualquier otra persona. Dios es el determinante de mi paz interna y externa.

Ahora, después de la caída de Adán y Eva, Dios proveyó un camino vía su Hijo Jesucristo. Romanos 5:1 nos habla de eso: que nosotros podemos tener paz con Dios por medio de Cristo Jesús. De manera que Dios resolvió el problema entre Él y el hombre; la enemistad que existía entre sus criaturas y el Creador, Dios la resolvió por medio de Cristo Jesús. Sin embargo, habiendo resuelto eso, todavía muchos de los hijos de Dios no viven en paz. Hay una paz con Él, con Dios, con el Redentor, ya establecida, garantizada, pero hay una paz que tiene que ver con la vivencia del día a día, y me estoy refiriendo a la paz como fruto del Espíritu, que es el resultado de una íntima relación con Dios, que trae como consecuencia una quietud interna aun en circunstancias cuando todo tu alrededor parece en convulsión. Es una quietud interna que no está relacionada a lo que pasa a tu alrededor, ni siquiera está relacionada a lo que te pasa a ti, sino a lo que pasa en ti. La calidad de nuestra relación con Dios, a lo que ya aludí, es el determinante del grado de paz con la que vivimos.

Es un concepto vital, es un concepto cardinal en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento. La palabra clave en el Antiguo Testamento es shalom. Shalom no es tan sencillo como parece en nuestros días, donde la gente se saluda en los contextos hebreos y se dicen para decir "hola", shalom, para decir "adiós", shalom. Parecería como que eso es todo, un saludo y un adiós, pero no lo es. La cultura hebrea, y cito a Christopher Wright de su libro "Cultivating the Fruit of the Spirit" o "Cultivando el Fruto del Espíritu": la cultura hebrea, shalom implica un estado general de bienestar, libertad de temor y de deseos dañinos, y un estado de contentamiento en relación con Dios, con otros y con la creación. Imagínate todo lo que le estás deseando a alguien cuando llegas a su casa y le dices shalom. Yo te deseo un bienestar completo, general, que tiene que ver con un contentamiento interno relacionado a Dios, a otros y a la creación en medio de la cual tú vives. Eso es shalom.

Es un concepto vital en el Antiguo Testamento, pero es un concepto central en el Nuevo Testamento. El apóstol Pablo comienza todas sus cartas, 13 de 13, diciendo "gracia y paz". Yo no sé si el orden de esas dos palabras es intencional, pero siempre es el mismo. Es como si Pablo estuviera diciendo: para tener la paz que deseamos y la paz con Dios, tú primero necesitas experimentar la gracia de Dios. En esa misma porción de la revelación bíblica, Dios es llamado el Dios de paz no menos de seis veces. Y cuando tú revisas todo lo que tiene que decir la Palabra, está haciendo referencia a esa tranquilidad interna que solamente puede ser producida por el Espíritu de Dios.

Esa es la paz que los discípulos no tenían la última noche antes de la crucifixión de Cristo. Se reúnen, Cristo los reúne, el aposento alto, y Él comienza a hablarles a ellos de cosas que les robaron la paz. Él habló mucho, pero tocó ciertos temas en particular. Y uno de esos temas era que Él se iba, que Él partía. Y eso era algo que a ellos no les podía dar tranquilidad. "Yo me voy, y no solamente me voy, cómo me voy, porque en unas horas a mí me van a crucificar." De manera que esto era una idea que ellos no podían siquiera concebir, no podían aceptar. Formaba parte de los propósitos de Dios, pero ellos no estaban en la misma página con Dios. Una muerte inminente, una partida inminente, una muerte cercana, no era lo que ellos estaban esperando, no de la persona que ellos pensaban que era el Mesías anunciado desde la antigüedad.

De manera que este fue uno de los temas, pero para hablarles de ese tema, Cristo tenía que hablarles de otro tema vital por más de una razón, y es que vendría alguien a sustituirlo, vendría la tercera persona de la Trinidad, el Espíritu Santo. Y esa tercera persona de la Trinidad sería incluso mejor que la segunda persona de la Trinidad, como Él mismo les reveló: "Ustedes estarían contentos si entendieran a qué viene el Espíritu de Dios."

Pero es interesante que Él les habla en Juan 14:26 acerca de la venida del Espíritu, e inmediatamente después, en el próximo versículo, en el 27, escucha lo que Él dice: "La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tengan miedo." Cristo les ha hablado del Espíritu Santo e inmediatamente después les ha hablado de su paz, porque justamente es el Espíritu que venía a morar en ellos que vendría a cultivar el fruto del Espíritu, del cual la paz forma parte.

Ahora, yo creo que tenemos claro, y es entendible, que la noticia de la partida de Jesús tuvo que haberles producido intranquilidad a este grupo. No era algo que ellos tenían en su corazón como una posibilidad, y Jesús aprovechó para decirles: "No, yo les voy a dejar mi paz." Ahora quiero decirles que yo no les voy a dejar mi paz como el mundo da la paz, como el mundo entiende la paz. Como yo entiendo la paz, como el mundo la da y como yo la doy son cosas completamente diferentes, de manera que ustedes tendrán que descubrir de qué paz yo les estoy hablando. Y esto es una conversación que se está dando en medio de confusión, de consternación, de ansiedad, mucho de lo cual estaba siendo producido porque ellos no habían comprendido ni habían abrazado la idea de la cruz. De hecho, Pedro la rechazó por completo.

