IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
El problema fundamental del ser humano es que Dios es santo y justo, y nosotros no somos ni una cosa ni la otra. Job y sus amigos lo entendieron hace miles de años: ¿cómo puede un hombre ser hallado justo delante de Dios? El segundo problema es igual de grave: no tenemos idea de cuán santo es Dios ni de cuán pecaminosos somos sin Cristo. Esa ignorancia es lo que lleva a billones de personas religiosas a creer que pueden alcanzar la justificación por sus propias obras, rechazando el yugo fácil y la carga ligera que Cristo ofrece, para abrazar un camino que es imposible y extremadamente pesado.
Ser salvo por las obras de la ley implicaría amar a Dios perfectamente cada segundo, sin ídolos en el corazón, honrando padre y madre siempre, sin mentir jamás, sin codiciar nada ni a nadie. Y después de todo eso, habría que revisar las motivaciones e intenciones. Ni Adán y Eva antes de caer pudieron cumplir. Ni Aarón, que creó un becerro de oro. Ni Moisés, que no pudo entrar a la tierra prometida. Ni Pedro, que negó a Cristo tres veces. La ley era buena, santa y justa, pero el problema estaba en la debilidad de nuestra carne.
Por eso Cristo vino a inaugurar una nueva era. Cuando el pecador se arrepiente y confía en él, Dios lo declara no culpable, aunque sigue siendo pecador. No solo perdona la deuda, sino que destruye el documento que contenía los cargos. Como escribió David: bienaventurado el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad. La respuesta a la pregunta de Job ya estaba en el Antiguo Testamento: el justo por la fe vivirá. Ahora, crucificados con Cristo, ya no vivimos nosotros, sino que él vive en nosotros, y la vida que vivimos en la carne la vivimos por fe en aquel que nos amó y se entregó por nosotros.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bueno, bendiciones para aquellos que no vi en un inicio. Yo quiero invitarlos a que abran la palabra de Dios en la carta a los Gálatas capítulo dos, la epístola del apóstol Pablo a los Gálatas que hemos venido cubriendo. Como algunos de ustedes han estado escuchando, verán, es una carta que Pablo sintió la necesidad de escribir en vista de ciertas desviaciones que habían estado ocurriendo en medio de ellos, que habían escuchado el evangelio de parte del apóstol Pablo y, sin embargo, habiendo entendido la gracia de Dios dada en Cristo Jesús, de alguna forma se dejaron seducir por aquellos que habían venido de la iglesia de Jerusalén hasta Antioquía. En un momento dado, esos mismos judaizantes o personas como ellos llegaron hasta las iglesias de Galacia y allí entonces comenzaron a crear el mismo problema que habían creado en Antioquía, de hacerles creer a los hermanos que ya habían abrazado la fe que en realidad, para completar su fe, completar su salvación si pudiéramos decir, era necesario abrazar las obras de la ley.
Padre, gracias una vez más por el Espíritu que inspiró esta palabra. Que sea ese mismo Espíritu que abra nuestro entendimiento y que nos permita refrescar lo que quizás ya habíamos entendido, afirmar, ahondar, afinar, y haz una obra en nosotros según aquello que hemos ya entendido de tu plan de salvación. Que lo pedimos en Cristo Jesús.
Bueno, si alguien me preguntara, escucha esta pregunta, ver cómo tú la responderías: si alguien me preguntara cuál es el mayor problema del ser humano, es una pregunta retórica, no necesitas responder en voz alta pero para que la puedas responder en tu interior, no sé qué tú dirías o cómo lo dirías. Yo diría que el problema fundamental del ser humano es que Dios es santo y por tanto justo, y que nosotros no somos ni una cosa ni la otra. El hombre de hoy no parece reconocer esa verdad y, sin embargo, hombres del pasado, del pasado bien atrás, entendieron ese problema. Job y sus tres amigos entendieron lo que yo acabo de decir: que Dios es santo, que Dios es justo y que nosotros no lo somos.
Escucha en Job 8:20 lo que uno de sus amigos dice. Su nombre fue Bildad, él dice lo siguiente: "Dios no rechaza al íntegro", y luego él amplía la explicación. Job responde inmediatamente en 9:2: "En verdad, yo sé que es así, pero ¿cómo puede un hombre ser justo delante de Dios?" Dios ha declarado que Job era un hombre intachable, que no había nadie como él, y sin embargo Job dice: "Yo sé lo que es Dios, yo sé lo que implica ser la esencia de Dios, pero yo no estoy seguro cómo un hombre puede ser declarado justo delante de Dios."
Tú sigues leyendo y en Job 15:14 otro de sus amigos, Elifaz, dice lo siguiente: "¿Qué es el hombre para que sea puro?" Es una pregunta. "¿O el nacido de mujer para que sea justo?" En otras palabras, el hombre es tan poca cosa que no puede ser justo. De manera que Elifaz también sabía que el hombre no se ha encontrado justo delante de Dios. Tú sigues leyendo y en Job 25:4 te encuentras a otro de los amigos de Job que dice, en esta ocasión es Bildad su nombre: "¿Cómo puede un hombre ser justo con Dios?"
De manera que Job lo sabía, Elifaz lo sabía, Bildad lo sabía. Job lo sabía también. En el capítulo 9, en el versículo 33 de su libro, o del libro que lleva su nombre, dice: "Si hubiera un árbitro, un árbitro que pudiera poner la mano sobre Dios y sobre mí para que Dios removiera su vara." Job lo sabía, que estaba en medio de un conflicto espiritual y tenía que ver con Dios y Satanás, pero él entendía que estaba como bajo un castigo, una disciplina, lo que llama la vara. Él dice: "El problema es que no hay un hombre, no hay una persona, no hay un ser que pueda mediar como árbitro entre Dios y yo." De manera que este es un problema que nosotros tenemos.
