Cristo es superior a Moisés no porque Moisés haya fallado, sino porque existe una diferencia fundamental de categoría entre ambos. Moisés fue un siervo extraordinario: habló con Dios cara a cara como habla un hombre con su amigo, fue instrumento de las diez plagas, dividió el mar Rojo y su rostro irradió la gloria de Dios al bajar del monte. Los judíos tenían razones poderosas para exaltarlo. Pero el autor de Hebreos no escribe para disminuir a Moisés, sino para mostrar que Jesús ocupa una categoría completamente distinta: la del Hijo sobre la casa, no la del siervo dentro de ella.
El sermón se centra en un título que sorprende al lector: Jesús como apóstol. La palabra apostolos significa "enviado", y el autor de Hebreos lo usa deliberadamente. El Padre envió al Hijo con autoridad plena y mandato preciso. Cristo no habló por cuenta propia, no actuó según su voluntad, no añadió ni quitó nada al mensaje recibido. Fue el enviado más fiel que haya existido, y en Juan 17:3 lo confirma con sus propias palabras: la vida eterna es conocer al Padre y a Jesucristo, a quien Él ha enviado.
Pero la enseñanza no se queda en la cristología. El pastor Núñez conecta directamente el apostolado de Cristo con el de cada creyente: así como el Padre envió al Hijo, el Hijo nos envía a nosotros al mundo. Somos embajadores del reino, enviados con el mismo mensaje, llamados a la misma fidelidad. La pregunta que queda resonando es personal: ¿estamos siendo fieles al encargo recibido, o estamos viviendo para nuestra propia voluntad?
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Señor, tu palabra dice que es una imposibilidad para ti ser infiel. Tú tendrías que negarte a ti mismo, lo cual es inconcebible. Señor, cada mañana al despertar es una evidencia de tu fidelidad, que has sostenido mi vida hasta este momento.
Señor, en múltiples ocasiones, cuando te hemos fallado, tú has seguido siendo fiel. Señor, perdona nuestros corazones infieles, nuestras mentes infieles, nuestras voluntades movidas por el corazón y la mente, lejos de la santidad y fidelidad a la que tú nos llamas.
Señor, si nosotros viéramos, contempláramos, consideráramos con mayor cuidado las diferentes maneras como tú nos has provisto de todo tipo de cosas, fuéramos personas mucho más agradecidas, mucho menos que Jonás, si pudiéramos decir, y todo el tiempo viviríamos diciendo: "Gracias por tu fidelidad hacia mí. Ciertamente tu bondad me rodea, me sobrepasa, me sobrecoge."
Ayúdanos a conocerte, oh Dios. Sé con nosotros en la predicación de la palabra. Ayúdame a fijar mis ojos y mi mente y mi atención en el Espíritu de Dios, de quien yo dependo ahora para glorificar a Cristo. Ayuda a tu siervo, y gracias porque tú nunca me has fallado. Aún si yo alguna vez pensara en esta posibilidad, mi fe dice: "No es verdad. Él nunca te ha fallado." Gracias, Dios, en Cristo Jesús. Amén.
Amén. Bendiciones. Podemos sentarnos. Madres, bendiciones. Es un día bueno para recordarlas a ustedes. El video, como decía la primera vez que lo vi esta mañana, me hizo llorar. La cara de los niños, los piecitos del niño que apenas podía poner su punta. Pero sobre todo las manos finales de esa madre, orando por su hijo, que todas ustedes, las que han sido madres, lo han hecho.
Seguimos en nuestra serie sobre la carta a los Hebreos, y estamos a punto de comenzar el capítulo 3, versículos del 1 al 6. Pero como me has oído decir otras veces, si vas a leer algo y te encuentras con un "por tanto", lo que sigue es una conclusión a lo que se dijo inmediatamente antes. Esa es la razón por la que antes de leer el capítulo 3, versículos 1 al 6, voy a leerte los versículos 17 y 18 del capítulo 2, porque lo que vamos a leer es una continuación de esos dos versículos.
Escucha Hebreos 2, versículos 17 y 18: "Por tanto, tenía que ser hecho Jesús semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo. Pues por cuanto él mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados."
Antes de seguir leyendo, lo que el autor está diciendo contiene dos grandes verdades. La primera es que Jesús vino y fue hecho igual que uno de nosotros en términos de carne y hueso, carne y sangre, durante su encarnación, y luego fue sometido a los rigores de esta vida. Él sufrió las necesidades humanas de hambre y cansancio, pero también fue tentado en el dolor y en el sufrimiento. Y habiendo pasado por esta experiencia, la segunda verdad es que él puede identificarse con nosotros. Por consiguiente, el autor de esta carta está diciendo: recuerda que él es poderoso para socorrer a los que son tentados. Él tiene el poder, él tiene la disposición, él tiene la oportunidad de socorrerte cuando tú estás siendo tentado.
Por tanto, sigue el capítulo 3. Ahora, si estuviéramos leyendo el texto original, no habría una división de capítulo, porque no la hay. Hubiese sido una continuación de lo anterior. Capítulo 3, versículos 1 al 6: "Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, consideren a Jesús, el apóstol —anota eso— el apóstol y sumo sacerdote de nuestra fe, el cual fue fiel al que lo designó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. Porque Jesús ha sido considerado digno de más gloria que Moisés, así como el constructor de la casa tiene más honra que la casa. Porque toda casa es hecha por alguno, pero el que hace todas las cosas es Dios. Moisés fue fiel en toda la casa de Dios como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir más tarde. Pero Cristo fue fiel como Hijo sobre la casa de Dios, cuya casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza."
Ahí está el texto. Entonces, yo voy a hacer algo que he hecho otras veces. Vamos a hacerle al texto dos preguntas, como para desempacarlo, y voy a seguir haciendo preguntas y respondiéndolas a partir de la palabra. Recuerda: la palabra interpreta la palabra. De manera que cuando estás haciendo un estudio inductivo, averiguas todo lo que este texto pudiera contener; básicamente eso es lo que haces: escarvas y haces preguntas. Eso lo vamos a hacer hoy, y quizás eso pueda facilitar un poco lo que yo quiero decir, porque Hebreos tiene algunos pasajes un tanto difíciles de entender.
