IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Miguel Núñez • 2 enero, 2022
Cada año nuevo trae promesas: leer más la Biblia, mejorar la vida de oración, cambiar hábitos, bajar de peso. Y cada año, la mayoría de esas promesas quedan incumplidas. La razón es más profunda que la falta de disciplina o las complicaciones de la vida. El problema real es una batalla continua e intensa que se libra dentro de cada creyente: los deseos del Espíritu Santo contra los deseos de la carne.
Gálatas 5:16 ofrece una fórmula breve y poderosa: "Anden por el Espíritu y no cumplirán el deseo de la carne." No es una sugerencia, sino una orden en presente continuo, un estilo de vida. Cuando la mente, las emociones y la voluntad se rinden al control del Espíritu, todo cambia: la forma de pensar, hablar, actuar, valorar a las personas, publicar en redes sociales, perdonar y someterse a la autoridad. Pero cuando se cede el paso a la carne, se ignoran la guía, los frenos, la sabiduría y el poder infinito de Dios que mora en nosotros.
La lista de obras de la carne sorprende porque junto a la inmoralidad y la idolatría aparecen los celos, los pleitos, los enojos y las envidias. Todas comparten el mismo origen: no están bajo el control del Espíritu. La carne no puede ser enseñada ni moralizada; solo puede ser restringida y disciplinada, como un caballo salvaje. El pastor Núñez lo resume así: o santificamos nuestras emociones, o ellas nos sacrifican en el altar del placer y la pasión.
La batalla es real, continua e intimidante, pero no se libra gritando ni publicando cosas en redes sociales. Se libra de rodillas. Y aunque el enemigo es implacable, un día el León de la tribu de Judá rugirá, y todo terminará. Mientras tanto, Dios nos ha empoderado no para ser derrotados, sino para vencer.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Yo voy a invitar a que abra su Biblia en la Palabra. La epístola a los Gálatas, capítulo 5, donde estamos realmente. Vamos a continuar hoy exactamente donde nos quedamos la semana pasada. Creo que es un buen pasaje para el inicio de año. Coincidió con la serie donde estamos, pero yo creo que es un buen pasaje para reflexionar y ver de qué forma vamos a iniciar este año 2022.
Hace apenas unas 48 horas que el mundo estaba celebrando la llegada de este año. Y como todos saben, quizás algunos de ustedes fueron de esos, la gente hizo nuevas promesas o pensó en nuevas promesas. La gente pensó en nuevos propósitos para este año. Y yo quiero creer que la mayoría de aquellos que hicieron eso tenían la intención de poder cumplir dichas metas y dichos propósitos. Sin embargo, yo también estoy seguro que usted conoce, quizás por experiencia personal, porque tiene amigos o familiares, que la mayoría de las personas, o para decirlo de otra manera, son pocos los que llegan al final de año viendo sus promesas y sus metas cumplidas. Y eso es cierto de cristianos y no cristianos.
Yo creo que algunos de nosotros comenzamos a pensar, y lo he visto en las redes: "Este año voy a hacer un mejor esfuerzo por leer más mi Biblia". Y como al mes nos estamos quejando de que no lo estamos haciendo. Yo creo que otros se han dicho: "Yo necesito este año, que este año sea el año en que yo mejore mi relación con Dios o mi vida de oración". O: "Este es un año en que yo necesito trabajar en esta área de mi comportamiento o de mi temperamento". O: "Este año es el año en que yo necesito cambiar de trabajo de manera que yo pueda dedicar más tiempo a mi familia". Yo creo que algunos también han dicho: "En este año yo tengo que bajar de peso. Y yo sé que el año pasado yo dije lo mismo, pero yo voy a tratar este año, este año yo lo voy a lograr". Y al final pocos cumplen sus promesas.
Y la pregunta sería: ¿por qué? Yo creo que uno pudiera dar una larga lista de respuestas. "Bueno, es que yo tengo que confesar que yo tengo una falta de disciplina". O pudiera ser en otros casos: "Bueno, es que mi vida se ha complicado mucho, y más ahora con la pandemia". "Hoy yo tengo muchos problemas en el trabajo y eso como que me quita concentración". "Yo quiero orar pero no puedo, yo quiero leer la Biblia pero como que en la mañana estoy tan cansado". "Hoy yo tengo problemas a nivel de mi familia y eso me tiene tan confundido que... yo estoy como deprimido, estoy molesto, estoy airado". Pero la realidad es que las cosas son mucho más complejas que esas, que esa respuesta que acabamos de dar.
Entonces me puse a pensar en aquellos de nosotros, porque se supone que si estamos aquí, en general yo creo que cada persona que está aquí, en general, pues conoce a Cristo. Siempre en una audiencia tan grande hay personas que todavía no han hecho ese compromiso, pero en general. Entonces me puse a pensar: ¿Qué pasa con aquellos de nosotros en quienes mora el poder del Espíritu? ¿Por qué no cumplimos y llegamos a hacer las cosas que nos proponemos cuando tenemos el poder de Dios residiendo dentro de nosotros?
Bueno, por el audio tengo que recordar que nosotros hemos hablado de esto en otras ocasiones. Tenemos como tres frentes de lucha. Nosotros luchamos contra nosotros mismos, dentro de nosotros mismos. Ese es el peor enemigo, porque el enemigo somos nosotros y está dentro, ni siquiera está fuera. Nosotros luchamos contra fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes. Nosotros luchamos contra el mundo, sus ideas, sus corrientes, sus presiones, sus modas, las ideas que vienen de momento. Yo creo que eso explica mucho de nuestros fracasos, por lo menos para los creyentes.
Pero yo quisiera enfocarme hoy no en esas tres luchas, sino en una sola, en la peor de todas, porque es la que el texto de hoy de la Palabra nos trae. Yo creo que este es un buen texto para comenzar el año porque si yo quiero tener triunfo sobre las luchas que yo voy a estar librando, la que estoy librando ya, o sobre las promesas que he hecho, o las metas que me he propuesto llenar, yo necesito entender mejor esta lucha. Porque esa lucha es continua, es intensa, es real. Pero al mismo tiempo Dios te ha capacitado para librar la lucha y para ganar la batalla. Dios no nos capacitó para ser derrotados en la batalla, aunque muchas veces el cristiano termina siendo derrotado, por lo menos temporalmente. Pero Dios no me capacitó para eso, me capacitó para todo lo contrario.
