IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La paciencia es una virtud que nuestra generación no solo ignora, sino que a veces desprecia. Decimos con cierto orgullo "ya no tengo paciencia para eso", sin darnos cuenta de que quizás eso es precisamente lo que Dios está usando para cultivar en nosotros el carácter de Cristo. Vivimos en la generación instantánea —del microondas, los correos electrónicos, los mensajes de WhatsApp— donde nadie quiere esperar y pocos valoran la espera.
El problema es que Dios nunca anda rápido y nosotros nunca andamos despacio. Su calendario es radicalmente distinto al nuestro: le prometió un hijo a Abraham y esperó veinticinco años; preparó a Moisés durante ochenta años antes de usarlo; dejó a José en una cárcel antes de llevarlo al palacio. La estrategia divina para formar carácter no incluye promociones rápidas, sino tribulaciones y humillaciones. Como el diamante que se forma bajo grandes presiones, a enormes profundidades y por largo tiempo, así se forja el carácter cristiano. Romanos 5 lo dice claramente: la tribulación produce paciencia, la paciencia produce carácter probado.
Esta paciencia es necesaria para esperar las promesas de Dios, para sufrir bien, para amar y soportar al hermano difícil, para perdonar setenta veces siete. Sin ella, no podemos hacer iglesia ni reflejar al Dios que las Escrituras llaman "lento para la ira". Él ha sido infinitamente paciente con nosotros, pecadores que somos. La pregunta incómoda es por qué nosotros, que tanto hemos recibido de su gracia, somos tan impacientes con los demás.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Continuando nuestra serie a lo largo de esta carta de Pablo, en el día de hoy vamos a estar exponiendo la cuarta de las virtudes del fruto del Espíritu, como son mencionadas en Gálatas 5:22-23. El fruto que nos corresponde exponer en esta mañana es la paciencia, una virtud que yo creo que es poco exhibida y de poco interés en la población en general.
De hecho, yo creo que es una virtud de la cual a veces nos burlamos, porque a veces decimos: "No, no, no, no, ya no tengo mucha paciencia para lidiar con eso", o "ya no tengo mucha paciencia para lidiar con muchachos" —y lo decimos así, "muchacho", en singular— o "no tengo mucha paciencia para lidiar con trabajadores". ¿No lo has oído? ¿No lo has dicho? De manera que hay como cierto desdén hacia esta cualidad. La insinuación, cuando decimos esas cosas, usualmente no es simplemente que no tengo paciencia, sino que ni siquiera la quiero tener para eso. No se nos ocurre pensar que quizás eso, lo que sea que eso es, es algo que Dios está utilizando en mi vida para desarrollar la cualidad o el fruto o la virtud que yo realmente no deseo tanto.
Yo creo que el ser humano nunca ha apreciado la paciencia lo suficiente, y mucho más en esta generación. En esta generación del microondas, de los emails, en general los WhatsApps, Telegram, celulares. Yo creo que esta generación perfectamente pudiera ser llamada la generación instantánea. No hay duda de que las redes sociales ocupan una gran cantidad del tiempo y del pensamiento de una gran cantidad de la población mundial. Al mismo tiempo tenemos que admitir que son muchos los beneficios que hemos obtenido de la misma comunicación, pero no podemos negar el daño que esa misma comunicación ha traído.
Y hablando de las redes y de todo ese mundo, Christopher Wright —aquí lo cité en el mensaje anterior— en su libro *Cultivating the Fruit of the Spirit*, o *Cultivando el fruto del Espíritu*, nos dice: "La paciencia parece ser una virtud ignorada en nuestros días. En ese mundo de las redes, algunas personas simplemente no pueden esperar para dar su opinión, hablar de su punto de vista, expresar lo que piensan, independientemente de cuán dañino o hiriente pudiera ser". Y él agrega: "Hemos llegado a ser muy impacientes en actitudes, comunicación y expectativa". Es una gran realidad.
Y en la medida en que nosotros nos adentramos en la exposición del mensaje, yo quiero que tengas presente que mientras menos amamos y respetamos al otro, menos pacientes somos con él o con ella. Mientras menos amamos, menos pacientes somos. En segundo lugar, que la superficialidad de la vida presente frecuentemente obedece a la velocidad de la misma, o la velocidad a la que llevamos la misma. No tenemos tiempo para pausar y reflexionar, y sin reflexión no hay profundidad de vida. Y número tres, que al vapor jamás desarrollaremos fortaleza de carácter.
La impaciencia que muchos de nosotros estaríamos dispuestos a admitir —no la vemos, pero lo es— es una señal de inmadurez espiritual y emocional, y algo que caracteriza en esencia nuestro egocentrismo. Pensando que las cosas necesitan ser hechas a mi manera, en mi tiempo, como yo las deseo. La persona impaciente no sabe esperar y ni siquiera quiere esperar. Porque hay una diferencia entre no saber hacer algo pero querer aprenderlo, y entre no saber algo pero tampoco querer eso, porque no lo vemos como una virtud necesariamente. La veríamos como una virtud si nos lloviera del cielo: me acosté impaciente, me levanté paciente. Pero no, porque ninguno de los frutos o de las virtudes del fruto del Espíritu se desarrollan de la noche a la mañana.
Déjame leerte otra vez la lista de ellas: "Pero el fruto del Espíritu —Gálatas 5:22— es amor, gozo, paz —vimos esas tres—, paciencia —que veremos hoy—, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio. Contra tales cosas no hay ley".
Y creo que la mayoría de nosotros hemos leído u oído acerca de la necesidad de desvestirnos del viejo hombre y vestirnos del nuevo hombre. Pablo habla de esa necesidad en Efesios 4:20-25. En ese contexto, Pablo se refiere al hecho de que el nuevo hombre es a semejanza de Dios. Y lo que quiero que hagas por un momento es que te imagines que ese nuevo hombre es como un uniforme. De manera que Pablo nos está llamando a vestirnos con este nuevo uniforme que no teníamos antes, y que ese nuevo uniforme me haría lucir a semejanza de Dios. Es solo que Pablo lo dice literalmente; yo simplemente estoy usando una ilustración, esto del uniforme.
