IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
El gozo del Espíritu no es ausencia de tristeza ni depende de circunstancias favorables. Es un sentimiento de satisfacción y plenitud que nace de un sentido profundo de la presencia de Dios, acompañado de la certeza de que Él conoce, controla y usará toda experiencia para formar en nosotros el carácter de Cristo. Esta distinción es crucial: Cristo mismo lloró ante la tumba de Lázaro, se angustió hasta la muerte en Getsemaní y volcó mesas con ira santa en el templo, y ninguna de esas experiencias le robó el gozo del Espíritu.
El apóstol Pablo encarna esta realidad. Desde una prisión, solo y abandonado por todos, escribe que el Señor estuvo con él y lo fortaleció. Su secreto aparece en Filipenses: "Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia". Su única preocupación era que Cristo fuera exaltado, estuviera en libertad o en cadenas, con provisión o en escasez. Por eso pudo ordenar con autoridad: "Regocíjense en el Señor siempre". No es una sugerencia; es un imperativo, y el adverbio que lo acompaña —siempre— no admite excepciones.
Este gozo no se busca como quien busca un objeto perdido; se recibe cuando buscamos al Dador. Requiere la morada del Espíritu, una vida de obediencia, disposición de gratitud y una mente espiritual puesta en las cosas de arriba. La ingratitud y la amargura son sus mayores ladrones. Cuando Adán y Eva salieron del huerto, perdieron la experiencia de seguridad, propósito, paz y plenitud que solo se encuentra en la presencia de Dios. Acercarse a Él es comenzar a recuperar, aunque sea parcialmente, lo que aquella pareja perdió —y con ello, el gozo permanente que el mundo no puede dar ni quitar.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Les invito desde ya a que puedan abrir sus Biblias o encenderlas, y quedarse ahí en Gálatas 5. Estamos dando continuación a lo que iniciamos la semana anterior, estamos exponiendo el fruto del Espíritu. Mi mensaje en esta mañana tiene el título de "Cuando el gozo del Espíritu es tu marca distintiva".
La semana anterior nosotros vimos la primera virtud del fruto del Espíritu que es el amor, y decía en el servicio anterior que necesito hacer una breve introducción. Y es la aclaración de que las introducciones son importantes porque nos conectan, pero en este caso tiene una conexión que va más allá de lo que quizás se puede ver a simple vista. Y es que la primera virtud de la cual hablamos, del amor, está íntimamente relacionada a esta segunda que es el gozo, porque es prácticamente imposible tú experimentar el gozo del Señor o del Espíritu en ausencia de amor.
El domingo pasado nosotros definimos primero lo que era el gozo, o mejor dicho, el fruto del Espíritu, sus implicaciones, y luego vimos lo que era el amor como la Palabra lo define, lo entiende. Una virtud tan cardinal que el apóstol Pablo, cuando le escribe a los corintios en el capítulo 13, se atreve a decir lo siguiente: "Si yo hablara lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, he llegado a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe. Si tuviera el don de profecía y entendiera todos los misterios y conocimiento" —imagínate ahora que yo pudiera tener el don de profecía y que entendiera todos los misterios, que pudiera tener todo el conocimiento que Dios tiene— "y si tuviera toda la fe como para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy", absolutamente nada. "Y si diera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me aprovecha".
En otras palabras, cualquier cosa que yo haga como cristiano en ausencia de amor pierde su valor, absolutamente todo. No importa lo que hagas, la falta de amor anula lo hecho. Es exactamente lo que el apóstol Pablo está diciendo. Y pensar que nosotros leemos acerca del amor, tantas veces hemos leído acerca del amor, hemos escuchado mensajes, sermones acerca del amor, y le damos tan poca importancia. Y sin embargo es el fundamento de todo lo que sigue, es el fundamento de toda la vida cristiana.
Alguien pudiera decir: "Pastor, pero yo no puedo fingir el amor, yo no puedo crear sentimientos". A lo cual pudiera yo responder, o Cristo pudiera decir: "Por eso yo te mandé. Yo no te he pedido que sientas el amor, sino lo que yo te pedí, yo te pedí que practiques el amor". Y eso yo puedo hacerlo hasta con un enemigo.
