Integridad y Sabiduria
Sermones

Cuando tu fidelidad es la única respuesta lógica a un Dios fiel

Miguel Núñez 13 febrero, 2022

La fidelidad es la única respuesta lógica a un Dios que ha sido extraordinariamente fiel con nosotros. Cuando Adán y Eva rompieron el pacto con Dios, cometieron lo que podría llamarse traición cósmica: el cosmos entero fue afectado por su infidelidad. Y desde entonces, nuestra inclinación natural no es hacia la lealtad a Dios ni hacia los demás, sino hacia nosotros mismos. Estamos comprometidos hasta la muerte con preservar nuestra seguridad, nuestro nombre, nuestra posición. Por eso Cristo demandó una muerte: si quieres seguirme, tienes que morir a ti mismo, porque con el yo vivo es imposible ser fiel.

Cultivar la fidelidad requiere primero una disposición mental, una singularidad de propósito como la que tuvo Cristo, quien no vino a hacer su voluntad sino la del Padre. Requiere también una renuncia: despojarnos de la idea de que somos más importantes de lo que somos, de posiciones que creemos merecer, de perdones que nos deben. Daniel ejemplifica esta fidelidad: sirvió bajo cinco o seis reyes durante setenta años, fue íntegro, confiable, dispuesto a pagar el precio. Su fidelidad hizo que Dios dijera que tenía un espíritu extraordinario.

El pastor Núñez cierra con la historia de una pareja de misioneros ancianos que regresaban de África sin pensión ni reconocimiento, mientras el presidente Roosevelt recibía fanfarrias en el mismo barco. El esposo, quebrantado, se quejó ante Dios. Pero después de orar, salió transformado: el Señor le había dicho simplemente que aún no había llegado a casa. La fidelidad tiene un costo alto, pero sus bendiciones plenas aguardan del otro lado de la eternidad.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Les invito a abrir la Palabra de Dios otra vez, el libro de Gálatas. Obviamente, capítulo 5, para dar continuación a nuestra serie; ya tenemos un tiempo ahí. Hoy nosotros vamos a tratar de ver algunas cosas acerca de otra más de las virtudes contempladas o descritas en Gálatas 5:22-23 como parte del fruto del Espíritu. Nosotros vamos a continuar desempacando el fruto del Espíritu, una virtud a la vez.

Pero como tenemos una semana recorriendo el fruto del Espíritu y todavía no hemos terminado, yo necesito recordar algunas cosas. No muchas, pero algunas cosas que nos sirvan de conexión. Yo quisiera mencionar de nuevo que el fruto del Espíritu no es otra cosa que el desarrollo del carácter de Cristo en nosotros por medio de la obra de Su Espíritu. Si alguien te preguntara qué es el fruto del Espíritu, es simplemente el desarrollo del carácter de Cristo en cada uno de nosotros por medio de una obra activa y continua del Espíritu de Dios que mora en nosotros.

De manera que la meta del Espíritu es hacernos lucir como Cristo. Pero para yo lucir como Cristo, yo necesito pensar como Cristo, y para yo pensar como Cristo, yo necesito una entrega como la suya. Y para yo entregarme de esa manera, a su manera, yo necesito morir a mí mismo, de manera que la vida que ahora yo vivo, ya no la vivo yo, sino que la vive Cristo en mí. Y para que eso ocurra, yo necesito dependencia del Espíritu, tal como Cristo dependió del Espíritu desde el principio de su vida hasta el fin de su vida. Y en esa dependencia del Espíritu yo recibo su llenura, y una vez yo experimento la llenura del Espíritu, ahora yo estoy capacitado para cultivar el fruto del Espíritu. Tú puedes ver que hay una secuencia como lógica de cómo nosotros llegamos a cultivar el fruto del Espíritu, que ya comenzó a mencionarse desde un inicio.

Yo quiero una vez más leer de Gálatas 5:22-23 lo que es el fruto del Espíritu: que es amor, gozo y paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio, y que contra tales cosas dice la Palabra no hay ley.

Yo creo que esto es obvio desde el inicio, por los comentarios del pastor Luis, por las canciones que cantamos, por las oraciones: que la fidelidad es la virtud que vamos a estar abordando en este día. Y de esa fidelidad hay tres cosas que yo creo que necesitamos ver. Número uno: qué es, en qué consiste dicha fidelidad. Número dos: necesitamos explorar cómo yo la cultivo. El salmista en Salmo 37:3 dice "cultiva tu fidelidad", pero el salmo no me dice cómo hacerlo; vamos a ver si el resto de la Palabra nos puede ayudar. Y finalmente, yo quisiera que viéramos las bendiciones de ser fiel, porque la fidelidad viene acompañada de bendiciones.

De manera que lo primero que vamos a hacer es ver qué es la fidelidad. A la hora de Dios crear a Adán y Eva, las virtudes que nosotros hemos estado viendo como fruto del Espíritu necesariamente, mandatoriamente, debieron haber estado en ellos, porque la ausencia de una sola de esas virtudes o la presencia deficiente, en grado deficiente, de una sola de ellas hubiese sido pecado. Pero Dios creó a Adán y Eva en santidad. Lamentablemente, ellos no supieron mantener o cultivar o conservar la pureza de la naturaleza con la que Dios les creó.

De manera que nuestros progenitores, Adán y Eva, necesitaban depender del Espíritu de Dios, como Cristo lo hizo en su paso por la tierra, para conservarse santos, y eso fue lo que no supieron hacer. Lo que hizo que ellos mancharan su carácter fue la infidelidad. De tal forma que nosotros pudiéramos decir que la infidelidad quizás sea —le podemos quitar el quizás— el pecado más antiguo que pudiéramos citar.

