Integridad y Sabiduria
Sermones

Cuando tu ministerio es cuestionado

Miguel Núñez 26 julio, 2021

Cuando tu ministerio es cuestionado, cuando la autoridad con la que proclamas la verdad es puesta en duda, ¿cómo debes responder? El apóstol Pablo enfrentó precisamente esa situación con los gálatas, quienes no solo habían abandonado el evangelio de la gracia para abrazar un mensaje distorsionado, sino que también cuestionaban quién era Pablo para corregirlos. Su respuesta revela principios transformadores para todo creyente.

Pablo dejó claro que desde su conversión, agradar a Cristo se convirtió en su única ambición. Si hubiera buscado el favor de los hombres, no podría llamarse siervo de Cristo. El evangelio que predicaba no tenía origen humano: no lo recibió de hombre ni fue enseñado por los apóstoles que le precedieron, sino por revelación directa de Jesucristo. Por eso se apartó tres años en Arabia antes de consultar con Pedro y los demás, no por rebeldía, sino porque Dios mismo quiso enseñarle y prepararlo.

Lo más notable es el cambio radical en su lenguaje y en su vida. Antes, todo era "yo perseguía, yo aventajaba, yo me orgullecía". Después del encuentro con Cristo, el pronombre cambia: "Dios me apartó, él me llamó, él reveló a su hijo en mí". El pastor Núñez señala que la forma en que hablamos revela para quién vivimos. La transformación de Pablo fue tan evidente que quienes lo conocían glorificaban a Dios por causa de él. La pregunta para cada creyente es directa: ¿glorifican otros a Dios cuando observan el cambio que él ha producido en nosotros?

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Nosotros hemos cantado dos realidades: una es que tú eres la roca inconmovible, y la otra es que tú eres santo. En tiempos como los que estamos viviendo, cuando los fundamentos están siendo removidos, el salmista preguntaba qué puede hacer el justo, y la respuesta sería vivir en santidad. Señor, nosotros necesitamos despertar a la realidad. Vivimos en medio de un mundo convulsionado que no te conoce, lejos de ti, que se aparta cada vez más de ti. Y aunque los fundamentos están siendo sacudidos, tú eres la roca en quien nosotros permanecemos firmes.

Porque este es un mundo que nos bombardea cada día más con aquellas cosas que son contrarias a tus valores, que no son santas, que no te representan, que de hecho son cosas que muchas veces tú abominas conforme a lo revelado en tu Palabra. Nosotros te pedimos que tú, que eres santo, nos ayudes a vivir en santidad; que tú, que eres santo, nos señales dónde no estamos caminando de la manera como tú nos mandas, como tú mereces, como nuestra salvación requiere. Pero al mismo tiempo, gracias por la firmeza en la roca que tú nos has dado.

Pedimos ahora que tú nos permitas abrir tu Palabra y que dicha Palabra sirva una vez más para revelarte a ti, direccionar nuestras vidas, corregir nuestros desvíos, limpiar nuestros ojos para una mejor visión, afianzarnos, darnos luz en la oscuridad. Gracias por todo lo que tu Palabra es para con nosotros. Sé con tu siervo y ayúdalo. En Cristo Jesús. Amén.

Bendiciones y felicidades a cada uno de ustedes. Padres que están aquí, a quienes no había visto, no había tenido la oportunidad de saludar. Ha sido un buen tiempo de estar en adoración a nuestro Dios.

Para ustedes que nos siguieron la semana pasada, y para los que no nos siguieron también, comenzamos una nueva serie sobre la epístola del apóstol Pablo a los Gálatas. Una carta dirigida a ellos en un momento dado en que la gracia que ya habían conocido de parte de Dios, por medio de Pablo y a través del Evangelio, había comenzado a ser tergiversada, había comenzado a ser negociada, por así decirlo. Y Pablo reacciona entonces de una forma sorpresiva ante cómo ellos, en muy poco tiempo, habían abandonado el Evangelio para abrazar otro mensaje que no era ningún otro evangelio. Y cómo ellos, habiendo conocido la gracia de Cristo, habían ahora llegado a pensar, a creer, que para verdaderamente alcanzar salvación tú necesitabas abrazar también la ley de Moisés.

Y es por eso que Pablo reacciona. En el uno seis les dice: "Yo estoy sorprendido, yo estoy horrorizado de lo que he visto que está pasando entre ustedes". "¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién los ha engañado? ¿Cómo es que habiendo comenzado por el Espíritu, ustedes ahora están queriendo seguir por las obras de la ley?"

En este contexto hablamos también de cómo es posible encontrar aplicación para nosotros. Dijimos cómo es posible, o vimos cómo era posible, en un momento dado creer la verdad, abrazar la verdad, proclamar la verdad, vivir la verdad, y posteriormente negar lo mismo que habías llegado a creer. Mencionamos de qué maneras Satanás es capaz de vender sus mentiras apelando a nuestras emociones y sentimientos, al egocentrismo, y de qué forma entonces él nos vende sueños irrealizables y se sienta a ver cómo nosotros cosechamos consecuencias inevitables.

Pablo entonces reacciona a todo esto. Pablo está consciente de que es posible en un momento dado estar cerca del Señor, alejarte del Señor, y quizás tú evalúas tu vida y dices: "Bueno, quizás cometí un error o quizás pequé, pero no me está yendo tan mal. Tengo un trabajo, tengo unas relaciones, me siento relativamente bien porque estoy viviendo mis sueños". Y esta es la manera como yo concluyo juzgando mi valoración de la vida, conforme a como yo la consibo.

