Integridad y Sabiduria
Sermones

Cristo: humillado, coronado y glorificado

Miguel Núñez 17 mayo, 2026

El ser humano fue creado con una dignidad extraordinaria: hecho a imagen de Dios, coronado de gloria y honor, y puesto como gobernador de toda la creación. Pero Adán y Eva pecaron, y con ese pecado perdieron no solo la dignidad de esa imagen, sino también el dominio sobre la tierra. Lo que antes les fue entregado quedó fuera de su alcance. Y este mundo, desde entonces, yace bajo el poder del maligno —como lo testifican pasajes como Lucas 4, Juan 12 y 1 Juan 5:19, donde el propio Cristo no contradijo a Satanás cuando este afirmó tener autoridad sobre los reinos del mundo.

Hebreos 2:5–10 responde a esa tragedia con una verdad que reorganiza todo: el mundo venidero no estará sujeto a los ángeles ni al poder de las tinieblas. Estará sujeto a Cristo —y a nosotros con él. El pasaje cita el Salmo 8 para mostrar que Adán fue coronado de gloria, y luego aplica esa misma lógica a Jesús: él también fue hecho un poco inferior a los ángeles al asumir nuestra humanidad, con todas sus limitaciones y dolores. Pero fue coronado de gloria y honor a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios probara la muerte por todos.

La humillación de Cristo no fue un accidente ni un fracaso —fue el camino del triunfo. En su encarnación, pasión y muerte, el Creador del universo descendió voluntariamente al lugar más bajo, sin abrir la boca ni exigir ningún privilegio. Y esa entrega fue el acto redentor que hace posible dos restauraciones: la dignidad de la imagen de Dios en los redimidos, y el dominio sobre la tierra que Adán perdió. Apocalipsis 3:21 y 5:10 lo confirman con claridad: reinaremos con Cristo sobre la tierra.

El pastor Núñez cierra subrayando que en el reino de los cielos el triunfo no va de abajo hacia arriba, sino de arriba hacia abajo. Cristo descendió de su gloria a la vergüenza para tomarnos en nuestra vergüenza y llevarnos a su gloria. No hay corona sin cruz, ni gloria sin humillación.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Señor, nosotros nos vemos a nosotros mismos y creemos que nos conocemos, pero la realidad es que solamente tú nos conoces como verdaderamente somos. Nosotros estamos limitados en todo el sentido de la palabra para ver la realidad como es, no importa si es la realidad interior nuestra y mucho más la realidad interior de los demás, cuando tiene que ver contigo, Dios.

Nosotros creemos que te hemos visto en tu palabra, pero la realidad es que conocemos muy poco. Primero, porque muchos conocen poco de lo que tú has revelado, y aún después de conocerlo todo, hay mucho más en tu ser, en todo lo que tiene que ver contigo, de lo que nuestros ojos y entendimiento pueden captar. De manera que en esta mañana yo te pido, sobre todo de este texto en particular, que tú nos dejes ver, que dejes al predicador ver todo lo que está ahí, mucho más allá de lo que él ha podido estudiar y preparar, y permite que aquellos que escuchan también puedan ver.

Ábrenos los ojos y perdónanos cuando hemos creído que vemos, porque la realidad es que vemos y no vemos. Conocemos todas las realidades en una sola dimensión, cuando realmente hay mucho más detrás de cada cosa, y mucho más cuando tiene que ver con tu palabra. Acompaña al predicador y sosténlo y glorifícate en él y a través de él para tu gloria en Cristo Jesús. Amén.

Hace un par de semanas estuvimos viendo, ¿verdad?, cómo el autor de esta carta está tratando de enfatizar o subrayar la superioridad de Cristo sobre los ángeles. Decíamos que quizás eso nos llame la atención porque a nosotros nos parece obvio, pero en el contexto del primer siglo, los judíos tenían muchas ideas erradas que venían probablemente por influencia de esa comunidad llamada los esenios, que se retiró al desierto y vivió ahí en lo que hoy conocemos como las cuevas del Mar Muerto y produjeron una gran cantidad de literatura.

Incluso algunos de ellos creían que tendríamos dos Mesías distintos: un Mesías que vendría de la línea de David, un Mesías rey, que era el encargado de traer el reinado a Israel, y que había otro, un segundo Mesías de la línea de Aarón, el sacerdote, que sería el Mesías que sufriría. Y así como estas, tenían muchas otras ideas extrañas. Con relación a los ángeles habíamos hablado, no sé si les mencioné, que algunos creían que Dios tenía como una especie de senado con el que consultaba sus decisiones, y de ahí que al leer Génesis 1:26, donde Dios dice: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza", algunos creían que Dios estaba refiriéndose ahí a ese grupo de senadores angelicales, si pudiéramos decirlo, pero no es la realidad.

Entonces, dado todo eso, se entiende que ahora el autor de esta carta quiera enfatizar la superioridad de Cristo sobre los ángeles. Pero había otras razones, algunas de las cuales dejamos ver en el último mensaje y otras que dejaremos ver ahora. Yo he titulado el mensaje de esta mañana: Cristo humillado, coronado y glorificado. El título viene directamente del versículo 9, donde vamos a encontrar algunas verdades que tienen que ver con ese título que acabo de mencionar. Yo creo que este versículo 9 es como el centro de gravedad que atrae todos los demás versículos hacia él, como si el resto de las enseñanzas colgaran de este versículo 9.

Voy a estar leyendo del capítulo 2 de la carta a los Hebreos, versículos 5 al 13. Era mi intención llegar hasta ahí, pero solamente llegaremos hasta el versículo 10 en el día de hoy, por el conjunto de enseñanza que este texto tiene y porque el texto, de antemano les digo, presenta cierta complejidad por la cantidad de enseñanzas entremezcladas que el autor trae. Algunas que cuando él menciona a David en el Salmo 8 tenían que ver con él en su momento, pero luego las aplica a Cristo. Cita al profeta Isaías capítulo 8, versículos 17 y 18, y aplica a los hijos de Isaías, pero a la vez tiene que ver con nosotros más tarde. Hay un conjunto de cosas que desempacar, y este texto me costó más horas que lo que me ha costado muchos mensajes en mucho tiempo.

