IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Pastorear es una de las funciones más demandantes y peligrosas que existen, porque implica cuidar ovejas compradas a precio de sangre. El mejor pastor que ha caminado sobre la tierra terminó con un discípulo vendiéndolo, otro negándolo tres veces, todos abandonándolo, y clavado en una cruz por aquellos a quienes quería salvar. Esa realidad marca el tono de Gálatas 4:8-20, donde el apóstol Pablo expresa una agonía profunda: haber llevado a los gálatas de la esclavitud a la libertad, solo para verlos regresar voluntariamente a las cadenas. "¿Cómo es que saliste de la esclavitud para venir a la libertad y ahora quieres volver?", pregunta Pablo con perplejidad.
Lo que intensifica el dolor es el contraste brutal entre el amor inicial y el rechazo posterior. Los gálatas recibieron a Pablo como a un ángel, como a Cristo mismo; estaban dispuestos a sacarse los ojos por él si hubiera sido necesario. Pero cuando la verdad los confrontó nuevamente, lo convirtieron en enemigo. Falsos maestros habían envenenado sus afectos, alejándolos con palabras bonitas de la sencillez del evangelio.
Pablo describe su sufrimiento como dolores de parto: una agonía que no termina hasta ver a Cristo formado en ellos. No se trata de orgullo herido, sino de amor genuino por ovejas que están destruyéndose a sí mismas. El pastor Núñez subraya que este dolor solo lo entiende quien ha sido llamado a pastorear: celebrar conversiones para después llorar alejamientos, amar profundamente a quienes a veces te hieren. La imagen de Cristo no se forma en nosotros reteniendo al viejo hombre; requiere morir a uno mismo diariamente, permitiendo que Cristo gobierne cada área de la vida.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bueno, las últimas semanas hemos estado enseñando un curso los viernes en la tarde para el seminario que coloquialmente conocemos como ESERANT, y para nuestra institución de formación de líderes también es un curso de ministerio pastoral. Y este viernes, antes de ayer, enseñamos acerca del pastor y su función profética. No su oficio profético, porque de esos ya no hay, pero su función profética, que no es otra que la que llevo a hacer esta mañana: exponer su voluntad, tal cual el profeta del Antiguo Testamento hacía, que exponía la voluntad de Dios. Con la diferencia de que yo solo puedo exponer la voluntad revelada ya, y el profeta de antaño exponía la misma voluntad, pero revelada directamente a su persona.
Después hablamos acerca de una segunda asunción del pastor y su función sacerdotal. Yo decía a ese grupo que está asistiendo que para tú ejercer esa función, Dios necesita infundir en ti una dosis especial de compasión que no se aprende en un libro, que se aprende lidiando con ovejas, que se aprende oliendo a ovejas, doliéndote con las ovejas, y muchas veces incluso siendo herido por las ovejas. Eso es parte del curso, es parte de la experiencia. Después estaremos hablando del pastor como líder y posteriormente del pastor como consejero.
Y yo menciono todo eso y alguno se estarán preguntando: ¿y para qué necesitamos escuchar eso, pastor? Simplemente para ayudarles a alguno de ustedes que no son pastores a entender un poquito más de lo compleja que es la función pastoral, porque el texto de esta mañana tiene todo que ver con eso. Yo no creo que hay una función más compleja, de verdad que no lo creo. Lo he pensado, y creo que como médico me ha tocado vivir situaciones y circunstancias difíciles. Nada como el pastorado. Yo no creo que hay nada más demandante, nada más desafiante, más agotador, más peligroso, que pastorear ovejas compradas a precio de sangre. Y de paso, de hecho, mientras pastoreas, si no cuidas tu caminar con Dios, tú puedes incluso llegar a ejercer dicha función de una manera decepcionante para ti.
Sobre todo si tú consideras que el mejor pastor que podía pasar, o que podrá pasar, que podría estar sobre la tierra, ya pasó. Y terminó con un hombre cercano vendiéndolo, con otro más cercano aún negándolo una, dos, tres veces, abandonado por todos. Doce hombres, un grupo pequeño. Ustedes dicen que tienen un grupo pequeño, un grupito así. Todos le abandonaron, y clavado en una cruz por aquellos a quienes Él apasionadamente quería salvar. ¿Te imaginas lo complicado de ese carguito? Pastorear requiere un llamado, pastorear requiere un poder sobrenatural, requiere un corazón grande y una piel bien gruesa. Y la realidad de que tú sirves al Señor y no a los hombres.
Con frecuencia el pastor celebra, se alegra, cuenta el testimonio de aquellos que vienen a los pies de Cristo. Pero este mismo pastor con cierta regularidad luego se apena y hasta llora cuando ve a la misma persona con quien él celebró alejarse del Cristo que lo llamó, o cuando no ve a ese Cristo formado en él o en ella.
Yo he titulado el mensaje de esta mañana "Cuando un pastor sufre por la salud del rebaño" o "Por la condición del rebaño". Ambos títulos los consideré en un momento dado. Y eso es exactamente lo que vamos a ver en la vida del apóstol Pablo con los gálatas. Menciono eso porque alguien pudiera estarse preguntando: ¿cuida, quizás el pastor está pasando por una situación difícil? No. He pasado por estos constantemente difíciles, pero el apóstol Pablo, él es mi maestro humano de lo que implica pasar por situaciones difíciles y seguir navegando, seguir corriendo hasta el final, pensando que estaba honrando a su Dios haciéndolo de esa manera.
El título que yo acabo de mencionar, "Cuando un pastor sufre por la condición del rebaño", viene de un versículo del texto que vamos a estar leyendo, el versículo 19: "Hijos míos" —a los gálatas— "hijos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes." ¿Tú has visto a una mujer en dolores de parto? ¿Tú has sido una mujer en dolores de parto? Pablo está diciendo: otra vez. Es como si la primera vez que estuve con ustedes, como si eso hubiese resultado como en un aborto. Otra vez yo sufro como una mujer en dolores de parto, al borde del parto. Y lo hago porque yo quiero ver a Cristo formado en ustedes, y no acabo de verlo.