Pero cuando tú llegas a comprender algo que los gálatas tenían que entender, y es que la mayor bendición que tú puedes tener es la presencia manifiesta de Dios, la guía del Señor, el endoso de Dios, de esa misma manera, la mayor de las consecuencias que alguien pudiera sufrir es alejarse de Dios, sentirse cómodo en la lejanía de su Dios, llegar a estar contento sin la presencia manifiesta de ese Dios. Dios nos dio a su Hijo, y perder su bendición, su luz, la posibilidad de discernir su voz, es quizás peor que cualquier otra consecuencia que pudiéramos vivir. Los gálatas no conocían esa realidad.

Y Pablo ahora va a continuar su exposición. Yo quiero leer contigo desde el versículo 10, que comenzamos a exponer la semana anterior y que es el eslabón que conecta el texto anterior con el que sigue ahora. Vamos a leer hasta el final, hasta el versículo 24. Esta es la Palabra de Dios:

"¿Por qué busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo. Pues quiero que sepan, hermanos, que el evangelio que fue anunciado por mí no es según hombre, pues ni lo recibí de hombre ni me fue enseñado, sino que lo recibí por medio de una revelación de Jesucristo. Porque ustedes han oído acerca de mi antigua manera de vivir en el judaísmo, de cómo en gran medida perseguía yo a la iglesia de Dios y trataba de destruirla. Yo aventajaba en el judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, mostrando mucho más celo por la tradición de mis antepasados. Pero cuando Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar a su Hijo en mí para que yo lo anunciara entre los gentiles, no consulté enseguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo, sino que fui a Arabia y regresé otra vez a Damasco. Entonces, tres años después, subí a Jerusalén para conocer a Pedro y estuve con él quince días. Pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo, el hermano del Señor. En lo que les escribo, les aseguro delante de Dios que no miento. Después fui a las regiones de Siria y Cilicia, pero todavía no era conocido en persona a las iglesias de Judea que eran en Cristo. Ellos solo oían decir que el que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en un tiempo quería destruir. Y glorificaban a Dios por causa de mí."

Yo acabo de leer una mini, mini, mini biografía de Pablo, o autobiografía, por lo menos de sus inicios. Esta carta de Gálatas pudiéramos dividirla en tres secciones. La sección uno es una sección autobiográfica de parte de Pablo. Por eso leímos este texto y leímos lo que leímos acerca del capítulo 1 y 2; es autobiográfico casi en su totalidad. La segunda parte, segunda sección, es una sección teológica, capítulos 3 y 4, donde Pablo habla acerca de la doctrina de la justificación por la fe y cómo es imposible agradar a Dios por medio de las obras de la ley. La sección número tres, capítulos 5 y 6, es una sección ética, vamos a llamarle, de conducta, de ortopraxis, de la aplicación de la teología. Y por eso es en esa parte que Pablo nos habla del conflicto entre los deseos del Espíritu y los deseos de la carne, y el fruto del Espíritu, y el dominio propio, y cómo eso nos ayuda en el día a día en la batalla que estamos librando.

Esta porción todavía corresponde a esa primera parte que dijimos es autobiográfica. La mayoría de los académicos está de acuerdo que esto representa una defensa del ministerio de Pablo, una autodefensa. De hecho, yo he titulado este mensaje: "Cuando tu ministerio es cuestionado". Cuando tu ministerio es cuestionado, ¿cómo tú respondes? ¿Qué tú haces? ¿Qué tú piensas? ¿Qué tú dices?

Pablo está horrorizado, está corrigiendo a estos hermanos, pero al mismo tiempo, estos hermanos aparentemente estaban refutando lo que Pablo estaba diciendo. Estaban cuestionando la autoridad por la cual él se atrevía a corregirlos, y quién lo establecía a él como superior a ellos.

Entonces lo que yo quiero hacer en esta ocasión es revisar otra vez el texto que leímos y ver qué enseñanzas nosotros pudiéramos obtener, tanto de la vida de Pablo como para nuestras vidas, viendo la manera como él reaccionó y vivió.

Y la enseñanza número uno es que puedas ver que agradar a Cristo pasó a ser la ambición número uno del apóstol Pablo a lo largo de toda su vida, desde el momento en que él nació de nuevo. Y por aplicación, así debiera ser con nosotros. Versículo 10: "¿Por qué busco ahora el favor de los hombres o el de Dios?"

Pablo está haciendo dos preguntas retóricas. Hermanos, yo estoy confrontándolos con la realidad de que ustedes han comprometido el Evangelio. Pero quiero que ustedes entiendan que cuando yo dije, unos versículos atrás, que si alguno comprometía el Evangelio, distorsionaba el Evangelio, que fuera maldito, que fuera anatema, yo estoy consciente de que eso no me gana amigos. Pero al fin de cuentas, ¿estoy yo tratando de agradar a los hombres o tratando de agradar a Dios? De hecho, quiero que también puedan entender que si yo o tú todavía estamos tratando de agradar al otro, yo no pudiera llamarme siervo de Cristo. De manera que yo estoy consciente de la realidad que acabo de proclamar o escribir.

La única intención de Pablo era proclamar la verdad. Si eso ofendía a algunos y le ganaba algunas enemistades, él no lo iba a celebrar, no iba a estar contento, pero él lo podía entender. Él quiere entonces que yo aprenda que necesito vivir de una manera similar, porque muchas veces nosotros callamos la verdad, disfrazamos la verdad, decimos media verdad, coloreamos la verdad con la intención de ganarnos quizás la aprobación del otro, la aprobación del hombre. Y en ese caso estoy dejando ver que en realidad yo no sirvo a Cristo, sino que o me sirvo a mí mismo o sirvo a otros. Cristo no nos dejó en este mundo para ganar el favor de los hombres, sino para ser testigos de la verdad.