Yo menciono eso porque si ellos no podían abrazar los propósitos de Dios para con Jesús y para con ellos, no podrían tener paz. Y esta es la primera lección: hay una relación directa entre el grado de paz que experimento y el grado de sumisión a los propósitos de Dios. Hay una relación directa entre cómo yo me someto a los propósitos de Dios y cómo yo experimento su paz. Si no puedo abrazar su propósito, si no puedo abrazar su voluntad para conmigo, eso me va a llenar de intranquilidad y hasta cierto punto hasta de ira en muchos casos.

Dios tiene propósitos para cada uno de sus hijos, propósitos que muchas veces nosotros no queremos aceptar. Cuando eso se da, la paz que quizás yo hubiera podido estar experimentando hasta ese momento se va, se esfuma, desaparece. Yo creo que es algo que muchos de nosotros, o quizás todos nosotros, hemos experimentado en algún momento. Y los discípulos no estaban preparados para ese momento, para esa ocasión, para ese propósito, para esa voluntad. Y es la razón por la que Cristo, probablemente conociendo cómo estaban pensando, les dice: "No se turbe vuestro corazón ni tengan miedo."

Él aludía a una paz que ellos podían disfrutar en medio de su ausencia, porque es una paz que no vendría de ellos sino de Dios. Es una paz que estaba directamente relacionada a la persona que vendría a sustituirlo, la tercera persona de la Trinidad. Y de hecho, la relación que tú y yo guardamos con el Espíritu Santo, en dependencia o no de Él y con su llenura, es un segundo determinante de la paz con la cual yo puedo vivir. Yo necesito dependencia del Espíritu y yo necesito en esa dependencia ser lleno del Espíritu para luego poder experimentar la paz del Espíritu.

Pablo dice algo similar cuando escribe a los romanos, y dice algo similar y luego lo compara con lo opuesto. Escucha lo que me estoy refiriendo, Romanos 8:6: "Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu, con E mayúscula, es vida y paz." Cuando lees la primera parte de ese versículo, la mente puesta en la carne, no es paz, es de hecho muerte y todo lo que la muerte nos recuerda.

Y no puede tener paz porque la mente puesta en la carne desea, pero frecuentemente no puede tener. Una gran cantidad de personas están deseando tener cosas, han deseado toda la vida tener cosas, alcanzar cosas, pero no han podido tenerlas y han vivido en desasosiego por ese hecho. La mente puesta en la carne es máquina, pero máquina con malas intenciones. Esa mente imagina cosas, pero no puede crearlas o hacerlas realidad. Esa misma mente especula situaciones, pero no corresponden a la verdad. Nada de eso puede traerle paz a esa mente. Es una mente, la mente puesta en la carne, es una mente centrada en el yo, y el yo nunca se satisface, y como nunca se satisface siempre vive sin paz.

En cambio, la mente puesta en el Espíritu, que es vida y paz, es una mente centrada en lo que Dios quiere, es una mente que quiere lo que Dios quiere, es una mente satisfecha con lo que Dios disponga. Cristo había morado entre ellos, Dios había dispuesto su partida, Dios Padre. El Espíritu Santo habría de venir y ellos necesitaban conocer una nueva administración desde adentro de ellos, con nuevos resultados. Y ellos necesitaban conocer algo que Pablo llama en Filipenses 4:7, de lo cual vamos a hablar un poquito más adelante, una paz que trasciende el entendimiento.

Ahora, ellos no podían entender. Precisamente ese entendimiento limitado, carente, es el que es trascendido por esta paz, que llegó un momento y tú dices: "Yo no sé por qué estoy bien, paz". Y la razón por la que trasciende el entendimiento: porque es una paz que no depende de mí, depende de Dios. Es una paz que no depende de mis circunstancias, sino de su garantía. No depende de mis habilidades, sino de su poder. No depende de una emoción, depende de una relación. No depende de mi éxito, depende de sus propósitos. Y es la razón por la que yo titulé mi mensaje: "Cuando tu paz no tiene explicación humana".

La paz os dejo. Nota cómo Cristo como que introduce el tema y luego hace como un cambio. La paz os dejo, mi paz os doy, y no se la doy como el mundo la da. Hay una paz que el mundo da, que Cristo decidió como hablarles en sus términos, pero no estoy seguro que le pudiéramos llamar paz. Porque es una paz, la paz que el mundo da, que muchas veces se busca a través de un escapismo. "Tengo tantos problemas aquí". Yo he oído esto literalmente: "Tengo tantos problemas aquí que yo hablé con mi esposo y nos fuimos de viaje". Sí, pero ¿dónde tú crees que dejaste los problemas? ¿Dónde tú piensas que vas a regresar?

