IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Miguel Núñez • 6 marzo, 2022
El dominio propio es el freno que Dios nos da para contener las pasiones que todavía albergamos en nuestro interior, aun después de haber nacido de nuevo. Sin esta virtud, que Pablo menciona al final del fruto del Espíritu en Gálatas 5, ninguna de las otras puede sostenerse: el amor se agota cuando la persona amada nos falla, la paciencia se consume con las acciones de otros, la paz se convierte en pasividad, y la bondad termina siendo abusada. El dominio propio no es producto del esfuerzo humano, sino una voluntad empoderada por el Espíritu Santo que nos capacita para decir no a las tentaciones y sí a las disciplinas espirituales.
La Escritura está llena de ejemplos de lo que ocurre cuando esta virtud falta. Eva vio que el fruto era bueno para comer, agradable a los ojos y deseable para alcanzar sabiduría, y eso fue tan abrumador que perdió el control y cayó. Sansón, con una fortaleza extraordinaria, perdió todo porque no pudo controlar su debilidad por las mujeres. Moisés mató al egipcio antes de que Dios lo llamara. La misma lista de obras de la carne en Gálatas coloca la inmoralidad junto al enojo, la envidia y los pleitos, porque todas requieren el mismo poder divino para ser vencidas.
El pastor Núñez señala que el dominio propio se cultiva cuando guardamos nuestro corazón de lo que entra por los ojos y los oídos, cuando huimos de las tentaciones, cuando nos asociamos con hermanos que quieren crecer en piedad, y cuando rendimos nuestra vida completamente al señorío de Cristo. Cada uno tiene un área con la que lucha, y la ausencia de dominio propio en cualquiera de ellas no es simplemente una debilidad humana, sino un pecado que necesita ser confesado y sometido.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Cuando el dominio propio es una necesidad para tu vida de piedad, ese es el título de mi mensaje en esta mañana. Permítanme repetirlo una vez más: cuando el dominio propio es una necesidad para tu vida de piedad. Con esto estamos cerrando esta mini serie dentro de la serie de Gálatas acerca del fruto del Espíritu, descrito en Gálatas 5:22-23.
Este fruto que vamos a estar abordando hoy, que es el último, el dominio propio, tiene innumerables implicaciones. Dadas esas implicaciones y su conexión con todo lo anterior que hemos dicho en ocho o nueve sermones anteriores, yo creo que se hace —no lo iba a decir de otra manera, no ideal o mejor dicho no como bueno sino necesario, esa es la palabra— se hace necesario leer desde el versículo 17 al 24 para nosotros poder conectar mejor todo lo anterior con esta virtud. Y ver de qué manera esta virtud verdaderamente es la que cierra con broche de oro todas las anteriores, y que creo Pablo dejó al final no por accidente sino por diseño. Nos tomó nueve sermones desempacar lo que Dios redujo a ocho versículos, pues ese es el Espíritu de nuestro Dios que es capaz de condensar grandes verdades en pequeños y breves párrafos.
De manera que yo te voy a invitar a que leas conmigo desde el versículo 17 al 24 de Gálatas 5: "Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues estos se oponen el uno al otro, de manera que ustedes —escuchen— no pueden hacer lo que deseen. Pero si son guiados por el Espíritu, no están bajo la ley. Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejías, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales les advierto, como ya se lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios." Versículo 22: "Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio" —esa es nuestra virtud hoy— "contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos."
Desde que tú inicias leyendo ese párrafo te das cuenta que el primer versículo de lo leído nos deja ver la necesidad del dominio propio. Me estoy refiriendo al hecho de que el versículo 17 nos habla de deseos fuertes que la carne tiene, la carne tuya y la carne mía, pero que al mismo tiempo el Espíritu de Dios tiene deseos también poderosos. Pero esos deseos poderosos del Espíritu encuentran continuamente una oposición dentro de nosotros que necesita, que requiere ser vencida, y que la única forma de vencerla es por medio del poder del Espíritu que empodera mi voluntad para ejercer dominio propio.
El Espíritu de Dios no va a hacer todo el trabajo por nosotros. Nosotros tenemos una obligación y esa obligación es la de ejercer esa voluntad. Pero no es una voluntad de la carne, es una voluntad humana pero es una voluntad empoderada por el Espíritu para poder contrastar lo que la carne quiere. Esa es la mala noticia. La buena noticia es que el Espíritu está de nuestro lado, que vino a morar dentro de nosotros para capacitarnos y empoderarnos para poder hacer lo que yo acabo de mencionar. Y haciendo uso entonces de una voluntad empoderada por poder divino, por poder infinito, ahora nosotros podemos vencer las tentaciones que vienen a nosotros en diferentes direcciones, en diferentes momentos, con diferentes envolturas, de diferentes tamaños, de diferentes formas e incluso de diferentes diseños conforme a la personalidad, carácter y debilidad de cada uno de nosotros.
Cada uno de nosotros tiene una debilidad con la que ha luchado más de una vez, pero por lo menos una, y con la que tendrá que seguir luchando. Tú lo sabes, yo lo sé, Dios lo sabe. Lamentablemente nuestro enemigo Satanás también lo sabe, y de ahí la necesidad de dominio propio. Nota que al final del versículo 17 yo hice un énfasis cuando estaba leyendo. Les dije antes de leerlo: "Estén atentos" o "nota cómo dice que nosotros, debido a esa oposición, no podemos hacer lo que deseamos." Entonces algo tendrá que ocurrir para que podamos hacer lo que Dios quiere que hagamos.