Yo creo que no hubo nadie que ejemplificara eso mejor que el apóstol Pablo. No hay forma de que tú puedas ser un testigo de la verdad sin que te ganes en algún momento cierto rechazo y que tú sientas la desaprobación de los hombres. Pero Pablo había perdido esa necesidad, la necesidad de sentirte aprobado. Pablo había perdido el temor de no encajar con la generación de tus días y, en cambio, había ganado un tremendo temor reverente por agradar a Cristo en todo momento y en todo lo que hiciera, ya sea por vida o por muerte, como él le dijo a los filipenses.

Yo creo que este versículo bien entendido nos deja mucho que pensar en términos de por qué hacemos las cosas, cómo hacemos las cosas, cómo debiéramos hacer las cosas, a quién estamos agradando, qué estamos persiguiendo. Y yo creo que debiéramos hacernos una pregunta: ¿estoy yo ahora tratando de agradar a los hombres —y en ese grupo me incluyo a mí mismo— o tratando de agradar a Cristo?

Señal número dos: la autoridad y las enseñanzas de Pablo tuvieron origen en Dios, y así debiera ser con cada maestro de la Palabra de Dios, con una diferencia, y es que Pablo recibió la enseñanza de parte de Cristo de manera personal. Nosotros recibimos la enseñanza también de parte de Cristo, de Dios, pero por medio de Su Palabra.

Escucha cómo Pablo revela esto, lo del origen de su autoridad y el origen de su enseñanza, versículo once: "Porque quiero que sepan, hermanos..." Pablo comienza como a suavizar un poco el lenguaje; ya no es "gálatas insensatos", ahora es "hermanos". "Quiero que sepan, hermanos, que el evangelio que fue anunciado por mí no es según el hombre". Ahora mismo él no está hablando de cómo él lo recibió; él está diciendo: lo que yo recibí no es según el hombre. "Pues ni lo recibí de hombre ni me fue enseñado, sino que lo recibí por medio de una revelación de Jesucristo".

Pablo encuentra un punto de contacto: "hermanos" o "mis compatriotas". Algunos quizás eran cristianos confundidos, otros no lo eran, pero él está llamándolos hermanos en el sentido nacional: somos judíos. Pablo había estado con ellos hacía poco tiempo; él había enseñado el mensaje de salvación, hermano, de gracia en Cristo Jesús. Y ahora él está tratando de enfatizar que ese mensaje que él les entregó no se originó en la mente del hombre. En otras palabras, lo que nosotros decimos creer, lo que nosotros seguimos, lo que abrazamos, proclamamos, eso no fue algo que el hombre ideó. Y él está tratando de separar el cristianismo de todas las demás religiones: esto es algo que no es según el hombre; en otras palabras, esto es algo que se origina en Dios.

Todas las demás religiones han sido concebidas por el hombre como un aparente camino de acercarte a Dios y encontrar salvación. El cristianismo no lo idea el hombre, no lo piensa el hombre; es algo que Dios revela al hombre. Dios sale a buscar a ese hombre, sabe que el hombre está perdido, le busca un camino, le envía un camino, se lo encarna en la persona de Su Hijo, le llama a Su Hijo el Camino, le da la verdad porque fue la mentira la que le echó a perder, le llama a Su Hijo la Verdad, y le llama a Su Hijo la Vida porque en Él es donde la encontramos. El mensaje del evangelio no es según el hombre: primera parte de lo que Pablo está tratando de comunicar.

Segundo, con relación a ese mensaje: yo no lo recibí de hombre, a mí no me lo enseñaron, a mí no me discipularon, sino que lo recibí por medio de una revelación de Jesucristo. Recuerda cómo dijimos el domingo anterior que Pablo iba camino a Damasco persiguiendo a la iglesia, no estaba buscando de Dios, y de repente, súbitamente, el Señor le hace una aparición. "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón". "¿Quién eres, Señor?" Y en ese encuentro, de alguna forma Cristo se reveló a él, le da salvación. Pablo queda ciego, alguien lo lleva a esta casa. El Señor mismo le dio instrucciones: "Levántate, continúa, y ve, ve camino a Damasco, continúa, y ve a esta casa en la calle que se llama Derecha, espera ahí". Ananías va tres días después, se encuentra con él, ora por él, le impone las manos, las escamas caen de sus ojos, Pablo recobra la vista.

Y en esta experiencia, Pablo recibió el llamado de parte de Cristo para convertirse en apóstol designado para la defensa del evangelio. Literalmente no está en el texto, pero está en otro texto donde Pablo dice: "Yo fui designado para la defensa del evangelio". Y con eso Pablo establece número uno: el origen de su salvación, el origen de su llamado, el origen de la autoridad que le acompañó a su llamado. De tal forma que pudieran ellos ver, y nosotros también, que los apóstoles anteriores fueron seleccionados por Cristo, y Pablo también; fueron directamente enseñados por Cristo, y Pablo también; recibieron el evangelio de los labios de Cristo, y Pablo también; fueron equipados, discipulados, formados, transformados directamente por Cristo, y Pablo también. En otras palabras, no de forma orgullosa, pero sí de forma narrativa, declarativa: el Señor por Su gracia me puso en el mismo nivel de aquellos que fueron apóstoles primero que yo. Y eso a Pablo le dio seguridad para poder proclamar el evangelio y poder decir, de la forma como lo hizo todo el tiempo, con coraje, con valor, sin timidez: el evangelio que yo proclamo es el evangelio de Cristo Jesús, y si lo corrompes, seas anatema.