La semana pasada dijimos que cuando Pablo habla o trata de definir en esa Primera Carta a los Corintios, capítulo 13, el amor para nosotros, nosotros leemos en nuestro idioma que el amor es paciente, es bondadoso, y luego continúan diez, doce, trece cosas más después, bueno, en total. Que estas cosas que están dichas del amor no son adjetivos como aparecen en nuestro vocabulario, no son adverbios, no son nombres, son verbos. Y que por tanto sería más apropiado pensar que lo que Pablo está diciendo es que el amor no es simplemente que es paciente, sino que se comporta pacientemente; que no es simplemente que el amor es bondadoso, sino que se comporta bondadosamente. Esas acciones del amor pueden ser hechas y practicadas con cualquiera.
Y pensar que Pablo está definiendo el amor más sublime, el amor ágape, el amor incondicional. Y cuando del amor incondicional se trata, raramente, si alguna vez, los sentimientos están anteriores a la obediencia. En otras palabras, tú obedeces y luego el amor incondicional, los sentimientos del amor incondicional comienzan a aparecer.
Yo creo que nosotros necesitamos entender, a pesar de que ya predicamos todo un mensaje acerca del amor, estamos a entender todavía mejor de qué estamos hablando cuando la Palabra de Dios habla del amor ágape. Y digo eso porque mucho de lo que nosotros llamamos amor no es más que amor romántico o amor idílico. Y pensar que la persona que más te puede amar, que mejor te puede amar, tiene cero amor romántico hacia ti o hacia mí. Y sin embargo, es el amor que la mayoría de la gente como que anhela experimentar. Nosotros necesitamos un ajuste importante, significativo, en lo que tiene que ver con nuestro entendimiento acerca del amor.
La práctica del amor romántico debiera esperar hasta que el amor incondicional haga su aparición, porque cuando no es así, frecuentemente termina en la desvalorización del otro y en una utilización del otro. Dicho de otra manera, el amor romántico, previo o anterior al matrimonio, nunca debiera practicarse en ausencia de amor incondicional.
Y muchas veces cuando las personas comienzan a relacionarse, usualmente el hombre tiende a decir tempranamente, a veces a las horas, días, a la mujer: "Te amo". ¿En serio? Cuando en realidad debiera estar diciendo: "Te deseo". En cuyo caso la mujer debería estar respondiendo: "Gracias, pero tu deseo tendrá que esperar hasta que tu amor romántico o la incondicionalidad de tu amor aparezca".
Ahora, yo sé que una vez nosotros nos casamos, adquirimos responsabilidades, y por eso el apóstol Pablo en 1 Corintios 7 dice que los esposos no deben negarse el uno al otro, de manera que esta es una práctica del amor romántico que ahora adquirió una cierta responsabilidad también. Pero usaba eso como introducción porque la posibilidad de experimentar el gozo del Espíritu, que es la segunda virtud que estamos revisando hoy, depende de que yo pueda amar a esa otra persona, incluyendo a Dios mismo.
Y con eso de introducción, entonces yo quisiera volver a leer los versículos 22 y 23 de Gálatas 5, que nos recuerdan que el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley.
En el tiempo que nos queda, vamos a hablar de cuando el gozo del Espíritu es tu marca distintiva. Cuando tú eres conocido como hijo de Dios porque hay algo en ti, hay un gozo en ti en medio de circunstancias que no pudiéramos explicar, eso es lo que te distingue. En medio de una vida difícil, de tribulación, de pruebas, de dificultades. En medio de una vida que, como dice esa frase en inglés pero la traduzco al español, cuando algunos dicen: "La vida es dura y luego tú mueres". Es como que de principio a fin tú naces en medio de esa vida y tú mueres en esa vida y luego ya acabó. Esa es la vida que a ti y a mí nos ha tocado vivir. En medio de eso, si tú puedes vivir el gozo del Espíritu, eso se va a constituir en una marca distintiva.
Realmente, la mayoría de los hijos de Dios no ha experimentado el gozo del Espíritu, y si lo ha experimentado, quizás no ha entendido lo que es y lo que no es. Eso es parte del problema, porque cuando no sé lo que algo es, no sé cómo experimentarlo o vivirlo. Pero tampoco yo creo que la mayoría de los hijos de Dios conocen las bendiciones y los beneficios de experimentar o de vivir dicho gozo. De manera que yo quiero abordar, en el tiempo que habrá que nos queda por delante, cada una de esas preguntas, cuestionantes, dificultades, dudas, para que nosotros podamos salir mejor edificados de aquí y más dispuestos a experimentar lo que para nosotros es una necesidad, y es vivir el gozo del Espíritu en mi vida cristiana.
