IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La cruz demanda toda mi vida y todo mi ser, cantamos los creyentes, pero si la verdad es conocida, vivimos midiendo hasta dónde vamos a dar de lo que somos y tenemos. Esta tensión entre lo que proclamamos y lo que vivimos revela que aún no comprendemos las implicaciones de la cruz.
La historia de la redención se entiende mejor cuando distinguimos entre el pacto de obras que Dios hizo con Adán y Eva —donde tenían un solo chance de fallar— y el pacto de gracia que vino después. Aquella primera pareja, sin naturaleza pecadora, fue incapaz de cumplir con la ley de Dios. Nosotros, con naturaleza caída, somos aún más incapaces. Por eso Pablo está asombrado con los gálatas: habiendo entendido la salvación por fe, ¿cómo podían regresar a las obras de la ley? Cristo cumplió perfectamente lo que nadie pudo cumplir. Su obediencia activa nos da los méritos para entrar al cielo; su obediencia pasiva en la cruz nos perdona de pecado. Él se hizo maldición —maldito todo el que cuelga de un madero— para que nosotros recibiéramos bendición.
La cruz pone de manifiesto la santidad de Dios que no negocia con el pecado, la justicia que prefirió clavar a su propio Hijo antes que pasar por alto nuestras transgresiones, y el amor inexplicable que entrega todo por el pecador. Cuando Cristo dijo "consumado es", firmó con sangre un mejor pacto que no depende de nuestra obediencia sino de la suya, un pacto que permite a gente de toda tribu y nación adorar juntos como un solo pueblo.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Nosotros creemos entender, pero cuando nos sumergimos en tu palabra y vemos todas sus implicaciones, salimos del otro lado, reconociendo que apenas entendemos la superficie de los hechos declarados. Y eso es todavía mucho más cierto cuando tiene que ver con la cruz. La mejor evidencia, oh Dios, de que no entendemos la cruz no es simplemente el hecho de que el dador de vida haya muerto en un madero. No es simplemente que el justo haya muerto en lugar del injusto. Es que no entendemos ni siquiera sus implicaciones para la vida diaria, porque como cantamos, y lo que cantamos nos acusa, porque cantamos que la cruz demanda toda mi vida y todo mi ser. Y si la verdad es conocida, vivimos midiendo hasta dónde vamos a dar de todo lo que somos y de todo lo que tenemos.
De manera que, Dios, nosotros componemos canciones y mensajes muchas veces muy por encima y mucho más profundo que nuestro diario vivir. Nosotros te pedimos, yo te pido en el nombre de Cristo, que tú tomes tu palabra y por medio de la llenura del Espíritu que tú puedas infundir aun en este momento, que tú puedas inspirar, llenar la boca del predicador de tu palabra inspirada, de tu palabra autoritativa, y que tú puedas hacer uso de tu Espíritu para remover escamas que aún permanecen en nuestros ojos del entendimiento, para que podamos entender, oh Dios, de una vez y para siempre el misterio de la cruz en términos de lo que implicó para tu Hijo y de lo que implica para el resto de nosotros los demás hijos. Sé tú ahora siendo Dios, habla que te queremos escuchar. En el nombre de Cristo, amén. Amén, podemos sentarnos.
Pueden tener ahí la palabra de Dios abierta en la epístola del apóstol Pablo a los Gálatas capítulo 3. Unos minutos más tarde vamos a estar leyendo. "Cuando Cristo fue hecho maldición para mi bendición" es el título de mi mensaje en esta mañana. Yo creo que esa frase, como decía ya más temprano, explica que ciertamente no acabamos de entender lo que allí pasó. Que el Creador haya muerto en lugar de la criatura, que el Dios tres veces santo haya sido hecho pecado aunque él no cometió pecado, que el dador de la vida, como dijimos en la oración, terminara perdiendo la suya para darle vida a aquellos que estaban muertos, que aquel que cumplió la ley terminara maldito como si no la hubiese cumplido, para que aquellos que nunca cumplieron la ley pudieran recibir salvación como si la hubieran cumplido. A la verdad es que nosotros necesitamos explorar los misterios de Dios y poder entender hasta donde la llenura del Espíritu nos permita cosas que cambiarían nuestra forma de vivir.
La historia de la redención es compleja, no hay duda de eso. ¿Cómo es que Dios crea ángeles, serafines, querubines, poderes, potestades, a sabiendas de que posteriormente se iban a revelar y lo permitió? ¿Cómo es que Dios teniendo todo el poder del universo a su disposición permite que Satanás siga haciendo estragos mientras él usa sus estragos para proclamar su gloria y redimir a los suyos? Es compleja. ¿Cómo es que Dios crea a Adán y Eva a sabiendas de que ellos se rebelarían contra él, y tanto lo sabía que él mismo revela que Cristo era, es el Cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo? Tenemos que admitir que la historia de la redención es compleja. Muchos han hecho múltiples preguntas acerca de estas cosas que yo acabo de mencionar, y respuestas han sido ofrecidas en ocasiones. Yo mismo he tenido que ofrecer algunas respuestas, pero al final del camino hay cosas que no acabamos de entender, y otras que habiéndolas entendido como que no acabamos de entender sus implicaciones, porque sus implicaciones debían manifestarse en nuestro caminar. De manera que yo oro, aún ahora mientras continúo hablando, para que Dios me ayude a recordar, ampliar, afirmar, confirmar, proclamar verdades que tú y yo necesitamos entender aún.