Enseñanza número tres: la manera de vivir del apóstol Pablo antes de conocer a Cristo fue —subraya esta palabra— radicalmente diferente a como él vivió después de su encuentro con el Señor. Y yo creo que esta es una pregunta que debemos hacernos. Déjame leer primero lo que el texto dice para luego regresar a la pregunta que debemos hacernos.

Versículo trece y catorce: "Porque ustedes han oído acerca de mi antigua manera de vivir en el judaísmo, de cómo desmedidamente perseguía yo a la iglesia de Dios y trataba de destruirla. Yo aventajaba en el judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, mostrando mucho más celo por las tradiciones de mis antepasados".

Dos cosas acerca de mi manera antigua. Ahí me gusta cómo Pablo dice: no "mi manera anterior", mi manera antigua; es como "mi manera obsoleta", lo que se quedó atrás de vivir. Y no hacía mucho, relativamente hablando, que él había dejado esa vida atrás; le llamó "antigua". "Cómo yo de manera desmedida perseguía a la iglesia, porque yo me consideraba más judío que cualquier judío, fariseo de fariseos, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos, intachable en cuanto a la ley". Pero ahora mi vida es radicalmente diferente porque la vida anterior es ahora antigua.

¿Te notaste cómo Pablo describe su anterior manera de vivir? Porque es importante para el punto de la enseñanza en el día de hoy. Escucha, no sé si notaste el pronombre: "mi antigua manera de vivir", "yo perseguía a la iglesia", "yo trataba de destruirla", "yo aventajaba en el judaísmo a muchos". ¿Notaste el pronombre? ¿Notaste el énfasis?

Yo quiero sugerir en el día de hoy, y a manera de aplicación, que nos preguntemos: cuando nosotros conversamos acerca de nuestra vida, ¿cuál es el lugar que el pronombre, que el primer pronombre, ocupa en nuestras conversaciones? "Yo no creo", "yo entiendo", "yo necesito", "yo no hago eso", "yo no soy así". El hombre o la mujer piadosa que avanza en la vida cristiana trata cada vez más de que el primer pronombre aparezca menos en sus conversaciones, y tiende a hablar más en términos bíblicos, en términos de valores, en términos de convicciones bíblicas, en términos de lo que la Palabra dice, en términos de lo que la verdad nos manda a hacer. Y cada vez menos tiende a hablar en términos personales.

Por eso debiéramos tratar de imitar al apóstol Pablo, porque si hay algo que está a reducir en sus cartas es que estas frases —lo que yo pienso, lo que yo creo, lo que yo siento, lo que yo aspiro, lo que yo sueño, lo que yo espero, lo que quiero, lo que no quiero, lo que merezco, lo que no merezco— perdieron todo su valor. Es como si Pablo hubiese sustituido todas esas frases por una sola: lo que glorifique a Dios. Otra forma de decirlo es: lo que sea la voluntad de Dios, lo que Dios quiera.

Y esta es la manera como el cristiano debiera hablar: en vez de "mi opinión", solo Dios decide. Hasta que no aprendamos a vivir de esa manera, no hablaremos de esa manera. Hasta que no aprendamos a pensar de esa manera, no hablaremos de esa manera y no viviremos de esa manera. De forma que yo necesito comenzar a pensar de otra forma.

Yo comentaba que este viernes pasado uno de los nuestros, Gabriel Terrerías, estaba dando un taller para todo el equipo ministerial, y yo estaba ahí como parte del equipo, obviamente. Y en un momento dado él decía que todas nuestras insatisfacciones en la vida —cosa que ha sido estudiada, observada— pero él incluso decía: "Viendo mi propia vida, yo entiendo que es así". Toda la insatisfacción de la vida tiene que ver, en su enorme mayoría, con mi grado de egocentrismo, de cómo yo estoy evaluando las experiencias que estoy viviendo.

En un momento dado, yo le decía a mi madre: "Mira, yo no había podido ponerlo en esas palabras porque nunca lo había pensado de esa forma, pero ciertamente, tan pronto lo dijiste, como que me hizo clic". Porque la única forma de nosotros ver esas cosas de manera diferente es viendo la vida entera —mi vida, mi circunstancia, mi existencia— a través del lente de la cruz. Pablo cambió radicalmente: "Yo era de una manera, yo me enorgullecía de mis logros, pero ya no soy de esa forma".

Enseñanza número cuatro: el lenguaje de Pablo cambió desde que recibió la salvación, y el "yo" desaparece de su vida, por así decirlo. El lenguaje de Pablo cambió; no solamente cambió radicalmente su estilo de vida, su lenguaje cambió. Escucha el pronombre en los próximos versículos cuando él describe qué le pasó, en el versículo dieciséis al diecisiete: "Pero cuando Dios" —es el pronombre ahora— "que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar a su Hijo en mí para que yo lo anunciara entre los gentiles, no consulté enseguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo, sino que fui a Arabia y regresé otra vez a Damasco".

Nota el cambio. Esto es como estas frases suenan: "Pero cuando Dios..." Algunas frases donde tú puedes percibir el pronombre: Él me apartó desde el vientre de mi madre, Él me llamó por su gracia, Él reveló a su Hijo en mí. De repente el "yo" desaparece y "Él" toma preponderancia. Cómo yo hablo revela para quién estoy viviendo y cómo estoy viviendo. Me hago eso otra vez: cómo yo hablo revela para quién estoy viviendo y cómo estoy viviendo.