Adán y Eva comieron. Adán y Eva fueron infieles. En ese momento ellos fueron infieles a lo pactado. Dios les dio el derecho de gobernar, Dios les dio el derecho de someter toda la tierra. Ellos serían los regentes bajo el señorío de nuestro Dios con una sola condición y una sola prohibición: del árbol del bien y del mal no puedes comer. Su deber de ahí en adelante era mantenerse fieles a lo acordado.

Desafortunadamente, ellos perdieron el foco, y cuando perdieron el foco comenzaron a creer, llegaron a creer, algo completamente contrario a lo que habían conocido, porque por un momento contemplaron la posibilidad de que podían llegar a ser algo mejor, podían mejorar la situación en que Dios les había concebido. Rompieron el pacto y a partir de ese momento ellos comenzaron a cosechar las consecuencias.

De manera que nosotros pudiéramos comenzar a entender lo que es la fidelidad entendiendo lo que es lo contrario: la infidelidad. Y eventualmente llegamos entonces a la fidelidad. La desobediencia a Dios es infidelidad. La desobediencia a Dios es deslealtad a nuestro Dios. De hecho, es traición. R.C. Sproul llamó a lo que Adán y Eva hicieron "traición cósmica". El cosmos entero fue afectado cuando ellos rompieron lo pactado.

De manera que si la infidelidad es traición y deslealtad, la fidelidad es todo lo contrario. Que es lo que estamos tratando de ver hoy. La fidelidad es lealtad, es obediencia, es confianza, es integridad, es honestidad, es nobleza. Eso es lo que Dios, como Dios, ha sido. Y todo eso —lealtad, obediencia, confianza, integridad, honestidad y nobleza— debe mantenerse así al costo que sea.

No hay dudas. Nosotros no estamos aquí, verán, para pintarnos pajaritos en el aire. No hay duda de que la fidelidad tiene un costo; tiene, de hecho, un alto costo. A José le costó la cárcel. A Isaías, si dice la tradición, le costó el hecho de que fue aserrado; nosotros diríamos serruchar en dos. A Daniel le costó pasar una noche en un foso con leones. A sus tres amigos les costó un horno de fuego sin saber si Dios les salvaría del mismo. A Esteban le costó el ser apedreado hasta morir.

De hecho, en el libro de Apocalipsis, en el capítulo dos, capítulos dos y tres, surge la narración de que Cristo decidió visitar las iglesias que ahí son mencionadas. Y una de esas iglesias, la iglesia de Esmirna, a la iglesia de Esmirna Cristo le dice: "Sé fiel hasta la muerte". En otras palabras, mi fidelidad hasta tres días antes de morir la puedo comprometer, y ahora moriré. De manera que Cristo le dice a los creyentes de la iglesia de Esmirna: "No, no, no, no, viene una persecución sobre ti, yo te animo a que seas fiel hasta la muerte", Apocalipsis 2:10. Y la muerte fue el costo que Cristo pagó por ser fiel a la misión que Su Padre le había encomendado.

Como la fidelidad tiene un costo, y un alto costo, es la razón por la que muchos de nosotros decidimos, preferimos, ser infieles. Pero resulta que nuestra meta declarada en la Palabra —ya lo dijimos en un par de sermones anteriores— nuestra meta se supone que sea ser imitadores de Dios, Efesios 5:1. De tal forma que, si Dios ha sido fiel, yo necesito corresponder, reflejar, dicha fidelidad.

Por tanto, explorando lo que es la fidelidad, yo necesito entender algo de la fidelidad de Dios, porque eso que yo pueda ver en Dios es lo que se supone yo debo reflejar. Y déjame leerte esto que dice el Evangelical Dictionary of Theology, o el Diccionario Evangélico de Teología: "La fidelidad de Dios caracteriza su lealtad al pueblo de su pacto y se convierte en un requisito para los hombres" —eso somos tú y yo— "que necesitan responder con una lealtad similar en su relación con Dios". Dios tiene hecho un pacto con nosotros, Dios ha jurado una lealtad a su pacto con nosotros, pero eso que Él ha jurado sobre nosotros se convierte entonces en un requerimiento para yo reflejarlo de regreso a Él.

En el Antiguo Testamento, la palabra más importante para hablar de la fidelidad de Dios es "emún", sería como la pronunciaríamos en español, y transmite la idea de firmeza o de estabilidad. Es algo firme, algo no movible, algo estable, algo que permanece tal cual inició.

En Deuteronomio 7:9 nosotros leemos algo acerca de esa firmeza o estabilidad de la fidelidad de Dios. Escucha: "Reconoce, pues, que el Señor tu Dios es Dios, es Dios fiel". Dios es llamado el Dios fiel, de la misma manera que en otros momentos el Dios de toda consolación, el Dios de paz; en este caso, el Dios fiel "que guarda su pacto" —ahí está, solo de resaltar— "que guarda su pacto y su misericordia". ¿Qué tan firme? ¿Qué tan estable? "Hasta mil generaciones con aquellos que lo aman y guardan sus mandamientos". El texto me dice que Dios es fiel, pero no solamente me dice que Dios es fiel, sino que esa fidelidad Dios la mantiene a su pacto —que nosotros somos la otra parte del pacto— hasta mil generaciones. Es una manera, es un hebraísmo, para decir permanentemente, con aquellos que lo aman.

Es una imposibilidad para Dios dejar caer su palabra, para Dios no cumplir su palabra. Para dejarla caer tendría que dejar de ser Dios, porque se convertiría en alguien infiel. Y si hay algo que la historia redentora pone de manifiesto es que nuestro Dios es fiel.