De inicio, quisiera decir que la historia de la redención pudiéramos dividirla en pactos, y esos pactos pudiéramos agruparlos bajo dos grandes sombrillas: un pacto de obras y un pacto de gracia, con subdivisiones. De acuerdo con la teología del pacto histórica, para diferenciarla un poco de la teología del pacto más contemporánea, la teología del pacto histórica entiende que Dios hizo, y así lo entendemos nosotros por razones contundentes, que Dios hizo un pacto de obras, un solo pacto con Adán y Eva, no otro. Y en ese pacto ellos leyeron que tenían un solo chance de fallar, no más: el día que peques morirás. Y cuando eso ocurrió, así murieron. No solamente murieron espiritualmente, sino que fueron expulsados de la presencia de Dios sin un segundo chance.
Y las consecuencias fueron tan desastrosas que estas no se limitaron simplemente a sus vidas, lo cual hubiese sido como justo, pero fue igualmente justo que toda la creación fue sometida a corrupción. Porque una primera pareja que recibió un pacto de obras con una sola oportunidad de fallar decidió darle una mordida a una fruta, y esa mordida llevó a toda la creación a la maldición. Eso nos da desde el inicio una idea de la santidad de Dios, de la irreverencia que implica transgredir su ley. Ese es el mundo en el que nosotros vivimos, y estas son las consecuencias que todavía nosotros cosechamos hoy y que reproducimos y multiplicamos hoy. Nuestros mejores representantes fallaron a la hora de cumplir un pacto de obras con Dios.
En lo adelante Dios volvería a pactar con el hombre, pero de una forma distinta. En esta ocasión Dios permitiría que el hombre fallara más de una vez bajo una sombrilla de gracia, bajo un pacto de gracia que tendría subdivisiones. De manera que una vez pasamos del pacto de obras de Dios con Adán y Eva, todo lo demás, todo lo que siguió fueron pactos o subdivisiones de un pacto de gracia o renovaciones de un pacto de gracia. A esa nueva disposición de parte de Dios de seguir en relación con los seres humanos, a pesar de múltiples caídas y pecados, es que llamamos precisamente pacto de gracia.
Hay un primer pacto en la historia bíblica hecho con Noé, y ese pacto termina con un símbolo de un arco iris donde Dios promete algunas cosas, pero ese pacto con Noé fue un pacto de gracia. De hecho, en Génesis 6:8 dice que Noé halló gracia ante los ojos de Dios, dejándonos ver claramente ese primer pacto de gracia. Subsecuentemente Dios hace un pacto con Abraham, y Dios le hace una promesa a Abraham de que tendría un hijo, pero le hace otra promesa más, y es que en él, en su simiente, en aquel que vendría en el futuro, serían benditas todas las naciones de la tierra, apuntando todavía a un pacto mayor, superior, bajo el cual estaría este pacto con Abraham y la nación hebrea.
Posteriormente Dios trae una renovación o una subdivisión de ese pacto de gracia vía Moisés. La ley mosaica no fue, nunca lo fue, nunca lo podría ser un pacto de obras. Es más, la ley de Moisés permitió una caída y otra caída y otra caída, y Dios intervino a través de sacrificios y de corderos ofrecidos para el perdón de pecados, precisamente porque en su gracia Dios estaba pasando por alto, cubriendo los pecados de aquella generación, hasta que en un futuro viniera su Hijo y derramara su sangre y perdonara sus pecados de una vez y para siempre. Los corderos no calmaron la conciencia del pecador, dice el autor de Hebreos.
Muchos creen, de hecho, cuando alguien que escuchó el mensaje anterior se acercó a mí en el camerino y me dijo que eso como que le abrió los ojos, porque uno siempre ha escuchado de las obras de la ley y queda con la idea de que ese fue un pacto de obras, pero hoy yo entendí la imposibilidad de que hubiese sido de esa manera. Cuando Dios levantó a Moisés como mediador de ese pacto, él dice a Moisés que vendría un tiempo cuando él levantaría un profeta de entre sus hermanos: "Y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mande", Deuteronomio 18:18, apuntando a Cristo otra vez. Habrá en tu simiente, Cristo, serán benditas todas las naciones. Moisés, tú vas a preceder a este otro profeta que vendría, en quien serán también benditas las naciones y a través de quien yo hablaré a mi pueblo, y ellos me escucharán.
Dios trajo otro pacto a través del rey David, en cuyo trono se sentaría el Rey eterno, el Rey de Gloria. Pero el pacto con Noé, el pacto con Abraham, el pacto con Moisés, el pacto con David, todos fueron pactos de gracia violados por aquellos con quienes Dios hizo el pacto, y Dios en su misericordia terminó perdonándolos a todos. Pero todos esos pactos colgaban del pacto de gracia, no de un pacto de gracia, sino el pacto de gracia que sería hecho por su Hijo, en su Hijo, en la cruz, a través de la cruz y la resurrección de la que cantamos. Y él vino y estableció ese pacto con el hombre.
Escucha lo que R.C. Sproul dice acerca de estos pactos que estamos hablando. Todo esto porque es vital que tú puedas entender estas cosas antes de entrar al texto de Gálatas, porque el poder no solamente entender mentalmente lo que Pablo está diciendo, sino poderlo entender de una manera que cambie tu vida, requiere este entendimiento. Escucha lo que R.C. Sproul dice acerca de estos pactos: "Técnicamente, desde una perspectiva, todos los pactos que Dios hace con las criaturas son de gracia, en el sentido en que él no está obligado a hacer promesas a sus criaturas. Él no estaba obligado a ni siquiera crear a Adán y Eva, pero los creó". Pero R.C. entendió que ese primer pacto fue de obras. "Pero la distinción entre el pacto de obras y la gracia llega a algo que es de vital importancia porque tiene que ver con el Evangelio. El pacto de gracia indica la promesa de Dios de salvarnos incluso cuando no cumplamos con las obligaciones impuestas en la creación. Esto se ve de forma más importante en la obra de Jesús como el nuevo Adán".