Y ahora, en el versículo quince, Pablo habla de que Dios lo llamó desde el vientre de su madre. En realidad, eso es una forma de decirlo; Dios lo llamó desde la eternidad pasada, pero es una forma de expresarlo. Es como Jeremías también se refiere a su llamado en el libro que lleva su nombre, en el capítulo uno, versículo cinco. Dice, Dios hablando acerca de Jeremías: "Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí" —no desde el vientre, antes del vientre—, "antes que nacieras te consagré, te puse por profeta a las naciones". De manera que "yo te concebí en la eternidad pasada, pensé para qué te usaría, pensé de qué manera y qué iba a hacer, y antes de que entraras en el vientre yo te confeccioné". Por así decirlo, te entregué en el vientre de tu madre y ya tenías tu llamado y tenías tu propósito.

Lo mismo con Pablo. Pablo fue elegido, fue llamado, fue interceptado, fue ordenado y fue guiado. ¿Notaste? Fue, fue, fue, todo eso de manera pasiva: yo fui, yo recibí, Él me dijo, Él me reveló —no "yo hice". Y en esa mínima biografía, entonces, que Pablo está tratando de hacer, él nos deja ver que Dios le dejó ver cuando lo llamó el propósito de su vida que él no había estado viviendo. Y le dejó ver, dentro de la vida cristiana, específicamente para qué: "Te puse donde te puse y te di lo que te di para que yo lo anunciara, a Cristo, entre los gentiles".

Dios no nos salva simplemente para librarnos del infierno. Hermano, eso es importante, pero no nos salva para eso, porque desde cuando Él te salva a la llegada al infierno hay mucho tiempo. De manera que Dios te llama con un propósito, con un propósito que Él concibió en la eternidad pasada. En la eternidad pasada Él me concibió con un propósito y me concibió para traerme en una generación, en un momento dado, en medio de una familia particular, en medio de una nación en particular, con las relaciones que Él traería a mi lado. Y me colocó incluso en el cuerpo de Cristo que Él pensó que yo debía estar, porque Él tiene y tenía un propósito para conmigo.

En el caso de Pablo, Él reveló, Cristo se reveló a él y le dijo: "Por lo tanto, tú serás el apóstol primario a los gentiles, a los no judíos". Como Pablo se llamó: "Yo fui elegido como apóstol de la incircuncisión, de la misma manera que Pedro fue elegido como apóstol de la circuncisión".

Tú necesitas, es importante que tú conozcas el propósito de Dios para con tu vida. Pero sea lo que sea que Dios te vaya a revelar o te haya revelado, tienes que entender —o te adelanto, yo no sé si te será mala noticia, pero yo creo que es buena noticia— que el propósito de Dios para con tu vida no tiene nada que ver contigo, ni con cómo tú concibes la vida, ni cómo tú concibes la felicidad, o cómo concibes la satisfacción, o cómo concibes el éxito, o cómo tú concibes que las cosas debieran ser. No tiene nada que ver con eso. El propósito de Dios para contigo tiene única y exclusivamente que ver con la voluntad de Dios, que entiende el porqué, el para qué, el cómo, el cuándo, el dónde y hasta dónde se supone que tu vida debe llegar, porque Él te concibió con un propósito en particular.

De manera que, una vez Pablo recibió su salvación, no solamente comenzó a vivir de manera radicalmente diferente, sino que su vocabulario cambió, la dirección de su vida cambió. La pregunta es: ¿qué tan radical es mi vida anterior y posterior a Cristo? En ocasiones alguien, muchos han dicho: "Bueno, pastor, mira, en realidad yo siempre fui un muchacho como bueno, una muchacha buena, como de mi casa". Sí, yo entiendo, como de buenos valores, lo entiendo. Todavía, si Dios viene a morar en tu interior, yo entendería que esa vida de ahí en adelante tiene que ser radicalmente diferente al muchacho o muchacha bueno, moral, de valores. Y eso comienza con propósito de vida.

Enseñanza número cinco: notemos la prioridad del apóstol Pablo para consultar con Dios antes de consultar a los hombres, y nosotros deberíamos hacer la misma cosa. Te voy a leer los versículos ahora, pero recordando a Spurgeon. Spurgeon decía que en la mañana él prefería ver la cara de Dios antes de ver el rostro de cualquier hombre; como que antes de él salir a encontrarse con otros hermanos, él hablaba con Dios.

Pablo tiene un encuentro con Cristo y nota lo que él dice en el versículo diecisiete: "No consulté enseguida con carne y sangre". O sea, yo no dije: "Ups, la iglesia comenzó, ya tiene dos o tres años, hay unos líderes, déjame hablar con ellos a ver qué fue lo que me pasó, a entender". No. Él dice: "Yo no consulté enseguida". La palabra "enseguida" está ahí a propósito, porque no fue que no consultó; no consulté enseguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles. O sea, él estaba al tanto de que había apóstoles y líderes que le precedieron, "a los que eran apóstoles antes que yo, sino que yo me fui a Arabia y regresé otra vez a Damasco".

Pablo estaba enfatizando, por un lado, que él no recibió el satisfacción de parte del hombre, que él no fue discipulado por ningún hombre. Él estaba enfatizando que no fue discipulado incluso por aquellos que eran apóstoles antes que él. Él se fue a Arabia. Algunos han postulado que Arabia correspondía al monte, al área del monte Sinaí, pero yo creo que la mayoría de los académicos contemporáneos están de acuerdo que más probablemente correspondía al reino nabateo, que es un área en lo que es Jordania hoy en día. De hecho, alguien me comentaba esta mañana, al final del servicio, algo relacionado con el área, que hay un área allí conocida como Petra, que se piensa que ahí fue donde Pablo estuvo.

Pero Pablo es claro, no solamente en dejar ver que él no fue discipulado por otro apóstol u otro ser humano, sino que él se fue a Arabia. ¿A qué? A que Cristo le revelara lo que le reveló, a ser enseñado por Cristo, de manera que yo fuera enseñado igual que los demás apóstoles.