Para comenzar, la primera pregunta que tú debes hacer siempre que estudias un texto es: ¿de qué habla el texto? El texto puede tener cuatro, cinco, seis, siete verdades, pero usualmente habla de una cosa. Entonces, ¿de qué habla el texto? Lo lees una vez, dos, tres, cuatro, quizá en otras versiones. Cuando salga a la luz el tema, entonces hazle otra pregunta: de este tema, ¿qué dice el texto? Puedes ver que es relativamente sencillo; quizás no sea necesariamente fácil, pero es sencillo comenzar a escudriñar el contenido de un pasaje.
Entonces, cuando tú lees este texto una y otra vez, te das cuenta de que está hablando de una cosa, y es la superioridad de Cristo sobre Moisés. De hecho, el autor va a seguir argumentando esto de diferentes formas hasta el capítulo 4, y luego va a hacer lo mismo con Josué, y así sucesivamente. Y luego lo va a hacer con el pacto mismo, el pacto anterior. Porque había cosas en la mente de esos judíos que estaban mal puestas en sus razonamientos. Y esa fue la misma razón por la que él tuvo que demostrar, en el capítulo 2, que Jesús era superior a los ángeles, porque tenían ideas erradas acerca de estos ángeles, entre las cuales yo les mencioné que había como un senado angelical con quien Dios consultaba las decisiones, o que venían dos Mesías diferentes: uno que venía del lado de David y que iba a ser el Mesías conquistador, el que los iba a sacar de la esclavitud, y venía otro Mesías de parte de la línea sacerdotal de Aarón, que entonces haría la parte religiosa, por así decir.
Bueno, con relación a Moisés también tenían muchas ideas erradas, y uno puede entender algunas de esas razones. El autor nos va a decir que ciertamente Moisés fue fiel en el servicio al pueblo de Dios, pero Jesús también fue fiel, y es digno de mayor gloria, y luego va a explicar el por qué.
Pero vamos a comenzar por el principio. El texto comienza: "Hermanos santos." La palabra "hermanos" puede ser y fue usada aun en la Biblia en diferentes contextos, porque Pablo se refiere, probablemente en Romanos 9, a hermanos como ciudadanos judíos no creyentes, a quienes se les llama hermanos. Pero cuando tú ves algo como esto —"hermanos santos"— no hay duda de que él se está refiriendo a personas que él entiende que Cristo ha santificado.
Y como Cristo los santificó, ahora no son cualquier hermano. El día que tú crees en Cristo, si tú naces de nuevo, eres incorporado en la familia de Dios, como vimos. Y a partir de ese momento, tú eres considerado un santo, en el sentido de que fuiste apartado para Dios, y al mismo tiempo eres considerado hermano de Jesús. Él es nuestro hermano mayor. Estuvimos hablando de eso en el mensaje pasado.
Pero ahora, tratando de identificar con mayor claridad a quiénes él se está refiriendo, aparte de llamarles hermanos santos, él les dice, los califica como participantes del llamamiento celestial.
¿Y cuál llamamiento es ese? Bueno, si dejamos que la Palabra interprete la Palabra, nosotros sabemos por la Palabra que Dios ha hecho un llamado a aquellos que llegarán a ser sus hijos, que ese llamado viene de la eternidad pasada, pero yo no lo sé y me entero después de que ya estoy dentro de la familia de Dios. Escucha lo que Pablo escribió en Romanos 8:28 y adelante: "Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien." Escucha ahora: esto es para los que son llamados. Ese es el llamamiento celestial del que abre esta carta. Aquellos que son llamados conforme a su propósito —eso es antes de la fundación del mundo—. A los que de antemano conoció, los predestinó. A los que predestinó, los llamó. A los que llamó, justificó. Y a los que justificó, glorificó. Todo eso es nuestro proceso de principio a fin, desde la eternidad pasada a la eternidad futura.
Pablo está hablando a hermanos santos que han recibido un llamamiento celestial, pero que como están vivos ahora, por eso les está llamando hermanos ya. Él quiere que esos que pertenecen a la misma familia a la que él pertenece hagan algo. Y eso que él quiere que hagan está aquí: "Consideren, versículo 1, a Jesús, el apóstol y sumo sacerdote de nuestra fe."
En esa última frase que yo acabo de leer hay un par de palabras clave en las que vamos a pasar un buen tiempo: "consideren" y la palabra "apóstol". Pero déjame hablarte primero de "consideren". La palabra en griego suena algo como katanoéo e implica fijar tu atención, tus ojos, de una manera completa, sin distracción. De manera que aunque él va a comparar a Jesús con Moisés, su preocupación no es con Moisés, y él no quiere que la preocupación del lector sea tampoco con Moisés. Él quiere que nosotros consideremos, pausemos, rumiemos a esta persona de Jesús en todo el sentido de la palabra.
Bueno, pero ¿por qué él quiere que yo considere a Jesús de manera tan especial? Uno pudiera decir: "Bueno, es Jesús la segunda persona de la Trinidad." Sí, es verdad, pero esa no es la razón principal. Es que estas personas estaban bajo persecución, y en la persecución tú tienes que luchar. Tú necesitas una fortaleza física y espiritual monumental para no ceder ante las presiones de todo tipo. Por otro lado, cuando consideras a Jesús, cómo vino, cómo habló, cómo actuó, cómo caminó, tú tienes un ejemplo en él. No es simplemente que tengo palabras que me dicen qué hacer; yo tengo un modelo de vida que me muestra cómo él lo hizo, pero yo necesito considerar a Jesús y realmente rumiar eso.