De manera que yo necesito —le decía al grupo anterior— que desde que comencemos a leer hasta que terminemos, tú estés así. No te muevas. Si te mueves, te lo voy a decir desde aquí arriba, y luego entonces puedas entender mejor. De manera que guerra avisada no mata soldado, y si lo mata, es por descuidado, dice el refrán.

Hebreos 2:5-13:

"Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero acerca del cual estamos hablando. Pero uno ha testificado en un lugar de las Escrituras diciendo: '¿Qué es el hombre para que tú te acuerdes de él, o el Hijo del Hombre para que te intereses en él? Lo has hecho un poco inferior a los ángeles, lo has coronado de gloria y honor y lo has puesto sobre las obras de tus manos. Todo lo has sujetado bajo sus pies.' Porque al sujetarlo todo a él, no dejó nada que no le sea sujeto. Pero ahora no vemos aún todas las cosas sujetas a él, pero vemos a Jesús, a aquel que fue hecho un poco inferior a los ángeles, coronado de gloria y honor a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios probara la muerte por todos. Porque convenía que aquel para quien son todas las cosas y por quien son todas las cosas, llevando muchos hijos a la gloria, hiciera perfecto por medio de los padecimientos al autor de la salvación de ellos. Porque tanto el que santifica como los que son santificados son todos de un Padre, por lo cual él no se avergüenza de llamarlos hermanos, cuando dice: 'Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la congregación te cantaré himnos.' Otra vez: 'Yo en él confiaré.' Y otra vez: 'Aquí estoy yo y los hijos que Dios me ha dado.'"

Yo espero que tú lo hayas entendido todo y que ahora pueda ser más fácil para mí exponerlo.

Lo primero que te encuentras aquí en el texto que leímos, en el versículo 5, es que el autor comienza diciendo que el mundo venidero, la tierra nueva, los cielos nuevos, no van a estar sujetos a los ángeles. Él comienza a ayudarnos a entender la función de los ángeles y la función de Cristo Jesús, como para cerrar en este capítulo su argumento acerca de los ángeles. En ese sentido, el versículo 5 nos dice que el mundo venidero, a diferencia de este mundo, no va a estar sujeto a los ángeles. Una vez que Cristo ha completado la redención, este nuevo orden de las cosas tendrá otra sujeción que no es a los ángeles.

Y quizás algunos de ustedes se sorprendan de escuchar lo que voy a decir, pero este mundo, ¿cómo está ahora mismo? Está sujeto en gran manera al mundo de las tinieblas. Yo sé, es bajo la soberanía de Dios, pero eso es como Dios lo ha ordenado. Y si tú no lo has entendido así, yo espero poder convencerte en la medida en que leamos varios de esos pasajes, porque el autor de Hebreos nos está diciendo: "El nuevo orden así no va a ser, va a ser algo completamente diferente."

Entonces, escucha. En Lucas 4:5-7, tú tienes una porción de la narración del encuentro de Jesús con Satanás en el desierto. Dice el texto: lo llevó a una altura y le mostró en un instante todos los reinos del mundo. "Todo este dominio y su gloria te daré a ti —le dijo—, pues a mí me ha sido entregado y a quien quiero se lo doy." Tú escuchas: Jesús no lo contradijo. "Por tanto, si te postras delante de mí, todo será tuyo."

Cuando Dios maldijo a la tierra en Génesis 3, de alguna manera entregó parte de ese control a lo que es Satanás y sus ángeles caídos. De hecho, Jesús mismo en varias ocasiones se refirió a Satanás como el príncipe de este mundo, en Juan 12:31. Y luego, avanzando unos capítulos más adelante, ya estando él en el aposento alto, horas antes de su crucifixión, dos veces Cristo se refiere a Satanás como el príncipe de este mundo.

Lo hace en Juan 14:30, ahí en la misma cena, en la misma noche, en una misma conversación.

Si eso no es suficiente, escucha cómo Pablo le llama a Satanás en Efesios 2:2: el príncipe de la potestad del aire. Y si todavía no estás convencido, recuerda que el apóstol Pablo nos dice en esa misma carta a los Efesios, capítulo 6, versículo 12, que comienza en el versículo 10 diciéndonos que nosotros no tenemos lucha contra carne ni sangre. O sea, tu problema en último sentido no es contra carne ni contra sangre. Si tú tienes un problema conmigo, en último caso tu problema no es conmigo, aunque en esta dimensión así es que parece. Pero tus luchas son contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestiales, que continuamente están logrando con frecuencia influenciar al hombre y a la mujer, obviamente en una dirección.

Pastor, pero usted me está diciendo que este orden presente frecuentemente está manejado por ese poder de las tinieblas. Bueno, yo simplemente estoy leyendo versículos bíblicos. Escucha lo que Juan dice al final de sus días en 1 Juan 5:19: "El mundo entero yace bajo el poder del maligno." Eso es muy absoluto. En serio. Eso fue lo que Satanás le dijo a Jesucristo cuando lo tentó: "Te doy todos los reinos de este mundo porque a mí se me entregaron y yo se los doy a quien yo quiero." Eso es exactamente lo que Juan está diciendo: el mundo entero yace bajo el poder del maligno.

El autor de Hebreos comienza en el versículo 5 diciendo que el mundo venidero no va a estar sujeto a ángeles, ni caídos ni no caídos. La pregunta es: ¿quién va a ejercer ese dominio? Bueno, vamos por pasos. El autor de esta carta que estamos examinando, en el versículo 6, comienza a hacer alusión al Salmo 8. Por eso decía que aquí está la dificultad cuando tú tomas este texto, porque de repente él menciona una idea y se va atrás al Antiguo Testamento y menciona el Salmo 8. Él cita una parte de ese salmo que fue escrito por David, quien escribió mil años antes de que Cristo viniera.

