IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Si Cristo habló y el universo se formó, la misma palabra sostiene ahora cada galaxia, cada ángel y cada acción humana. Hebreos 1:3 declara que el Hijo sostiene todas las cosas por la palabra de su poder, y esto no es un sostenimiento pasivo. Cristo mantiene la creación en existencia ordenada, guía los acontecimientos y dirige la historia hacia un propósito concebido en la eternidad. Si él dejara de sostenerla, todo volvería a la nada de donde vino.
El pastor Miguel Núñez ilustra la inmensidad de lo que Cristo creó y sostiene: un universo donde la luz tardaría cien mil años en cruzar nuestra galaxia, y existen dos mil millones de galaxias más. Esa misma palabra que formó los astros es la que sanó al paralítico, calló al demonio y levantó a Lázaro de la tumba. Nada resiste el poder de su voz. Los ángeles elegidos permanecen firmes porque Dios los sostiene; los creyentes perseveran porque él los preserva.
Cuando Cristo terminó de ofrecer purificación por los pecados, se sentó a la diestra del Padre. Los sacerdotes del Antiguo Testamento nunca se sentaban porque su trabajo no terminaba; Cristo se sentó porque su sacrificio fue definitivo y perfecto. Esa posición no es geográfica sino de autoridad: toda potestad en el cielo y en la tierra le fue entregada.
Este señorío significa que ningún gobernante, desastre natural ni oposición demoníaca escapa a su control. Los discípulos pueden ir por el mundo con confianza porque quien los envía tiene autoridad absoluta y promete estar con ellos hasta el fin.