El año 2022 pudiera ser, debiera ser, un mejor año si tú entiendes esto, entiendes la lucha y la llevas a cabo como Dios la diseñó. Pero yo decía que yo creo que es un buen texto para comenzar. Esa lucha es vieja, comenzó en Génesis 3. Tan pronto Adán y Eva pecaron, adquirieron una naturaleza pecadora y comenzó la lucha. Algo dramático, monumental comenzó ese día, comenzó en ese momento. Con un solo error, con una sola decisión, con una sola acción, todo cambió.
De la memoria está sacado de este libro que se llama en inglés "What Happened in the Garden". Sus autores, uno de ellos, Grant Horner, dice que la caída afectó tan profundamente a Adán y Eva y a sus descendientes, que somos nosotros, que nosotros no solamente perdimos la habilidad de conocer a Dios, sino que perdimos nuestra habilidad de conocer que nosotros perdimos nuestra habilidad. Perdimos la habilidad de conocer a Dios y ni siquiera nos percatamos que perdimos la habilidad de conocer a Dios. Por eso Dios tiene que revelarse.
Nuestra ceguera espiritual, que cambiamos por la perfecta visión que teníamos en el Edén, nos dejó tan ciegos que nosotros creemos que vemos. En otras palabras, nosotros estamos tan ciegos que nosotros vemos esta pandemia de dos años y estamos seguros que sabemos lo que Dios está haciendo en la pandemia. Creemos que vemos. Originalmente en el Edén, Adán y Eva tenían una perfecta visión de Dios, de ellos mismos y de toda la creación. Pero nosotros hoy, nosotros ni siquiera sabemos todo lo malo que somos. No sabemos todo lo orgullosos que somos. No sabemos todo lo independientes que somos, a pesar de que decimos que dependemos del Espíritu Santo. No sabemos con cuánta autosuficiencia vivimos, pero nosotros creemos que no es así porque creemos que vemos. La visión fue tremendamente afectada, gravemente afectada, lamentablemente.
De manera que ahora, en el texto de hoy, creo que nosotros vamos a entender algunas cosas de una mejor manera para estar mejor preparados, creo yo, en el 2022, a llevar a cabo esta lucha y a triunfar en esta lucha. Porque yo creo que el texto tiene la fórmula, la fórmula para triunfar en esta batalla. Yo no estoy diciendo que voy a triunfar en cada batalla en el 2022. Lo que estoy diciendo es que cuando yo no lo haga, me faltó la fórmula.
De manera que esta batalla de la que yo estoy hablando no es algo que encontramos de manera intermitente en la vida. No, es continua. Tú vives, yo vivo en una batalla que es continua. De tal forma que yo necesito ver toda la vida como un entrenamiento continuo de parte de Dios en el fragor de la batalla, literalmente hablando. Por eso es que no hay nada que ocurre en tu vida, en tu matrimonio, en tu familia, en esta nación, en el mundo, en la que tú no estés bajo observación y bajo entrenamiento. Por eso, esta batalla que es continua, hay un entrenamiento que es continuo. Nosotros tenemos que llevar a cabo esa pelea con sabiduría, con discernimiento, buen ánimo y con la dependencia del Espíritu de Dios. Los gálatas, hace dos mil años, estaban aprendiendo eso. Nosotros necesitamos entender eso.
Y con esta introducción, yo quiero que leamos entonces Gálatas 5, del versículo 16 al 21. Esta es la Palabra de Dios: "Digo, pues: Anden por el Espíritu, y no cumplirán el deseo de la carne". Ahí está la fórmula. Breve, en una frase, como solamente Dios lo puede hacer: te voy a definir toda la fórmula en una frase. Anden por el Espíritu y no cumplirán —eso es una garantía— el deseo de la carne.
¿Por qué? "El deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues estos se oponen el uno al otro, de manera —escucha para el 2022— que ustedes no pueden hacer lo que deseen. Pero si son guiados por el Espíritu, no están bajo la ley. Ahora bien, las obras de la carne son evidentes". Escuchen esta lista: "Las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería..." —y hasta ahí estamos como que: "Bueno, yo no tengo obras de la carne"— "...enemistades" —se están acercando— "pleitos, uff, celos, enojos" —ya, ¿será verdad?— "rivalidades, disensiones, herejías, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes. Contra las cuales les advierto, como ya se lo he dicho antes" —de manera que Pablo le dijo esto a los gálatas antes— "que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios".
Yo he titulado el mensaje de esta mañana: "Cuando los deseos del Espíritu y los deseos de la carne se enfrentan". Por eso es que te estoy diciendo que esta lucha es continua, porque el Espíritu tiene deseos continuos y la carne tiene deseos continuos, y ellos viven enfrentados. Y ellos viven haciéndose oposición uno al otro.
Entonces, para fines de explicar y hacer el texto mucho más entendible, hay dos términos que yo quisiera explicar de inicio, de entrada, pudiéramos decirlo. El primer término tiene que ver con la palabra "espíritu". Si tú lees el texto, mira tu texto otra vez, nota que la palabra "Espíritu" aparece con E mayúscula, de manera que no hay duda de que se está refiriendo al Espíritu Santo. De manera que la batalla de que nosotros estamos hablando, en los términos que lo estamos hablando, se da exclusivamente en los cristianos. El no cristiano no libra una batalla entre los deseos del Espíritu Santo y los deseos de su carne, no. Él vive disfrutando su batalla, que no es una batalla. Simplemente él vive conforme a los impulsos de su propia naturaleza. Pero no tiene esa batalla. Esta va a ser exclusiva del cristiano. Entonces, el primer término: estamos hablando del Espíritu Santo que mora en el creyente.
La otra palabra que vale la pena definir es la palabra "carne", porque está hablando de los deseos de la carne y esa es un poco más compleja, pero para fines del texto de hoy será simple. Porque esta palabra aparece unas 147 veces en el Nuevo Testamento, es la palabra sarx, y tiene diferentes aplicaciones y traducciones dependiendo del contexto. El 75% de esas 147 veces la usa Pablo, pero en esencia, en el contexto del que estamos hablando, se refiere a nuestra naturaleza caída, pecadora, que todavía tiene deseos, deseos poderosos, que nos llevan en una dirección. De esos deseos de la carne, o de esa carne que está el texto hablando.