Es una paz que es un escapismo. Es una paz que a veces evita la confrontación: "He de confrontar algo, una situación, pero tú sabes que mi paz vale más que eso, yo no voy a lidiar con eso". Es una paz que a veces se consigue evitando a cierta persona: "No me quita mi paz". ¿No lo has oído? Aquí en día por ahí. No, yo no lo he oído, yo lo he dicho. Pasada.

Es una paz que a veces se consigue a base de evitar problemas, de no enfrentar los problemas, de negar los problemas, de minimizar los problemas. O es una paz que se trata de adormecer vía los placeres, que pueden ser alcohol, viajes, compras, drogas, sexualidad, como una forma, como una manera de adormecer esa falta de paz. Por eso no es paz. Es una paz irreal, es una paz escapista, es negación de la realidad. Es una paz que yo llamaría ingenua o ignorante, ignorante de la realidad.

Pero es más que eso, es una paz temporal. Porque es una paz que dura hasta que cambia mi posición económica, o dura hasta que cambia mi buena salud. Es una paz que está ahí hasta que las cosas salen a lo Frank Sinatra, a mi manera. Es una paz que dura hasta que el médico me dice: "Lamentablemente su tomografía muestra que usted tiene un tumor". O dura hasta que me cancelan del trabajo, o dura hasta que alguien descubre que estoy en malos caminos. Es una paz que llamamos temporal, circunstancial, irreal, ignorante, ingenua, pasajera.

Es una paz que el mundo a veces ofrece a un precio. Por el precio de un seguro de salud: "A toda hora yo estoy en paz porque pude conseguir finalmente el seguro de salud". O el precio de un seguro de vida, o el precio de un plan de retiro. El problema es que la paz del seguro de salud dura hasta que llega el diagnóstico. La paz del seguro de vida dura hasta que me dan varios meses de vida. La paz del retiro, del plan de retiro, dura hasta que me llega el momento de retiro y descubro que ahora no tengo nada que hacer, no tengo propósito para el cual vivir y no tengo otra cosa que hacer que sentarme en mi casa y darle vuelta a los dedos pulgares.

Ya no, la paz de Dios no puedes comprarla. La paz de Dios, ¿sabes por qué no la puedes comprar? Primero, porque tú no tienes que pagarla, y segundo, porque ya fue comprada a precio de sangre por Cristo Jesús, a favor tuyo y mío. No puedes comprarla, es otra paz. No es la paz del mundo, es la paz de Dios.

Para que podamos entender en un momento mucho mejor la paz de Dios, permíteme terminar caracterizando la paz del mundo. Hay una paz que pudiéramos definir, o que es dependiente de mi autosuficiencia o mi autodependencia. Es la paz que resulta de hacer lo que mi carne desea o lo que mi sabiduría humana entiende correcto, mi apoyo, mi propia sabiduría. Y por consiguiente, como lo pude hacer, lo que quería hacer, como que yo tengo un descanso dependientemente de la opinión de Dios. Incluso a veces decimos: "Que tenía que ser la voluntad de Dios", y Dios decía: "No, no, no era mi voluntad, era tu voluntad".

A esa carne, o mejor dicho a esa paz, llamamos la paz de la carne. Dura hasta que Dios, y pudiera distraerles un buen ejemplo para eso, comienza a imponer sus consecuencias. De repente se me fue la paz. A eso nosotros no llamaríamos paz, le llamaríamos complacencia. Yo creo que Dios le llamaría algo así: la complacencia de la carne. Complacía mi carne y eso no fue que me trajo paz, yo lo interpreté como mi paz, como paz en mi sabiduría caída, limitada, pecaminosa. En realidad eso era un gozo carnal que yo interpreté como paz. Pero esa es la paz del placer, la paz del yo, la paz egocéntrica, la paz de la carne.

No, Cristo no estaba hablando de esa paz. La paz de Cristo implica, escucha, tranquilidad de la mente, tranquilidad interna del espíritu, en medio incluso de tormentas y tribulaciones. Es una paz con garantías eternas.

Y hablamos de la paz del mundo. No, no, la paz de Dios es otra cosa. No es un sentimiento, no es emocionalismo, no es una actitud, aunque yo necesito una actitud mental, pero no es una actitud. No es positivismo, no es optimismo, no es escapismo, no es pragmatismo, no es placer para adormecer el dolor, no es negación de la realidad, no es complacencia de la carne. No, no, no, no. Es un estado de la mente que está tranquila porque el espíritu está en reposo. La mente está tranquila, no es que no para, no, está tranquila, y el espíritu está en reposo porque conoce que su vida no está fuera de control. Y al mismo tiempo entiende que sus dificultades no son circunstanciales, son providenciales. No es que estas son las circunstancias que me han tocado vivir. No, no, no, no. Estas son las dificultades que providencialmente Dios ordenó conforme a sus propósitos eternos. Esa realidad y esa aceptación produce una tranquilidad de mente interna y de espíritu. De lo contrario, mi espíritu no está quieto ni mi mente es apacible.

Eso nos ayuda a entender qué es lo que Cristo le estaba diciendo a los discípulos cuando les dijo: "Mi paz os dejo, mi paz os doy", o cuando les dijo: "En este mundo tendréis tribulación, pero en mí tendrán paz".

