Integridad y Sabiduria
Sermones

Cuando cosechas lo que siembras... y no es dinero

Miguel Núñez 10 abril, 2022

La frase "cosechas lo que siembras" ha sido distorsionada durante décadas por el evangelio de la prosperidad para prometer riquezas materiales a cambio de ofrendas. Pero cuando Pablo usa este principio agrícola en Gálatas 6, no está hablando de dinero: está hablando de dos tipos de terreno donde podemos sembrar nuestra vida —la carne o el espíritu— y de dos cosechas radicalmente distintas: corrupción o vida eterna.

Sembrar para la carne no requiere pecados escandalosos. Ocurre cada vez que guardamos rencor, alimentamos una fantasía impura, permanecemos junto a compañías cuya influencia sabemos que no resistiremos, o confiamos en nuestros talentos en lugar del poder del Espíritu. Incluso las disciplinas espirituales pueden convertirse en siembra carnal, como hicieron los fariseos que ayunaban y oraban escrupulosamente sin cosechar salvación. La advertencia de Pablo es clara: de Dios nadie se burla. Un pecado oculto en la tierra es un escándalo en el cielo.

La buena noticia es que desde el momento de la conversión tenemos otra opción y otra capacitación. El Espíritu nos habilita para sembrar diferente. Y hay un día de cosecha. El pastor Núñez recuerda las palabras de Jesús en Mateo 25: cada vaso de agua dado a un hermano, cada visita a un enfermo, cada acto de servicio hecho para la gloria de Dios será recompensado. Quizás tu nombre no es conocido en el reino de los hombres, pero si has sembrado en el espíritu, tienes un gran nombre en el reino de Dios. No te canses: hay un lugar donde la muerte será solo memoria de tu redención.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Cuando cosechas lo que siembras y no es dinero, es el título de mi mensaje en el día de hoy. Yo he querido aprobar el uso de esa frase con ese agregado al final, porque a lo largo de las últimas dos, tres décadas, creo que todos nosotros, de manera repetitiva, hemos oído aquellos que proclaman el Evangelio de la Prosperidad, haciendo uso de un principio de la siembra y la cosecha que tiene que ver con el hecho según ellos enseñan: que si tú le das dinero a Dios, tú puedes contar con el hecho de que Él te va a beneficiar, a prosperar financieramente en el día de mañana. Lamentablemente muchos han sido los engañados y pocos los que han recogido. Muchos lo que han vaciado los bolsillos de las ovejas y han llenado los suyos propios.

Pero gracias a Dios que debido a un trabajo nuevo y debido a la proclamación de la Palabra en Latinoamérica, el Evangelio de la Prosperidad ha comenzado a perder terreno, ha comenzado a perder fuerza. Y como las ovejas de Cristo oyen su voz, muchas de ellas que estaban bajo esos púlpitos de predicación han escuchado la voz de Cristo, han salido en busca del pan espiritual. Y eso es algo que ha estado creciendo, no solamente en Latinoamérica, porque hablaba hace unos diez días, no sé si ustedes ya están enterados, en Washington, en la reunión del concilio de The Gospel Coalition, conversaba con un pastor de Nairobi, y él me decía que exactamente lo mismo ha estado ocurriendo en el continente africano.

Si tú hubieras predicado ese Evangelio hace sesenta años, setenta años, quizás nadie hubiera hecho caso. Requirió de una generación con características especiales para que ese Evangelio pudiera crecer. Satanás sabe cuándo, cómo, dónde y de qué manera puede traer el engaño a la población. El Evangelio de la Prosperidad, que ha sido estudiado, pudo tener éxito solamente en una generación materialista, egocéntrica, narcisista, pragmática, utilitarista, con una prosperidad económica suficiente para alimentar el apetito, la avaricia, la codicia de muchos. Y eso ha hecho que muchos se hayan alejado de Cristo para seguir un Evangelio diferente, que en realidad no es otro Evangelio, solo que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el Evangelio de Cristo, para usar las palabras de Pablo en Gálatas 1, versículos 6 y 7.

Y raramente hago lo que voy a hacer ahora, pero permítanme leer una porción de uno de los capítulos de uno de mis libros. Es un capítulo dedicado al Evangelio de la Prosperidad, tiene que ver como el libro Una iglesia conforme al corazón de Dios. Y esta es la cita: "En esencia los falsos maestros de este mensaje enseñan que todo hijo de Dios debiera ser próspero económicamente, estar sano físicamente o sanar si estaba enfermo, porque la prosperidad incluye mi salud, y ser capaz de crear su propia realidad declarando con su boca su prosperidad financiera y de su salud."

La cita continúa y el capítulo cierra diciendo: "El Evangelio de la Prosperidad es el resultado de los deseos de un corazón caído viviendo en medio de la opulencia, en una cultura que dice primero yo, que valora la comodidad, los bienes materiales y las opciones en busca del disfrute de la vida del aquí y el ahora. Una vez que nació este Evangelio no evangélico, se diseminó fácilmente debido a la globalización de nuestros días. Todas las formas de comunicación y de transporte se han usado para llevar las buenas y las malas noticias. Hoy tenemos que decir no solo que las ideas tienen consecuencias, sino también que las ideas viajan rápidamente. Además necesitamos recordar que es más fácil esparcir una mentira que deshacer los daños que produjo. Mucho más fácil. Para empeorar las cosas, todo esto ha sido acompañado por una hambruna de la Palabra de Dios en el púlpito y una falta de confianza en la Palabra para destruir los ídolos del corazón y cambiar la mente de las personas. En cambio, muchos han hecho lo que hizo Aarón en el desierto cuando le dio al pueblo lo que quería: un becerro de oro para adorar. El Evangelio de la Prosperidad es un becerro de oro moderno. Pero nunca olvidemos que nadie puede servir a dos señores, porque odiará a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas." Fin de la cita.