Pero en manera de educación bíblica, la palabra sarx ha sido traducida o hace referencia en el griego del Nuevo Testamento a nuestra condición corporal, al cuerpo, a la tierra, a lo terrenal, a la carne física como tal, a la naturaleza carnal que no es física, que ya está dentro de mí toda la vida, a la vida, al hombre, al ser humano, a la personalidad. Todas esas son traducciones, y muchas más, de cómo la palabra sarx ha pasado a ser parte de nuestro idioma en nuestra Biblia. Estamos hablando ahora de nuestra naturaleza pecadora, carnal, con deseos.
Lo primero que yo quisiera ver es la fórmula para no tropezar, la fórmula para triunfar, y está en el versículo 16. Digo, pues: anden por el Espíritu, y aquí viene la garantía, y no cumplirán el deseo de la carne. Hay algunas traducciones que dicen "caminen en el Espíritu", otras traducciones que dicen "vivan en el Espíritu", porque la idea de andar, caminar, es la idea de vivir. En otras palabras, Pablo está diciendo: este es el estilo de vida que te debe caracterizar, tú debes tener un estilo de vida que está dirigido, empoderado, guiado por el Espíritu de Dios. Si tú haces eso, tú tienes una garantía, y es que tú no vas a cumplir los deseos de la carne.
Ahora, noten que el texto dice "anden por el Espíritu". Eso está en el imperativo presente, lo que implica que el imperativo es una orden que me están dando, no me están haciendo una sugerencia ni una recomendación, me están diciendo: esto es lo que te toca. Si tú eres hijo de Dios, si Dios vive en ti y el Espíritu de Dios vive en ti, lo que te toca es vivir por el Espíritu, vivir en el Espíritu. Y el imperativo está en presente, lo que implica que esto es una obligación continua, no es de un día, es de todos los días.
Esto es lo que Dios nos revela, pero me da una garantía, me da ánimo, me estimula, me dice: ¡Wow! Si tú haces eso, oye lo que va a pasar: tú no vas a tropezar, mucho mejor, ni caer, porque la carne no va a ser tu debilidad, la carne va a estar suprimida.
De manera que nosotros podemos vivir de una de dos maneras, no hay tres. Nosotros podemos vivir rindiendo nuestra voluntad a la voluntad de Dios y por tanto caminar en el Espíritu, o nosotros podemos vivir conforme a los impulsos pecaminosos de la carne. Mientras más tropiezos, más actos de desobediencia tengo, más evidencia tengo de que estoy viviendo conforme a lo que mi carne me dictamina.
Pero ahora yo necesito definir qué significa caminar en el Espíritu, porque en parte ya lo introduje: tú tienes que rendir tu voluntad, tú tienes que rendirte a la voluntad de Dios. Bueno, yo necesito rendir, para vivir en el Espíritu necesito rendir mi mente, cómo pienso, mi razón, mi lógica. Yo tengo que rendir mis emociones y sentimientos, que llamamos muchas veces mi corazón, lo que yo siento. Mis emociones y sentimientos no se me dieron para tomar decisiones, ¡cuánto yo quisiera que pudiéramos recordar eso! Dios me dio emociones y sentimientos, pero no para tomar decisiones. Dios me dio la razón para tomar decisiones; mis emociones y sentimientos son otra cosa completamente diferente. Y yo necesito someter mi voluntad al control del Espíritu de Dios.
Cuando esta rendición se da —mi mente, mis emociones, sentimientos, mi voluntad— entonces el hijo de Dios comienza a cambiar. ¿Qué es lo que cambia? De repente, déjame decirte lo que cambia: formas de pensar, formas de hablar, forma de actuar, forma de publicar cosas en las redes, forma de tuitear, forma de valorar a las personas y circunstancias, forma de respetar y cuidar al otro, forma de ver la vida. La vida es vista de otra manera, el propósito para el que yo vivo, forma de no exigir o demandar, forma de perdonar o pedir perdón, forma de sumisión a la autoridad. En otras palabras, cambia todo.
Literalmente hablando, cuando mi mente, mi corazón y mi voluntad han sido sometidos a la voluntad de Dios, esto se traduce en un estilo de vida que piensa y actúa completamente diferente a como el mundo o el no cristiano piensa y actúa.
Entonces, como estamos hablando de vivir en el Espíritu, lo que implica también necesito entender es que el Espíritu me empodera para hacer morir las obras de la carne. No es simplemente que Dios me dice, me dice, me dice, y es un acto de disciplina, no. Dios pone en ti el motor. Dios pone no solamente el motor, Dios pone el motor más poderoso en todo el universo, que es su poder mismo. Dios sabe que la carne es tan poderosa que Él dice: lo único que puede vencer la carne soy yo, y ni siquiera desde afuera, desde adentro te va a hacer el caso. Dios me da su Espíritu para que yo pueda asfixiar la carne hasta que se sofoque.
Esta responsabilidad es mía, Dios me la dejó a mí. Dios me dice: tú tienes la responsabilidad de hacer aquellas cosas para las cuales tú has sido empoderado. De manera que yo tengo que entender que mi santificación no es pasiva. Tu salvación es pasiva en el sentido de que Dios la hace por ti, no hay nada que tú puedas hacer para salvarte, tú no contribuyes en nada en tu salvación que no sean tus pecados. La santificación es otra cosa, la santificación tiene un sinergismo, de manera que es mi responsabilidad someter todo pensamiento cautivo a los pies de Cristo cuando tengo pensamientos de diferente naturaleza.
Que muchas veces pensamos inmediatamente en inmoralidad, no, no, pensamientos de cosas que tú quieres decirle a alguien, cosas que tú quieres postear, alguien a quien tú quieres responderle, cosas así que a mí me han pasado. Tú dices: no, espera, espera, que eso no es. Yo tengo que someter todo pensamiento a la voluntad de Cristo, para entonces yo ver en la Palabra lo que dice, u obedecer la Palabra, que es parte de la responsabilidad que a mí me toca, y entonces rendirme al control del Espíritu de Dios.
Es mi responsabilidad. La Palabra está revelada, pero sabes que no todo el mundo entiende la Palabra al mismo grado. Entonces, ¿qué hacemos? Bueno, tú le pides a Dios que te dé iluminación. La iluminación es la capacidad que Dios da por medio de su Espíritu que mora en cada creyente para entender la Palabra, porque mientras más la entiendo, más yo sé lo que me toca hacer.