Algunos han tratado de hacer la diferencia entre alegría y gozo. De las cosas que han dicho es que el gozo lo produce el Espíritu, mientras que la alegría es algo más de las circunstancias. Suena bien. Otros han dicho que la alegría es más temporal y el gozo más permanente. Suena como muy bien. Esa lista se hace larga, pero sabes qué, no la voy a continuar porque cuando tú entras a la Palabra de Dios, y sobre todo en el Antiguo Testamento, no hay ninguna diferencia entre alegría y gozo. En la literatura de sabiduría, que habla mucho de alegría y gozo, sobre todo los Salmos y Proverbios que hablan algo de eso, no hay ninguna diferencia en esas dos palabras.
De hecho, déjame leerte un proverbio para que tú puedas ver a qué me estoy refiriendo. Proverbios 11:10 dice: "Con el bien de los justos se regocija la ciudad" —tiene que ver con gozo, se regocija la ciudad— "y cuando perecen los impíos hay gritos de alegría". Es una idea similar, de manera que lo que está debajo, la segunda línea, no dice nada nuevo diferente con relación a la primera línea. Y eso es un tipo de paralelismo, es llamado así en la literatura hebrea. De manera que hoy en día no estamos aquí para establecer esa diferencia; estamos aquí para entender mejor y posiblemente llegar a exponer el gozo del Espíritu.
El Diccionario de la Real Academia define el gozo como "alegría del ánimo". Me ayuda mucho porque usó un sinónimo para definir la palabra gozo: alegría del ánimo. Pero el diccionario del inglés, Merriam-Webster, a de cien años en existencia, define el gozo como "sentimiento de gran alegría". Estamos en el mismo lugar. Pero aun si esas definiciones fueran correctas, son muy superficiales a la luz de lo que la Palabra de Dios tiene que decir acerca del gozo del Espíritu.
Comenzando por el hecho de que, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, el gozo del Señor está íntimamente relacionado a mi salvación. Claro, porque si es del gozo del Espíritu y yo no recibo el Espíritu hasta que soy salvo, esa experiencia tiene que estar relacionada a mi salvación. Comenzando por ahí, por el entendimiento que Dios tiene de lo que es el gozo del Espíritu, no es lo que nosotros usualmente entendemos por gozo.
Haciendo uso de conceptos de algunos diccionarios teológicos, yo quisiera construir, o quise construir, esta definición de lo que es el gozo del Espíritu, con la cual vamos a estar lidiando por el resto del tiempo. El gozo del Espíritu, escucha, es un sentimiento de satisfacción y plenitud —nada de algarabía— en cualquier circunstancia, experimentado como resultado de un sentido profundo de la presencia de Dios en nuestras vidas, que nos recuerda que no importa la experiencia por la que atravesemos, Él la conoce, la controla y la usará para formar en nosotros el carácter de Cristo, para llevarnos a vivir más cerca de Él, en dependencia de Él y para la gloria de Él.
Déjame ver si puedo como desempacar eso un poquito. El sentimiento es de satisfacción y plenitud. El origen del sentimiento es Dios. La razón de ese sentimiento es la presencia de Dios, el sentir profundo de su presencia. Y la posibilidad de experimentarlo está relacionada al hecho de que yo pueda entender que aun los desiertos llevan a cabo los propósitos de Dios en mi vida, y que aun el maná diario por cuarenta años, por repetitivo que sea, es una maravilla cuando tú tienes un apetito divino. ¿Sienten la diferencia?
Yo creo que esta definición es importante porque nos permite entender que es posible tener el gozo del Espíritu y pasar por experiencias de tristeza de un día, de semanas, de meses y aún más, claro. Esas dos cosas no están divorciadas en lo más mínimo. Yo creo que la mayoría de nosotros no ha experimentado dicho gozo, comenzando porque ni siquiera entiende bien qué es lo que esto significa.