Un año y otra vez, el Nuevo Testamento hace la distinción y el contraste entre el fracaso y las calamidades causadas a la humanidad a través de la desobediencia de Adán original y los beneficios que fluyen a través de la obra de la obediencia de Jesús, que es el nuevo Adán. Aunque hay una clara distinción entre el nuevo Adán y el viejo Adán, el punto de continuidad entre ellos es que ambos fueron llamados a someterse a una perfecta obediencia a Dios. Se habla en ocasiones del pacto de Dios con Dios, donde Dios Padre le exige al Hijo un pacto de obras donde Él tendría que obrar y tenía un chance de fallar, nada más.
Cristo cumplió a la perfección las obras de la ley, lo cual nadie había podido hacer ni ha podido hacer hasta ahora. A este cumplimiento de las obras de la ley llamamos la obediencia activa de Jesús, donde Él activamente cumplió con todos y cada uno de los requisitos impuestos por la ley. Es esa obediencia activa de Cristo la que nos permite recibir sus méritos en nuestra cuenta, como si nosotros hubiéramos obedecido la ley, y son sus méritos los que nos permiten entrar al reino de los cielos.
Cuando Cristo fue a la cruz y murió sin quejarse y aceptando todo el peso de la ira de parte de Dios Padre, a eso llamamos la obediencia pasiva de Jesús. Y es su obediencia pasiva la que me perdona de pecado, pero es su obediencia activa la que me pasa de un estado neutral donde mis pecados han sido perdonados, a un estado donde yo tengo méritos para entrar, pero no los míos sino los de Cristo. ¿Está ahí? Vamos bien, se va entendiendo.
Adán y Eva, sin una naturaleza pecadora, fueron incapaces de cumplir con la ley de Dios. Y ahora nosotros, que sí tenemos una naturaleza pecadora, somos más incapaces de cumplir con la ley de Dios. Y esa es la razón por la que Pablo está chocado. Él no puede entender, él como que ha perdido momentáneamente, ha perdido como los estribos con los gálatas y está diciendo: "Gálatas, ¿cómo es posible? Yo estuve entre ustedes, les expliqué la salvación por fe, la necesidad, la incapacidad del hombre de cumplir con las obras de la ley, y ahora ustedes que entendieron eso, que recibieron eso, ahora me están diciendo otra vez que quieren volver a las obras de la ley, no reconociendo, no recordando la incapacidad que ustedes tienen y que todos hemos tenido desde Adán y Eva de poder cumplir con la ley de Dios."
Y es por eso que él está hablando. Escuchen, yo les quiero recordar cuando Cristo fue hecho maldición para mi bendición, que es el mensaje o el título del mensaje de esta mañana. Yo quiero que ahora puedas leer conmigo en Gálatas 3:10-14: "Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición." Tú quieres ir en esa dirección, quieres entrar en el pacto de la ley otra vez, te recuerdo que estás bajo maldición. "Porque escrito está: Maldito todo el que no permanece en todas —subraya la palabra todas— las cosas escritas en el libro de la ley para hacerlas. Y que nadie es justificado ante Dios por la ley es evidente, porque el justo vivirá por la fe. Sin embargo, la ley no es de fe, al contrario, el que las hace vivirá por ellas." Tú quieres tratar de hacer las obras de la ley, tú puedes vivir por ellas, ve, inténtalo otra vez. "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición" —está la primera parte del título de mi mensaje: cuando Cristo fue hecho maldición— "habiéndose hecho maldición por nosotros, porque escrito está: Maldito todo el que cuelga de un madero" —la segunda parte del título del mensaje— "a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los gentiles, a nosotros, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe."
Aquí hay dos grupos identificados. Un grupo que aparentemente, ya sea porque estaban confundidos o vencidos o seducidos o algo parecido, había llegado a creer que podían nuevamente intentar cumplir las obras de la ley, y Pablo les diría: "Bueno, pues están bajo maldición." Y otro grupo que había decidido buscar su salvación poniendo su fe en Cristo Jesús, que sí cumplió la ley y quien se hizo maldición para que yo pudiera recibir bendición.
Escucha el versículo 10 otra vez: "Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo el que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley para hacerlas." Eso que yo acabo de leer es una cita, es una cita del Pentateuco. Te la voy a leer en un momento, pero déjenme darte el contexto de la cita.
Cuarenta años después de ambular por el desierto llegamos al final de la travesía. Estamos frente al Jordán, Moisés no va a entrar, pero Dios instruye a Moisés que le hable al pueblo. Y el pueblo pasa uno, dos meses ahí y cruza el río. En ese tiempo se escribe el libro de Deuteronomio. Moisés entonces instruye al pueblo conforme a lo que Dios les había dicho. Moisés les dice: "Cuando crucen el río Jordán, esto es lo que necesitan hacer. Vamos a dividir las doce tribus: seis van a estar en el monte Gerizim y seis van a estar en el monte Ebal. Estas seis van a repetir las maldiciones que caerían sobre ustedes de no obedecer el pacto, y estas otras seis van luego entonces a repetir las bendiciones que vendrían sobre ustedes en caso de obedecerlo."
De manera que la idea era como esta: van a recitar de forma antifonal —no sé si es la palabra en español— pero es como "maldito" y "maldito". Tiene que leerlo porque está así mismo: maldito un versículo tras otro. Y luego entonces este otro grupo: "Y bendito esto, y bendito aquel, y bendecirá aquel, y bendecirá al otro."
