Integridad y Sabiduria
Sermones

Cuando una libertad mal entendida termina en un amor mal aplicado

Miguel Núñez 26 diciembre, 2021

La libertad que Cristo compró no es un permiso para hacer lo que queramos, sino una emancipación de nuestra naturaleza pecadora para que podamos amar y servir a otros. Esta es la tensión que Gálatas 5:13-16 plantea: fuimos llamados a libertad, pero esa libertad tiene un contrapeso claro en el amor al prójimo. Pablo advierte que no usemos la libertad como pretexto para la carne, porque una libertad mal entendida termina inevitablemente en un amor mal aplicado.

El problema contemporáneo es que muchos entienden la libertad en términos puramente individuales —mi libertad, mis derechos, mi conciencia— cuando la libertad bíblica es siempre comunitaria y relacional. Ni siquiera la libertad de conciencia es absoluta, porque nuestra conciencia no tiene calidad de infalibilidad; está caída como todo lo demás en nosotros. Por eso Pablo conecta inmediatamente libertad con servicio: "Sírvanse por amor los unos a los otros", y resume toda la ley en un solo mandamiento: amar al prójimo como a uno mismo.

Para amar así se requieren dos cosas: nacer de nuevo y conocer a Dios. Juan lo dice claramente: el que no ama no conoce a Dios. Mientras más distorsionada sea nuestra imagen de Dios, más difícil nos resulta amar, porque cuando Dios luce pequeño, nosotros lucimos grandes, y cuando nosotros lucimos bien, los demás lucen mal. Pero cuando vemos a Dios correctamente, todos lucimos igual de necesitados, y entonces no queda otra opción que amarnos. La verdadera manifestación de ese amor no son palabras ni emociones, sino entrega concreta: servicio sin esperar retorno, como Cristo que dio todo sin reclamar ningún derecho.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

El día de ayer una gran cantidad de personas estuvo festejando, y la noche anterior, lo que llamamos tradicionalmente la Navidad. La civilización ha venido haciendo eso por años y años y años. Y las realidades que nosotros celebramos no simplemente, por lo menos esa es la manera como debiéramos pensarlo, celebramos no simplemente el nacimiento de un niño, ni siquiera el nacimiento del mismo Jesús como nacimiento plenamente, porque pudo haber nacido, pudo haber sido la persona y sin embargo pudo no haber logrado nada de lo que vino a hacer. Pero nosotros celebramos más que el nacimiento; es la razón por la que Jesús vino y hizo entrada a este mundo.

De manera que podríamos decir que más que el nacimiento de Jesús celebramos la encarnación de la segunda persona de la Trinidad, que vino a una misión de emancipación en un mundo de perdición para un futuro de bendición. De manera que nosotros celebramos en este tiempo nuestra liberación del cautiverio por medio de la persona de Jesús. Nosotros celebramos la llegada de la persona que pondría fin a la caída de la creación; eso no es poca cosa. Nosotros celebramos en estos días el anuncio del libertador más grande de toda la historia, la persona que traería fin al dolor, al pecado y a la muerte. Eso son grandes verdades.

La persona que vino a traernos libertad y por tanto se digna de celebrar. Ahora, lamentablemente muchos han malentendido dicha libertad. Muchos no acaban de entender para qué fue que Cristo nos hizo libres o de qué fue que Cristo nos hizo libres. Y este mensaje le da continuidad entonces al mensaje anterior e introduce el próximo mensaje del domingo siguiente, el primer domingo del año.

Y con eso yo quiero que podamos leer este texto corto del libro de la Epístola a los Gálatas, capítulo 5, del versículo 13 al versículo 16. Y que mientras tú lo leas tú puedas entender en parte cuál fue la libertad que Cristo compró para nosotros y en parte algunas de las implicaciones mayores de lo que implicó hacernos libres.

Gálatas 5 del 13 al 16: "Porque ustedes, hermanos, a libertad fueron llamados." Sí, eso es cierto. "Solo que no usen la libertad como pretexto para la carne, sino sírvanse por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si ustedes se muerden y se devoran unos a otros, tengan cuidado, no sea que se consuman unos a otros."

El texto que yo acabo de leer tiene dos ideas principales. Hay una idea que tiene que ver con nuestra libertad, pero hay otra idea que está como contrapeso, que tiene que ver con el amor de los unos por los otros. Yo creo que es importante que nosotros volvamos a hablar del concepto de libertad, que hablamos el domingo anterior, y del mal entendimiento que muchos tienen de esa libertad. Porque un mal entendimiento de esa libertad me lleva a una mala aplicación del amor. Y ese es precisamente el título de mi mensaje: Cuando una libertad mal entendida termina en un amor mal aplicado.

Dijimos la semana pasada que Cristo vino a darnos libertad del pecado, de la muerte, de la ley. Pero en esencia Cristo vino a darnos libertad de nuestra naturaleza pecadora. Y por consiguiente, al darnos libertad de nuestra naturaleza pecadora, Cristo con eso estaba tratando de brindarnos un vivir en abundancia, con plenitud de gozo, sin quejas, ni murmuraciones, ni lamentos. Ahora estamos hablando de libertad: un mundo donde yo pueda vivir en plenitud, con gozo, sin quejas, ni murmuraciones, ni lamentos, en espera de la vida venidera.

Ahora, para vivir de esa manera, Cristo tendría que libertarnos de una serie de cosas que nos roban la libertad que Él compró. Tendría que libertarnos de nuestras inseguridades para comenzar. De nuestros temores; no puedo vivir en libertad lleno de temor. De nuestros orgullos, resentimientos, amarguras, desaciertos, culpas, incertidumbres, egoísmos, celos, envidias. Nada de eso puede permitir que un hijo de Dios viva en libertad. Ahora estamos entendiendo qué tipo de libertad fue la que Cristo vino a comprar, porque todo eso que yo mencioné es característico de la naturaleza pecadora. Y como Él vino a libertarnos de la naturaleza pecadora, en esa liberación yo encuentro mi libertad.