Y si alguien me preguntara, o la misma persona me preguntara ahora: ¿cuál es el segundo problema grave del ser humano? Yo diría entonces que es que él no tiene la menor idea, o nosotros no tenemos la menor idea, de cuán santo es Dios y tampoco tenemos la menor idea de cuán pecaminosos y apartados de Dios nosotros estamos sin Cristo. La razón de eso, el hecho de no tener la idea de que yo no tengo una idea de cuán santo es Dios, cuán pecaminoso yo soy, es la razón por la que el hombre entiende que él puede alcanzar, que él puede llegar a la presencia de Dios y alcanzar un estado de justificación por sus propias obras o esfuerzo.
Y eso es lo que hace que billones de personas religiosas, de hecho la enorme mayoría de la humanidad bajo una religión, permanezcan todavía bajo condenación a pesar de la oferta gratuita de parte de nuestro Dios. Yo le he hecho una oferta al hombre, una oferta tan dadivosa que es un yugo fácil y una carga ligera. Y el hombre ha preferido, por todo lo que hemos dicho hasta ahora, un camino de salvación que no solo es imposible, sino que también es pesado. Te ofrezco un yugo fácil y una carga ligera, pero: "Gracias, yo prefiero este otro camino que es imposible y es extremadamente pesado."
Y lamentablemente, el hombre ni se cree tan culpable como él lo es, y al mismo tiempo se cree capaz de obedecer más de lo que él puede. Problema serio que tenemos. El hombre ni se cree tan culpable como él es y se cree capaz de obedecer más de lo que él puede. Un solo ejemplo, yo creo que lo ilustra: tú escogiste una dieta y alguno no la puede mantener, tú mismo la escogiste. De manera que escogiste una dieta y no la puedes mantener por un año. Yo creo que algunos dirían: "Por un año, pastor, ni por un mes, ni por una semana", y otros estarán pensando: "Bueno, ni por un día, pastor." Una dieta que tú escogiste y que no tiene que ver nada con la realidad y que te permitía incluso tener otros alimentos disponibles, ni siquiera la puedes mantener.
La idea de que yo puedo obedecer más de lo que puedo está tan arraigada en nosotros que los gálatas, que ya habían entendido el evangelio, que habían entendido la salvación por gracia, volvieron a creer otra vez que era necesario abrazar todo este conjunto de obras de la ley para completar su salvación. En otras palabras: yo voy a abrazar de nuevo aquello que yo no pude cumplir para entonces completar mi salvación. ¡Hello!
Para mí, un grupo tan influyente de personas, consideradas por muchos como cristianos judíos, judíos que tenían cientos de años de inmersos en el judaísmo, que habían abrazado a Cristo, pero de alguna manera no había forma, ellos lo sacaron del judaísmo, pero no había forma de sacar el judaísmo de entre ellos. Y ellos entonces se van a Antioquía y allá crean un problema. Allá se encuentran con Pedro, allá convencen a Pedro de que deje de hacer lo que él venía haciendo. Pedro venía hablando, juntándose, comiendo, socializando con los gentiles, y convencen a Pedro, y la actitud de Pedro convenció a otros de que bueno, esto no se puede seguir haciendo, y dejaron entonces de juntarse con los gentiles. Y Pablo se percata de esa hipocresía y le confronta, como estuvimos viendo la semana pasada.
Entonces Pablo narra ese encontronazo con Pedro y luego él procede a explicar la salvación otra vez, y por eso yo titulé mi mensaje: "Cuando la salvación necesita ser explicada otra vez." Si te has percatado, cada mensaje hasta ahora en la carta a los Gálatas está comenzando con la palabra "cuando": cuando el evangelio esté en juego, cuando un líder compromete el evangelio, cuando la salvación necesita ser explicada otra vez.
Y con eso yo quiero que tú leas conmigo del versículo 16 al 21, Gálatas dos: "Sin embargo", esto es como Pablo diciéndole a Pedro y al resto de nosotros, "sin embargo, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús para que seamos justificados por la fe en Cristo y no por las obras de la ley, puesto que por las obras de la ley nadie será justificado. Si buscando ser justificados en Cristo también nosotros hemos sido hallados pecadores, ¿es Cristo entonces ministro de pecado? ¡De ningún modo! Porque si yo redifico lo que en otro tiempo destruí, yo mismo resulto transgresor, pues mediante la ley yo morí a la ley a fin de vivir para Dios. Con Cristo he sido crucificado, ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí, y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No hago nula la gracia de Dios, porque si la justicia viene por medio de la ley, entonces Cristo murió en vano."
Hay algunas frases, oraciones, un tanto difíciles de explicar, pero hay otras que están más claras. Y no solamente que hay otras que están más claras, hay un versículo clave, central, centro de gravedad, eje alrededor del cual gira todo lo que nosotros vamos a decir: es el versículo 16. En el versículo 16 Pablo le recuerda a Pedro: "También nosotros", plural, "nosotros hemos creído en Cristo Jesús para que seamos justificados por la fe en Cristo."
¿Y hubo alguien en el primer siglo, en el tiempo de Pablo, que conocía que es imposible ser justificado por las obras de la ley? ¿Puede ser Pedro? ¿Tú creíste acaso? Tuviste al Mesías tres años, viste los milagros, de hecho fuiste hasta protagonista de algunos milagros, caminaste sobre las aguas, viste la transfiguración, estuviste en el monte de la transfiguración con Cristo. Y sabes que a la hora de la prueba le negaste tres veces. Y ahora, Pedro, a la hora de la prueba otra vez, estás avergonzándote del evangelio. Por eso es que está siendo confrontado por Pablo.
Ya Pablo sabía que era imposible ser justificado por las obras de la ley. Él trató, él creyó que había cumplido con la ley a cabalidad mientras estaba en el judaísmo, pero él entendió finalmente la imposibilidad. Y eso es precisamente, el entendimiento de la imposibilidad de ser salvo por las obras de la ley, lo que lleva a Pablo a la salvación, lo que lleva a Pablo a proclamar el evangelio de la manera como lo hizo.