Bueno, resulta que el nuevo hombre de que Pablo habla en Efesios 4 no es otra cosa que el fruto del Espíritu del cual él habla en Gálatas 5, literalmente hablando. Lo que debe caracterizar al nuevo hombre de Efesios 4 es lo que él luego nos desglosa en Gálatas 5:22-23. De manera que cuando hablamos de las virtudes descritas como parte del fruto del Espíritu, nos estamos refiriendo a cualidades o atributos que forman parte del carácter de Dios y que Cristo exhibió en su vida a su paso por esta tierra. Y esas cualidades o virtudes deben ser exhibidas por el nuevo hombre en contraste al viejo hombre.
Si lees de nuevo los vicios en Gálatas 5:19 de la naturaleza carnal, o las obras de la carne, estás leyendo las obras del viejo hombre. Y más abajo, cuando comienzas a leer acerca del fruto del Espíritu, estás leyendo las virtudes del nuevo hombre. De manera que el fruto del Espíritu es un llamado a lucir como Cristo, que murió precisamente para llevarnos de lucir como somos a lucir como Él es.
Eso nos debe decir a nosotros que el fruto del Espíritu no es una sugerencia, no es una recomendación de parte de Dios. El fruto del Espíritu es la evidencia de mi santificación, es la evidencia de la transformación a la imagen de Cristo, es la evidencia de que Dios está trabajando en mí —o la ausencia de cualquiera de esas cosas.
Ahora piensa por un momento: desde la eternidad pasada —Romanos 8:29— Dios me eligió para hacerme conforme a la imagen de su Hijo. De tal forma que en la eternidad pasada Dios estaba pensando que en algún momento yo debería exhibir el fruto del Espíritu. Y ese es su propósito singular, el propósito singular por el cual tú pasas por todas las circunstancias de tu vida. Cada vez que te preguntes "no sé por qué estaba ocurriendo esto, no sé por qué estaba ocurriendo aquello", sabemos —Dios lo ha declarado— que Él nos eligió en la eternidad pasada, nos justificó, nos salvó para hacernos conforme a la imagen de su Hijo. Dicho de otra manera, para que exhiba el fruto del Espíritu y luzca como Él es.
Ahora, frecuentemente nosotros no le damos tanta importancia a esas virtudes porque nosotros hemos sido entrenados a valorar las virtudes que el mercado valora. David Brooks escribió un libro que se llama *The Road to Character*, o *El Camino al Carácter*, y en ese libro el autor habla de virtudes que aparecen en nuestros currículos cuando vamos a buscar un trabajo, y las contrasta con las virtudes que se van a mencionar el día que tú mueras, lo que en inglés llaman cuando dan tu "eulogy", o cuando hacen —creo que la palabra en nuestro idioma es panegírico, no estoy tan seguro de esa palabra.
No obstante, el autor agrega que la mayoría de nosotros tenemos bien claro las estrategias para desarrollar el éxito profesional, cuáles son las virtudes que yo necesito desarrollar. Pero que tenemos mucho menos claro cuáles son las virtudes que necesitamos desarrollar o cuál es la estrategia para desarrollar un carácter profundo.
Yo quiero sugerir que las virtudes mencionadas en el fruto del Espíritu son las que se mencionarían el día de tu muerte, y no las virtudes o logros académicos. Las virtudes del hombre viejo —o los vicios del hombre viejo—, en este caso las habilidades que adquirimos para poder avanzar en el mercado laboral, estas son las cosas que Pablo dijo: "Yo considero eso como basura, una vez yo llegué a conocer a Cristo". Y las virtudes que luego él enfatiza a lo largo de todo el Nuevo Testamento, en cada una de sus cartas, tienen que ver con esto que estamos desarrollando: el fruto del Espíritu. De manera que ese fruto del Espíritu corresponde a las virtudes del hombre que está siendo formado a la imagen de Cristo.
Y hasta ahora nosotros hemos hablado, como mencioné, del amor, del gozo, de la paz. Hoy nos toca hablar de la paciencia, una virtud que el hombre natural no posee, no valora, no quiere, no busca. Como no la valoramos y no la buscamos, entonces Dios, cuando venimos a Él, tiene que desarrollarla. Y por eso yo he titulado mi mensaje: "Cuando Dios cultiva tu paciencia".
Dios cultiva la paciencia en nosotros, y tan pronto tú piensas en la palabra "cultivo", eso implica obviamente una muerte, un entierro del viejo hombre, del yo, un nacimiento, un crecimiento y una fructificación. De manera que cómo Dios desarrolla el fruto del Espíritu en mí —y ahí está la paciencia— es a partir de cuando yo he decidido morir a mí mismo, nazco, crezco y luego fructifico.
Como Dios vive la eternidad, nosotros tenemos un problema con el calendario de Dios. Nosotros siempre encontramos que Dios va demasiado despacio. Pues claro, si para Él un día es como mil años y yo no llego ni siquiera a cien. Y por otro lado, como nosotros somos personas mortales de una corta vida, nosotros nunca andamos despacio. Dios nunca anda rápido y nosotros nunca andamos despacio.
El calendario de Dios es muy diferente. Dios le hace una promesa a Abraham de que tendrá un hijo. ¿Por qué tenía que estar estéril? Sarah estaba estéril, ya avanzados ambos en edad, y Dios... tú pensarías que Dios la dejaría embarazada esa noche, ¿verdad? No, veinticinco años después. Sarah se desesperó y le entregó la sierva a Abraham. Dios tiene un plan con el pueblo hebreo donde Moisés es el protagonista del drama, y espera ochenta años para usarlo.
