Si la salvación viene por gracia mediante una promesa, ¿para qué sirvió entonces la ley? Esta pregunta, que Pablo anticipa en Gálatas 3, revela una tensión que los creyentes de Galacia enfrentaban al ser seducidos por enseñanzas que exigían obras para alcanzar justificación. La respuesta es clara: la ley fue añadida a causa de las transgresiones. Funcionó como un microscopio moral que tomó lo que parecía más o menos correcto y reveló su verdadera corrupción. Como cuando se encienden las luces en un salón oscuro y aparecen todos los obstáculos que antes no veíamos, la ley iluminó el pecado humano mostrándolo, en palabras de Pablo, "en extremo pecaminoso".
La ley refleja el carácter santo de Dios y fue dada por amor, para proteger al ser humano de las consecuencias del pecado. Pero aunque puede enseñar el pecado, no puede pagarlo ni limpiarlo. Es como un espejo que muestra el cabello despeinado pero no puede peinarlo. Por eso la promesa hecha a Abraham —incondicional, unilateral, por pura gracia— siempre estuvo por encima de la ley. El pastor Núñez ilustra esto con las conversaciones que ha tenido junto a camas de enfermos terminales: personas convencidas de que sus buenas obras superan las malas, sin saber que están prisioneras del pecado y necesitan una llave que solo Cristo posee.
La ley tuvo temporalidad: fue dada "hasta que viniera la descendencia", es decir, Cristo. Él tomó los diez mandamientos y los resumió en dos: amar a Dios supremamente y al prójimo como a uno mismo. Cuando aprendemos a amar a Dios por encima de todo, amamos mejor todo lo demás. Y la entrada al reino no depende de méritos propios, sino de la autoridad del hombre en la cruz del medio, quien dijo al ladrón arrepentido que podía entrar.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Les invito a abrir la Palabra de Dios ahí donde lo han estado haciendo: Gálatas, capítulo tres. Vamos a estar cubriendo del versículo 19 al 22. Originalmente planificado hasta el 25, pero nos vamos a quedar en el 22.
En un mensaje anterior, titulamos el mensaje anterior "Cuando la promesa estuvo por encima de la ley", una promesa hecha a Abraham de manera incondicional, de manera unilateral por parte de Dios. Y vimos cómo el apóstol Pablo trató de explicar cómo esa promesa que vino por gracia estuvo por encima de la ley que requería el esfuerzo humano. El pacto hecho con Abraham fue establecido por Dios por pura gracia, como vimos, desde que él fue llamado hasta llevarlo a cumplir. Y de la misma manera vimos cómo la ley requería la obediencia, las obras de la ley, a una ley que nadie podía cumplir excepto la persona de Jesucristo.
Y Pablo está tratando, continúa elaborando su argumento acerca del hecho de que la gracia de Dios es lo único que hace posible que el pecador pueda ser perdonado o encontrar salvación, y que por las obras de la ley ninguna persona pudiera encontrar justificación. Y esa verdad, en cierta manera, confrontó a los judaizantes que estaban enseñando todo lo opuesto, ya habían comenzado a seducir a los gálatas. Y por otro lado corrigió, reprendió, confrontó a los gálatas que lamentablemente habían comenzado a abrazar una enseñanza errónea.
El pasaje de hoy, tres versos, y continúa la próxima semana, es muy corto, muy breve. Sin embargo, es uno de los pasajes más importantes en la carta a los Gálatas. De hecho, de acuerdo a uno de los académicos consultados, este es el pasaje de mayor peso en toda la epístola a los Gálatas para entender la relación de la ley con nuestra vida cristiana hoy, para entender el argumento que Pablo ha estado elaborando. De hecho, ese académico habla de que en su opinión, este es uno de los pasajes más importantes de todo el acervo epistolar del apóstol Pablo, para poder entender justamente si la ley tiene o no tiene un rol en nuestras vidas y, si lo tiene, cuál es.
El hecho de que el pasaje sea importante, el hecho de que el pasaje sea breve, no dice que es fácil de entender. Hay una cierta dificultad que ha hecho incluso que yo necesite elaborar menos hoy, pasar cierto tiempo en el desempaque, por así decirlo, de alguna de las ideas. Pero al igual que el domingo pasado, que antes de leer el texto tratamos de definir lo que era un pacto, lo que era una promesa y lo que era la ley, de esa misma manera yo quiero hacer algunas precisiones o definiciones antes de iniciar.
La ley y su propósito, a lo largo de la historia redentora, ha sido vista de tres maneras distintas. Número uno: habla de que la ley fue abolida por Cristo cuando inició la era de la gracia o la era del Espíritu, y que esa ley no guarda ninguna relación con nosotros al día de hoy. Esta posición fue examinada por la Iglesia primitiva, considerada hereje, y Marción, que fue uno de aquellos que expuso dicha opinión o convicción, fue catalogado como tal, como un hereje, y expulsado de la Iglesia.