Pablo le escribió a otra congregación, a los corintios, y en su segunda carta, capítulo 11, ya hacia el final, él detalla todas las maneras diferentes como él le tocó sufrir: perseguido, apedreado, encarcelado, de noche, de día, en alta mar corriendo, en hambre, desnudo, etcétera, etcétera. Y al final de esta larga lista él dice: "Además de tales cosas externas, está sobre mí la presión cotidiana, diariamente, todos los días, de la preocupación por todas las iglesias." ¡Wow! Este es un hombre con un corazón que ha sido forjado en el calor, en el fragor de la batalla, forjado a la imagen de Cristo.
Escucha eso como Pablo continúa: "¿Quién es débil sin que yo sea débil?" Cuando alguien está débil, yo me siento prácticamente tan débil como él o como ella. Escucha ahora, quizás puedan entender un poco de algunos de nuestros afanes: "¿A quién se le hace pecar sin que yo no me preocupe intensamente?" La Nueva Traducción Viviente dice: "¿Quién se ha dejado llevar por el mal camino sin que yo arda de enojo?" ¡Wow! La santidad de Cristo estropeada, eso es Pablo. Es el mismo Pablo que se airaba por ellos. No es que Pablo era un pastor enojado continuamente, no. Enojado cuando Cristo, o cuando la oveja que Cristo compró, alguien las había hecho tropezar. Es el Pablo que se entristeció cuando escuchó que un Demas, que había sido su colaborador, ya no estaba en los caminos del Señor. Es el mismo Pablo que se alegró cuando escuchó que los tesalonicenses estaban tan bien que no tenía nada que enseñarles.
De manera que tú puedes ver en su vida la gama, la gama de emociones que el apóstol vivió. Pero ¿por qué? Esto es una introducción a lo que tenemos que decir desde Gálatas, pero ¿por qué? Fue la manera como él entendió que se da la salvación y el conjunto de ovejas que componen una iglesia. Y escucha, tal vez que vea esos versículos todavía en el mismo capítulo 11, pero al principio del capítulo: "Porque celoso estoy de ustedes con celo de Dios, pues los desposé con un esposo para presentarlos como una virgen pura a Cristo." Es como que yo dijera: Ibis, yo los casé con Cristo, y mi intención es justamente que yo pueda presentar a Ibis como una virgen pura a Cristo. "Pero temo que así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, las mentes de ustedes sean desviadas de la sencillez y pureza de la devoción a Cristo." No es tan complicado ser devoto de Cristo, es sencillo, pero ustedes lo han hecho tan complejo. Eso es lo que Pablo está tratando de decirles.
Pero al decir: claro que me siento celoso, porque yo te entregué como una esposa a un esposo que es Cristo, y cuando te veo coquetear con el mundo, claro que tengo celos, claro que siento lo que Cristo siente. No porque te quiero para mí, no, yo te entregué a Él, porque yo sé cuán fiel Él ha sido, y eso no es como tú y yo debiéramos responder.
Yo creo que si entendemos eso, yo creo que podemos entender mejor por qué Pablo, con respecto a los gálatas, suena tan perplejo, suena cargado. De hecho, con ocasiones suena irritado, suena dolido, y con razón.
De manera que hoy vamos a estar cubriendo, aunque lo voy a ir cubriendo poco a poco, desde el versículo 8 hasta el 20 del capítulo 4. Pero no lo vamos a leer todavía, capítulo 4. Eso sí, yo quiero que vayan buscando, versículo del 8 al 20. Yo voy a dividir mi mensaje en esta mañana en tres puntos. A veces tenemos dos, a veces tenemos cuatro, a veces tenemos cinco, a veces tenemos tan solo tres. Hoy tres. Punto número uno: cuando un pastor se cuestiona si ha trabajado en vano, versículo 8 al 11. Punto número dos: cuando un pastor se siente amado por su rebaño, versículo 12 al 15. Número tres: cuando un pastor sufre por la salud o la condición del rebaño, versículo 16 al 20.
Vamos a tomar el primer punto: cuando un pastor se cuestiona si ha trabajado en vano. Versículo 8, Gálatas 4: "Pero en aquel tiempo, cuando ustedes no conocían a Dios, eran siervos de los que por naturaleza no son dioses. Pero ahora que conocen a Dios, o más bien, que son conocidos por Dios, ¿cómo es que se vuelven otra vez a las cosas débiles e inútiles y elementales, a las cuales desean volver a estar esclavizados de nuevo?"
Las iglesias de la región de Galacia eran varias, y esas iglesias estaban compuestas mayormente por gentiles, personas no judías. De manera que esta gente estaba acostumbrada a ritos a dioses paganos, mucho de los cuales estaban representados por los signos del zodíaco, que nosotros tan familiarmente conocemos como el horóscopo. En aquel entonces, al igual que ocurre hoy en día, en esencia tú sigues a gente y a veces te maravillas de cuán fieles ellos son a sus dioses paganos. A veces parecen hasta más fieles que aquellos que conocen al Dios verdadero. El único problema es que su fidelidad es más bien motivada por un temor infundado, motivados por el miedo, el temor de lo que estos dioses pudieran hacerles a ellos o a sus hijos.