Pero yo creo que estaríamos de acuerdo, pienso yo, que si ha habido en la historia de la iglesia una persona que haya podido vivir el gozo del Espíritu continuamente, tendría que ser, y fue, la persona de Cristo Jesús a su paso por la tierra: la segunda persona de la Trinidad de Dios, el gozo de la tercera persona de la Trinidad, todo el tiempo a su paso por la tierra. Y sin embargo, Él fue la misma persona que lloró ante la tumba de Lázaro, cuando se entristeció cuando vio a Marta y a María llorar. Juan 11:32-36 nos hablan de esa experiencia.
Es la misma persona que supo llorar cuando vio a Jerusalén a días de su crucifixión y contempló en el futuro las consecuencias que van a venir sobre los ciudadanos de la ciudad, y lloró, dice Lucas 19:41-42. Todavía más, Hebreos 5:7 nos dice que durante los días de su carne, Cristo oró, Cristo ofreció al Padre oración y súplica con gran clamor y lágrimas. No una vez; en los días de su carne, Él supo hacer eso más de una vez. En el huerto de Getsemaní, Cristo dijo que su alma estaba angustiada hasta la muerte. Y sin embargo, ninguna de esas experiencias le robó a Cristo el gozo del Espíritu. ¿Sienten de lo que les hablo?
En otra ocasión, Cristo entró al templo y vio a estos mercaderes haciendo negocios en la casa de su Padre, y Él se airó y tumbó las mesas. Y sin embargo, esa experiencia tampoco le robó el gozo del Espíritu. De manera que el gozo del Espíritu no implica ausencia de tristeza. Óyeme eso otra vez: el gozo del Espíritu no implica ausencia de tristeza.
En medio de la tristeza —déjame leerles esto para que lo puedan entender exactamente como lo escribí— en medio de la tristeza, nosotros podemos tener un sentido profundo de la presencia de Dios, acompañado de una garantía de que Dios está obrando para su gloria. Pero además está obrando para nuestro bien, y en medio de esa combinación de emociones, experimentar satisfacción. De eso es lo que estaba hablando.
El apóstol Pablo no era Dios, un Dios encarnado como Cristo, y sin embargo, él supo entender lo que esto era, supo explicarlo y supo vivirlo. Cuando Pablo le escribió a Timoteo su última carta, el último documento del Nuevo Testamento de parte de Pablo, lo último que se escribió, el testamento de Pablo para Timoteo, él lo hace desde una prisión, lo hace en tristeza, lo hace en soledad. Y escucha sus palabras. Segunda de Timoteo 4, el versículo 16 en adelante: "En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron". Eso no es gozo a la manera como nosotros entendemos gozo; eso es soledad.
Pablo dice inmediatamente después: "Que no se les tenga en cuenta". Ya él comienza a darte otra visión de esto. "Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció, a fin de que por mí se cumpliera cabalmente la proclamación del mensaje y que todos los gentiles oyeran". Pablo nos deja ver: yo estaba solo, estaba abandonado, traicionado, y en medio de esa experiencia hubo una diferencia. Eso es lo que el Espíritu hace diferente: es que el Señor estuvo conmigo, el Señor llenó el vacío de soledad. Y no solamente que estuvo conmigo, estuvo conmigo de una forma tan real que el Señor me fortaleció en ese momento.
Pablo estaba experimentando ese sentido profundo de su presencia, y no solamente de su presencia, experimentó el hecho de que aun ese momento —su prisión, soledad, tristeza, abandono— estaba cooperando hacia los propósitos de Dios. Y por eso es que él dice literalmente que el Señor me fortaleció a fin de que se cumpliera cabalmente la proclamación del Evangelio y que todos los gentiles oyeran. Eso le dio otra dimensión en medio de la soledad.
Uno de los gigantes de la historia cristiana, Charles Spurgeon, conocido como el príncipe de los predicadores —otro le ha llamado la lengua de oro de Inglaterra— sus depresiones son históricas. Viendo una ocasión en su iglesia a alguien gritó "¡Fuego!" sin haberlo, y el caos que eso produjo terminó con la muerte de varias personas y varios lesionados. Spurgeon se deprimió tanto que varios domingos después, él llegó al púlpito y dijo lo siguiente. Imagínate que yo llegué al púlpito aquí para predicar y vine a decir esto: "Yo casi me arrepiento esta mañana de haberme aventurado a ocupar el púlpito porque me siento completamente incapaz de predicar para tu beneficio".