Hay mucho más que yo pudiera decir de este Evangelio de la Prosperidad, pero en realidad no es el tema del día de hoy. Sin embargo, cada mensaje, cada sermón debe ser predicado en un contexto en el que está siendo expresado o llevado o enseñado. Por tanto, yo quería, antes de entrar a mi tema hoy, poderlo predicar desde un pasaje que justamente ha sido enormemente y erróneamente usado por el Evangelio de la Prosperidad para enseñar quizás una de las más grandes herejías que haya entrado al mundo de la iglesia. Y la frase que con frecuencia ellos han usado para manipular a las ovejas de Cristo es que tú cosechas lo que siembras, de manera que si siembras dinero, Dios te devolverá prosperidad.

Y con ello quiero invitarte a que tú puedas leer conmigo Gálatas 6, comenzando en el versículo 7 hasta el 10: "No se dejen engañar, de Dios nadie se burla. Pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará. Porque el que siembra para su propia carne, de la carne segará corrupción, pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos. Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe."

Para hacer uso de las palabras del teólogo puritano de los años 1500, 1600, William Perkins, en su comentario sobre esta epístola: "En este texto nosotros vemos a Pablo hablándonos de dos tipos de semillas las cuales el hombre puede sembrar en su vida, una buena y una mala. Dos tipos de sembradores: hombres espirituales y hombres carnales. Dos tipos de terrenos en los que esta semilla es plantada: la carne y el espíritu. Dos tipos de cosechas que los hombres cosechan de acuerdo con la semilla: corrupción y vida." Fin de la cita.

Eso es verdad, eso es verdad desde el jardín de Edén hasta nuestros días, en todos los hombres, en todos los seres humanos, en todas las épocas, en todos los lugares de la tierra. Pablo hace uso de un proverbio agrícola de la antigüedad que precede a la vida de Cristo incluso, que es un principio de la siembra y la cosecha: si tú siembras habichuelas, cosecharás habichuelas; si tú siembras una mala semilla, no esperes una buena cosecha. Esa es la realidad.

El apóstol Pablo toma ese principio agrícola, lo aplica a la vida espiritual y lo relaciona a todo lo anterior. Ese es el contexto de su enseñanza, a todo lo anterior que él venía enseñando, y de manera particular al capítulo 5 en adelante. Ese es el enfoque de la epístola. El apóstol Pablo, déjame recordarte algunos pasajes desde el 5 hasta donde estamos. En el 5:17, Pablo está hablando de que los deseos de la carne se oponen a los deseos del Espíritu. En los versículos 19 al 21, Pablo entonces describe extensamente cuáles son las obras de la carne o de qué tipo son. Los versículos 22 y 23, Pablo habla del fruto del Espíritu. Y ahora cuando llegamos a Gálatas 6, donde estamos nosotros, Pablo nos habla de que nosotros podemos sembrar en la carne o podemos sembrar en el Espíritu. Tienes versículos hablando de la misma cosa, nada que ver con dinero, ni finanzas, ni prosperidad económica.

Es interesante que, antes de Pablo hablarnos de este principio agrícola y mostrarnos en la vida espiritual cómo luce, comienza con una frase muy paulina: "No se dejen engañar." Es una frase que Pablo usa exactamente igual en Primera de Corintios, en Primera de Corintios 6:9, en la misma carta en 15:33. Y Pablo la usa conociendo que el ser humano es más fácilmente engañado con una mentira que instruido con una verdad. Déjame decir eso otra vez: el ser humano es más fácilmente engañado con una mentira que instruido con una verdad. Esa es la razón, la explicación a todo lo que se ha leído en las redes sociales alrededor de la pandemia, que muchos han creído desechando la verdad.

En el jardín de Edén, Adán y Eva, sin una naturaleza pecadora, sin una mente caída, sin un corazón corrupto, sin una voluntad esclavizada, fueron instruidos por Dios con la verdad y se dejaron fácilmente engañar con la mentira. El mejor instructor que puede haber en el universo entero no pudo prevalecer, por así decirlo en términos humanos, enseñando la verdad cuando la mentira le fue presentada a esta pareja.

La pregunta es: ¿por qué? Porque el ser humano es más fácilmente engañado con una mentira que instruido con la verdad. La respuesta no es complicada, no es compleja. Es que la verdad apela al espíritu. La mentira, o las mentiras todas, apelan a la carne. Y mi inclinación natural y tu inclinación natural es a los deseos de la carne. Por consiguiente, cuando la carne oye la mentira, es música a sus oídos, como dicen en inglés, "music to my ears." Me hace tilín a la carne, y esta es la razón por la que nosotros fácilmente abrazamos lo que no es.