Entre esa gente Pablo predicó el evangelio: entre esclavos de dioses paganos, de sus hábitos y sus costumbres. Pablo predicó el evangelio y ellos recibieron salvación. Y recibieron salvación solo por gracia, la recibieron solamente a través de la fe, en Cristo solamente, cuando llegaron a creer en sola Escritura, para la gloria de Dios solamente. Las cinco frases de la Reforma, que ellos no lo conocían de esa manera o resumido de esa forma. Así ellos llegaron a creer. Y de repente aparecieron unos judaizantes que comienzan a enseñar otras cosas. Y Pablo no entiende: ¿cuál parte del evangelio fue que no entendiste? ¿Cuál parte de la gracia que Dios te ofrece no entendiste? ¿Cuál parte de que la salvación es por fe depositada en Cristo Jesús?
Y eso es a lo que Pablo se está refiriendo. Ahora, nosotros tenemos que recordar que quizás, no abrace, hemos oído tanto acerca de que la salvación es por gracia por medio de la fe, que quizás no lleguemos a creer eso. Pero sí tenemos que recordar siempre que cuando tú dejas de crecer, tú no te quedas ahí, tú retrocedes. Y entonces comienzas a coquetear con el mundo. Y entonces un pastor como Pablo dice: "Claro que tengo celos", porque en ese mundo nuestro esposo es Cristo.
Es interesante que la gente piensa que vive en libertad. De hecho, en sentido general, incluyendo creyentes, piensa que mientras menos gente interfiere con su vida, más libertad tiene. Dios dice: "No, eso no es así, más ataduras frecuentemente tienes". De hecho, me llamó la atención leer esta semana de Jean-Jacques Rousseau, uno de los precursores de la Revolución Francesa, cristiano para nada, pero llegó a ver cosas que a veces los cristianos no ven. Y él escribió, de hecho es la primera línea de su famoso libro El contrato social: "El hombre nace libre, pero vive encadenado por todas partes". Yo no te digo que Rousseau escribió eso. El hombre nace libre, pero al mismo tiempo está encadenado por todas partes. Que tú lo veas, bueno, eso dice la Palabra.
La gente vive encadenada a prácticas religiosas, en el sentido de prácticas pecaminosas, que por el momento realmente llenan, como que te dan cierto placer, pero al final te traen insatisfacción, dolor, consecuencias de ánimo, división, alejamiento y despropósito. De esas cosas salieron los gálatas, a esas cosas querían volver los gálatas, y Pablo les está diciendo: "No entiendo. No entiendo cómo es que quieren volver a una condición de esclavo cuando ya te dije en el pasaje anterior que estuvimos viendo, que tú puedes incluso dirigirte a Dios como ¡Abba! ¡Padre! Como un padre que te ama tiernamente, tú puedes hacer eso, ¿y tú quieres volver a dejar tu condición de hijo para volver a ser un esclavo? No puede ser. ¿Cómo es que saliste de la esclavitud para venir a la libertad y ahora quieres de la libertad volver a la esclavitud?"
Pablo les dice en el versículo 9, el texto que leímos, que quieren volver a estar esclavizados de nuevo. Por eso dije lo que dije. Y luego les explica incluso hasta dónde ellos están, como a punto de llegar o ya llegaron. Versículo 10: "Ustedes observan los días, los meses, las estaciones y los años". Ustedes se devolvieron. Es como que los judaizantes comenzaron por la ley, comenzaron a introducir obras del judaísmo que eran bíblicas para el pacto anterior, pero como ya venían de las mismas cosas de observar días y meses y estaciones por los dioses, ya se habían alejado completamente del Evangelio. Por ese retroceso es que Pablo dice en el versículo 11: "Temo que quizás he trabajado en vano por ustedes".
Y ahí el subtítulo de esta parte del sermón: cuando un pastor teme que ha trabajado en vano. Este sentimiento de duda, de desaliento, de decepción, de temor, yo creo que lo he experimentado cada pastor. Esta palabra: verdadero pastor, si tiene suficiente tiempo pastoreando, sin lugar a dudas.
Yo creo que nos hace bien, es bueno para tu alma, es bueno para mi alma, recordar las palabras de Deuteronomio 15:15: "Y te acordarás que fuiste esclavo en la tierra de Egipto y que el Señor tu Dios te redimió. Por eso te ordeno esto hoy". Cada vez que te sientas tentado a hacer cualquier cosa, a decir cualquier cosa, a pensar cualquier cosa, a ver cualquier cosa, sería bueno para tu alma, sería bueno para mi alma, decir exactamente esto: "Yo fui esclavo en Egipto, no el Egipto geográfico, pero tuve mi Egipto, y el Señor me redimió, me sacó a la libertad. Por tanto, no puedo ceder a esta tentación". Nunca olvides los patrones de pecado de donde Dios te sacó. Yo podría decir mi testimonio, yo me llego. Nunca olvides de dónde Dios te sacó, también para que tú y yo no volvamos a incurrir en ellos.
Punto número dos: cuando un pastor se siente amado por su rebaño. Del versículo 12 al 16. Proveré el 12 solamente ahora. Les ruego, hermanos —Pablo dice, hermanos—, háganse como yo, pues yo también me he hecho como ustedes. Ningún agravio me han hecho. Pablo está tratando como de buscar la reconciliación. Yo no es como que Pablo dice: "Yo no entiendo esta lejanía. Cuando yo estuve con ustedes, yo me hice como ustedes". Muy típico del apóstol Pablo, que sin comprometer la verdad, todo el tiempo estuvo dispuesto a hacer el sacrificio que fuera necesario para alcanzar a algunos.
Déjame leerte ahora el versículo 12, que acabé de leer, hasta el 15, que es el texto completo de lo que vamos a cubrir ahora: "Les ruego, hermanos, háganse como yo, pues yo también me he hecho como ustedes. Ningún agravio me han hecho. Pero saben que fue por causa de una enfermedad física que les prediqué el Evangelio la primera vez. Y lo que para ustedes fue una prueba en mi condición física, no despreciaron ni rechazaron, sino que me recibieron como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús".