Inmediatamente él se incorpora, siguiendo, tiene que predicar: "Oh, Espíritu de Dios, magnifica tu fortaleza en la debilidad de tu siervo y empodéralo para honrar a su Señor, aun cuando su alma está profundamente triste dentro de él". Tú no oras de esa manera a menos que tú tengas llenura del Espíritu, y no puedes tener llenura del Espíritu sin el gozo del Espíritu. Pero de eso es que habla la llenura. De manera que una cosa y la otra no estaban despegadas.
Spurgeon conocía perfectamente bien lo que dice Santiago en su capítulo 1, que fue citado ya. Escucha cómo Santiago nos ayuda a entender esto: "Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia. Y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que sean perfectos y completos, sin que nada les falte".
Oye lo que Santiago dice y lo que Santiago no dice. Santiago no dice que la prueba de nuestra fe es un gozo; no dice eso. No, él dice que la tenga por gozo. Que te hagas de cuenta que, dado que las pruebas por las que atravesamos son usadas por Dios y corresponden al plan de Dios, entonces yo debo hacer como Cristo, que por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, y la tenga por gozo, de manera que eso cambie el sabor de la experiencia. ¿Y cuál es la razón por lo que voy a tener las pruebas, dificultades y tribulación por gozo? Porque ellas obran los propósitos de Dios.
Déjame leerte esto también que escribí anoche. El gozo del Espíritu es un regalo de Dios, es un regalo producido por su Espíritu. ¿Cuándo? ¿Cómo yo puedo tener eso, pastor? Cuando cultivamos una estrecha relación con Él, que nos lleva a estar satisfechos en toda circunstancia, conociendo que estoy donde estoy por designio de Dios, para los propósitos de Dios y para la gloria de Dios. Si conozco eso, yo puedo comenzar a cambiar el sabor de mi experiencia.
La pregunta entonces es si esto es algo que todo cristiano debería tener o si esto es como los dones: el gozo es como un don que unos lo tienen y otros no lo tienen. Bueno, el Nuevo Testamento no nos habla del gozo como un don, sino como un fruto. Y se supone que el fruto es del Espíritu, y el Espíritu mora en cada creyente. Por tanto, es el deseo de Dios que cada hijo de Dios viva el gozo del Espíritu producido por su Espíritu. El Nuevo Testamento no nos presenta esta experiencia como una opción, como una recomendación, como algo bueno para vivir, sino como una experiencia que todos debiéramos tener.
Entendiendo que el gozo no es algo que yo me gano, es algo que el Espíritu de Dios quiere dar de manera regular a todos sus hijos. Y eso es importante, yo lo puedo entender. Pablo lo entendió asimismo, que esto es algo tan vital que debe marcar a cada creyente. Cuando él escribe a los filipenses, la carta del gozo, es escrita desde una prisión oscura, solo, en una ciudad que lo había acusado, lo había perseguido, donde había gente que predicaban a Cristo por amor al dinero, donde habían algunos que eran enemigos de la cruz, a quienes Pablo les llama perros incluso. En estas condiciones Pablo escribe a los filipenses en el capítulo cuatro, versículo cuatro: "Regocíjense en el Señor siempre. Otra vez lo diré: ¡Regocíjense!"
No sé si notaste, pero hay un verbo clave, hay un adverbio clave, hay una frase clave. El verbo es "regocíjense", es un verbo en el imperativo, no es que lo consideres, que lo hagas. El adverbio es "siempre". ¿Cuándo lo voy a hacer? ¿Cuando la circunstancia me favorece? No. ¿Cuando las cosas avanzan y van bien? No. ¿Cuando tengo garantía de las cosas? No. Siempre. Para mí una frase clave es "en el Señor". Yo no puedo tener el gozo del Espíritu fuera del Señor, eso es una imposibilidad. Y si Dios es quien controla las circunstancias de nuestras vidas, entonces yo puedo confiar en el controlador de mi pasado, mi presente y mi futuro.