Esta es la misma razón por la que continuamente la carne vive preguntando: "¿Y qué tiene de malo?" Cuando la pregunta debía ser: "¿Y qué tiene de santo?" ¿Por qué la carne pregunta qué tiene de malo? Porque la carne quiere saber hasta dónde puede gozarse, disfrutar, hasta dónde puede cruzar quizás la línea trazada en la arena sin que tenga consecuencia, o qué tan cerca de esa línea puede caminar y disfrutar la carne. Mientras que el espíritu estaría preguntando: "¿Qué tiene de santo?" Porque es a Cristo que tengo que parecerme.

El apóstol Pablo sabe cuán fácilmente tú y yo podemos ser engañados. Si Adán y Eva, en condiciones prístinas de una creación no corrompida, sin tentaciones, sin naturaleza caída, pudieron ser engañados fácilmente —subraya la palabra— por Satanás, tú y yo y cualquier otro puede ser engañado.

Escucha lo que el apóstol Pablo le escribe a los corintios en su segunda carta, capítulo 11, versículo 3: "Pero temo que, así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, las mentes de ustedes sean desviadas de la sencillez y pureza de la devoción a Cristo." ¿Por qué Pablo está preocupado? Pablo está preocupado porque conoce la facilidad con la que el ser humano puede ser engañado. Y cuando él quiere explicar a los corintios de dónde viene, de dónde procede su preocupación, se vale del Génesis y recuerda de qué forma la serpiente engañó a Eva. Y dice: "Yo ahora estoy preocupado porque en medio de ustedes hay falsos maestros con falsas enseñanzas que provienen de la misma serpiente, y yo estoy preocupado con que ustedes sean desviados de lo santo, que es su devoción a Cristo, a lo profano, que es la vida de la carne."

El engaño, la posibilidad del engaño, no es de personas recién convertidas, no es de personas inmaduras. Ninguna de esas dos cosas caracterizaba ni a Adán ni a Eva. Tenían comunión con Dios, lo conocían, pero sin embargo fueron engañados. Porque el engaño es propio de personas de carne y hueso, de la criatura, y más ahora de criaturas caídas.

Y luego Pablo dice, inmediatamente después, inmediatamente después de decir "no se dejen engañar", Pablo trae una advertencia y dice: "Nadie se burla de Dios." En otras palabras, cuidado con el engaño, porque nadie, ni en el pasado, ni en el presente, ni en el futuro, se burla de Dios. En el lenguaje original, la palabra traducida como "burla" tiene que ver con esta idea de mover tu nariz, como que nadie le hace esto a Dios. O pudiera tener que ver con el hecho de que nadie le habla o le mueve la cabeza despectivamente a Dios sin que sufra sus consecuencias.

Tú y yo podemos esconder nuestro pecado; es más, podemos enterrarlo. Si el pecado fuera una cosa, podemos enterrarlo, y lo hemos hecho todos en algún momento de nuestra vida. Pero Dios lo vio y el cielo se enteró. La persona más importante en todo el universo está al tanto. Por eso decía Greg Laurie, un autor y pastor norteamericano más o menos conocido por lo menos en aquellos círculos, él decía en una conferencia hace unos años atrás que un pecado oculto en la tierra es un escándalo en el cielo. Que aquí pudiéramos estar diciendo "nadie se enteró" y en el cielo: "¡Increíble! Si tuvieran la misma naturaleza que nosotros los ángeles tuviéramos, ¿qué dijéramos? ¡Increíble! ¿Me oíste? ¡El pastor fulano!" La frase de Pablo "de Dios nadie se burla" son palabras sencillas con implicaciones monumentales.

En el texto de hoy, Pablo compara la carne y el espíritu a dos tipos de terrenos o de suelos en los que tú y yo podemos sembrar. Sembramos para la carne o sembramos para el espíritu. Me voy a tratar de ilustrarte esto a partir de la Palabra de Dios. Yo creo que las mejores ilustraciones, lo he dicho otras veces, salen de la Palabra de Dios.

Nosotros sembramos la semilla de la mundanalidad en la carne; lo único que podemos cosechar son frutos de la carne. Cuando Elí no impidió la mundanalidad o la inmoralidad de sus hijos, él cosechó la muerte de sus dos hijos y la suya propia el mismo día. El texto del Génesis incluso dice que los hijos de Elí no se arrepintieron porque Dios ya había decidido matarlos. En un solo día los dos cayeron en batalla, y cuando Elí recibió la noticia de que sus hijos habían muerto en batalla, se cayó para atrás y luego se desnucó y murió.

Cuando el rey Nabucodonosor decidió atribuirse la gloria y la soberanía y el poder para construir la gran ciudad de Babilonia, él cosechó siete años comiendo hierbas con las bestias del campo. Cuando Herodes, en el Nuevo Testamento, en el capítulo doce del libro de los Hechos, decide presentarse delante del pueblo, hablar y creerse y ser aclamado como que estaban escuchando la voz de Dios, el texto dice que un ángel de parte del Señor lo hirió, y al momento cayó muerto y lo comieron los gusanos. ¿Por qué? Porque nadie se burla de Dios.

Cuando Sansón sembró sensualidad con Dalila, cosechó la muerte sobre sí mismo. Cuando Salomón sembró carnalidad de todo tipo siendo rey, cosechó la división de su reinado: el reino del norte y el reino del sur. Cuando el reino del norte, por Dios, sembró carnalidad y sembró idolatría, cosechó el exilio. Y cuando el reino del sur fue advertido por Dios de que si continuaba haciendo lo mismo que su hermana del norte sufriría las mismas consecuencias, cosechó el mismo exilio, pero a Babilonia. De Dios nadie se burla.