La verdad es que la libertad, escucha al apóstol Pablo en el capítulo 5, versículo 13 de la Epístola a los Gálatas: "Pues ustedes, mis hermanos, han sido llamados a vivir en libertad." Lamentablemente esta libertad ha significado diferentes cosas para diferentes personas, pero no en la Biblia. De manera que la mayoría de las personas entienden su libertad en términos individuales: mi libertad. No la libertad de la raza humana, no la libertad de los elegidos de Dios, no. Mi libertad. Algo que en ningún lugar de la Biblia tú logras encontrar o definir.

Los autores de este libro que les mencioné el domingo pasado, "Cross Before Me" (La Cruz delante de mí), Rankin Wilbourne y Brian Gregor, ellos dicen lo siguiente: "La Iglesia se ha beneficiado enormemente de las libertades religiosas en Estados Unidos, pero una forma falsa de libertad puede convertirse rápidamente en un ídolo. La falsa libertad del cristianismo americano puede convertirse en formas individualistas de la fe que están relacionadas al yo, para llenar sus propias necesidades y deseos, que les sirvan a sus preferencias particulares. El yo no se debe a ninguna tradición, a ninguna autoridad ni a límites externos." Pero esa idea de libertad es más egoísmo e idolatría que cualquier otra cosa.

La libertad como un ídolo no tiene en cuenta las consecuencias que el ejercicio de mi libertad tiene para mi hermano o mi hermana en la fe, pero simplemente para el prójimo en general. De manera que mi libertad necesita un marco de referencia, y ese marco de referencia está dado en este texto inmediatamente después, cuando la Palabra me llama a amar a tu prójimo como a ti mismo. Porque la libertad sin límites rápidamente se convierte en libertinaje.

Entonces, la idea de libertad hoy en día que la gente tiene es que a mí se me permita y se me deje hacer lo que yo quiero hacer, en la manera como yo entiendo que deba hacerlo, cuando yo lo quiero hacer, en la forma que yo lo quiero hacer, sin contemplar ninguna de las limitaciones que la misma Palabra establece para nosotros. Pero eso dista mucho de la idea de libertad que encontramos en la Palabra.

La libertad del pueblo de Dios es más comunitaria que personal. Dios sacó a su pueblo al desierto, no a Moisés. Dios bendijo a su pueblo en el desierto, no a Moisés, su líder. Y lo sacó para que disfrutara de libertad precisamente porque donde estaba, estaba como esclavos. Cuando algunos pecaron de manera comunitaria, pues todos sufrieron las consecuencias de permanecer en el desierto por 39 años más. Pero de esa misma manera, cuando algunos fueron fieles hasta el final, pues todo el pueblo entró a la tierra prometida. Porque la libertad que Dios consiguió es una libertad que en su mente es más comunitaria que personal.

El apóstol Pablo estaba muy consciente del peligro que existe de decirle a una criatura caída: "Eres libre." Y cómo yo sé que él estaba consciente de eso, que estaba preocupado por eso, porque el mismo versículo 13, antes de terminar, inmediatamente nos deja bien en claro cuando él nos dice que nosotros fuimos llamados a libertad, antes de terminar el versículo nos dice: "Pero no usen esa libertad para satisfacer los deseos de la naturaleza pecadora o pecaminosa." Es cierto que eres libre, pero tienes un límite. Es cierto que eres libre, pero ten cuidado. Es cierto que eres libre, pero la naturaleza pecadora todavía permanece contigo.

De manera que ahora cuando Pablo dice que no uses esa libertad para la satisfacción de la carne, el contexto inmediato es inmoralidad, pero el contexto más amplio incluye todas aquellas cosas que yo comencé a mencionar, como lo vamos a ver en otro mensaje ulterior: pleitos y envidias y celos y divisiones, ira y falta de perdón. Y esa libertad concebida de esa manera no permite que ninguna otra persona, ni autoridad, ni ley, ni regulación te impida sino lo que quieras hacer. Y eso es donde estamos en medio de esta pandemia de nuestros días.

Filipenses 2:3 dice que considera a lo otro como superior a ti mismo. Eso nos deja inmediatamente; constituye un freno para yo querer abusar de mi libertad. Si voy a considerar al otro como superior a mí mismo, de inmediato yo tengo un freno para no abusar de dicha libertad. De inmediato yo puedo entender esto: no uses tu libertad como pretexto para la carne.

Y Pablo está preocupado. Está preocupado porque le está enseñando que la salvación es por gracia. Y en cierta medida, la ley hubiese sido mejor entre comillas. Solamente la ley hubiese sido mejor porque amenazaba a las personas con consecuencias, con penalidades, y las imponía con cada infracción. Mientras que ahora Pablo ha venido a ofrecer una salvación por gracia, y él está preocupado de que esa gracia pudiera convertirse rápidamente en licencia para pecar. Cuando la realidad es que la ley hubiese sido mejor para que yo no fuera libre, precisamente para que en la libertad yo no tuviera que seguir pecando.

Con frecuencia hemos oído, y sobre todo en momentos de crisis donde yo me siento acusado o íbamos de: "Tenemos libertad de conciencia." Me refiero a algo que está en la Palabra, pero que necesita todas las luces del mundo para ser entendido. Porque libertad de conciencia implica, es verdad, que si estoy convencido en mi conciencia acerca de algo, no debes obligarme a violar mi conciencia. ¿Hasta dónde? Sería la pregunta. Porque la Biblia tiene mucho que decir, porque mi conciencia no tiene calidad de infalibilidad. Si mi conciencia fuera la conciencia de Cristo, eso es otra cosa. Imagina que en el día de mañana yo viniera a donde ustedes, yo como pastor de la iglesia, como pasó en Florida. Lo voy a dejar en el Estado para no entrar en particularidad.