Eso es interesante. Yo estoy entendiendo cómo esta gente recibió a Pablo primero. A ver, casi lo idolatraron: como a un ángel de Dios, como a Cristo mismo. Y ahora lo rechazan, no quieren saber de él. Versículo 15: "¿Dónde está, pues, aquel sentido de bendición que tuvieron? Aquel sentido de '¡qué gozo! ¡Qué mensaje me trajiste! ¡Oh, cuánto me ministró! ¡Cuánto me llegó!'" Y Pablo dice: "¿Dónde está ese sentido?" Pues testigo soy en favor de ustedes de que, si hubiera sido posible, se hubieran sacado los ojos y me los hubieran dado. El amor que ustedes me expresaron fue tan radical, tan extremo, que no solamente me dejaron saber que mi visita, mi predicación, fue de bendición, es que no hubieran escatimado ningún esfuerzo por ayudarme, por bendecirme. Y él usa esta expresión, quizá un poco hiperbólica: si hubiese sido necesario, hasta los ojos se hubiesen sacado para dármelos.
Y algunos piensan que quizás la enfermedad de la cual les habla en ese pasaje tenía algo que ver con sus ojos. Y otros piensan que quizás eso va de la mano con otra ocasión, cuando él estaba terminando una carta que probablemente estaba escribiendo a alguien que le sirvió de secretario, él dice: "Yo mismo escribo esta carta con letras grandes". Quizás, no sabemos.
Pero Pablo está diciendo: "Yo lo que quisiera es que de la misma manera que yo me hice como ustedes, entonces ahora háganse como yo. Yo me hice como ustedes en el sentido de que yo seguí algunas prácticas incluso de las cuales yo ni siquiera creo, no tienen valor, para poderles llegar a ustedes. Ahora que ustedes me conocen en completa libertad, que les estoy predicando el Evangelio de gracia por fe, pues háganse como yo".
Escucha cómo Pablo se lo explica a los corintios en su primera carta, capítulo 9, del 19 al 21: "Porque aunque soy libre de todos, de todos me he hecho esclavo para ganar al mayor número posible. A los judíos me hice como judío para poder ganar a los judíos. A los que están bajo la ley, como bajo la ley, aunque yo no estoy bajo la ley, para poder ganar a los que están bajo la ley. A los que están sin ley, como sin ley, aunque no estoy sin la ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo, para poder ganar a los que están sin ley".
Pablo no está diciendo: "Yo comprometí la verdad si era necesario". No. Sin comprometer la verdad, tal vez guardando el testimonio de su conciencia, él no escatimó absolutamente nada con tal de que él pudiera ver a algunos llegar a los pies de Cristo. Y ahora él puede decirle a los gálatas: "Yo hice eso a los gálatas. También me hice como alguien de Galacia. Ahora vuélvanse como yo, háganse como yo".
John Stott, uno de los pilares de la fe cristiana —que bueno, ya murió hace unos años atrás— escribió acerca de esta frase "háganse como yo" lo siguiente: "Todos los cristianos deberían ser capaces de decir algo como esto, especialmente a incrédulos, que estamos —escucha— tan satisfechos en Cristo Jesús, con su libertad, su gozo y salvación, que queremos que otras personas se vuelvan como nosotros".
Todos los cristianos, dice Stott. Les hago una pregunta de aplicación ahora: ¿Podrías tú, con libertad de conciencia, decirle a la gente que más te conoce —tus familiares, tus esposos, tus esposas, tus hijos, los vecinos, la gente que trabaja contigo—: "Mira, Cristo es tanto para mí, y yo estoy viviendo la fe cristiana de una manera que le honra, que yo quiero que tú seas como yo"? ¿Podemos decir eso? Si no podemos, ¿por qué no podemos? Piensa por un momento: si otra persona viviera la fe cristiana como tú la vives, ¿qué tú piensas que pasaría? ¿Cuál tú crees que sería el testimonio de la fe cristiana ante el mundo? ¿Cuál sería el testimonio de la iglesia local? ¿Mejoraría o empeoraría?
Como dijimos, los gálatas inicialmente recibieron no solamente un verdadero mensaje, sino que recibieron al mensajero que Dios había enviado, y ellos consideraron que era una bendición. Parece que Pablo está diciendo: "¿Dónde está este sentido de bendición que ustedes me expresaron? ¿Qué les trajo la libertad que ustedes experimentaron? Porque ahora lo que de repente, lo que yo siento, es que hay un abandono".
Y Pablo comienza a recordar cómo fue amado la primera vez. Les dice: "Cuando yo fui a ustedes, yo les prediqué el Evangelio por causa de una enfermedad". No sabemos exactamente, no tenemos detalles de qué fue lo que pasó, pero es posible que él se enfermó estando ahí o en las regiones de Galacia. Algunos especulan, como esas regiones han estado infestadas en el pasado —sobre todo, por aún hoy— de mosquitos transmisores de malaria, algunos piensan que Pablo se enfermó allá de malaria. ¿Quién sabe? Y quizás se detuvo un poco más de tiempo porque él dice que él predicó el Evangelio por causa de una enfermedad física: "Fue que les prediqué el Evangelio la primera vez". Y normalmente, en esas culturas antiguas, lo que ocurría era que si alguien se enfermaba, si a alguien le iba mal, la conclusión era que Dios no estaba con él.
Lo veían como si lo que le cayó a Pablo fuese una maldición. ¿Se acuerdan de los amigos de Job, que vinieron a hablar con Job? Estuvieron una semana sin decir nada. La mejor semana de los amigos de Job fue la primera, y de ahí para allá todo fue en declive. Pero ellos le acusaron. Y Pablo dice: "Para ustedes mi enfermedad fue una prueba". De hecho, en el original, algunos expertos del lenguaje griego hablan de que podía ser traducido como: "Mi enfermedad fue para ustedes una tentación". Y sin embargo, en vez de rechazarme, en vez de ponerme a un lado, en vez de considerar que yo estaba siendo maldito por los dioses, no, ustedes me recibieron. Me recibieron, mira cómo: como un ángel de Dios, como a Cristo Jesús mismo.
