IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Si alguien preguntara cuál virtud quiso Cristo destacar de su carácter para que la imitáramos, muchos responderían su santidad, su amor o su compasión. Pero él mismo lo declaró con claridad: "Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón". Resulta llamativo que casi nadie ora pidiendo mansedumbre. Como señaló Jerry Bridges, oramos por paciencia, por amor, por dominio propio, pero rara vez pedimos ser mansos. Quizás porque la mansedumbre se confunde con debilidad, cuando en realidad significa exactamente lo opuesto: es fortaleza bajo control. En el griego antiguo, la palabra describía a un animal domesticado, un caballo que conserva todo su brío pero ahora responde a su amo.
Cristo modeló esta virtud de manera extraordinaria. Cuando vinieron a apresarlo en Getsemaní, tenía legiones de ángeles a su disposición, pero permaneció calmado. Ante Pilato guardó silencio durante el interrogatorio. En la cruz, con todo el poder del universo bajo su autoridad, pronunció las palabras más tiernas posibles: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". La persona mansa no busca destruir al otro sino sanarlo y restaurarlo, tal como hizo Jesús con la mujer samaritana quebrantada o con la adúltera que todos querían apedrear.
El apóstol Pablo consideraba la mansedumbre requisito indispensable para vivir dignamente el llamado cristiano. Es necesaria para corregir al hermano caído, para defender la fe sin herir a otros, y para permanecer en silencio cuando nos insultan. Como recordó el pastor Núñez citando el Sermón del Monte: bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bueno, una vez más te pido que abras o enciendas tu Biblia ahí en el libro de Gálatas, capítulo 5, donde hemos estado parqueados por un tiempo ya. Pero voy a comenzar como comencé en el servicio anterior diciendo: si alguien te preguntara cuál fue la virtud que Cristo quiso destacar de su carácter para que nosotros la imitáramos, escucha bien la pregunta, si alguien te preguntara cuál fue la virtud que Cristo subrayó, enfatizó para que nosotros lo imitáramos, ¿cuál dirías tú que es esa virtud?
Yo creo que algunos responderían de diferentes maneras. Algunos dirían santidad, otros dirían su amor, otros dirían su obediencia, quizás para otros sería su compasión o su fidelidad. Pero yo creo, como escuché a alguien aquí adelante ya al decir, que Cristo como hombre subrayó de manera particular el hecho de ser manso y humilde.
Yo creo que lo hizo por más de una razón, pienso yo a la luz del resto de las Escrituras. Pero por un lado yo creo que lo hizo porque Él sabía, sabe, que donde esas dos cualidades están, todas las demás pueden crecer. Al mismo tiempo, yo sé que Él sabe, porque es posible saberlo hoy, saberlo nosotros, que esas dos cualidades no son particularmente deseadas por la criatura. Hay algo en nosotros que no nos deja tener como prioridad el hecho de pedir a Dios que nos haga mansos y humildes.
Escucha a Jerry Bridges en su libro "La vida fructífera". Él comienza su capítulo 10 acerca de la mansedumbre de esta manera: "Nosotros oramos por paciencia, oramos por amor, oramos por pureza y dominio propio. Pero ¿cuál de nosotros, alguna vez, ora por la gracia de la mansedumbre?" Y entonces cita las palabras de este otro doctor, George Bethune, en el año 1839. La verdad es que no es una vez, escribió acerca del fruto del Espíritu por igual, y él dice, o escribió, lo siguiente: "Quizás ninguna virtud es tan poco orada o cultivada como lo es la mansedumbre. De hecho, la mansedumbre es considerada más bien como una disposición natural de los seres humanos, como que la mansedumbre no la oramos porque parecería como que es nuestra inclinación natural, o como modales externos, más que como una virtud cristiana."
Escucha ahora: y raramente nosotros reflejamos el hecho de que el no ser manso es un pecado. El no ser manso es un pecado, es algo que deshonra el Evangelio, es algo que le da una mala reputación a nuestra fe y lo hace de parte mía.
Bridges continúa: "La actitud cristiana hacia la mansedumbre no parece haber cambiado en los últimos 160 años desde que Bethune escribió aquellas palabras." Yo creo que eso que dice Jerry Bridges en su libro es una gran verdad, y si es verdad tenemos que hacernos la pregunta: entonces, ¿cuál es la razón por la que tú y yo no pedimos por mansedumbre?
Piensa en cuándo fue la última vez que tú le pediste a Dios, tú cerraste los ojos, ya sea que doblaras las rodillas o no, pero cerraste los ojos y le dijiste a Dios: "Señor, perdóname, porque yo no soy una persona mansa, y por consiguiente yo te pido que me des mansedumbre." ¿Cuál es la razón por la que no pedimos mansedumbre? ¿Por qué? Porque no nos interesa, no nos interesamos en ser mansos. ¿Por qué al leer acerca de la mansedumbre, o al leer o escuchar un sermón acerca de la mansedumbre, como que pocos o nadie quizás en ocasiones tampoco siente como una gran convicción de que este es un pecado en su vida?
Y sin embargo, para Cristo el ser manso y humilde es una condición sine qua non, mandatoria, crucial, indispensable para la vida cristiana. Tanto así que tú recuerda, tú conoces, hemos hecho alusión a estas palabras los últimos meses y hemos hecho alusión tantas veces porque en el año pasado y en este comienzo de año no ha habido ningún otro versículo de la Palabra que ha estado tan presente en mí, retumbando una y otra vez, una y otra vez, como estas que te voy a leer en Mateo 11:28-29: "Vengan a mí, o venid a mí, todos los que están cansados y cargados, y yo los haré descansar. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas."