Quizás sea básico, pero déjame decirlo una vez más, porque recuerda el título del mensaje: cuando la salvación necesita ser explicada otra vez. La ley es el conjunto de los mandamientos de Dios, que los Diez Mandamientos reflejan perfectamente en cuanto a su carácter moral, pero la ley es el conjunto de todas sus ordenanzas, tal como el judaísmo las conoció. Las obras de la ley es la ley puesta en práctica o la obediencia a todos los mandamientos de Dios.
De manera que ser salvo por las obras de la ley implicaría la necesidad de una obediencia absoluta durante toda tu vida, sin comprometerla en ningún grado y en ningún momento, porque cualquier desviación de la medida implicaría una transgresión. No solamente la transgresión de un mandamiento implicaría la transgresión contra el carácter de Dios, implicaría un asalto a la integridad del carácter de Dios. De manera que tienes un chance, y el más mínimo chance. Santiago nos recuerda, que si violaras un mandamiento de la ley, en dos diez si mi memoria no me falla, si violaras un solo mandamiento de la ley, eres culpable de haber violado toda la ley.
Entonces, déjame ayudarte a entender lo que implicaría ser salvo por las obras de la ley. Implicaría que tú vas a amar a Dios con toda tu alma, toda tu mente, toda tu fuerza, sobre todas las cosas. Tú vas a amar tanto y tan perfectamente, tan extraordinariamente, únicamente por así decirlo, que a la hora de pecar nunca vas a pecar porque siempre vas a amar a Dios más que tu pecado. Nos quemamos ya, ¿o no? Es como, pastor, ni siga, que ya estamos en buen dominicano fritos.
Es como si ya, que no tendrías ídolos. No solamente el ídolo verdad de que si hacías con madera, con bronce o de plata, de lo que sea, pero tampoco ídolos en el corazón. En otras palabras, no habría nunca ninguna otra cosa en el primer lugar y Dios en el segundo. Nunca. Implicaría guardar el día de reposo como había sido ordenado en la antigüedad. Implicaría no tomar el nombre de Dios en vano, que no simplemente se limita a no usar el nombre de Dios en un juramento; implica literalmente, en el sentido y lenguaje del hebreo, no vaciar el nombre de Dios de su contenido, lo cual implica a su vez que a lo largo de toda tu vida tú vas a vivir de una forma que nunca vas a deshonrar el nombre de Dios.
Tendrías que honrar a tu padre y a tu madre cada segundo de tu existencia. No podrías matar a nadie. Bueno, por lo menos eso lo pasé, y no desprecio. Pero verdad que el sexto mandamiento protege la integridad de la vida, la dignidad de la vida humana, de manera que cada vez que violo la dignidad de la vida humana, he violado el sexto mandamiento. Los mandamientos tienen la letra de la ley y el espíritu de la ley. Cuando no lo violas en letra, lo violas en espíritu.
No puedes cometer adulterio. Espíritu de la ley, ¿qué es eso? Físicamente es la letra de la ley, pero espíritu de la ley es que ni siquiera lo puedes pensar. No podrías robar en ningún momento a nadie, lo que implica que debiste haber pagado todos tus impuestos todo el tiempo, nunca habiéndote quedado con un centavo. ¿Cómo vamos? No podrías levantar falso testimonio contra tu prójimo ni hablar mentira nunca en ningún momento, ni es una mentira piadosa ni blanca ni transparente. Y no podrías codiciar absolutamente nada ni a nadie.
Uf, no, pero no hemos acabado, espero te haya faltado. Tendrías que circuncidarte, tendrías que guardar las leyes ceremoniales, tendrías que guardar las leyes alimenticias, que era lo que Pedro había comenzado a hacer. Bueno, y tendrías que orar y tendrías que ayunar y tendrías que dar limosnas a los pobres. ¿Y pensamos que podemos cumplir las obras de la ley? Entonces, me acabaron. Después que hiciste todo eso, le dicen: No, pero espérate, ok, lo hiciste, no lo has hecho, pero vamos a suponer, vamos a revisar ahora tus motivaciones y tus intenciones.
Y Cristo viene, dice: ¿Sabes que yo tengo un yugo ligero y una carga liviana? Pablo viene más atrás, dice: Déjame explicarte. Tengo un solo versículo. Porque es que no puedes confiar en la ley, es que la mente, en Romanos 8:6, es que la mente del hombre pecador, la mente puesta en la carne, tiene dos problemas: es que como es rebelde no se somete a la ley de Dios. Bueno, pastor, pero espere, sé porque yo he cultivado un espíritu sumiso, coma, ni siquiera puede. O sea que ni quieres, y si quisieras no puedes. Ve a cumplir la ley ahora.
La razón por la que tenemos que meditar sobre todo eso, porque quizás todavía has pensado, bueno, sí yo sé cómo es la salvación, estamos como explicando otra vez, es para que puedas terminar apreciando lo que Cristo hizo por ti. Porque yo creo que muchas veces tenemos tan poco aprecio, tan poco valor por la obra de Cristo, porque yo no he acabado de entender todo lo que implicaría mi estatus sin esa obra de Cristo a mi favor.
Ni Adán ni Eva, antes de caer, pudieron cumplir con las obras de la ley. Ni Adán ni Eva pudieron permanecer delante de Dios en esa santificación absoluta y cumpliendo la ley también de manera absoluta. Esa condición fue llenada solamente, exclusivamente, por Cristo, y esa es la razón por la que la salvación tiene que ser por fe, no por las obras de la ley. Y entonces yo puedo, por lo que Cristo ha hecho, vamos a seguir hablando, tener un estado de santidad y tanta perfección que me permita estar en la presencia de Dios.
Tú necesitarías, para ser salvo por las obras de la ley, santidad absoluta, interna y externa. A la santidad externa es a lo que llamamos piedad, de manera que la piedad es la práctica visible de la santificación o el estado absoluto de santidad invisible. El problema es que aun cuando yo puedo hacerlo externamente, nosotros podemos, o sabemos, que violamos la ley de Dios internamente.