Este pastor de este movimiento, que he conocido, llegó un día y dijo que él estaba convencido de la poligamia y que, por tanto, era lo que iba a practicar. ¿Y qué? ¿Yo estoy convencido en mi conciencia? Te imaginas que el próximo domingo, primer domingo del año, yo venga a decirles a ustedes que en mi conciencia estoy convencido de que la poligamia es el estilo de vida correcto, y que yo le diga: "Ahora no puedes violar mi conciencia." En serio, la libertad de tu conciencia llega hasta donde llega la Palabra de Dios, porque no tiene calidad de infalibilidad. Y yo creo que eso es algo que nosotros necesitamos recordar.

De manera que, al mismo tiempo, yo tengo que recordar que yo soy una persona caída, con emociones caídas, con una conciencia caída, con entendimiento caído y sin infalibilidad. Tengo que recordar, incluso tratando de entender al apóstol Pablo y tratando de exponer y aplicar esto que él dice, tengo que cuidar de que no vayas a usar tu libertad como pretexto para la carne. E inmediatamente después que él dice "a libertad nos llamó Cristo", tengo que recordar que, con frecuencia, mis decisiones revelan los deseos de mi corazón. ¿Y cuál es el problema con eso? Final del camino es mi corazón. Exactamente, ese es el problema: que el corazón es engañoso, el tuyo y el mío, y así son nuestras decisiones. Nuestras decisiones nos engañan, pero en la toma de nuestras decisiones pensamos que estamos ejerciendo nuestra libertad.

La decisión final, si es buena o mala, estará determinada exclusivamente por a quién yo quise complacer cuando decidí: a Dios o a mí. Porque con toda probabilidad, si quise complacer a Dios y revisé su Palabra, tomé una buena decisión. Si la complacencia era yo, tomé una mala decisión.

Por otro lado, no puedo reclamar que yo tengo tantos años en la fe cristiana y yo tengo madurez. Yo pudiera decir: "Ya yo soy pastor." No, no, yo no puedo reclamar nada de eso, porque el apóstol Pablo nos dice, nos recuerda, cuando escribió a los corintios su primera carta, en el capítulo ocho, versículo dos: "Si alguno cree que sabe algo, no ha aprendido todavía como lo debe saber." En otras palabras, el pastor tampoco puede reclamar infalibilidad. Todos estamos en un proceso de crecimiento, de aprendizaje, de iluminación, de entendimiento, y por tanto, cualquiera de nosotros pudiera necesitar que otros nos ayuden a tomar ciertas decisiones cuando las cosas a mí no me parecen claras o a mí me parece que pudieran ir en contra de los lineamientos de la Palabra.

Por eso el apóstol Pablo dice: ustedes han sido llamados a libertad, pero tengo que entender a cuál libertad, libertad de qué y de cómo y de cuándo. No usen esa libertad para satisfacer los deseos de la carne. Al contrario, Pablo inmediatamente como que trae el contrapeso. Lo que Pablo está diciendo no es solamente la naturaleza pecadora que todavía permanece en ti; su entendimiento de la presencia de esa naturaleza debe ayudarte a entender que no puedes ir rápido y no puedes ir sin límite, sino que esto es lo que debes también tener en mente: al contrario, usen la libertad para servirse unos a otros por amor.

Ahora estamos hablando. Ahora estamos entendiendo. Es que sin esa libertad yo no sirvo al otro, sin esa libertad yo me sirvo a mí mismo. Sin la libertad que Cristo compró para mí, lo único que a mí me queda es el yo, mi egoísmo, mi egocentrismo, mi narcisismo. Y Pablo está diciendo: yo ya te libertaron, te dejaron libre. No es para que sigas consumiendo todo lo que consumes para ti. Al contrario, te dejaron libre para que les sirvas a otros. Ahora tú tienes la libertad. Pastor, pero así no. ¿Qué es libertad esa? La verdadera libertad.

Escucha lo que los autores de este libro que vuelvo a citar, "The Cross Before Me" (La Cruz Delante de Mí), dicen a continuación con relación a esto: "La razón primaria por la que los cristianos necesitan rechazar esta visión individualista de la libertad es porque es completamente no bíblica." De hecho, en inglés dice antibíblica. En ningún lugar la Biblia habla de libertad de una forma individual y radical. La libertad bíblica es siempre relacional y está relacionada —escucha ahora, esto es vital porque el texto lo está trayendo, ya comenzó a introducirlo— la libertad bíblica es siempre relacional y está relacionada al amor: el amor a Dios y el amor a los otros. Y de esto es que el texto nos va a hablar.

Escucha. Ya te dije cómo Pablo dice que, al contrario, en vez de usar la libertad para nosotros darle rienda suelta a la carne, al contrario, úsenla para servir a otros, servirse los unos a los otros. El versículo 13. Versículo 14: "Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: amarás a tu prójimo como a ti mismo." ¿Notaste cómo Pablo une el concepto de libertad con el concepto de amor? Cristo, el más grande emancipador de la historia, produjo mi libertad, pero las implicaciones de mi libertad es que a mí me toca servirle al otro.

Lo increíble de Pablo en este texto es que recuerda que Cristo vino y nos resumió la ley en dos mandamientos, y ahora Pablo, gracias a Dios, por inspiración de Dios, nos resumió la ley en un mandamiento. Ustedes me han oído decir múltiples veces que Dios nos ha simplificado la vida y nosotros la complicamos. Aquí está simplificada al máximo. Cristo viene y dice: toda la ley se resume en dos cosas, a Dios con toda tu alma, toda tu mente, toda tu fuerza, y al prójimo como a ti mismo. Esto resume toda la ley y los profetas. Y me han oído decir que el resto de la vida es como un pie de página a eso.