Enseñanza número seis: cuando Pablo hace eso y se va a Arabia, él no estaba siendo un rebelde que no quiso consultar con carne y sangre. Él no lo hizo enseguida. Tampoco fue un héroe solitario ni fue alguien que no rindiera cuentas. No, no, no, porque eso no continuó así. Versículos dieciocho y diecinueve: "Entonces, tres años después, subí a Jerusalén para conocer a Pedro, y estuve con él quince días. Pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo, el hermano del Señor".

No es que Pablo no estaba dispuesto a consultar o a rendir cuentas; es que hay un orden de las cosas que Dios dispone, y Dios quería enseñar a Pablo, preparar a Pablo, discipular a Pablo. Y cuando todo eso fue hecho, entonces: "Pablo, vete a Jerusalén otra vez". Tres años después, tres años apartado. Los apóstoles anteriores tuvieron un ministerio con Cristo como de tres años; Pablo tuvo un ministerio con Cristo, por así decirlo, un tiempo como de tres años.

Y fue a hablar con Pedro. Tenía sentido, porque Pedro es quien predica el primer sermón apostólico donde tres mil personas se convirtieron. Yo creo que Pablo ahora, como un apóstol —vamos a llamarle novato, por así decirlo—, comenzando, como que él probablemente quería hablar: "Pedro, dime de Pentecostés, las lenguas de fuego, ese estruendo que bajó, ¿cómo fue esa experiencia? Háblame de las tres mil personas que nacieron de nuevo. ¿Qué fue lo que predicaste? ¿Qué fue lo que dijiste?" Yo no estuve ahí, pero imagino yo. Con Pedro, es mucho lo que tú puedes hablar. Es más, Pedro, tú predicaste el segundo sermón apostólico, el segundo sermón apostólico a toda la iglesia en Hechos 4, y los pecadores que estaban ahí dijeron: "Entonces, ¿qué debemos hacer?", porque se sintieron compungidos. "Cuéntame, Pedro, ¿qué fue lo que le dijiste? ¿Qué fue lo que...?"

Pedro fue la persona que dio sus ojos junto con Juan cuando Felipe, que estaba en Samaria, van realizando y aparentemente Samaria estaba ahora abrazando la causa cristiana. Pedro bajó con Juan y, estando ahí en Samaria, el Señor le probó, por así decirlo, a Pedro: "Sabes qué, Pedro, este movimiento se está expandiendo, pero ya no es de judíos solamente". Y el mismo don de lenguas que él vio en Pentecostés, cuando al grupo samaritano impuso las manos, descendió sobre los samaritanos. Es como que los samaritanos tuvieron su mini Pentecostés.

¿Cómo? Y Pedro fue la misma persona que dio su sello para abrir, le van a abrir la puerta de salvación a los gentiles, cuando él tiene una visión y va a donde Cornelio, lo visita. Y resulta que el mismo don que Pedro vio que bajó sobre los judíos y que bajó sobre los samaritanos, bajó también sobre los gentiles ese día. De manera que dio su sello, la misma señal, para decirle a Pedro: "Pedro, estamos juntando estos pueblos en un solo pueblo".

Yo creo que Pablo quería escuchar de esas cosas, y Pablo quería conocer los detalles de estas cosas que estaban pasando. Habiendo recibido el apostolado para los gentiles, seguro quería conversar con Pedro. Como más adelante vamos a ver, incluso Pedro y Jacobo le dieron el apoyo para que él fuera tal apóstol.

De manera que él estuvo dispuesto a consultar, a rendir cuentas. Y ahí hay una enseñanza para nosotros: nosotros tenemos que estar dispuestos también a consultar, a rendir cuentas, a reconocer los líderes que Dios le ha dado a su pueblo, consultar con ellos, recibir su apoyo, su endoso. Yo decía esta mañana que aunque yo soy como el pastor titular, yo no soy la cabeza de toda la iglesia. Sé que la cabeza de la iglesia, aparte de ser Cristo, es el cuerpo pastoral. De manera que yo necesito rendir cuentas también, yo necesito estar en sumisión también.

Y Pedro, perdón, Pablo muestra algo de esto. De hecho, Pablo salió en cada uno de sus viajes misioneros de la iglesia de Antioquía y regresa a la iglesia de Antioquía a dar un reporte. ¿Por qué? Porque él no es un llanero solitario. Él no puede funcionar separado de la institución, la iglesia, el cuerpo de Cristo que Dios ha establecido, porque no se supone que funcione de esa manera. Y de funcionar así, él no iba a terminar bien. De manera que Pablo no estaba haciendo un rebelde cuando dice "yo me fui a Arabia, no consulté enseguida". No enseguida, la palabra clave.

Enseñanza número 7: en todo momento Pablo estuvo dispuesto a llamar a Dios como su testigo, como una forma de endosar la veracidad de lo que él estaba diciendo. Yo creo que es una enseñanza para nosotros. Si somos veraces, nosotros habríamos de estar dispuestos en todo momento. No va a decirse "lo juro en nombre de Dios", porque ese no es el llamado del Nuevo Testamento, pero sí "Dios es mi testigo", "a Dios que me juzgue". Dios es el testigo universal de todo cuanto yo hago, cuanto yo digo, cuanto yo pienso, cuál ha sido mi motivación. De manera que yo pudiera decir: ahí está Dios, Dios es mi testigo.

Escucha cómo Pablo lo dice, versículo 20: "En lo que les escribo, les aseguro delante de Dios que no miento". O sea, yo les estoy hablando de lo que es el evangelio, de que la gracia, la salvación es por gracia. Yo les estoy hablando de que no recibí el evangelio de parte de hombre, de que yo lo recibí de parte de Dios. Pero sabes qué, yo quiero que ustedes entiendan que lo que estoy diciendo, yo les garantizo que lo digo delante de Dios, que sea Dios quien me juzgue.