Había algo que Cristo quería que nosotros aprendiéramos de Él, algo que Él quería comunicar, algo que estaba presente en Él y que de alguna forma le daba descanso a las personas. Venid a mí los que están cansados, ¿y qué es lo próximo que Él dice? ¿Porque yo tengo agua, yo tengo pan, yo tengo maná? No, no, no. Porque yo soy manso y humilde. Aprendan eso, aprendan eso, porque hay algo que yo tengo, hay algo de lo que yo disfruto que ustedes no disfrutan, y es paz para su alma. Aprendan de mí que soy manso y humilde, y entonces, no antes, después tendrán descanso o paz para sus almas.
Cristo vio las multitudes y las vio ansiosas. Vio individuos y los vio llegar a Él ansiosos, preocupados, nerviosos, sin paz. Aprendan de mí que soy manso y humilde. La ausencia de esas cualidades tiene implicaciones que están creando tu falta de paz, comenzando por la ausencia de humildad, que no te permite venir a mí a encontrar perdón para tus pecados.
La mansedumbre de Cristo. He estado meditando extraordinariamente en el carácter de Cristo. Yo quiero reflejarlo cada vez más, yo quiero modelarlo cada vez más. Por tanto, su carácter, las palabras que reflejan su carácter retumban en mi mente, y ciertamente su mansedumbre como que era atractiva para la gente, y la gente se acercaba a Él con facilidad. Yo soy convencido al día de hoy que en gran parte ellos podían percibir, ver su mansedumbre, y eso los atraía, y ellos venían. Las multitudes venían, los individuos, personas individuales que salían de las multitudes venían, y de alguna manera se sentían descansadas en su presencia. Y cuando comenzaban a conversar con Él, era difícil despegarse de Él. Había como un magnetismo en su personalidad, y sin lugar a duda que la humildad y la mansedumbre formaban parte de ese poder magnético de atracción que Cristo ejercía sobre las personas.
Las prostitutas venían, los enfermos venían, las madres con un hijo muerto venían, el padre con una hija muerta venía, la madre con una hija endemoniada venía. La mujer cananea, de un grupo de gente pagana, se acercó y le pidió que le diera de las migajas que caían de la mesa. Quizás Cristo tenía sus propias razones para dejarnos estas palabras que leí del Evangelio de Mateo, pero indudablemente que había algo en su carácter, manso y humilde, que Él quería que aprendiéramos de una manera no simplemente teórica. "Quiero que aprendas de mí, pero cuando aprendes de mí no quiero que vengas y escuches palabras y luego no las vivas. No, no. Yo quiero que tú aprendas la teoría y luego yo quiero que tú aprendas la práctica." De manera que quiero que me escuches, pero quiero que me veas vivir. Necesito que me escuches y necesito que me veas vivir. Necesito tu oído y necesito tus ojos.
Es por eso que he titulado este mensaje: "Cuando la mansedumbre" —o si lo hago más personal— "cuando tu mansedumbre no es una opción, sino una obligación." Entonces no es una opción, que sería bueno que yo pueda reflejar el Evangelio. No, no, no. Esto es una obligación que yo tengo, como vamos a ver más adelante. Esto es algo que es requerido dado el llamado y la vocación a la que yo fui llamado.
Y con eso entonces yo quiero volver a leer por penúltima vez los versículos 22 y 23 de Gálatas 5: "Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad..." Llegamos hasta ahí, y hoy mansedumbre. "...esa sola, dominio propio. Contra tales cosas no hay ley." Escucha el próximo versículo: "Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos." En otras palabras, cuando tú crucificas, verdaderamente crucificas la carne con sus pasiones y deseos, lo que surge de manera natural es el fruto del Espíritu. Líneas arriba, como habíamos hablado, Pablo menciona las obras de la carne. Cuando va a pasar al fruto del Espíritu, pasa con un "pero": "Estas son las obras de la carne, pero el fruto del Espíritu es muy distinto." Y luego cierra entonces diciendo: "Los que son de Cristo ya crucificaron la carne con sus pasiones y deseos." Tu mansedumbre no es una opción, es una obligación.
La palabra mansedumbre en la que vamos a estar enfocándonos hoy, en el original es esta palabra: prautes. Es una palabra difícil de definir porque es una de esas cosas que tú puedes ilustrar mejor de lo que la puedes definir. Pero en parte esa dificultad para definirla en palabras, por lo menos, es que está muy relacionada a benignidad, que ya cubrimos; a bondad, que ya cubrimos; a paciencia, que ya cubrimos. De hecho, está íntimamente relacionada a la última cualidad o virtud del fruto del Espíritu, que es dominio propio, porque sin dominio propio no puedes tener mansedumbre, no puedes ser manso. Y aún no hemos llegado allí.
De manera que la palabra mansedumbre necesita ser como escudriñada. Y en el griego de la antigüedad era una palabra usada para hacer referencia a un animal que había sido domesticado. Era que un cristiano manso es un cristiano que ha sido domesticado, que tiene todas sus emociones, todos sus impulsos y todos sus instintos bajo control. Es alguien que tiene dominio propio.
Ahora, cuando nosotros pensamos en alguien manso, yo creo que pensamos más bien en alguien menso. Pero no es menso la palabra, es manso. Alguien débil, sin fortaleza; si es un hombre, es alguien como sin hombría. Pero es todo lo contrario. ¿Alguien flojo? Es todo lo contrario. Es fortaleza. La mansedumbre y la humildad, ambas significan fortaleza bajo control. Fortaleza bajo control. Yo creo que eso es como tú tienes que seguir pensando, porque recuerda, en el griego de la antigüedad hacía referencia a un animal domesticado.