El apóstol Pablo trató de enseñar a toda su iglesia, la que él plantó, la que él visitó, trató de enseñar acerca de esto como una experiencia que todos debieran vivir. Y por eso, cuando les escribe a los tesalonicenses en su primera carta, capítulo uno, versículo seis, esto es lo que el apóstol Pablo dice: "Y ustedes llegaron a ser imitadores de nosotros y del Señor". En otras palabras, que está el Señor, yo imité al Señor, ustedes me imitaron a mí, al final terminaron imitando al Señor y a mí. "Habiendo recibido la palabra en medio de mucha tribulación". Okey, yo fui a ustedes, les prediqué el mensaje, les enseñé, fui de casa en casa, estuve en la sinagoga, pero tuve que salir corriendo al tercer sábado de reposo. Había mucha tribulación. Pero escucha: "habiendo recibido la palabra en medio de mucha tribulación con el gozo del Espíritu Santo". Okey, la tribulación de Tesalónica no les robó el gozo del Espíritu. No, yo estoy testificando que ustedes lo recibieron con el gozo del Espíritu a pesar de la tribulación, y yo fui y les visité en medio de la tribulación y experimenté la misma cosa. Por eso Pablo dice: "Y ustedes me imitaron a mí", pero yo estaba simplemente imitando al Señor Jesús.
Y antes de Pablo cerrar esa carta, en el capítulo cinco, versículo dieciséis, el apóstol Pablo les dice lo siguiente: "Estén siempre gozosos". Nota cómo dice "estén", no es que lo lleguen a alcanzar, es que en otras palabras permanezcan gozosos, que no se les vaya, no es que salgan a buscar el gozo. Escucha, el gozo no se busca, porque no es una cosa para ser encontrada. Tú puedes salir a buscarme a mí, te pueden encontrar conmigo. Tú puedes salir a buscar, no sé, algo que te haga falta en el supermercado y encontrarlo. Pero ¿dónde tú vas a ir a buscar un pedazo de gozo? ¿A dónde tú vas a decir: "Mira el gozo dónde va, no lo deje ir, agárralo rápido"? No, eso no es una cosa que se busca. Tú buscas a quien lo da, y cuando tú buscas a quien lo da en su presencia, tú puedes tener la experiencia del gozo en cualquier circunstancia.
Yo creo que la mayoría de nosotros estaríamos de acuerdo que el gozo del Espíritu es algo que Dios otorga. Estamos de acuerdo. Sin embargo, como dirían por la calle, más sin embargo, continuamente cometemos el error de buscar lo que Dios da en vez de buscar al dador. Ahí hay un problema, porque lo que yo estoy haciendo es buscando las añadiduras sin buscar al dador de aquello que yo deseo. Cristo lo enseñó, que nosotros debemos buscar primero el reino de Dios y su justicia, a su Dios, y todo lo demás se os dará por añadidura. Nosotros queremos las dádivas sin el dador.
Y lo ilustraba tratando de decir que queremos el sol o la luz del sol pero sin el sol, queremos la luz del sol pero sin que el calor nos moleste, queremos la luz del sol pero sin que su radiación nos queme. Y de esa misma manera muchas veces queremos el gozo del Espíritu pero sin la convicción que él produce cuando me estoy saliendo del camino. Queremos el gozo del Espíritu pero sin que el Espíritu llegue a restringir mis deseos pecaminosos, porque aquí no todo es Biblia ni todo es iglesia. Queremos el gozo del Espíritu cuando adoramos con los hermanos de la iglesia como estamos ahora disfrutando, y luego la contentura de la carne cuando estamos el resto de la semana con otro grupo. Si vas a querer la luz del sol necesitas recibirla con todo lo que la luz puede hacer, y si vas a querer el gozo del Espíritu lo necesitas recibir con todo lo que el Espíritu puede hacer.
Me voy bajando esto todavía aún más al día a día. Si en los últimos dos años de pandemia —eso deja fijado para la posteridad en qué tiempo se predicó esto— si tú encuentras que el gozo de tu vida cristiana se ha ido apagando, lo cual nosotros los pastores hemos ido encontrando, de cómo la pandemia ha ido enfriando un grupo de personas, lo más probable es que tú salgas a buscarlo por caminos ilegítimos. Y en estos caminos ilegítimos probablemente encuentres ese algo que pudieras confundir con el gozo del Espíritu, pero que es placer. Pero tarde o temprano el placer de la carne traerá consecuencias de la carne, y cuando estas consecuencias llegan, ni el placer está ni el gozo tampoco.