A lo largo de todo el Antiguo Testamento tú ves a Dios lidiar con el pueblo de su pacto, con el pueblo que Él abrazó como si fuera una esposa, lidiar con esa esposa infiel de manera continua y recurrente, de las formas más perversas posibles, y Dios ir tras ellos. Él envió un profeta, no respondieron. Él envió otro profeta, y no respondieron. Y les siguió enviando profetas por cientos de años. Les envió un profeta que se casó con alguien, con Gómer, la esposa infiel, para ilustrar cómo había sido la relación de Dios con ellos, y aun así Dios no faltó una sola vez a su pacto.

Cuando tú llegas al Nuevo Testamento, tú lees algo similar acerca de Cristo. Cristo es llamado el testigo fiel, el Dios fiel, el testigo fiel. En Apocalipsis 19:11 es llamado el Fiel y Verdadero. Esas dos cosas, fue un aparte de la... son dos caras de la misma moneda. Tú no puedes andar en mentiras, en falsedad, y ser fiel. Tú no puedes ser fiel y no ser verdadero. De manera que Jesús es llamado Fiel y Verdadero.

Todavía en el Nuevo Testamento, en la carta a los Hebreos, Cristo es presentado como nuestro modelo de fidelidad. Nosotros podemos llegar hasta el fin siendo fieles si seguimos tras sus pisadas. Hebreos 2:17, Hebreos 3:2, Hebreos 3:6 nos hablan de la fidelidad de Cristo. Y luego Pablo le escribe a Timoteo su segunda carta, su última carta, sus últimas palabras, como hemos dicho en otra ocasión: el testamento de Pablo. Y en 2 Timoteo 2:13 se le recuerda a Timoteo: "Escucha, Timoteo, aun si nosotros permanecemos, aun si nosotros somos infieles, Dios permanece fiel por una razón: Dios no puede negarse a sí mismo."

Déjame ponerle un lenguaje humano, yo espero no pecar contra Dios de esta manera: Dios se respeta a sí mismo para no ser infiel. Dios se valora a sí mismo, valora la integridad de su ser para no ser infiel. No puede negarse a sí mismo. En otras palabras, tu fidelidad y la mía comienza por valorar la imagen de Dios en nosotros, lo que Dios está haciendo en nosotros, la obra de Cristo en nosotros, la obra del Espíritu en nosotros. Nosotros debemos comenzar por respetar lo que Dios está haciendo de mí, para yo no dejar caer mi palabra, para yo no ser infiel a la obra de Dios, al mandamiento de Dios, a la ley de Dios.

La fidelidad, a lo largo de toda la historia redentora, está tan centrada en esa historia que tú pudieras decir que es el eje sobre el cual gira toda nuestra relación con Dios. Toda tu relación con Dios y la relación de Dios con nosotros gira alrededor de un eje que tiene como nombre fidelidad. Dios es fiel al pueblo de su pacto y espera que tú y yo entonces podamos corresponderle de la misma manera.

Un cristiano fiel, o un cristiano caracterizado por la fidelidad, es una persona firme o estable en su obediencia a Dios. Pero recuerda que los dos más grandes mandamientos que Cristo usó en una ocasión para resumir toda la ley y los profetas me hablan de amar a Dios y luego amar al prójimo. De manera que un cristiano fiel se caracteriza por una obediencia incondicional, estable, firme a Dios, y por una lealtad a los demás. De tal forma que mi fidelidad no es simplemente a los mandamientos de Dios. Mi fidelidad está directamente relacionada, conectada a mi relación con los demás.

Ahora, la fidelidad de Dios es un acto de gracia. Dios es fiel a nosotros porque en su gracia así lo ha decidido, pero también Dios es fiel a nosotros porque esa es su inclinación natural. En el caso nuestro, la fidelidad no es un acto de gracia para con Dios, no lo puede ser, obviamente. Y tampoco es nuestra inclinación natural. Ni siquiera Adán ni Eva, creados en santidad, pudieron permanecer fieles a lo pactado. De manera que la fidelidad para nosotros se constituye en un deber. En un deber, y es algo esperado por parte de Dios. De hecho, es algo esperado por parte de ustedes hacia los demás. Yo creo que ustedes esperan cierta fidelidad de mí como pastor de ustedes, y yo creo que nosotros los pastores de la iglesia esperamos cierta fidelidad de ustedes hacia sus pastores. Por eso somos una comunidad, un cuerpo de Cristo. Yo creo que la Palabra de Dios nos deja ver que hay esa mutualidad, por así decirlo.

La fidelidad de Dios ha sido tal, la manera fiel como Dios se ha relacionado con nosotros es tan fuera de serie, es tan única, es tan exclusiva, que yo titulé mi mensaje: "Cuando tu fidelidad es la única respuesta lógica a un Dios fiel." Tú y yo podemos ser infieles, y lo hemos sido, pero es ilógico. Es ilógico que yo reciba un trato tan extraordinariamente fiel, bondadoso, misericordioso, generoso de parte de Dios, continuo de parte de Dios, aun cuando soy un pecador, y que yo no responda de manera fiel. Y no lo hacemos porque no es nuestra inclinación natural. Y si no es nuestra inclinación natural, tendrá que ser desarrollada.

Por eso es que el salmista dice en el Salmo 37:3: "Cultiva la fidelidad." No la tienes, quizás se sembró la semilla, pero no la tienes, no es un fruto maduro, desarrollado. Y Dios, conociendo nuestra incapacidad para incluso cultivar algo que es cultivable, valga la redundancia, pero hasta para eso somos incapacitados, dice: "Yo voy a resolver esa incapacidad. Yo voy a hacer morar mi Espíritu con poder infinito en tu interior, de manera que Él pueda cultivar el fruto del Espíritu, que es como se llama, hasta que tú puedas demostrar una obediencia firme en tu peregrinar hacia la gloria."