Cuando tú tomas un caballo —nosotros le llamamos un potro joven— verás que todavía no ha sido domesticado. Él tiene mucho brío, tiene muchos bríos, tiene mucha fortaleza, tiene muchos impulsos. Él patea, él relincha, él salta en dos patas. Bueno, cuando él es domesticado, él tiene toda la misma fortaleza, impulsos, bríos, pero ahora él responde a su amo. Y de esa misma manera, cuando Dios conquista a una persona incrédula y ahora es cristiano y es su hijo, él tiene toda su fortaleza anterior, él tiene toda su fortaleza física y emocional, pero ahora, bajo la influencia del Espíritu Santo, él puede y tiene dicha fortaleza bajo control para obedecer a su amo y complacer a su amo.
Un cristiano manso no es rencoroso, no es vengador. Es más, no es ni siquiera defensivo y argumentativo. A él no le interesa tener la razón. Tener la razón no es importante para él. Esas cosas quedaron atrás. Él hoy las considera como basura, como decía Pablo.
Déjame comenzar a ilustrar esa mansedumbre. ¿Con quién? Con Cristo. Él dijo que la aprendiéramos de Él, de manera que yo necesito a Cristo para ilustrar esto. Ni siquiera puedo usar a muchos hombres para hacerlo. Cuando vinieron a apresarlo en el huerto de Getsemaní, Cristo, como Él mismo dijo en un momento dado u horas más tarde, "Yo tengo legiones de ángeles que pueden venir y defenderme." Tenía todo el poder, toda la autoridad del universo bajo control, y por tanto Él no reaccionó. Él permaneció calmado. Permaneció calmado porque Él venía, o vino, a obedecer la voluntad de su Padre. Vino con una misión.
Por tanto, un cristiano manso, bajo el dominio del Espíritu, él no tiene ningún problema en someterse a los decretos de Dios, a los mandamientos de Dios. No solamente que no tiene ningún problema —puede tener problema como humano en entender qué hacer—, pero él no tiene problema en entenderlo y decir: "Eso es lo que yo quiero. Yo tengo un deseo de vivir de esa manera."
Conociendo que Cristo nos llama a ser mansos y humildes, estas son dos virtudes que forman dos caras de una misma moneda. No las puedes despegar. Una no existe sin la otra, literalmente hablando. La humildad es algo más interno; tiene que ver con la manera como tú te ves a ti mismo y como tú ves a otros. Sin embargo, la mansedumbre es algo más externo; tiene que ver, está relacionado a cómo yo les hablo a otros, cómo yo reacciono ante otros, cómo yo trato a los demás.
Personas, por ejemplo, que han acumulado ira en su desarrollo usualmente no son mansas. De hecho, la mansedumbre por definición requiere falta de ira en nosotros. Y a la vez, la ira usualmente crece en el terreno del orgullo. La ira no crece en la humildad. No. Tú requieres orgullo para airarte, y personas que acumulan mucha ira no podrían ser descritas como mansas. El orgullo a veces permanece en silencio. Muy raramente permanece en silencio, escasamente permanece en silencio, pero cuando lo hace es por temor. Pero ya eso es mansedumbre. Eso es más amor.
Como Cristo es nuestro modelo y Él nos mandó a ser mansos y humildes, yo creo que nosotros necesitamos observar la manera como Él caminó, como Él trató a los hombres, como Él habló con los hombres, como se relacionó con ellos, como reaccionó cuando Él fue humillado, para ver si podemos imitarlo. De manera que recuerda: la mansedumbre es la expresión externa de la humildad.
Ahora, en la Palabra se nos manda a vestirnos de humildad. En la Palabra se nos manda a caminar en humildad, a evitar toda falsa humildad. Piensa ahora por un momento que yo tengo que vestirme de humildad. Mi vestimenta cubre mis partes más íntimas, las partes que yo no quiero dejar ver. Bueno, de esa misma manera, cuando te vistes de humildad, tu humildad cubre tus mayores debilidades, hasta tal punto que ustedes estarán más o menos dispuestos a tolerar, a pasarme por alto mis debilidades, de acuerdo al grado de humildad que yo exhiba o no exhiba. Cuando esa humildad no está ahí, todos los ojos están sobre mí, y no importa cuán pequeña sea mi falta: "Míralo, y yo te lo dije. ¿No es que no es así? No. Tú piensas que él es el pastor que tú crees que es, pero no lo es." Pero la humildad cubre mis faltas, como mi vestimenta cubre mis partes íntimas.
La pregunta que yo creo que todos quisiéramos tener respondida entonces es: si es tan importante, si es tan vital ser manso y humilde, ¿cómo yo formo eso? Bueno, Dios la forma, pero la forma a través de un proceso del cual tenemos que hablar.
Pero antes déjame leerte estas palabras de este libro. El libro se llama "The Fruit of the Spirit" (El fruto del Espíritu), y el subtítulo —yo creo que es como lo que me ayuda a entender de qué trata el libro— es "Becoming the Person God Wants You to Be" (Llegando a ser, o cómo llegar a ser, la persona que Dios quiere que tú seas). Los autores, que son dos, escriben esto: "Si deseas crecer en mansedumbre —para las orejas, si eres padre, todavía más— si deseas crecer en mansedumbre, la televisión no es un buen lugar para hacerlo, ya que la programación de hoy está llena de personas que gritan, maldicen y amenazan a personas aun en sus familias y en otras relaciones. De hecho, la televisión puede contribuir de manera importante a gran parte de la hostilidad que vemos y sobre la que leemos." Esa no es ni siquiera la opinión de esos autores; estudios han sido...