Y hoy mira lo que Pablo dice ahora, versículo 14: "Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: amarás a tu prójimo como a ti mismo." Pastor, pero eso es como una contradicción. No. La razón por la que no es una contradicción es porque Pablo sabe algo que Juan sabía cuando escribió su primera carta, de la cual voy a hablar. Tú no puedes amar al otro si no amas a Dios. Lo que Pablo está diciendo es: si tú verdaderamente, verdaderamente amas al otro, ya yo sé que tú amas a Dios. Porque Juan se viene más tarde a decirnos lo mismo. ¿Por qué? Déjame leerlo mismo: porque el amor es de Dios y todo el que ha nacido de Dios sabe amar.

Pablo está llamando a los gálatas a amarse unos a otros, después de que los confrontó duramente por haber dejado el Evangelio, haber dejado la gracia. Para que ustedes lo recuerden, ¿no? Ya tú entonces viste que en tan poco tiempo ustedes han abandonado al que os llamó por gracia para seguir otro evangelio, que no hay ningún otro evangelio. Y ahora, con el mismo amor que los confrontó con la verdad, ahora está tratando de ayudarles a recordar por qué tienen que amarse unos a otros.

Cuando yo los confronté, mi confrontación no estaba divorciada de mi amor. Justamente yo los confronté porque los amaba y no podía ver, no podía ni siquiera imaginarme las consecuencias que les traerían las malas enseñanzas. Porque el amor y la verdad nunca están separados ni divorciados, por lo menos en la mente de Dios, y así debieran estar en nosotros. Tú dices la verdad en amor y tú amas a través de la verdad. Pablo entendió que dejar a los gálatas en pecado no era amarlos.

Entonces, hablamos de la libertad, y esta libertad está como balanceada por dos frases claves en este texto. Una en el versículo 13: servíos por amor los unos a los otros, por amor. La otra frase está en el versículo 14: ama a tu prójimo, o amarás a tu prójimo como a ti mismo. Entonces, si esas son dos frases claves —servíos los unos a los otros por amor, y luego ama a tu prójimo como a ti mismo— yo creo que vale la pena preguntarnos: ¿qué se requiere para amar como Dios nos amó?

Yo creo que al final de este 2021, yo creo que valdría la pena refrescar esa idea. ¿Sabes por qué? Porque es mucha división, mucha tirantez, mucho enojo, mucha ofensa que se ha producido entre hermanos. Iglesias divididas, denominaciones divididas, a través de las redes, grupos enteros divididos. Lo peor de todo es que al final la pandemia va a terminar de una manera u otra, y las divisiones permanecerán, y los alejamientos permanecerán, y los enfriamientos de relaciones permanecerán. Todo lo cual trae vergüenza al Evangelio.

Entonces, ¿qué se requiere para amar como Dios nos amó? Porque el texto nos llama a amarnos unos a los otros y a servirnos por amor. ¿Cuál es la verdadera manifestación del amor? Nota que el texto dice: ama a tu prójimo como a ti mismo. Otra traducción dice: amarás a tu prójimo como a ti mismo. Ese no es el infinitivo del verbo, no es "amar"; tampoco es el nombre, "amor". ¿Y qué es? Es un imperativo: ama a tu prójimo como a ti mismo. Es una acción obligatoria, yo no tengo alternativa. ¿Sería bueno tenerla? No, sería malo. Y nada más apropiado para el cuerpo de Cristo que recordar su obligación de amar.

De manera que ahora Pablo no se está enfocando en los falsos maestros y el daño que estaban haciendo, la destrucción que estaban causando. Se está enfocando ahora en el cuerpo de Cristo: los verdaderos creyentes, elegidos de Dios, el remanente, los que han nacido de nuevo. Les está hablando a ellos, porque ellos son los únicos que verdaderamente pueden amar. Ningún otro puede amar en la manera como la Biblia nos llama a amar.

Date cuenta que Pablo está ayudándoles a entender que el amor al otro debe llevarme incluso a limitar mi libertad. Una y otra vez tú ves eso. Tú lees la carta a los corintios de parte de Pablo, cuando Pablo les dice en el capítulo 8 de la primera carta, con relación a comer carne sacrificada a los ídolos. Se había producido una tirantez y una división. Algunos creían que se podía comer carne sacrificada a los ídolos, otros creían que no se podía comer carne sacrificada a los ídolos. Como hoy unos creen que debemos vacunarnos y otros no. Frío, ¿no? Sí, se pueden reír porque es la realidad.

Y Pablo dice: ¿sabes qué? Si comer carne sacrificada a los ídolos es un problema para tu hermano, por amor a tu hermano, no te la comas. Cómetela en otro sitio, otro día. No es tan necesario. ¿Por qué, Pablo? Por amor.

Tú puedes ver que Pablo está llamando a los corintios, aquellos que entienden que tienen una conciencia más fuerte, a que delimiten su libertad. De manera que si amar es tan vital para el cuerpo de Cristo, yo creo que la pregunta continúa en el aire todavía: ¿qué se requiere para amar como Dios? ¿No sería bueno, como que en el año 2022, ahora que vamos a entrar en unos días, como que tú hagas un compromiso de que en este año tú vas a cultivar el amor en la manera como Dios te amó? ¿No sería eso bueno? Piensa. ¿No sería bueno? Porque de este grupo están como más claros y comprometidos, este grupo tiene que comprometerse. Pero al final del mensaje yo creo que es todo. Digamos amén.