Yo creo que nosotros no nos percatamos del privilegio que es cuando vamos a un lugar a predicar la Palabra y nos reciben, y al mismo tiempo del peligro que es cuando vamos a predicar la Palabra y nos rechazan. Escucha lo que Cristo dice en Mateo 10:40: "El que los recibe a ustedes me recibe a mí, y el que me recibe a mí recibe al que me envió". ¿Quién envió a Jesús? El Padre. ¿Quién nos envió a nosotros? Cristo. Eso es lo que Cristo dice. Y Pablo dice: "No, ustedes hicieron lo que Cristo dijo que pasaría. Yo fui, yo prediqué, y ustedes me recibieron como si hubieran recibido a Cristo". Hasta ahí de cercana estaba nuestra relación.
Entonces, gálatas, explíquenme ahora: ¿dónde está aquel sentido de bendición que tuvieron? Pues yo soy testigo de que ustedes quisieron darme tanto, se dieron tanto a mi persona, que hasta los ojos se hubieran sacado si yo los hubiese necesitado. ¿Qué pasó? ¿Qué fue lo que yo hice? ¿Cuándo fue que ese amor por mí se fue?
Entonces, esa es la parte, ¿verdad?, cuando yo decía en el punto número dos: cuando un pastor se siente amado por su redil, el redil está dispuesto a hacer cualquier cosa por su pastor. Y gracias, porque muchos de ustedes se han expresado en diferentes momentos por los diferentes pastores de la iglesia.
Punto número tres: cuando un pastor sufre por la condición del rebaño. Déjame modificar eso un poquito: cuando un verdadero pastor sufre por la condición del rebaño. No puedo testificar por aquel que tiene el título de pastor a lo largo del mundo, pero déjame decirte que si verdaderamente exhibes la imagen de Cristo en tu función pastoral, en este lugar hay lágrimas que solamente Dios ve, y en ocasión tu esposa. De la misma manera que hay gozos extraordinarios a lo largo del camino, las lágrimas forman parte del currículo de Dios. Pablo vivió una luna de miel con los gálatas. Se acabó la luna de miel.
"¿Me he vuelto por tanto enemigo de ustedes al decirles la verdad?" Yo imagino lo que Pablo está pensando: "Yo fui a ustedes, les prediqué la verdad, la verdad los confrontó y me amaron. Ahora yo vuelvo a ustedes, ahora en carta porque no puedo ir, les digo la verdad y ahora me odian. Yo no he cambiado. La primera vez les traje la verdad para su bien, para bendecirles, para que conocieran salvación. Esta vez vuelvo a traer la verdad para que regresen al camino de la salvación. La primera vez me amaron, la segunda vez me odian. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué fue lo que yo les hice?"
Otra vez citando a John Stott, él dice: "Cuando los gálatas reconocieron la autoridad apostólica de Pablo, lo trataron como un ángel, como a Cristo Jesús. Pero cuando a ellos no les gustó el mensaje, él se convirtió en su enemigo". ¿Les suena familiar? Nosotros no podemos, cuando nos gusta lo que un apóstol enseña, referirnos a él como un ángel, y cuando no nos gusta lo que enseña, terminar odiándolo y rechazándolo como a un enemigo. Esa no es la forma, no es así que funciona. Bueno, así es que debiera funcionar, pero frecuentemente es así que funciona: hay una luna de miel, hay un desencanto, y luego hay como un divorcio. Le pasó a Pablo con más de una congregación. Los gálatas están alejados de Pablo.
Este Pablo dice en el versículo 17, después que les hace la pregunta —la pregunta: "¿Me he vuelto enemigo de ustedes porque les digo la verdad?"—, entonces él dice, se dirige a aquellos que están haciendo a Pablo sufrir. Para esta pregunta es como: "¿Qué fue lo que pasó?", pero él sabe la respuesta. Entonces él comienza en el versículo 17 y 18 a decirles: "No, yo sé lo que pasó. Algunos —y son los judaizantes— les tienen celo, no con buena intención, sino que quieren excluirlos a fin de que ustedes muestren celos por ellos. Es bueno mostrar celo con buena intención siempre, y no solo cuando yo estoy presente con ustedes".
Déjame leerte ese texto de la Nueva Traducción Viviente: "Estos falsos maestros están muy ansiosos de ganarse el favor de ustedes, pero sus intenciones no son nada buenas". Yo diría: son perversas. "Lo que quieren es aislarlos de mí para que ustedes solo les presten atención a ellos. Si alguien quiere hacer cosas buenas por ustedes, no hay ningún problema, pero que lo haga en todo tiempo, no solo cuando estoy con ustedes". Es como que si Pablo está con ellos: "No, ahora tenemos que congraciarnos, no tocar a los gálatas para ver si lo despegamos". Si Pablo se va: "Bueno, ya no estamos tan cercanos, que Pablo tampoco esté tan cercano". Si lo quieren hacer, no hay problema, lo pueden hacer, quieren congraciarse, se hace muy bien. Pero el problema es que ellos no tienen buenas intenciones. Están tratando de ganarse sus afectos con malas intenciones. En realidad, el afecto que están tratando de ganar, lo único que está haciendo es una estrategia. Es lo único que es: una estrategia para despegarlos lentamente del verdadero mensaje y del verdadero mensajero.