Les mencioné, creo que en un mensaje anterior, un título de un libro del pastor Eugene Peterson que yo leí hace dos o tres años atrás. El libro se llama "Una larga obediencia en una misma dirección." Una obediencia en la misma dirección. Esto es como la fidelidad debe ser concebida: es una obediencia larga, permanente, en nuestro peregrinar en una sola dirección.

Para seguir entendiendo lo que es la fidelidad, déjame recordarte que cuando tú y yo pecamos, hemos sido infieles, hemos sido infieles a nuestro Dios. Nuestra inclinación natural es hacia la infidelidad vertical, y lamentablemente nuestra inclinación natural es hacia la infidelidad horizontal. Y si eso fue así en tiempos atrás, y lo ha sido aún en la historia secular y la historia bíblica, esto es todavía más evidente en nuestra era, en nuestra generación, en nuestros tiempos.

Fui sorprendido hace un par de años atrás leyendo un libro que se llama "La epidemia narcisista," escrito por dos autores completamente seculares. Analizaron nuestra generación, nuestros tiempos, y le llamaron "La epidemia narcisista." En otras palabras, la tendencia narcisista de esta generación es tal que es una epidemia: el egocentrismo. No hay fidelidad. No hay fidelidad ni de los padres a los hijos, ni de los hijos a los padres, ni de un cónyuge a otro cónyuge, ni de pastores a ovejas, ni de ovejas a pastores. No hay fidelidad de los gobiernos hacia sus ciudadanos, de los ciudadanos a los gobiernos. No hay fidelidad entre iglesias. No hay fidelidad. Pero eso tiene que ver con el espíritu de nuestra era.

Nosotros tenemos una lealtad natural, una inclinación natural que nos lleva a una lealtad natural, pero ¿sabes con quién? Con nosotros mismos. Nosotros estamos comprometidos hasta la muerte, por así decirlo, para preservar nuestra seguridad, el buen nombre, la buena reputación, y para preservar o evitar todo lo que potencialmente pudiera dañar mi nombre, mi figura, mi estatus de pastor, mi posición, mi salario. Esa es la inclinación natural. El ser humano tiene un compromiso inquebrantable, y es ser leal a sí mismo, a sus deseos, a sus propósitos.

Si lo piensas así, piénsalo así por un momento. Si tú no me crees, créeme por un momento, porque por ese momento vas a poder entender por qué Cristo demandó una muerte. "Si tú quieres seguirme, tú tienes que morir a ti mismo," porque con el yo vivo es imposible ser fiel. Con el yo vivo es imposible ser fiel. ¿Tú quieres serme fiel? Tú tienes que morir a ti mismo, porque tu compromiso es contigo. La fidelidad requiere de una muerte. Es la muerte del yo en aras de la vida plena o la vida abundante que Cristo compró.

Una vez más, Juan 10:10. Esto lo han oído varias veces ya durante esta mini serie dentro de la serie sobre el fruto del Espíritu. Cristo prometió una vida abundante: "Yo vine para que tengan vida y la tengan en abundancia." Pero resulta que para tener la vida en abundancia necesito el fruto del Espíritu, y necesito cultivarlo, y necesito tenerlo maduro. Pero lamentablemente, con estas deficiencias, y sobre todo con el yo vivo, yo no puedo tener una vida abundante. Porque en nuestra forma de pensar y vivir, nosotros intercambiamos la vida abundante de Cristo por la vida carente de la carne, y momentáneamente pensamos: "Así me gusta." Nosotros cambiamos el fruto del Espíritu por las obras de la carne. Nosotros intercambiamos la lealtad a Dios por lealtad a nosotros mismos.

Yo creo que hasta aquí tenemos una idea de lo que es fidelidad, lo que implica ser fiel, los compromisos que conlleva. Pero resulta que, como venimos diciendo desde el principio, no tenemos esa fidelidad, y si no la tenemos, tenemos que cultivarla. Entonces yo creo que sería bueno poder hablar de cuáles son los requisitos para cultivarla. La Palabra me manda a cultivarla, pero no me dice qué necesito.

Bueno, yo creo que si Cristo es el modelo por excelencia de fidelidad, como dice el autor de Hebreos, entonces nosotros debiéramos cultivar la fidelidad de la misma manera que Cristo. No es decir que la cultivó, porque Él la tenía, pero de la misma manera que Cristo la exhibió. Porque si yo adopto lo que Cristo adoptó, entonces yo creo que voy por buen camino.

Yo quiero sugerir que lo primero que yo necesito es una disposición mental. Escucha Filipenses 2:5-6: "Haya pues en ustedes esta actitud, o esta mente, que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse." La actitud mental que tú y yo requerimos para cultivar fidelidad es singularidad de propósito.

Cristo lo dijo: "Yo no vine para hacer mi voluntad. Yo no les hablo nada que no haya oído de mi Padre. Yo no sané una sola persona que mi Padre no me mandó a sanar. Ustedes quieren que yo siga para aquellas ciudades a predicar, yo solamente vine para las ovejas perdidas de Israel." Singularidad de propósito. Eso caracterizó a Cristo.

Pero escucha, yo sé que tú has oído esto de mí, lo has oído de otros, de nuestros pastores, y lo has oído de otros pastores, y lo has leído también, porque es algo como entendido y conocido: tú fuiste creado para una sola cosa, por una sola razón. No hay dos, no hay una y media. Una sola. Tú fuiste creado para la gloria de Dios. Yo creo que tú conoces eso. Lo que quizás te hace algo nuevo, o el twist, o la vuelta que pudiera ser algo nuevo, por lo menos quizás un poquito extra de luz ahora con las opciones, es lo siguiente.

