IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Una sola mordida a una fruta hundió a toda la humanidad en milenios de dolor y sufrimiento. Adán y Eva jamás imaginaron las consecuencias de su desobediencia, así como Abraham no previó que Ismael sería causa de conflictos hasta hoy, ni David pensó que una noche de placer terminaría en el asesinato de Urías y la violación de su propia hija. El denominador común de cada caída es siempre el mismo: reclamar autonomía frente al Creador, violar su voluntad santa y consumir aquello que Dios había prohibido.
La salvación es enteramente por gracia, un regalo inmerecido que costó la vida de Cristo. Él dejó su gloria, se vistió de humanidad, vivió entre pecadores, fue vendido por treinta monedas, abandonado por los suyos y clavado desnudo en una cruz. Ese precio incomparable exige una respuesta: ocuparnos de nuestra salvación con temor y temblor. No se trata de ganarla ni conservarla, sino de honrarla. Cuando el cristiano desobedece deliberadamente, está pisoteando al Hijo de Dios y teniendo por inmunda la sangre del pacto.
El pastor Miguel Núñez explica que la santificación ocurre porque Dios obra en nosotros tanto el querer como el hacer. Nuestra responsabilidad es ejercitar esa salvación, hacerla visible como músculos espirituales que crecen y transforman todo nuestro entorno. Si Cristo llegó a los extremos que llegó por rescatarnos, no podemos darle solo una parte de nuestra vida mientras vivimos el resto conforme a nuestros deseos. Eso sería ser mezquinos con quien lo dio todo.