Claro, lo dice claramente: "Lo que quieren es aislarlos de mí para que ustedes solo les presten atención a ellos". Los judaizantes habían logrado prejuiciar a los gálatas contra Pablo, y no hay nada peor que el prejuicio para causar rechazo. De manera que envenenaron sus afectos por Pablo, envenenaron los afectos por aquel que lo recibieron como un ángel y ahora lo tienen como un enemigo. Y ellos fueron atizando el fuego, atizando el fuego poco a poco.
Y Pablo está diciendo: "Ustedes me amaron, en medio de mi enfermedad me recibieron, me atendieron. Estos falsos maestros, ustedes les creen porque tienen palabras bonitas, porque les hablan al oído. Piensan que estos falsos maestros les están diciendo la verdad. No, son farsantes, son enemigos de Cristo, enemigos de la satisfacción. Ellos pudieron por un momento llenar sus apetitos; lo que no pudieron hacer es llenar su alma con el pan de Cristo".
El mundo tiene múltiples judaizantes, que no los vamos a llamar así. Los voy a llamar falsos maestros, o falsas oportunidades, o más que oportunidades, ofertas es la palabra: falsas ofertas. Y estas falsas ofertas son usadas por el enemigo con un propósito, el mismo propósito: alejarte de la simpleza y devoción a Cristo de la que Pablo les habló a los corintios en un momento. Y son altamente efectivas esas ofertas.
Y Pablo está como agonizando en un sentido, porque ya han comenzado casi como a odiarlo. Y uno puede sentir esa agonía de Pablo. Tú puedes como tomarle el pulso a su agonía en los últimos dos versículos, y específicamente en el 19, cuando él dice: "Hijos míos..." Todavía los está tratando así, los llama hijos. "...por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes. Quisiera estar presente con ustedes ahora y cambiar mi tono, hablar de otra manera, pero estoy perplejo en cuanto a ustedes".
Yo creo que si Pablo hubiese tenido un amigo cercano con un corazón no pastoral, posiblemente le hubiese dicho: "Pablo, deja esa gente. Ya tú estuviste ahí, predicaste la verdad. Si no la quieren seguir, que no la sigan. Allá ellos, problema de ellos". Y Pablo quizás pudiera decir en esa conversación de pasillosis: "Sí, yo sé". Pero luego, cuando él se encierra, ahora hay un rabino que tiene dos mil años hablando, que se colgó en una cruz, que te dice: "¿Qué fue lo que te dijeron? ¿Que te olvidaras de esa gente? Tú sabes que yo sangré por esa gente. Tú sabes que esa gente necesita que mi imagen sea formada en ellos. No se te ha olvidado que tú eres el cincel que yo estoy usando para labrar la imagen de Cristo en ellos. Y déjame decirte algo más: ellos son el cincel que yo estoy usando para labrar mi imagen en ti, pastor".
Este no es un oficio fácil, pero es un oficio que yo no lo cambiaría por ningún otro. Y déjame decirles: he citado a Stott varias veces, pero yo creo que Stott, independientemente del gran maestro que fue, tenía una habilidad extraordinaria para resumir grandes cosas en pequeños espacios. Y yo creo que en esta carta a los Gálatas hace un trabajo excepcional en su comentario, donde él menciona que aquí, cuando Pablo habla de esta manera, ellos no se están encontrando con Pablo el apóstol, no se están encontrando con Pablo el teólogo o Pablo el apologista. Ellos se están encontrando con Pablo el hombre, Pablo el pastor y Pablo el amante de las almas. Este no es el gran apóstol ahora hablando, este es el apóstol que está casi llorando cuando dice que yo estoy sufriendo, agonizando, porque yo no veo la imagen de Cristo en ustedes. Quizás tienen salvación, yo los llevé a Cristo, pero se quedaron ahí. Pero yo no los llevé a Cristo simplemente para que estén como al pie de Cristo haciendo absolutamente nada. No, es para que la imagen de ese Cristo al que yo los llevé vaya siendo formada dentro de ustedes. Y por eso yo me siento como que estoy en dolor de parto.
Ahora, hay algo que cada pastor necesita conocer. Es parecido a lo que les decía a estos pastores el viernes: la compasión no es algo que se aprende de un libro, es algo que se aprende con las ovejas. Es algo que Dios tiene que infundir en ti en la medida que Él te pone en contacto con personas en dolor, heridas, quebrantadas, disfuncionales y todo lo demás.
De esa misma manera, el pastor necesita entender que él no puede pasar la imagen de Cristo a otro. Él puede predicar el mensaje que forma la imagen, eso él puede hacer. Él puede reflejar la imagen de Cristo que Cristo ha formado en él. Él puede enseñar que tener la imagen de Cristo es sinónimo con santificación. Pero al final del camino, él necesita entender que ellos, las ovejas, tendrán que aceptar el mensaje si quieren ver la imagen de Cristo, dejarse confrontar por el mensaje todo el tiempo, aplicarse el mensaje, vivir el mensaje, y luego dejarse conformar a la imagen de Cristo por el poder del Espíritu que mora en ellos, que toma el mensaje y comienza a darle forma en la dirección de Cristo. Nadie puede hacer eso que no sea la oveja. Dios lo hace, pero tiene que estar ahí. Tú tienes que hacer todo eso con el mensaje. El mensaje que Pablo les llevó es el mensaje que tiene que seguir operando en ellos.
Después de haber nacido de nuevo, tú y yo seguimos adoptando egoísmos, sin lugar a dudas. Y la única manera de matar el egoísmo es muriendo a ti mismo; no hay otra manera. No hay nada más resistente a la muerte que el egoísmo. Tú lo puedes sofocar, le puedes quitar todo el oxígeno y él se alimenta del CO2, del dióxido de carbono, y sigue respirando. Tiene una habilidad extraordinaria. Es tóxico, el tuyo y el mío.