Eso es el pasado, eso es en la Biblia. Déjame hablarte de hoy. Déjame hablarte de hoy, y yo sé que quizás le estoy hablando al coro, como dicen, porque quizás la mayoría o todos los que estamos aquí creemos las mismas cosas. Pero ojalá en algún momento, por la providencia de Dios y la soberanía de Dios, este mensaje pueda ser escuchado por alguno de los culpables de lo que está pasando hoy.

Cuando las legislaciones de nuestros días tratan de sexualizar a nuestros hijos, a nuestros niños, de la forma más perversa posible a una temprana edad, están tratando de burlarse de la inocencia que Dios puso en los niños. Están sembrando iniquidad en la inocencia de ellos y cosecharán la maldad en la adultez de ellos.

Cuando la sociedad de nuestros días llama a un hombre mujer y a una mujer hombre, está tratando de burlarse del diseño de Dios. Y hoy en día entonces se elige a una integrante, un miembro de la Suprema Corte de Justicia, y se elige precisamente por ser mujer de acuerdo al presidente de aquella nación: "La quiero elegir por ser mujer y llenar cierta característica." Y le preguntan entonces ante el interrogatorio que cómo define una mujer, y dice que no sabe porque no es bióloga. Tú te estás tratando de burlar de Dios, pero nadie se burla de Dios. No sabemos qué se eligió a esa Suprema Corte porque no sabe lo que es una mujer. Cuando la humanidad pierde la racionalidad, su cosecha es la maldad.

Cuando una mujer trata por medio de cirugías y tratamientos hormonales de convertirse en un hombre para luego salir embarazada y poder decir que un hombre puede salir embarazado, está tratando de burlarse de la maternidad que Dios diseñó de manera exclusiva para el sexo femenino. Pero para todos aquellos que están tratando de empujar, de aprobar esta monstruosidad, quiero recordarte lo que Dios ha dicho: nadie se burla de Dios.

Job 4:8 nos recuerda: "Porque lo que yo he visto, de acuerdo a mi experiencia" —en otras palabras— "los que aran iniquidad," ¿te das cuenta que estos son principios agrícolas? "Los que aran iniquidad y los que siembran aflicción, eso siegan, eso cosechan." Oseas 8:7: "Porque siembran viento y recogerán tempestades." Principios agrícolas: siembran vientos y van a recoger ciclones.

Pero quizás alguno de nosotros pensamos: "Bueno, no estoy en esos pecados extremos y por tanto no estoy sembrando para la carne." Déjame no recordarte lo que John Stott escribió con relación a este pasaje y a cómo sembramos en la carne, cristianos. Cada vez que nosotros permitimos que nuestra mente guarde rencor, alimentemos una herida, mantengamos una fantasía impura o nos revolquemos en sentimientos de autocompasión, estamos sembrando para la carne. Cada vez que permanecemos junto a mala compañía —niños, adolescentes, adultos— permanecemos junto a mala compañía cuya influencia sabemos que no será difícil de resistir; cada vez que permanecemos en la cama cuando debiéramos pararnos para orar; cada vez que nosotros nos tomamos un riesgo que pone nuestro dominio propio al límite, nosotros estamos sembrando, y sembrando para la carne. Algunos cristianos siembran para la carne todos los días y luego se preguntan por qué no tienen una vida de santidad.

La santidad es una cosecha. Independientemente de que nosotros la cosechemos o no, depende casi completamente de lo que sembremos y de dónde sembremos. La santidad es una cosecha y depende casi exclusivamente de lo que tú y yo sembremos y de dónde tú y yo estemos sembrando. Es una verdad incontrovertible.

Pero yo diría también que nosotros sembramos en la carne cada vez que tú y yo confiamos en nuestras habilidades y talentos y no en el poder del Espíritu. Eso es una siembra en la carne. Tú y yo sembramos en la carne cada vez que confiamos en nuestro propio entendimiento de cómo las cosas debieron ser, debieron haber sido o deben ser en el futuro, en vez de confiar en las Escrituras de Dios. Eso es una siembra en la carne. Y nosotros sembramos en la carne cada vez que cedemos a nuestras emociones y pasiones en vez de resistirlas conforme a la voluntad de Dios.

Pero déjame recordarte que nuestras pasiones y emociones no son exclusivamente sensuales, no, no. Todas esas cosas que sentimos, que experimentamos, que no se conforman racionalmente al consejo de Dios, son pasiones carnales a las que tú y yo debiéramos resistirnos.

Sembramos en la carne cada vez que miramos lo que hacemos para medir mi progreso. Cada vez que yo como pastor pudiera mirar la predicación, el tamaño de la iglesia, cuántos cultos tenemos, cuántos programas y videos podemos hacer para medir mi progreso en la fe, y no estoy midiendo la imagen de Cristo en mí, eso es una siembra en la carne. Dios pudiera fácilmente decirme, o decirnos a nosotros los pastores: "Prefiero tu obediencia a tu predicación." Muchas veces eso lo dijo en el Antiguo Testamento: "Obediencia quiero y no sacrificio." Este es un sacrificio para Dios, no porque me cueste trabajo —yo disfruto lo que hago para el Señor— pero es mi ofrenda al Señor. Y el Señor dice: "Es que prefiero tu obediencia a tu ofrenda."