Si vivir para la gloria de Dios es una doctrina que tú tienes clara, que tú la tienes entendida, que está establecida en tu vida, pero no la vives, lo único que eso hace es aumentar tu infidelidad. Cada doctrina que yo conozco, mientras más clara la tengo, cuando no la vivo, lo único que hace es aumentar mi infidelidad, porque la Palabra revela de abril de Cristo, Lucas 12:47, que el siervo que conoce la voluntad de su señor y no lo hace es digno de mayor castigo. Mientras más entendemos y menos obedecemos, más culpables somos. Por eso es que los líderes somos juzgados con mayor severidad, no solamente por el daño que podemos causar a otros, es porque muchas veces entendemos más, y mientras más entendemos y menos obedecemos, más culpables somos.

La necesidad de que lo que yo entienda y conozca sea puesto en práctica es algo que el Señor reveló de otra manera en Lucas 6:46: "¿Por qué ustedes me llaman Señor, Señor, y no hacen lo que les digo?" Es como que Cristo estaba diciendo: "¿Qué es eso del Señor y el Señor, pero después no vives mi señorío? No entiendo de dónde viene el Señor, Señor." Reconocer que Jesús es Señor y no vivir su señorío agrava mi problema grandemente, de manera que mi infidelidad.

Requisito número uno: requiere singularidad de propósito. Una mente dividida es un corazón dividido. Una mente dividida es un corazón dividido, un corazón dividido es una vida carente de fidelidad. O servimos a Dios, o no le servimos en lo más mínimo. ¿Sabes por qué? Dios no se dejará servir de manera compartida. Dios no se dejará servir de manera compartida. Por algo que Cristo enseñó, que salió de sus propios labios, es que no puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. En este caso en particular, que esto se estaba refiriendo a las riquezas: no pueden servir a Dios y a las riquezas. Pero el señor puede ser cualquier cosa. El punto es: no puedes servir de manera dividida. Yo no voy a obtener un por ciento de tu servicio.

"Bueno, Pastor, pero yo tengo que servir a los hombres también." Pero tú sirve a los hombres como si sirvieras a Dios. Eso está en la Palabra: que nosotros debemos hacer cada servicio a los hombres como si le estuviéramos sirviendo al Señor. De manera que mi fidelidad es vital. Es crucial, vital. No crucial. Recuerda la Palabra: "Haya, pues, en vosotros la misma mente, la misma actitud." Fronéo es la palabra en el original; implica desde su actitud mental una disposición.

Permíteme un tecnicismo, pero te lo voy a llevar a la forma más simple que lo puedas entender. Solamente va a sonar complejo los primeros diez segundos. "Haya, pues, en vosotros" es una frase que está en el tiempo presente, en el modo imperativo y en la voz activa. ¿Qué? De aquí para adelante es simple. Está en el tiempo presente, lo que implica que esto no es una cosa que se supone que yo haga una vez. O sea, mi actitud mental no es algo que yo tendría el domingo cuando vengo a la iglesia o el resto del domingo. No, debe ser continuo, debe ser un estilo de vida. La actitud que hubo en Cristo Jesús, la actitud mental, disposición mental que le permitió hacer todo lo que hizo, debe ser, yo debo asumir eso como un estilo de vida. Yo debo comenzar a abrazar esa forma de pensamiento de singularidad de propósito de por vida. Ok, ya quedó simple, ¿verdad? En el presente significa que es algo que yo tengo que hacer de por vida.

La voz activa del verbo implica que esto no es algo que yo me puedo quedar pasivo y que me va a llegar. No me va a llegar leyendo la Biblia solamente, no me va a llegar oyendo sermones simplemente. No, implica que yo tengo que activamente tomar, hacer una decisión. Y cuál es esa decisión: yo necesito activamente decidir confrontar los deseos de mi carne para hacer fiel a Dios, para obedecer a Dios y glorificar a Dios. No puedo darle a mi carne todo lo que desee. Algunos de ustedes son muy buenos llevando dietas y ustedes saben que hay veces que tú te estás muriendo por no sé qué cosa, y tú decides restringirte, no hacerlo, porque quieres rebajar. Bueno, eso es un apetito de la carne. Bueno, pero hay otros apetitos de la carne que tienen consecuencias peores que simplemente tener cinco libras más de peso, a los que no le pones frenos. Yo tengo que restringir esos otros apetitos de la misma manera que le pongo freno a este apetito estomacal.

Y eso requiere una actitud de mente, una actitud mental, una disposición mental, pero tiene que ser un proceso activo. Lo que yo no decido en la mente yo no vivo en la vida. Tu mente controla toda tu vida. Si tú quieres saber por qué tú vives como vives, solamente necesitas pensar en lo que piensas, porque tu vida es simplemente, y la mía por igual, es simplemente una reflexión de cómo yo pienso. De tal forma que tú y yo primero desobedecemos en la mente y luego nosotros vamos y vivimos lo que mi mente decidió. Yo no me como algo sin que mi mente primero decida: me lo voy a comer. O no. De ahí que la disposición mental es vital.

Ya entendí: la forma verbal, el verbo está en presente, en un modo, el modo imperativo, pero en la voz activa. Por lo tanto, tengo que tomar una decisión, eso lo tengo que hacer yo. Pero está en el modo imperativo. En otras palabras, Pablo no nos dio una sugerencia, no nos dio un buen deseo, nos dio un mandato. "Haya pues" en la española no suena tan imperativo como suena en el original. Esto es algo que tiene que haber en ti: haya pues esta misma actitud. Sin esa actitud, disposición mental, no habrá obediencia, y sin obediencia no hay fidelidad.