De hecho, una exposición a un programa de violencia hace que los niños respondan en las próximas horas de una manera más violenta. Imagínate cuando son horas de exposición. Ni la humildad ni la mansedumbre se cultivan viendo televisión ni pasando tiempo en las redes sociales.
Durante esta pandemia yo he visto que la cualidad que prima sobre todas las demás es la violencia verbal, la ausencia de mansedumbre. Es como si la pandemia hubiese sido el abono perfecto para la violencia verbal, la rebelión, el irrespeto. Pero luego me quedé pensando y digo: no, eso no fue el abono, eso fue la revelación de lo que ya estaba ahí bien crecido.
Entonces, ¿cómo se forma? ¿Cuándo surge en mí la humildad y la mansedumbre? Porque no lo teníamos claro. Bueno, para llegar ahí no es simplemente que tengo que pasar a través de ciertas situaciones, quizás recurrentes y difíciles; es que yo tengo que llegar a cierto punto. Si paso por las situaciones difíciles y no llego a cierto punto, no se forman las cualidades. Yo necesito llegar a ver la profundidad de mi pecado. Hasta que yo no vea la profundidad de mi pecado, yo no puedo cultivar esas cualidades.
Yo necesito llegar a ver cuán lejos estoy yo de ser ejemplo para otros, a los que quizás incluso trato de enseñar. Separado de Cristo no puedo, soy incapaz. Tengo una imposibilidad en mí mismo. Yo tengo que llegar a ver hasta el punto de sentir convicción, que mi espíritu de condenación contra otros me acusa y me condena a mí mismo cuando yo lo hago y lo ejerzo, sobre todo sobre pecados de los cuales yo soy un transgresor recurrente. Famoso dicho: cada vez que apunto un dedo tengo tres contra mí. Yo tengo que llegar a verlo y sentirme aplastado por eso.
Lo poco que sabemos de aquellas cosas donde creíamos conocerlo todo. Sí, yo lo sé, porque eso es conocido como el síndrome del estudiante de medicina, que cree que lo sabe todo, hasta que descubre que no sabía nada. Yo tengo que llegar a verlo, ciego que había estado hacia mi propio pecado. No solamente que no lo consideraba pecado; no, es que después que lo consideraba, lo consideraba ligero. Yo tengo que llegar ahí porque eso es lo que me humilla y esto es lo que poco a poco me va haciendo manso. Hasta que yo no llegue ahí, no, no, no, esta cualidad no surge.
Hasta que no admitamos la profundidad de la depravación humana dentro de nosotros, la humildad no me quitará el velo para poder ver. Pero una vez conocemos la profundidad de la naturaleza pecadora del hombre que mora en mí, y una vez que yo logro verme y compararme con Cristo a mi lado... Porque lo natural, la inclinación natural, es compararme con el otro hermano o hermana con quien yo me relaciono y poder decir: "Sí, pero yo no hago eso. Es verdad que yo hago esto, pero no es eso. No, así tampoco no. Yo lo hago de vez en cuando, pero eso es como muy frecuente." Ese es el problema: que nos comparamos a nosotros mismos con nosotros mismos y nos medimos por nosotros mismos.
Es lo que Pablo dice a los corintios en su segunda carta, 10:12: "Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos, pero ellos, midiéndose a sí mismos y comparándose consigo mismos, carecen de entendimiento." Habla sin ova, no entiende. El problema está en el punto de referencia.
Pero cuando te comparas con Cristo, porque fue Él que dijo "aprended de mí"... Él lo dijo. ¿Aprender del pastor? Que es manso y humilde, a él le falta de todo eso. Él te dijo: "Es de mí que tú tienes que aprender, que soy manso y humilde de corazón." Entonces yo comienzo a ver la enormidad de la diferencia.
Y eso es importante, porque yo he oído tantos líderes en tantas ocasiones ante la pandemia, intrapandemia, y no puedo decir que es pospandemia porque no he estado ahí todavía, pero yo he oído gente usar palabras duras. Y cuando tú hablas con ellos, de alguna forma dicen: "No, pero Jesucristo dijo cosas así." Pero, ¿tú oíste lo que tú dijiste? ¿Cristo? O sea, la persona con santidad absoluta, la persona justa sin medida, la persona sin prejuicio, la persona con dominio propio, la persona que poseía todas y cada una de las virtudes del Espíritu Santo, del fruto del Espíritu. Entonces, ten cuidado. No digo que no hay un momento para la reprensión dura y difícil; Pablo tuvo que hacerlo. Pero recuerda, ten cuidado cuando usas a Cristo para comparar la manera como tú o yo actuamos, porque la diferencia es enorme. Es más o menos como esto: lo infinito comparado con lo finito.
Estamos tratando de entender lo que es la mansedumbre. Para mi sorpresa, y lo digo de verdad, me sorprendió tanto lo que voy ahora a decir que tuve que hacerlo varias veces. Fui al internet para ver diferentes diccionarios del internet, qué tenían de antónimo para mansedumbre, y varios de ellos tenían un solo antónimo, lo cual yo no creo, aunque no es esa área de mi experticia, verdad. Pero lo único que como antónimo tenían era: ira. ¡Wow!