Por otro lado, nosotros somos fácilmente distraídos. Si es en la persecución como ellos, cualquiera se distrae tratando de salvar su vida. Pero, ¿sabes qué? Nosotros que estamos en la abundancia, en la plenitud, somos tan fácilmente distraídos, y sobre todo en el día de hoy con esta vorágine de información y de redes sociales que tenemos encima, que lo menos que hacemos es considerar, pausar para poder escudriñar el personaje de Jesús. De manera que él me está diciendo: "Fija tu atención en Jesús", lo cual él va a volver a hacer más adelante en esta carta. Yo quisiera decirte hoy, hermano: tú tienes que volver a considerar a Jesús. Yo te puedo decir que en el último año, después de tener 28 años aquí predicando la Palabra, yo he vuelto a considerar a Jesús de otra manera, y está ministrando a mi vida de manera extraordinaria.
La pregunta es: de esta persona de la que él me está hablando, que quiere que yo considere, ¿qué me dice? Bueno, lo primero que me dice es que él es un apóstol. Deja que esa palabra te choque, y que realmente te choque, porque probablemente tú has oído que Jesús es rey, o que Jesús fue un profeta, o que Jesús es sacerdote —los tres oficios de Jesús—. Pero dudo, a menos que tú hayas estudiado la Biblia con cuidado, que tú hayas pensado que uno de los calificativos de Jesús es la palabra "apóstol". La palabra "apóstol" en el sentido general —no en el sentido particular de los doce que Cristo escogió— es la palabra apóstolos, que significa "un enviado". Esa es la razón por la que en el Nuevo Testamento tú encuentras en un momento dado que Bernabé fue un apóstol; él fue un enviado, y creo que Santiago también.
En este sentido, Jesús fue un apóstol, pero nota que en el texto la palabra "Apóstol" está en mayúscula, por lo menos la A. De manera que no es cualquier apóstol; es un Apóstol muy especial. Por eso yo he titulado mi mensaje: Cristo, el mayor y el mejor de los apóstoles. De aquellos que fueron enviados por Dios, nadie mejor, nadie superior que Cristo.
De manera que aunque les sorprendió quizás en un momento inicial el uso de la palabra "apóstol", ahora lo van a saber. Y eso es importante. ¿Sabes por qué? Porque en el pasado —déjame ponerte en el contexto de esta carta—, cuando un emperador enviaba a alguien, ese era un apóstol, y lo enviaba con poderes plenipotenciarios. Es como si dijera: "Él fue, yo fui." Hay historias de estas —no voy a entrar en ellas—, pero literalmente el que iba no es como hoy, que tú llamas al presidente y dices: "Mire, estamos negociando por aquí, se trancó algo." No, no, no hay nada que trancarse. Si tú no tienes comunicación con él, vas a regresar y lo vas a ver un mes después. De manera que asegúrate de que lo que yo dije, con punto y coma, es exactamente lo que vas a transmitir.
Bueno, eso fue Jesús, este tipo de Apóstol, y lo vamos a desarrollar un poco más. Hoy en día nosotros hemos visto cosas parecidas cuando el presidente de los Estados Unidos ha enviado a su vicepresidente; de hecho, el avión Air Force One se convierte en Air Force Two. Es el mismo avión, pero como va el número dos, él va investido con el poder del presidente. La única diferencia es que como tenemos medios de comunicación, puede ser que ocurran conversaciones para modificar en algo el mensaje con el que se salió, pero no lo puede hacer sin consultar primero.
De manera que de Jesús tenemos que preguntarnos: si le están llamando Apóstol, alguien lo envió. Lo segundo es si hay evidencia de quién lo envió. Nosotros tenemos múltiples evidencias en los evangelios de que Cristo fue enviado, pero mejor todavía, tenemos evidencia de sus propios labios de que él fue un Apóstol en ese sentido. Lo puedes leer en Juan 3:34, en Juan 5:37, en Juan 6:57 y en múltiples otros pasajes. Ahora, yo creo que para mí la ocasión más dramática donde Cristo habló de sí mismo como enviado se encuentra justamente en Juan 17. En esa conversación y oración que Cristo hizo horas antes de su crucifixión, en Juan 17:3, escucha lo que él dice: "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado." Ahí está.
O sea, Cristo está diciendo: "Yo soy la vida eterna. Si conocen al Padre, me conocen a mí. Yo soy la vida eterna, pero que conozcan a ambos: a Dios, el enviador, y a su Hijo, a quien tú has enviado." Yo creo que eso es importante. La vida eterna no es una oferta que tú aceptas como el que te hace una oferta de trabajo. No. La vida eterna es una persona; es el conocimiento de una persona. Y una vez tú la llegas a conocer, verdaderamente a conocer —no como un "yo recibo a Jesús en mi corazón", una frase que ni siquiera está en la Biblia—, sino alguien a quien yo llego a conocer, entonces a esa persona que yo llego a conocer, por ser quien es, yo le entrego mi vida por completo, sin reservas ni condiciones.
Por eso es que Cristo hablaba como hablaba: "Si vas a venir a mí, muérete. Es el fin de tu vida, es el fin de tu voluntad, de tus deseos, de tus ambiciones, de lo que quieres, de tus sueños." Esto es otra cosa.
Tú eres una nueva criatura. "No, es que yo siempre he soñado." Sí, pero ese es el viejo Miguel. El nuevo Miguel se supone que tiene que pensar de otra manera.
Y Jesús dijo: "La vida eterna es conocer al Padre, es conocerme a mí." Y yo creo que tú lo sabes también, que muchas personas se identifican como cristiano, pero no lo son. Y la razón por la que no lo son no es necesariamente porque ellos dijeron: "Déjame autoengañarme, llamarme cristiano y que otros y yo nos creamos que yo lo soy." No. Es porque les vendieron una oferta. Pero eso no es el evangelio.
Entonces tomaron la oferta como tú tomas un trabajo, y el trabajo llega a ser parte de tu vida, o una parte importante de tu vida, y en los trabajólicos, la parte más importante de tu vida. Y Jesús dijo: "No, pero es que yo no soy la parte más importante de tu vida." No, no, no. Yo soy tu vida. Amén. Y si no, ni te molestes, no vengas, porque no va a funcionar.