Pudiéramos decirlo de esta forma: para yo poder hacer lo que debo hacer, yo requiero del poder de Dios. Para yo hacer lo que debo hacer para complacer a Dios, Dios tiene que darme su poder. Dios lo sabe y sabiéndolo lo planificó, y nos dejó ver la necesidad, antes de que Cristo ascendiera, de que eso ocurriera. En otras palabras, cuando Cristo dijo que él estaba a punto de partir y que era bueno para nosotros que él se fuera para que el Espíritu viniera, Cristo estaba consciente de que cuando él estuvo aquí, el Espíritu estuvo con él y estuvo con los discípulos desde afuera. Pero eso no iba a ser suficiente. Los discípulos y nosotros por igual necesitaríamos el poder que ungió a Cristo en el Jordán puesto en nuestro interior para poder obedecer.
De manera que escucha esto: la gracia precede a la obediencia. Es la gracia de Dios que me empodera para obedecer. La gracia de Dios que envió a su Espíritu es la gracia que sigue obrando en mí para empoderar mi voluntad y convertirla en dominio propio a la manera de Dios, de tal forma que yo pueda obedecer.
En el versículo 19 que leímos hay una serie de obras de la carne enlistadas que nos dejan ver la necesidad y la conexión con la virtud que estamos abordando. Escuchen: "Las obras de la carne son evidentes, estas son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejías, envidias, borracheras, orgías." Todo eso requiere dominio propio. "Y cosas semejantes, contra las cuales les advierto, como ya se lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios."
Vamos a tomar esas obras de la carne, vamos a agruparlas rápidamente. Bajo sexualidad humana tenemos: inmoralidad, impureza, sensualidad en el versículo 19, y orgías en el versículo 21. Bajo espiritualidad humana: idolatría, hechicería y herejías en el versículo 20. Bajo el desenfreno del cuerpo: borracheras. Bajo emociones humanas ahora entramos a todos: enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, envidias. Nada de eso puede ser conquistado sin dominio propio. Pero nota que aquellas cosas extremas que ahí aparecen de la sexualidad humana, las peores, están en la misma lista del enojo, envidias, el celo y los pleitos, porque tú requieres poder de Dios para vencer unas como para vencer las otras.
Yo creo que entonces, si estamos hablando de la necesidad de poseer dominio propio para vivir una vida de piedad, necesitamos entender lo que es el dominio propio. El doctor DeYoung en su libro "Control Yourself" o "Contrólate a Ti Mismo" define el dominio propio de esta manera: es la habilidad de evitar excesos y de permanecer dentro de límites razonables. No excesos, límites razonables. Yo creo que nosotros pudiéramos decir límites bíblicos.
También podríamos decir, y esta es mi definición, que el dominio propio es la capacidad —y es amplio esto del dominio propio— es la capacidad de controlar nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras acciones. En lo simple, a la hora de actuar necesito dominio propio, a la hora de pensar necesito dominio propio, en nuestro pensamiento, nuestras emociones y nuestras acciones, habiendo sido previamente empoderados por el Espíritu para complacer a Dios en todas las áreas del diario vivir. Yo necesito esta virtud en todas las áreas del diario vivir si yo voy a complacer a Dios. De otra manera fracasaremos.
Vamos a decir que el dominio propio es el freno de nuestras tentaciones. En nuestra naturaleza caída, en nuestro interior, en nuestro corazón caído, nosotros todavía albergamos —no sé si lo has visto así, no sé si lo has admitido, pero es la realidad— nosotros albergamos todavía pasiones y deseos intensos aún después de haber nacido de nuevo. Y esas tentaciones ejercen un poder seductor en nuestras mentes y corazones, un poder de atracción, y van a requerir el dominio propio para ser detenidas. Dios lo sabía, Dios lo sabe, por eso nos dio su Espíritu.
La manera como la tentación opera es que la tentación captura tu mente. Cuando captura tu mente, entretiene tu mente, y la mente es alejada de Dios. En el tiempo, a veces breve, a veces largo, en el tiempo la mente no solamente se aleja de Dios, aleja tu vida de Dios. Pero ahora lo que está en tu mente no son pensamientos acerca de Dios, de su gloria, de su causa, de Cristo, de su redención, de su perdón hacia ti. Lo que está llenando tu mente son pensamientos acerca de esa pasión, de ese deseo que nadie puso en ti, que está en mí, y que ahora me está alejando de Dios. Para que eso no ocurra, yo necesito de dominio propio.
Yo creo que es bueno ver algunas de las ilustraciones de esto en la Palabra. Ya definimos el dominio propio, veamos la ausencia de esa virtud en algunos de los personajes de la Biblia. Hay múltiples ejemplos, yo voy a mencionar tres, cuatro, cinco. Pero la ausencia de esa virtud en un momento dado, como hacemos con Eva: la falta de dominio propio hizo que llegado el momento Eva comiera de la fruta. ¿Cuándo ocurrió eso? Cuando ella vio —leo textualmente— que el árbol era bueno para comer. Se produjo un deseo en Eva para comer, este es un deseo físico simplemente. Que era agradable a los ojos, la fruta de alguna manera, su color, no sé qué color, o sus colores resultó atractiva. Y que además comerla tenía un beneficio adicional, y que era bueno, deseable para alcanzar sabiduría. Cuando eso se presentó, eso fue tan abrumador para ella que ya perdió el dominio propio, y mordió, y cayó.
La falta de dominio propio llevó a Caín a matar a su hermano Abel. La falta de dominio propio llevó a Moisés a matar al egipcio antes de que Dios lo llamara al desierto a servirle por cuarenta años.
Quizás estás pensando: "Bueno, yo no he matado a nadie nunca". Lo más probable es que en esta audiencia no haya nadie que haya matado a una persona. Quizás no lo has hecho con una pistola o con una piedra como se usaba en la antigüedad, pero nosotros hemos matado a muchos con la lengua y hemos cometido asesinato de carácter.