La segunda posición es que la ley representó la expresión de la voluntad de Dios, pero de manera incompleta, y que entonces esa voluntad fue completada por Cristo y las enseñanzas del Nuevo Testamento, de forma tal que nosotros contamos con una mejor idea de cuál es la voluntad de Dios. Y este grupo entiende que para poder obedecer la ley es necesaria la presencia y la morada del Espíritu de Dios. Pero en este grupo están algunos, o muchos, que entienden que es posible hoy en día obedecer completamente la ley por el poder del Espíritu, e incluso ir más allá de la ley. Algo que no entiendo cómo pudiera ser afirmado, porque a lo largo de la historia bíblica, a lo largo de la historia de la Iglesia, a lo largo de tu propia vida y la mía, nosotros hemos visto una y otra vez la imposibilidad de mantenernos fieles completamente a la ley de Dios. El apóstol Pablo testificaba: "Lo que no quiero hacer, eso hago; lo que quiero hacer, eso no hago."
Y la tercera sombrilla, por así decirlo, es donde estamos, junto con otros, y es que la ley de Dios, resumida en los Diez Mandamientos, permanece prescriptiva para el día de hoy. La ley refleja el carácter de Dios, reflejó la voluntad de Dios para su pueblo y la continúa haciendo hoy. Pero para llevar a cabo de manera apropiada la ley, definitivamente que tú necesitas el Espíritu de Dios que pone en ti tanto el querer como el hacer.
Y con esa introducción, con ese entendimiento, yo creo que estamos listos para comenzar a leer el texto de hoy. Yo creo también que la mayoría está de acuerdo que las leyes alimenticias y ceremoniales que eran parte de la ley quedaron atrás, porque ellas apuntaban a Cristo. Llegó Cristo, y ya no tienen ningún sentido. ¿A dónde van a apuntar si a lo que apuntaban ya llegó? Pero la ley moral, representativa del carácter de Dios, resumida en los Diez Mandamientos, permanece siendo prescriptiva para nosotros.
Con eso yo quiero leer junto contigo Gálatas 3 del 19 al 22: "Entonces, ¿para qué fue dada la ley?" Sí, la promesa por gracia es lo único que necesito para obtener salvación, ¿cuál es el propósito de la ley? Respuesta: "Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniera la descendencia" —singular— "a la cual había sido hecha la promesa, ley que fue promulgada mediante ángeles por mano de un mediador. Ahora bien, un mediador no representa a uno solo, pero Dios es uno solo."
Segunda pregunta: "¿Es entonces la ley contraria a las promesas de Dios? ¡De ningún modo! Porque si hubiera sido dada una ley capaz de impartir vida, entonces la justicia ciertamente hubiera dependido de la ley. Pero la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Cristo Jesús fuera dada a todos los que creen."
Cuando tú lees este texto, claramente tú puedes ver que hay dos preguntas y esas dos preguntas vienen acompañadas de respuestas. La pregunta número uno: "Entonces, ¿para qué fue dada la ley?" Una vez más, si la salvación se puede adquirir por gracia por medio de la promesa, la ley es un despropósito. Pablo comienza a responder, y escucha lo que él dice otra vez: "Fue añadida, fue traída, fue dada a causa de las transgresiones del pecado, hasta que viniera la descendencia, a la cual había sido hecha la promesa, ley que fue promulgada mediante ángeles por mano de un mediador."
En esa respuesta hay tres enseñanzas en un solo versículo. La primera tiene que ver con la razón o el propósito de la ley. La segunda tiene que ver con la temporalidad de la ley. Y la tercera tiene que ver con el mediador de la ley.
De manera que vamos a ver el propósito de la ley: fue dada a causa de las transgresiones. Cuando Adán y Eva pecaron, a partir de ahí el hombre comenzó a pecar y el pecado se fue incrementando hasta el punto que llegamos a un diluvio en Génesis 6-7. En ese momento la ley no había sido dada a través de Moisés todavía; cientos de años después es cuando eso se produce.
¿Qué dice Pablo entonces acerca de ese tiempo anterior a la ley, para que podamos ir como escudriñando poco a poco, desempacando poco a poco el rol de la ley? Escucha lo que Pablo dice en Romanos 4:15: "Donde no hay ley, tampoco hay transgresión." En otras palabras, si yo no sé que bajar este peldaño está prohibido, pues ¿cuál es mi transgresión? Yo no lo sé. Ahora, cuando la ley viene y me dice "no puedes bajar ese peldaño", ahora yo tengo una idea, una idea clara de que yo he transgredido una ley.
Y por eso Dios, anterior a lo de Moisés, pasó por alto muchos de los pecados de los hombres. Incluso los matrimonios de familiares cercanos podían ocurrir. Los hijos de Adán y Eva se casaron entre ellos, asumimos nosotros; la Biblia no lo establece, pero no hay otra manera de cómo la raza pudo verse multiplicada. Pero Levítico vino y comenzó a regular las relaciones.
¿Por qué está ahí en el versículo 19 "a causa de las transgresiones"? De manera que la ley fue traída para definir el pecado como una transgresión de la ley. Y como la ley representa, refleja el carácter de Dios, la ley fue dada para reflejar que el pecado es una transgresión del carácter de Dios. De hecho, Juan define el pecado exactamente de esa manera en 1 Juan 3:4: el pecado es, en la definición de Juan, infracción de la ley.