Por eso es que Pablo dice: "La vida que yo vivo ahora no la vivo yo, sino Cristo en mí. Yo estoy viviendo su vida, su deseo, su voluntad, su propósito para el que él me creó." Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Ese fue su apostolado.
Ningún otro enviado de Dios, porque ha habido otros desde el Antiguo Testamento, pudo decir algo semejante, ni se pudo identificar como la vida eterna. Solamente Jesús calificó para esa designación, esa identificación y para esa misión. Y así lo hizo. Entonces, el Padre lo envió. ¿Para qué lo envió? Bueno, él revela varias cosas, y voy a mencionar algunas nada más de para qué lo enviaron.
En Marcos 10:45, que es el texto clave de todo el evangelio de Marcos, Cristo dice: "Yo vine para dar vida en rescate por muchos." Bueno, a eso fue enviado. Ahora algo más. ¿Para qué más fue él enviado? Bueno, lo mejor es oír sus propios labios, oír lo que salió de sus labios. En Juan 18:37 está hablando con Pilato, y escuchen lo que le dice: "Para esto yo he nacido." O sea, es como que Pilato, deja todo y escucha. Yo te voy a decir la única razón por la que yo nací, y para esto yo he venido, y pudo haber agregado: "Y para esto yo estoy delante de ti." "Pilato, para eso yo he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad."
La verdad que Adán dejó caer en el Edén, que jamás ha sido levantada por el hombre, aquí está encarnada. De manera que él vino: número uno, para dar a conocer la vida eterna en él, no en mi vida mientras yo sigo viviendo mi vida; número dos, para dar su vida en rescate por muchos; número tres, para dar testimonio de la verdad. Hay otras razones por ahí, hay un resumen por lo menos.
La pregunta es: si es un enviado, un apóstol —recuerda, el enviado tiene un mensaje—, él necesita ser fiel al mensaje. De hecho, el texto de hoy dice que Moisés fue fiel y que Cristo también fue fiel. Hay testimonio de qué tan fiel Cristo fue. Tú asumes quizás que él fue fiel porque es Cristo. No, no. Hay testimonio de parte de él que deja ver claramente que ciertamente él fue fiel al mensaje que recibió.
Escucha lo que Cristo dice: "Porque yo no he hablado por mi propia cuenta." O sea, tú no tienes tu propia enseñanza. "No, yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha enviado" —¿ves? él es un apóstol— "me ha dado mandamiento, mandamiento, no una sugerencia, sobre lo que he de decir y lo que he de hablar." Juan 12:49. Yo nací, crecí, y el Padre me comunicó. ¿Te acuerdas que él se retiraba con frecuencia a hablar con el Padre? Pasaba largas noches conversando con él. "Yo vine, yo no voy a hablar por mi cuenta." No, eso no es la tarea de un enviado, de un apóstol. "Yo recibí un mensaje, y lo que el Padre me ha dado, eso yo he venido a hablar."
El apóstol Pablo entendió lo que implica ser un enviado o un apóstol, porque él escribe a los corintios y en 1 Corintios 15:3 dice: "Porque yo les entregué en primer lugar lo mismo que recibí," y ahí comienza a definir el evangelio: que Cristo fue crucificado según las Escrituras, y que resucitó al tercer día según las Escrituras. Pablo está diciendo: esto que Cristo me enseñó —recuerda que Cristo enseñó a Pablo de manera personal— es lo mismo que yo le estoy entregando, sin alteraciones, no le he quitado, no le he puesto. En el capítulo 11 de 1 Corintios, cuando va a hablar de la comunión, dice exactamente lo mismo: "Lo mismo que recibí, lo mismo que yo les he entregado." ¡Wow!
Yo enfatizo eso porque, a manera de explicación, quiero recordarnos que yo no sé cómo predicadores tienen la osadía de agregar contenido a esta Palabra. No estoy hablando de agregar explicación, ilustración, aplicaciones; todo eso es bueno y válido, y es lo que se supone que un maestro haga. Pero este es el contenido. Y hay otros que se atreven incluso a ni siquiera exponer el contenido y dejan cosas afuera porque no las quieren predicar, porque van en contra de su evangelio, ya sea el de la prosperidad, el de la comodidad o el de la autorrealización.
Escucha lo que Cristo, o lo que Juan registró que Cristo dijo, en Juan 14:10: "Las palabras que yo les digo no las hablo por mi propia cuenta." Yo oro toda la semana, porque a mí me aterra pensar que voy a hablar algo que pueda ser incongruente con lo que aquí está. Yo no soy perfecto; seguro lo he hecho, pero no porque era mi intención, sino por mi falibilidad humana.
Jesús limitó lo que iba a enseñar a lo que el Padre le dijo que enseñara. Pero no solamente limitó lo que iba a enseñar; él limitó lo que iba a hacer. La segunda persona de la Trinidad, el que dijo "Yo y el Padre somos uno", dijo: "Ey, yo lo único que puedo hacer es la voluntad del que me envió. Yo no voy a hacer lo que hizo Adán, y obviamente Eva, que sabían cuál era la voluntad de mi Padre, y ellos ejercieron su voluntad en contra de lo que sabían que Dios les había revelado." Que es exactamente lo que tú y yo hacemos cada vez que desobedecemos, porque raramente tú pecas y dices: "Uy, no, no sabía eso." No, tú sabes que hay cosas claramente especificadas que no debes hacer, que no puedes hacer, pero lo haces de todas formas. ¿Por qué? Porque no tenemos la concentración, el enfoque, la dedicación que Jesús tuvo de básicamente entender: "Yo estoy aquí para hacer la voluntad de otro, y ese otro no soy yo."