Escucha, 1 Juan 4:7: "Amados", ya ahí tú sabes que les está hablando de hermanos. "Amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios". Escucha ahora, porque es vital: "Y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor". Oigan, vino como en buen dominicano por la goma. Dos requisitos para amar como Dios ama: tienes que nacer de nuevo, tienes que conocer a Dios.

Obviamente la persona que nace de nuevo hoy, mañana no está amando como Dios ama, porque tú tienes que comenzar a crecer a la imagen de Dios. Pero al mismo tiempo pudiéramos decir: el que nace de nuevo hoy, mañana no puede decir "yo conozco a Dios", va a comenzar a conocer a Dios, por lo menos de manera íntima. Pero es imprescindible desarrollar una relación con Dios para que en esa relación con Dios tú puedas aprender acerca de Dios e incluso puedas amar como Dios ama.

La imagen que nosotros tenemos de Dios es vital para el resto de tu vida cristiana. La manera como mi mente concibe a Dios, la manera como mi mente y mi corazón han llegado a conocer a Dios, determina el resto de la calidad de mi vida cristiana, sin lugar a dudas. Es la imagen que tengo de Dios la que determina incluso cómo yo amo. Diferentes teólogos han dicho la misma cosa: la mayoría de los problemas de las personas se deben a una imagen distorsionada de quién es Dios. Si la imagen de Dios está distorsionada, todo está mal, dependiendo de cuán distorsionada. Si la imagen de Dios está bien, en sentido general todo estará bien. Y Juan afirma categóricamente que para amar como Dios ama, fíjense, dos cosas: tienes que nacer de nuevo y tienes que conocer a Dios.

Entonces, hay muchas personas que tienen una marca de nacimiento. Yo no tengo una marca, bueno, no de nacimiento. Pero hay personas que tienen una marca de nacimiento, puede ser un lunar, puede ser un área hiperpigmentada. Y eso no fue que tuvo un antojo durante el embarazo y se puso la mano en un lugar. Pero tiene una marca, y a veces alguien ha dicho: "No, yo sé que esa persona es esa persona porque yo conozco esa marca y sé distintivamente cómo luce". De hecho, aún para fotos e identificación de criminales y demás, eso se ha usado.

Bueno, el cristiano que ha nacido, la persona que ha nacido de nuevo, tiene una marca de nacimiento. Ya que ahora Juan dice que su marca es que él sabe amar. Pero no le encuentra, bueno, y si todavía no conoce a Dios como debe conocerlo, pero es una marca. Es como algo, no, es como un ícono. Algo, no, ustedes conocen la marca de ropa por el ícono, ¿verdad? Un caballito es una cosa, y así sucesivamente. Bueno, resulta que esa marca, ese ícono distintivo del cristiano de acuerdo a Juan, es el amor por el otro.

De hecho, Juan continúa a lo largo de toda su primera carta arrastrando este tema y realmente apretando, por así decirlo, al cristiano para que pueda entender cosas que deberíamos, pero nosotros no acabamos de entender. Esa es la razón por la que el apóstol Pablo, cuando habla en 1 Corintios 13, dice: tú puedes tener un PhD, tú puedes hablar en lenguas, tú puedes profetizar, tú puedes ser la gran maravilla, pero oye una cosa: si tú no amas, nada de eso te sirve de nada. Yo no creo que nosotros le damos al amor al otro la importancia que la Palabra de Dios le da.

Escucha lo que Juan dice ahora en su primera carta, capítulo 3, versículo 10: "En esto se reconocen los hijos de Dios", aquí viene el ícono, la marca distintiva de nacimiento. "En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo. Todo el que no practica la justicia no es de Dios, tampoco aquel que no ama a su hermano". ¡Uf! ¿Y de quién es? Bueno, solamente nos dieron dos partidos a los cuales tú puedes pertenecer ahí: hijo de Dios, hijo del diablo. No hay una forma de ser hijo de Dios y no amar, de acuerdo a Juan.

Porque esto es lo que ocurre, mira qué es lo que ocurre: Dios pone su Espíritu en ti, y el primer fruto del Espíritu es amor. Es la razón por la que a veces tú conoces a un cristiano por primera vez, como a la media hora tú estás hablando con él o con ella y parecería como que se conocen hace mucho tiempo. Porque hay un fruto del Espíritu que ha sido producido en uno y en el otro que de alguna manera hace así como un clic. Y por eso es que Juan se está refiriendo justamente a lo que Dios ha hecho en nosotros.

Y él dice, después, en el capítulo 3, versículo 11 de su primera carta: "Este es el mensaje que ustedes han oído desde el principio: que nos amemos los unos a los otros". Eso es tan Levítico, en el Pentateuco, se nos dice en Levítico 19:18 que tenemos que amar al otro, al prójimo, y que lo tienes que amar como a ti mismo. De manera que ni siquiera eso estaba solo en la ley, ni siquiera es una hora del pacto de gracia, es un mandato del pacto de la ley. Pero Juan me está diciendo ahora que la naturaleza del ser humano puede ser conocida por la manera como él ama, más que habla.

Escucha lo que él dice: "En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo. Todo aquel que no practica la justicia no es de Dios, tampoco aquel que no ama a su hermano". Pero escucha ahora, en 1 Juan 3:14: "Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida", o sea, que nacimos de nuevo. ¿Cómo sabemos eso, Juan? "Porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte". O sea, Juan dice: nosotros sabemos categóricamente que alguien ha nacido de nuevo cuando él ama a los hermanos. Y el que no ama permanece en muerte.