La gente, nosotros los cristianos, estamos a fijar nuestra mente en las cosas de arriba. Colosenses dice eso, la carta a los Colosenses dice que estamos a poner la mente, los ojos en las cosas de arriba. Pero frecuentemente las tenemos aquí debajo. De hecho Cristo, en el momento en que le dice a Pedro: "Apártate de mí, Satanás," ¿cuál tú crees que fue la razón? Están las razones horizontales que se ven en el texto. Cristo dijo que iba a Jerusalén y va a morir, y Pedro dijo: "No, Señor, de ninguna manera, jamás eso te acontezca." Esa es como la razón horizontal. Pero la razón vertical, en otras palabras, por arriba del sol, ¿qué fue lo que se dio? Cristo lo reveló: "Apártate de mí, Satanás," pero es a Pedro que le está hablando, "porque solamente tienes en cuenta las cosas de los hombres y no las cosas de Dios." Eso es: tu mente no está fija en las cosas de arriba, Pedro. Y Satanás conoce el rol de tu mente y se ha apoderado de tu mente, ha infiltrado tu mente, y en este momento él te está usando para tratar de desviarme de mi propósito singular, que es honrar a mi Dios, honrar a mi Padre, llegar hasta la cruz, morir, redimir la humanidad y llevarla conmigo por la eternidad a aquellos que pongan su fe en mí.

La mente, singularidad de propósito. Una mente dividida es una mente desleal.

Segundo requisito: para yo cultivar la fidelidad, yo requiero una renuncia. De la misma manera que Cristo renunció a su gloria momentáneamente, por ese período de tiempo que pasó aquí, yo necesito una renuncia. Como dijimos que íbamos a tratar de ver qué fue como Cristo lo hizo para nosotros copiarlo, pues tú sabes que Cristo se despojó de su condición como Creador y vino a ser una criatura. Se despojó de su condición como Dios, de su señorío, y vino a obedecer. Se despojó de todos sus derechos y prerrogativas y vino a vivir como si no tuviera ninguno. Se despojó de la adoración de los ángeles para vestirse de la vergüenza de los hombres, literalmente hablando. Se despojó de esa misma adoración para ser maldecido por los hombres.

Hasta que tú y yo no acabemos de vaciarnos de una serie de ideas que llenan nuestra mente y que nos hacen creer que somos más importantes de lo que somos, hasta que nosotros no nos vaciemos de la idea de que hay posiciones que yo debiera tener pero que no las tengo, que hay perdones que me deben pero que no me los han pedido, y que hay estilo de vida que yo merezco pero que no lo tengo y que me tienen resentido y me tienen amargado, hasta que no nos despojemos de todo eso, nosotros continuaremos siendo desleales a Dios.

Yo necesito una singularidad de propósito que requiere una disposición mental y requiere de una renuncia, requiere de un ejercicio de la voluntad. O nos despojamos de todas y cada una de esas cosas, o Dios tendrá que hacerlo. O abrimos las manos, le decimos: "Dios, llévate todo lo que tú quieras llevarte, porque lo que está en mis manos al final del camino es tuyo," o Dios tendrá que rompernos los dedos para abrir las manos.

Cultivar la fidelidad requiere una vida de siervo como la de Jesucristo. Primero se hizo hombre, porque cuando tenía un año de vida todavía no podía servir a los hombres, pero primero se hizo hombre y luego se hizo siervo. Tú existes para servir a Dios, tú existes para servir a Dios para su gloria, pero tú no puedes servir a Dios sin servir a los hombres. No puedes servir a Dios en un clóset. Tú puedes hablar con Dios en un clóset, pero la manera de servir a Dios es sirviéndole a los hombres. Si los demás a quienes tú les sirves no pueden verte como un siervo, no como un empleado, no como un trabajador, como un siervo, si los demás no pueden verte como un siervo, tú estás faltando a tu llamado. Y si faltas a tu llamado, como dijimos un mensaje anterior, estás faltando a quien te llamó, y si faltas a quien te llamó, eso es desobediencia, y desobediencia es deslealtad, infidelidad.

El profeta Daniel, cuando sirvió, sirvió como la mano derecha de Nabucodonosor y fue un ejemplo de un siervo fiel. Dios dice que Daniel tenía un espíritu extraordinario. Eso no es cualquier comentario que venga de los cielos: Daniel tenía un espíritu extraordinario. La pregunta es: ¿qué lo hizo fuera de lo ordinario? Porque si descubrimos qué fue lo que hizo a Daniel un siervo fiel, que Dios lo reconoce como tal, entonces quizás yo pueda tratar de imitarlo también.

Si pienso que Cristo me queda muy lejos, que no debiera ser el espejo de lo que soy, pero es mi modelo por excelencia, ¿pero qué? Miremos la vida de Daniel. Fue un hombre íntegro en su trabajo, porque si va a servir a Dios tiene que servir a los hombres. Fue un hombre confiable. Tú podías depender de Daniel. Daniel dijo que iba a hacer tal cosa, Daniel lo iba a hacer. Daniel honró su palabra a la hora de servir, y fue sí su sí, su no fue no. Daniel exhibió lo que se requiere: una larga obediencia en una sola dirección.