Escucha lo que Jesús dijo en Juan 6:38: "Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió." Yo debiera decir, tú debieras decir, todos los días: "Hoy voy a vivir este día no para hacer mi voluntad, sino para hacer la voluntad del que me creó, me pensó primero, me pensó con un propósito, me dio vida física, luego me dio vida espiritual para hacer buenas obras que él determinó de antemano que yo debiera hacer." Pero no; yo quiero hacer, yo quiero realizar mis sueños.
Entonces el autor de Hebreos, entendiendo cómo Jesús ejerció su apostolado, dice: "Consideren a Jesús como el apóstol y sacerdote." Fija tu atención. Presta atención a sus palabras, a su vida, cómo vivió. Mira sus huellas, sigue sus huellas, que son grandes en la arena, y nosotros debiéramos ser igual.
Ahora, recuerda que tú eres un enviado. ¿Cómo así, pastor? Bueno, tú eres un enviado tan similar a como Cristo fue un enviado, que yo te lo voy a leer de sus propios labios. Porque no solamente fuiste enviado por alguien con la misma autoridad con que Jesús fue enviado, sino que fuiste enviado al mismo lugar al que Jesús fue enviado.
El aposento alto. Jesús está orando, le está pidiendo al Padre cosas por aquellos que han creído, tanto los que estaban ahí presentes como los que iban a creer en el futuro. Y en Juan 17:18 escucha la oración de Jesús: "Como tú me enviaste al mundo, también los he enviado al mundo." ¡Oh, wow! ¿Quién envió a Jesús? El Padre. ¿Quién me envió a mí? El Hijo.
La misma persona que envió a Cristo me envió a mí, porque es el mismo Dios que envía al mismo lugar. Y tú pudieras pensar: "Bueno, pero Cristo le estaba hablando a los doce que estaban ahí." No, no, no. Estaba orando también por los que iban a creer después. Pero, ¿sabes qué? Pablo lo entendió perfectamente, y no estaba en el aposento alto.
Cuando él escribe a los corintios, segunda carta, capítulo 5, Pablo dice: "Nosotros somos embajadores de Cristo, todos nosotros, como si Dios rogara al mundo, a ustedes, a los hombres: reconcíliense con Dios." Un embajador es un enviado, y un enviado es un apóstol en griego.
Yo tengo que ver, hermano, que tú tienes una función. Tú eres un enviado del reino de los cielos donde quiera que te encuentres. Veinticuatro horas al día, siete días a la semana. Tú eres un representante del reino de los cielos todo el tiempo, no importa delante de quién tú estés. Ahora, la pregunta es si tú vas a ser fiel a tu misión.
Moisés lo fue, Cristo lo fue. Cristo me envía y me dice: "Ey," y el autor de Hebreos más bien me dice: "Ahí está tu ejemplo, cópialo, imítalo, síguelo." Tienes que seguirlo porque en Cristo tú y yo y otros encontramos un tesoro que no se encuentra en ningún otro sitio, que es la vida eterna. Yo tengo que ser fiel porque necesito recordar cuál fue el mensaje y reproducirlo tal cual lo recibí.
En tercer lugar, yo necesito ser fiel porque la manera de ser fiel —o mejor dicho, tengo que considerar a Jesús— es siguiendo el modelo que Él me dejó. Entonces, somos embajadores, si lo quieres usar; somos enviados, si quieres usar esa palabra; somos apóstoles, si quieres usar esa palabra en el sentido amplio, no como muchos se denominan apóstoles hoy, que no lo son. En el sentido amplio de la palabra, con "a" minúscula, todos somos apóstoles, y somos hijos de Dios enviados a este mundo como embajadores.
Entonces, ¿qué se espera de un enviado, de un apóstol en el sentido que estoy hablando? Bueno, Pablo escribió a los corintios, primera carta, capítulo 4, versículo 2: "Que todo hombre nos considere de esta manera." Esto es lo que Pablo dice que somos: servidores de Cristo —eso es lo que tú eres— y administradores de los misterios de Dios. Administradores de los misterios de Dios, lo que él ha descrito aquí.
Ahora bien, Pablo va a decir: si te van a ver como un siervo y te van a ver como un administrador, tú debes saber qué es lo que se requiere de ti. "Bueno, porque son tantas cosas, eso va a ser una lista larga." No, no, no, no. Versículo 2: lo que se requiere, además de los administradores, es que cada uno sea hallado fiel.
Ah, como Moisés. Ajá. Como Jesús. Ajá. Recuerda que es lo que se supone que vamos a oír de parte del Señor si hemos hecho lo que nos toca hacer aquí abajo. Cuando estemos en gloria: "Bienvenido, siervo bueno y fiel." Pablo está diciendo: "Conoce tu encargo, tu mensaje, tu misión. Sé fiel a ella."
Hermano, si eres hijo de Dios, tú no tienes opción que no sea comportarte como hijo de Dios. Él fue quien te envió, tal como envió a Su Hijo. Y ese Hijo fue nuestro modelo. Escucha, escucha: cuando Él vino, cuando ese modelo vino, Él no habló por Su propia cuenta, no actuó por Su propia cuenta, nunca violó la ley, nunca hizo lo que Adán y Eva hicieron, nunca fue infiel en ninguna de las áreas de Su vida, nunca mintió ni ocultó cosas, no torció la verdad. Él encarnó la verdad. Fue veraz. Aun delante de Pilato, Él fue un apóstol fiel. Él es mi modelo.
Okay, ahora entendemos mejor por qué el autor de Hebreos primero le llama apóstol, segundo me dice que lo considere, que fije mi atención, que lo entienda bien. Y ahora me dice que Él fue también designado como sumo sacerdote. Sumo sacerdote, cuando Él terminó Su misión aquí abajo: se encarnó, cumplió la ley, y después de Su crucifixión, resurrección y ascensión a los cielos, fue entonces cuando fue reconocido como sumo sacerdote permanente.