Si lees el Salmo 8, porque él va a citar una parte ahora, te das cuenta de que David está contemplando la creación, está viendo la inmensidad de la creación. Probablemente se vio a sí mismo, vio a la humanidad, y comenzó a pensar: ¿pero qué es lo que nosotros somos en medio de todo esto?

Escucha entonces qué parte de ese Salmo 8 testifica o menciona el autor de Hebreos en los versículos 6 y 7. "Pero uno ha testificado en un lugar de las Escrituras." Ese uno que ha testificado es David; el lugar de las Escrituras, el Salmo 8. Yo no creo que el autor de la carta a los Hebreos no conocía lo que yo estoy diciendo. Yo creo que simplemente estaba tratando de dejar a un lado al autor humano David y dejándonos ver que quien inspiró todo esto fue Dios mismo por medio de su Espíritu.

Escucha entonces lo que él dice. Este es el texto citado del Salmo 8: "¿Qué es el hombre para que tú te acuerdes de él, o el hijo del hombre para que te intereses en él? Lo has hecho un poco inferior a los ángeles, lo has coronado de gloria y honor, y lo has puesto sobre las obras de tus manos."

David está contemplando la grandeza de la creación, porque así comienza: "Cuando veo los cielos, cuando veo el cielo estrellado, digo: ¿qué es lo que somos nosotros en medio de esto? ¿O el hijo del hombre para que te acuerdes de él?" La frase "el hijo del hombre" es una frase que Jesús usó para referirse a él mismo unas 70 veces, pero aquí esa no es la referencia. Esta es una frase que viene del Antiguo Testamento con cierta regularidad. De hecho, en el libro de Ezequiel solamente la frase "el hijo del hombre" es mencionada más de 90 veces, para referirse al profeta.

De manera que aquí, básicamente hasta este punto, el autor de Hebreos se está refiriendo al ser humano. Dios lo hizo, lo puso toda su creación en sus manos, y él está diciendo: "Wow, yo no entiendo, o sea, todo este privilegio que tú le diste al ser humano." Y ahí mismo el versículo 7 nos comienza a comparar con los ángeles, que es parte del tema que él viene discutiendo. Y dice: "Lo hiciste inferior a los ángeles por un poco de tiempo." Lo dicen algunas traducciones; otras traducciones dicen: "un poco inferior a los ángeles." Aparentemente, dependiendo de qué ángulo tú tomes o qué manuscrito estés manejando, pudiera traducirse como "lo hiciste un poco inferior a los ángeles" o pudiera traducirse como "lo hiciste inferior a los ángeles por un poco de tiempo." Si es por un poco de tiempo, es porque eventualmente eso no va a continuar así.

Pero sigamos explorando el texto. Ahí vimos cómo el autor de Hebreos, citando el Salmo 8, agrega: "Y lo has puesto sobre las obras de tus manos." Cuando creó a Adán y Eva, Él puso sobre sus manos toda la obra que Él había realizado. El texto también dice que al momento de crear a Adán y Eva los coronó de gloria y honor. En serio. Sí, claro. Porque Dios hizo al hombre conforme a su imagen y semejanza. No había, no hay en toda la creación una imagen más alta que la imagen de Dios, y el hombre fue hecho a imagen de ese Dios, no como Dios, pero con mucha semejanza en múltiples formas. Eso es gloria. Por eso David está diciendo que lo coronaste con gloria, pero también con honor.

Claro, porque Dios forma una creación, le toma seis días en crearla y organizarla, y luego la pone bajo la gerencia de Adán y Eva. Déjame irme atrás para que puedas ver todo esto otra vez. Génesis 1:26: "Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza." No simplemente a nuestra imagen, porque "imagen" ahí es la palabra para ícono, como algo representativo. Pero él es más que eso; también a nuestra semejanza. Y escucha cómo puso bajo su gerencia todo lo creado: "Y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra." Dios creó al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó. Varón y hembra los creó. En dos versículos Dios subraya que el hombre fue hecho conforme a su imagen y semejanza.

Pero escucha todavía Génesis 1:28 en adelante. "Dios los bendijo y les dijo: Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla, ejerzan dominio." ¿Te das cuenta? La tierra iba a quedar bajo el dominio de Adán y Eva. Originalmente: "Ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra." También les dijo Dios: "Miren, yo les he dado a ustedes toda planta que da semilla que hay en la superficie de toda la tierra, y todo árbol que tiene fruto que da semilla; esto les servirá de alimento. Y a todo animal de la tierra, a toda ave de los cielos y a todo lo que se mueve sobre la tierra y que tiene vida, les he dado toda planta verde para alimento." Y así fue.

Ahora entiendo por qué el Salmo 8, escrito por David, y ahora el autor de Hebreos citando el Salmo 8, dicen: "Lo has coronado de gloria y lo has puesto sobre las obras de tus manos." Claro, lo has coronado de gloria porque hiciste tu imagen, y lo has puesto sobre las obras de tus manos porque Dios lo creó todo y le dijo: "Aquí está, ejerce el dominio, es tuyo."

Lamentablemente, Adán pecó. Adán y Eva pecaron, y al pecar perdieron la dignidad de la imagen de Dios. No perdieron la imagen de Dios, pero perdieron toda la dignidad inicial de esa imagen, y lamentablemente cayeron en una depravación total que ha ido de mal en peor. Yo sé que cuando pensamos en nosotros como seres humanos no nos gusta esa palabra "depravación", pero déjame ver si yo te puedo leer varias cosas de las Escrituras para que puedas ver que realmente fue así. Fue una corrupción completa.

Mira lo rápido que avanzó la maldad. Génesis 3: Dios expulsó a Adán y Eva del huerto.