Dijimos al principio que la paz de que habla la Palabra de Dios, o de que habla el fruto del Espíritu, tiene como tres dimensiones o tres relaciones. Está mi paz con Dios, que ya Dios mismo resolvió, me reconcilió con Él, como Pablo les dice a los corintios, ¿verdad?, que fuimos reconciliados por medio de Cristo Jesús. Está luego mi paz interna, de la cual vamos a hablar un poco más ahora, que sería la paz conmigo mismo. Y está la paz con los demás.

Es ahora misma tres dimensiones de los dos mandamientos más importantes. Tú ama a Dios, tienes que tener paz con Él. Tú ama al prójimo, tienes que tener paz con él. Como a ti mismo, tengo que tener paz interna, porque sin esa paz interna tampoco puedo amar al prójimo correctamente. Y esa paz interior es el fruto de mi relación con Dios.

Entonces, de esa paz interior yo quisiera ahora pasar unos minutos reflexionando juntos. ¿Qué es lo que se requiere? ¿Cuáles son los requisitos? ¿Cómo es que algunos pueden obtener esa paz? ¿Cómo es que algunos pueden vivir mucho tiempo en esa paz y otros no? Yo creo que la Palabra de Dios nos deja ver de fondo, más o menos clara, cuándo ocurre una cosa y cuándo ocurre otra cosa.

Estoy hablando ahora para hijos de Dios, porque ya estos hijos de Dios resolvieron la paz en una dirección: la paz vertical con Dios, la reconciliación, ya eso está. Ahora se supone que yo viva un estado de paz que no necesariamente muchos viven. Entonces vamos a ver los requisitos para poder tenerla y cultivarla y vivir en ella.

Número uno: para disfrutar de paz interior necesito confiar en el carácter de Dios, en los propósitos de Dios y en las promesas de Dios. En el carácter, propósitos y promesas de Dios. Isaías 26:3: "Tú guardarás en completa paz". No en paz parcial, no en paz temporal, en completa paz. Nota quién es que te guarda en paz, de manera que el autor de esta paz completa es Dios. "Tú guardarás en completa paz". ¿A quién? ¿A quién es que Dios va a hacer eso? "A aquel cuyo pensamiento en ti persevera". He ahí la razón por la que Dios te va a guardar en paz. "Porque en ti ha confiado".

La confianza depositada en Dios, en su carácter, propósitos y promesas, determina mi grado de paz. Por resulta que no solamente lo determina, es que Dios me guarda en perfecta paz cuando yo he perseverado en Él mi pensamiento, mi mente, como que mi mente persevera en su carácter, sus propósitos, sus promesas. ¿Y por qué es que Dios hace eso? Porque en ti ha confiado.

Por tanto, mi grado de fe aumenta mi paz. Mi grado de fe aumenta mi paz, y mi grado de incredulidad crea en mí intranquilidad, desasosiego, ansiedad. Déjame decirte cómo yo lo escribí: mi confianza en Dios es la semilla que germina y produce mi paz interior. Mi fe en Dios es como una semilla que germina y produce como fruto mi paz interior. La incredulidad crea un torbellino en mi mente y eventualmente en mi vida.

Tú puedes ver eso en la ilustración de Pedro. Pedro está en la barca, él está tranquilo, yo me imagino, porque la gente temía estas tormentas que se levantaban de repente. Están en el lago de Galilea y se levantó esta tormenta. Pedro ve a Cristo que viene caminando sobre las aguas. Yo creo que en ese momento él dice: "Bueno, mira, allá al lado de Él estoy más seguro que aquí en esta barca. Señor, permite que yo pueda caminar sobre las aguas, llámame". Y el Señor lo llama y Pedro sale tranquilo. Solamente Pedro podría hacer eso con olas y vientos levantándose, y él va bien. Y de repente él dudó, comenzó a hundirse. "¡Señor, sálvame!" Perdió su paz, y el Señor le dijo exactamente qué fue lo que pasó: "¿Por qué dudaste?" Ah, o sea, lo que cambió, lo único que cambió fue mi duda. Mi grado de fe aumenta mi grado de paz.

Número dos: para disfrutar de paz interior yo necesito entregar cada aspecto de mi vida a Dios. Cada aspecto. No puedo dejar algo que yo quiera controlar. Segunda de Crónicas 16:9: "Los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente suyo". Aunque la palabra paz no está ahí, se me es difícil pensar que Dios está fortaleciendo a alguien, que está recorriendo la tierra, sus ojos están recorriendo la tierra con el deseo de fortalecer a alguien a quien no va a mantener en paz. Porque si no lo va a mantener en paz, no voy a estar fuerte, voy a estar débil.

Pero hay una condición: es que mi corazón tiene que ser completamente suyo. Nota que ahorita hablamos de completa paz, ahora estamos hablando de un corazón que tiene que ser completamente suyo. El problema es que el corazón dividido no puede estar en paz. El corazón dividido tiene demasiados amores y amantes, tiene demasiados placeres, pasiones distintas, y esas pasiones luchan entre sí. Incluso si tiene pasión por Dios, pero hay pasión por la carne o por las cosas de la carne, esas pasiones luchan entre sí. Lo vimos en Gálatas 5:17.