¿Por qué estamos tratando de amplificar esto todo lo que podamos? Porque en el contexto de la carta a los Gálatas, Pablo está ampliando el concepto de la libertad. Pero tan pronto él trae el concepto de la libertad y nos dice "a libertad nos llamó Cristo", él se ve en la obligación de calificar, de recolorear esa libertad. Dice: "Bueno, pero espérate, es que no uses tu libertad para darle rienda suelta a la naturaleza pecadora". Y al mismo tiempo, "usa tu libertad más bien", dice, "al contrario, más bien, no uses esa libertad, sino para serviros unos a otros por amor". Este es el versículo 13. El versículo 14: "Amaos los unos a los otros, porque en ese solo concepto se cumple toda la ley".

O Juan dice que para amar yo tengo que nacer de nuevo, y número dos, para amar yo tengo que conocer a Dios. Mientras más conozco a Dios, más puedo amar. Eso yo lo leo en la Biblia y lo creo, pero también lo he ido viviendo en la medida que los años pasan: que mientras más conozco a Dios, más fácil se me es amar de manera menos interesada. ¿Y por qué es así? Porque el amor es de Dios, y cuando conozco a ese Dios de manera distorsionada, de manera distorsionada así yo amo.

Entonces, ¿de qué manera la imagen de Dios ayuda a amar? Escucha, mientras mejor vemos a Dios —esto es como un trabalenguas, pero lo voy a hacer despacio— mientras mejor vemos a Dios, peor nos lucimos nosotros, no ustedes, yo. Mientras peor lucimos, más humildes somos y menos egocéntricos, y por tanto más dados a amar. Mientras menos se conoce de Dios, más distorsionada luce su imagen. Mientras más distorsionada luce la imagen de Dios, mejor yo luzco. Es la razón por lo que yo luzco tan bien a veces: porque tengo una imagen distorsionada de Dios. Si tengo un Dios pequeño y un Dios bajito aquí abajo, entonces yo luzco más o menos bien. Mientras mejor yo luzco, peor lucen ustedes. ¿Te das cuenta? Y mientras peor ustedes lucen, más dificultad yo tengo para amarlos. Mientras peor ustedes lucen, menos motivación yo tengo para amarlos. Pero cuando yo no luzco tan bien, porque Dios luce grande, ustedes y yo lucimos como más o menos iguales y no me queda opción que amarte, porque estamos en la misma barca. ¿Me van siguiendo? ¿No me van siguiendo?

Dios ama sin que haya nada atractivo en nosotros, pero ya nosotros, nosotros amamos cuando alguien me atrae. Usualmente su físico, su trato, sus formas, su amabilidad, su forma gentil de hablar, o su voz dulce, o alguien que cambió y ahora su cambio me resulta atractivo. Nadie está inclinado a amar a las personas a menos que ellos exhiban una cualidad que a mí me llame la atención, que a mí me cautive o que a mí me seduzca. Pero cuando Dios miró para abajo, no encontró en nosotros, nosotros lucíamos feos para la película, no decimos aquí.

Dios nos amó, escuchen, pero lo pongo en términos personales, que tú puedas casi decírtelo a ti mismo, repetirlo en tu mente junto conmigo: Dios te amó cuando tú eras su enemigo, cuando tú no querías saber de Él, cuando tú estabas muerto, cuando tú no tenías ningún interés en Él. Dios te amó en medio de tu rebeldía y de tus prejuicios y de tu orgullo y de tu condenación. Donde estabas sucio, donde estabas débil, cuando estabas destituido de su gloria, cuando estabas lejos de su reino, cuando eras un necio y no sabías lo que decías pero creías que tenías la razón. Y Dios te amó cuando no le amabas.

En resumen, Dios te amó sin ninguna excusa, sin ninguna razón. Ninguno de nosotros amaría a nadie que tuviera un dos por ciento de esta condición que yo mencioné. Y ahora Juan está diciendo: no, el Espíritu de Dios vino a morar en ti para que tú seas capaz de amar gente que tienen condiciones como esas. Y te dice: esta sería la marca en ti de nacimiento, de que has nacido de nuevo y que conoces a Dios.

¿Por qué? Porque todo problema se deriva de una imagen distorsionada de Dios, por tanto mientras más le conozco mejor se ama. Era como Juan lo dice en Primera de Juan 4:7. Todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios, esa es la parte positiva. Todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. Ahora lo dice de manera negativa: el que no ama no conoce a Dios. Conocer a Dios es esencial para amar a los hermanos. Si tienes un problema amando a tu hermano, tienes un problema conociendo a Dios.

Pero es que Cristo resume toda la ley en dos mandamientos: ama a Dios, ama a tu hermano. Para lo bien, dice Pablo, mira, lo voy a simplificar todavía más, y esto realmente le estoy escribiendo por inspiración del Espíritu: toda la ley se resume en un solo mandamiento, ama a tu prójimo como a ti mismo. Y el otro, el primero, es que tú no puedes hacer el segundo sin el primero.

Para la próxima pregunta, en vista del texto que está analizando, es: ¿cuál es la verdadera manifestación del amor? Porque Pablo dice servíos unos a otros. Entonces, si servicio es algo que resulta de amar, parecería que eso es como el amor se muestra. La verdadera manifestación del amor es servicio. No en palabras, no son palabras, no son regalos, no es comida, no es emocionalismo, no es erotismo. Es entrega, y entrega incondicional. Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito. Tanto amó el Hijo que dio su vida. El grado de entrega habla de la calidad del amor del uno por el otro.

Tú puedes amar por conveniencia, tú puedes amar por obligación, tú puedes amar por sentido de culpa, tú puedes amar por responsabilidad. No es dicho, tú puedes dar, quería decir. Tú puedes dar sin amar: por obediencia, por conveniencia, responsabilidad, obligación, sentido de culpa. Lo que tú no puedes hacer es amar sin dar, eso no existe. Es verdad que nuestra forma caída pudiéramos dar de una forma pecaminosa también, y nos encontramos volver al otro un ídolo, hablarle y darle y darle. Pero en sentido general, amar implica dar. Dios sin límites, sin límites de tiempo, sin límites de cantidad, sin límites de forma, sin número de personas.