En ese contexto nosotros nos encontramos con la cita de Gálatas 3:10 que leímos. Deuteronomio 27:26: "Maldito el que no confirme o guarde —dependiendo de su traducción— las palabras de esta ley para ponerlas por obra." Y entonces mientras estas tribus estaban supuestas a decir esto, escucha lo que dice ahora: "Y todo el pueblo dirá amén." Es como que el pueblo va a escuchar este último versículo que leí acerca de que maldito es todo aquel que no permanezca, que no obedezca las obras de la ley, y el pueblo dice: "Así sea, que sea exactamente de esa forma sobre nosotros."
Pablo conocía la ley, y Pablo sabía, llegó a entender, no solamente la ley, llegó a entender cómo es que la ley nos maldice. Pero la Palabra de Dios también declara la incapacidad que el hombre tiene para cumplir la ley, y no lo hace en el Nuevo Testamento simplemente, no, no, está revelado desde el Antiguo Testamento. No solamente en hechos donde los mejores fallaron, sino que lo declara en palabras, escucha.
1 Reyes 8:46: "Pues no hay hombre que no peque." No hay ni uno, ni siquiera uno. E Isaías 53:6: "Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino." Todos nosotros, ese es Antiguo Testamento. Romanos 3:10: "No hay justo, ni aun uno." Pero eso es una cita del Antiguo Testamento: no hay justo, ni aun uno. Romanos 3:23: "Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios."
Como eso es una imposibilidad, expresada en el versículo 10, Pablo ahora en el versículo 11 dice: "Y que nadie es justificado ante Dios por la ley es evidente." Es obvio, está claro, es como que eso no necesita demostración, no necesita ilustración, no necesita explicación. Es evidente que nadie es justificado por las obras de la ley. Ahí están los hechos y ahí están las declaraciones de la Palabra de Dios: no hay hombre que no peque, no hay justo ni siquiera uno, todos nosotros nos hemos desviado como ovejas.
Y entonces Pablo, ¿qué? ¿Cuál es la... cómo llegamos a obtener salvación? En el mismo versículo 11, porque no hemos salido de él, segunda parte: "Porque el justo vivirá por la fe." Y eso tampoco es Nuevo Testamento. Habacuc 2:4: "El justo por la fe vivirá." Abraham, Abraham, ¿qué hizo? Abraham creyó y le fue contado por justicia. No Abraham obró; Abraham creyó y le fue contado por justicia.
La salvación por fe pone su confianza en el Cristo que ya cumplió la ley. La salvación por obras pone su confianza en el hombre que intentará sin poder cumplir las obras de la ley. La ley condena a todo el mundo por igual, a todo el mundo que no la cumple.
Cristo cumplió la ley y aun así terminó condenado. No porque Dios es injusto, no porque no la cumplió, sino porque cuando Él decidió cumplirla, Él decidió cumplirla para luego ir y morir en sustitución de aquellos que no pudieron cumplirla. Para que cuando el tiempo llegara, Dios pudiera tomar su obediencia perfecta y los méritos que a Él le correspondían y pudiera atribuirles a los redimidos la obediencia perfecta de Cristo junto con todos sus méritos. Y Él tomó sobre sus hombros la maldición que debió haber caído sobre ti y sobre mí.
Escucha cómo eso está descrito en el versículo 13 otra vez, que ya lo leímos: "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros, porque escrito está: Maldito todo el que cuelga de un madero."
Cuando Él hizo eso, Él puso de manifiesto la santidad de Dios y puso de manifiesto la pecaminosidad del hombre. Puso de manifiesto la santidad de Dios, porque fue precisamente el Dios Santo, de acuerdo a Romanos 3:23-26, el que clavó a su Hijo en la cruz, porque había pasado por alto los pecados de los hombres y alguien tenía que pagar por aquello que había sido violentado. Porque en el reino de los cielos, el que la hace la paga. O la paga Cristo en la cruz, o la paga el pecador en el infierno, pero su santidad no quedará sin ser reivindicada.
La cruz también puso de manifiesto la pecaminosidad del hombre, porque es mi pecaminosidad lo que hace que Cristo en la cruz sea tratado brutalmente. Si Él iba a morir en mi sustitución, porque eso era precisamente lo que a mí me correspondía. Es la cruz la que a mí me ayuda a entender la gravedad de mi pecado. Cuando yo veo el castigo que le fue impuesto a un hombre justo, que fue lacerado, azotado, escupido, golpeado, desnudado, colgado y traspasado.
Y luego yo digo: "Es ahora lo que yo merecía". Entonces comienzo a entender: "Wow, ciertamente mi pecado es horrendo". ¿Mis peores pecados? No, el menor de mis pecados, el más pequeño de mis pecados hubiese llevado a Cristo a la cruz de igual manera. Sin la cruz nunca apreciaría la gravedad de mi transgresión contra la ley y la santidad de Dios. Por eso es que el predicador que deja fuera la cruz no tiene temor de Dios, él es irreverente ante Dios. Y además el predicador que deja fuera la cruz deja en condenación al pecador, porque sin cruz no hay satisfacción del corazón de Dios. Sin cruz no hay satisfacción del corazón de Dios. Sin cruz no hay evangelio. Y sin evangelio no hay salvación. Y sin salvación, solo me quedo en la condenación.