Entonces cuando yo hago eso, es mi responsabilidad primero pedir por iluminación. Y luego, como Dios pone en mí el querer y el hacer —el querer es que Dios me da deseo de querer obedecerle, y luego me da poder para obedecerle— entonces yo necesito actuar en consonancia. Porque hay un deseo que Dios me ha puesto de obedecerle a Él, que está haciendo oposición a los deseos de la carne, pero yo tengo que reconocer cuál es el deseo que Dios ha puesto, y yo necesito entonces actuar en consonancia. En otras palabras, tengo que decir: como Él ha puesto en mí el querer y también ha puesto en mí el poder hacerlo, esto es lo que yo voy a hacer. Esa responsabilidad me toca a mí.
Cuando nosotros desobedecemos, simplemente estamos ignorando algunas cosas. Pablo dice en Romanos 8:14: todos los hijos de Dios son guiados por el Espíritu. Todos, todos, todos, todos somos guiados por el Espíritu todo el tiempo. No hay un momento que el Espíritu no me esté guiando. Entonces, cuando yo desobedezco, ¿qué es lo que estoy haciendo? Yo estoy ignorando en primer lugar la guía del Espíritu, estoy ignorando los impulsos del Espíritu, los frenos del Espíritu, la sabiduría del Espíritu, los recordatorios del Espíritu, las advertencias del Espíritu, y aún negamos el poder del Espíritu, poder infinito de Dios que está en nosotros. Pastor, ¿a usted no le pasa eso? Sí, claro, yo estoy hablando de mí también, es como es, en todos.
Al desobedecer, la única razón por la que el cristiano no hace lo que necesitaba hacer es porque en su interior hubo un enfrentamiento. La única razón, no hay dos, hablando del cristiano. Hubo un enfrentamiento entre deseos de la carne y deseos del Espíritu, y lamentablemente nosotros le dijimos a la carne: tú puedes ganar en esta ocasión. Porque no hay otra gente a la que se le pueda echar la culpa que no sea yo mismo, pero eso decía que yo soy mi peor enemigo. Entonces, como le dije a la carne "tú puedes ganar en este momento", tú no puedes hacer, como dice Gálatas 5:17, lo que deseas hacer.
Por eso yo necesito entender bien las características de la batalla espiritual en la que yo me encuentro. Yo tengo que decidir si le voy a ceder el paso al Espíritu de Dios. Imagina que tengo una intersección. Yo tengo que decidir si me paro y le cedo el paso al otro, o si continúo y no cedo el paso, o si cedo el paso al conductor a la derecha o al conductor de la izquierda. Entonces, ahora en esa intersección imaginemos al Espíritu Santo a la derecha y la carne a la izquierda.
Cuando yo desobedezco, lo que yo hice fue que le dije al conductor de la izquierda, la carne: tú puedes pasar ahora, no es la gran cosa, si hay un choquecito no va a ser tan grande, la consecuencia del choque no va a ser tanta. Cuando yo obedezco, le estoy diciendo al Espíritu Santo: ahora, esta vez, esta vez tú pasas. De manera que esta decisión la hacemos nosotros.
Ahora tengo una idea de lo que implica vivir en el Espíritu, caminar en el Espíritu, andar en el Espíritu. Pero tengo que saber ahora lo que implica caminar según la carne, porque dijimos ya que tú y yo podemos caminar de una de dos maneras: andando por el Espíritu o andando conforme a la carne.
Y andar según la carne es como multidimensional, como todo lo que tiene que ver con Dios. Por un lado implica que yo estoy andando conforme a los deseos de mi naturaleza pecadora. Puede ser que eso sea por media hora en el momento de la desobediencia, pero puede ser que sea todo un día, puede ser que sea toda una semana, puede ser que sea todo un año, dos, tres, no sé el tiempo que sea. Pero por otro lado, andar conforme a la carne —recuerda que la carne no tiene deseos de Dios— entonces andar conforme a la carne es andar como el mundo anda, piensa, busca, anhela, más o menos como Lucifer. Y bueno, andar conforme a la carne es tener en mente cosas que el mundo tiene en mente como estas: fama, renombre o nombre, poder, dinero, prestigio o prestigios, privilegio, posición, popularidad, apariencia exterior, la aprobación de los hombres. Nada de eso es de Dios. Nada de eso es producido por el Espíritu.
El académico William Barclay dice lo siguiente —el caminador según la carne, o dijo, ya murió hace un tiempito atrás—: el caminador según la carne es cultivar la amistad con el mundo, es darse a la influencia que debilitaría nuestra alianza con Cristo. Nota cómo lo dice. Tú tienes una alianza con Cristo, no es que la pierdes pero la debilitas cuando caminas conforme al mundo, ya eso altera tu estilo de vida. Es negar nuestro llamado a ser santos, eso es caminar según la carne, y nuestra relación con Él, a la que Dios nos trajo por su gracia, y entrar en la pérdida de su aprobación y en la pérdida de nuestra recompensa futura.
William Barclay no está sugiriendo que tú pierdes tu salvación, lo que sí él está sugiriendo y la Palabra así lo declara, el apóstol Pablo se lo explicó a los corintios: la pérdida de recompensas. Hay recompensas que tú pierdes en las desobediencias que cometes de este lado de la gloria.
Ahora, una advertencia para entendimiento: todo el mundo vive en la carne hasta que encuentra a Cristo, porque la otra forma de vivir, que es conforme al Espíritu, no se puede dar hasta que yo no nazco de nuevo. De manera que tú y yo hemos estado ahí, y lamentablemente aún después de experimentar la morada del Espíritu Santo, todavía lamentablemente y dolorosamente hemos vivido momentos o días o períodos en la carne, porque no me estoy sometiendo a la sabiduría del Espíritu y la guía del Espíritu, la dirección del Espíritu, el poder del Espíritu.
Pero cuando esa persona nace de nuevo, ha pedido perdón por sus pecados, se le han sido perdonados, Cristo viene a su vida y es una nueva criatura, tiene algo ahora que no tenía la vieja criatura, es que él tiene la morada del Espíritu en él.
Entonces, ya vimos cuál es la fórmula para no tropezar: anden en el Espíritu y no vamos a andar conforme a los deseos de la carne, no vamos a tropezar.