La falta de dominio propio llevó a Sansón a perder su fortaleza. Puedes creer esto: Sansón, con una fortaleza extraordinaria, perdió su fortaleza porque no tuvo el poder de controlar sus deseos, sus impulsos. Tenía una debilidad por las mujeres y en particular por Dalila. La falta de dominio propio llevó a Salomón a tener poco a poco un harén de mil mujeres. En serio, Salomón, yo no puedo con una. No es 199 más y la historia continúa.
Creo que los ejemplos anteriores son suficientes para darnos una idea de la imposibilidad de cultivar una vida de piedad sin dominio propio. Esta virtud es tan increíble que, anterior a los tiempos de Cristo, filósofos griegos habían pensado y considerado la necesidad del dominio propio. Filósofos, muchos de los cuales estaban dados a las pasiones. Sin embargo, aparece un Aristóteles, trescientos y tantos años antes de Cristo. Escucha lo que él dice: "El hombre que no se restringe a sí mismo hace cosas que él sabe que son malvadas bajo la influencia de sus pasiones, mientras que el hombre que tiene dominio propio —dominio propio, dice Aristóteles— conociendo que sus deseos son malvados, rehúsa seguirlos basado en sus principios".
Recuerda, estamos hablando del fruto del Espíritu. Esto es algo que el Espíritu cultiva en ti. No es el fruto del esfuerzo humano, de manera que para yo cultivar o para yo poseer, exhibir dominio propio, yo requiero llenura del Espíritu. Y la llenura del Espíritu no es otra cosa que el poder que el Espíritu tiene sobre mi vida cuando yo he rendido esa vida a sus pies, de tal manera que Él pueda ahora vivir la vida de Cristo en y a través de mí.
El Espíritu de Dios, como hemos dicho en otras ocasiones, no tiene más o menos poder mientras reside en ti. Él tiene el poder infinito todo el tiempo, pero ese poder se manifiesta en mayor o menor grado dependiendo de mi vida de obediencia, o al mismo tiempo —dependiendo, que es lo mismo dicho de otra manera— dependiendo de cuánto yo rinda a su control. Así de poderoso o no luce el Espíritu que mora en nosotros, o Él decide manifestarse a través de nosotros. Y sin ese poder yo no tengo dominio propio.
Bueno, pero si yo les hablo de la necesidad del dominio propio y no hablamos, como hemos hecho con otras virtudes, de cómo lo cultivo, como que no me sirve de mucho. Como el paciente que va donde el médico, el médico le dice qué enfermedad tiene, pero no le dice cómo puede adquirir los medicamentos para mejorar.
Y como esto es un fruto del Espíritu, alguien pudiera decir: "Bueno, yo no lo puedo cultivar porque resulta que es el Espíritu que da dicho dominio". No lo puedes producir, pero el Espíritu siembra. Vamos a usar la ilustración: el Espíritu siembra en ti cuando encuentra un terreno fértil donde sembrar para Él cosechar, vamos a ponerlo así. Entonces, ¿cuál es ese terreno donde el Espíritu siembra dominio propio que luego brota como un fruto? Bueno, es tu corazón y es tu mente, y es el mío y es la mía. De manera que el estado de mi corazón y el estado de mi mente influyen grandemente en cómo se va a expresar o no el dominio propio.
El dominio propio no va a crecer en un corazón egoísta que siempre quiere lo que quiere, porque en ese corazón obviamente el dominio no va a funcionar. Porque lo que va a primar es, ¿qué cosa?, es el deseo de mi carne que quiere algo y va a hacer hasta lo indecible hasta que lo tengas, y no se ejerce el dominio propio.
El dominio propio jamás va a crecer en una mente alimentada por la sensualidad de nuestros días: en televisión, en las redes, en los periódicos, en las revistas. Porque lo que entra por mi mente fortalece o debilita el dominio propio. Lo que entra por mi mente fortalece o debilita el dominio propio. Lo que entra por mis ojos, lo que entra por mis oídos, va a terminar o fortaleciendo o debilitando dicho dominio.
El dominio propio no puede crecer en un corazón orgulloso que insistirá todo el tiempo en la dirección en la que yo entiendo es correcta, aunque Dios entienda que es otra la dirección. Mi orgullo se hará ciego a la, o sordo a la voz de Dios, se hará insensible a los impulsos del Espíritu en el interior. Por tanto, no habrá dominio propio.
Al mismo tiempo, el dominio propio encuentra facilidad para crecer en una vida que ha sido rendida completamente al señorío de Cristo. Cantamos eso. Yo necesito, para cultivar dominio propio, comenzar por rendir mi vida al señorío de Cristo, porque es como la rindo y de manera natural el poder del Espíritu comienza a manifestarse.
De esa misma manera, hay cosas que a mí me toca hacer. Más allá de decir "ya rendí mi vida", más allá de cantar "yo me rindo a ti", la Palabra de Dios me dice en Proverbios 4:23: "Con toda diligencia guarda tu corazón". Con toda diligencia, en otras palabras, no es en ocasiones, con cierta frecuencia durante el año. Es todo el tiempo, de manera inteligente, guarda tu corazón. Y mi corazón, cuando Proverbios se refiere a corazón, es la misma referencia a cuando la mayor parte de la Palabra se refiere a corazón: se refiere a toda la vida de la persona. Entonces no es como pensamos, como que yo pienso con la mente. No, Proverbios dice que como el hombre piensa en su corazón, porque la palabra corazón tiene que ver con mi mente y tiene que ver con mis emociones y tiene que ver con la manera como yo camino y tiene que ver con todo lo demás. Es mi vida. De manera que el autor de Proverbios me está diciendo que yo tengo que guardar mi mente, mi corazón, mi vida, guardarla de los asaltos que van a terminar debilitando mi dominio propio.