Pero nos gusta sembrar para la carne. Ese es el tema de hoy: ¿dónde vamos a sembrar, en la carne o en el espíritu? Nos gusta sembrar en la carne, ¿sabes? Porque lo que hacemos en la carne produce placer. Mi naturaleza de carnalidad le encanta el placer. Sembramos en la carne porque muchas veces lo que hacemos nos da un nombre, nos da reconocimiento, nos pone en el centro de atención, y a la carne le encanta ser centro de atención. Sembramos en la carne porque muchas veces lo que hacemos en la carne me consigue la aprobación de los hombres, y eso le rasguña el oído a la carne.

Sembramos en la carne porque los logros nos promueven y nos dan a conocer y nos ponen por encima de los demás. Tenemos que ser cuidadosos, hermanos, porque nosotros podemos tomar las disciplinas espirituales, las disciplinas espirituales diseñadas para crecer a la imagen de Cristo, y convertirlas en una siembra en la carne, como hicieron los fariseos, que oraban tres veces al día. Tú y yo probablemente no oramos tres veces al día. Que ayunaban dos veces a la semana, tú y yo probablemente no ayunamos dos veces a la semana. Que guardaban el día de reposo de manera escrupulosa, y ni siquiera cosecharon salvación.

Nosotros necesitamos cuidar lo que entra a nuestra mente, porque como se ha dicho, las ideas tienen consecuencias, pero las acciones también. Recuerda este proverbio secular, también de hace muchos años, para que puedas ver que estos son principios agrícolas: siembra un pensamiento, cosechas una acción; siembras una acción, cosechas un hábito; siembras un hábito, cosechas un carácter; siembras un carácter, cosechas un destino, con Dios o sin Dios.

La buena noticia es que ahora no solo tenemos la opción de sembrar en el Espíritu. En vez de sentirnos como que me están aplastando, porque esto es casi como acusatorio, tú puedes verle la vuelta. Eso es decir, pero qué bueno que ahora yo puedo sembrar en el Espíritu, porque yo tengo otra opción. Y no solamente que tengo otra opción, tengo otra capacitación, porque el día que yo nací de nuevo Dios me capacitó para sembrar en el Espíritu. Déjame darte la secuencia desarrollada por Pablo en Gálatas. Gálatas 3:2 y versículo 14 nos dice que al momento de la conversión recibimos el Espíritu. Es el comienzo, es el comienzo de mi capacitación, porque hasta ese momento había sembrado para la carne y para la carne y solamente para la carne. Ahora Dios me dice: ahora te voy a dar la opción, tendrás la opción, vas a tener poder infinito recibiéndolo dentro de ti para que puedas cambiar tu siembra y tu cosecha.

En Gálatas 5:16 se nos llama a andar por el Espíritu. En 5:18 se nos dice que debemos ser guiados por el Espíritu. En 5:22 y 23 se nos habla del fruto del Espíritu, y en 5:25 se me anima a vivir por el Espíritu. Primero vengo a ser morada del Espíritu, luego se me llama a andar por el Espíritu, luego se me habla del fruto del Espíritu, luego se me dice que ahora que tengo el fruto del Espíritu yo puedo vivir por el Espíritu, y como estoy viviendo por el Espíritu, ahora en el texto de hoy, capítulo 6, yo puedo sembrar en el Espíritu. ¡Wow! Esa es la secuencia.

El versículo 8 del capítulo 6: "Pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna." ¡Wow! ¿Es esto ánimo? ¿Es esto tu motivación? El que siembra para el Espíritu, del mismo Espíritu va a cosechar vida eterna.

Y el apóstol Pablo comienza a decirme entonces, entendiendo la debilidad humana, entendiendo que nosotros corremos y nos cansamos, y hay suficientes motivos en esta vida para desanimarnos, debilitarnos, para distraernos y sacarnos del camino, la próxima enseñanza de Pablo tiene que ver con el hecho de que no debemos cansarnos de hacer el bien, porque llegará el día en que nosotros segaremos. Hay un día de cosecha.

Y Pablo está tratando de animarnos. Si hubo alguien en la antigüedad que pudo haberse desanimado, que pudo haberse desalentado, que pudo haber parado la carrera, fue el apóstol Pablo. Cuando se vio perseguido por sus propios conciudadanos, por sus propios hermanos, cuando se vio en las cárceles tantas veces, cuando fue azotado, cuando estuvo sin poder ver, cuando estuvo desnudo, como él dice, cuando fue abandonado incluso a la hora de la prueba. Si hubo alguien que pudo haber abandonado la carrera fue el apóstol Pablo, y sin embargo al final él dice: yo he terminado la carrera, yo he peleado la buena batalla. Y ahora nos está diciendo a nosotros: no te canses, continúa corriendo, hay un día de recompensa, hay un día de triunfo, hay un día de celebración.

Escucha a Santiago tratando de ayudarnos a que no nos detengamos, no nos paremos. Santiago nos dice en el capítulo primero de su epístola que debiéramos contar por sumo gozo cuando nos encontremos en diferentes tipos de pruebas. ¿En serio, Santiago? Yo te aseguro que tú quisiste decir que consideramos como sumo gozo, porque no sé cómo los diferentes tipos de pruebas pueden producirme gozo. Entonces yo no lo considero como sumo gozo. Para ti de verdad, te hablo desde aquí: tú no sabes lo que Dios está haciendo en ti y a través de ti en las pruebas. Pero espera, ten paciencia.