Segunda lección: vivimos en una lucha continua entre lo que mi carne anhela hacer y lo que el Espíritu desea que tú y yo hagamos. Es una lucha, subráyala, y es continua. Dos enemigos, dos opositores, dos contrincantes en un ring, y el ring soy yo, ring de boxeo.
El versículo 17 otra vez: "Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu" —en mayúscula— "y el del Espíritu es contra la carne, estos son contrincantes, y estos dos se oponen el uno al otro." Lo peor es esta consecuencia: "de manera que ustedes no pueden hacer lo que desean."
Y uno pudiera pensar: pero el Espíritu Santo, ¿no tiene poder infinito? Sí, claro, pero el Espíritu Santo no vino a imponer su voluntad en ti, ¿no? El Espíritu Santo vino a empoderar tu voluntad para que tú hagas y yo haga lo que Dios desea que yo haga, pero no vino a imponer sus deseos. Él no es un tirano dentro de mí. Él vino a capacitarnos para entender mejor —la iluminación de entender mejor la voluntad de Dios— y para darme el deseo, el querer, darme el deseo para hacerla y darme el poder para poderla hacer.
De manera que nosotros —esto es muy importante— nosotros tenemos dentro de nosotros lo que se requiere para obedecer todo el tiempo, llámese el Espíritu Santo. Lamentablemente nosotros tenemos dentro de nosotros lo que se requiere para desobedecer todo el tiempo: la naturaleza carnal con todos sus deseos. Nosotros tenemos que decidir a quién le vamos a ceder el paso.
Pero ceder el paso no es tan fácil. Ceder el paso a uno, sobre todo al Espíritu, no es tan fácil cuando la relación con el Espíritu, con Dios, no se ha estado cultivando. Ese es el problema, que no es como: "Bueno, pastor, usted me lo simplificó, ya yo sé, cada vez que me siento tentado ya yo voy a obedecer al Espíritu." No, no es así. Es que la relación con el Espíritu, como si fuera un músculo, cuando yo la cultivo, esta relación está fuerte, por tanto a la hora de la decisión se me facilita poder cederle el control al Espíritu. Pero si lo que he estado cultivando son los deseos de la carne, en el momento de la decisión, ¿sabes qué pasa? Como decía Sisi Luis en otro contexto, con otras palabras: lo que Satanás hace es que me llena de sentimientos como de amnesia, como que me olvide que Dios existe. En ese momento yo no estoy pensando en Dios, es como si Dios fuera ausente del universo. Y por eso, con frecuencia, en vez de ceder mi acción a la voluntad del Espíritu, terminamos cediendo a la voluntad de la carne.
Tu problema es la carne. Entonces, cuando pases a la eternidad tú no vas a pecar, porque esa carne caída no va a estar. Va a haber una carne, pero no la carne caída, va a haber una carne glorificada, el cuerpo glorificado. Lo que se siembra en deshonra resucitará en gloria, lo que se siembra en debilidad resucitará en poder, lo que se siembra en mortalidad resucitará en inmortalidad. Eso es otra cosa, yo no voy a pecar.
De manera que ahora mismo mi problema es la carne, porque la carne aquí de este lado no la pueden regenerar como regeneran mi alma. Así de nuevo, ¿y qué fue lo que cambió? Bueno, mi espíritu lo regeneraron, y la carne igualita, los mismos deseos de antes de nacer de nuevo. ¿Tú puedes creer eso? La carne no puede ser enseñada, mi alma sí, mi mente sí. Entonces la carne no puede ser enseñada para obedecer a Dios, ¿sabes? Porque la carne obedece a impulsos, los impulsos que tiene el perro de nosotros de la casa, de todo tipo, eso mismo tenemos nosotros, de otra forma pero los tenemos.
La carne no puede ser mejorada moralmente. Tú puedes aprender, tu mente puede aprender moralidad, porque tu mente de alguna forma está conectada con tu alma, principios morales. Pero no la carne. La carne no puede ser moralizada. La carne, lo único que tú puedes hacer es restringirla como un caballo salvaje, o tú puedes disciplinarla como un caballo salvaje. Los caballos salvajes, los potros, buenos, se disciplinan. Pero eso es para lo que es. Dice Pablo en 1 Corintios 9:27: "Golpeo mi cuerpo," es la disciplina, "y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado."
Vale, está diciendo, no fue que yo golpeé mi cuerpo, tampoco dice yo lo hice mi esclavo. No, yo lo golpeo todos los días y yo lo hago mi esclavo todos los días. ¿Qué significa eso? Que cada vez que mi cuerpo no quiere ceder al Espíritu de Dios, yo lo someto, yo lo obligo, yo lo disciplino. Y así es que tú vas cultivando el control de Dios sobre tu vida, y de esa misma manera, de esa forma es que tú vas entonces suprimiendo la carne.
Pero el Espíritu te va a empoderar, y en la medida que tú cultivas la relación con el Espíritu, hay algo que está en el fruto del Espíritu, en el próximo mensaje, que se llama dominio propio. Y es con ese fruto o esa característica del fruto del Espíritu que tú vas a suprimir la carne. Entonces ese dominio propio me ayuda, ahora me empodera para hacer morir las obras de la carne, para llorar las obras de la carne. Esa responsabilidad me toca a mí.
Ahora déjame decirte que de esta lucha que te he estado hablando, Pablo es como el que más desarrolla esa idea, ese concepto, pero no es el único autor del Nuevo Testamento que habla de esa lucha de una forma clara y con términos similares. Déjame leerte lo que dijo Pedro como ejemplo en su primera carta, en 2:11: "Amados, les ruego como a extranjeros y peregrinos, que se abstengan de las pasiones carnales." No hagan un pare ahí: "que se abstengan." Se han de restringir, que combaten, oye la palabra que usa, contra el alma. O sea, los deseos que yo tengo que son pecaminosos combaten contra mi alma. Y esta palabra que aparece ahí, "combatir," hace referencia en el original literalmente a una lucha o una guerra entre dos personas o dos ejércitos, para que nosotros podamos ver de qué forma tanto Pablo como Pedro personifican esta lucha, como si fueran dos personas.