Imaginémonos esto en cuanto a cuando no hay ley no hay pecado. Imaginémonos que, o no hay transgresión, este salón está completamente a oscuras, no se ve absolutamente nada, yo no sé lo que aquí hay. Me traen en vela, con los ojos vendados, me quitan la venda, me dicen "camina". Como yo no sé, comienzo a chocarme con cosas, con sillas, con un piano, con cualquier otra cosa que esté en el salón. Y de repente encienden las luces y yo veo todos los obstáculos que hay en mi camino.
Eso es como la ley. La ley fue una luz que fue encendida en medio de la oscuridad, que comenzó a mostrarle al hombre su pecado, lo radical de su pecado, lo horrendo de su pecado. La ley fue buena, fue santa, fue perfecta y fue dada por buenos motivos. La ley reveló y continúa revelando el carácter santo de Dios, y parte de ese carácter es el amor de Dios. De manera que Dios nos dio su ley como una manifestación de su amor, porque en su amor Dios quería protegernos de las caídas, de los choques, de los tropiezos, de las consecuencias, de los llantos, de las pérdidas. Y entonces la ley fue promulgada para proteger al hombre.
Es la ley la que trae libertad al hombre, en el sentido no de pecado. Normalmente ya no da nada ahora, pero si yo puedo seguir la ley hasta donde yo la puedo seguir, no importa cuál grado, esa obediencia me libra de consecuencias. Santiago, en el 1:25, si mi memoria no me falla, la define como la ley de la libertad. No es la ley para libertad para pecar, sino la ley de la libertad para evitarme las consecuencias del pecado.
De manera que nosotros debiéramos percibir y recibir sus decretos como un refugio adonde yo voy, que yo salgo a buscar. Yo debiera percibir sus decretos como una norma que me ayuda a distinguir lo bueno de lo malo, de manera que no tenga que sufrir las consecuencias de lo malo. Yo debiera buscar y aplaudir sus decretos como si esa fuera una roca en la que yo puedo permanecer firme en medio de los vientos y de las tentaciones. Si nosotros permanecemos lejos de Dios y de su ley, aunque yo me considere con suficiente fortaleza para mantenerme en el camino, tarde o temprano, y más temprano que tarde, yo voy a terminar tropezando y cayendo.
Entonces, ¿qué pasó cuando la luz se encendió? Cuando iluminaron, por así decirlo en la ilustración anterior, el salón: que el pecado aumentó. Romanos 7:20, segunda parte, pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado. Quizás yo me tropecé con un par de cosas aquí en las oscuridad, y pienso "bueno", y después voy por uno de los pasillos y voy libre y pienso "bueno, quizás que no hay tanto obstáculo". Cuando llega la luz, de repente yo hago así y me doy cuenta que no, que hay cientos de obstáculos en este salón.
Bueno, de esa misma manera, cuando llegó la ley, pues yo comencé a ver el pecado de una mejor manera. A esa habilidad que la ley tiene de revelarle el pecado al hombre es lo que Juan Calvino llamó el primer uso de la ley. Vamos a hablar de más de un uso, pero el primer uso de la ley es revelar el pecado al hombre. Y Pablo dice la ley fue agregada a causa de las transgresiones, a causa del pecado. Martín Lutero decía: "La verdadera función y el uso principal y más apropiado de la ley es revelar al hombre su pecado, su ceguera, su miseria, su maldad, su ignorancia, su odio y desprecio por Dios; revelar la muerte, el infierno, el juicio y la muy merecida ira de Dios".
Lo que la ley hizo es algo a lo que Pablo alude en Romanos. La ley mostró que el pecado, para usar una frase paulina, es en extremo pecaminoso. Parece redundante, ¿no parece? No suena gramatical. Escucha cómo Pablo lo dice en Romanos 7:13, que el mandamiento o la ley fue dado para que por medio del mandamiento el pecado llegue a ser en extremo pecaminoso. Suena un poco confuso, pero déjame leerte lo que Spurgeon opinó justamente de esa frase.
Esto dice Spurgeon: "Pablo le llama aquí al pecado en extremo pecaminoso". Entonces dice: "¿Por qué no dijo extremadamente negro o extremadamente horrible o extremadamente fatal? Porque no hay nada en el mundo tan malo como el pecado. Cuando él quiso utilizar la peor palabra que pudo encontrar para referirse al pecado, le llamó por su propio nombre, haciendo lo reiterativo: el pecado es en extremo pecaminoso".
Entonces la ley, ¿qué fue lo que hizo? Déjame dar esta ilustración. Tú vienes aquí y limpias esta superficie una vez, dos, tres veces, y luego de limpiarla se ve bastante bien de cualquier ángulo que la veas. Tú traes a un microbiólogo, a un técnico del laboratorio, a alguien experto en manejar el microscopio, y le permites entonces mirar la superficie bajo un microscopio, y de repente descubre que la superficie extremadamente limpia a los ojos macroscópicamente tiene trillones de bacterias, trillones sin exagerar. Y de repente tú dices: "¡Uy, esto sí está sucio!".