Cuando Cristo dijo que amó al mundo no solo lo dijo, Él vino. Y cuando Él vino, Él sirvió: no he venido para ser servido sino para servir. Eso es lo que Pablo dice, que nosotros nos amamos y nos servimos unos a otros por amor. Nosotros somos expertos en encontrar razones para no dar. Ya hemos hablado aquí incluso cómo ocurre en los semáforos cuando alguien nos pide. Pero en otras ocasiones somos un poco más sofisticados y decimos, bueno, yo no quiero darle, porque él está así por su pecado. ¿No le has dado un vistazo a tu vida de cómo tú estabas, cuando estabas como estabas y Cristo te llamó por tu pecado, en tu pecado? Imagina que Cristo veía y se ha dicho, déjame esperar que él salga o ella salga de su pecado para yo amarlo entonces. ¿Cuándo tú crees que Él vendría por ti? Todavía nuestra desobediencia es mi pecado y Cristo me ama.

Y Cristo vino y no reclamó derecho, ni está social en la que vivimos hoy, que todo el mundo tiene derechos y reclama derechos. Eso es más típico de la carne. No fue tan típico de Cristo. De hecho, Él no reclamó su derecho ni al nacer ni al vivir ni al morir. Al nacer en un establo. Al vivir no tenía una almohada donde recostar su cabeza. Y al morir en una cruz. Al morir murió con una corona, pero de espinas. Al vivir le lavó los pies. Al nacer los animales lo rodearon. Eso no eran sus derechos, sus privilegios, sus prerrogativas.

Yo creo que está imaginándose que hay un grupo de falsos maestros enseñando una salvación por obra. Aquí está la enseñanza de una salvación por gracia, y que había creyentes genuinos que habían sido engañados pero que había que sacarlos del error, y creyentes genuinos que tenían los ojos abiertos, y que probablemente ellos estaban peleando entre sí. Lo más probable es que Pablo escuchó rumores o noticias de que ya eso estaba pasando por la manera como él cierra el versículo 16.

Y es una manera como Pablo está diciendo: hermanos, te van a tener que la verdadera doctrina, la verdadera enseñanza, la verdadera salvación por gracia a través de la fe y no por obras, te van a tener que descubrirla y después de descubrirla te van a tener que amarse y al amarse perdonarse y volver a hacer un solo cuerpo, de un solo sentido, una misma mente. Y ustedes van a tener que cargar con las consecuencias del pecado del otro porque eso fue lo que Cristo hizo, que cargó con las consecuencias del pecado tuyo y mío. Eso es perdonar, perdonar es cargar con las consecuencias del pecado de otro.

¿Por qué pensamos que Pablo recibió noticias de que ya esto estaba pasando? Escucha el versículo 15: "Pero si están siempre mordiéndose y devorándose unos a otros, tengan cuidado, corren en peligro de destruirse unos a otros". La idea ahí en el original es de mordiéndose y devorándose como ese animal salvaje que va detrás de su presa, lo muerde, primero lo muerde, luego tira de él y luego consume lo que tiró, lo que le quitó de su cuerpo. A lo que está diciendo: si ustedes viven mordiéndose, tirándose, luego consumiendo al otro, esta es una libertad, no es para eso que Cristo le compró libertad, así no es.

Los conflictos humanos son típicos de nosotros, pero son típicos de nosotros porque el egoísmo es lo que domina la naturaleza humana. Si pudiéramos decir cuál es la columna central de la anatomía o de la naturaleza pecadora, es una columna enorme llamada egoísmo. Y así entonces nosotros consideramos, y así consideramos al otro, y así llamamos al otro, conformamos nuestra percepción de la realidad. Y ya es que no hay otra realidad que nos dé la que yo perciba.

De acuerdo a nuestras expectativas, nuestras metas, nuestros logros, nuestros valores, nuestras prioridades, nuestras creencias acerca de la vida, nuestras necesidades, en vez de yo llenar la necesidad del otro, nuestras preferencias. Entonces, ¿cuál es la palabra clave ahí? Nuestras, nuestras, nuestras. Pero en toda esa nuestra Cristo no está presente. Yo tengo que regresar a Cristo porque mientras más seguro estoy en Cristo, menos conflictos yo genero. Mientras más humildes somos, más cedemos nuestras posiciones. Mientras más amamos, más sacrificamos en aras del otro.

Escucha a Juan otra vez en el capítulo cuatro de su primera carta, al versículo 1 al 3. Pero en el Evangelio de Juan, capítulo cuatro del 1 al 3: "Por tanto, cuando el Señor supo que los fariseos habían oído que Él hacía y bautizaba más discípulos que Juan, aunque Jesús mismo no bautizaba, sino sus discípulos, salió de Judea y partió otra vez para Galilea".

Ahí era que Jesús era grande. Jesús, el Maestro, el Alfa, el Omega, el principio, el fin, el Creador del cielo y la tierra, el que era, el que es, el que ha de venir, estaba bautizando. Bueno, sus discípulos estaban bautizando. Se comienza a rumorar que Jesús y sus discípulos están bautizando más que Juan. Dice Jesús: hermanos, vámonos de aquí. Entonces no vamos a prestarnos para crear esta división entre Juan el Bautista y yo. Yo puedo tener más rango que él, pero no se trata de eso. Vámonos, vámonos para Galilea. Y se fue y dejó el lugar, cedió su derecho, cedió su lugar. Jesús todo el tiempo rehusó demandar lo que él sabía que era suyo.