El apóstol Pablo escribió a Timoteo, le habla de lo dañino que son las riquezas, cómo el amor al dinero es la base de todo pecado. Y luego le dice en 1 Timoteo 6:11: "Pero tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas". De manera que para desarrollar dominio propio, yo voy a tener que guardar por un lado y huir por otro lado. El contexto de 1 Timoteo 6 son finanzas, pero sabes qué, yo tengo que huir de todo lo que atenta, todo lo que es una tentación para mí, y por otro lado voy a tener que guardar todo lo que entra a mi mente.
Y es vital, porque la mente produce lo que recibe. Y la mente, yo decía en el servicio anterior, y lo he dicho otras veces, es como una computadora. Entonces hay una computadora, tú la compras, está nueva, no hay nada de información adentro, y tú comienzas a introducir una serie de cosas en la computadora, y eventualmente tendrás en pantalla lo que tú pusiste dentro. De esa misma forma, nosotros comenzamos a introducir una serie de cosas y de experiencias en nuestras vidas tempranamente: impresiones visuales, impresiones de acciones, táctiles, auditivas. Y eventualmente tendrás en mi vida, que es como una pantalla, aquellas cosas que yo puse adentro. Si yo no huyo y si yo no guardo, jamás podría desarrollar dominio propio.
Cuando mi espíritu es alimentado, el dominio propio es fortalecido. Cuando la carne es alimentada, pues el dominio propio es debilitado. La ausencia de piedad en una vida habla de ausencia de dominio propio, porque justamente el dominio propio es el freno de las pasiones.
¿Qué otras cosas me llevan o me ayudan a cultivar o a ejercer dominio propio? Piensen por un momento. Yo requiero discernimiento o buen juicio, para usar la frase de Romanos 12:3, en inglés la frase "sound judgment" o juicio sólido, pesado, para ejercer dominio propio. Porque el discernimiento frente a circunstancias cruciales de la vida va a pensar en las implicaciones de las decisiones, va a pensar en las consecuencias de las decisiones, va a permitir separar lo bueno de lo malo. Y ahora, con un buen juicio, yo voy a poner en la balanza lo bueno, voy a poner lo bueno y lo malo, lo bueno versus lo malo, voy a poner implicaciones, voy a poner consecuencias, y voy a poder tomar una buena decisión. Sobre todo cuando las pasiones están encendidas.
Ahora, escúchame, cuando yo hablo de pasiones, cuando hablo de las pasiones, no necesariamente se está refiriendo a pasiones sexuales, que es como usualmente nosotros pensamos. No, no, no. Pasiones de ira, de resentimiento, de sensualidad, o de múltiples otras cosas que corresponden a obras de la carne. De manera que yo voy a necesitar buen juicio, discernimiento, para yo poder cultivar el dominio propio. Un buen discernimiento me llevará a considerar todas esas cosas que yo mencioné.
El dominio propio también se facilita cuando tú amas, verdaderamente amas a Cristo. No cuando tú tienes un amor emocional o romántico por Cristo; es cuando tú tienes una pasión. ¿Cómo sé que yo amo a Cristo verdaderamente y no de una manera emocional? Es cuando yo no puedo tener suficiente de Él. Es que por más que obtengo de Él —no beneficios, sino de su carácter, de su persona— mientras más lo entiendo, no me es suficiente. Yo quiero más, yo deseo más. No de beneficios de Cristo; yo deseo más ser como Él es, pensar como Él piensa, sentir como Él siente. Ahora yo estoy amando lo que Él es, porque de eso quiero.
Cuando yo amo a Cristo verdaderamente, el dominio propio se facilita. Cuando mi corazón late por la integridad del nombre de Dios o de Cristo, es más fácil ejercer dominio propio, porque yo no quiero mancharlo. Cuando yo aprecio la Iglesia, y en particular la iglesia local donde Él me ha puesto, y yo no quiero manchar, dañar el nombre de esa iglesia tampoco frente a los incrédulos, el dominio propio no es que se facilita de esta manera... No, pero es mucho más fácil poder tenerlo y ejercerlo. Porque van a llegar momentos donde tú le vas a decir a Dios: "Si yo he de manchar tu nombre, si yo he de manchar tu Iglesia, llévame antes de que tal cosa ocurra". Y ahora he hecho así innumerables veces.
Yo creo que también es bueno y necesario ver la interacción. Dijimos al principio que, dadas las implicaciones de las cuales hemos venido hablando y dada la conexión que esta virtud tiene con el resto de las virtudes del fruto del Espíritu, era importante que pudiéramos ver este dominio propio bajo ese lente.
Entonces, pensemos rápidamente en las virtudes anteriores. El amor: yo no puedo amar correctamente sin dominio propio, porque va a llegar un momento donde la persona amada —no importa si es tu hijo, tu esposo, tu esposa, no sé, el pastor, quien tú quieras— va a hacer algo que realmente me lleve a mí a pensar: "Esta persona no es digna de mi amor". Y entonces yo voy a tener que ejercer dominio propio para continuar amando, porque eso es lo que Dios me requiere que yo haga. De eso se trata el amor incondicional.
El gozo sin dominio propio rápidamente se convierte en algarabía sin freno. La paz sin dominio propio, en muchos terminaría siendo pasividad. "No, yo no quiero hablar de eso para no alborotar las avispas". Pero, sabes, yo entiendo, yo odio alborotar las avispas, pero sabes que hay veces que la única forma de lidiar y resolver algo es alborotando la avispa, y a veces tumbando el panal. Pero la paz se puede convertir en pasividad.