¿Cuál es el problema con Dios y la lentitud? Es que un día son como mil años, de manera que en su calendario, ilustrativamente, no ha pasado ni un día. Cuando Él comenzó a usar a Moisés, el pueblo hebreo pasó cuatrocientos años, cuatro siglos de esclavo en Egipto. Nosotros comenzamos a leer de esas cosas, llegamos al final del Antiguo Testamento, pasamos la página y estamos en el Nuevo Testamento, y pasaron cuatrocientos años de silencio. Y Cristo vino, se fue, nos dice que Él va a volver, y van dos mil años y no acaba de llegar. Porque el calendario de Dios y el nuestro es muy distinto.
Si tú quieres caminar, si tú quieres ver resultados rápidos, tú no estás listo para caminar con Dios. Si te puedes llevar solamente eso y luego entonces comenzar a trabajar en esa idea, yo estaría casi satisfecho. No completamente satisfecho, pero casi satisfecho. Yo necesito caminar con Dios, pero para caminar con Dios yo no puedo ir a la velocidad que yo quiero ir.
Si la paciencia es una virtud para caminar con Dios, tú y yo necesitamos entender dos cosas. Uno, cómo se forma, y dos, cuál es la necesidad de esa virtud. Y en el resto del tiempo eso es lo que vamos a hacer.
Entonces, veamos en primer lugar cómo se forma la paciencia, recordando que Dios es quien la cultiva. Dios está formándonos a la imagen de Cristo; esto tiene que ver con carácter. Y el carácter es como el diamante. Entonces, ¿cómo se forma el diamante? A grandes profundidades, ciento cincuenta, ciento noventa kilómetros bajo tierra, bajo grandes presiones, por un largo tiempo. El diamante es altamente resistente una vez tú lo sacas de ahí, y así debe ser el carácter. Pero el carácter se forma de igual manera: grandes profundidades, bajo grandes presiones y por un largo período de tiempo. La realidad es que cuando tú llegas a una posición donde el carácter no ha llegado, eso huele a desastre por todos los lados. Y lo hemos visto en la historia reciente.
Esto es como el mundo lo hace. El mundo nos ofrece una profesión, una promoción para llegar rápido. Eso es del mundo: una profesión, una promoción. Te gradúas y te promueven. Oye, ¿cómo Dios te forma? Él te ofrece una tribulación. Él te ofrece una tribulación y una humillación para que llegues lento. Ese es nuestro Dios. Por tanto, para llegar a donde necesitas llegar, necesitas aprender los caminos de Dios, las estrategias de Dios.
Me llama la atención que cuando tú estás leyendo los Salmos, en el Salmo 103:7, dice que Moisés conocía los caminos de Dios, y Dios le dio a conocer al pueblo las obras de Dios. El pueblo conocía las obras; Moisés conocía los caminos. Moisés conocía cómo llegar a las obras. Esta es la estrategia de Dios.
¿Cuál fue la estrategia de Dios para llevar a Moisés a hacer el líder más grande del Antiguo Testamento? Ochenta años. Cuarenta años en el desierto, ochenta años de vida. ¿Cuál fue la estrategia para llevar a José de la cárcel a ser la mano derecha de Faraón? La cárcel por un número de años. ¿Recuerdas cuál fue la estrategia para llevar a Daniel a ser la mano derecha de Nabucodonosor y sus sucesores? El exilio junto con el pueblo. Dios nunca ha formado líderes con las estrategias del mundo.
La tribulación es el método a través del cual Dios forma el carácter de sus hijos. Dentro de ese carácter se supone que está la paciencia. Escucha cómo el apóstol Pablo nos habla de esto en Romanos 5:3-4: "Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones". Celebramos las tribulaciones, damos la bienvenida a las tribulaciones. ¿Cómo, Pablo? "Sabiendo, conociendo, entendiendo que la tribulación produce paciencia, y la paciencia carácter probado, y el carácter probado esperanza".
La meta de Dios para nosotros es carácter, pero resulta que el carácter es el fruto de la tribulación. Pablo lo declara de manera expresa. El carácter es fruto de la espera, de caminar lento, de ver a otros pasarte a grandes velocidades, quizás sentir que te quedas atrás. Es el fruto de la reflexión mientras caminas despacio. Es el fruto de la paciencia, pero la paciencia es el fruto de la tribulación de acuerdo a Romanos 5. Es el fruto del sufrimiento, del dolor, de la dificultad, de las lágrimas, del llanto, de las pérdidas. Es el fruto de las heridas, del abandono. Es el fruto del rechazo, de la no aprobación. Pero no nos gusta sufrir.
Leon Morris, en su comentario acerca de las cartas a los Tesalonicenses, pero hablando de esto mismo, dice: "El Nuevo Testamento no mira el sufrimiento de la misma manera que la mayoría de las personas modernas". En otras palabras, en la antigüedad se pensaba de otra manera. Para nosotros el sufrimiento es algo malo o malvado, o algo para ser evitado a todo costo. Ahora, mientras el Nuevo Testamento no pasa por alto este aspecto del sufrimiento, no pierde de vista que en la providencia de Dios el sufrimiento es frecuentemente el instrumento de Dios para llevar a cabo su propósito eterno. El sufrimiento desarrolla en los que sufren cualidades del carácter. Pablo dice paciencia en Romanos 5. Nos enseña lecciones valiosas. El sufrimiento no es algo que el creyente puede evitar; para él es inevitable. Él ha sido predestinado para eso. Hemos sido predestinados. "A nosotros nos ha concedido", Filipenses 1:29, "no solamente creer en Cristo, sino también sufrir por Él". Hemos sido predestinados para eso. ¿Y por qué fuimos predestinados para esto? Porque eso es como se forma el carácter, y desde toda la eternidad Dios está detrás del carácter de Cristo en cada uno de nosotros.
Santiago entendió eso y lo expresó de otra manera. Escucha: "Sabiendo", otra vez Santiago usa la misma palabra que Pablo, "sabiendo, conociendo, entendiendo". Santiago 1:3-4: "Que la prueba de su fe", ahí está la tribulación, la dificultad, "la prueba de su fe produce paciencia. Y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que sean perfectos y completos, sin que nada les falte".