Génesis 4, ya hay un homicidio. Caín mató a su hermano Abel. Génesis 6, versículo 5: "Era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y toda intención de los pensamientos de su corazón, toda intención era solo hacer siempre el mal." Tan mal estaba que hubo que inundar el planeta, enterrar a todo el mundo y dejar ocho personas vivas. Pero estamos en Génesis 5. Eso es Génesis 6, lo que es la inundación.

¿Te das cuenta lo rápido que ellos pasaron? De gobernadores de la creación a gobernados por la creación, de tener dominio sobre la creación a que la creación tenga dominio sobre ellos. Nosotros no tenemos control de los mares, de las aves, de los peces, del clima, absolutamente de nada. Nosotros estamos a expensas de la creación. No podemos... tenemos mascotas que domesticamos, pero los animales de la jungla, nosotros no tenemos control sobre ellos, pero se suponía que lo íbamos a tener.

De manera que ellos no solamente perdieron la dignidad inicial de la imagen de Dios, también perdieron el control o el reino sobre el planeta Tierra. Mantén esas dos ideas ahí, porque vamos a regresar otra vez allá más adelante.

Y entonces el autor de Hebreos, en el versículo 8, dice: "Porque lo sujetaste todo. Porque al sujetarlo todo a él —a Adán—, no dejó nada que no le sea sujeto, inicialmente." Y el autor de Hebreos está consciente de esto. Dice: "Pero ahora no vemos aún todas las cosas sujetas a él." Claro que no, porque ellos perdieron el control, perdieron el dominio.

La humanidad fue degenerando. Esta es la manera como tú y yo tenemos que tener una mejor idea de cuál era la dignidad de la imagen de Dios, que la diferencia fue tan enorme que en Génesis 6 ya estamos inundando el planeta porque la raza humana prácticamente no sirve.

Si tú avanzas un poco más, llegas a Génesis 12, te encuentras con Abraham y con Sara. Envejecen, no pueden tener hijos. Dios le hace una promesa, le dice que ese hijo que él le prometió va a ser el heredero de todo lo de Abraham. A Sara se le ocurre una especie de bigamia y le ofrece su sierva para que tenga un hijo, como una especie de vientre de alquiler. Las cosas no han cambiado mucho. Y si avanzas un poco más, encontramos la poligamia con Jacob, su nieto.

Entonces las cosas se salieron de control. Por eso es que dice: "Pero ahora no vemos aún todas las cosas sujetas a él." No, todo es un caos. Entonces, ¿qué hacemos? El autor de Hebreos nos da la respuesta en el versículo 9: "Pero vemos a aquel que fue hecho un poco inferior a los ángeles." O sea, el autor de Hebreos comienza a hablarme de que nosotros, los seres humanos, fuimos hechos un poco inferiores a los ángeles, y ahora pasa su argumento a Jesús con un paralelo similar. Pero vemos aquí al que fue hecho un poco inferior a los ángeles, es decir, a Jesús.

¿Te acuerdas lo que leímos? Que Adán y Eva en principio fueron coronados de gloria y honor. Escucha lo que dice de Jesús. Él fue hecho un poco inferior a los ángeles —es decir, Jesús— coronado de gloria y honor también, a causa del padecimiento de la muerte. O sea, lo que trae gloria y honor a Cristo es el padecimiento de la muerte de Cristo. "Para que por la gracia de Dios probara la muerte por todos."

Por un lado, el hombre perdió su dignidad —la dignidad de la imagen de Dios— y el control de la creación. Por otro lado, el autor de Hebreos dice que nosotros vemos a Jesús, que él también fue hecho un poco inferior a los ángeles. ¿Y cuándo pasó eso? Porque Jesús siempre ha sido Dios. Claro que Jesús siempre ha sido Dios. Entonces, ¿cómo es que él pasa de ser Dios a ser un poco inferior? Cuando Jesús asume nuestra humanidad, en su humanidad él fue hecho un poco inferior a los ángeles.

Adán y Eva fueron hechos un poco inferiores a los ángeles también. Cuando Jesús asume la humanidad de Adán y Eva, o la nuestra, él también fue hecho un poco inferior a los ángeles en su humanidad, no en su naturaleza divina. Podemos pensar en eso porque, piensa por un momento: cuando Jesús se encarna, él pasa nueve meses en el vientre de una mujer. Los ángeles nunca han tenido esa experiencia. Al final de los nueve meses, él pasa por un canal de parto. Nunca tuvieron esa experiencia. Y luego tiene que ser amamantado, comienza a crecer, comienza a gatear, comienza a tener necesidades biológicas que no controla inicialmente.

Esta es la humillación de Cristo. La encarnación de Cristo es la humillación de Cristo. Los ángeles nunca han tenido experiencias como esas. Jesús, en su naturaleza humana anterior a su resurrección, tenía limitaciones físicas, como tú y yo tenemos limitaciones físicas. Él experimentó el dolor físico y emocional. Experimentó el hambre, la sed, el cansancio, la fatiga. Ningún ángel ha pasado por ahí. Experimentó la angustia, la tristeza y hasta la soledad. Ninguno de los ángeles de Dios ha estado solo en ningún momento. Entonces tú comienzas a ver que el asumir una humanidad —en la naturaleza humana— fue hecho un poco inferior a los ángeles, al igual que tú y que yo.

Por otro lado, de la misma manera que Adán y Eva fueron coronados de gloria y honor, ahora en el versículo 9 se nos dice que Jesús fue coronado de gloria y honor a causa del padecimiento de la muerte.

Una vez que Jesús es crucificado, resucita y está listo para subir a los cielos, ya hubo un cambio de dominio. Y por eso es que en el texto de la Gran Comisión, Cristo dice: "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra." De manera que cosas que pasaron antes no volverán a pasar, y Cristo entonces vino justamente a salvarnos.

Pero como decíamos, nosotros creemos que vemos, pero no vemos. Yo creo que cada vez que nosotros pensamos en salvación, pensamos: "Qué bueno, no voy a ir al infierno." Y eso es verdad, pero se nos olvida que voy a ir a la gloria, y ahí nos quedamos pensando que vamos a pasar la eternidad con Dios. No, no, no es solamente eso. Es que fruto de no ir al infierno y fruto de ser glorificado para estar en la gloria, hay dos cosas que van a ser revertidas.