Sin dominio propio yo no puedo ejercitar adecuadamente la paciencia. ¿Sabe por qué? Porque se va a agotar muy rápidamente con las acciones de otros, incluyendo ustedes que tienen hijos. Hay hijos que son inquietos y que agotan su paciencia. Alguien para diciendo: "Amén, santo de la iglesia". Pero yo voy a tener que ejercer el dominio propio, porque va a seguir siendo mi hijo o mi hija y tengo que seguir amándola y cuidándola.
Benignidad. Bueno, para yo ser benigno, yo necesito dominio propio, porque de lo contrario mi benignidad se va a convertir en permisividad. La bondad sin dominio propio: el que está recibiendo mi bondad frecuentemente termina abusando de mi bondad, y llega un momento donde el dominio propio va a tener que decir: "No, espérate, espérate, que así no tampoco. Oye, no puedo continuar en esa dirección porque estoy empoderando tu pecado, de manera que no lo puedo hacer".
Fidelidad. ¿Cómo yo voy a permanecer fiel si estoy cansado, emocionalmente drenado, siento a Dios lejos, o yo me he alejado? En cualquiera de estas condiciones, a menos que yo diga: "Sí, pero a pesar de todo yo necesito hablarle verdad a mi alma", tengo que permanecer fiel.
Y mansedumbre, se cae de la mata, como decimos nosotros. Para ser manso yo necesito dominio propio, porque hay momentos en el que tú quisieras reaccionar y no debes y no puedes. Tienes que ejercer entonces el control. Tú puedes ver lo vital que esta virtud es a la luz de todo lo que hemos dicho anteriormente.
Entonces, ¿dónde necesitamos dominio propio? No, yo creo que la pregunta es: ¿dónde es que no necesitamos dominio propio? Yo creo que Pablo nos da la clave para entender eso, de que no hay área de mi diario vivir donde yo no necesite dominio propio. Recuerda que el apóstol Pablo les escribió a los corintios, y al escribirles les dijo que todas las cosas le eran lícitas. Dice Pablo: "Pero yo no me dejaré dominar por ninguna". La palabra ahí, o la frase "no me dejaré dominar", ¿cómo tú haces eso si no es a través del dominio propio? Múltiples cosas pueden dominarnos, personas pueden dominarnos. Pablo dice: "No, el Espíritu de Dios me ha capacitado para que yo pueda vivir una vida que complazca a Dios, y no que yo viva en medio de cosas que terminan dominándome a mí".
Cristo nos hizo libres, sí, Cristo nos hizo libres, pero nos hizo libres de las amarras del pecado que no me permiten glorificarlo. No nos hizo libres para que yo haga lo que yo quisiera, para que yo le diera rienda suelta a mis pasiones. No, él nos dio dominio propio. El dominio propio es uno de los mejores regalos que Dios te haya podido dar a ti y a mí, porque es a través del dominio propio que él otorga que tú puedes llevar a la vida real el querer y el hacer que él pone en ti. Dios pone el deseo en ti, Dios pone cómo hacer las cosas, pero luego tú tienes que ejercer dominio propio para ir y hacer.
De lo contrario nosotros seríamos dominados completamente por las pasiones carnales, y no solamente por las pasiones carnales, seríamos dominados por las mentiras y las vanidades que el mundo nos vende todos los días. A través de las mentiras que nos vende nos vuelve esclavos de sus corrientes, de sus ideas. El mundo ha decidido que en la medida en que los años pasan tú no debes exhibir las arrugas; nos volvemos obsesivos con planchar la piel. El mundo ha decidido que no luce bien en la medida que los años pasan tener canas, y la gente vive esclava de esas mentiras. El mundo ha decidido una serie de cosas que nosotros debiéramos lucir o poseer, y esas cosas entonces me roban el dominio propio. Yo debo poder pensar objetivamente y poder decir: bueno, yo puedo planchar mis arrugas, pero el certificado de nacimiento de cualquier manera dice la verdad.
El apóstol Pablo escribió a Timoteo y le dice: "Timoteo, déjame decirte algo." Segunda carta, uno siete, Segunda de Timoteo: "Dios no nos dio un espíritu de cobardía, sino de poder y de amor y de dominio propio." Timoteo, tú tienes un gran peso sobre tus hombros, pero déjame decirte que tú puedes tener un gran peso sobre tus hombros y grandes tentaciones sobre ti, pero dentro de ti tú tienes un gran poder, y ese poder no es de cobardía, ese poder es el dominio propio.
¿Tú sabes por qué esas cosas están ahí? Digo, entre otras cosas, pienso yo que Pablo también sabía que poder sin dominio propio no me sirve de mucho. Sería altamente destructivo si yo tengo un poder que yo no pueda controlar. Yo necesito que el poder que reside en mí sea usado en la dirección de los propósitos de Dios. Un poder fuera de control no va a lograr mucho. Un poder fuera de control no me permite a mí llevar a cabo aquello para lo cual se me dio el poder. ¿Se entendió eso? Un poder sin control no me permite que yo pueda llevar a cabo eso para lo cual Dios me dio el poder. Dios me da el poder y me da el dominio propio a través del mismo poder, y me dice: "Úsalos ahora para mis propósitos."
Pablo le dice esa gran verdad a Timoteo: que Dios nos dio un espíritu de poder y de dominio propio, e inmediatamente después le dice: "De manera que no te avergüences del testimonio del Señor Jesucristo." El dominio propio que tú tienes es lo que te va a permitir, Timoteo, que no te avergüences del Señor Jesucristo, que no te avergüences de mí su prisionero, que no te avergüences del Evangelio. Porque sin dominio propio vas a terminar como Pedro, que negó al Señor Jesús tres veces. Sin dominio propio nosotros vamos a salir corriendo ante la menor dificultad o la menor aflicción, y vamos a ir detrás de aquello que me produce la mayor comodidad, la mayor seguridad. Pablo dice: "No, Timoteo, yo te di un espíritu de poder y de dominio propio para que tú puedas..." Porque Pablo le dice en ese mismo contexto: "Para que tú puedas sufrir las aflicciones por causa del Evangelio." Yo necesito dominio propio para eso.