Yo voy a definir la paciencia desde el punto de vista bíblico. No hay ningún versículo que haga esto, no hay ningún diccionario teológico que haga eso. Yo la estoy definiendo de esta manera a la luz de versículos bíblicos: como la capacidad para esperar por las promesas de Dios, bajo grandes aflicciones, con tranquilidad y esperanza, para ser obtenidas en el tiempo de Dios y a la manera de Dios. Déjame leer eso otra vez. La paciencia, a la luz de versículos bíblicos, yo la estoy definiendo como la capacidad para esperar por las promesas de Dios, bajo grandes aflicciones, con tranquilidad y esperanza, para ser obtenidas en el tiempo de Dios y a la manera de Dios.
El Diccionario de la Real Academia, un diccionario secular, entiende la paciencia así. Escucha, tiene varias definiciones. Mira la primera: capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse. Tú casi crees que leyeron la Biblia. Segunda: capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas. Y tres: facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho. Y yo agregaría: como las promesas de Dios. De manera que aun el diccionario secular ha podido captar lo que implica esa cualidad de la paciencia, porque incluye soportar cosas pesadas e incluye la espera.
Aquí hay varios sinónimos de la palabra paciencia. Déjame darte: tolerancia, calma, perseverancia, soportar. Si esta cualidad no está presente en ti, tú no vas a terminar la carrera. Definitivamente no la terminas bien, y probablemente ni siquiera terminas. Para yo terminar, yo necesito soportar, yo necesito tolerar, yo necesito perseverar, yo necesito cierta calma.
Pero yo creo que cuando las cosas en la vida vienen como en otra dirección, de otra forma, con otro color, de otro tamaño, nosotros no las queremos abrazar, porque tenemos expectativas cerradas de la vida. Tenemos concepciones cerradas, incluso de lo que la Biblia misma ha declarado de forma clara que no requiere interpretación. La Palabra de Dios dice que a través de mucha tribulación entraremos al Reino de los Cielos.
Escucha a Charles Spurgeon en uno de sus sermones. Bueno, este fue predicado en 1859, se llama "Holy Violence", Violencia Santa. Dice lo siguiente: "¿Piensas tú que serás llevado al cielo en una cama de plumas? ¿Tienes esto en la cabeza, la idea de que el camino al paraíso es un terreno de grama perfectamente cortada o podada, con aguas de reposo y verdes pastos todo el tiempo, y personas ahí para animarte?" Spurgeon dice: "Tú tienes que eliminar esa fantasía de tu cabeza. El camino al cielo es cuesta arriba y cuesta abajo. Hacia arriba con dificultad, hacia abajo con pruebas. Es a través del fuego y a través de agua, a través de inundaciones, a través de las llamas de fuego, a través de leones y leopardos. El camino al paraíso es a través de la boca de dragones".
Así llegó Pablo. Así llegó Cristo de regreso a su gloria, después que había sido juzgado por lobos rapaces, porque esa es la palabra que le cabe a todos los que juzgaron a Cristo: lobos rapaces. Y después de una cruz vergonzosa. Si Cristo llegó así al paraíso, de regreso obviamente, pero si llegó así, no puede ser que yo llegue en aire acondicionado y con cojines, con asientos acolchados. A través de mucha tribulación entraremos al Reino de los Cielos.
Ya vimos cómo Dios forma y cultiva la paciencia. Ese es el título de mi mensaje: "Cuando Dios cultiva tu paciencia". Si quieres ser paciente, ya sabes la estrategia. Si quieres caminar con Dios, ya sabes la metodología. Y yo creo que eso nos debe preparar emocionalmente y espiritualmente para una mejor vida aquí de este lado de la eternidad.
Nos vamos a mover a mi segundo punto: la necesidad de la paciencia. ¿Por qué es que Dios quiere que esta cualidad esté en mí? Bueno, la paciencia es necesaria para esperar fielmente por las promesas de Dios. Nadie lo ha dicho ni expresado mejor que el autor de Hebreos. Esa idea está en diferentes pasajes, de diferentes formas.
Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro gran nube de testigos, todos aquellos que han venido, que han dejado su legado de fidelidad. Después, hemos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, ese no es mi énfasis ahora, este es mi énfasis: y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.
La carrera cristiana hemos dicho múltiples veces que no es una carrera de cien metros, es un maratón. El maratón dura mucho más tiempo, requiere mucho más esmero, requiere más entrenamiento. El autor de Hebreos dice: tiene que correr esa carrera con paciencia. Recuerda, tiene que soportar, tiene que tolerar, tiene que tener calma, tiene que esperar por los propósitos de Dios. No puede ir muy rápido como si fueran cien metros, tiene que ser constante.
Muchos los hijos de Dios que se han desesperado, han querido llegar y alcanzar y lograr los propósitos de Dios, como Moisés intentó en un principio matando al egipcio. Han fracasado, han tropezado, se han caído, y muchos de ellos ni siquiera corren en la carrera hoy día. Tú y yo necesitamos paciencia para tener una larga obediencia en una misma dirección, como titula uno de los libros de Eugene Peterson: "Una larga obediencia en la misma dirección."
Tiene que el autor de Hebreos es como que mejor recoge esta idea de la necesidad de la paciencia para llegar hasta el final, y que mejor recoge la idea de que otros corrieron esa carrera en el pasado y lo hicieron con paciencia. Escúchate ahora cómo el dice en Hebreos 11:13: "Todos estos héroes de la fe murieron en fe sin haber recibido las promesas, pero habiéndolas visto desde lejos y aceptado con gusto, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra." Fueron pacientes, vieron las promesas, no las recibieron de este lado, y terminaron diciendo: "Yo la recibiré cuando llegue del otro lado."
Y si tú lees todo lo que dice el capítulo 11 de Hebreos acerca de cómo fueron perseguidos, algunos fueron cortados en dos, cómo se escondieron, tuvieron que esconderse, andaban cubiertos de pieles, una serie de cosas que tú dices: "¡Wow!" El autor de Hebreos dice: esa es la gran nube de testigos que te anima a correr con paciencia la carrera hasta el final.