Y en 4:14 de esta carta se nos dice que Él es gran sumo sacerdote. Nadie tiene ese calificativo que no sea Jesús: gran sumo sacerdote. Entonces, del versículo 2 en adelante, lo que el autor está haciendo es compararme estas dos figuras. Ya tengo una similitud: ambos fueron fieles. Y tengo una diferencia: Jesús fue apóstol y sumo sacerdote, mientras que Moisés fue simplemente un siervo que podemos considerar apóstol porque fue enviado por Dios también, pero no fue sumo sacerdote. Esa función le tocó, cayó sobre los hombros de su hermano Aarón.
Ahora, la pregunta que más o menos traje al principio, pero que ahora recojo de nuevo: ¿cuál es el interés de este autor? Mostrar una superioridad que todos nosotros entendemos que está clara. Bueno, que le está escribiendo a judíos, y para los judíos los dos personajes más grandes de su historia —probablemente hasta el día de hoy— son el padre Abraham, con quien Dios comenzó la nación, y el profeta Moisés.
Claro, padre Abraham: si no hay Abraham, no hay nación. Además, padre Abraham fue llamado el padre de la fe, o el hombre de la fe, un hombre que caminó con Dios. Moisés —tú recuerdas el currículo de Moisés— es extraordinario. Nadie tiene un currículo así.
Moisés nace y Dios está detrás de él. Está en una canasta, va río abajo en el Nilo. La hija de faraón recoge la canasta. Una de las siervas de la hija de faraón es la mamá de Moisés. Moisés se cría en la casa del rey con su mamá. Vive 120 años y al final Dios lo entierra. No había nadie en el entierro de Moisés que no fuera Dios. Dios lo salva de las aguas, camina con él por 120 años, y al final, Deuteronomio 34:5 dice que Dios enterró a Moisés en un lugar que nadie sabe. "Mira, Moisés, nos vemos en otro lugar, pero te voy a enterrar ahora. Aquí terminó tu vida de este lado." Sepultó a Moisés. ¡Wow!
Moisés fue el instrumento que trajo las diez plagas. Lo que Moisés anunció, así ocurrió. Piensa en la última plaga. Moisés dice: "Mira, esta noche, a los judíos primero: pongan esta sangre del cordero sobre los dinteles de las puertas. Yo les garantizo, por orden de Dios obviamente, que nada les va a acontecer. El ángel de la muerte va a pasar de largo." Pero al día siguiente, en todas las casas de los egipcios había llanto: el primogénito de cada familia se murió, y el primogénito de cada animal de la casa también se murió. ¡Wow! ¿Por qué? Porque Moisés lo anunció, obviamente, como enviado de Dios. Lo que Moisés decía, ocurría.
Moisés fue al mar, levantó su mano con su vara por instrucción de Dios, el mar se abrió. Cruzan el mar, se voltean, ahí vienen los egipcios. Dios le dice: "Ey, baja la mano." Moisés baja la mano, se cerró el mar y sepultó a los egipcios. Este hombre extraordinario, ¿no? Su Dios es extraordinario. Pero ahí están viendo algo que le dio grandeza a Moisés ante sus ojos.
Mire este texto de Éxodo 33:11. Y el Señor acostumbraba —o sea, que esto era común— hablar con Moisés cara a cara. Él no habló con ningún otro profeta de esa manera, ni con ninguna otra persona. Como habla un hombre con su amigo. ¡Wow! Es como si fuera algo tan común: Moisés iba a la tienda de reunión con frecuencia a hablar con Dios cara a cara. Moisés se sentía con tanta confianza. Él sabía que estaba hablando con Dios, pero la confianza era como si estuviera hablando con su amigo. Nadie ha tenido un privilegio como ese.
Moisés sube al monte un par de veces. La segunda vez, cuando baja, él vio un pedacito de la gloria de Dios de espaldas, como dice el texto. Y eso fue suficiente como para que ese cachito de Su gloria irradiara su rostro de tal manera que cuando la gente lo vio, le tuvo miedo y le dijo: "Moisés, cúbrete el rostro, no te puedes acercar, está tan iluminado." ¿Quién ha sido espejo de esa manera de la gloria de Dios? Nadie. Voy a leer eso en Éxodo 34:29. ¡Wow! Cuarenta días con Dios, después cuarenta días más con Dios. ¡Wow!
Bueno, ciertamente hay razones humanas para que los judíos lo tuvieran exaltado, y el autor de Hebreos está tratando de desmontar todas esas ideas. Versículo 2.
El cual, refiriéndose a Jesús, fue fiel al que lo designó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. En toda la casa de Dios no es el templo. La palabra "casa" es oikos. Cuando tú revisas, ciertamente se puede traducir como casa, pero oikos tiene diferentes contextos.
Si tú llegas al libro de los Hechos, tú lees que el oficial de la sinagoga se convirtió y el texto dice que creyó él con toda su oikos, con toda su casa. El texto dice "con toda su casa", pero tú no crees que fue con el edificio que él creyó, ¿verdad? No. Toda su familia. De manera que ahora el texto está hablando de que Moisés fue fiel en toda la casa de Dios, es decir, en la administración, pastoreo, guía y liderazgo del pueblo de Dios durante cuarenta años en el desierto. Y ciertamente él fue muy fiel porque enfrentó todo tipo de dificultad e incluso de crítica, condenación y oposición, incluyendo de parte de Miriam, su hermana, y de su hermano Aarón.
Entonces, él fue fiel en esa administración de ese pueblo y también fue un enviado, un apóstol. Lo que él no fue fue sumo sacerdote. Pero ahora, Moisés y Cristo fueron fieles los dos. Eso es lo que dice el versículo 2.
Porque el versículo 3 dice que Jesús ha sido considerado digno de más gloria. Los dos fueron fieles, pero estamos hablando de la misma cosa. Jesús ha sido considerado digno de más gloria que Moisés, así como el constructor de la casa tiene más honra que la casa. Ahora te explico. Porque toda casa es hecha por alguno, pero el que hace todas las cosas es Dios. ¿Qué es lo que está diciendo? Bueno, el doctor hebreo tomó una metáfora y dice: "Mira, para que puedas entender cuando digo que Jesús es más digno de honra que Moisés, es esto: tú haces una casa, la casa ya está lista. Por bien que luzca la casa, el constructor de la casa tiene más dignidad y honra que la casa misma."