Yo quiero que hayas notado también que la persona salva, si eres un creyente auténtico, tú y yo no somos santos intrínsecamente. En otras palabras, yo no tengo una santidad propia que me gane aceptación delante de Dios. Yo tengo una santidad otorgada. Es real, pero no es propia; es otorgada, es dada, es transferida de la persona de Cristo a mi favor, de manera que Dios me encuentra acepto cuando ve la santidad de Cristo cargada a mi favor. Y eso es mi mérito: aquello que Cristo tenía, y al mismo tiempo los méritos que ganó a mi favor cuando cumplió la ley, cuando murió, cuando resucitó.
Y entonces, cuando el pecador se arrepiente, reconociendo la obra de Cristo en la cruz, y pide perdón y recibe dicho perdón, Dios declara al pecador justo o justificado, aunque todavía sigue siendo un pecador. Él es justo y él es pecador. Eso fue lo que Lutero decía en la época de la Reforma: simul iustus et peccator, justo y pecador al mismo tiempo. La santidad no es intrínseca, y esa es la enorme diferencia entre Roma y nosotros.
Roma entiende que tú recibes salvación después que tú has vivido tu vida y Dios termina examinando las obras de tu vida. Ahora, Roma no entiende, para que no se diga la cosa que ellos no enseñan, Roma no entiende que la salvación es sin fe. No, eso sería como desacreditar algo que no es cierto, una iglesia que no proclama eso. No dice que es aparte de la fe, nunca lo ha dicho ni en la época de la Reforma. No, sino que su entendimiento es como el de los judaizantes: tú tienes que tener fe en Cristo, pero tú necesitas completar tu fe en Cristo con las obras que Roma entiende tú necesitas seguir y cumplir.
Pero al final de tu vida, Dios examina tu fe en Cristo y examina tus obras, y si Él encuentra tu obra lo suficientemente justa, entonces Dios te declara justo y salvo. Por eso es que nunca sabes, según Roma, hasta que entras a la presencia, bueno, hasta que estás frente a Dios, si eres salvo o no eres salvo, porque hay que examinar, ver realmente si tu obra va a pasar el estándar. Bueno, no tienes que esperar hasta ese momento: no va a pasar el estándar.
Entonces, no es fe más las obras que hacemos. Los judaizantes estaban en el mismo sitio y querían continuar en las obras de la ley. Me acuerdo, para que podamos entender correctamente, que el problema no era la ley. De hecho, lo opuesto: Pablo nos dice que la ley era buena, santa y justa, de manera que tú tienes algo que refleja el carácter de Dios, que es bueno, que es santo, que es justo, y sin embargo es un problema.
Sí, pero Pablo nos explica en la carta a los Romanos cuál es el problema. Él dice en Romanos 7:12 que la ley era buena, santa y justa, pero era un problema. En 8:3 se dice sí, la ley era un problema, pero no tenía nada que ver con la ley, sino por la causa de la debilidad de la carne. La carne era incapaz de cumplir la ley de Dios, de manera que el problema estaba en mí en relación con la ley.
Tú puedes tratar de cumplir la ley de Dios a cabalidad, pero por mucho que trates, es más, tú puedes tratar de cumplirla hoy, hoy solamente, en el día de hoy, y que Dios te diga: Mira, si la cumples de aquí a las doce del día, te voy a dar salvación. Y no la vas a pasar. Nunca, jamás. De ahí la necesidad de Cristo, su obra a mi favor.
El mejor representante de la raza humana, Adán, y su esposa Eva, los mejores representantes, sin naturaleza pecadora, con un ambiente que podía someterse a la ley de Dios y que podía querer someterse a la ley de Dios, fracasó. El sumo sacerdote del Antiguo Testamento, Aarón, fue un idólatra: él creó un ídolo y llevó al pueblo a la adoración de un becerro de oro. El más grande profeta del Antiguo Testamento, aquel que hablaba con Dios cara a cara, no creo que fuera todos los días, pero con frecuencia, que tuvo la presencia de Dios, que bajó con el rostro transformado, no pudo entrar a la tierra prometida porque violó la ley de Dios. David, el hombre conforme al corazón de Dios, uf, tú conoces el historial de David; no me voy a meter en ello. Pedro, el apóstol, conoces su historia: negó a Jesús tres veces.
La ley era buena y santa y justa, pero la carne tenía una debilidad, como lo expresó, como lo vivió Pedro. Pero Cristo vino a inaugurar una nueva obra.
Era vital, importante, la era de la gracia. Y esa era de la gracia fue inaugurada por lo que hizo en su cruz, en su resurrección, y eso fue cargado a nuestro favor. Ahora, es vital que tú puedas entender algunas de las cosas que están aquí en este texto y a las cuales vamos a llegar en un momento.
El judío había vivido cientos de años tratando infructuosamente de cumplir las obras de la ley, pero la ley nunca pudo salvar al hombre. La ley hacía una sola cosa: acusaba al hombre de pecar. Él trataba de cumplirla, y era como que regresaba a él, decía, el problema es que por más que tratas, eras culpable. Y por eso, Pablo escribe en Romanos 3:21: "Pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, testificada por la ley y los profetas." Como que aparte de la ley, la justicia de Dios aparte de la ley ha sido manifestada. Eso que fue lo que se manifestó aparte de la ley: la persona de Cristo Jesús. Y claro que es aparte de la ley, porque mi salvación ahora no tiene nada que ver con cumplir las obras de la ley.
En mi persona, ¿tuvo algo que ver con cumplir las obras de la ley? Pero tiene que cumplirla otro, alguien que pudiera, alguien que llenara el estándar, alguien que no fallara, y a eso fue que Cristo vino: precisamente a cumplir las obras de la ley. Y cuando Dios me declara justo, que es lo que Pablo está mencionando en el versículo 16, que por las obras de la ley ningún hombre será justificado delante de Dios, esta justificación implica un par de cosas distintas.