La paciencia es necesaria. Estamos hablando de cuál es la necesidad de esta paciencia. La paciencia es necesaria para soportar el sufrimiento que da testimonio de nuestra fe. Sufrir bien es importante para Dios. Para Dios es importante cómo yo vivo, para Dios es importante cómo yo muero, para Dios es importante cómo yo sufro. La paciencia es necesaria para sufrir bien, soportar el sufrimiento que da testimonio de nuestra fe.
Escucha a Pedro en su primera carta en 2:20: "Pero si cuando hacen lo bueno sufren por ello y lo soportan con paciencia..." O sea, cuando vives bien, cuando complaces a Dios, cuando obedeces a Dios, cuando la gente pudiera aplaudirte por tu obediencia, si sufres en ese momento y lo soportas con paciencia, esto halla gracia con Dios. La primera parte del versículo dice que si sufres por obrar mal, ¿qué podrías esperar? Pero si tú obras bien como Cristo y terminas teniendo una cruz y lo soportas con paciencia, eso es lo que gana la aprobación de Dios, lo que gana, lo que encuentra gracia con Dios.
Y la razón es que el sufrir de esa manera, con paciencia y sufrir bien, pone de manifiesto la confianza que yo he depositado en Dios. En otras palabras, aplaudo el carácter de Dios como alguien en quien yo puedo confiar independientemente del dolor. Por el contrario, cuando sufrimos mal, ponemos de manifiesto que no hemos confiado en Dios, y ahora una de dos: o yo quedo en cuestionamiento por mi falta de fe, o el carácter de Dios queda en cuestionamiento porque no es digno de ser confiado.
Cuando tú confías en Dios, déjame decirlo de otra manera: un cristiano impaciente frecuentemente es un cristiano airado, y un cristiano airado le da una mala reputación a la fe. Nadie ha sufrido bien sin paciencia, nadie. No es posible, no es concebible.
Pastor, pero usted no puede negar que sufrir es doloroso. Claro que es doloroso. Yo creo que puede ser extremadamente doloroso, para algunos ha sido infinitamente doloroso, pero sufrir impacientemente le agrega amargura a mi sufrimiento. Y ahora no solamente es doloroso, pero es amargo. No tiene propósito, no tiene sentido. No sé ni cómo esperar, es más, prefiero morirme.
La paciencia de Pablo en medio de las persecuciones, de las cárceles, de los naufragios, de los latigazos, de los abusos, las injusticias, la paciencia de Pablo en medio de eso le libró de la amargura. Lo que él pasó, nadie le podría librar de eso, sería parte de su currículum, pero él sí podía librarse de la amargura teniendo los ojos en Dios, teniendo en cuenta la providencia de Dios. Tú sabes que la providencia de Dios evita que muchos de nosotros terminemos en el cuarto de consejería.
José fue vendido por sus hermanos, rechazado por sus hermanos, terminó como esclavo. Llegó a Egipto, le sirvió a Potifar, le sirvió fielmente, le sirvió fielmente a Dios. La mujer de Potifar se enamora de él, trata de seducirlo, él evita hacer eso porque no quiere ofender a Dios ni ofender a Potifar su jefe, tampoco quiere pecar contra ella. Y resulta que aquella lo acusa y él termina en la cárcel. Pero todo comienza con la venta de sus hermanos, y años después Dios, a través de su estrategia de la tribulación y del dolor y el sufrimiento, lo lleva a la cúspide del poder. Él es la mano derecha de Faraón. Los hermanos vienen todos amedrentados porque no se imaginan lo que José sería capaz de hacer contra ellos. Y José les dice: "No, tranquilos, tranquilos. Ustedes quisieron hacer esto por mal" —yo le voy a agregar estas palabras— "ustedes hicieron esto pecaminosamente, pero Dios hizo esto providencialmente para salvar muchas vidas."
¿Te imaginas a José en el mundo moderno? "En serio, tengo una herida con estos hermanos porque me rechazaron y yo no puedo sobrepasar eso. Yo tengo... imagínate, yo era el más pequeño de todos y estábamos juntos, viene una caravana y me soltaron ahí. Yo ni sabía dónde iba a llegar." Pero cuando tú tienes en mente la providencia de Dios y la providencia de Dios te lleva a ser paciente bajo su mano, tus hermanos llegan y tú les dices: "Tranquilos, es que esto lo hicieron ustedes aquí abajo, pero esto se planificó allá arriba."
La paciencia es necesaria para amar al otro. Te saco los dos mandamientos. ¿Verán qué resumen toda la ley y los profetas? Tú ama a Dios y ama al otro. Pero resulta que no puedo hacer el segundo sin paciencia. Escucha a Pablo en Efesios 4:2-3: "Que vivan con toda humildad y mansedumbre." ¿Cómo yo voy a hacer eso, Pablo? Con paciencia. Y entonces, ¿cuál es la implicación de eso? Soportándose unos a otros en amor. No puedo amar sin soportar y no puedo soportar sin paciencia. Esforzándose por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.
Déjame darte varias implicaciones de esto que he sacado al aire. No hay manera que yo pueda soportar a mi hermano sin paciencia. ¿Tú no hay algunos hermanos o amigos o vecinos que te han sacado, en buen dominicano, de quicio? La Palabra demanda soportarlos. No puedo hacer eso sin paciencia. No hay forma que yo pueda preservar la unidad de esta iglesia sin paciencia, que no todos somos iguales ni pensamos igual, ni estamos en el mismo grado de desarrollo emocional y espiritual. No todos entendemos igual, no todos tuvimos la misma crianza. No hay forma de que yo, de que tú puedas ministrar a otro, a todo tipo de personas, sin paciencia. Pero resulta que la iglesia tiene todo tipo de personas. No puedo corregir en amor sin paciencia. No puedo confrontar sin paciencia de una manera que no hiera. No puedo tolerar a los que vienen detrás de mí que tienen menos conocimiento, menos desarrollo, menos santificación, si no tengo paciencia; siempre los voy a vivir juzgando. No puedo soportar las fallas, las faltas de otro o las debilidades de otro si no soy paciente. En otras palabras, no puedo hacer iglesia sin paciencia, porque todo lo que yo describí tiene que pasar dentro de la iglesia. Entonces no puedo hacer iglesia sin paciencia.