Por un lado, cada uno de nosotros va a reganar en Cristo y por Cristo la dignidad inicial del ser humano. Si no me crees, escucha a Juan en su primera carta, capítulo 3: dice que seremos como él es. Ahora no lo somos porque tenemos una naturaleza pecadora. El hombre glorificado será como él es.

De manera que Cristo, al salvarnos, viene a restaurar la dignidad de la imagen en los redimidos, pero vino a hacer algo más. Vino a devolverle al hombre glorificado el dominio de la tierra. Nosotros vamos a volver a reinar. Recuerda que la intención inicial era que Adán y Eva y su descendencia reinaran sobre la tierra. Eso fue la intención original. Los planes de Dios nadie los estorba. En Cristo, el hombre glorificado va a volver a reinar.

Déjame leértelo de la Palabra, porque si yo lo digo no tiene fuerza, pero si la Palabra lo dice es otra cosa. Apocalipsis 3:21: "Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono." ¿Tú viste lo que Cristo dijo? Cristo no dijo que nos vamos a sentar en su trono, sino que vamos a estar sentados con él en su trono. Y lo compara con lo que a él le pasó: cuando él ascendió, se sentó con su Padre en el trono.

Bueno, pastor, quizás no me queda claro eso de que vamos a reinar con él. Está bien. Déjame seguirte leyendo. Apocalipsis 5: "Y los has hecho un reino y sacerdotes para nuestro Dios." Escucha ahora: "Y reinarán sobre la tierra." ¿Lo estás oyendo? ¿Lo crees? Volveremos a reinar sobre la tierra. Ese era el plan original, en Cristo, por Cristo, bajo Cristo.

¿Lo escuchaste?

Y Apocalipsis 20, hablando del milenio, dice que reinaremos con Cristo por mil años, no con autonomía, sino bajo su señorío, como siempre debió haber sido. Entonces, la idea es que el mundo venidero —o sea, lo que el autor está argumentando para que podamos colocar a los ángeles en su lugar— es que ese mundo venidero no va a estar sujeto a los ángeles, va a estar sujeto a Cristo y a nosotros con él, porque estaremos reinando con él. ¡Uf!

Pero ahora, mientras tanto, dice el autor, como no vemos las cosas sujetas, dice, no, pero podemos ver a aquel que es Cristo, a Jesús, coronado y glorificado.

Hermanos, yo no creo que tú y yo tenemos una idea de lo impresionante que será el estado glorificado del ser humano en Cristo, porque todo es en Cristo. En una ocasión escuché a R. C., uno de los maestros que más ha impactado mi vida, por mucho, decir que si nosotros tuviéramos la oportunidad de repente ver aquí que aparezca un ser humano glorificado, la inclinación de la naturaleza humana sería adorarle. Wow. ¿Cómo así? De lo impresionantemente diferente que va a lucir a lo que nosotros ahora somos. Es como cuando el ángel se le apareció a Juan en la isla de Patmos, que su intención inmediata fue arrodillarse y adorarle, y el ángel le dijo: "No, párate, yo soy un consiervo igual que tú." Esa es la idea. Seremos semejantes a él.

Primera de Juan 3:1-2, perdón, no dice que seremos como él, que ya es suficiente, pero sí dice que seremos semejantes a él, no como dioses, pero de alguna forma glorificada que hoy nosotros no conocemos.

En el caso de Cristo, el honor y la gloria vinieron después de su cruz. Y lo mismo va a ocurrir con nosotros. Después de este tiempo de sufrimiento, el honor y la gloria en Cristo serán devueltos. Pero recuerda: no hay corona sin cruz, no hay gloria sin humillación.

Piensa por un momento en la humillación de Cristo, porque la humillación de Cristo alcanzó un grado superlativo. Imagínate que Dios designara que tú o yo, cualquiera de nosotros, tuviera la misma experiencia de Cristo, o sea, que fuera golpeado, escupido, latigado, clavado, con una corona de espinas. Exactamente lo mismo. Sí, pero esas dos humillaciones ni se comparan. O sea, clavar a Dios y tratarlo de esa manera, y clavarme a mí y tratarme de esa manera, no es la misma cosa. Porque en un caso tú estás hablando de que el Creador y sustentador del universo es quien ha sido humillado de esa manera que Él decidió. Y en mi caso sería algo completamente diferente. Uno es el Creador y el otro es la criatura.

En el caso de Cristo, quien colgó ahí en la cruz fue el Señor del cielo y la tierra. Yo lo que soy es un simple siervo en la tierra. En la cruz, si a mí me clavaran ahí, tú verías a una persona corrompida por el pecado, dominada por el pecado y en condiciones vergonzosas. Alguien así merece ser humillado. Es impresionante que Cristo asumió la humillación siendo igual a Dios. Dijo: "No, yo me voy a despojar de mi condición, no de Dios, pero sí de todos mis privilegios y de la gloria que a mí me rodea aquí. Yo me voy a humillar, yo me voy a hacer como uno de ellos." Y nosotros, uf, oímos una palabra descompuesta y decimos: "No, no, pastor, es que él me humilló, me humilló, eso no, yo no puedo permitir." ¿No te ha pasado?

Okay. Cinco son como verazes. Porque si no te ha pasado, no lo has dicho, lo has pensado. "No, porque yo también tengo dignidad, tengo que darme a respetar." No lo has dicho en voz alta. Wow.

Y Cristo no abrió su boca. Con todo el poder a su disposición, se dejó clavar. Con toda la autoridad capaz de calmar los vientos, los demonios se aterraban de Él, se dejó clavar ahí por hombres como si ellos tuvieran completo dominio sobre Él. Con todos los privilegios de la divinidad se vació de ellos. Nunca exigió un solo privilegio para sí. Nunca.