Entonces comencé a pensar en el Señor Jesús y yo dije: "Bueno, Él no se airó nunca cuando trataron de ofenderlo, de acusarlo, cuando le señalaron cosas, cuando dijeron que expulsaba demonios por el poder de Belcebú, Satanás." De manera que una persona mansa tiene la capacidad de enojarse, sí, claro, igual que Dios se enoja, pero se enoja con las cosas que enojan a Dios, no con las cosas que se dicen contra él. "Así es Jesús." "Es un bebedor." Yo bebo, no, tranquilo. "Es un glotón." Yo sufro de glotonería, no, tranquilo.
La mansedumbre rehúsa sacar su artillería cuando está bajo ataque. Y la razón por la que rehúsa sacar su artillería cuando está bajo ataque es porque él sabe, personificando la mansedumbre, él sabe, ella sabe, que su voz primaria no es tener la razón, no es defenderse, no es quedar bien. La razón primaria de su llamado es reflejar a Cristo, llegar a ser a su imagen.
Ahora, pensando en antónimos, yo creo que hay otras cosas que son antónimos de la mansedumbre. Yo creo que la rebelión, la dureza de carácter, la aspereza al hablar y otras cosas pueden estar del otro lado de la mansedumbre.
Ahora, recordemos que yo comencé citando desde el inicio, empecé citando a Cristo, que dijo: "Aprended de mí, que soy manso y humilde." Esas dos palabras son usadas en el mismo contexto por parte de Cristo. Lo impresionante acerca de la revelación de Dios es que, recuerda, en el Antiguo Testamento, el Antiguo Testamento profetiza acerca de la venida de Cristo y eventualmente iba a liberar a Israel, y Él vendría como el libertador final. Sin embargo, cuando el Antiguo Testamento comienza a subrayar el carácter de Cristo, no lo hace en términos como de la fortaleza militar de un líder o de un libertador. El Antiguo Testamento comienza a subrayar la mansedumbre de aquel que vendría. A mí me impresiona eso, y más en la preparación de este mensaje.
Escucha este texto de Isaías 42:1-3, que tú has oído en otras ocasiones o lo has leído. Voy a leer de la Nueva Versión Internacional por una o dos palabras simplemente que están en esta versión que no están en otras, así que me interesan, pero significan lo mismo. Versículo 1, en la introducción: "Este es mi siervo" —ese es Cristo— "a quien sostengo, mi escogido, en quien me deleito." ¡Wow! "Sobre él he puesto mi Espíritu" —el Espíritu de Dios está sobre mí, recuerda, palabras de Cristo—, "llevará justicia a las naciones." Ahora escucha: "No clamará ni gritará ni alzará su voz por las calles." Me encanta esto: "No acabará de romper la caña quebrada ni apagará la mecha que apenas arde. Con fidelidad hará justicia."
E Isaías habla del Mesías que había de venir. No va a levantar su voz como los Putins de la tierra. El Señor no traía su reino como lo quieran imponer los dictadores de las naciones, ni levantaría su voz como a veces nosotros levantamos nuestra voz tratando de traer la atención sobre nosotros o defendernos a nosotros mismos. No, no, la persona mansa no se comporta de esa manera. Eso es lo que Isaías dice: no clamará, no gritará, no alzará su voz por las calles. "Pero, ¿Él no va a predicar?" Sí, pero no es... eso es una predicación, una exposición de la Palabra. Lo que no va a hacer es este hombre rudo, áspero.
Escucha cómo Isaías hermosamente describe en el versículo 3 del capítulo 42 que te leí, el carácter manso y humilde de Cristo: "No acabará de romper la caña quebrada." Cuando Él se encuentra con una mujer samaritana, está quebrada. Claro que está quebrada: cinco maridos, los cinco la despidieron, ahora vive con uno que sabrá Dios si va a hacer la misma cosa. La encuentra herida y quebrantada. Él no la va a hundir; Él va a ofrecer agua viva para su salvación. Y ella bebió de su agua y llegó a creer, y por su testimonio llegaron a creer muchos más. Eso es un manso hombre.
El hombre manso trata al otro, escucha esto, el hombre manso, la mujer mansa, trata al otro mejor de lo que el otro merece. ¿Sabes por qué? Porque él sabe, ella sabe muy bien, que él o ella ha sido tratada por Cristo mucho mejor de lo que él o ella merece. Y la única respuesta natural, congruente, racional, es que de la manera como yo he sido tratado, yo trate a ese otro.
E Isaías me dice que Él no apagará la mecha que apenas arde. Y eso me trajo a la memoria otra vez, y hablamos de esta ilustración, pero la voy a traer en este contexto ahora. Él no va a apagar la mecha. Tú sabes, ese vaso de querosén que ya la mecha se está como apagando, Él no la va a terminar de apagar. Y cuando esta mujer es tomada en adulterio, es traída, y todo el mundo está listo para apedrearla, Cristo comienza a confrontar a los que la trajeron. Él dice: "Bueno, el que esté limpio de culpa, que tire la primera piedra." Y ellos comenzaron a irse.
Cristo, de una manera mansa, dice: "Mujer, ¿estás en pecado?" A la que sacaron de la habitación en pleno acto, dice el texto. "¿Dónde están tus acusadores?" "Señor, todos se han ido, ninguno me acusa." "Yo tampoco te acuso, vete en paz." Él no terminó de apagarla, él no apagó a esa mujer, sino que más bien consideró encenderla con el perdón de sus pecados. Eso es mansedumbre. La persona mansa no trata de destruir al otro, sino trata de sanarlo y restaurarlo. Eso hizo Cristo.