La ley fue ese microscopio moral que tomó lo que a nosotros nos parece más o menos normal, más o menos bien, más o menos obediente, más o menos correcto, y cuando lo examinas debajo de la ley te encuentras que aún mis oraciones, como decía Jonathan Edwards... Me arrepiento: cuando oro peco, cuando me arrepiento peco, porque no hay ninguna facultad del hombre, del ser humano, que no esté teñida por el pecado. De manera que el microscopio de la moralidad del hombre es la ley.
Ahora, el microscopio me permite ver la contaminación de la superficie, pero no la puede limpiar. Ese no es su diseño, ese no es su propósito. De esa misma manera, la ley me permite ver con claridad extrema lo pecaminoso que es mi pecado, para seguir con la frase de Pablo, pero no puede hacer nada al respecto. Y es la razón por la que la promesa por gracia tenía que venir y es superior a la ley.
Ahora escucha cómo Pablo nos ayuda a entender en Romanos 7, tratando de explicar su propia lucha con el pecado, cómo Pablo define su encuentro con la ley. Romanos 7:9 al 11: "En un tiempo yo vivía sin la ley, pero al venir el mandamiento" —el mandamiento es la ley— "el pecado revivió y yo morí. Y este mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte, porque el pecado, aprovechándose del mandamiento, me engañó y por medio de él me mató".
Vamos a tratar de desempacar esto. Pablo dice "un momento en que yo vivía sin la ley". ¿Cómo que vivías sin la ley, Pablo? La ley fue dada a Moisés cientos y cientos y cientos, miles de años atrás. Sí, pero yo no lo sabía, yo no conocía la ley; por tanto, si no conocía la ley era como si no la tuviera, de manera que yo vivía sin la ley. Imagínate alguien que viene del extranjero y llega aquí y se muda. Supón que no conozca la constitución, no conozca ninguna ley del gobierno mexicano, y él comienza a vivir. En esencia él está viviendo sin ley, hasta que alguien le trae un cuerpo de leyes y él comienza a ver.
Wow, tal o dice cuando el mandamiento llegó el pecado revivió. En otras palabras, me di cuenta que estaba en pecado. El pecado que estaba como muerto en mí, mi conciencia... El pecado revivió y yo morí. ¿Cómo que yo morí? Sí, porque la ley me condenó y me enseñó: tú estás muerto, muerto en delitos y pecados. Entonces ahí está, ahí está. Y muerto. "Y este mandamiento que era para vida..." Sí, claro, porque si hubiese seguido toda la ley hubiese podido ganar vida eterna, ¿pero quién la puede seguir? "Este mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte". Claro, te condenó. Eso es lo que la ley hace.
"Porque el pecado, aprovechándose del mandamiento, me engañó". ¿Cómo que el pecado te engañó? Pablo hace algo que es una figura del habla que se llama personificación. Pablo personificó el pecado y entonces dice que el pecado me engañó, como si el pecado fuera un ente, una persona. Y entonces se aprovechó de la ley, "y por medio de él me mató". El pecado me mató, porque el pecado fue el que me llevó a una condición que, expuesto bajo la ley, la ley me condenó mientras yo estaba engañado. ¿Qué hay?
Entonces todo esto es tratando de entender el primer uso de la ley: el que yo pueda entender cuán pecaminoso es el pecado. Y había sin ley, el pecado me engañó, y en un momento el pecado revivió y yo morí.
Pablo posteriormente comenzó a vivir por la ley, y él quería cumplirla cuando en realidad la estaba violando. Tú puedes pensar que estás cumpliendo la ley cuando la estás violando. Yo comentaba esta mañana que en múltiples ocasiones me ha tocado hacer ese ejercicio, sobre todo en salas de clínicas, con un paciente enfermo que está con algo terminal. La mayoría de los pacientes que yo veo de una u otra forma saben que soy pastor, y si no saben, yo trato de informárselo.
Entonces en ese momento le digo: "Don Fulano, ¿está en paz con Dios?" "Sí, doctor, yo estoy muy en paz." "Bueno, yo me alegro mucho. ¿Le puedo hacer una pregunta? ¿Me puedo quedar como con sombrero de pastor?" "Sí, sí, claro." "Si usted muere y se encuentra con Dios, ¿piensa que entraría al reino de los cielos?" "Sí, bueno, yo pienso que sí." "Bueno, yo me alegro. Y como, ¿qué usted le diría a Dios para que lo dejara entrar, si ese fuera el caso?" "Bueno, mi pastor, yo no le he hecho daño a nadie." Bueno, comenzaste a mentir si nunca habías mentido. ¿Quién no le ha hecho daño a nadie? "Dos, yo trato de hacer el bien." "Qué bueno." "Yo creo, me han dicho algunos, que mis cosas de bien son mucho mayor que mis cosas de malo." "Mire, don Fulano, permítame decirle algo. Si yo le dijera que conozco que usted se queda fuera del reino de los cielos, ¿qué usted me diría?" "¿De verdad? ¿Y por qué usted dice eso?"