De manera que meditar, reflexionar —me tocó hacerlo otra vez esta semana— en las implicaciones de la cruz me ha ido llevando poco a poco, cada vez más, a un grado mayor de agradecimiento por la persona de Cristo y por la obra de redención a través de Él en la cruz y resurrección. Esa es la razón por la que el apóstol Pablo escribe a los corintios en su segunda carta, capítulo 5, en el versículo 14. Si me permiten, yo les diré que el amor de Cristo me constriñe, no me deja con otra solución, me apremia —dependiendo de la traducción que tú tengas—, habiendo estado convencido de esto: que uno murió por todos y que por tanto todos murieron. Y luego más abajo, en el versículo 15, dice: "Para que ahora aquellos que viven" —esos somos tú y yo— "ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos". Eso es lo que la cruz demanda: toda mi vida y todo mi ser. Pablo lo entendió, así vivió y así lo proclamó. Entender la cruz debiera llevarme a una gratitud hacia Dios enorme y eterna, sin reservas y sin condiciones.
Cuando medimos nuestros esfuerzos para ver hasta dónde nosotros llegamos, yo no creo que hemos llegado a apreciar la cruz. Si Jesús derramó sangre, tú puedes derramar sudor. Si Jesús sangró, tú puedes sudar. Literalmente hablando, cada vez que alguien me dice: "Pastor, mira, es que esto es muy difícil, esto es todo trabajo", yo con frecuencia, yo creo que hay dos ideas que vienen a mi mente. Número uno: yo creo que tú sirves a un Salvador equivocado. Y número dos: le estás hablando a la persona equivocada. Mira la cruz. Mira la cruz.
La cruz de Cristo fue necesaria porque la paga del pecado es muerte, y como Cristo estuvo dispuesto a pagar por mi pecado, Él merecía la muerte. La cruz de Cristo pone de manifiesto la justicia de Dios. Seguro tú has dicho o has escuchado en ocasiones decir: "Dios no es justo". ¿En serio? Tú no has visto la cruz. Daniel, échale un vistazo a la cruz otra vez para que tú veas cuán justo es Dios.
Dios era tan justo que Él prefirió... Cuando su Hijo, cuando el Padre y el Hijo hablaron —esto es una conversación que yo estoy creando obviamente—, pero cuando el Padre y el Hijo hablaron y se pusieron de acuerdo, esto es más o menos lo que debió como haberse entendido: "¿Sabes qué? Si Tú quieres ir a ocupar el lugar del pecador, Tú sabes lo que tiene que ocurrir. Tiene que ocurrir exactamente lo que ocurrió en la cruz, porque mi justicia es tal que yo no puedo perdonar a un pecador. Yo prefiero clavarte a Ti, Hijo, de la forma más brutal posible en una cruz, antes que pasar por alto, voltear la cara, hacerme el ignorante de los pecados de los hombres y enviarlos a la gloria. Eso es una imposibilidad". Si tú quieres ver si Dios es justo, la cruz muestra su justicia.
Lo increíble de la cruz es que Dios ahí mismo no solamente muestra que Él es justo, sino que Dios muestra que Él es misericordioso. Porque de la misma manera, a través del mismo acto que Él muestra que es justo, Dios es también el que justifica al pecador. ¡Wow! Dios mata a su Hijo para darnos vida a nosotros. Cuando mata a su Hijo muestra cuán justo Él es, y cuando nos da vida nos muestra cuán misericordioso es.
La muerte de Cristo fue necesaria para traer a un grupo de personas de la muerte a la vida, conquistando el pecado y la tumba. Cuando Cristo murió, perdón, a día de la cruz, Él dejó ver que Dios odia el pecado. Lo odia tanto que prefirió clavar a su Hijo. Y no solamente mostró eso, sino que al mismo tiempo mostró que Él ama al pecador a quien Él ha elegido y por quien Él dio a su Hijo en ese madero.
El pacto que Dios hizo con Adán y Eva fue quebrantado; todos nosotros lo sabemos. El pacto que hizo con Noé, con Moisés, con Abraham, con David, todos y cada uno de ellos fueron quebrantados. Y sin embargo, Noé, Abraham, Moisés, David recibieron salvación. Recibieron salvación porque estaban todos ellos bajo una gran sombrilla de un pacto de gracia: que el Mesías vendría a firmar de una vez y para siempre, de tal forma que por esa acción de Dios ellos pudieran ser salvos.
De hecho, la mayoría de los teólogos entienden, y lo vemos de esa misma forma, que aun Adán y Eva recibieron salvación, tipificado por esta cobertura con pieles que Dios trajo sobre ellos, como dejándonos ver implícitamente que para tener estas pieles disponibles Él mató un animal. Ahí hubo derramamiento de sangre, y por ese derramamiento de sangre hubo perdón de pecados para ellos, apuntando al derramamiento de sangre del Mesías que firmaría un pacto de gracia debajo del cual estarían todos los demás.
Cada uno de nosotros sabe que es culpable. Cada uno de nosotros sabemos que somos culpables porque nuestra conciencia no nos deja pasar por alto nuestra culpabilidad. De hecho, aun personas que han sido consideradas como antisociales y que han llegado a cometer crímenes no pudieron dormir tranquilos todas las noches. Su conciencia no los dejaba. Todos nosotros sabemos que somos culpables. Todos nosotros sabemos que merecemos condenación, y todos nosotros hemos experimentado la angustia de la culpa en algún momento. Lo que nosotros no tenemos tan claro es cuán grande es nuestra culpa. No lo tenemos tan claro porque no entendemos tan claramente tampoco lo horrendo de la cruz.
La muerte de Cristo fue injusta y cruel para Él; injusta y cruel para Él, justa y merecida para nosotros. ¿Por qué? Él murió en sustitución del pecador, y Dios hizo que su Hijo pagara por eso.