Por un lado, es un estatus delante de Dios. Es un estatus, es una posición delante de Dios. Y porque soy declarado justo, bien, segundo lugar, es una justicia o rectitud moral, lo que en el inglés traducen como righteousness, que a mí no me pertenece como ya dijimos, que realmente es transferida de la persona de Cristo a mi persona. Yo podía estar disponible para el hombre a través de la persona de Jesús, y eso no vino por medio de la ley, sino aparte de la ley, como dice Pablo en Romanos 3:21.
De manera que el hombre podía alcanzar la justicia perfecta de Dios que le garantiza entrada al reino de los cielos de una forma real, pero a través de otra persona que es el autor real. Y ese es el evangelio que me brinda la esperanza de que eso pueda ser. Ese es el mensaje de salvación que Cristo construyó por medio de su vida.
Esta doctrina es tan vital que si tú remueves esta doctrina de la Biblia, ¿qué pasa? Si sacas una doctrina de la Biblia y perviertes todo el árbol doctrinal, no hay apoyo para ninguna otra doctrina en toda la Biblia si este punto de apoyo no existe. De hecho, Lutero decía que este es el artículo, la enseñanza sobre la cual la iglesia o se levanta o se derrumba. Lutero decía también que es una enseñanza tan vital que tú necesitas entenderla bien, enseñársela a otros y martillarla en las cabezas de otros continuamente.
Y no podrías decir: "¿Pastor? Pues ya nosotros sabemos eso, pero usted está gastando todo un sermón para hacer eso." Bueno, porque si Pedro lo necesitó, yo entiendo que nosotros probablemente lo necesitamos. El reformador holandés Brakel decía: "La justificación es el alma del cristianismo y la fuente de todo verdadero consuelo y santificación." Escúchate ahora: el que se equivoca en esta doctrina se equivoca para su destrucción eterna.
Vamos a regresar otra vez al versículo 16 porque no hemos salido de ese versículo todavía. La palabra justificación aparece por primera vez en esta carta. ¿Increíble, que como tal no había aparecido antes? Es más increíble que esta es la primera carta de Pablo. De manera que todas las enseñanzas que Pablo iba a traer posteriormente dependían de algo que él define en esta carta, en el versículo 16. "Puesto que por las obras de la ley nadie será justificado." Eso es una negación universal: nadie. Eso es lo mismo que Pablo dice en Romanos 3:20: "Porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él, pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado." La ley lo único que puede hacer es revelarte tu pecado.
En ese versículo 16, Pablo dice tres veces que por las obras de la ley, en un solo versículo, nadie puede ser justificado. Y en ese versículo 16, Pablo dice tres veces que es por la fe en Cristo Jesús que somos justificados. En dos ocasiones lo dice exactamente de esa manera y en una dice que hemos creído en Cristo Jesús para justificación. De manera que es lo mismo. Tres veces por las obras de la ley nadie puede, tres veces por la fe en Cristo Jesús es que podemos, en un solo versículo.
La palabra en el original para justificación es dikaio. Es un término tomado prestado de las cortes judiciales. Literalmente hablando, la justificación es lo opuesto de la condenación. Cuando un juez condena a alguien, declara culpable a alguien. Es el antónimo de la condenación. Y la justificación, cuando un juez justificaba a alguien, recuerda que la palabra fue tomada prestada de las cortes judiciales, entonces el juez declaraba a la persona no culpable.
Esas dos palabras: no culpable. Porque no lo declaraba inocente. Eso es lo increíble de la justificación nuestra. Es que nos han declarado no culpables, pero no inocentes. Tú has sido declarado no culpable a pesar de que eres culpable. Pero pastor, eso es como ilógico, porque no lo eres, no eres inocente, pero te declaran no culpable. Así es, son dos cosas completamente diferentes, y lo que hace la diferencia es la cruz.
¿Sabes por qué? Porque en la cruz hubo un hombre que vino a representarme que sí era inocente. Y Él fue clavado en la cruz como culpable. De manera que yo, que no soy inocente, pudiera ser declarado no culpable. ¿Entendiste el juego de palabras? Cristo vino siendo inocente, se cuelga en la cruz y permite que lo declaren culpable para que a su tiempo yo, que soy culpable, pudiera ser declarado como inocente, como... Porque ya dijimos que esa no es exactamente la palabra, y es por eso que me han declarado no culpable.
Ahora es mejor que eso. Porque si voy ahora a un juzgado delante de un juez y él, en la potestad que tiene, me dice: "Mira, te voy a declarar no culpable." Tú sabes que todavía queda un récord en algún lugar de la justicia dominicana que habla de mi caso, habla de mi transgresión y al final hay como un perdón de mi transgresión, pero queda un récord de eso.
Pero resulta que cuando nosotros somos justificados por lo que Cristo ha hecho, no es simplemente que me perdonaron, es que después que me perdonaron tomaron el récord que existía contra mí y lo deshicieron, de manera que es como si yo nunca hubiese pecado anteriormente. ¡Hola! La evidencia de que soy transgresor ha sido destruida.
Mira cómo Pablo explica esto a los colosenses en 2:13-15: "Y cuando ustedes estaban muertos en sus delitos y en la incircuncisión de su carne," eso es la gente, los gentiles, "Dios les dio vida juntamente con Cristo, habiéndonos perdonado todos los delitos." Entonces, Dios me perdonó, pero no lo dejó ahí, "habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio y lo clavó en la cruz."
Imagina lo que Cristo ha hecho. Si no te acusa, la acusación, ¿dónde está? Yo cumplí la ley o deshice la ley, de manera que no hay récord de transgresión tuya contra la ley. Lo que hay es un récord de que yo morí por ti, te limpié de pecado, te di mi santidad, y sabes qué, es como si nunca hubieras pecado.
Si eso no te lleva a vivir por Cristo para el resto de tus días, nada lo va a hacer. No hay amenaza, no hay temor, no hay nada que lo va a hacer, que no sea la apreciación por lo que Cristo hizo por ti en la cruz. La deuda fue creada en la cruz y cancelada por Cristo, y eso me da entrada.