Ahí viene la presentación de aquello que está por encima de la ley: el Evangelio, por gracia, la confianza en Cristo Jesús como Señor y Salvador. Pablo entendía, llegó a entender, que este mandamiento que era para vida, para él resultó como muerte. Nadie la podía cumplir, nadie la puede cumplir. Por eso Pablo dice: "No, es que el pecado se aprovechó y me engañó." Me hizo, al igual que su paciente que he descrito, me llevó a creer que en realidad yo estaba bien cuando en realidad no estaba bien. Nosotros somos todos maestros del autoengaño. Es algo que el ser humano hace bien, que la Palabra declara de otra forma, pero declara justamente eso: porque el corazón es engañoso más que cualquier otra cosa, ¿quién lo puede curar? El tuyo y el mío, esa es la realidad.
Pablo está diciendo que Dios hizo algo conociendo la realidad de la ley. Calvino decía que la ley fue dada para hacer las transgresiones más obvias y de esta manera forzar a los hombres a admitir su culpa, y entonces que el hombre pueda correr hacia Cristo para encontrar perdón y salvación. Ese es el primer uso de la ley, por si alguien te pregunta alguna vez o lo lees. El primer uso de la ley es hacer las transgresiones más obvias, hacer el pecado evidente, mostrar el pecado en extremo pecaminoso, de manera que tú te encuentres, tú te sientas tan condenado y tan incapaz de cumplir la ley, que tú vas a salir corriendo a encontrar gracia.
La ley es un reflejo del carácter de Dios, y si la ley es un reflejo del carácter de Dios, cada vez que la violo yo no estoy simplemente violando un decreto, yo estoy violando a una persona y el carácter de una persona que es Dios. La ley muestra el carácter de Dios perfectamente santo, y entonces, como es perfectamente santo, cuando yo me veo en ese espejo me veo infinitamente pecaminoso. Y en esa insuficiencia, en esa incapacidad, yo salgo corriendo para encontrar perdón en Cristo Jesús. La ley puede enseñarte tu pecado, pero no puede pagar por tu pecado y no puede limpiar tu pecado.
El segundo uso de la ley, porque Pablo está diciendo que la ley fue agregada debido a las transgresiones, ya te mostré de qué manera eso podría verse, pero todavía hay más. El segundo uso de la ley es porque la ley juega un cierto freno sobre las sociedades para el bien común. Ese freno hoy en día lo conocemos menos porque todo es relativo, pero el Occidente vivió bajo la influencia de esa cultura general de lo que era la ley de Dios. Y muchas cosas que hoy se consideran como legales, Occidente las prohibió, incluyendo el aborto y mil otras cosas más, precisamente porque la ley, aun en el inconverso, juega un cierto rol de freno o restrictivo sobre su vida. De verdad que eso sería un segundo uso de la ley: la ley en cierta manera infunde cierto temor al castigo de parte de Dios.
Y había un tercer uso de la ley, y ese es el tercer uso de la ley que tiene todo que ver con nosotros ahí. La ley resumida en los Diez Mandamientos refleja o me ayuda a mí a entender cuál debiera ser mi comportamiento ético día a día, mi comportamiento santo, dicho de otra manera, día a día. La ley resumida en Diez Mandamientos me ayuda a ver qué es lo que complace a Dios, y como puedo ver más claramente, de forma definida, lo que complace a Dios, yo puedo ahora, empoderado por el poder del Espíritu Santo, tratar de obedecer aquello que complace a mi Señor.
De manera que déjame resumir hasta aquí lo que hemos venido diciendo. La ley, ¿cuál fue el propósito de la ley? Fue dada a causa de la transgresión. ¿Y cómo hace eso? Bueno, la ley revela el carácter de Dios, nos muestra su santidad, y nosotros no apreciaríamos la santidad de Dios a menos que tuviéramos un referente. Número dos, la ley nos enseña qué es lo que complace a ese Dios, como dije hace un momento, y nos invita a caminar en santidad como agradecimiento incluso por lo que Dios ha hecho. La ley pone en evidencia mi incapacidad humana de cumplir sus decretos. La ley enseña la necesidad de la gracia, demuestra su amor por medio de Jesús, a quien Dios Padre lo dio precisamente para que la ley no continuara condenándome y mandando personas a la condenación. Y la ley frena parcialmente el pecado de la humanidad.
Ahora, hoy en día nosotros podíamos ver, bueno, lo podíamos ver en el pasado, pero hoy en día lo podemos ver más claramente: si queremos ver cuál es la relación de la ley con nosotros en la fe cristiana, podemos ver su ley resumida en Diez Mandamientos. Los primeros cuatro tienen que ver con Dios. Los últimos seis tienen que ver con el prójimo. Desde que dice "honra a padre y madre" en el cinco, y "no matarás" en el seis, hasta el final, todo eso es prójimo. Los primeros cuatro tienen que ver con la honra de Dios. Los primeros cuatro tienen que ver con mi relación vertical y los otros tienen que ver con mi relación horizontal.