Que Dios se encarnara y viniera en forma de hombre era inconcebible para la mente hebrea, inconcebible. Ellos no estaban esperando un Mesías que fuera Dios. El que Dios muriera era inaceptable para la mente judía. El que el Mesías Dios muriera maldito en un madero no solamente era inaceptable, era repugnante para la mente hebrea, y lo sigue siendo hoy.
De hecho, yo creo que el mismo Satanás, que no es omnisciente, que tiene una sabiduría finita en la eternidad pasada, yo no creo que él se percató de que Dios podía concebir un plan de redención para rescatar a la raza humana que pudiera dar resultados, precisamente conociendo él mismo en su propia existencia la incapacidad para cumplir la ley de Dios a menos que te mantengas en dependencia de ese Dios y bajo su señorío. Yo no creo que Satanás tuvo —digo, estoy convencido— que no tuvo la sabiduría que Dios tuvo, y por tanto no podía como entender cómo Dios puede concebir un plan que pudiera permitirme revelar, hacer mis malas acciones, y que eventualmente Él use mis mismas malas acciones, incluyendo la crucifixión de su Hijo, para llevar a cabo la redención.
Yo creo que esa sabiduría escapaba a Satanás, y esa es la razón por la que yo creo que Pablo escribió a los corintios en su primera carta, capítulo 2, versículos 6 al 8, y dice: "Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez, pero una sabiduría no de este siglo, ni de los gobernantes de este siglo que van desapareciendo, sino que hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que desde antes de los siglos Dios predestinó para nuestra gloria". ¿Qué Pablo está diciendo? Yo estoy tratando de desenrollar esta sabiduría de Dios anterior a la creación que, en el tiempo cuando se llevaría a cabo, iba a resultar en qué cosa, ¿qué está? Yo te lo acabo de leer: para nuestra gloria. "Esta sabiduría que ninguno de los gobernantes de este siglo ha entendido, porque si la hubieran entendido, no habrían crucificado al Señor de gloria".
La cruz, el diseño de la cruz —no de la crucifixión en el sentido humano, que era el método preferible de pena capital de los romanos—, no, el diseño de la cruz en términos de los logros alcanzados es algo que yo creo que escapó a la sabiduría de todas las criaturas. Y Dios ha estado mostrando dicha sabiduría.
La cruz puso de manifiesto esa sabiduría infinita de Dios, y por tanto inconcebible para la mente humana. La cruz puso de manifiesto la justicia de Dios, perfectamente santa, que no negocia con el pecado y que se atrevió hasta a clavar a su Hijo para no hacerlo. La cruz puso de manifiesto la ley de Dios finalmente satisfecha por Cristo, en Cristo, dejándonos ver, como ya mencioné, que ciertamente el que la hace la paga. Y como Cristo murió en lugar de aquellos que la hemos hecho, Él la pagó. La cruz puso de manifiesto la compasión de Dios que lo mueve a buscar al pecador, lo mueve a Él a buscar al pecador, y después de encontrarlo lo sigue moviendo continuamente para garantizar que no nos quedemos en el camino, sino que entremos en gloria.
La cruz de Cristo pone de manifiesto el amor de Dios: el amor inexplicable, inagotable, invariable, interminable, incondicional, leal y eterno. La cruz pone de manifiesto ese grado de amor. A mí me gusta decírtelo otra vez: inexplicable, inagotable, invariable, interminable, incondicional, leal y eterno. "Con amor eterno te he amado, y he sido fiel desde la antigüedad".
Es la cruz que pone de manifiesto la gracia de Dios, que pacta con el hombre y luego tiene que salir a pagar el pacto que Él hizo con el hombre porque el hombre no lo cumplió. Es como que tú contraigas una deuda, le prestes un dinero enorme a alguien, y luego tú salgas a trabajar arduamente para hacer el dinero que le prestaste porque tú decidiste que aquel hombre no te lo podía pagar, y tú lo decidiste pagarlo. Y decidiste pagarlo para que él no cayera preso. Imagínate algo como eso.
Pero es peor, porque quizás tú no lo sabías, pero yo lo sabía. La humanidad que Dios pactó con el hombre, Él sabía de antemano que el hombre no cumpliría y que su Hijo pagaría cuando él no cumpliera. De hecho eso se ve, no tengo tiempo, y quizás en el próximo mensaje cuando Dios pacta con Abraham y confirma el pacto y le manda a partir estas aves en dos mitades. Es hora como se firmaban los pactos antes: tú cortabas un pacto y los que estaban dentro del pacto pasaban en medio de las dos mitades. Cuando Dios hizo eso con Abraham, Dios pasó representado por una columna de humo. Abraham debió haber pasado, pero no pasó, porque Dios sabía que Él iba a tener que pagar por Abraham en la simiente de Abraham.
Escucha lo que el apóstol Pablo escribe en Primera de Corintios 1:30: "Pero por obra suya están ustedes en Cristo Jesús, el cual se hizo..." O sea, Cristo se hizo para nosotros sabiduría de Dios. La sabiduría de Dios que consiguió esto, bueno, Él vino a ejemplificar, a vivir, a mostrar sabiduría de Dios y justificación y santificación y redención. Él es tu justificación, Él es tu santificación, Él es tu redención, y Cristo se hizo todo eso por nosotros.