Escucha cómo él va a ir terminando su capítulo cinco de la misma epístola. Dice: "Amados hermanos, tengan paciencia mientras esperan el regreso del Señor." Santiago probando eso miles de años ya. Ten paciencia, no te agotes.

Escucha, Santiago, para que tú puedas ver que estos son todos principios agrícolas distorsionados por los evangelistas de la prosperidad. Como decía Pedro en una de sus cartas acerca de la enseñanza de Pablo: de nuestro hermano Pablo sabemos que escribe acerca de cosas que son como complejas, complicadas, difíciles de entender, que los falsos maestros distorsionan para su perdición, como distorsionan el resto de las Escrituras. Los evangelistas de la prosperidad han distorsionado no solamente esta enseñanza, sino también el resto de las Escrituras.

Pero escucha a Santiago: "Amados hermanos, tengan paciencia mientras esperan el regreso del Señor. Piensen en los agricultores que con paciencia esperan las lluvias en el otoño y la primavera. Con ansias esperan a que maduren los preciosos cultivos. Ustedes también deben ser pacientes. Anímense porque la venida del Señor está cerca."

Cada año que cumplo un año más de vida, literalmente, cuando gente me felicita yo pienso o le digo: un año más cerca del Señor. Yo no sé por qué la gente tiene miedo de morir. La gente tiene como este deseo de permanecer aquí por siempre. Me da la impresión que este mundo para ellos es como demasiado extravagantemente bueno, porque yo lo encuentro tan corrompido y deteriorado que estoy loco por salir y encontrarme con mi Señor y vivir en el mundo para el cual Él me creó, en el mundo donde yo voy a sentirme como: ¡Ah, finalmente! Ha sido larga la carrera. ¿Conoces la canción? Pero el viaje, por fin yo llegué.

¿Qué? Eso me acordó la foto del presidente estadounidense con la nueva integrante de la Suprema Corte. La palabra fue: "We made it", al fin lo logramos. Yo estoy pensando cuando yo llegue al cielo, abrazar a mi Señor y decirle: "You made it", llegué, me trajiste, me acompañaste, me salvaste, me preservaste.

Tú y yo necesitamos correr reconociendo que en este mundo material nada te va a llenar satisfactoriamente. Y este es parte del problema: nosotros tenemos falsas expectativas. Comenzamos a envejecer y comenzamos a preocuparnos, si en tristeza extrema, por lo que la vejez va a traer. Yo conversaba con mi esposa ayer, le decía: ¿Sabes qué? Ya me he hecho la imagen en mi mente de toda la forma posible de cómo yo pudiera lucir en esa vejez bien avanzada. ¿Sabes qué? Está bien, eso es lo que significa hacer un ser humano envejeciente. Implica mostrar al mundo que este mundo caído lo único que tiene que ofrecer es corrupción, pero que hay un mejor mundo que me espera, que me da esperanza, en el que yo estoy confiado, en el que yo estoy todavía corriendo en mi interior para llegar, aunque me esté descomponiendo en el exterior. Muy viejo este pueblo, pero en mi mundo interior estoy siendo renovado.

Necesitamos las expectativas correctas para saber cómo correr. Hermano, en este mundo nada te va a llenar, nada te va a llenar. Toda tu necesidad... Y no solo tenemos necesidad, tenemos anhelos, tenemos carencias. Y las promesas de Dios, ninguna fue de índole... Yo no creo, si ninguna, la enorme mayoría de ellas no fueron de índole material. ¿Para qué me va a ofrecer cosas eternas para un mundo temporal? Explícame, no tiene uso.

El apóstol Pablo tratando de animar, Pablo tratando de hacer, como dicen en inglés, cheerleader: ¡Vamos! No nos cansemos de hacer el bien. En el versículo 9: "Pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos." Eso es un condicional. Segaremos. No te canses de hacer el bien. Pablo sabe, deja la posibilidad de cansarnos y de abandonar la carrera.

Yo creo que la carrera cristiana ha sido diseñada como una carrera de obstáculos. Ustedes lo han visto, la carrera de obstáculos, donde hay como vallas que los corredores tienen que saltar. Son obstáculos. Yo creo que ha sido diseñada por Dios como una carrera de obstáculos a propósito, para que solamente los verdaderos hijos de Dios lleguen, porque los falsos profesantes de fe abandonan. Y Juan diría, si estuviera conversando con nosotros o con Pablo: sí, es verdad, salieron de nosotros, pero no eran de nosotros, porque si hubiesen sido de nosotros, hubiesen permanecido con nosotros. Pero la razón por la que salieron es para dar evidencia de que nunca fueron de nosotros.

Hermano, hay un día final, hay un día de rendición de cuentas, pero hay un día de recompensas. Y ahora es la hora, ahora es el tiempo de sembrar, de sembrar en el Espíritu y dejar de sembrar en la carne. Y esta es la hora para hacer bien, hacer bien a todos, sin cansarnos.

El Señor Jesús sanó diez leprosos en una ocasión. ¿Tú recuerdas? Diez leprosos. ¿Cuántos regresaron? Uno. Pero la ingratitud y la incredulidad de los nueve no hizo que Jesús dejara de seguir haciendo bien a todos.