Este lenguaje de Pedro no es casual, no es al azar tampoco. Recuerda que nosotros creemos en la inspiración verbal, palabra por palabra, de la Biblia. De manera que esto lo inspiró Dios para que apareciera la palabra "combaten contra tu alma." Esa lucha no es sencilla, no es ligera, es como un conflicto bélico o una pugna interior continua. De eso es que habla Gálatas 5:17, ahí que estamos parqueados, en que los deseos del Espíritu y los deseos de la carne se oponen uno al otro, y por tanto no puedes hacer lo que deseas.
Esa lucha, si yo no me propongo hacerla, disminuirá en intensidad, me impide mi intimidad con Dios. Esa lucha va a determinar la intensidad, esa lucha se va a continuar. Pablo mismo habla de ella en Romanos 7 con lujo de detalle. Pero esa lucha de la que estamos hablando, si yo no me propongo cultivar mi relación con Dios, mi dependencia del Espíritu, está tan intensa que le quita calidad a mi intimidad con Dios. Por otro lado, si eso es una lucha que yo he venido ganando en dependencia del Espíritu, le aumenta calidad a mi relación con Dios.
Después que Pablo explica esa oposición entre uno y el otro, en el versículo 18 él trae a colación algo para relacionarlo a la enseñanza de los falsos maestros de Galacia, de las cuales les he estado hablando por semanas. Escucha lo que él dice en el versículo 18: "Pero si son guiados por el Espíritu." Eso pudo haberse traducido ahí: "Ya que son guiados por el Espíritu," porque todo creyente es guiado por el Espíritu. "Pero si son guiados por el Espíritu, no están bajo la ley."
En otras palabras, recuerden, los falsos maestros, los judaizantes, llegaron a las iglesias de Galacia, comenzaron a enseñar que todavía el pacto de la ley, la ley de Moisés, estaba vigente, que había que vivir conforme a la ley del judaísmo, y que eso era lo que te iba a dar salvación. Y Pablo está diciendo: "No, esperen, ustedes tienen que entender algo. Si ustedes son guiados por el Espíritu, eso implica que ustedes están ahora bajo otro pacto, están bajo el pacto de la gracia. Por tanto, no están bajo la ley."
Los falsos maestros estaban tratando de enseñar como que por voluntad propia, esfuerzo propio, tú podías seguir las obras de la ley y alcanzar salvación, o agregar calidad a tu salvación, que ellos habían entendido en primer lugar que era por gracia solamente, cuando Pablo estuvo allá. La realidad es que estos falsos maestros estaban tan perdidos, y toda la gente que está tratando de salvarse por obras de la ley están tan perdidos, tan ciegos, porque no entienden que aun nosotros, después de haber sido empoderados por el Espíritu y cuando Dios ha venido a vivir entre nosotros en la tercera persona de la Trinidad, todavía nosotros no pudiéramos cumplir con las obras de la ley, pero mucho menos antes de que el Espíritu venga a morar en nosotros.
Y por eso Pablo lo que está diciendo, ahora él conecta cómo esta enseñanza que le está trayendo acerca de esta lucha, lo conecta con el problema de enseñanza de los falsos maestros. "Pero si son guiados por el Espíritu, no están bajo la ley." Olvídate de eso. ¿Cómo van a poder cumplir con las obras de la ley si ni siquiera son cristianos? Ahora, si son cristianos, son guiados por el Espíritu. Si son guiados por el Espíritu, ya ese pacto no es el que los rige, están bajo el pacto de la gracia.
Tercera lección: las obras de la carne forman parte de la vida de todo ser humano, incluyendo creyentes en Cristo, y no cesarán hasta entrar en gloria. Por tanto, tenemos que librar la batalla continuamente y triunfar. No me dejaron aquí para librar la batalla y que yo me queme en el camino. Me dejaron aquí empoderado, iluminado, capacitado para que yo triunfe.
Entonces, esta expresión "pasiones carnales" o "obras de la carne" no se refiere a pecados extremos solamente. Yo creo que cada vez que nosotros oímos la palabra "pasión," de inmediato tenemos pecados extremos. Juan habla en su primera carta de la pasión de los ojos, la pasión del mundo, la pasión de la carne, y de inmediato también te piensas pecados extremos. No. Pasión de la carne es simplemente eso que la carne desea, que lo desea mucho. Esa es la pasión.
En esa lista de obras de la carne y pasiones de la carne, yo te la leo otra vez, el 19-21: "Las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejías, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes."
Lo increíble de esta lista, yo no sé qué tuviste increíble, pero lo increíble para mí de esta lista es que junto con la idolatría y toda la inmoralidad sexual que hay descrita, al lado le pusieron celos y pleitos y enemistades, enojos, envidias. O sea, ¿es lo mismo? Bueno, no es lo mismo, pero su común denominador es el mismo. ¿Cuál es? Que están originadas en la carne y que no están bajo el control del Espíritu. Por tanto, son obras de la carne, no son producidas por el Espíritu, no son parte del fruto del Espíritu.
De manera que es importante que los hijos de Dios podamos reconocer: nosotros estamos lidiando con una naturaleza pecadora que tiene deseos, que es opositora, y que es capaz, la misma naturaleza pecadora que es capaz de airarse ahora, es capaz de inmoralidad esta tarde.
Y Pablo recoge en el versículo 19 tres términos: inmoralidad, impureza, sensualidad. Y luego en el versículo 21 recoge una palabra más, todavía mucho más extrema, y habla de orgías, que yo creo que a este grupo no hay que explicarle. Para hablarnos en esencia que todas esas formas de sexualidad humana ilícita, no aprobada por Dios, son obras de la carne, opositoras de las obras del Espíritu, contrarias a Dios, contrarias a su voluntad. Es el uso de la sexualidad humana sin frenos. Y tuve una vez esa palabra: inmoralidad, impureza, sensualidad, orgías. Es el uso de la sexualidad humana sin freno.
Así vivía el mundo, así vivía el mundo antes de Cristo. Si Cristo no hubiese venido, así estaría el mundo todavía. Lamentablemente, las sociedades que fueron grandemente impactadas por los valores cristianos comenzaron a restringir y a legislar leyes nacionales para restringir todo ese sin freno de la sexualidad humana. Y hoy en día quiere regresar y está regresando rápidamente a cómo la sociedad era en la antigüedad. Por eso es que se le llama que nosotros estamos regresando a un neopaganismo. Incluyendo historiadores contemporáneos no cristianos han usado ese término de neopaganismo.