Y tú ves ese patrón en las cartas de Pablo. Romanos 1:9: "Dios es mi testigo". 2 Corintios 1:23: "Pero yo invoco a Dios como testigo sobre mi alma". ¡Wow! 2 Corintios 2:17: "Hablamos en Cristo delante de Dios". 2 Corintios 12:19: "Es delante de Dios que hemos estado hablando en Cristo". La misma carta: "Hablamos de parte de Dios y delante de Dios". Todavía mucho más categórico: yo estoy hablando de parte de Dios y estoy hablando delante de Dios. Yo sé que ese testigo universal, y si estás en la verdad, estás diciendo la verdad, has de estar siempre dispuesto a llamar a Dios como testigo de lo que estás diciendo, afirmando o negando.

Hay solamente dos tipos de personas que pueden hablar de esta manera que Pablo habló. Una es cuando tú tienes un temor reverente de Dios y lo reconoces como el testigo, dices es un universal, y estás en la verdad. Eres un hombre piadoso o una mujer piadosa. Si estás en la verdad, yo digo "Dios es mi testigo, Dios que me juzgue", que es el temor de Dios. Y el otro grupo son personas que no tienen temor de Dios, y no teniendo temor de Dios, se atreven a hablar y a invocar a Dios como testigo a pesar de que están en el error o en la mentira.

Gálatas 1:20: "En lo que les escribo, les aseguro delante de Dios que no miento".

Enseñanza número 8: antes de Dios darte a conocer delante de los hombres, tienes que estar dispuesto a pasar como desconocido delante de los hombres. Antes de Dios darte a conocer delante de los hombres, debes estar dispuesto a pasar como desconocido delante de los hombres.

Versículos 21 y 22: "Después fui a las regiones de Siria y Cilicia, pero todavía no era conocido en persona en las iglesias de Judea que eran en Cristo". Judea era la provincia sur de Israel. Israel tenía tres o cuatro provincias. Estaba Judea en el sur. Carlos dice ahí abajo en Judea, donde está Jerusalén, no me conocían. Estaba en el anonimato.

Así le pasó a Moisés: 40 años siendo un don nadie en el desierto, trabajando para el suegro con ovejas, para luego pasar 40 años en el mismo desierto siendo un don alguien. Pero hay un tiempo donde eres un desconocido.

Le pasó a Juan el Bautista. Cuando él apareció, ¿quién era? Nada, una voz que clamaba en el desierto. Una voz que clamaba en el desierto, ¿qué era? Tampoco cosa, que él dice: "Bueno, mira, yo estoy proclamando a otro, y cuando él venga yo tengo que menguar para que él crezca". Juan creció una iglesia para dejársela a otro pastor, y fue siervo de Cristo.

El primer año de Cristo es un año donde él era desconocido. Mateo no habla de su primer año. Marcos no habla de su primer año. Lucas no habla de su primer año. Solamente Juan habla del primer año de Cristo. Los primeros cuatro capítulos de Juan tienen que ver con el primer año donde estaba allá abajo en Judea, en el sur, cuando limpió el templo, cuando convirtió el agua en vino. Y finalmente, al final de ese año, se encuentra con la mujer samaritana. Y cuando él se encuentra con la mujer samaritana iba de camino a Galilea, y es ahí donde Mateo, Marcos y Lucas recogen el pasado o la vida de Cristo a su regreso. Cristo pasó un año de desconocimiento también.

Pablo dice: "Yo me fui a las regiones de Siria y Cilicia, pero en Judea no me conocían". ¿Qué era lo que conocían de Pablo entonces la iglesia? Escucha, versículo 23: "Ellos solo oían decir..." Oían decir, alguien les decía. No es que habían oído de Pablo, no. Habían oído decir: "El que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en un tiempo quería destruir". Ah, chorar, un eco que se había de Pablo, un desconocido.

Enseñanza número 9 y final: Pablo pasó de perseguidor a predicador, y su transformación fue tan pública y tan radical que llevó a muchos a glorificar el poder de Dios.

Versículo 24: "Y glorificaban a Dios por causa de mí". ¿Qué era lo que la gente estaba viendo? La gente estaba glorificando al Dios que es capaz de dar vida a los muertos. Estaban glorificando el poder de Dios que puede tomar a un fariseo indómito y furibundo, a un fariseo radical, y convertirlo en un hijo de Dios. Puede tomar a un criminal y convertirlo en creyente. A un perseguidor de la iglesia y convertirlo en predicador de la misma iglesia. Puede tomar a un pescador del mar como Juan y Pedro y convertirlo en pescadores de hombres. Y puede tomar un negador de Cristo y convertirlo en un crucificado por causa de Cristo.

Y por eso que Pablo termina esta exposición de su testimonio diciendo: cuando la gente escuchaba que aquel que perseguía la fe estaba ahora predicando la fe, ellos glorificaban a Dios por causa de mí. Nota cómo Pablo está en el trasfondo ahora, está como detrás del telón. Ciertamente le está hablando de él, pero mira: ellos glorificaban. ¿Quién es que está en el centro? Dios. Glorificaban a Dios, y lo hacían por causa de mí. Pero ¿qué era lo que ellos estaban aplaudiendo? Bueno, es la transformación que Dios había causado en este perseguidor de la iglesia.

Pablo dejó bien claro quién era: "Yo era un perseguidor de la iglesia, yo era un fariseo, yo era un orgulloso. Yo me enorgullecía de que incluso de cuál tribu descendía, incluso hasta que me habían circuncidado al octavo día. Yo estaba más aventajado en la ley que cualquier otro de mi edad". Yo. Pero así mismo dejó en claro lo que yo soy ahora. No había que preguntarle a nadie lo que era antes y lo que era ahora, porque él hablaba de eso.