Pablo vuelve y enseña a Timoteo, pero en su primera carta dice: "Timoteo, disciplínate para la piedad." ¿Cómo yo me disciplino para la piedad sin dominio propio? El dominio propio tiene que decir que no y tiene que decir que sí. Tiene que decir que no a las tentaciones, pero tiene que decir que sí a las disciplinas espirituales. De manera que cuando yo no quiera leer la Palabra, yo la voy a leer. Cuando yo no quiero levantarme temprano para leer la Palabra, yo me voy a levantar. Cuando yo no quiero orar, yo voy a orar. Cuando yo no quiero ir a la iglesia, yo voy a ir a la iglesia. Yo necesito las disciplinas espirituales, y eso requiere de dominio propio.
Esta gente que escribió la Palabra de Dios tenía bien claro el rol del dominio propio. El apóstol Pedro escribe en su segunda carta, comenzando el capítulo uno de su segunda carta, y describe a gente que está en el destierro, en la diáspora, a gente que ha salido corriendo por las persecuciones y demás, y le da la fórmula para terminar bien. Y esa fórmula para terminar bien se parece al fruto del Espíritu. Pedro les dice qué necesitan para terminar bien: necesitan fe, pero a esa fe tienen que agregar virtud, y a esa virtud conocimiento, y al conocimiento dominio propio. La lista continúa, luego Pablo habla de que tienen que agregar amor y fraternidad y fidelidad, pero no voy a entrar ahí.
Déjame pararme en dominio propio. Pedro sabe que fe sin dominio propio no me va a llevar muy lejos, porque va a llegar un momento donde mi fe va a ser cuestionada, donde mi fe va a tambalearse, donde yo no estoy tan seguro, y ahora yo tengo que, una de dos: o abandonar el camino, o por fe continuar. Y eso va a requerir de dominio propio. Una vida virtuosa sin dominio propio es una imposibilidad. De manera que a la fe le agrega virtud, pero yo no puedo tener una vida virtuosa sin dominio propio. De hecho, la vida virtuosa es el fruto del dominio propio diciendo que no a unas cosas y que sí a otras cosas. Conocimiento sin dominio propio menos te lleva una milla, el otro lo usa para desacreditar al otro.
Se decía en uno de los comentarios consultados, Gene Green escribe y dice que este dominio propio al que Pedro se refiere tiene mucho que ver con el control sobre el consumo de alimentos, el control de la lengua y de deseos sexuales. Interesante que los deseos sexuales, que son las cosas que nosotros como que pensamos es lo peor, está como en la misma lista, en el mismo nivel, que el deseo de comer y el control de la lengua. Uno preguntaría: ¿pero por qué? Porque se requiere lo primero, porque esas tres cosas vienen de la misma naturaleza caída, y controlarlas requiere del mismo poder del Espíritu de Dios para una como para la otra. El dominio propio es autogobierno: emociones y deseos y pensamientos y acciones, no por poder propio, sino por una fuerza de voluntad empoderada por el Espíritu de Dios.
Entonces, llevando esto, hablamos como de consejo que Pablo le dio a Timoteo, vimos la situación que tenía que ver con Sansón y con Eva y con Caín, pero vamos a ver si lo podemos llevar ahora como a tu vida. Vamos a hacer la misma pregunta, pero de otra manera. Considera la misma cosa, pero del lado de atrás, si tú quieres: ¿dónde tú y yo hoy necesitamos dominio propio?
Bueno, por un lado tú necesitas dominio propio en tus pensamientos. Todas estas cosas que Pablo menciona como obras de la carne —inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, envidias, borracheras— todo eso comenzó con un pensamiento. En tu mente se cocinan las acciones. La pregunta es: pastor, ¿cómo yo cultivo dominio propio en los pensamientos? Porque eso como que no sé. Pablo lo dijo de otra manera en Filipenses 4:8. Tú lo conoces, hemos hablado de esto en diferentes ocasiones, y los otros pastores también. Pablo te dice, me lo voy a tomar como Pablo para responder esa pregunta: mira, esto es cómo tú lo haces. Si tú quieres ejercer dominio propio sobre tus pensamientos, en esto es lo que tú tienes que pensar. Tú piensa en todo lo verdadero —eso para entonces todas las mentiras—, en todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro —eso para toda la inmoralidad y sensualidad—, todo lo amable —eso para todo pensamiento de ira y de cosas que tú quisieras hacerle al otro—, todo lo honorable, todo lo virtuoso. Piensa en eso, piensa en esas cosas, y tú verás si de repente tú no vas a encontrar mayor dominio sobre lo que estabas pensando.
Bueno, la mente es la torre de control que te facilita despegar y volar libremente, o estrellarte cuando aterrizas. En la mente nosotros decidimos lo que haremos. Cada acción va a presidir por un pensamiento. Yo necesito dominio propio, control sobre mis pensamientos.