El problema que nosotros tenemos, decía más temprano, es que nosotros vemos como éxito el ascenso por la escalera. Es lo que en el lenguaje corporativo se llama ascender por "the corporate ladder." Y las biografías que se escriben de personas que comenzaron sin nada y llegaron a alcanzar un gran nombre se venden como pan caliente, millones de volúmenes inmediatamente, porque nos encanta ver a alguien que estaba abajo y llegó a la cima. Y por eso vivimos peleando todo el tiempo. Pero en el reino de los cielos el triunfo se da de arriba hacia abajo, de lo alto a lo más bajo, del cielo a la tierra, como Cristo lo hizo.

Escuche el versículo 10: "Porque convenía que aquel" —a mayúscula, ese Jesús— "para quien son todas las cosas y por quien son todas las cosas" —o sea, tú sabes que todo es de Él, por Él y para Él—, "convenía que, llevando muchos hijos a la gloria, hiciera perfecto por medio de los padecimientos al autor de la salvación de ellos."

Aquí hay dos cosas que tenemos que rumiar. Una: dice el texto que por medio de su muerte Jesús llevaría a muchos hijos a la gloria. O muere Jesús en el calvario, en el madero, o morimos todos en un infierno. Entonces, como Dios en su gracia quería salvar a muchos, convenía que Cristo pudiera ir a la muerte y de esa manera llevar otros hijos a la gloria. Ahora, recuerda que Jesús es Hijo y nosotros somos hijos, pero no de la misma manera. Jesús es Hijo por naturaleza, comparte la misma esencia. Nosotros somos hijos por adopción —de eso hablaremos probablemente la próxima semana—, pero van a haber más hijos.

De manera que este acto en la cruz, nosotros estamos cansados de leer acerca de la cruz, la hablamos, la mencionamos, pero yo no creo que nosotros todavía hemos llegado a dimensionar ni la belleza ni la gloria de la cruz de Cristo, ni la expresión de gracia en la cruz de Cristo. Decía Agustín, ese gran teólogo del siglo V, que la cruz fue el púlpito donde Cristo predicó su amor al mundo. Wow. Él dijo algunas palabras, pero cuando se dejó crucificar, incluso llegó a decir: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen." Desde ese púlpito le estaba predicando su amor al mundo.

Y decía John Murray, uno de los fundadores del Seminario Teológico de Westminster, con relación a ese amor: "¡Qué amor por los hombres, que el Padre descargara sobre su propio Hijo el castigo completo de su santa ira para que nosotros nunca tuviéramos que experimentarla!" En la cruz están dando dos cosas a la vez. Por un lado, Dios descargó la furia de su ira sobre los hombros de su Hijo. Por eso lo trataron como lo trataron. Y al mismo tiempo, el que está recibiendo la furia de la ira de Dios está dejando ver la plenitud del amor y la gracia, la benevolencia y la misericordia de Dios para con los hombres.

¿Me entendieron? ¿Tú has visto la cruz así alguna vez? El trato que recibe el único Hijo legítimo para que los hijos ilegítimos —nosotros— recibieran un trato completamente diferente. Cristo descendió de su gloria a la vergüenza. Eso se llama el descenso de la escalera corporativa, para tomarnos a nosotros en la vergüenza y llevarnos a su gloria.

La otra verdad que está en el versículo 10 y que necesita ser entendida —te decía que el texto tiene cierta complejidad— es que el versículo 10 dice que el autor de la salvación, ese Jesús, fue hecho perfecto por medio de los padecimientos. Y la pregunta que surge inmediatamente es: bueno, ¿pero Jesús no era perfecto todo el tiempo?

Sí, pero el autor de la carta a los Hebreos no está hablando de esta perfección en la misma dirección. Porque, bueno, mira, el vocablo que está ahí usado, traducido como "perfecto" —Jesús fue hecho perfecto— es teleios. Según el académico William Barclay, en el Nuevo Testamento, cito, esta palabra siempre se refiere o a una cosa, animal o persona que cumple plenamente el propósito que le fue asignado.

Por tanto, dice él, el verbo teleoun se refiere no tanto al hecho de perfeccionar algo o a alguien —porque Jesús no fue perfeccionado en ese sentido, ya él era perfecto—, sino hacer algo o alguien perfectamente adecuado para la tarea que se le ha asignado. Lo que el autor de la carta a los Hebreos está diciendo es que por medio de los padecimientos, al compartir tu experiencia y la mía de dolor, de sufrimiento, de rechazo, de burla y de todo lo demás, él se convirtió en nuestro mediador o Salvador ideal.

¿Por qué? Por la manera como él ahora va a poder relacionarse conmigo, entendiéndome en mi naturaleza caída y débil. Él fue el Salvador ideal. En ese sentido, él fue hecho perfecto, o fue hecho adecuado, apropiado para ti y para mí. El texto dice que eso ocurrió por medio de los padecimientos.

Si Cristo no se encarna, si nunca toma la naturaleza humana, él nunca hubiese podido entender ni las debilidades ni las caídas de los seres humanos. Pero una vez él lo experimentó, como vamos a seguir viendo, entonces él es el Salvador perfecto para nosotros. Y eso fue hecho por medio de los padecimientos.

Ahora, déjame decirte lo que León Morris dice acerca de estos padecimientos en su libro La Cruz en el Nuevo Testamento. "Tanto para los cristianos como para el Maestro" —eso es Cristo— "hay perfección en el sufrimiento. Aunque no nos guste, el fuego de la aflicción es el lugar donde se forjan las cualidades del carácter cristiano." El que no ha sido afligido mucho no tiene mucho carácter cristiano. No hay otra forma de que se forje.

Nadie quiere sufrir, nadie anhela el sufrimiento. Pero el cristiano no puede considerar el sufrimiento como simplemente un mal absoluto. Puede reconocer que es un mal, pero también sabe que, soportado con el espíritu correcto, es el medio para alcanzar una creciente semejanza a Cristo. La clave está en esto: soportado con el espíritu correcto, es el medio ideal para alcanzar una semejanza creciente a Cristo. Nunca ha sido de otra forma.