Tú necesitas estar en Cristo, porque esa paz, para disfrutar de esa paz, una paz que al Padre le costó caro, le costó la vida de su Hijo, y le costó tan caro que me es difícil pensar que Dios quiere darle completa paz a alguien que realmente tiene un corazón dividido entre Dios y el mundo.

La noche del jueves, antes de la crucifixión, los discípulos tenían un corazón dividido y no estaban en paz. Tenían un corazón dividido porque yo creo que ellos amaban al Maestro, pero no sus propósitos, no esa cruz que les anunció, no esa partida. De manera que ya no estaban completamente identificados con su causa. Y parte de la problemática de la vida cristiana es que, a menos que haya una identificación completa con la causa de Cristo, donde tú respires y vivas por la causa de Cristo, lo que va a ocurrir es que cuando las circunstancias se dificulten va a haber un éxodo, como ha pasado en la iglesia a lo largo del mundo.

Literalmente hablando, eso pasó el viernes en la mañana: un éxodo. Las circunstancias se dificultaron, pero ellos no estaban completamente identificados con la causa de Cristo. Ellos se dispersaron, no estaban en ningún lugar. El Maestro murió solo; sus acompañantes fueron dos ladrones.

Y eso pasa durante estos últimos dos años. Número tres: para disfrutar de la paz interior, yo necesito cultivar la oración y tener una disposición de gratitud hacia Dios en todo. La mayoría de nosotros no tiene una buena vida de oración, y la mayoría de nosotros no tiene una vida de gratitud. Pero esas dos cosas, ahora lo voy a leer, son vitales para tener paz.

Escucha cómo Pablo se lo dice a los filipenses. Filipenses 4:6-7: "Por nada estéis afanosos", otras palabras, estén en paz. "Antes bien, en todo", ahí está cuándo, en todo, "mediante oración y súplica", ese es el instrumento, "con acción de gracias", esa es la disposición, "sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios". Okay, Pablo, lo voy a hacer, voy a desarrollar una vida de gratitud. Como dirían en inglés: "What's in it for me?", ¿cuál es mi beneficio?

Aquí está tu beneficio, si quieres saber: "Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús". ¡Wow! Yo quiero la paz de Dios, una paz tan sobrenatural que incluso va a guardar mi mente y mi corazón. ¿Cómo que la va a guardar? Sí, la va a guardar. Tranquilidad, en paz. Incluso la va a guardar de pecado, de malas decisiones, porque está en paz y puede pensar mejor y puede ver las cosas de Dios. Pero ¿cómo llegaste ahí? Bueno, mediante oración y súplica, sí, con acciones de gracias. Pero ¿qué más se dice de esa paz? Bueno, es una paz tan especial que sobrepasa el entendimiento. No te la puedes explicar. Simplemente te puedo decir cómo ocurre: Dios la da.

¿Y dónde vemos eso en la Escritura, esa paz como que sobrepasa el entendimiento? Bueno, la vemos en Noé en el diluvio: más de un año en un arca con animales, sin ventanas, y todo alrededor lleno de agua. Esa es la paz de José en la cárcel, después que fue acusado. La paz de Moisés en el desierto, mientras el pueblo se quejó por años. Esa fue la paz de los tres amigos de Daniel que los tiraron al horno de fuego y estaban caminando y hablando con alguien allá dentro. Esa fue la paz de Daniel en el foso de los leones. El rey no pudo dormir esa noche y Daniel se durmió, con leones alrededor, enfrente de él.

Esa es la paz de Eliseo. Recuerdan el mensaje del pastor Reinaldo recientemente. Eliseo que está ahí rodeado de ejércitos enemigos, está con su siervo, y él dice: "No te preocupes, que los que están con nosotros son más que los que están contra nosotros". Y el siervo pensando: "Tú de profeta, hay que tener una edad de retiro, porque hay que ver qué es lo que está hablando. ¿Los que están con nosotros? Yo nada más veo a Eliseo y a mí aquí". La paz de Cristo en la cruz. La paz de Esteban mientras lo apedreaban: "Señor, no les tomes en cuenta su pecado". ¿Cómo que no les tome en cuenta su pecado? No, no, no, no les tome en cuenta, estoy en paz. La paz de Pablo en las cárceles, en la tormenta con el barco, un naufragio, tranquilo, en paz.

Número cuatro: para estar en paz, para disfrutar la paz que Cristo dijo "mi paz os dejo", la paz del Espíritu, se necesita no solo leer su Palabra sino que tengo que amarla. En serio, en serio. Escúchalo, el Salmo 119:165: "Mucha paz", no poca, "mucha paz tienen los que aman tu ley". Okay, aman tu ley. El salmista que escribió: "¡Cuánto amo tu ley!"