Cuando Cristo vino y caminó sobre la tierra, él no vino a golpear a los hombres. O sea, él vino a tomar los golpes que a ti y a mí nos tocaban por nuestros pecados. Él cargó con los golpes de nosotros, los golpes que merecíamos.
Cristo mostró su mansedumbre en otra ocasión cuando él sale del Jordán. Lucas 4, Mateo 4 habla de lo mismo: sale del Jordán y luego entró eventualmente a una sinagoga a predicar en Nazaret. Está predicando, confronta a los que estaban ahí presentes con su orgullo, y la gente se airó tanto que dice el texto que lo tomaron, lo llevaron a la parte más alta del monte donde está asentado el templo, y desde ahí querían tirarlo. Y el texto dice que Cristo permaneció en silencio. Teniendo todo el poder, pasó frente a ellos y se fue, pudiendo simplemente soplarlos y que ellos fueran hacia el abismo. Eso es mansedumbre, porque eso se lo estaban haciendo al Creador de los universos.
No confundamos mansedumbre con debilidad. No confundamos mansedumbre con cobardía. No, no, no, no, no. Solo lo opuesto. Escucha esta cita de Chuck Swindoll. Este libro fue escrito al principio de la década de mil novecientos ochenta. Yo lo leí al final de la década de mil novecientos ochenta. Nunca pensé que en el 2022, en este mensaje, yo estaría usando algo de años atrás, pero es un libro extremadamente práctico como todo lo que Swindoll escribió. Se llama "Improving Your Serve", como mejorando tu servicio. Como si estuviera hablando de tenis, pero no, es mejorando tu servicio al otro.
Escucha lo que él dice de esta palabra: "En nuestro individualismo áspero y tosco, pensamos que la mansedumbre es debilidad, ser blando y virtualmente débil. No es así. El término griego es extremadamente colorido y nos ayuda a comprender correctamente por qué el Señor ve la necesidad de que los siervos sean mansos. La palabra, las palabras cuidadosamente elegidas que aluden a las emociones fuertes, se conocen como palabras suaves o mansas, dependiendo de la traducción de Proverbios 25. El ungüento que quita la fiebre y el escozor de una herida es llamado calmante. En una de las obras de Platón, un niño le pide al médico que lo trate con ternura. Todas estas cosas hacen alusión o tienen la misma palabra en el griego: mansedumbre."
El niño usó este término suave cuando le pide al médico que lo trate con ternura en una de las obras de Platón. Aquellos que son educados, que tienen tacto y son corteses, y que tratan a los demás con dignidad y respeto, se llaman personas mansas. Entonces, la mansedumbre incluye ser tranquilo y pacífico cuando se está rodeado de una atmósfera acalorada, emitir un efecto calmante sobre aquellos que pueden estar enojados o estar fuera de sí, y poseer tacto y una cortesía amable que hace que los demás conserven su valor y su dignidad. La mansedumbre más bien mantiene bajo control toda su emoción y toda su fortaleza.
Cristo demostró eso cuando limpió el templo. Incluso él se airó, porque Dios tiene ira. Se airó cuando violaron la santidad de Dios. Pero sabes que aun ahí mostró mansedumbre, aun ahí mostró dominio propio, porque él pudo haber eliminado, quitado, barrido físicamente, empujado, simplemente como aludí, haberlos soplado del templo. Pero simplemente tumbó sus mesas, no le hizo daño a nadie, tumbó sus mesas y los sacó afuera. Nada más, mucho más que eso, y hasta ahí llegó. Cristo no perdió los estribos; más bien, él se apoyó en los estribos para hacer uso de su poder y fortaleza.
Cuando Cristo vino la primera vez, él era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Ya habrá otra ocasión donde él será León de Judá. Pero hasta que León regrese, tú y yo necesitamos parecer mansos y humildes e imitar su carácter.
Ahora, piensa cómo Isaías 42, Antiguo Testamento, qué es lo que están enfatizando del Mesías que habría de venir, del libertador que habría de venir. Escucha otra vez Isaías 53, versículo 7, a ver qué es lo que están enfatizando de su carácter: "Fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca. Como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, él no abrió su boca." ¡Wow! Eso es mansedumbre. Escuchó palabras, palabras que no debían ser dichas ni contra otros seres humanos. Las escuchó contra Dios y él prefirió guardar silencio.
Ahora, la máxima expresión. Recuerda que Cristo quiere que aprendamos esto en teoría y en práctica. Hablamos en teoría de las definiciones y demás, sinónimos y antónimos y todo lo que tú quieras. Estoy usando la vida de Cristo porque de él es que tengo que aprender a hacerlo. Entonces esta es la práctica, pero a través de la vida de Cristo.
La máxima expresión de mansedumbre Cristo la exhibió en sus últimas horas. En Getsemaní, mientras Pedro saca una espada y corta una oreja de un soldado que viene a apresar a Cristo, no a Pedro, Cristo saca su mano, toca la herida, sana y restaura la herida, porque eso es lo que la mansedumbre hace: sana y restaura. La herida corta, la mansedumbre sana. La mansedumbre está preocupada por la manera como el otro se siente y no quiere herir al otro, ni siquiera de palabras, mucho menos de acciones.
En Getsemaní, Cristo estaba viendo sus últimas horas. En sus últimas horas él se mantuvo bajo control: su poder bajo control, sus emociones bajo control, y exhibió mansedumbre y humildad.