Cristo no solamente se sacrificó en la cruz, se sacrificó toda su vida. Para beneficio suyo no, para beneficio del otro. Es la esencia del amor que yo no tengo que salir beneficiado, que el otro no tiene que darme nada en retorno. Tú debes darlo por agradecimiento, pero ya es una decisión tuya. Pero cuando tú amas, tú das sin la ley del retorno.

Ahora tienes que entender que muchas veces nosotros no amamos, porque tenemos que ser honestos, el amor no es eficiente, la cosa más ineficiente del mundo es el amor. Pregúntale a una madre que ha dado a luz, está cansada, quiere dormir siete horas, hace horas y el niño se levanta cuatro veces y quiere el pecho. Y no le importa, así haya dormido o no dormido. El amor no es eficiente, se dice Paul Miller en su libro "Love Walked Among Us", el amor caminó entre nosotros.

Lo que ocurre como hablábamos es que en nuestro egocentrismo nosotros no tenemos tiempo. Tenemos tiempo para hablar con el otro, para llamar al otro, para parar mi tarea. No tenemos solamente tiempo, pero tenemos disposición. Todo es muy ocupado, como si la vida fuera definida por tareas. Pero así es, el amor hace ineficiente mi tiempo. Pero Cristo no me dijo: amarás al Señor con todo tu tiempo y toda tu hora y todo tu segundo y todos tus minutos y todos tus años. Cristo definió la vida en términos de relación: tú amas a Dios, tú amas al prójimo. Pero el amor te interrumpe tu tiempo, tu agenda, tus emociones las compromete completamente.

El amor no quita, el amor da. El amor no exige, el amor entrega. El amor no se beneficia, el amor beneficia al otro. Y beneficia al otro sin dañar al otro. Mientras más amamos, más damos de nosotros y menos demandamos de los demás.

La Navidad es el tiempo que mejor tipifica, debiera ser el tiempo que mejor tipifica el amor, porque lo que celebramos en Navidad no son regalos, no son comidas, no son amigos y familias juntas, porque todo eso ha sido hecho sin que verdaderamente todavía exista en medio de esos grupos, muchas veces, entonces siempre el amor de Cristo. Lo que nosotros celebramos en Navidad es que Dios Padre dio a su Hijo, que Dios Hijo dio su vida. Eso es lo que nosotros celebramos. Celebramos que la dádiva de Dios trajo libertad para los cautivos. Celebramos que el amor de Dios se encarnó. Celebramos el hecho de que Dios tenía un regalo para la humanidad y tomó ese regalo y lo envolvió en papel de humanidad. La envoltura de la humanidad fue el papel de regalo de Dios para nosotros.

Y el pesebre fue la caja donde Él quiso ponerlo para que pudiera ser visto. Y cuando ese regalo creció, Él pasó a hacer la luz del mundo, el liberador de la humanidad, el sostenedor de nuestras vidas, el gozo en cada uno de nosotros.

Él pasó a ser el modelo, el ejemplo. Él pasó a ser aquel que abrió los ojos, que hizo caminar a cojos, aquel que levantó a los muertos. Todas y cada una de esas sanaciones físicas no eran más que ilustraciones de lo que verdaderamente Él hace a nivel espiritual. Él abre los ojos del espíritu, Él te hace oír. Él abrió los oídos de los sordos, Él te hace oír para que puedas entender correctamente. Nuestras vidas están cojas siempre, Él nos hace caminar correctamente, nos pone a caminar. Estábamos muertos en delitos y pecado, nos resucitó.

Todas estas cosas: estaban hambrientos y les dio de comer a multitudes. Estábamos hambrientos espiritualmente hablando y Él vino a saciarnos. Estábamos sedientos y Él vino a darnos agua viva. De manera que lo que hoy celebramos es una dádiva y es un regalo de parte de Dios en este tiempo.

Y de esa misma manera, nosotros viéramos simplemente el resto del año recordando lo que hicimos al final del año anterior. El resto del año debiéramos darnos de manera deliberada, de manera intencional, al otro para enriquecer al otro, mejorar al otro, hacer crecer al otro, hacer lucir al otro más a la imagen de Cristo, ayudarle a conocer al Dios que quizás no conoce. Y no lo puede conocer si no lo ve en mí. No lo puede conocer si yo no le amo. Y yo no puedo amarle si no conozco yo mismo a Dios. La Escritura lo dice: eres libre. Dios te libertó, pero te libertó de la naturaleza pecadora para que puedas amar, puedas servir, puedas ser un representante de Cristo en la tierra, puedas ser el recordatorio de la Navidad los 365 días del año, como mencionó el pastor Luis esta mañana. Amén.

De manera que en el día de hoy yo quiero animarte a que puedas pensar en todo esto, para que cuando entre el próximo año tú hayas hecho la decisión de que tienes que conocer mejor a Dios. Porque tú necesitas amar mejor al otro, porque es la única manera como vas a reflejar que estás conociendo mejor a Dios, y es la única manera como puedes representar dignamente el satisfaser el Reino de los Cielos.

Padre, gracias por tu dádiva. Gracias por tu Hijo. Hijo, gracias por tu vida, gracias por tu sacrificio. Gracias por liberarnos, gran Libertador, Emancipador que eres. Gracias por hacernos libres. Ayúdanos a vivir en esa libertad de tal manera que ahora no tengamos, no poseamos todos estos celos y envidias y orgullos y resentimientos, y amarguras y lamentos, todo lo cual Tú nos viniste a liberar de todo eso. Y para que tengan vida y la tengan en abundancia. Gracias porque cuando dijiste "mi paz os dejo, mi paz os doy", la única manera de experimentar esa paz es al vivir en la libertad que Tú compraste. Ayúdanos a celebrarte ahora, al final de este tiempo. En Cristo, su pueblo dice: amén, amén.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.