Escucha cómo el apóstol Pablo le escribió a los tesalonicenses, su primera carta, capítulo 5. Voy a leer el versículo 14 solamente. Ese texto es más largo. Es un texto muy cercano a mi corazón porque con ese texto yo me despedí de la iglesia. He estado en Sonido donde serví como anciano por siete u ocho años. Este fue mi último sermón, días antes, un par de días antes de nuestra salida. Pero esto es lo que Pablo dice: "Les exhortamos, hermanos, a que amonesten a los indisciplinados." Esto es una iglesia que tiene un grupo de gente diferente, para que veas por qué necesito paciencia. "Que amonesten a los indisciplinados, animen a los desalentados, sostengan a los débiles" y escucha ahora: "y sean pacientes con todos." O sea, ¿pastor, con el que me cae mal? Sí. Pero es que no debiera caerte mal. Seguro, paciente. ¿Con el que me hiere, que no me habla, también? ¿Que no me respeta, también? Bueno, sean pacientes con todos. Comenzando, ¿con quién? Con los indisciplinados. Siguiendo, ¿con quién? Con los desalentados. Y otro que tiene una fe débil. Mi impaciencia refleja una falta de gracia de mí hacia los demás, lo cual contradice la gracia que yo he recibido de parte de Dios.
La paciencia es necesaria. Mira todas las cosas para las cuales yo necesito paciencia. La paciencia es necesaria para poder enseñar. Por lo que le dice a Timoteo, escucha: "Predica la palabra, insiste a tiempo y fuera de tiempo." Nota cómo la intensidad de las palabras de Pablo, para que luego veas la conexión con paciencia. "Predica la palabra, Timoteo. Insiste a tiempo, fuera de tiempo. Amonesta, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción." No puedo hacer iglesia, no puedo predicar, no puedo enseñar, no puedo discipular a nadie, no puedo aconsejar a nadie, no puedo confrontar a nadie, no puedo corregir a nadie. ¿Notaste el balance de las palabras de Pablo? Tú necesitas predicar a tiempo y fuera de tiempo. Amonesta, reprende, no dejes que los hermanos caigan en pecado, con mucha paciencia, Timoteo. Como que Pablo le sacó el aire a Timoteo al final.
Jesús fue paciente. ¿Cómo fue paciente? Cuando no exhibieron su carácter, cuando ellos mostraron sus prejuicios, cuando no entendieron lo que les explicaba. "Señor, mira, no entendimos la parábola. Otra vez explícanos qué fue esto de la semilla que cayó en diferente terreno." Y si Cristo fue paciente con sus discípulos, yo tengo que ser paciente con los míos. Y si Dios está siendo paciente conmigo al día de hoy, yo tengo que ser paciente con los demás.
La paciencia es necesaria para perdonar a otros. Tú sabes cómo era Pedro. Era Pedro donde el Maestro, y se da cuenta como que el Maestro vive perdonando la gente acá. A rato le dice: "Bueno, tus pecados te son perdonados" o "Vete y no peques más." ¿Cómo así, tan simple el Maestro? ¿No le va a poner varias obras que haga para que le sean perdonados? No, no, ya estás perdonado. "Señor, yo quiero entender ahora, cuando pecan contra mí, ¿cuántas veces yo debo perdonar?" La idea en la cultura hebrea como que tres veces era: "¡Wow, perdonaste tres veces!" Entonces Pedro piensa que él va siendo magnánimo que le saca bola ahora: "Maestro, ¿siete veces?" Y el Maestro dice: "No, Pedro, setenta veces siete." En otras palabras, las veces que ocurra. La paciencia es necesaria para yo perdonar.
Finalmente, no es el último propósito, pero es la número uno: la paciencia es necesaria para yo reflejar el carácter de Dios a un mundo incrédulo. Yo no sé si tú has notado, pero hay un llamado recurrente en el Antiguo y el Nuevo Testamento a reflejar a Dios. Y la razón por la que Dios quiere que lo reflejemos a Él es porque nuestro Dios es un Dios que se revela. Él se revela en su creación, que cuenta la gloria de Dios y refleja a Dios. Él se revela en su Palabra. Él se reveló en su Hijo, en su Cristo. Pero Él se revela en los hijos que estamos formados a la imagen de Cristo, y Él quiere que de la misma forma que la creación revela la gloria de Él a un mundo incrédulo, que nosotros podamos revelar su carácter.
Escucha, primero, 1 Pedro 1:16: "Sé santo porque yo soy santo." Pero eso está en Levítico. Sé santo, refleja mi santidad porque yo lo soy. Se nos ha llamado a perdonar como Cristo perdonó, refleja el carácter perdonador y redentor de Cristo, Colosenses 3:13. Se nos llama a ser misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso, enseñó Cristo, refleja la misericordia de Dios. Si hay algo que Dios ha hecho evidente es cuán paciente Él es. Él quiere que tú entonces exhibas su paciencia para que muestres cuán paciente Él ha sido contigo, que ya creces, y con el que todavía no crece.
Yo te definí en mis palabras nuestra paciencia a la luz de versículos bíblicos. Ahora yo te voy a definir la paciencia de Dios a la luz de versículos bíblicos, porque eso no está en la Palabra de esta manera. Es la disposición o la habilidad del corazón de Dios, que Dios tiene cuando restringe su poder y su juicio sobre el pecador por un largo tiempo, siendo el castigo merecido y pudiendo justamente derramar su ira sobre el trasgresor. La paciencia de Dios es la capacidad que Él tiene, la habilidad o la disposición —porque tiene un deseo, incluso, de hacerlo— de restringir su ira, de no consumir al pecador, teniendo Él toda la razón para hacerlo, teniendo Él toda la razón porque el pecador se lo merece y sería justo de Él derramar, desencadenar su ira sobre el pecador.