Cristo lo dijo de manera tan sencilla. Si hay algo yo aprecio de los Evangelios es que Cristo dijo las verdades más increíbles en el lenguaje más llano. Marcos 8:34: "Llamando Jesús a la multitud y a sus discípulos..." Hay varios, hay tres Evangelios que hablan de esto que voy a mencionar, pero me gustó este porque dice que Él llamó a todo el mundo, a la multitud y a sus discípulos. Que Él quiso que nadie quedara fuera y les dijo: "Escúchenme." ¿Y cómo si Cristo estuviera diciendo? Esto es para todos. "Si alguien quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame."
La fe cristiana no es una carrera o una caminata sin cruz. Que me cancelen; voy a ponerlo ahí, vengan ahora. Voy caminando con calma y la carga me pesa un poquito, lo que yo descanso. Todos los días tú tomas tu cruz, tú mueres a ti mismo todos los días. ¿Sabes qué quiere decir lo que Cristo dice? Si tú no quieres hacer eso, no me sigas. Pero hay un criterio, hay un solo criterio: niégate a ti mismo. ¿Cómo se llama eso? Matar el yo, matar el egoísmo.
Yo no... Cristo no puede ser formado en mí si yo continúo reteniendo la imagen del viejo hombre. La imagen del viejo hombre tiene viejos deseos. La imagen del viejo hombre se deja tentar por viejas cosas. La imagen del viejo hombre tiene cosas que le encantan, desea cosas, vive apasionada con cosas terrenales. Yo no puedo tener la imagen de Cristo, tener la imagen del hombre celestial, deseando las cosas terrenales. Como dirían en inglés: it doesn't work; no funciona.
La manera como la imagen de Cristo se forma en nosotros, ven, estos versículos, vamos a hablar de eso. Pero la manera como la imagen de Cristo se forma en nosotros es permitiendo que Cristo gobierne —esa es la palabra— cada área de tu vida. Pablo no veía eso en los gálatas y estaba en agonía.
Pero Pablo dijo cosas similares a los ancianos de la iglesia de Éfeso cuando él los llamó a Mileto y habló con ellos. Les dijo: "Ustedes son testigos de mis lágrimas." Se lo tengo bien en claro. A los tesalonicenses les escribió en la carta, les dice: "Cuando estábamos con ustedes, demostramos ser benignos entre vosotros, como una madre que cría con ternura a sus propios hijos." Ustedes saben que más que ser un predicador, un juiciador, yo fui como una mamá. Los traté con ternura como si estuviera criando hijos, como de hecho eran; eran hijos espirituales.
A los corintios, de quienes ya yo me referí, Pablo les escribió con muchas lágrimas. En 2 Corintios 2:4 dice: "Les escribo con muchas lágrimas." O sea, él está escribiendo y las lágrimas —yo me lo imagino— estaban cayendo sobre el papiro, lo que sea que les estuviera escribiendo, porque les dice: "Les escribo con muchas lágrimas," no "con lágrimas en mis ojos." Eso en esta segunda carta a los corintios es una carta muy personal, muy franca, muy abierta.
En el capítulo 7, versículo 2, uno casi llora cuando tú lees esto, por lo menos si eres pastor. Oye lo que Pablo les dice a los corintios: "Aceptadnos en vuestro corazón. Hazme espacio. Abran el corazón, por Dios. ¿Qué es lo que te he hecho?" Inmediatamente después dice: "A nadie hemos ofendido, a nadie hemos corrompido, de nadie hemos tomado ventaja, pero abran el corazón." Wow. Tú puedes sentir la tristeza de este pastor. Tú puedes sentir la agonía del pastor. Tú puedes sentir la frustración de Pablo. Dice: "Pero por lo menos dime qué fue lo que yo hice. Aceptadnos en vuestro corazón."
Pablo cierra este texto de hoy que leímos en el versículo 20 diciendo que quisiera estar presente con ustedes ahora y cambiar su tono. No era el tono que a Pablo le gustaba usar. No. "Yo quisiera cambiar el tono; es mejor que sea verlos, porque quizás si nos vemos entendemos. Y esta frustración quizás tú me entiendes, quizás tú ves mi dolor, y quizás ves mis lágrimas, y quizás nos abrazamos y tú pides perdón, y si necesitas yo te pido perdón."
Pablo tiene un deseo de estar presente. Él dice: "Pero yo te estoy escribiendo porque como no puedo ir ahora y no puedo esperar..." No me imagino. "Yo estoy perplejo," es la palabra que él usa aquí en el versículo 20. "No lo puedo creer." Y tú puedes ver esta gama, como te decía, de emociones.
Pablo les dio amor cuando fue la primera vez, se esforzó, porque él dice que está en dolores de parto otra vez. Es como la primera vez. "Yo di trabajo convertirlos a ustedes, y cuando yo estaba ahí predicándoles el Evangelio y los vine a ver, bueno, eso es como... en esa ocasión experimenté dolores de parto, pero ya nacieron, se me fueron los dolores. Pero ahora como que yo estoy en dolores de parto otra vez, como que el muchacho entró y tiene que salir de nuevo." Les dio amor, se esforzó, se alegró. Pero ahora abrazan las obras de la ley.
Y de verdad que yo no creo, habiendo leído todas las cartas de Pablo, yo no creo que Pablo está tan dolido porque él se siente personalmente ofendido. Yo creo que está muy dolido porque él sabe las consecuencias que vendrán sobre los gálatas por alejarse del mensaje, por alejarse del mensajero que Dios les había enviado. No porque fuera Pablo.