¿Tú sabes cómo David expresó eso? Si había un hombre en el Antiguo Testamento que podía como enseñarnos bien esto, aunque probablemente no lo podía entender tan bien como nosotros podemos ahora a la luz de todo lo revelado. Escucha cómo David lo dijo en el Salmo 32, versículos 1 y 2: "Bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto." La misma cosa. "Bienaventurado es el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad y en cuyo espíritu no hay engaño." Bienaventurado es el hombre a quien el Señor no encuentra culpa ya.
Pablo cita este verso, ese salmo, ¿no? De David, en Romanos 4:8, dice: "Bienaventurado el hombre cuyo pecado el Señor no tomará en cuenta."
¿Cuál era la pregunta de Job? ¿Cómo puede el hombre ser hallado justo? En el Antiguo. ¿Cuál era la pregunta de Bildad? ¿Cómo puede ser el hombre hallado justo? En el Antiguo. ¿Saben qué? Esa pregunta la respondieron en el Antiguo Testamento. No hubo que esperar al Nuevo Testamento para saber cómo, y la respondieron tan claramente como el Nuevo Testamento lo dice. La respondió Dios, claro, nadie más podía responderla. ¿Cómo puede el hombre ser justo delante de Dios? ¿Quién puede responder esa pregunta? Senos dio.
Habacuc 2:4: "El justo por la fe vivirá." ¡Oh, wow! ¿Ya eso está ahí, pastor, en el Antiguo Testamento? ¡Sí, está ahí! El Antiguo Testamento apuntaba al Nuevo Testamento. Lo que el Antiguo no te reveló es cómo era que se iba a ocurrir, pero Dios lo fue develando en Habacuc.
Job dice: "¿Y cómo puede el hombre ser encontrado justo delante de Dios?" Y Dios dice: "Espera, te voy a decir, te voy a enviar un profeta, se llama Habacuc. Él te va a decir: el justo," o sea que ya se sabe que es justo, "pero ¿cómo es que él es justo? Por la fe vivirá."
Luego se habla de Abraham, en el Antiguo Testamento, dice que Abraham creyó, eso es fe, y le fue contado por justicia. De manera que el Antiguo Testamento, mira, mira lo increíble de la Palabra de Dios, el Antiguo Testamento mira al Nuevo y dice: "El justo por la fe vivirá." El Nuevo Testamento mira al viejo y dice: "¿Pero eso está en la vida de Abraham?" Porque Abraham creyó y le fue contado por justicia. Y lo que hemos visto es cómo el Nuevo Testamento estaba escondido en el Antiguo, el Nuevo escondido en el Antiguo, y cómo el Antiguo es revelado en el Nuevo.
Ahora, la fe de que habla la Biblia y que nos salva, no es un conocimiento intelectual. No es simplemente así, un día pasado, yo creí, yo confesé al Señor Jesucristo como Señor y Salvador, le pedí perdón. ¿Puedes hacer todo eso? ¿Puede ser verdad? ¿Puedes ser única, exclusivamente intelectual? No intelectual en el sentido orgulloso del intelecto, por así decirlo, no, cerebral de entendimiento, no. Santiago dice no, así no.
Santiago escribe la carta y dice: "Pero el problema que yo tengo aquí en Jerusalén" —voy a actuar la cabeza de Santiago, que está en Jerusalén— "es que yo veo gente que está diciendo eso, pero después yo veo que en su vida yo como que no veo las obras típicas de la salvación." No las que te ganan salvación, sino las que reflejan que hay salvación. Y por eso es que Santiago escribe y dice: "Bueno, enséñame tus obras. Yo te voy a enseñar mi fe por las obras." En otras palabras, hay obras que tienen una calidad tal que solamente se pueden explicar por una obra del Espíritu Santo en ti que genera un fruto, que tú puedes decir: "Eso es fruto de salvación." Pero hay otras obras que no tienen tal calidad, pero son obras.
Y Santiago dice... No, pero es que Santiago está hablando de que el hombre es justificado. Lutero tuvo un problema con el libro de Santiago originalmente, la carta de Santiago. Lutero tuvo un problema con más de una carta; tuvo un problema con Hebreos y con Judas. Pero no, pero porque Lutero venía de un trasfondo de la Iglesia de Roma donde había cosas que necesitaba entender también, y que fue entendiendo en el tiempo. Pablo está hablando de la justificación delante de Dios, y eso es como es: por la fe en Cristo Jesús. Y es la justificación que vale.
Pero Santiago está hablando de la justificación... Porque es que Santiago habla de que el hombre es justificado por las obras, pero Santiago está viendo la otra cara de la moneda. Está diciendo: "No, yo estoy hablando de la justificación delante de los hombres." ¿Cómo sabemos nosotros que realmente una persona es salva y que está en un estado de justificación? Es ante Dios y es conocido por sus obras. Pero ¿son esas obras las que le dan salvación? No, no, no. Es que estas son las obras, el fruto del Espíritu, que revelan el estado de salvación de su alma.
Entonces, así es como entendemos el versículo 16 ahora, donde Pablo dice tres veces que el hombre no es justificado por las obras de la ley, tres veces, y tres veces que el hombre es justificado por fe en Cristo Jesús.
El versículo 17: "Pero si buscando ser justificados en Cristo" —un verso un tanto complejo— "también nosotros hemos sido hallados pecadores, ¿es Cristo entonces ministro de pecado? No, de ningún modo." Lo que Pablo está tratando de explicar es que si nosotros, Pedro y yo, por ejemplo, somos justificados por Cristo o en Cristo, y ahora de repente nosotros, como confiando en esa justificación, somos hallados culpables, pecamos, entonces ¿implica eso que Cristo, que me llevó a creer en su justificación, es el agente de pecado? O sea, ¿Cristo es el culpable de que ahora, como me creo justificado, ahora yo voy y peco? ¿Entonces Cristo es el culpable, el agente de pecado? Pablo dice: "No, de ningún modo." ¿Cómo se te ocurre pensar en una cosa similar?