Daniel le sirvió al rey Nabucodonosor, y le sirvió a Belsasar, y le sirvió a Darío, y le sirvió a Ciro. Todos estos fueron reyes, y le sirvió un par de otros reyes que no estaban en su libro. Setenta años de servicio, más o menos, fiel. Fiel a cada rey, pero sin dejar de ser fiel a Dios. Daniel estuvo dispuesto a pagar el precio de su fidelidad. Daniel supo rendir cuentas y quería rendir cuentas. Daniel será, o ya fue, porque ya entró en gloria, uno de esos que escuchó o va a escuchar: "Bien, siervo bueno y fiel. En lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu Señor."

¿No quisieras tú de veras escuchar algo como eso? ¿No quisieras tú que Cristo bajara hoy en día y te viera en tu condición de hijo, de padre, de madre, de esposa, de empleado, de trabajador, de empleador, y que pudiera decirte, que no entre tema en el hombre, sí te bien: "Siervo bueno y fiel. En lo poco tú has sido fiel, ahora en lo mucho te pondré. Entra en el gozo"?

Ser fiel implica creerle a Dios a pesar de las consecuencias, ya lo vimos. Implica creerle a Dios a pesar de la falta de evidencias. Dios le dijo a Noé: "Prepara tu arca, que va a llover." Pero nunca había llovido. No sabía ni siquiera lo que era la lluvia. Estaba a cientos de kilómetros del próximo cuerpo de agua y Dios le dice que prepare una arca. ¿Saben lo que da Noé? Inmenso. Fabricó un arca. Ciento veinte años fabricando un arca. De repente...

Ser fiel implica que tú le das a Dios en adoración lo mejor de tu vida, como Abel le dio a Dios de la grosura de sus primogénitos. Ser fiel implica dejar lo familiar y lo seguro cuando Dios lo requiere, como Abraham dejó su familia, su tierra y su parentela cuando Dios se lo pidió. Ser fiel implica que tú estás dispuesto a ser maltratado con el pueblo de Dios antes de disfrutar los placeres de Egipto, como lo hizo Moisés, Hebreos 11:26.

Lo que les estoy leyendo son ejemplos que aparecen en Hebreos 11 de los héroes de la fe. De Moisés se dice que consideró como mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Su mirada no estaba aquí abajo, su mirada estaba allá arriba. Singularidad de propósito. Ser fiel implica caminar con Dios por un largo tiempo, una sola dirección, como Enoc lo hizo hasta el punto que Dios se lo llevó. ¡Guau, buenísimo! No experimentar la muerte.

Entonces vimos los requisitos, vimos lo que es la fidelidad, vimos los requisitos para ser fiel. Ahora yo quiero que veamos en el tiempo que nos queda, que no es mucho, las bendiciones de la fidelidad.

La persona fiel es llevada por Dios a manejar grandes riquezas espirituales y a veces hasta materiales. Lo que dice Lucas 16:10-12: "El que es fiel en lo poco es fiel también en lo mucho, y el que es injusto en lo muy poco también es injusto en lo mucho. Por tanto, si no han sido fieles en el uso de las riquezas injustas, ¿quién les confiará las riquezas verdaderas?" Esas son las riquezas espirituales. "Y si no han sido fieles en el uso de lo ajeno, ¿quién les dará lo que es de ustedes?"

En otras palabras, cuando tú administras tu tiempo, tus dones, tus recursos, las oportunidades, tus relaciones, Dios está prestando atención. Y cuando Él no nos encuentra fieles en el manejo de las riquezas terrenales, Él dice: "No te puedo confiar riquezas espirituales, las riquezas mayores." Por algo dice Pablo en 1 Corintios 4:2: "Se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel." Se requiere. No dice de los pastores, de los administradores. ¿Quiénes administramos? Todos nosotros. Administramos personas, hijos, empleados. Administramos tiempo, administramos dones, talentos, oportunidades. Se requiere de todos ellos, de todos nosotros, que seamos encontrados fieles.

La fidelidad es un requisito para caminar con Dios y para trabajar para Dios. Es una decisión de cada día. Es una lucha continua en contra de los deseos de la carne. Es una lucha continua en contra de las asechanzas de Satanás. Es una lucha continua en ti y en mí, hermano, en contra de las influencias del mundo. Pero de algo puedes estar seguro: la fidelidad es recompensada.

Como consecuencia de su fidelidad, Dios le dio a Abraham un hijo a la edad de cien años, cuando él había perdido toda esperanza. Como resultado de su fidelidad, Dios tomó a José y lo usó para salvar a toda la nación de Israel. Dios prometió a Josué que si era fiel a su palabra, sin desviarse para la derecha ni para la izquierda, que él tendría éxito en todos sus caminos, y lo tuvo en la conquista de la tierra prometida.

Como consecuencia de su fidelidad, a Cristo, la fidelidad de Cristo fue recompensada: se le dio un nombre que está sobre todo nombre, de manera que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de lo que está en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, y que cada lengua confiese que Jesús es Señor. La fidelidad tiene un costo, pero tiene enormes bendiciones.

Escucha Proverbios 28:20: "El hombre fiel abunda en bendiciones." ¡Guau! Dios dice en Proverbios 28:20: "El hombre fiel abunda en bendiciones." Y de esas bendiciones que está hablando...

Número dos: la persona fiel puede contar con la protección especial de Dios. Salmo 31:23: "El Señor preserva a los fieles." El Señor preserva a los fieles. Dios protegió a José en la cárcel. Dios protegió a Moisés de las acusaciones de su hermano Aarón y de su hermana Miriam. Protegió a Josué durante la conquista de la tierra prometida. Protegió a Daniel, como ya hablamos, bajo cinco, seis reinados distintos. Dios los protege hasta que se cumplan sus propósitos.