Y entonces ahora, con el mismo grupo, Pablo sufrió, se cargó, se dolió, se frustró. Bueno, pero tú has leído conmigo en el día de hoy algunas de sus experiencias. No creo que nosotros podamos tomarle el pulso, verdad, al dolor de Pablo. Una vez más, yo estoy convencido, en buen dominicano, hasta la tuétano de mis huesos, que el dolor de Pablo no tiene que ver con él. Porque él dice en el mismo versículo 19, donde él habla de su dolor de parto, dice: "Porque yo voy a seguir así hasta que yo vea a Cristo formado en ustedes." Que son ustedes y lo que les está pasando y lo que se están causando lo que a mí me produce dolor. ¿No yo? Yo soy muy secundario.
El pastor John MacArthur, comentando sobre este versículo 19 en particular, dice: "¿Crees que el ministerio pastoral es una especie de broma?" Y dice: "It is no joke." ¿Crees que es un camino fácil? Un pastor fiel vive una vida de agonía, vive una vida de sufrimiento. Y no son las cosas que vienen de afuera; es que toda esa experiencia es de por vida. Él lleva esta carga profunda y pesada por su pueblo y su santidad —refiriéndose a Pablo. Dice: "Este hombre estaba consumido por la santidad de su pueblo y temía lo que el pecado haría en sus vidas." Nunca se trató de él. Este es el corazón de un verdadero pastor.
La obra de Dios para toda la vida, en cada creyente, es la obra de santificación, la obra de santidad, la obra de piedad, la obra de semejanza a Cristo, y continúa para siempre. Es el texto en nuestro... Es la agonía de no alcanzar la semejanza a Cristo. Es la agonía de no ver a Cristo formado en ellos. Es la agonía de escuchar rumores de cómo esta gente estaba alejándose del Evangelio.
Pero es la agonía que en ocasiones ya he podido experimentar: al escuchar gente que está en la verdad, que ha oído la verdad por años, y tú escuchas algo y tú dices: "No, yo no vi eso." Mejor, mejor, mejor me hago como que no lo vi. Porque tú piensas que esa oportunidad ya estaba pasada de esa. Si es un brazo de Cristo que se había formado, tú pensabas que ya ese brazo estaba formado, porque de repente no hay ni brazo ni mano ni de dónde nada. Y tú dices: "Pero ¿qué pasó?" Y si Dios ha formado un corazón en ti, no eres a ti que te duele, pero no es por ti. No es porque tú quisieras ver a Cristo formado en cada uno de los hijos de Dios.
Y ver a Cristo formado de esa manera va a requerir algunas cosas especiales, va a requerir de cosas que la mayoría de la gente no quisiera. Va a requerir que tú tengas la mente de Cristo, va a requerir que tú hagas la santidad de Cristo tu búsqueda, va a requerir que la entrega a Cristo sea lo que tú deseas, la entrega, no simplemente que exista una profesión de fe. Que la causa de Cristo sea tu motivación de vida, tu vida para la causa de Cristo, que la gloria de Cristo sea tu meta. Tú quieres a Cristo formado, tú requieres todo esto: que la cruz de Cristo te mueva, que la verdad de Cristo sea tu alimento, que reflejar a Cristo sea tu gozo, que vivir el Evangelio, no enseñarlo solamente, vivir el Evangelio sea realmente algo que te apasiona. No es que tú desearías, no, no, tú tienes una pasión por vivirlo.
Porque cuando llegas a tener esas cosas habrás comprendido que la única razón de la información, la información que has recibido hoy, hay una sola razón: es transformación. La razón de la información es transformación, no hay otra. De manera que en esta mañana es mi deseo, es mi oración, que el buen Pastor, el Pastor de pastores, pueda tomar esa verdad por medio del Espíritu que mora en ti, tomar esa información y que Él comience en el poder del Espíritu a darte su forma.
Porque escúchame, una pregunta que he hecho múltiples veces en el salón de consejería: ¿Dios no puede contigo? O sea, tú tienes cinco, diez, quince años, ¿hace cuánto? Y o sea, Dios abre su boca y forma un universo, pero Él no puede con esta cadena. Porque una de dos: o Dios se vuelve chiquito, o mi cadena se vuelve muy grande que ni Dios la puede romper. Y no puede ser. Y si hay algo que la Biblia me enseña es que el problema nunca está en Dios, nunca está en Dios.
Si reconoces, ¿sabes qué pasa? Un experimento que se hizo muchos años atrás: tomaron elefantes pequeñitos, pusieron una cadena, lo dejaron ahí que se pudiera mover un poco, lo dejaron crecer, lo alimentaron, lo trataron bien. Le cortaron la cadena y los elefantes nunca salían del área hasta donde la cadena podía llegar, no tenían cadena. Podemos ver, estaban libres. El pecado, el pecado nos ata, Cristo viene a mi vida, Cristo viene, me dice: "El que el Hijo del Hombre hace libre, fue realmente libre." Cadena cortada y yo quedo atado ahí. Y Cristo ya arriba diciendo: "¿Pero será posible? ¿Cómo? ¡Eres libre! Ve y vive tu libertad para la gloria de Dios." Porque entonces tendrás plenitud de vida, ve y vívela, pero la plenitud depende de que lo hagas para la gloria del buen Dios y de Su gracia.
Padre, gracias, gracias, gracias, gracias, buen Pastor. Tú que nos pastoreas a todos, Tú que sufriste, Tú que viviste, Tú que fuiste rechazado, Tú que amaste, Tú que hiciste todo a la medida y sin embargo terminaste clavado. Gracias. Personalmente, gracias por haberme llamado a una posición que yo no merezco. Gracias por sostenerme ahí, aun cuando yo hubiera querido salir. Gracias por dejar oír Tu voz, no audible, pero dejarla hoy suficientemente clara para saber que el mismo Rabino que murió por las ovejas es el mismo que me llamó y el mismo que me dice: "Hasta que Yo no te llame, tú te quedas." Te pido, Dios, que Tú nos recuerdes quién eres como Pastor, y que nosotros podamos responder como ovejas de Tu prado. En Cristo Jesús, Su pueblo dice amén.
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