Yo creo que no te debes sorprender cuando Pablo escribe a los corintios y les dice: "Entonces por eso, cuando yo vine a ustedes, yo vine a predicarles a Cristo y a este crucificado." ¿Por qué, Pablo? Porque Él es tu justificación y Él es tu redención y Él es tu santificación. Por eso yo vine a predicarte a Cristo crucificado, o a Cristo y a este crucificado. Por eso es que Pablo está alarmado con los gálatas. Es para los gálatas: "Yo estuve allá, yo les expliqué esto, la salvación por fe, los requerimientos, la imposibilidad de cumplir la ley, la necesidad de que ustedes creyeran en Cristo Jesús, el nuevo Adán, y ahora están tratando otra vez de regresar a la obra de la ley. ¿Quién fue que los hechizó?" Como vimos la semana pasada.
Escucha otra vez el versículo 13: "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros, porque está escrito: Maldito todo el que cuelga de un madero." Si nosotros predicamos dejando la cruz fuera, deshonramos al Hijo y ofendemos al Padre. Deshonramos al Hijo y ofendemos al Padre.
Cuando Cristo fue y se colgó en ese madero, ya había cumplido la ley. Le quedaba simplemente cumplir con lo que tenía que hacer en la misión, en la cruz. Y cuando ya estaba a punto de expirar, de morir, Él dice ¿qué cosa? Tetelestai. Tetelestai: consumado es. Todo ha sido hecho. Ya no hay más que pueda agregar, no hay obras.
Todavía en el día de hoy dijimos billones de personas están contando con hacer obras, no importa si son de la ley o no de la ley, con hacer obras pensando que esas obras pueden agregar algo a su salvación. Cuando Cristo dijo "consumado es," hecho está, todo ha terminado. No le puedes agregar nada a mi sacrificio suficiente en la cruz. Hay una sola cosa que tú puedes hacer, una sola cosa, y es que confíes en lo que te estoy revelando: que mi sacrificio es sustitutivo en tu lugar, y mi sacrificio al mismo tiempo es quien expía, es expiatorio, es quien perdona, o es lo que perdona tu pecado.
Tetelestai. Es una sola palabra en el griego. Alguien dijo que esa es la palabra más grande que el hombre más grande haya pronunciado en el día más grande. La palabra más grande que el hombre más grande haya pronunciado en el día más grande. Desde la caída de Adán, en ningún lugar del planeta se ha pronunciado una palabra de tanto peso.
Charles Spurgeon, el predicador del siglo XIX, decía que esa sola palabra es un océano de significado en una gota del lenguaje. Es una sola palabra y un océano de contenido. Y eventualmente él agregó: "Esta sola palabra necesitaría todas las otras palabras que hayan sido pronunciadas alguna vez o que se puedan pronunciar para explicarla." Es completamente inconmensurable, no se puede medir. Es alto, no puedo alcanzarlo. Es profundo, no puedo entenderlo. ¿Cómo yo puedo entender? Y cuando Cristo terminó, ya todo estaba hecho.
Es una palabra que no fue Cristo quien la acuñó. Cristo la tomó prestada, por así decirlo, del lenguaje de diario. Es una palabra que había sido usada por esclavos y siervos cuando recibían una misión de parte de sus amos. Cuando la terminaban y se sentían como seguros de que el amo no les iba a castigar por algo, ellos iban donde su amo: "Tetelestai." Está hecho, lo puedes inspeccionar si tú quieres.
Es una palabra que fue usada por artistas. Cuando estaban contentos con algo que estaban pintando, estaban haciendo, y lo revisaban, y ya no había más nada que hacer, no había que continuar trabajando a eso que estaban haciendo, ellos decían: "Tetelestai." Ellos miraban su obra. Es como Leonardo da Vinci que pintó unas manos mil veces hasta que estuvo satisfecho, de manera que cuando él iba por la vez número 900, él no podía decir tetelestai, no estaba satisfecho. Cuando terminó, no estoy diciendo que él pronunció la palabra, pero pudo haber dicho: "Ahora sí, tetelestai."
Desde la cruz, para poder ilustrar lo que estoy diciendo, yo creo que Cristo contempló el tapiz que Dios estaba entretejiendo. Y ahí desde la cruz contemplando el tapiz, Él vio a través del túnel del tiempo y vio en ese Génesis 3:15 la simiente de la mujer, la simiente de Eva apuntando a Él: le aplastaría la cabeza a Satanás. "Estoy muy a punto de hacer eso cuando yo muera aquí en este madero, los poderes de las tinieblas."
Desde la cruz Él contempló el tapiz de la historia y vio a Abraham que estuvo a punto de sacrificar a su hijo, a Dios deteniendo el cuchillo diciendo: "No, no, no, no, eso es lo que yo voy a hacer con mi Hijo en el tiempo." Y "en tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra."
Yo creo que en la cruz Cristo pudo haber contemplado y haber dicho cuando vio a Noé, la palabra Noé significaba reposo: "Yo soy el reposo al que apuntaba Noé. El arca de Noé, no, yo soy el arca a la que apuntaba Noé." Porque a través de la historia de Noé lo que tú ves es Dios revelando que Él trae salvación a través de juicio: la salvación de ocho personas a través del juicio universal sobre la tierra. De esa misma manera, en la cruz, Él estaba revelando que Él trae salvación a través de juicio. El juicio en la cruz es lo que trae salvación para nosotros. Él es la verdadera arca.
Desde la cruz, Cristo pudo contemplar a Moisés, que no pudo entrar a la tierra prometida, y pudo contemplar la ley de Moisés y decir: "Hoy yo estoy terminando de cumplir la ley de Moisés, y aquí con estos clavos la voy a dejar clavada en este madero de manera que jamás acuse al pecador que viene a mí arrepentido." Colosenses 2:14-15. Allí colgaba el descendiente de David, que cumplió el pacto que David no cumplió y que se sentaría en su trono.