Y esa paciencia que Dios ejerce es el resultado de su bondad y de su misericordia, que autocontrolan, entre comillas, y autorregulan a Dios. La misericordia de Dios y la gracia de Dios autocontrolan y autorregulan a Dios. Es el balance entre la ira contra el pecado y la misericordia que perdona el pecado. Es el balance entre el deseo de deshacerme de este mundo pecaminoso y la bondad de Dios que quiere rehacer y redimir a ese mundo pecaminoso. Cuando Dios restringe su ira, Él está ejerciendo un poder sobre sí mismo, como de autodominio, de dominio propio, para beneficio de la criatura. De manera que la paciencia de Dios se ejercita para que la criatura sea beneficiada y podamos llegar finalmente —y lentamente conforme al calendario de la criatura, lentamente— a donde yo quiero llegar desde toda la eternidad, y que es a un hombre redimido a la imagen de Cristo. Dios restringe su ira, ejercita su paciencia para que su propósito se pueda cumplir en setenta u ochenta años de mi vida.
Nosotros hemos sido bendecidos con la paciencia de Dios. Ahora, nosotros no nos damos cuenta cuán paciente Dios ha sido con nosotros, porque como nosotros no tenemos su santidad, el pecado no es tan gravoso como pensamos.
Yo les hablaba, y era el grupo de líderes que enseña y maneja a nuestros jóvenes en los diferentes ministerios. Hablamos del problema principal del hombre, que es, digo, entre otras cosas, la percepción errónea que él tiene de Dios, del Dios que es tres veces santo. Y como nosotros hemos sido concebidos en pecado, nacemos en pecado, crecemos en pecado, nos relacionamos con personas en pecado, somos pecado adentro de nosotros y pecado afuera de nosotros, alrededor de nosotros, el pecado es como muy natural para nosotros, pero no lo es para Dios.
Por tanto, si yo pudiera ver el pecado de esa manera y luego ver cuán tolerante Dios ha sido del hombre pecador, entonces entendería mucho mejor la paciencia de Dios. En el Antiguo Testamento la frase, y en el Nuevo por igual, pero más en el Antiguo, la frase que más caracteriza la paciencia de Dios te voy a decir cuál es: "El Señor es lento para la ira", Éxodo 34:6. "El Señor", Números 14:18, "Dios es lento para la ira". Nehemías 9:17, "El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira". Salmo 86:15, "Dios es compasivo, lleno de piedad y lento para la ira". Salmo 103:8, "Compasivo y clemente es el Señor y lento para la ira". Salmo 145, "Lento para la ira y grande en misericordia". La frase aparece otra vez en Joel 2:13, Jonás 4:2 y Nahúm 1:3. No es por accidente que Pablo llama a Dios en Romanos 15:5 "el Dios de la paciencia". ¡Wow! ¡Qué nombre! El Dios de la paciencia. Es el Dios que te ha aguantado a ti.
¿No es curioso, lo chocante, lo contradictorio, que el Dios infinitamente santo es más paciente con el pecador o el pecado del hombre que lo que yo, que soy pecador, lo soy? Es increíble. El Dios que tiene la autoridad, el poder, la santidad, el derecho para juzgar, resulta que es mucho más paciente para lidiar con el pecado y llevar a la gente pecadora hasta que sea redimida, que lo que yo quiero ser. No solamente el creyente común, no, no, profetas del Antiguo Testamento. Habacuc se queja contra Dios. Le dice a Dios: "¿Hasta cuándo, Señor, pediré ayuda y no escucharás? Clamaré a ti violencia y no salvarás. ¿Por qué me haces ver la iniquidad y me haces mirar la opresión? La destrucción y la violencia están delante de mí, hay rencilla y surge discordia". El profeta se cansó primero que Dios. "¿Por qué tú me haces ver el pecado?" Como que Dios no lo está viendo. Habacuc, ¿no se te ocurre pensar que no solamente tú estás viendo el pecado, pero tú estás dentro del pecado que tú ves, y yo todavía te estoy usando como profeta? Es como si Dios le dijera: "Habacuc, tú me estás reclamando".
Dios envía a Jonás a predicar a los ninivitas, y Jonás dijo: "No, no, yo no quiero ir para allá". ¿Cómo que yo no quiero ir para allá? "No, yo no quiero ir para allá. No tengo esa paciencia". Bueno, pues para allá es que tú vas. Tú conoces la historia, y él termina en la playa de Nínive. Ahí estás, Jonás, predicando la Palabra. El pueblo tiene un arrepentimiento increíble, hasta los animales vistieron de cilicio. Y Jonás airado. Jonás, ¿cuál es tu problema? "Mi problema es lo que tú hiciste, porque por eso era que yo no quería venir para acá, porque yo sabía que eras capaz de perdonar a esa gente. Ahí están perdonados toditos". Esta es mi Palabra, porque fue exactamente así. Yo no le puse nada al contenido. O sea, Jonás se cansó más rápido de los ninivitas que lo que Dios se cansó, y no tenía paciencia. O sea, hay un Jonás pequeño dentro de nosotros, tú sabes. "Yo no tengo paciencia para lidiar con esa gente", ni Jonás con los ninivitas. Y si tú no tienes paciencia para lidiar con muchachos, para lidiar con esto, cuando te empleamos, con el trabajador, es mucho menos para lidiar con gente como los ninivitas, crueles, sanguinarios.
Ahora, los mejores de todo fueron Juan y Jacobo. Juan y Jacobo, cuando vienen caminando con el Maestro, tú sabes, yo me imagino a Juan y Jacobo pensando: "Aquí vamos nosotros". Y ya los samaritanos: "No, no pueden entrar". "¿Tú quieres que hagamos llover fuego del cielo que los consuma a todos? Yo no tengo paciencia para los samaritanos, Maestro. No sé cómo tú los aguantas, los soportas". Jesús los corrige, porque Jesús les había dicho: "¿Que hagamos llover fuego del cielo?" ¿Desde cuándo ustedes son parte de la Trinidad? "Que hagamos llover fuego del cielo". Pero sí, pensamos como que ha de haber un cuarto o quinto espacio dentro de la Trinidad para incluirnos a nosotros. ¿Qué lo hagamos? O sea, se están impacientando.