Ante Pilato permaneció callado ante el interrogatorio. Pilato le dice: "¿Por qué no me respondes? ¿Tú no sabes? Yo tengo el poder para dejarte ir o crucificarte." Y ahí Cristo le dice, me va a perdonar mis palabras, pero bueno: "Pilato, a la verdad que tú no tienes poder si no te hubiese sido dado desde arriba por mi Padre." Ya, ahí lo dejó. Porque la mansedumbre es poder bajo control, y Cristo respondió tan lógicamente durante todos sus interrogatorios a pesar de las falsas acusaciones, porque la mansedumbre te permite pensar lógicamente.
Y luego en la cruz, en la cruz, los hombres que lo latigaron, lo clavaron, los hombres que lo insultaron, los hombres que lo avergonzaron, Cristo, en pleno control del poder del universo, con toda la autoridad posible, se le ocurre pronunciar algunas de las palabras más mansas, tiernas. Es más, ni lo voy a calificar de pronunciar unas palabras: oró. Que dice: "Padre, perdónalos, porque ellos no saben lo que hacen."
Valdría la pena incluso preguntarse si esa gente por la cual él oró sí terminaron convirtiéndose, porque como que no ha habido una sola oración al Padre que Dios Hijo haya hecho que no haya sido respondida, aunque reconozco que pudiera tener otras implicaciones.
La mansedumbre requiere una gran valentía y una gran fortaleza. Eso es lo que tuvo en la cruz: una gran valentía contra el dolor más excruciante. De hecho, esa palabra "excruciante", bueno, es una palabra que viene del inglés, quizá no exista como tal en español, la traje sin darme cuenta, pero la palabra fue creada para referirse al dolor en la cruz. La palabra "excru" es de ahí donde viene la cruz: cruciante, excruciante, para hablar del dolor experimentado en la cruz. Requiere valor para hacer eso. Requiere mansedumbre para no responder en medio del dolor de la manera que se pudo haber respondido.
Ahora, yo creo que vimos, tenemos una mejor idea de lo que es la definición, cómo se compara, cómo se cultiva, cuándo es que yo llego a alcanzar estos frutos. Pero déjame empujarlo ahora al plano práctico del día a día hoy, en tu vida y en la mía.
La mansedumbre, en primer lugar, voy a dar tres o cuatro aplicaciones finales. La mansedumbre en primer lugar es necesaria para actuar lógicamente. Cuando la mansedumbre no está presente, nosotros perdemos los estribos, perdemos la razón, perdemos la estabilidad emocional y perdemos de vista la dignidad del otro. Cuando la mansedumbre está presente, a mí no se me olvida que a mí me dejaron aquí debajo primariamente para reflejar a Cristo, el carácter de Cristo, honrar el Evangelio, vivir a la altura del Evangelio.
De hecho, el apóstol Pablo consideraba la mansedumbre entre las cualidades mandatorias, entre los pilares de la fe cristiana. Consideraba la mansedumbre como algo mandatorio para aquellos que queríamos vivir a la altura del llamado. Escucha cómo él se lo describe a los efesios, capítulo 4, versículos 1 al 3: "Yo, pues, prisionero del Señor, les ruego que ustedes vivan de una manera digna de la vocación con la que han sido llamados." El que yo tengo llamado, el llamado tiene esta altura, yo tengo que vivir a la altura del llamado, de una vocación digna, de una manera digna de la vocación con la que fui llamado.
Recordemos que lo hemos mencionado otra vez, el pastor, yo no sé qué, Bruno lo mencionó también. La palabra "digna" en el pasado hacía referencia a una balanza que estaba perfectamente equilibrada, de manera que si este es el peso de mi vocación, lo que hay de este lado de peso, yo tengo que vivir con el mismo peso.
Ahora dice: yo debo vivir así. Entonces, Pablo, ¿cómo yo voy a hacer eso? Versículo 2: me alegro que preguntaras. "Que vivan con toda humildad y mansedumbre." Así es que lo vas a hacer. Con paciencia, soportándose unos a otros en amor. Cuatro cualidades de cómo yo vivo a la altura de mi llamado: paciencia, mansedumbre, humildad y amor. "Esforzándose por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz." Pablo incluso está diciendo: sin esas cualidades tú no puedes permanecer unido.
La unidad se rompe, se rompe en un matrimonio, se rompe en una familia, se rompe en una iglesia, se rompe en una nación, se rompe entre las naciones. No puede vivir en paz. Estos ingredientes son cruciales para vivir en paz.
En manos tuyas podemos ser humildes delante del trono de Dios. Vamos, nos arrodillamos. Quizás delante de Dios le decimos: "Señor, yo soy, perdóname pecado, yo soy el peor de los pecadores. Hoy cómo yo hice lo que hice, yo no soy digno de ser llamado tu hijo." Te arrastras, y Dios dice: "Bueno, si era por humildad que tú querías, te fue más o menos bien en palabras." Pero la mansedumbre no se vive delante del trono de Dios, sino delante de los hombres. Ve la idea con ellos ahora. Porque la mansedumbre tiene que ver con cómo yo trato a los hombres, hablo a los hombres, me relaciono con los hombres. La mansedumbre es un requisito de acuerdo a Pablo para vivir una vida digna de nuestro llamado.
De manera que sin mansedumbre yo no puedo honrar a Cristo, yo no puedo reflejar su carácter, yo no puedo complacer al Padre. Y alguien pudiera decir: "Bueno, ni siquiera te puedes llamar cristiano," porque si eso es una virtud cardinal, sine qua non, indispensable. Pero pienso que quizás sí soy cristiano, pero es incongruente con mi vida cristiana cuando no tengo mansedumbre. Entonces, en ese sentido, dije en primer lugar: la mansedumbre para aun pensar lógicamente y vivir a la altura de mi llamado, eso sería lo racional.