Pablo nos enseña que debiéramos tener un interés especial por aquellos que son hijos de Dios. A la hora de obrar, a la hora de hacer bien, debiéramos tener un interés especial por aquellos que son de Dios. Escuchen el versículo diez: "Así que entonces, hagamos bien a todos". Otra vez: "Según tengamos oportunidad". Cada vez que veas a alguien en necesidad, quizás necesita que le regales algo de dinero, quizás es una camisa, quizás es un pantalón, quizás es una comida, quizás es una oración, quizás necesita de tu tiempo. Hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe. Especialmente a los de la familia de la fe.

Esa no es una señal paulina, eso es Pablo copiando del Señor. Tú recuerdas cómo el Señor enseñó cómo tú y yo debiéramos hacerle bien a los de la familia del Señor. Generalmente Mateo 24 y 25 tienen que ver ya con el tiempo final, y el 25 con el juicio final. Y yo creo que tú verás aquí algo que tú ves en todos los pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento donde se habla de juicio o día final: en todos están las obras involucradas. No porque eres salvo por obras, sino porque Dios ha hecho una promesa de recompensar tus obras.

Y déjame leerte este texto acerca del día final para que veas las obras. Mateo 25, versículo 31 en adelante, es un texto largo pero vale la pena, el Señor lo enseñó. Lo que Él diga es más importante que cualquier cosa que yo pudiera decir en esta mañana. "Pero cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria y todos los ángeles con Él, entonces Él se sentará en el trono de su gloria. Y serán reunidas delante de Él todas las naciones, y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha y a los cabritos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Vengan, benditos". Quédate con esa palabra "benditos" para que veas la diferencia entre estos y los cabritos. "Vengan, benditos de mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo". Esta es la recompensa: hereden. Una cosa, no dos, no tres, es el reino entero.

¿Por qué, Señor? "Porque yo tuve hambre y ustedes me dieron de comer. Tuve sed y me dieron de beber. Fui extranjero y me recibieron. Estaba desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, en la cárcel y vinieron a mí". Cosa rara, Señor, ¿porque cuándo tú estabas en la cárcel? "Entonces los justos responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos como extranjero y te recibimos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a ti? El Rey responderá: En verdad les digo que en cuanto lo hicieron a uno de estos hermanos míos, a uno de estos de la familia de Dios, a uno de los más pequeños, a mí me lo hicieron".

"Entonces dirá también a los de la izquierda: Apártense de mí, malditos". Benditos, malditos. "Al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y ustedes no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, fui extranjero y no me recibieron, estaba desnudo y no me vistieron, enfermo y en la cárcel y no me visitaron. Entonces ellos también responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, o como extranjero o desnudo o enfermo o en la cárcel y no te servimos? Él entonces les responderá: En verdad les digo que en cuanto ustedes no lo hicieron a uno de los más pequeños de estos, tampoco a mí lo hicieron. Estos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna".

Hay un principio de una siembra y una cosecha, pero no tiene nada que ver con dinero, no tiene nada que ver con prosperidad material, no tiene nada que ver con acumular tesoros de este lado de la eternidad. La siembra y la cosecha tienen que ver con nuestros estilos de vida de este lado, de este lado de la gloria. Aquí hay que estar sembrando, después segaremos. Y lo que recibirás entonces, muchas veces aun de este lado y luego mucho más de aquel lado, será conforme a lo que siembres. Lo que siembran aquellos que siembran en la carne, que viven la vida de pecado, cosecharán la justicia de Dios. Lo que siembran en el Espíritu, cosecharán la gracia de Dios. Y ambas cosas: la justicia de Dios muchas veces la recibes de este lado, pero se extiende a la vida venidera; la gracia de Dios de igual manera comienza de este lado pero se extiende al mundo venidero. Pero cuando siembras en el Espíritu, tu cosecha es santidad, y la santidad cosecha la gracia de lo que hemos hablado.

Los que viven cosechando cosas de este mundo, cuando mueran, dejarán todas estas cosas de este lado. Jamás las volverás a ver. De hecho, la Palabra dice que todas ellas serán consumidas por el fuego. Estás acumulando cosas que van a ser quemadas. ¡Qué irracionalidad! Como se ha dicho siempre, el único dinero que vas a volver a ver es el que inviertes en el reino de los cielos, el único dinero que vas a volver a ver.

Y déjame animarte, porque quizás tú estás pensando: "Bueno, el pastor tiene un inglés grande, lo conoce mucha gente, ha escrito libros, pero yo no, yo no tengo esos méritos". Escúchame: quizás tú no tienes un gran nombre en el reino de los hombres, pero si tú has sembrado en el Espíritu, tú tienes un gran nombre en el reino de Dios. Tú tienes un gran nombre en el reino de Dios. Quizás tú no tienes grandes riquezas materiales de este lado, pero no te preocupes, que ninguna de ellas va a pasar a aquel lado. Ninguna de ellas. Lo de este lado, de este lado se queda. Quizás tú no conoces nada del hebreo del Antiguo Testamento. Quizás no conoces nada del griego del Nuevo Testamento. Quizás lo oyes desde algunos púlpitos de vez en cuando y piensas: "Oh, si yo pudiera, si yo supiera". Quizás tú no conoces el hebreo del Antiguo Testamento ni el griego del Nuevo, pero quizás tú conoces al Señor que inspiró ambos testamentos, y ahí es donde tú tienes que gloriarte: que conoces al Señor del cielo y la tierra, quien te dio la salvación.