Bueno, no tenemos misericordia. No tenemos gracia. O pensamos que la gracia y la misericordia que hemos recibido nosotros sí la merecíamos, pero ellos no. Que no hemos apreciado la paciencia de Dios, en vista de que tampoco hemos visto cuán horripilante el pecado es. Dios le dice al pueblo judío, a través de las letras de Miqueas, que Él quería misericordia y no sacrificio. No quiere: "Si tú me vas a dar obras o misericordia, dame misericordia", le dice Dios al pueblo judío. Y nosotros de eso no tenemos.
Pero nuestro orgullo es un problema, porque el orgullo y la impaciencia están unidos. Nuestro orgullo y autojusticia nos hacen ver como mejores y superiores y más merecedores de tu sacrificio, de tu trabajo, de lo que me debes. Y aunque constantemente estamos hablando de la gracia de Dios, hablamos de la gracia de Dios y al momento estamos enjuiciando al otro sin ninguna gracia. Y a veces incluso enjuiciamos al otro ni siquiera por asuntos morales, sino por preferencias. Cosas que a mí no me gustan de una manera, que yo entiendo que deben ser de esa manera. "A mí no me gusta el color verde, por tanto nadie debe vestirse de verde. ¿Quién ha visto que el color verde se usa para ponerse una camisa o un pantalón?" Y entonces no tenemos gracia para aquellos que aún no se han arrepentido. Nosotros somos arrogantes cuando los enjuiciamos. Nosotros no tenemos ese derecho. Nosotros tenemos el derecho de usar la Biblia para poder juzgar una cosa como buena o mala, o pecaminosa o santa. Pero de ahí al juicio de condenar a otro con nuestras actitudes, no lo tenemos.
De manera que eso es algo que yo necesito recordar. Y la razón por la que no somos tan pacientes como Dios es, bueno, que no somos Dios, no vamos a ser tan pacientes como Él es, pero no nos estamos vistiendo a las semejanzas de Dios, de que Pablo le habla en Efesios 4, que el nuevo hombre es... Como te vistes con el nuevo hombre, te estás vistiendo de las semejanzas de Dios. ¿Por qué no lucimos así en términos de la paciencia? Es porque tampoco estamos viviendo muy cerca de Dios. Yo les hablaba de esto mismo a los jóvenes ayer, a los líderes de los jóvenes, porque cuando vives cerca de Dios, comienzas a reflejar las cualidades de Dios, y la paciencia no es una de esas cosas que nosotros reflejamos muy bien.
Escucha cómo el apóstol Pablo dice a los colosenses en 3:12: "Entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, revestíos", este es el nuevo hombre, ¿verdad?, "revestidos de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia". Ser imitadores de Dios, como Pablo nos llama a ser en Efesios 5:1. Ser imitadores de Dios, pero una de las cosas que Dios mejor ha hecho es ser paciente. De hecho, al día de hoy, tú quieres saber por qué Cristo no ha regresado, está declarado, Pedro lo declaró, que Dios, siendo paciente y no queriendo que el mundo perezca, está restringiendo Su ira y Su juicio hasta que todos entren. Hay un grupo que tiene que entrar, Pedro, y no ha entrado.
De manera que ahora tú y yo vemos mejor, no solamente cómo Dios modela la paciencia, sino que podemos ver mejor cuál es la necesidad que tú y yo tenemos de ejercitar la paciencia, de exhibir la paciencia, no solamente de actuar pacientemente, de ser pacientes. Pero tenemos que recordar que el título del mensaje, regresando al título del mensaje, es cómo Dios cultiva la paciencia. Dios cultiva la paciencia a través de la tribulación, de manera que tú puedas decir con Pablo: "Yo me glorío en la tribulación, porque la tribulación está formando el carácter de Cristo". El carácter de Cristo incluye la paciencia para con otros.
Pero la única forma como tú puedes consistentemente poder ver la vida de esa manera es si finalmente abrazas de una vez y para siempre la idea de que la providencia de Dios orquesta todos los eventos de tu vida, los grandes y los menores, los pequeñitos. Las llamadas, los mensajes, quien te interrumpe en la oficina, el mensaje que no te gustó, el mensaje que te animó, que te estimuló, la llamada que te animó, la llamada de alguien, el mensaje de alguien que te dice: "Estoy orando por ti", todo eso juega un rol dentro de la providencia de Dios. De tal manera que tú tienes que ver la vida de una vez y para siempre por encima del sol. Tienes que ponerte los lentes de Dios. De eso les hablamos a los líderes ayer, de manera que ellos puedan pasar esto a las generaciones más jóvenes. Porque nosotros tenemos miles de versículos, cientos de páginas para ver de otra manera, para ayudarnos a juzgar de otra manera, para saber que las cosas son de otra manera, que las cosas no son como yo quisiera que sean. Las cosas son como Dios quiere que sean, y eso es lo que forma el carácter, y eso es lo que me da a mí paciencia.
Padre, gracias, gracias porque Tú vives por encima del sol, ves por encima del sol, ordenas por encima del sol. Y nosotros que estamos aquí debajo necesitamos abrir Tu Palabra, ver cómo Tú eres, ver cómo Tú has obrado, ver cómo has prometido, ver Tu providencia en todos los eventos, y entonces nosotros pudiéramos tener una mejor vida y una mejor reflexión de Tu carácter. Perdónanos, por un lado, Señor, por ser tan impacientes. Perdónanos por no ver la paciencia Tuya para con nosotros. Ayúdanos, por otro lado, Dios, a poder salir de ahí para comenzar a lucir como Tu Hijo Jesús. Y gracias, en el interín, por perdonar nuestras impaciencias, nuestros pecados, nuestras fallas y debilidades, en Cristo Jesús. Amén.
Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida.
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