Número tres: los fieles, esto es increíble, los fieles tienen la capacidad de deleitar a Dios. Proverbios 12:22: "Los que obran fielmente son su deleite." El Dios que no necesita nada tiene deleites. Y Él dice: "Hay algo que a mí me deleita: es ver a los fieles. Los que obran fielmente son su deleite." ¿No quisieras tú deleitar a tu Señor? ¿No quisieras ser tú uno de esos que todas las mañanas, todos los días, al final del día, pone una sonrisa en tu Dios? Tu fidelidad deleita a Dios.

Oye, como el Salmo 101:6 lo dice: "Mis ojos están sobre los fieles de la tierra para que moren conmigo. El que anda en camino de integridad me servirá a mí." Hay algunos que van a servir a los hombres. Hay otros que van a servir a los hombres, pero además me van a servir a mí, porque yo me deleito en ellos. Ellos son mi deleite.

Las personas fieles experimentan su gozo, número cuatro, porque Dios comparte su deleite con ellos. Dios, todo lo que es, todo lo que tiene, lo ha compartido con nosotros, incluyendo a su Hijo, incluyendo su reino, incluyendo toda la herencia del Hijo. Será compartida con nosotros. De manera que si nosotros somos su deleite, cuando Dios se deleita, Él va a compartir su deleite con nosotros. Eso resultará en tu gozo y en mi gozo.

"Pastor, ¿por qué en esta vida es difícil?" Yo dije desde un principio que tiene un costo. Ser fiel a Dios implica un compromiso firme de larga duración, por toda la vida, de ser confiable en las cosas de Dios en esta vida. Sería muy bueno que fuera en la eternidad, pero no va a ser así.

Christopher Wright, en su libro "Cultivating the Fruit of the Spirit" (Cultivando el fruto del Espíritu), dice: "La fidelidad implica que tú conoces lo que realmente crees, a quién realmente amas, y con qué estás comprometido en última instancia. La fidelidad significa estar seguro de para quién quieres vivir, para qué quieres vivir, y por qué cosas tú estás dispuesto a morir."

Ahora, tú y yo necesitamos estar conscientes de que la fidelidad no será recompensada completamente, totalmente, debidamente, en este tiempo. Déjame cerrar con esta historia, el tiempo se ha ido, pero yo creo que esta historia ilustra lo que yo acabo de decir: que hay un tiempo de espera. Hebreos 11 habla de aquellos que vieron las promesas, las saludaron desde lejos, sabiendo que esperaban una mejor patria.

Déjame leer esta historia rápidamente, una historia real. Una pareja de ancianos misioneros, algunos de ustedes conocen la historia, había estado trabajando en África durante años y regresaban a la ciudad de Nueva York para jubilarse. No tenían pensión. Su salud fue quebrantada. Estaban derrotados, desalentados y temerosos. Descubrieron que tenían reservas de viaje en el mismo barco que el presidente Teddy Roosevelt de Estados Unidos, quien regresaba de sus expediciones de caza en África.

Nadie le prestó atención a estos misioneros. Vieron la fanfarria que acompañó a la comitiva del presidente, con pasajeros tratando de vislumbrar al gran hombre. Mientras el barco avanzaba por el océano, el anciano misionero le dijo a su esposa: "Algo anda mal, porque deberíamos haber dado... porque deberíamos haber dado nuestras vidas en el servicio fiel de Dios en África durante todos estos años y que nadie se preocupara por nosotros. Aquí este hombre regresa de un viaje de cacería y todo el mundo hace mucho por él, pero a nadie le importamos un bledo."

"Querido, no deberías sentirte así," le dijo su esposa.

"No puedo evitarlo. No me parece bien."

Cuando el barco atracó en Nueva York, una banda esperaba para saludar al presidente. El alcalde y otros dignatarios estaban allí. Los periódicos estaban llenos de la noticia de la llegada del presidente, pero nadie se dio cuenta de esta pareja de misioneros.

Se escabulleron del barco y encontraron un apartamento barato en el lado este, con la esperanza de ver al día siguiente qué podían hacer para ganarse la vida en la ciudad. Salvo que el espíritu del hombre se quebró. Le dijo a su esposa: "No puedo con esto. Dios no nos está tratando justamente." Su esposa le respondió: "¿Por qué no vas al dormitorio y le dices eso al Señor? Busca Su ayuda y ora."

Poco tiempo después salió del dormitorio, pero ahora su rostro era completamente diferente. Su esposa preguntó: "Querido, ¿qué pasó?" "El Señor lo arregló conmigo," dijo. "Le dije lo amargado que estaba de que el presidente recibiera ese tremendo regreso a casa, cuando nadie nos recibió cuando regresábamos a casa. Y cuando terminé, parecía como si el Señor hubiese puesto Su mano sobre mi hombro y simplemente dijera: 'Pero aún no has llegado a casa. Grande será tu recompensa cuando llegues a casa, ya que está del lado de la eternidad.'"

Padre, gracias. Gracias por Tu fidelidad. Oh, Tu fidelidad. Grande es Tu fidelidad. Señor, Tú esperas fidelidad de parte de nosotros. Sé con nosotros ahora en esta última canción. Abre nuestros ojos hacia nosotros mismos, hacia nuestras propias vidas. Ayúdanos a tratar contigo. No, Tú tratas con nosotros ahora. Examínanos, escudríñanos, y permite que al final nosotros podamos regresar aquí arriba, al final de la canción, que podamos regresar aquí arriba y liderar a Tu pueblo en oración para que algo sobrenatural ocurra en cada uno de nosotros, sea aquello que pudieran estar conectados ahora o después. Por Cristo Jesús te lo pedimos. Y Su pueblo dice: ¡Amén! ¡Bendiciones!

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.