Entonces Pablo continúa explicando cuál sería la respuesta a eso que yo acabo de decir. El versículo 18: "Porque si yo redifico lo que en otro tiempo destruí, yo mismo resulto transgresor." En otras palabras, en un tiempo yo me deshice de la ley. Entonces si yo ahora, lo que Pedro está haciendo, voy a reedificar lo que destruí en un momento dado, claro que me voy a encontrar como transgresor. Por más de una razón. En primer lugar, la ley que yo volvía a colocar en su lugar me va a acusar, me va a decir: "Tú no me estás cumpliendo," por así decir. O claro que soy encontrado transgresor. Pero hay otro problema, y es que si yo dejé la ley cuando no debía haberla dejado, entonces yo pequé. Y entonces ahora, si estoy en Cristo y dejé a Cristo para abrazar la ley cuando no debía haberlo dejado, también pequé.
Lo dice en el versículo 19: "Pues mediante la ley yo morí a la ley, a fin de vivir para Dios." Otro versículo como un tanto complejo. ¿Cómo es que tú mueres a la ley mediante la ley? La Nueva Traducción Viviente nos ayuda un poquito a entender. Escucha, la Nueva Traducción Viviente le da como el sentido del entendimiento de un pasaje, y aunque no le está traduciendo literalmente, como que traduce el entendimiento lo más cercano posible. Esto es lo que dice: "Pues cuando intenté obedecer la ley, la ley misma me condenó."
Pero eso es que morí a la ley, y morí a la ley mediante la ley. Así que morí a la ley, es decir, dejé de intentar cumplir todas sus exigencias, a fin de vivir para Dios. Ok, traté de cumplir la ley, la ley me mató, y entonces, como yo me di cuenta que no podía cumplir sus exigencias, pues yo la dejé a un lado. Y en vez de vivir para la ley, comencé a vivir para Dios.
Hubo un momento en la vida de Pablo cuando él pensó que había cumplido la ley de una forma intachable. De hecho, ese es el currículum que le presenta a los filipenses cuando les dice lo que era, tú sabes: "Circuncidado al octavo día, de la tribu de Benjamín, fariseo de fariseos," y ahí les dice: "En cuanto a la ley, irreprensible." ¿En serio? No, Pablo supo posteriormente, aprendió posteriormente, descubrió que fue que el pecado que estaba en él lo había engañado. Es lo que les explica en la carta a los Romanos: "El pecado que estaba en mí, el pecado me engañó, y por medio del engaño me mató." ¿Cómo fue que me mató? Bueno, me dejó en una condición de muerte pensando todo el tiempo que ya estaba bien cumpliendo la ley.
Y eso es lo que le está tratando de explicar a los gálatas ahora. Y yo morí a la ley finalmente. Entonces yo no voy a seguir esforzándome, está Pablo diciendo, por cumplir la ley. Yo voy ahora a vivir para Dios.
Versículo 20-21, Pablo dice: "Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí. Y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí."
Esos dos versículos contienen la explicación de lo que implican dos cosas: el estar en Cristo, una frase muy paulina, repetida en innumerables ocasiones a lo largo de sus cartas —en Cristo, en Cristo, en Cristo— e implican, o mejor dicho, este versículo refleja lo que es la identificación del creyente con Cristo. Ambas cosas: la identificación del creyente con Cristo.
Escucha: "Con Cristo he sido crucificado." En otras palabras, cuando a Cristo lo clavaron, a mí me clavaron. Cuando Cristo resucitó, yo resucité. Literalmente hablando. ¿Por qué? Porque mi identificación con Cristo depende de estar en Cristo, y cuando estoy en Cristo, lo que a Cristo le pasa, a mí me pasa. Cristo cumplió la ley, yo cumplí la ley. A Cristo lo crucificaron, a mí me crucificaron. Cristo resucitó, pues yo fui resucitado. Cristo pasó la prueba, yo pasé la prueba.
Y Pablo está diciendo, por eso, que ya la vida que yo vivo no la vivo yo. ¿Cómo que no la vives tú, Pablo? Entonces ¿quién hay que la vive? Y si no la vivo yo, entonces ¿quién hay que la vive? La vive Cristo en mí. ¿Cómo que la vive Cristo en ti, si Cristo está a la derecha del Padre? Sí, pero Él puso la tercera persona de la Trinidad para darme el poder, la habilidad de que yo pueda vivir la vida que Él compró para mí, y no la vida de la carne que yo vivía en el tiempo de condenación y de impiedad.
Por tanto, la vida que yo ahora vivo no la vivo en la carne; yo la vivo en Cristo. Y más bien, la vida de Cristo en mí a mí me da el poder, la disposición, la motivación, me da las promesas, me da la garantía, me da la perseverancia. Es Él que la vive. ¡Guau! Imagina los privilegios que nosotros tenemos.
Y ¿dónde usted encuentra eso, pastor, cuando Cristo es que vive esa vida? ¿Verdad? Está aquí: "La vivo por la fe en el Hijo de Dios." Entonces, por la fe en el Hijo, yo hago uso del poder que mora en mí, que resucitó a Cristo de entre los muertos, que es el poder del Espíritu Santo. Entonces, la vida en Cristo se vive por fe en el poder del Espíritu.
Y la segunda verdad que Pablo nos declara es que lo que hizo posible eso está en el versículo 21: es que Cristo me amó y se entregó a sí mismo por mí. Cristo me amó y se entregó a sí mismo por mí. ¿Qué tú piensas que sería como la respuesta lógica, racional, a esto? ¿Qué está Cristo y Él se entregó por mí? ¿Qué hago yo? Se entregó por mí. ¿Cuál sería la respuesta lógica? Como que la lógica diría que aquí estoy yo, y ahora yo vivo para Él. ¿No debería eso ser como la respuesta lógica? Lo que bajó, lo que estaba arriba bajó. Cristo me amó y murió por mí. Ahora que yo recibí ese beneficio, yo era el que estaba condenado; lo menos que yo puedo hacer es tratar de ascender, por así decirlo, y vivir su vida.