Porque muchos quieren leer la Palabra, pero quieren leer las bendiciones de la Palabra. No les gustan los pasajes donde se nos demanda, se nos confronta, se nos pide, se nos exige, sino simplemente las bendiciones de las cuales queremos apropiarnos, pero nada más. Pero cuando tú amas su ley, tú amas su ley de la A a la Z, de principio a fin. Tú amas lo que te confronta, lo que te enseña que no está bien. Tú amas lo que te advierte, tú amas lo que te deja ver cómo andas caminando. Tú amas todo lo que Dios ha revelado, porque entiendes que esto corresponde a revelación de la mente de Dios.

Entonces, ¿cómo luce el que ama su Palabra? ¿Cómo luce el amor a la Palabra? Bueno, tú la lees, tú la estudias, tú la escudriñas, tú la memorizas, tú la atesoras, tú tratas de cumplirla, tú la enseñas, tú la compartes, tú la defiendes y tú la cuidas. Dios dice: "Si tú necesitas, si amas mi ley, yo te garantizo que tú vas a tener mucha paz". O sea, que no es una cosa que llueve del cielo. No, viene del cielo, pero no llueve del cielo. Es una cosa que el cielo produce cuando ocurren cosas aquí abajo.

Número cinco: la paz interior es el resultado de la obediencia. Filipenses 4:9. Leí 4:6 y 7 de la paz que transciende el entendimiento. Un par de versículos más abajo, Pablo dice: "Lo que también han aprendido y recibido y oído y visto", todo lo que aprendiste, lo que recibiste, lo que oíste, lo que viste, "en mí, esto practiquen". Esa es la primera parte, está la obediencia. Y ahí frecuentemente lo que está haciendo es dejándome ver cuál es el resultado: "Y el Dios de paz estará con ustedes".

Pablo los llama a la obediencia: lo que viste, lo que oíste, lo que recibiste, lo que aprendiste, ponlo en práctica, y el Dios de paz va a estar con ustedes. Ese es el resultado. Seis veces Dios se llama el Dios de paz en el Nuevo Testamento. Y ahora, en este contexto donde hay un llamado a la obediencia, Pablo le está haciendo ese llamado en el contexto de que la obediencia trae esa paz.

De hecho, el salmista escribe en el Salmo 38, lo voy a leer de la Reina Valera versión 2015, que yo creo que es muy buena traducción: "De manera que, oh Señor, lo que dicen: no hay parte sana en mi cuerpo a causa de tu ira. No hay paz", ahí está la palabra, "en mis huesos a causa de mi pecado". Eso es exactamente lo que Pablo está diciendo: practica lo que oíste, lo que viste, lo que recibiste, ponlo en práctica, y el Dios de paz estará contigo. El salmista dice: "Yo sé lo que es eso, porque llegó un momento donde no había paz en mis huesos a causa de mi pecado". Esa paz se disfruta en obediencia a Dios.

Cuando Adán y Eva, son los mejores ejemplos, estaban en armonía completa, estaban en paz con Dios, amaban a Dios, podían disfrutar de su amor, tenían la armonía de toda la creación, y de repente, ¡boom!, desobedecen, y ¡boom!, se terminó la paz. Y la alegría de la fruta se tornó lo agrio de la fruta. La persona que vive en pecado no experimenta su paz porque no está viviendo en Él. "Bueno, pero es que si es cristiano, se supone que está en Él". Sí, yo no digo que no. Yo estoy hablando de que hay una forma de estar en Él sin vivir en Él.

Yo puedo estar en la IBI sin vivir lo que la IBI espera de mí. Entonces, no está viviendo en él. Y nosotros pudiéramos decir, de hecho eso me traía a mi próximo punto, número seis: para disfrutar la paz de Cristo, yo tengo que verme —subrayas la palabra "verme"— viviendo en él y no en el mundo. Porque yo estoy subrayando, estoy hablando de cristiano, de verme en él y no en el mundo, porque yo como cristiano ya estoy en él. El problema es que muchas veces no me veo en él, y como no me veo en él, entonces no puedo tener la actitud mental de verme en él.

Porque Pablo, eso es exactamente lo que él hace. Con frecuencia él hace uso de esa frase: "estoy en él", "en Cristo", "en el amado". Cuando él se ve así, entonces él dice que él puede considerar las tribulaciones de este mundo como leves y pasajeras, y puede estar en paz. ¿Por qué? Porque él se ve en él.

Escucha cómo Cristo les dice a los discípulos en el aposento alto. ¿Cuál es la diferencia entre estar en el mundo o verme en el mundo? Ya estaban en el mundo, estaban viviendo en el mundo, pero no se podían ver en el mundo. Y escucha cómo él les dice entonces, en Juan 16:33: "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción". ¿Pero estoy en el mundo? Sí, pero no se pueden ver como ciudadanos del mundo. Ahora, en mí pueden tener paz. ¿Y por qué Cristo les dice algo como eso? Bueno, Cristo sabía que en pronto él subiera, la persecución iba a ir detrás de ellos. Los castigos, los encarcelamientos, las prisiones; serían acusados, serían llevados a tribunales. En ese mundo ellos van a tener tribulación, pero si ellos podían verse en Cristo, entonces desde la posición en Cristo yo podría ver la tribulación y los castigos, las persecuciones, como algo consentido, con propósito, con significado, con seguridad, con garantías eternas, con futuro. En esa posición ellos podrían tener paz.