Esa es la razón por la que Dios tiene que asignarme aflicciones a lo largo de mi vida. El salmista escribe y dice en el Salmo 119: "En mi aflicción tú fuiste fiel. En tu fidelidad tú me has afligido." ¿Fidelidad a qué? A formar la imagen de Cristo en mí. "Fue bueno para mí ser afligido para que aprenda tus estatutos." En otras palabras, fue bueno para mí ser afligido para que aprenda obediencia.

Y Cristo fue afligido para poder ser nuestro sustituto en la cruz. Y en ese sentido fue hecho el Salvador ideal. Hay tres maneras distintas por las cuales Jesús es nuestro Salvador ideal.

La primera: como Sumo Sacerdote. Déjame leerte los versículos 17 y 18, que cubriremos mejor la semana que viene, pero para que tú puedas ver que él realmente es el Sumo Sacerdote ideal. "Por tanto, Jesús tenía que ser hecho semejante a sus hermanos" —tenía que ser, es una obligación— "semejante a sus hermanos, a fin de que llegara a ser un Sumo Sacerdote misericordioso" —que experimentara lo que tú y yo experimentamos— "y fiel en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo." Propiciación es calmar la ira de Dios. "Pues por cuanto él mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados." (v. 18)

Si el Salvador mío me puede socorrer en mi tentación, es el Salvador ideal. Él fue hecho perfecto por medio del padecimiento, perfecto en el sentido de adecuado, apropiado, justamente por lo que estamos diciendo. Escucha lo que el mismo autor de esta carta dice en Hebreos 4:15: "Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado." Como Sumo Sacerdote, número uno, él es el Salvador ideal.

Número dos: como nuestro defensor, él es nuestro defensor ideal. Porque él es justamente quien nosotros tenemos en el trono de Dios como nuestro abogado. Eso es lo que dice 1 Juan 2:1: "Y si alguien peca, tenemos abogado para con el Padre, a Cristo Jesús el justo." O sea, antes de mis tentaciones, antes de pecar, yo tengo un Sumo Sacerdote al que yo puedo oír, hablar y conversar con él y decirle: "Mira, no puedo con esto." Y él va a entender, tanto que Pablo les dice a los corintios en su primera carta, capítulo 10, que Dios sabe lo que nosotros podemos soportar y que, por consiguiente, ninguna tentación que yo no pueda soportar va a llegar a mí.

Jesús como Sumo Sacerdote está pendiente de mis tentaciones, las va a pesar, me va a ver a mí, va a decir: "Al otro día de su conversión, Miguel no puede soportar eso. No, eso no puede llegar a él. Al año, podría. A los cinco años, sí puede. A los quince, no, todavía no puede." Y no va a llegar. 1 Corintios 10. Eso es un Sumo Sacerdote que está pendiente, cuidando de que no me pase.

Ahora, pastor, pero mira, es que soy tentado y caigo. Sí, pero no porque no la podías soportar, sino porque te faltó de alguna manera comunicación con el Sumo Sacerdote, porque él es poderoso para socorrer a los que están siendo tentados. Entonces, me faltó comunicación.

Bueno, pastor, y ahora pequé. Okay. Lo bueno de este Sumo Sacerdote es que también es abogado. En serio. Eso es lo que Juan dice: "Y si alguien peca, tenemos abogado para con el Padre, a Jesucristo el justo." No lo puedes tener mejor ahí, hermano. Entonces, ahora pequé y no voy a hablar con el abogado. Bueno, si no hablas con el abogado, una de dos: o quieres seguir en tu pecado, o piensas que te vas a encontrar no sé con quién.

Pero si tú entiendes que tu abogado es el Hijo de Dios y está a su diestra, la primera persona con la que tú querrías conversar es con él para decirle: "Te ofendí, ¿qué hago?" Y él te va a decir: "Bueno, tú sabes, arrepiéntete." Y comenzamos.

Entonces, él es el Salvador ideal como Sumo Sacerdote, es el Salvador ideal como mi defensor, y él es mi Salvador ideal como intercesor. Escucha lo que dice el autor de Hebreos en 7:25: "Por lo cual él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos." Como Sumo Sacerdote ideal, como abogado defensor ideal, como intercesor para orar.

Hermanos, ¿por qué no hablan con Cristo más frecuentemente? ¿Por qué no consultas con él? "Eh, sí, pastor. Mire, yo estoy orando mucho ahora porque tomé una mala decisión y ahora mire dónde estoy. Por eso estoy llorando tanto." Un momento, ¿pero por qué no hablaste con él antes de la decisión?

Él nos dijo: "Separados de mí nada podéis hacer." "Sí, pastor. Lo que pasó fue que yo no le vi nada de malo a esa decisión." Y Dios te dice: "Mira, el problema de ustedes los seres humanos —y estoy hablando de todos, y yo estoy incluido— es que ustedes ven todo en una dimensión y creen que lo conocen todo." Entonces tú examinas una situación, le tomas una foto, y crees que esa foto representa la realidad. No, no representa la realidad, porque tú no conoces mil cosas: ni el trasfondo, ni las debilidades, ni las ambiciones, ni las envidias, ni los orgullos, ni las heridas del pasado, ni el trasfondo de las personas.

Por tanto, esto puede ser muy bueno para fulano, pero para ti es horrible. Precisamente porque yo soy el que conoce lo que cada quien puede soportar, y eso lo único que hace es hundirte más en tu debilidad, cosa que a esta persona no le ocurriría.

Él es el Salvador ideal. Porque como intercesor no solamente sabe orar mejor que yo, es que sabe hablarme mejor de lo que yo sé hablarme a mí mismo, para dejarme ver: "Oye, tú no conoces todo el cuadro, ni el tuyo mismo, porque vives autoengañado y piensas que esto es algo que tú puedes manejar, y no sabes lo que yo sé: que eso sobrepasa por mucho tu capacidad de manejarlo."