Es exactamente lo que Pablo dice a los corintios en 2 Corintios 5:15: "Y por todos murió." ¿Para qué fue que murió Cristo? Bueno, aquí lo dice Pablo: "Para que los que viven ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos." Tú ves cómo la Palabra de Dios se complementa, se explica, se expande, se confirma. Él murió por una razón: bueno, te salvó. ¿Qué? Pero ahora que estás salvo, ¿para qué? Ahora que tú vives, ¿y cómo lo vives? En el poder del Espíritu, por fe en Cristo. Ya tú no vives para ti, sino para Aquel que murió y resucitó por ti.
Esa es la razón por la que Pablo le dice a los gálatas: "Ya yo no vivo para mí; yo vivo para Dios. Yo morí a la ley para vivir para Dios."
Y finalmente, Pablo le dice a los gálatas en el versículo 21: "No hago nula la gracia de Dios." Yo no voy a anular la gracia de Dios. Esto es algo que vino a mí sin yo merecerlo. Pedro, con ese comportamiento, con esa forma, con ese regreso a los judaizantes, con abrazar esas obras de la ley, o sea, lo que están haciendo ustedes, están anulando la gracia de Dios. Si anulan la gracia de Dios, ¿sabes qué va a pasar? Están anulando su salvación. Y eso es exactamente como Pablo está concluyendo.
Yo no voy a hacer nula la gracia de Dios, porque si la justicia viene por medio de la ley, entonces Cristo murió en vano. La justicia es ese estado de rectitud moral perfecta, righteousness como hemos hablado en inglés. Si eso viene por medio de la ley, si tú piensas que es el cumplimiento de la ley, tú sabes que la crucifixión de Cristo fue una pérdida. Puesto en lenguaje vulgar, pero no profano: una estupidez, un sinsentido crucificar a la segunda persona de la Trinidad cuando tú podías alcanzar ese estatus cumpliéndole la ley. Y Pablo dice: "No, yo no voy a anular la gracia de Dios, de ningún modo, imposible". Yo voy a proclamar la gracia de Dios, yo voy a vivir la gracia de Dios, yo voy a creer en la gracia de Dios, yo voy a recibir la dádiva de Dios, y le voy a decir a otros cómo es.
Eso es lo que le escribe a los efesios, capítulo dos, en los versículos ocho y nueve, cuando dice qué cosa: que la salvación es por gracia. Salvación es por gracia por medio de la fe. Y entonces uno aclara: "Ok, es por fe, pero yo hice la fe, entonces la fe es mía". Espérate, no vayas tan rápido. Sí, tú hiciste la fe, pero escúcheme: esto, la fe, no es de vosotros. Ajá, entonces la fe que yo ejerzo tampoco es mía. Es tuya después que te la dan. Y esto no es de vosotros, sino que es un don de Dios. Dios te dio la fe, te dio por gracia la fe que ahora es tuya, que ahora tú ejerces, para que ahora tú puedas recibir salvación en Cristo Jesús. Como dirían en inglés: it doesn't get any better than that. No hay nada mejor que eso, no hay nada que lo pueda superar.
Si tú entiendes todo lo que estamos hablando hoy, entiendes la magnitud de la gracia de Dios y de las dádivas, en plural, de Dios. Tú no necesitas ninguna otra motivación para vivir la vida cristiana. Tú no necesitas como que tu vida vaya bien, que todo te salga bien, que sigas siendo creyente, que nada falle, que no te falte nada. Tú tienes suficiente razón para vivir para Cristo, en Cristo, para la gloria de Cristo, por gracia en Cristo, en el poder de Cristo, para proclamar y reflejar el satisfacción de Cristo.
En conclusión, la justificación implica, número uno, una justicia que proviene de Dios. Rectitud moral, cuando piensas en justicia en este sentido, que proviene de Dios. Una justicia o rectitud moral lograda independientemente del hombre, de tu esfuerzo o de la ley. La justificación es un don, es una gracia independientemente de las obras de la ley. Es imputada, es cargada a tu cuenta, no te la has ganado. Es dada a pecadores; si no fuéramos muy pecadores, no la necesitáramos. Es recibida por fe.
La justificación, en último caso, es la persona y la obediencia de Cristo en su obra de expiación hecha a mi favor. La justificación, por eso es que Pablo les escribe a los corintios y usa varias palabras para definir a Jesús: redención es una, santificación es otra, justificación es otra. La justificación es la persona y la obediencia de Cristo en su obra de expiación hecha a favor mío, y es dada como resultado de la unión con Cristo. Ese sería como el concepto cuando hablamos ahorita de la identificación con Cristo, de estar en Cristo. Eso es lo que teológicamente ha sido llamado mi unión con Cristo. Es real y es completa. Por eso cuando Él murió, yo morí. Cuando Él resucitó, yo resucité. Cuando Él fue declarado culpable en el tiempo, yo fui declarado inocente porque Él pagó por mí.
Padre, gracias. Gracias por tu gracia, que es más grande de lo que yo me puedo imaginar, de lo que yo puedo concebir. Gracias por tu gracia, que es algo que nosotros como seres humanos ni siquiera podemos definir completamente. ¿Cómo es posible que yo pueda recibir algo de una forma tan extraordinariamente inconcebible y que yo no haya tenido que ejercer ningún esfuerzo y que yo no tenga ningún mérito en lo recibido? Y eso solamente encuentra su explicación en la persona de Cristo. Padre, gracias por dar tanto. Y, Hijo, por darte, por una entrega que nosotros ni siquiera sabemos cómo corresponder a la hora de vivir. Gracias, Espíritu de Dios, por hacer en nosotros lo que nosotros no podemos. En Cristo Jesús hemos predicado y confiado. Bendiciones.
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