Correr por el camino de los mandamientos de Dios suena inspirador, pero antes de correr hay que saber hacia dónde. Esa es la tensión que plantea el Salmo 119 en su sección correspondiente a la letra He: el salmista, que en el versículo 32 declara su deseo de correr por los estatutos del Señor, se detiene y ora, porque correr sin dirección no es obediencia, es impulsividad. Esta parada técnica no es debilidad; es la expresión de alguien que sabe que necesita al Señor para cada paso.
El salmista ora tres peticiones concretas. La primera, en el versículo 33, es "Enséñame, oh Señor, el camino de tus estatutos." La palabra enseñanza en el hebreo alude a algo que fluye como el agua: no información estática, sino dirección con propósito. El problema no siempre es desconocer el mandamiento, sino no entender hacia dónde apunta. Los estatutos de Dios, como las estatuas, son fijos e inamovibles, y la oración del salmista es una rendición: no intentes torcer la Palabra, aprende el curso que ella ya tiene. La segunda petición, en el versículo 34, es "Dame entendimiento para que guarde tu ley." Aquí el pastor distingue entre conocer el mandamiento en el púlpito y aplicarlo cuando uno cruza la puerta y regresa a la vida real, donde las circunstancias presionan, el corazón engaña y las voces se multiplican. El entendimiento hebreo no es intelectual; es discernimiento en el fragor de la batalla cotidiana.
Toda esta oración descansa sobre una visión alta de Dios: vivo, revelado, soberano y presente. Sin esa visión, la oración se vuelve pequeña. Con ella, orar por dirección se convierte en el acto más sabio que un creyente puede hacer.
José «Pepe» Mendoza es predicador, escritor y profesor, y autor del libro Proverbios para necios: Sabiduría sencilla para tiempos complejos (Vida, 2024). Ha servido como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en la República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú, donde enseña en el Instituto Integridad & Sabiduría y colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary. También trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y juntos son padres de su hija Adriana.