Cristo sabía eso perfectamente y tomó los Diez Mandamientos y redujo la ley de Dios a dos: el más grande mandamiento y el siguiente, que es similar al anterior, ¿de acuerdo? "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón", cuando alguien preguntó cuál es el más grande mandamiento, "y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el grande y primer mandamiento." Mandamiento uno, dos, tres y cuatro están ahí. "Y el segundo es semejante a este: amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas." Claro, porque cuando amas al prójimo, ahí están los seis últimos mandamientos. A eso es lo que los teólogos llaman la ley de Cristo. Cuando Pablo dice en Gálatas 6:2, lo veremos más adelante, que no estamos bajo la ley sino bajo la ley de Cristo, es a esto que se está refiriendo.
¿Por qué Cristo llama al primer mandamiento, "amarás al Señor con toda tu mente, corazón, toda tu alma, toda tu fuerza", el más grande? Porque ese es el que permite todo lo demás. Escucha cómo C. S. Lewis habló de este mandamiento: "Cuando yo aprenda a amar a Dios más que a lo más preciado de mi vida, yo podría amar lo más preciado de mi vida más de lo que lo amo ahora. Cuando las primeras cosas son colocadas en el primer lugar, las cosas segundas no desaparecen, sino que son aumentadas."
¿Qué fue eso lo que usted dijo, pastor? Si tú amas a tu hijo o hija hasta aquí, y eso es lo más preciado de tu vida, cuando tú aprendes a amar a Dios hasta aquí y Él se convierte en lo más preciado de tu vida, tú serás capaz de amar a tu hijo o a tu hija más de lo que tú lo amas ahora. De manera que en vez de desaparecer el amor por tu hijo o tu hija, lo que haces es aumentarlo. ¿Lo pudiste ver? ¿No? Sí. Ok. De manera que el cumplimiento del primer mandamiento y el más grande mandamiento es lo que permite todo lo demás.
Pablo acaba de definir o de responder la pregunta: ¿y la ley para qué fue? Fue el propósito. Apenas estamos en la primera parte del versículo 19, pero el versículo 19 tiene más de una enseñanza. El versículo 19 habla de la temporalidad de la ley. Escúchame otra vez, la voy a comenzar a leer: "Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniera..." El "hasta" es la clave: hasta que viniera la descendencia, singular, ese es Cristo, a la cual había sido hecha la promesa.
De manera que cuando Pablo dice ahora que no estamos bajo la ley sino que estamos bajo la gracia, él está refiriendo justamente a la temporalidad de la ley, de la ley que te condenaba. Y ahora Cristo, en su gracia y misericordia, y por fe que tú depositas en Él, ahora Él te libra de esa condenación. Y por eso Pablo dice: no estamos bajo la ley, sino que estamos bajo la gracia. Ahora, cuando decimos que estamos bajo la gracia, no implica que tenemos libertad para pecar, porque al final del camino esto es por gracia, esto es una promesa hecha a la descendencia de Abraham. No, no, no, no. Nosotros estamos bajo la gracia, y la gracia te empodera para que vivas en libertad, no para pecar, sino del pecado: libre de consecuencia, libre de tropiezos, libre de caídas.
Y ahora tenemos una mejor idea de por qué la ley fue traída. Entonces, está la temporalidad de la ley: fue añadida, tenía un rol, el rol primario que jugó ahora ya pasó en cierta medida, pero la ley sigue reflejando el carácter de Dios y lo que complace a Dios. Y es una guía ética para mí, para que yo trate de obedecer esas cosas.
La tercera enseñanza, todavía del mismo versículo 19, es que la ley fue dada por medio de un mediador. Y ese mediador con el que nosotros estamos más familiarizados fue Moisés. Cuando Moisés trajo los Diez Mandamientos, el monte Sinaí humeaba y tembló, se sacudió, hubo truenos, hubo relámpagos, la gente tuvo temor.
Y los judíos quedaron muy impresionados con la narración de esa historia, y Pablo está diciendo: "No, pero espérate, es que el mediador del que tú estás hablando no es solamente Moisés, porque el texto que yo leí dice que vino mediante un mediador que incluía a los ángeles". De manera que Dios, los ángeles, Moisés, de eso habla Deuteronomio 33:2, Salmo 68:17, Hechos 7:53 y Hebreos 12. Pero si te impresiona el hecho de que esto vino mediado por ángeles y Moisés después, más debiera impresionarte que la promesa vino sin mediador, porque vino directamente de Dios a Abraham. De manera que la promesa otra vez continúa estando en un plano superior. Y Pablo está tratando de ayudarles a desmontar todas aquellas falsas enseñanzas, creencias que habían acumulado a lo largo de los años.
Y ahora entonces, en el versículo 21 aparece la segunda pregunta. Yo les dije que había dos preguntas. La segunda pregunta, la primera era cuál fue el propósito de la ley, la segunda pregunta es: ¿es entonces la ley contraria a las promesas de Dios? Lo más probable es que la primera pregunta la hicieran los judaizantes: "Entonces, ¿cuál es el propósito de la ley, Pablo?" Porque si tú dices que la promesa trae la salvación. Pero esta pregunta es más probable que Pablo la hace él mismo, la responde él mismo, de manera que es una pregunta retórica y es respondida con una frase que es muy paulina: "Entonces, ¿la ley es contraria a las promesas de Dios? ¡De ningún modo!" Eso es paulino. Porque si se hubiera dado una ley capaz de impartir vida, entonces la justicia ciertamente hubiera dependido de la ley. Para responder de una manera más categórica el hecho de que es imposible que la ley pudiera traer salvación, la mejor manera de responder esta pregunta es afirmando que la promesa hecha por Dios y la ley tuvieron propósitos distintos.