Entonces ahora resulta, recuerda que estamos hablando del pueblo de Dios. Él fue fiel en la administración del pueblo de Dios. Esa es la casa, el oikos. Pero quien estaba edificando a este pueblo en el desierto, liderándolo, en último caso no era Moisés, era Dios. Escucha el versículo 4: "Porque toda casa es hecha por alguno, pero el que hace todas las cosas es Dios." Obviamente Moisés es ese alguien que está edificando al pueblo, pero quien hace todas las cosas es Dios. Dios está detrás de Moisés liderando ese pueblo, guiando a ese pueblo. Al final la honra va para Dios y, de manera particular, la honra va a Cristo.
¿Por qué? Bueno, si tú regresas al libro del Éxodo, capítulo 3, cuando Moisés no había tenido ningún contacto con Dios, el texto dice que el ángel del Señor se le apareció a Moisés. Esta frase, "el ángel del Señor", teológicamente ha sido interpretada, y es fácil de demostrar, como una aparición preencarnada de Cristo. Quien estaba liderando al pueblo en el desierto humanamente era Moisés, pero quien estaba sobre él, sobre Moisés, era Cristo mismo. Cuando Moisés se retiraba y recibía instrucción de parte de alguien, era de Cristo.
Escucha cómo Pablo lo entendió y lo explica en la primera carta a los Corintios, capítulo 10, versículos 3 y 4: "Todos comieron el mismo alimento espiritual y todos bebieron la misma bebida espiritual", hablando del desierto, "porque bebían de una roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo." De nuevo, no es que Cristo tomaba la forma de roca y de ahí salía agua. No. Cuando Pablo dice que la roca era Cristo, es que la roca que les dio agua era simplemente la sombra de alguien más. La realidad era Cristo, y esta roca era un símbolo que representaba su presencia. Pero cuando bebieron de la roca, bebieron de Cristo, quien los estaba sustentando.
Entonces, lo que nosotros vemos en la vida de Moisés es justamente alguien que viene, que es fiel, pero que está apuntando a alguien que vendría en el futuro. La roca que por el momento les dio agua representaba a Cristo. Era la sombra de la realidad que vendría. Pero esa realidad es más grande, digna de más gloria, dice el autor de Hebreos, que Moisés, a quien ustedes conocieron.
Y mira cómo él viene trayendo su argumento hacia un cierre. Versículos 6 y 7. Moisés fue fiel en toda la casa de Dios. Lee y entiende eso: casa de Dios como pueblo de Israel. Tú lo vas a ver ahora más claramente. Moisés fue fiel en toda la casa de Dios como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir más tarde. O sea, cuando él vino y fue fiel, lo que estaba haciendo era testificando de algo que se iba a decir más tarde, de alguien que iba a venir más tarde, de algo que iba a ocurrir posterior a él. Él estaba simplemente apuntando a una realidad futura.
Moisés fue fiel en toda la casa como siervo. Versículo 6: "Pero Cristo fue fiel como Hijo." Ya le está dando también otra estatura. Como Hijo sobre la casa de Dios. Recuerda, la casa de Dios yo te estoy diciendo que no es un edificio, que son personas, y ahora lo vamos a ver claramente. Déjame leer otra vez el versículo 6: "Cristo fue fiel como Hijo sobre la casa de Dios, cuya casa somos nosotros." Moisés fue fiel cuando le sirvió al pueblo de Israel, a ninguna otra nación le sirvió. Cristo fue fiel como Hijo, pero le está sirviendo a todas las naciones del mundo. Y esa casa somos nosotros, sus hijos.
Y el autor hebreo agrega: "Si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza." Déjame explicarte esa última frase porque es la más malinterpretada. Si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza, y no llegamos al fin, es que no éramos parte de la familia de Dios, aunque lo parecía. Ah, ¿no? Entonces, ¿la salvación se puede perder? No, no, no, no. Hay un grupo que va camino a lo que sería la gloria y todos lucen como hijos de Dios. Pero resulta que en el camino hay gente que se sale, pastores que se han salido, pastores que han negado la fe, cuyos nombres los tengo en mi mente, y también ovejas que no llegaron.
El autor de Hebreos está diciendo que nos vamos a encontrar con ese Dios si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza, si creemos en lo que se nos ha dicho y continuamos hacia el fin. Pero volviendo a Moisés, recuerda de nuevo que Moisés fue fiel en toda la casa de Dios, pero lo hizo como siervo, por una razón: para testificar de lo que se iba a decir más tarde.
¿Cómo así? Bueno, si tú vas al libro de Deuteronomio, creo que en el mensaje anterior, por alguna razón se me cruzaron los cables y creo que dije Éxodo, pero si te vas al libro de Deuteronomio, capítulo 18, escucha lo que tú lees en el versículo 15 y luego el versículo 18. Moisés está hablándole al pueblo, pero está hablando de lo que Dios va a hacer. Escucha: "Un profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará el Señor." Le dice al pueblo: "Como yo, alguien como yo, te levantará el Señor tu Dios; a él oirás."
Versículo 18, otra vez, y ahora es Dios quien habla: "Un profeta como tú levantaré de entre sus hermanos, y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mande." Moisés, sin darse cuenta, estaba testificando de algo que vendría, y en este caso de alguien, no algo, de alguien que vendría. Y esta persona no era otra que Cristo mismo, que nació dentro del pueblo de Israel, uno de tus hermanos. Dios dice: "Yo voy a poner mis palabras en su boca y él les va a hablar todo lo que yo le mande." Exactamente lo que pasó con Cristo. Cristo dijo: "Yo no vine a hablar por mi propia cuenta. Yo solamente le hablo lo que el Padre me dijo que le dijera." Y este texto de Deuteronomio dice exactamente lo mismo. Dios Padre iba a poner sus palabras en la boca de Cristo, y él les hablaría todo lo que Él le mandara. Exactamente.