Número dos, la mansedumbre es necesaria para corregir y restaurar al hermano. Gálatas 6:1, que estamos a unos tres, cuatro versículos de Gálatas 6:1: "Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales, restáurenlo en un espíritu de mansedumbre." El pastor Héctor Achacho, como le decimos, mencionó ese versículo recientemente ante un par de confesiones que se hicieron aquí. Restáurenlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. ¿Escuchaste lo que Pablo dice? Cuando vayas a corregir a alguien y vayas a querer restaurar a alguien, necesitas mansedumbre. La razón por la que necesitas mansedumbre es porque quién sabe si tú pudieras ser el próximo: no sea que tú también seas tentado.
Hay momentos para una fuerte reprensión, que no digo que no, Pablo mismo lo hizo. Pero sabes que no era su método preferido. ¿Cómo yo lo sé? Porque él se lo reveló a los corintios. Se escucha en la primera carta a los Corintios, en 4:21, donde Pablo le dice a los corintios, que yo creo que se merecían que se les dijera de todo por lo carnales que fueron. Pero lo que Pablo dice: "¿Qué quieren? ¿Iré a ustedes con vara o con amor y espíritu de mansedumbre?" En otras palabras: denme el chance de yo ir de esta otra manera. Pablo dice que en su ausencia les escribía a los corintios: "Yo soy como austero y soy como un poco inflexible para corregirlos." Pero dice que en su presencia, humilde. Se transformaba. Cuando llegaba, ya les dijo, no tiene que decirles, pero ahora voy a tratar con ellos humildemente.
Tercero, la mansedumbre es necesaria para defender la fe. Primera de Pedro 3:15, eso me enciende: "Estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que les demande razón de la esperanza que hay en ustedes." Pero escucha ahora el final: "Pero háganlo con mansedumbre y reverencia." Cristo no quiere a nadie defendiendo la fe que va a salir hiriendo a los hombres. Eso no le da un buen color al evangelio. Eso no es representativo del evangelio. Cristo dice: "No, primero tienes que hacerlo con reverencia porque estoy representando la Palabra sagrada, infalible, inerrante, todo suficiente de Dios." Pero no puedo ir a defender mi palabra hiriendo al otro. Mejor que te mantengas en silencio. En silencio te ves más bonito.
Finalmente, la mansedumbre es necesaria cuando las personas pronuncian palabras hirientes contra ti. Y tú escuchas y permaneces en silencio, para no herir al otro de la misma manera como tú acabas de ser herido. La mansedumbre permanece en silencio cuando escuchas palabras hirientes para no herir al otro como tú acabas de ser herido. ¿Y dónde está eso? En la Palabra. Primera de Pedro 2:23: "Y quien Jesús, cuando lo ultrajaban, no respondía ultrajando." No, imposible. Eso sería pecar de la misma manera. "Cuando padecía no amenazaba, sino que se encomendaba al que juzga con justicia." Se encomendaba: "Señor Dios Padre, Tú sabes, Tú has visto, aquí estoy en la cruz, Tú has visto. Ahora Tú en tu providencia gobiernas, yo estoy aquí haciendo función de hombre acá abajo, yo me encomiendo a Ti, que sea como Tú quieras," aun en los insultos.
Y finalmente, cerrando ya, no olvides, no olvidemos lo que Cristo dijo en el Sermón del Monte. Bienaventurados o benditos los mansos, pues ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que procuran la paz, los pacificadores, los que calman los ánimos, los que reconcilian a los enemigos, pues ellos serán llamados hijos de Dios. Y finalmente: bienaventurados sean cuando los insulten, benditos sean cuando los insulten y persigan y digan todo género de mal contra ustedes falsamente por causa de mí.
Ayer me encontré con un ginecólogo en una de las clínicas, en el pasillo, y me dice: "¡Vaya acá! ¡Vaya acá! Yo he estado leyendo, yo te estoy siguiendo en Twitter y yo no puedo creer cómo la gente te insulta. Yo no puedo creer que tú tengas esa paciencia." Y yo por dentro pensando: "¿Qué tú no sabes que soy un bienaventurado o un bendito? ¿Tú no sabes que me bendicen continuamente por Twitter?" Porque Cristo dice que bienaventurado el que es insultado y te persiguen y digan todo tipo de mal contra ustedes. Gracias por bendecirme, hermano. "Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande." Si eso es verdad, y tiene que ser, y yo contara todos los insultos de Twitter, mi recompensa es grande, pero enorme. "Porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de ustedes." Si los persiguieron a ellos, los insultaron a ellos, y yo que soy tan chiquito delante de ellos.
Padre, gracias por bendecirnos de todas las maneras posibles. Tú me bendijiste a través de tu Espíritu, me bendijiste en la cruz a través de tu Hijo, pero increíble que me bendijiste cuando me maldicen, me ultrajan, y aun si me persiguieran. Y Tú dices que Tú acumulas recompensas para cuando nosotros nos comportamos mansamente en el interín. En el interín Tú has declarado lo que es bueno, Tú has revelado cómo debiéramos caminar. Hemos hablado de ello. Ayúdame a amar la misericordia, ayúdame a amar la mansedumbre, ayúdame a andar en humildad, ayúdame a andar contigo en Cristo Jesús. Amén.