Y lamentablemente el cristiano quiere vivir sin freno y piensa que libertad es tú vivir sin que nadie coarte tus acciones, lo cual es una utopía. Porque la descripción de libertad en la Palabra, que la vimos ya hace dos domingos atrás y otra vez el domingo pasado, es otra cosa. Es la capacidad de vivir sin ser dominado por los deseos de la carne. Esa es la libertad cristiana. De esta es la única que la Palabra de Dios habla, y cuando Cristo vino a hacerme libre, de eso fue que me vino a hacer libre.
Dios espera que nos ocupemos entonces en nuestra santificación. Déjame leerte esto de esta manera: es preferible que nosotros santifiquemos nuestras emociones antes de que ellas nos sacrifiquen a nosotros. O nosotros santificamos nuestros deseos, emociones, sentimientos, o ellas nos sacrifican a nosotros en el altar del placer y de la pasión. Nosotros tenemos esa obligación. Nosotros tenemos emociones no santificadas, pero tenemos que hacer algo antes que ya tomen control y nos destruyan.
Y con eso no lo echamos solos, pero con la ayuda del Espíritu yo puedo conquistar eso. Pero no por la fuerza de la voluntad, sino en relación y dependencia del Espíritu de Dios.
En el próximo versículo, entonces Pablo los recoge: tres términos que están relacionados. Idolatría, hechicería y herejías. Los primeros términos que mencioné están relacionados a la sexualidad humana, obras de la carne. Estos están relacionados a la religiosidad o a la espiritualidad, ese es mejor término, a la espiritualidad humana, esos tres términos.
La idolatría, ustedes conocen lo que es: adoración de falsos dioses, que en la antigüedad y todavía continúa hoy, tenía su máxima representación en la adoración de estatuas hechas de diferentes materiales. He ahí la idolatría, eso es una obra de la carne. La hechicería es un poco distinta, pero está en ese mundo ocultista que trata de hacer una de dos cosas. Frecuentemente la gente visita a un brujo, llamamos nosotros, un médium, tratando de causar algún mal a alguna persona, lo que nuestra cultura llama mal de ojo, echarle un mal de ojo a alguien. Eso es parte de esa hechicería. Pero cuando no es eso, es ir tú adonde estas personas que supuestamente tienen poderes para controlar espíritus, espíritus que no son otra cosa que ángeles caídos, demonios, controlar espíritus que puedan ayudarte a ti, protegerte a ti, ya sea de otras personas o de otros espíritus. "Sí, eso es tanto que fulano me hizo un trabajo." Has oído eso, ¿verdad? Eso no es de ahora, eso viene de atrás. Esta es la hechicería, Pablo dice, obra de la carne.
Y las herejías, que básicamente son un poco más sofisticadas: gente que ha estado en la fe cristiana, conoció la verdad, después de conocer la verdad se salió del camino, formó su propio grupo, quizás su propia religión, torció la verdad del evangelio, y ahora quiere que la gente lo siga a él y no a Cristo. Estas son las herejías. De eso habla Juan en Primera de Juan 2:19, que esta gente, un grupo, no nos pone los nombres, no nos da los nombres, salieron de nosotros, pero no eran de nosotros. Y la manera como ellos pusieron en evidencia que no eran de nosotros es que si hubiesen sido de nosotros, hubiesen permanecido con nosotros. Obviamente eso no está diciendo que la gente que sale de una iglesia y se va a otra corresponde a ese grupo. Cuando está hablando de nosotros, está hablando de la iglesia de Cristo universal.
Pero a lo que más me llama la atención es que esas prácticas extrañas de herejías y hechicería, así como la inmoralidad y la sensualidad, esas cosas están en la misma lista con versículo 20: enemistades, pleitos, celos, enojos. ¿Te has enojado alguna vez? Rivalidades, disensiones. En el versículo 21: envidias, celos y envidia. Pablo dice, todo eso es de la misma funesta carga.
Ahora, estas últimas cosas que yo mencioné, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, eso lo genera una sola cosa en nosotros. Sí, yo sé que es la carne, pero ¿cuál característica de la carne? El orgullo, gracias. La humildad no pelea. La humildad raramente se enoja. La humildad no envidia, no desea lo que el otro tiene. La humildad no tiene celos de que si tú eres mi amigo, no eres mi amigo, de que si tú eres no sé qué cosa, de que tú quieres a fulano más que a fulano, nada de eso. Literalmente hablando.
Entonces, ellas están en la misma categoría porque no están bajo el control del Espíritu, no están generadas por el Espíritu, no están bajo el control del Espíritu, no las produjo el Espíritu, entonces están en la misma carga. La carne es mala. Sería bueno si le pudiéramos cocinar, a ver si le matamos todas esas impurezas, pero no se puede. La carne produce una cosa y el Espíritu produce otra cosa completamente contraria.
Déjame ver si te lo puedo ilustrar. Yo creo que he hablado de esto en alguna ocasión. En Gálatas 5:20, que es el texto de hoy, se menciona la ira como una obra de la carne, pero en Gálatas 5:23, la semana que viene, se nos menciona que el fruto del Espíritu, uno de ellos es mansedumbre. Entonces, la ira la produce la carne y la mansedumbre la produce el Espíritu, cosa totalmente opuesta.
En Gálatas 5:20, donde estamos hoy, se habla de división, disensiones, como una obra de la carne, pero en Efesios 4:23 se me dice que la unidad, que es contrario a la división, la produce el Espíritu. La carne produce división, el Espíritu produce unidad. ¿Te das cuenta que esto va? Vamos a llamarle individuos, con el perdón del Espíritu, simplemente para ilustración. Estos dos individuos, esos dos oponentes, están opuestos.
En Gálatas 5:20, texto de hoy, se habla de pleitos, pero luego en Gálatas 5:22, la semana que viene, me habla de paciencia como un fruto del Espíritu. Entonces, ¿sabes qué? Dios es tan paciente que no se pelea contigo; tú te peleas con Él. En Gálatas 5:20, donde estamos hoy, se habla de rivalidades, pero en 5:22 se habla de paz como un fruto del Espíritu. En 5:20 nos habla de inmoralidad, sensualidad, borracheras, orgías, todos esos son frutos de la carne, pero en 5:22 me hablan de algo que se llama dominio propio. El dominio propio no le da rienda suelta ni a la inmoralidad, ni a la sensualidad, ni a la borrachera, ni a las orgías. Esto es la carne, esto es el Espíritu.