Entonces, ¿la ley es contraria a la promesa? No, porque esas dos cosas no tienen, nunca tuvieron el mismo propósito. En lo más mínimo, la ley fue traída a causa de las transgresiones; la promesa vino precisamente por la imposibilidad de que la ley pudiera traer salvación. Escucha cómo la Nueva Traducción Viviente traduce ese versículo 21: "¿Hay algún conflicto entonces entre la ley de Dios y las promesas de Dios?" Respuesta: "De ninguna manera. Si la ley pudiera darnos vida nueva, nosotros podríamos hacernos justos ante Dios por obedecerla".
Y eso es lo que mucha gente sigue creyendo. Billones de gente en el día de hoy están en religiones que continúan enseñando que tus obras conforme a la ley pudieran adquirirles ciertos méritos de entrada al reino de los cielos, y eso es una imposibilidad. Los judíos estaban ahí, estaban ahí por cientos de años.
De hecho, el joven rico que viene en la historia de Marcos 10, el joven rico viene donde Cristo y se arrodilla. Eso usualmente la gente, si se iba a arrodillar, se arrodillaba delante de Dios, de manera que se presupone que este joven rico tenía algún conflicto existencial, alguna pérdida, algún dolor, también he oído algún sufrimiento, algo como eso lo hizo venir y arrodillarse. Le dice: "Maestro bueno..." Cristo le dice: "¿Por qué tú me llamas bueno, si solamente bueno es Dios? ¿Qué yo debo hacer para heredar la vida eterna?" Es como que: "Ya yo tengo necesidades cubiertas, estoy en esta dificultad ahora, en este momento de mi vida, ¿qué yo puedo hacer para obtener la vida eterna?"
Y Cristo le dice, bueno, conociendo su corazón, le dice y su pensamiento típico: "Bueno, sigue la ley: honra padre y madre, no mates, no robes, toda la ley". Un grupito de ellos. Dice: "No, yo he hecho eso desde mi juventud". Y es como si Cristo lo hubiera pensado en serio: "Déjame ver si te demuestro que no es así con un solo mandamiento. Mira si es así, ¿por qué tú no vas, vendes todos tus bienes, se los das a los pobres, vienes y me sigues?" Tú has leído el décimo mandamiento de la ley de Dios, es contra la avaricia, y eso es justamente lo que te tiene colgado. El texto dice que el joven rico se fue por la demanda de la ley. Lo dice de otra forma, pero eso es exactamente lo que ocurrió: se fue muy triste.
Y ese es el argumento que Pablo viene elaborando a lo largo de toda la carta a los Gálatas, es que nadie es justificado ante Dios por la ley. Que eso es evidente, porque el justo por la fe vivirá. Una y otra vez Pablo está insistiendo la misma cosa.
En el versículo 22 entonces, Pablo dice que las Escrituras declaran que todos somos prisioneros del pecado, así que recibimos la promesa de libertad que Dios hizo únicamente por creer en Jesucristo. Una vez más Pablo personifica el pecado, y Pablo dice que el pecado nos tiene presos. Es como que hay una cárcel llamada pecado, y que es una persona, y que nos tiene presos a todos: judíos, gentiles, la humanidad entera. Somos prisioneros del pecado, como si el pecado tuviera la capacidad de sostenernos, de mantenernos en prisión. Y recibimos la promesa de libertad que Dios hizo únicamente por creer en Cristo Jesús.
En otras palabras, la llave de tu prisión la tiene Cristo, y Él hace uso de esa llave, por así decirlo, para que salgas a la libertad. El día que tú reconoces que eres un hombre, una mujer pecadora, en prisión, en condenación, en necesidad de perdón, y que tú reconoces que Cristo fue a la cruz y derramó sangre para el perdón de tus pecados, pagó por ti, te sustituyó, y resucitó al tercer día, y tú estás dispuesto a declararlo Señor y Redentor de tu vida, en ese momento Cristo hace uso, es una ilustración obviamente, abre la puerta de la prisión, te deja libre, te libera de la pena del pecado. Y a través entonces de la morada del Espíritu, Él te empodera para que tú comiences a obedecer los mandatos de Dios y emprendas un camino de santificación a través del cual el pecado comienza a perder poder sobre ti.
Primero, en el día que naces de nuevo, el pecado perdió fuerza porque la pena del pecado fue abolida, pero él tiene poder sobre ti porque hay pecados remanentes en ti y en mí. Y a través del proceso de santificación lo que eso está buscando es que el pecado pierda su poder sobre ti, hasta que finalmente estés en la gloria y el pecado pierda la presencia de él en ti. La pena del pecado, el poder del pecado, la presencia del pecado, y eso solamente se adquiere únicamente por creer en Jesucristo.