En segundo lugar, yo necesito control sobre mis emociones. Y de las emociones frecuentemente nos vamos a las sensualidades, pero ¿sabes qué? Una de las cosas que la Palabra más enfatiza de diferentes formas, en diferentes momentos, con ilustraciones y enseñanzas, es la emoción de la ira. De hecho, libros enteros ya han escrito acerca de la ira. Escucha lo que dice Proverbios 29:11: "El necio da rienda suelta a su ira, pero el sabio la reprime." El sabio la reprime porque el sabio sabe que la ira le hace daño al airado y le hace daño al que recibe el golpe de la ira. Ambos. El airado se hace daño cuando se aíra porque él pierde su paz interior, por un lado. La ira imposibilita tu razonamiento lógico; tan pronto tú comienzas a airarte, tu lógica comienza a deshabilitarse. La ira destruye cualquier vestigio de deseo de reconciliación que haya podido estar en ti anterior a la ira. Pero en el que recibe el golpe de la ira, entonces ahora tú destruyes por un lado su estabilidad emocional, tú destruyes su gozo, y lo peor de todo, tú destruyes su dignidad como persona portadora de la imagen de Dios.
Ayer, alguien —antes de ayer— alguien escribió a alguien en Twitter que era una falsedad acerca de mí, y decía que yo apoyaba la agenda globalista, y no sé de dónde lo sacó. Pero le decía en respuesta: "Con todo el respeto que usted merece como portadora de la imagen de Dios..." Es ahí donde comienza mi respuesta. Todo lo demás que yo quiero decir debe acomodarse a esa idea de que ella era portadora de la imagen de Dios.
Por eso es que cuando Cristo enseña en el Sermón del Monte, Cristo dice: "Pero yo les digo que todo aquel que está enojado con su hermano será culpable ante la corte. Cualquiera que diga 'idiota' será merecedor del infierno de fuego." La ira viola el sexto mandamiento de la ley de Dios, y tú podrás decir: "¿Cómo que el...?"
Sexto mandamiento de la ley de Dios: no matarás. Si esta es la letra de la ley, pero los reformadores, los puritanos y todos los grandes teólogos de la historia de la iglesia han concordado que la ley tiene una letra y tiene un espíritu. La letra de la ley es aquello que está explícitamente dicho, pero el espíritu de la ley es lo que está detrás de lo que se está diciendo, porque es la razón por lo que se dice lo que se dice. En otras palabras, no matarás es una ley para proteger la dignidad de la vida humana. Por tanto, todo lo que yo digo en contra de alguien que violenta la dignidad de la vida humana es equivalente a la violación del sexto mandamiento; implica una especie de asesinato. Por eso es que Cristo dice que es merecedor del infierno de fuego.
En tercer lugar, tú y yo necesitamos control en el área de la sexualidad humana. Con toda esta vorágine de sensualidad en el internet, en la televisión, en las conversaciones, hermanos, yo literalmente le daba gracias a Dios por no haber nacido en esta generación joven y haber nacido antes. No porque la esté condenando o juzgando a esta generación, no, porque me libró de tener que enfrentarme a tentaciones que esta generación tiene y que yo no tuve. Porque esta generación se está enfrentando a imágenes y sonidos sensuales capaces de estimular el sensorio a niveles nunca antes imaginables, de manera que hay una necesidad continua de ejercer el control.
Bueno, quizá alguien está pensando: "Bueno, pastor, yo no caigo en eso, como dirían los jóvenes, yo no le llego a eso, a esta sensualidad." Gloria a Dios, me alegro por ti. Pero vamos a ver si esta te aplica, porque yo te necesito con dominio propio sobre la lengua. Ahí dijeron: "Ah, ahí sí." Santiago capítulo tres, del cinco al diez. Yo prácticamente ni voy a comentar este texto porque el texto lo dice tan claro: "Pues qué gran bosque se incendia con tan pequeño fuego. También la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpo, es incendiada por el infierno e inflama el curso de nuestra vida." Escucha: "Porque toda clase de fiera y de ave, de reptiles y animales del mar, se pueden domar y han sido domados por el ser humano." Dos mil años atrás nosotros podíamos domar tigres, leones, no sé qué más, hay ballenas, todos tipos de animales. "Pero ningún hombre puede domar la lengua; es un mal turbulento y lleno de veneno mortal." Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres. Escucha: "Que han sido hechos a la imagen de Dios." Es la clave para responder que no puedo usar la lengua para bendecir a Dios hoy cantando y maldecir a mi hermano mañana con el mismo órgano.
Pero lo peor de la lengua, ¿saben cuál es? Porque yo he hecho el análisis y es donde la convicción llega más profundamente: es que la lengua tiene la capacidad de revelar lo que está en mi corazón. La lengua, se dice simbólicamente hablando, que es el órgano más largo, porque va del corazón a los labios.
Finalmente, nosotros estamos necesitados de dominio propio en áreas que nunca pensamos, pero donde tendemos a ser indulgentes. Ya me doy a dar un par de ellas. El descanso y el sueño son importantes, más importante de lo que yo lo he considerado honestamente. Pero el abuso de eso por parte de un porcentaje significativo de la población en la Palabra tiene un nombre y se le llama pereza. Y Proverbios 13:4 dice que el alma del perezoso desea mucho pero nada consigue; sin embargo, el alma de los diligentes queda satisfecha. La ociosidad es condenada en la Biblia hasta el punto que Pablo le escribe a los tesalonicenses en su segunda carta y le dice en 3:10: "Si alguien no quiere trabajar, que no coma." No es que no puede, no es que no ha encontrado, no. Si alguien no quiere trabajar, que no coma. Tú no quieres trabajar, no comes. Pero la pereza es condenada, y eso es un área que requiere dominio propio. Hay días que tú no quieres trabajar. Sí, hay días que quisiera quedarme en mi casa; hay días que quisiera dormir un poco más de tiempo, pero necesito hacer el dominio propio para honrar el llamado que Dios me ha hecho. Y de nuevo, yo sé que en el área del descanso y el sueño yo no soy el mejor ejemplo, no estoy hablando de eso, pero estoy hablando de aquellos que abusan de ambas cosas.