Y ahora Pablo comienza a concluir. Dice: "Les advierto, como ya lo he dicho antes." Yo hablé de esto contigo en tu verde de Gálatas, que los que practican tales cosas no heredarán el Reino de Dios. En otras palabras, el que vive en la práctica de esos pecados ya está dando evidencia de que no califica como cristiano, y por tanto nunca va a heredar el Reino de los Cielos. Y si un cristiano se desliza en una de las prácticas de estas cosas, bueno pues espera que el mismo Espíritu, que él no obedeció un momento, el mismo Espíritu, debe ser capaz de tomarlo mañana o la semana que viene o el mes que viene, tomarlo y arrastrarlo otra vez al camino y decirle: "¿Para dónde vas? Eso no es propio del evangelio, eso no es compatible con el evangelio, no es compatible con mi morada." Así que, como dicen en inglés, "you shape up or ship out," o te arreglas o te vas. Eso es lo que Pablo está diciendo.
Entonces, como dije, Dios nos empoderó al principio. Por eso yo creo que es un buen mensaje para comenzar el año, porque alguien pudiera decir: "Pastor, ¿pero no tenía otro mensaje a principio de año?" Entonces, es el mejor mensaje para el principio del año. Esta es la fórmula para ganar la batalla en el 2022: tú andas por el Espíritu, no permites que la carne te domine. De manera que yo no puedo encontrar un mejor mensaje que este para iniciar.
¿Tú no quieres triunfar? Claro que tú quieres triunfar. ¿No quieres honrar el evangelio? Claro que tú quieres honrar el evangelio. ¿No quieres vivir empoderado por el Espíritu? Pues claro que tú quieres eso. ¿No quieres honrar a Dios? Yo estoy seguro que tú quieres honrar a Dios, pero frecuentemente no has podido.
Hermano, tú y yo tenemos que recordar que la batalla puede ser intensa, y lo es. Puede ser continua, y lo es. Puede ser intimidante, y lo es. El enemigo puede ser poderoso, y lo es. Puede estar detrás de ti. A veces yo como que casi lo oigo susurrarme al oído. Puede estar detrás de ti buscando devorarte, y él lo está. Y el enemigo puede ser implacable y juega sucio, y él es así. Pero ¿sabes qué? Eso va a continuar hasta un solo día, hasta el día que el León de la tribu de Judá ruja. Cuando Él ruja terminará, y ahí será el fin, el fin de la contienda, el fin de la lucha.
En el interín, Dios te dio su poder para vencer y no para caminar atemorizado. De manera que este es el final, pero tienes que entender que esa lucha, esa batalla, no se libra hablando alto y faltando el respeto y publicando cosas en las redes sociales para intimidar a otro. No es así como se hace la lucha. Se libra de tal o cual, ¿cómo? De rodillas. Tu lucha es de rodillas. Nuestras armas son poderosas en Cristo Jesús para destrucción de fortalezas, fortalezas en mí, fortalezas en el mundo.
De manera que cobra ánimo, que el León de la tribu de Judá ha vencido. Y Él va a rugir, y su victoria es tu victoria, y su reino es tu reino, y su herencia es tu herencia. De manera que tú y yo podemos caminar confiados en este mundo de que hay un futuro mejor, de que habrá un momento cuando el rugir será oído a lo largo de todo el universo, y las cosas terminarán.
Y que en el interín Él ha dicho, Él ha declarado ya, al final de este libro, al final de su revelación en el libro de Apocalipsis, esto es como Él comienza en este capítulo primero, diciendo que Él hizo de nosotros un reino, sacerdotes para Dios su Padre, y que a Él sea la gloria y el dominio por los siglos de los siglos, amén. Él viene con las nubes y todo ojo le verá, aun los que le traspasaron. ¿Oíste eso? Aun los que lo traspasaron lo van a ver. Y todas las tribus de la tierra harán lamentación por Él. Sí, amén. "Yo soy el Alfa y la Omega," dice el Señor Dios, "el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso." Y por tanto, más abajo me dice: "No temas, yo soy el primero y el último, y el que vive, y estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del Hades." Imagina.
Y al final, escucha lo que dice ya para cerrar toda la revelación: "El que testifica de estas cosas dice: 'Sí, vengo pronto.'" Amén. Ven, Señor Jesús. Maranata. Te esperamos. Estamos a la espera. Cuando quieras, acaba de rugir. Queremos oír tu rugir, oh Jesús. Tú has vencido. Solamente esperamos la manifestación de tu victoria.
Pero en el interior, tú y yo tenemos que vencer. Tú y yo tenemos que echar mano al poder del Espíritu. Tenemos que sofocar la carne. Vivir para su gloria. Vivir para honrar la salvación que nos ha dado. Que el 2022 sea simplemente el inicio de una gran victoria del pueblo de Dios para la honra de nuestro Señor Jesucristo.
¡Gracias! Gracias porque Tú nos has dejado en medio de una lucha, pero mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo. Mayor el que está dentro de nosotros que el que está fuera de nosotros.
Señor, gracias por empoderarnos, gracias por darnos la revelación de cómo es que esta lucha se da, entre quiénes, quiénes son los que combaten. Pero gracias por dejarnos oír que el que combate a favor nuestro no es otro que no seas Tú mismo. Gracias te damos porque Tú también abres los ojos, Tú también nos ayudas a debilitar la carne, Tú también nos ayudas a ver lo que de otra forma no veríamos.
Gracias por levantarnos cuando estamos débiles, gracias porque Tu gracia me es suficiente, gracias porque no importan los desiertos, las sequías, las dificultades, las inundaciones, los terremotos, las pandemias, las guerras, las hambrunas, las enfermedades, lo que pudiera venir al final del camino. Todo eso está bajo Tu control y Tú lo usas para Tu gloria. Nunca me dejes olvidar que cuando todas esas cosas me están pasando a mí, yo estoy siendo escrutinizado, yo estoy siendo entrenado, yo estoy siendo purificado, yo estoy siendo hecho a la imagen de Tu Hijo.
Gracias por nunca, nunca dejar de tallarme conforme a como Tu Hijo luce, porque llegará el momento en que yo seré como Él es y le veré como Él es. En Cristo, de Su pueblo decimos amén en bendición.
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