A ese tapiz es que me estaba refiriendo cuando simbólicamente decía: es como el artista que contemplaba su obra y decía tetelestai. Los sacerdotes usaban la palabra cuando inspeccionaban el cordero y lo encontraban de un año de edad, sin manchas, sin defecto, decían: "Tetelestai, está perfecto, aquí está, lo puedes sacrificar." Cristo está ahí como el cordero perfecto siendo inmolado.
Tetelestai era usado por los comerciantes cuando habían contraído un préstamo, una deuda con alguien, y quedaba un pagaré todavía, el último pagaré. ¿Te acuerdas de la frase "voy y pagaré"? Bueno, es el último pagaré: tetelestai. Se cerró la cuenta. Había una cuenta que había quedado abierta. Cristo va, cumple la ley, paga la cuenta, terminamos con la deuda: tetelestai. Con su muerte pago, redimidos los elegidos de Dios. En la cruz Cristo no nos hizo redimibles, nos hizo redimidos.
Cuando Cristo dijo tetelestai, le estaba poniendo fin a algo y estaba dando comienzo a algo. Él puso fin a los sacrificios del Antiguo Testamento. ¿Tú recuerdas el sacrificio del Antiguo Testamento? El sacerdote tenía que ofrecer uno en la mañana y uno en la noche, y después todos los sacrificios que vinieran en el camino traídos por pecadores que venían a arrepentirse, el Antiguo Testamento de Dios, todos los días y a todas las horas. Y esto tenía que quedar tan claro que el sacrificio no podía calmar y perdonar los pecados de aquellos que venían, simplemente podía cubrirlos. Fue tanto así que el sacerdote no se podía sentar en todo el día, aunque no tuviera nadie allí para sacrificar, porque esto era continuo.
Pero cuando Cristo vino y se ofreció, escucha el autor de Hebreos en 1:3 lo que dice: "Puede llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas." Porque por un sacrificio Él hizo perfectos para siempre a aquellos que son santificados. Una sola ofrenda, no más.
En la cruz Cristo cumplió todas las profecías que se referían a Él y su primera venida, y allí quedaron cumplidas. Cuando Él dijo tetelestai, en ese momento Él desarmó los poderes de las tinieblas, Colosenses 2:14-15. De manera que tetelestai simbolizó el fin de toda una larga era y el inicio de una nueva era hasta la eternidad. Y ese día Cristo firmó con sangre un mejor pacto con mejores promesas, un pacto eterno, a través de un mejor mediador.
Escucha: un pacto que no dependía de mi obediencia, sino de la suya. Un pacto que nos entregó una ley no escrita en un documento, sino en nuestros corazones, como había sido profetizado a través de Jeremías. Un pacto que nos permitiría una vez y por siempre obedecer, no por miedo a las consecuencias o por obligación, sino por amor a Dios. Un pacto que no fue dado a una sola nación, la nación hebrea, como los pactos anteriores, sino un pacto que permitiría que gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación pudiera juntarse y adorar a nuestro Dios como un solo pueblo.
Un mejor pacto con un mejor mediador. Y esa es la razón, escucha gente, a todo pueblo, tribu, lengua y nación. ¿Dónde tuve parte de eso en el texto de hoy? Míralo aquí, el versículo 14: "A fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham" —una sola nación, la nación hebrea— "viniera a los gentiles", pueblo, tribu y nación, "para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe". Tanto ellos como nosotros, la promesa del Espíritu mediante la fe. La salvación siempre ha sido por fe, por medio del Espíritu que lo regenera, y por confianza y creencia en el Dios que nos redime a ti y a mí.
Y esa es la razón, entonces, cuando tú comienzas a entender todas estas cosas, por la que tú debieras recordar, y la palabra debiera retumbar en tu mente: "Tetelestai", consumado es. "Tetelestai", consumado es. "Tetelestai", consumado es. Hecho está. Tú puedas recordarte a ti mismo y recordarle a tu enemigo cuando te acusa, escúchame: todo ha sido hecho, todo ha sido concluido. La ley ya no me puede condenar porque Cristo me ha redimido, me ha salvado, me ha garantizado, tiene un lugar preparado para mí. Y ahora yo quiero obedecerle, no porque yo tengo una obligación, no porque yo quiero salvación. Yo quiero obedecerle porque yo le amo, y porque Él ha hecho posible no solamente que le ame, sino que yo pueda estar agradecido, que yo pueda entender y celebrar y proclamar por el resto de la eternidad que Cristo es Señor y Redentor de todos aquellos que hemos llegado a la presencia de nuestro Dios.
¡Padre, gracias! ¡Gracias en Cristo! ¡Gracias por Cristo! ¡Gracias por tu increíble intercambio donde Él me dio lo que yo no merecía para hacer posible lo que yo no podía! ¡Gracias porque tomó mi pecado y me dio su rectitud! ¡Gracias porque se hizo maldición para que yo recibiera bendición! ¡Gracias porque murió como un maldito para que yo viva como un bendito!
¡Gracias, gracias, gracias por un intercambio que ninguno de los hombres de este siglo, de esta era, de este lado de la gloria, es más, ninguno de los ángeles caídos, es más, de los ángeles no caídos, pudo haber concebido! Algo como lo que Tú, en tu sabiduría eterna, concebiste para salvar a los hombres y salvar tu creación. Todavía no lo entendemos, pero gracias por dejarnos ver en buen dominicano un cachito de tu sabiduría, y aun ese destello de tu sabiduría nos asombra, nos humilla, nos honra, nos bendice y debiera movernos. Gracias por tu precioso, glorioso intercambio. En Cristo Jesús, amén, amén.
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