La próxima área es un área donde yo voy a estar caminando sobre huevos, pero yo necesito ser fiel a la Palabra y necesito ser fiel a mi llamado. Necesito ser pastor, y peor aún, necesito ser pastor y médico. Cuando somos indulgentes en el comer, eso no es algo que la Palabra pasa por alto. Es verdad, hermanos, se lo digo con corazón pastoral. Uno de nuestros pastores dice que para él el comer es como llenar un trámite, y posiblemente él tenga razón. Yo no estoy diciendo que sea así; yo creo que Dios nos dio la comida para disfrutarla. La Palabra está llena de comida, sí, de cenas, y estamos esperando la gran cena del Cordero. Pero en Corinto hubo gente que se reunió a tomar la cena, y luego la Cena del Señor, y dejó gente sin comida por excesos. Y el exceso de comer en la Palabra tiene un nombre, y es glotonería, condenada en el mundo griego como uno de los siete pecados capitales. Deuteronomio 21:20, Proverbios 23:21, 28:7 y Tito 1:12 hablan de ese pecado.
Sin el ánimo de ofender a nadie, hermanos, pero la obesidad es un problema con riesgos mayores de hipertensión, de infarto al miocardio, de accidentes cerebrovasculares, de artritis de múltiples articulaciones, de diabetes, hipercolesterolemia, hígado graso que puede degenerar en cirrosis y luego en cáncer, apnea del sueño y varios tipos de cánceres más. No solamente el mundo cristiano está preocupado por el lado espiritual de esto; la Organización Mundial de la Salud está preocupada. Desde 1975 la obesidad casi se ha triplicado en todo el mundo. Triplicado. En países de economía no muy desarrollada como África, la obesidad se ha duplicado desde el año 2000 a esta parte. Hace cinco años atrás, hoy está peor, pero hace cinco años atrás mil novecientos millones de adultos de más de 18 años tenían sobrepeso, de los cuales seiscientos cincuenta millones eran obesos. Hay otras estadísticas, no tengo el tiempo, las voy a dejar fuera. Pero escucha esto: solo uno de cada nueve personas en el mundo vive con hambre, y uno de cada ocho está obeso o en sobrepeso.
Cada uno de nosotros tiene un área con la que lucha, creo que todos nosotros, de manera que la necesidad del dominio propio es una necesidad de todos. Cada uno de nosotros tiene un área en la que tiene que confesar a Dios. Cada uno de nosotros tiene un área, o más de una, que necesita entrar bajo el señorío de Cristo. Cada uno de nosotros requiere del ejercicio del dominio propio si va a cultivar una vida de piedad.
Estamos hablando del fruto del Espíritu. Estamos cerrando hoy el fruto del Espíritu. Pero recuerda que el fruto del Espíritu no es otra cosa que la imagen de Cristo cultivada en ti. Eso es: la imagen de Cristo cultivada en ti luce como fruto del Espíritu. Por tanto, la ausencia de cualquiera de estas virtudes no es simplemente una debilidad humana que "bueno, todos las tenemos." Si se lo toma así, jamás podrá tener una vida de piedad. No, la ausencia de una de estas virtudes es un pecado en mí, es un pecado.
Y entonces, ¿qué hacemos? Bueno, tú y yo tenemos que hacer lo que sea para cultivar el fruto del Espíritu. Yo voy a resumirlo así en siete puntos. Voy a leer despacio para que tengas dos segundos o tres de reflexionarla. Cultivar el fruto del Espíritu va a requerir, número uno, arrepentimiento diario. No hoy, todos los días. Dos, autonegación como estilo de vida. Autonegación: tienes que negarte muchas cosas, pero eso tiene que ser un estilo de vida. Tres, sumisión continua. Sumisión de todos tus pensamientos, emociones, como ahora, vamos al principio: metas, propósitos, deseos, intenciones. Sumisión continua. Cuatro, tienes que consumir la Palabra como alimento de tu alma para que guarde tu corazón, atesorando la Palabra allí. Tienes que consumir la Palabra. Cinco, necesitamos huir de las tentaciones. ¿Tú sabes qué buen ejercicio? La Palabra nunca nos manda a huir de nada, ni siquiera de Satanás, excepto de las tentaciones. Eso te da una idea de su poder. Seis, tú necesitas asociarte con otros hermanos y hermanas serios, sobrios, que quieran cultivar el fruto del Espíritu. La asociación con hermanos y hermanas que no quieran hacer eso te hace daño, debilita tus intenciones y motivaciones hacia el fruto del Espíritu y el dominio propio. Y finalmente, necesitas hacer un compromiso continuo de vivir para la gloria de Dios, de manera que todo esfuerzo, todo sacrificio, toda negación, tú lo entiendas como algo que tú estás haciendo no para lucir mejor, no para anotarte otra carrera en tu récord o tu registro, sino porque tú entiendes que con esto vas a glorificar a tu Dios.
Padre, gracias. Gracias por tu Palabra que nos instruye, tu Palabra que nos diagnostica, tu Palabra que nos sana, tu Palabra que nos previene. Tú nos das medicina preventiva para el alma, tú nos das medicina curativa cuando nos hemos enfermado. Padre, ayúdanos a rendirnos verdaderamente. Que nosotros podamos entender mejor lo que implica una vida rendida a ti. Tú nos has empoderado para tal rendición. Ayúdanos a cultivar el deseo de querer rendirnos, porque tú empoderas la rendición, pero tú quieres ver un deseo en nosotros de verdaderamente querer vivir en tu voluntad, bajo tu autoridad, para tu gloria. Te lo pedimos en Cristo Jesús. Amén y amén. Bendecidos.
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