Déjame leerte esta historia de Eric Barker. Fue un misionero de Inglaterra que pasó más de cincuenta años en Portugal predicando el evangelio. Durante la Segunda Guerra Mundial, las condiciones en Portugal se pusieron tan críticas que él tomó la decisión de enviar a su esposa con sus ocho hijos a Inglaterra. Su hermana y sus tres hijos también fueron evacuados en el mismo barco. El domingo siguiente, Barker se paró frente a la congregación y les informó que él acababa de recibir noticia de que toda su familia había llegado bien a su hogar, y él continuó con el servicio como siempre. Luego la congregación entendió el significado de sus palabras. Inmediatamente antes del servicio, alguien le entregó a Barker una nota donde se le informaba que un submarino había torpedeado el barco donde iba su familia y que todos los ocupantes del barco habían muerto. Barker sabía que toda su familia conocía al Señor, y la idea de que ellos ahora estaban en la presencia de Dios le dio la paz por encima de las circunstancias.

Es como que esta mañana yo hubiera llegado aquí, alguien a la puerta, alguien me para y me dice que el barco en el que iba mi esposa y ocho hijos y mi hermana con sus tres hijos fue torpedeado ese día, murieron todos. Y que yo bajara la escalinata, viniera aquí, los saludara y estuviera haciéndoles el sermón que estoy haciendo. Es que la mayoría de nosotros no está, o no sé, quizá ninguno, preparado para hacer algo así. Pero la única forma como tú puedes hacer eso es si estás y te ves en Cristo, en garantías futuras. Hasta el punto que él pudo decir, él le anunció a la congregación, el anuncio, él le dijo lo que pasó de una manera que yo no entendiera: recibí el anuncio de que toda mi familia llegó a casa segura. Para él, el cielo era casa, era su hogar. Esa es una paz que tú tienes, no en el mundo, sino en Cristo.

La paz de Dios no es la ausencia de problemas. Es el resultado de un sentido de la presencia de Dios en medio incluso de dificultades, donde tú entiendes que las dificultades son providenciales y tienen un propósito en las manos de Dios, en la mente de Dios, y Cristo se constituye entonces en tu estabilizador. No sé si han visto que a los aviones en las alas a veces les ponen, no sé cómo les llaman, alerones, que son como estabilizadores para los tiempos de turbulencia y para el aterrizaje y demás. Cristo es tu estabilizador para los días de turbulencia y para tu aterrizaje en el cielo. Y es en Cristo que tienes que verte.

Ahora, en el ya tiempo que me queda, el tiempo se fue, pero rápidamente para concluir: hablamos de la paz con Dios, que ya Dios estableció eso por medio de Cristo Jesús. Él resolvió ese problema unilateralmente por gracia. Lo que estábamos hablando es de cómo yo disfruto de paz interna, paz interior, para yo vivir en paz. Y ahora yo quiero brevemente, en unos minutos, y cerramos, hablar de cómo entonces vivimos en paz con los demás. Paz horizontal, porque eso es un llamado, eso es una obligación.

Escucha, Hebreos 12:14, cómo me habla. Me dice: "Busquen la paz con todos". Con todos. O sea, con la gente que yo estaba evitando porque me quitan la paz. Con todos. ¿Y con tus enemigos? Sí, con tus enemigos. ¿Y cómo yo busco la paz con mis enemigos? Bueno, ora por ellos, comienza por ahí. Y luego déjales saber que no tienes nada en contra de ellos.

Ahora, escucha cómo el versículo sigue: "Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor". A mí como que me sorprende que estas dos cosas las pongan en la misma línea, como que busca la santidad sin la cual no puedes ver a Dios, y que la pongan como a propósito después de "busquen la paz con todos". Es como que el autor de Hebreos hubiera dicho: estas dos cosas son igualmente importantes.

En el Sermón del Monte, Cristo nos dijo parte de eso de otra manera, o nos dejó ver la importancia de esto que yo acabo de decir: "Bienaventurados los pacificadores, los que buscan la paz", dependiendo de la traducción, "porque ellos serán llamados hijos de Dios". Bienaventurados, felices, contentos, estarán en paz, tendrán shalom. ¡Wow! Los que buscan la paz, ellos serán llamados hijos de Dios. ¿Y por qué serán llamados hijos de Dios? Bueno, es que ellos van a reflejar lo que Dios es. Dios buscó la paz con nosotros cuando nosotros éramos sus enemigos. Y si ahora nosotros somos pacificadores, tratando de buscar la paz con nuestros enemigos, pues de esa misma forma estamos reflejando que somos hijos de Dios.

Shalom. Proverbios 16:7, uno de mis versículos preferidos, está en una pared frente a mí en la oficina: "Cuando los caminos del hombre complacen a Dios, él hace que aun sus enemigos estén en paz con él". Lo que Dios está diciendo es: mira, vives en un mundo donde va a haber enemigos, va a haber gente que se va a enemistar contigo. ¿Sabes cuál es tu rol? Yo te voy a resolver el problema. Yo vivo resolviendo el problema a los seres humanos porque no lo pueden hacer, porque no saben ni siquiera cómo hacerlo. Te ayudo a resolver el problema: que tus caminos me complazcan, tus caminos me complacen, yo me encargo del resto, incluyendo ponerte, traerte, a su debido tiempo, a tus enemigos en paz. Es un proverbio, no es una garantía, es un principio de sabiduría, pero funciona la mayoría de los casos.