Quizás tus obras no son tomadas en cuenta. Quizás no las vemos porque existen en privado, porque visitaste una cárcel, porque visitaste algún enfermo, porque fuiste en un viaje misionero a un lugar donde poca gente va o que poca gente conoce, o tu obra fue en un orfanato. Pero ten por seguro que tu obra no es en vano, tu trabajo no es en vano. Cada acción, cada acción que tú hayas hecho para la gloria de tu Dios y que has sembrado en el espíritu, cada una será recompensada. Eso es una promesa que tú tienes, eso es un gozo que te espera aún.

Por así quiso Cristo ilustrarlo: un vaso de agua en un momento dado, en un momento dado a alguien que vestiste. Cada acción, cada obra hecha para la gloria de Dios será recompensada. Quizás estás triste, cansado, agobiado, desanimado. Recobra tu esperanza, porque hay un lugar de descanso y de gozo. No de un día de reposo, de reposo eterno: toda una eternidad de gozo y de reposo. No te canses.

Yo recuerdo hace —yo no recuerdo, no estoy seguro ahora— cuatro, cinco años, estando en esta iglesia, había un momento dado, no recuerdo ni siquiera el porqué, lo cual ni siquiera es importante, pero me sentía como que me estaba cansando. Y recuerdo en un momento reflexionando con Dios, donde Dios trajo este pasaje a mi mente del libro de Isaías. Dice: "Pero si te cansaste con los de a pie, ¿cómo vas a correr con los de a caballo?" ¿Con los de a pie te cansaste? Tú todavía no sabes lo que otros han corrido, lo largo que han corrido y lo rápido que han corrido por mucho más tiempo. De manera que Pablo está diciendo: no te canses, hay un día de recompensa, hay un día de regocijo.

Quizás tú estás aquí pensando: "Bueno, yo siento incluso al Señor como lejos de mí." Bueno, yo tengo buenas noticias para ti: hay un lugar donde tú vas a morar y Él va a estar en medio de nosotros. En medio de nosotros lo verás como Él es; de hecho, serás semejante a como Él es.

O quizás tú miras alrededor y lees las noticias y lees las redes y te sientes amedrentado porque hay tanta oscuridad alrededor de nosotros. Ciertamente el mal avanza y la noche es oscura y se hace más densa. Pero hay un lugar resplandeciente, hay un lugar resplandeciente donde la luz nunca se apaga. Es un lugar especial reservado para los hijos de Dios.

O quizás tienes anhelos que piensas que jamás serán llenados. No, no te preocupes. Ten paciencia. Mira los agricultores, cómo esperan por las lluvias del verano, del otoño. Ten paciencia. Hay un lugar donde tú vas a recoger, donde tu cosecha se va a recoger, porque es ese lugar el que satisface tu corazón.

Quizás estás cansado de luchar con tu pecado, de luchar con el enemigo. No te canses. Hay un lugar donde ya el pecado no será más, tu pecado será cubierto. Ya no hay enemigos, donde Satanás no te molestará jamás, donde la corrupción ya no va a ser parte de ti ni de tu pensamiento. Es un lugar donde se vive en completa libertad.

¿Tú no quieres llegar a este lugar? ¿No quieres morirte para poder vivir? Ese es el día en que tú vas a estar más vivo que en cualquier otro día de toda tu existencia: el día donde hayas muerto aquí para vivir allá. Jamás habrás estado tan vivo como en ese día. Jamás tendrás más amor, más gozo, más libertad, más deseo de adorar a tu Dios. Completa libertad.

Quizás estás entrando en edad, ochenta, noventa años, y quizás estás pensando: "Ya yo estoy casi por morirme." Y quizás la muerte te amedrenta. Hay un lugar donde la muerte será simplemente una memoria de tu redención, donde no hay muerte, no hay pecado, donde vivir es verdaderamente la vida abundante que finalmente Cristo te entregará.

Y no te canses de orar por ti ni por otros, no importa si no ves los frutos. Leí este fin de semana como este hombre de ciento tres años —ciento tres años— había vivido largos años, de hecho estaba pasado de años, y no conocía al Señor. Y a los ciento tres años estaba meditando y reflexionando, y se acordó de un sermón que había sido predicado ochenta y cinco años atrás, y creyó, y recibió vida eterna ochenta y cinco años después de haber oído el sermón. No te canses de orar, de esperar. Dios puede, Dios puede darte la recompensa el día menos esperado. No tienes ni siquiera que verlo; simplemente confía y siembra en el espíritu para que puedas cosechar en el espíritu.

Gracias por tu ciudad preparada para nosotros. Gracias porque por esa ciudad celestial esperamos. Gracias porque Cristo dijo: "Es bueno que yo me vaya porque voy a preparar un lugar." Y de hecho, si no fuera cierto no te lo diría. Los discípulos llegaron a creer; si Él lo dijo, es cierto. Nosotros lo creemos también. Ayúdanos a anhelar, todos nosotros, ayúdanos a anhelar la salida de este mundo para entrar en el venidero. Pero no nos permitas, mientras esperamos en este lado, no nos permitas quejarnos, porque la espera es parte del proceso y la espera es parte del programa para entrar a la realización final de dicho programa: el plan de redención, para la gloria tuya. En Cristo Jesús hemos predicado, para su gloria también. Amén. Bendiciones.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.