¿Cuánto hablamos nosotros de lo que yo era y de lo que Dios me ha hecho ahora? ¿Qué tan claro le queda a los hombres? "Bueno, Miguel, yo bueno, estudioso, siempre tranquilo, en serio. Y ahora, ¿qué? Bueno, tranquilo también, estudioso, en serio. ¿Sabes? No, que ahora estudia más de Dios que antes no lo hacía".

La gente hablaba de Pablo. Pienso ahora, al final de este sermón: ¿qué dicen de nosotros y cómo responde la gente que más nos conoce cuando nos ve vivir? ¿Ellos glorifican a Dios por causa de ti?

Idealmente, verá, hablando de la familia de Cristo, idealmente los hijos, ya después de cierta edad, debieran glorificar a Dios por causa de sus padres: "Los padres que me diste". Los padres debieran glorificar a Dios, idealmente estamos hablando cuando tienen hijos cristianos, por causa de sus hijos. El esposo debiera glorificar a Dios por causa de su esposa, de la que es: "La que me diste, la que en lo que la has convertido". La esposa debiera glorificar a Dios a causa de mi esposo, del cambio que tú has hecho en él, porque lo puedo ver.

Los pastores debieran glorificar a Dios a causa de la transformación que ven en las ovejas. Las ovejas debieran glorificar a Dios a causa de sus pastores, por la transformación que Dios está realizando, que ha realizado. Nosotros debiéramos tratar de vivir de una manera que los hombres se maravillen de cómo vivimos, pero tenemos que dejar ver el cambio. El cambio tiene que ser evidente, tenemos que hablar del cambio. La gente que escuchó a Pablo lo tenía bien claro: "¿Lo que eras? ¿Y en qué te convertiste?"

Pregunto: ¿Quién tiene clara la gente lo que tú eras y en qué te has convertido? O déjame hacerla un poquito más diaria, como hablábamos ayer de pasada el grupo de nosotros, el grupo ministerial: ¿En qué te estás convirtiendo? Porque quizás no soy el producto final, entonces en vez de hablar en qué me he convertido, vamos a hablar en qué nos estamos convirtiendo.

Esto es Cristo, yo estoy corriendo detrás de su imagen, no he llegado, quizás pudiera estar un poco más adelante, pero voy camino a su imagen. Versus: "Bueno, yo estaba aquí y ahora estoy aquí, pero en realidad es aquí que estoy, es adelante de esto". Pero no es así, porque yo no estoy corriendo detrás de su imagen, yo no estoy persiguiendo su voluntad, su propósito para conmigo. Yo tengo mucho de lo que creo, lo que pienso, lo que imagino, lo que deseo, lo que aspiro.

A lo que él dice: "No, a mí no me importa cómo vivo, cómo muero, con tal que yo glorifique a Dios. Ya sea que beba, ya sea que coma, ya sea que predique, que no predique, que vaya a Útica, que no vaya a Útica, ya sea que construya casas si soy un ingeniero, o sane enfermos si soy un médico, o pinte paredes si soy un pintor. No importa lo que haga, o cocine si soy un chef, o cualquier otra cosa". Pablo diría en cada una de esas situaciones: "Lo único que me importa es que yo glorifique a Cristo".

Esa es la única razón para la que fuiste salvado. "Bueno, pero ¿no es para que me salvara del infierno?" Ese es tu beneficio, ese no es tu propósito. El beneficio es que no estarás en condenación eterna. El propósito es que todo lo que respire alabe al Señor. Esa es la idea: todo lo que respire, todo lo que viva, todo lo que tenga existencia. Unos cielos que proclamen la gloria de Dios. No hay otra motivación, no hay otro propósito. Pablo lo tenía claro, Pablo lo vivió. Que tú y yo lo podamos vivir. Nos encontró perdidos en error, perdidos en la oscuridad, nos trajo la verdad, nos abrió los ojos, nos dejó ver, nos hizo hijos. Vamos a proclamar su gloria.

Padre, gracias. Gracias porque ciertamente la vida de Pablo, en mayor o menor manera como es con nosotros, Tú saliste a buscar a Pablo, Tú saliste a buscarme a mí. Tú no te apareciste en mi vida de forma auditiva o visual como fue el caso de Pablo, pero Tú también te apareciste en mi vida, Tú te revelaste de alguna manera. Tú esperabas que Pablo cambiara radicalmente, Tú esperas lo mismo de mí. El que antes se enorgullecía de lo que había alcanzado y luego quería básicamente desaparecer de la escena para que Tú fueras exaltado, Tú esperas lo mismo de mí. El que antes tenía propósitos claros y personales que perseguía y que lo dejó todo para perseguir única y exclusivamente tu propósito, Tú esperas exactamente lo mismo de mí.

De manera que ayúdame a mí, ayúdanos a aprender en el caso de algunos, a recordar en el caso de otros, la razón por la que Tú me pensaste, me llamaste, me elegiste, me pusiste donde me pusiste, me hiciste nacer en esta generación. Gracias. El día de hoy, mi Dios, personalmente, ahora hablando por mí, yo te doy gracias por todo lo que tengo, cosas y personas, y todas las cosas y personas que no tengo también, porque así Tú lo has dispuesto. Nada ha sido un accidente. Permite que yo pueda glorificarte en cada lugar, con cada cosa, en cada momento, con cada respirar. Gracias por sacarme de donde yo estaba. En el nombre de Jesús, su pueblo dice amén. Bendiciones.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.