¿No viste recientemente un clip de Alistair Begg? Begg es un pastor en Cincinnati, ya desde el principio de los años 1990 muy conocido en ciertos círculos. En estos días, hace varias semanas atrás, circuló un clip de dos o tres minutos donde está tratando de explicar cómo es que Cristo Jesús es la única fórmula a través de la cual tú puedes entrar al reino de los cielos. Y entonces, en este mensaje que está desarrollando, él llega a un punto de una ilustración y él dice: "Bueno, pensemos en el ladrón en la cruz, que se aparece al cielo de repente, y entonces viene un ángel que le va a hacer su entrevista inicial y le dice: 'Dime, ¿qué tú haces aquí? Porque tú no eras miembro de una iglesia, a ti no te bautizaron, tú no tenías membresía en ninguna iglesia. Dime, ¿qué tú haces aquí?' El ladrón en la cruz: 'Yo no sé'. '¿Cómo que tú no sabes?' 'Yo no sé'".
Y el ángel dice: "Espérate, que esto te va a confundir a ti, me confunde a mí. Déjame buscar a mi ángel supervisor". Y él va atrás y trae al supervisor. Y el supervisor, el ángel supervisor, viene y le dice: "Señor, una pregunta, podemos comenzar. Usted, ¿podría explicarme con claridad la doctrina de la justificación por la fe?" Y dice: "Nunca he oído eso, no tengo la menor idea". "Bueno, pues entonces comenzamos a ir directamente a la doctrina de la Palabra de Dios, ¿qué tú me puedes decir?" "Es que yo no sé, no tengo ninguna idea". Y el ángel supervisor, ya como en frustración, le dice: "¿Y cómo tú llegas aquí?" Él dice: "Porque el hombre en la cruz del medio me dijo que yo podía venir".
Es el hombre en la cruz del medio. Él tiene la autoridad, Él tiene la capacidad para dar entrada por su sangre, por sus méritos, por su autoridad, por lo que Él es. Él es Rey, Señor, Alfa y Omega, el principio y el fin, de autoridad sobre cielo y tierra. Y si Él dice que puedes entrar, tú puedes entrar, tú estás calificado, y nada más te va a calificar que no sea la autoridad de Él. El hombre en la cruz del medio, Él me dijo que yo podía venir. Y siguiendo con la ilustración, yo diría, y todo el cielo calló. Eso es como es.
De manera que, resumiendo y cerrando: la ley es un espejo, te dice cuándo estás despeinado pero no te puede peinar. La ley es un microscopio, te dice claramente, minuciosamente, dónde está la corrupción, en qué parte, en qué superficie de tu interior, de tu corazón, de tu pensamiento, motivaciones. Pero como el microscopio lo maneja un Dios misericordioso, cuando Él te señala con claridad lo horrendo de tu pecado, no es con la intención de hundirte, sino con la intención de levantarte y limpiarte, para que puedas tener más cercanía, más intimidad y mejores y mayores bendiciones en su presencia.
La ley es la luz que ilumina las áreas oscuras donde tú estabas ciego de que estabas mal y que ahora puedes ver. La ley es un reflejo del carácter de Dios. La ley fue dada como una demostración del amor de Dios. La ley fue dada para brindarme un punto de referencia, para decirme por dónde yo debo transitar, cuáles son límites que no debo violar, porque de ahí hacia fuera solamente hay consecuencias, de aquí hacia dentro solamente hay bendiciones de parte de Dios. De manera que Dios me ha dado en su ley lo que cantamos: "Tu ley es mi sabiduría, mi mayor dicha, mi necesidad". La palabra ley, torá en el hebreo, tiene la connotación de un maestro. La ley es un maestro, es un pedagogo que me enseña, que te enseña acerca de Dios y de cómo caminar con Él en un mundo caído.
Padre, gracias.
Gracias porque ciertamente tú eres un Dios tan bueno que todo lo has premeditado, todo lo has planificado. Cuando tú dices que estás por mí, yo no acabo de entender de cuántas formas distintas tú estás por mí. Estuviste por mí cuando diste a tu Hijo en la cruz, estuviste por mí cuando me diste al Espíritu Santo en mi interior, estuviste por mí cuando diste la ley como mi sabiduría y mi maestro y como límite de mi andar. Estás por mí cuando me perdonas, estás por mí cuando pones tu microscopio sobre mí y me dejas ver las áreas que están todavía corrompidas, porque en vez de empujarme a caer, tú me extiendes la mano para levantarme. Estás por mí cuando quieres limpiarme, estás por mí cuando de alguna manera decides disciplinarme como todo padre bueno que disciplina a su hijo.
Para ayudarme a amarte, ayudarnos a amarte por encima de cualquier otra cosa o ser humano o creación, entendiendo que cuando te amamos a ti supremamente amaremos mucho más aquello que ahora amamos. Lo amaremos más de lo que le amamos ahora porque hemos aprendido a amarte a ti por encima de todo.
Gracias que aún en eso tú estás por mí. Bendito sea tu santo y precioso nombre, bendito sea tu Hijo quien dio su vida, bendito sea tu Espíritu que me dio vida. En el nombre de Jesús, y su pueblo dice amén. Bendiciones.
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