¡Vaya! ¿Y qué clase de Salvador es el que Dios me ha dado? Un sacerdote ideal que se compadece de mis debilidades. Un abogado ideal que sabe cómo defenderme cuando mi causa es defendible. Y si no, me dice: "Está bien, pero mira, arrepiéntete, que yo aquí en el trono voy a interceder por ti." Esta es la tercera razón por la que él es un Salvador ideal como intercesor: va a interceder por ti para que haya perdón para ti, pero tienes que arrepentirte.

Hermano, nuestra falta de conversación con Cristo revela una de varias cosas: o yo no lo conozco, o yo no le creo, o no me interesa porque no me conviene que me diga lo que yo no quiero oír. Algunas personas, muchas personas a lo largo de los 28 años que llevo de pastor, me han dicho: "Pastor, tengo que ir donde usted, pero yo no quiero oír lo que usted me va a decir."

Pero si eso me lo dicen a mí, imagínate lo que le decimos a Cristo. No lo decimos así, no. Lo que pasa es que últimamente he estado cansado y se me enfrió la oración. No, no es eso. Es que tú no quieres oír lo que él te va a decir.

¡Uf! Ningún otro libro de la Biblia —esto es una carta, pero ningún libro o carta— exalta a Cristo ni presenta a Cristo como lo hace Hebreos. Ninguno en el Nuevo Testamento entero, hermano. Es extraordinario lo que Dios nos ha dado en el Hijo, pero no nos asombra. Ni la cruz nos asombra, ni Cristo nos asombra, ni la manera tan a favor nuestro en que él está tampoco nos asombra. Yo acabo de describirte en tres dimensiones diferentes de qué forma él es tu Salvador ideal: abogado, Sumo Sacerdote e intercesor.

Y aun así decimos: "No, pastor, lo que pasa es que la vida cristiana no es fácil." ¿Cómo que no es fácil? Explícame. No es que uno todavía está en la carne, justamente, pero por eso tienes un abogado, tienes un intercesor, tienes un Sumo Sacerdote y tienes el Espíritu de Dios dentro de ti. Por Dios, ¿qué más quieres? ¿Qué más necesitas? Todavía es poco.

Es que no vemos las dádivas de Dios, las bendiciones de Dios, ni las debilidades de nosotros, ni los pecados de nosotros. Pero tampoco nos interesa conocerlos.

Después del servicio, para que pueda ser anónimo, dos personas se me acercaron con esto. La primera me dijo: "Pastor, ¿cómo adquiero esa pasión que yo veo que usted tiene por la Palabra?" No me doy palmadas en la espalda con esto. Y yo le decía: "Bueno, yo lo pedí por un año entero, todos los días, todos los días, todos los días. Pero no es simplemente que voy a pedir y no me toca hacer nada. Si voy a pedir pasión por su Palabra, lo menos que tengo que hacer es comenzar a comerla."

Yo no sé si alguna vez tú has probado algún alimento que no te gusta y lo sigues probando y luego como que te llega a gustar. Número dos: tienes que pedirle que, mientras le estás pidiendo pasión, te abra los ojos para ver el contenido, la riqueza, la gloria, la hermosura de lo que está revelado.

Y tercero —antes de decirlo, ella me interrumpió—: "Lo que pasa es que yo me enfrié y me alejé." Dije: "Bueno, así no va a haber pasión por la Palabra, porque si me alejo, aunque lo pida, si no estoy cerca de la Palabra no voy a tener pasión por la Palabra." Hermanos, esta Palabra te va a mantener alejado del pecado, o el pecado te va a mantener alejado de la Palabra. ¿Me entendiste? La Palabra me mantiene alejado del pecado, o el pecado me mantiene alejado de la Palabra. Esa cita no es mía, pero no recuerdo quién la dijo; lo que sí sé es que es cierta.

La segunda persona llevaba varias semanas viniendo; orábamos juntos ella y su hija. Y me dijo: "Pastor, mire, tal cosa no se dio, no me dieron el empleo. Al principio lo quería, lo quería, lo quería. Pero estoy en paz." Y yo dije: "Ah, cuéntame por qué está en paz." Y me dijo: "Porque yo decía: '¿Encontraste la voluntad de Dios?' Usted me había dicho que el sí o el no sería la voluntad de Dios, pero estoy en paz porque descubrí algo." ¿Y qué descubriste? "Es que yo estaba enamorada de esa escalera corporativa y del ascenso, y siempre me ha encantado ir hacia arriba en esa escalera."

A esa persona lo peor que le podía pasar era que le hubieran dicho que sí, porque iba a alimentar justamente su apetito pecaminoso. Lo bueno es que nuestro Sumo Sacerdote sabe lo que a mí no me conviene. Intercede por mí. Y es una ilustración, pero dice al Padre: "Él está pidiendo ese ascenso en la escalera. No se lo dé, que se va a ir de cabeza cuando ocurra."

Pero a veces insistimos y no hablamos con él. Y Dios dice: "Okay, nos vemos cuando te veas al pie de la escalera otra vez." Tenemos un Sumo Sacerdote, tenemos un abogado y tenemos un intercesor. Cultiva la relación con el Hijo de Dios que murió por ti para ascenderte hasta los cielos. Padre, gracias.

¡Uf! Yo mismo puedo testificar, Dios, que en dos semanas de estudio de este texto —difícil de masticar muchas veces— te doy gracias porque me permitiste ver de nuevo a un Jesús más grande, más glorioso, más misericordioso, más merecedor de toda gloria y honor, más merecedor de toda mi vida, de cada respiración que yo pueda tomar. Él es merecedor de eso.

Pon hambre y sed por ti, Jesús, en cada uno de tus hijos. Te lo pedimos en su nombre, y su pueblo dice: Amén. Amén.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.