El cumplimiento de la promesa que Moisés ni entendía bien, pero él sirvió fielmente para testificar de algo que se vendría a decir más tarde.
Al final, una de mis discípulas se sienta por aquí —la dejo anónima— viene y me dice: "Pastor, no entendí nada de lo que usted estaba tratando de explicar." Yo le dije: "Bueno, gracias que está grabado, tú puedes volver a oírlo."
Y luego me pregunta: "¿Moisés fue una tipología de Cristo?" Literalmente hablando, en todo el sentido de la palabra, no solamente en su vida, sino en lo que hizo. Recuerda: Moisés es el liberador del pueblo judío, humanamente hablando. El libertador los sacó de la esclavitud para llevarlos a la tierra prometida. Eso es exactamente lo que Cristo es. Ese es el libertador de nuestra esclavitud en nuestro Egipto espiritual, el mundo de pecado en el que vivíamos.
Y ahora nosotros estamos como en este mundo de dolor, sufrimiento, dificultades, necesidades. Ese es nuestro desierto, camino a la tierra prometida que está en gloria. El desierto judío, Moisés y la salida de Egipto tipificaron perfectamente lo que iba a ocurrir con el resto de nosotros. ¿Están siguiendo? Okay, explíquenle a los demás.
En un momento dado en el desierto, para que tú puedas ver que ciertamente Moisés es esa figura que tipificaba algo de lo que vendría posteriormente, hay una plaga de serpientes venenosas, y las serpientes venenosas mordían a alguien y ese alguien moría. Y Dios le dice a Moisés: "De ahí haz una serpiente de bronce y levántala en medio del pueblo." Y todo el que mirara la serpiente de bronce iba a sanar.
Cuando Jesús viene en Juan 3:14-15, esto es lo que leemos que Jesús dijo: "Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre" —hablando de su crucifixión—, "para que todo aquel que cree tenga en él vida eterna."
Moisés levantó la serpiente y ellos fueron salvos de la mordida de las serpientes venenosas, mirando la serpiente de bronce y obedeciendo lo que Moisés dijo. "Cuando yo venga, yo seré levantado en otro tipo de madero, en forma de cruz. Cuando yo sea levantado, aquellos que han sido mordidos por la serpiente del pecado —llamémoslos así— ellos también pueden sanar de esa mordida si miran al Hijo levantado y creen en él." ¿Te das cuenta de la tipología de la serpiente y de la cruz?
El Antiguo Testamento, y sobre todo el Pentateuco, está lleno de tipología. Un tipo es algo que apuntaba a Cristo, y el antitipo es la realización del tipo. Cuando uno oye "antitipo" cree que es lo contrario, ¿no? En el lenguaje original esto es lo que significa. Imagínate una moneda: lo que está de este lado es el tipo, lo que queda del otro lado es el antitipo. Entonces, Moisés estaba aquí, pero estaba apuntando a algo que iba a estar del otro lado en el Nuevo Testamento, otra persona. Y esa era Cristo. La serpiente de bronce estaba de este lado, pero estaba apuntando a otra persona que iba a ser levantada en una cruz, que iba a tener una función similar a lo que la serpiente de bronce realizó de este lado.
Esa es la manera como Cristo fue preparando a su pueblo y preparándonos a nosotros para cuando viniera la plenitud del tiempo y Él enviara a su Hijo, nacido de mujer, bajo la ley. Gálatas 4:4. Nosotros somos tan privilegiados de vivir de este lado de la Biblia y no de aquel lado, porque tenemos mucha más revelación. Todo lo que se dijo atrás y no se entendió comenzó a ser revelado en el Nuevo Testamento. Ellos tuvieron que creer sin entender nada. Tuvieron que creer simplemente. ¿Sabe por qué? Por fe.
Hermanos, la vida cristiana siempre ha sido mandatoriamente vivida por fe, o la vida de Dios en nosotros. Abraham creyó contra toda posibilidad. ¿Cómo? Por fe. Y los creyentes del Antiguo Testamento no recibieron ninguna de las promesas y llegaron a la gloria contentos sin haber recibido ninguna promesa, por fe. Y ahora a nosotros se nos dice que hay que vivir la vida cristiana por fe. Nosotros no vivimos por vista. Estamos tan acostumbrados a la data, a la computadora, a la información, que si no me lo prueba no lo creo. No. A Dios tú le crees porque Él ha hablado, y lo que Dios dice en su Palabra ya es suficiente, independientemente de las evidencias o las circunstancias.
Es una vida de fe. El justo vivirá por la fe, no por vista. Amén. Sin embargo, nosotros tenemos mucho más evidencia que esta gente. La gente tuvo menos evidencia, pero tuvo más fe. Vergüenza debía darnos, que tenemos más evidencia pero menos fe.
Padre, gracias. Gracias porque en tu plan de salvación tú has permitido que muchos de nosotros vivamos de este lado de la historia. ¡Cuánta revelación tenemos! Perdónanos cuando se nos olvida que tú declaraste en tu Palabra que el justo siempre ha vivido por la fe.
Desarrolla nuestra fe, pero abre nuestros ojos de manera que nosotros podamos considerar mejor, entender mejor, aquilatar mejor, escudriñar mejor al personaje Jesús, porque es de ahí, de la profundidad de cuánto yo escudriñe en Él, de donde sale mi fe. Mi fe es directamente proporcional a cuánto yo le conozco. Perdónanos cuando te conocemos poco, demostrado por la fe pequeña que tenemos.
Ciertamente el autor de Hebreos tenía razón: "Consideren a Jesús. Consideren a Jesús." Ayúdenos a hacer algo así todos los días. En Cristo Jesús, y su pueblo dice: "Amén." Amén. Bendiciones. Nos ponemos de pie.
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