Pablo escribe a los rencillosos corintios, su segunda carta, y en ese entonces les dice al final: "Por lo demás, hermanos, regocíjense, sean perfectos, consuélense, sean de un mismo sentir" —aquí viene— "vivan en paz". Ustedes no vivían en paz, se vivían peleando, tienen grupos de Pedro, de Pablo, de ninguno, "solamente de Cristo, yo sigo a Cristo nada más". Vivan en paz. ¿Y cuál es el resultado de eso? "Y el Dios de amor y paz estará con ustedes". Ustedes no están disfrutando la presencia del Dios de paz porque ustedes no viven en paz. No hay un clima propicio para poder experimentar la presencia manifiesta de ese Dios.

La Nueva Traducción Viviente en Colosenses 3:15 dice: "Que la paz que viene de Cristo gobierne en sus corazones". Que gobierne, que domine sus corazones, que los dirija, pues como miembros de un mismo cuerpo ustedes son llamados a vivir en paz. Y sean siempre agradecidos. La conexión de gratitud y paz. Ustedes tienen un llamado, aparte de su llamado, es a vivir en paz, porque eso es lo que refleja al inconverso la diferencia que Cristo ha hecho, pero también refleja que la mayor enemistad que existía contigo ya fue resuelta, Dios la resolvió. Entonces ahora resuelve tú las otras diferencias con tus hermanos. Son llamados a vivir en paz.

Entonces, ¿cómo yo vivo en paz? Bueno, cerrando: necesitamos ser humildes. La humildad disfruta la paz; el orgullo no le importa si vive en paz o en división, pero que gane. Perdonar, necesitamos perdonar, pedir perdón, ser un pacificador, amar al otro como a ti mismo, no lamer las heridas. Yo veo a nuestro perro en ocasiones, cuando se hiere, se pasa la noche lamiendo la herida. En el caso de los perros, porque tienen cierta enzima en su saliva, tienden a sanarse; en el caso de nosotros tienden a contaminarse y a agrandarse y a heder.

Es tan sencillo reconocer que si bien es cierto que muy raras veces hemos sido víctimas, no menos cierto es que todos nosotros hemos sido victimarios, y a veces hemos sido más victimarios. Esa es una realidad de todos nosotros. Es la realidad de quiénes somos lo que nos permite como entrar en la posición correcta para lidiar con otros que son como yo.

Finalmente, recordar que hemos pecado contra Cristo, y le pido permiso para usar esta palabra, hemos pecado contra Cristo de manera más grosera que lo que otros han pecado contra mí. Y por mucho, porque cuando se pecó contra mí, se pecó contra un vil pecador; cuando pecamos contra Cristo, pecamos contra la infinita santidad de Dios. Y esa realidad entonces me hace entender: no hay nada que yo no pueda perdonarle a cualquier persona, y no hay nada que no pueda hacer entonces, puenteado, que no se pueda crear un puente para resolver la falta, la enemistad, para poder estar en paz.

La división y los conflictos son resultados solamente —voy a ser absoluto aquí— de Satanás y la carne. No hay otra forma. Y lamentablemente, si fueran personas tanto la carne como Satanás —Satanás es, pero si la carne pudiera ser una persona, voy a personificar la carne— esas dos personas les encanta juntarse: a Satanás y la carne. Son compañeras. Es como que Dios los cría, pero ellos se juntan. La carne y Satanás continuamente son buenos amigos, o mejores amigos. Pero la paz y la unidad son obras del Espíritu, o fruto del Espíritu. La mente puesta en la carne se asocia con el enemigo; la mente puesta en el Espíritu vive en asociación con el Espíritu de Dios.

Padre, gracias. Gracias porque Tú nos enseñas no solamente cuál es el fruto de hacer las cosas como Tú mandas, pero Tú nos dejas ver cómo se hacen, cómo se consiguen, cómo tenerlas. Porque el mayor deseo de darnos las cosas que Tú hablas en Tu Palabra es tuyo. Por mucho deseo que yo tenga de recibir el fruto del Espíritu, de exhibirlo, de tenerlo, Tú tienes un millón de veces más deseo de que eso sea así de lo que yo puedo pensar o imaginar.

Gracias por revelar en Tu Palabra tan claramente cómo podemos ser hijos, siervos fructíferos, caracterizados por algo que luzca como Cristo, que tenga el aroma de Cristo, que glorifique a Cristo. Tú eres nuestro refugio, ahí donde nosotros encontramos la paz que trasciende el entendimiento. Ahí nos haces descansar en paz, pero gozosamente, por haber entendido Tu Palabra. Lo pedimos en el nombre precioso de nuestro Redentor. Amén. Y que Él dispense Sus bendiciones.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.