Esto es cómo ocurre en nosotros cuando yo me alejo del trono de Dios o de la gracia de Dios. Yo comienzo a buscar en los zafacones del mundo aquello que solamente tú puedes encontrar en la presencia de tu Creador y tu Redentor. Eso ha sido esta algo del Espíritu.
Si alguna vez tú has experimentado placer de cualquier tipo —puede ser incluso después de haber corrido, que sientes un cierto sentido de placer— si pudiéramos entrar a tu cerebro, esto es lo que ha ocurrido: ha habido un aumento de hormonas y neurotransmisores que tienen nombres. Uno se llama dopamina, otro se llama adrenalina, serotonina y otros. Lo que tú estás experimentando, esta sensación placentera, es el resultado de un proceso químico o bioquímico a nivel cerebral. Cuando esos neurotransmisores comienzan a bajar, así va bajando la intensidad del placer o de la experiencia que experimentas. La intimidad es el mejor ejemplo de ilustración de eso.
Pero cuando tú experimentas el gozo del Espíritu, lo que ha aumentado no es un nivel hormonal o bioquímico o de un transmisor neuroquímico; lo que ha aumentado es tu cercanía con Dios. La diferencia entre esas dos cosas es del cielo a la tierra.
Y la pregunta ahora entonces, que en buen dominicano se cae de la mata, es: ¿Qué es lo que yo experimento en la presencia de Dios que me da esta sensación placentera espiritual que llamamos gozo del Espíritu? Tú comienzas a experimentar todo lo que Adán perdió en la nieva. Si ustedes están en el jardín, aquí adentro, ellos tenían una serie de condiciones que les daban a ellos la sensación de satisfacción y plenitud de la que estamos hablando en esta mañana. Pero al final de la experiencia de pecado, ellos son expulsados del huerto, y ahora nosotros como sus descendientes estamos viviendo lejos de ese huerto que representa la presencia de Dios. Y mientras más me alejo, menos sé lo que es eso.
Cuando yo comienzo a acercarme a Dios, lo que está ocurriendo es que yo comienzo a experimentar en grado parcial aquellas cosas que Adán y Eva perdieron, y en presencia de esas cosas es que yo tengo la experiencia de satisfacción y plenitud. ¿Y cuáles son esas cosas? Me alegra que me preguntara. Esto es lo que experimenta: seguridad e identidad, certidumbre, propósito, significado, paz, entendimiento, dirección, esperanza y como consecuencia gozo permanente.
¿Te das cuenta cómo es que el gozo y la presencia de Dios están relacionados? ¿Quién no va a estar en gozo si tiene identidad, certidumbre, propósito, significado, paz, entendimiento, dirección y esperanza? ¿No va a estar en gozo? Si andamos preocupados, que es como andamos frecuentemente en la lejanía de Dios, no se puede experimentar gozo de esa manera. Si andamos en las cosas de la carne, no se puede experimentar. Los tubos de plantar placer: momentáneo, intermitente, que va a terminar. Porque para experimentar el gozo del Espíritu, tú necesitas vivir en la voluntad de Dios, porque fuera de la voluntad de Dios lo que vivo es pecado, y el pecado es justamente lo que a mí me roba el gozo del Espíritu.
El gozo del Espíritu del que estamos hablando no es tan común entre los hijos de Dios, aunque debiera ser parte de todos los hijos de Dios. Pero no es tan común porque solamente se puede experimentar en intimidad con Dios. Y frecuentemente y erróneamente lo que los hijos de Dios cultivan cuando nacen de nuevo, si lo hacen, es una intimidad con la iglesia, es una intimidad con los hermanos de la iglesia o con los hermanos de mi grupo bíblico, de mi estudio bíblico, una cercanía e intimidad con el grupo de adoración o con el coro. Pero nosotros no estamos hablando ni del gozo de la iglesia, ni del gozo del estudio bíblico, ni del gozo de los hermanos, ni del gozo de la hospitalidad cristiana.
Todas esas cosas en algún momento van a mermar, van a desaparecer o van a disminuir. Estamos hablando del gozo que el Espíritu produce, no importa dónde yo esté, dónde yo me encuentre. Y ese gozo es directamente proporcional a la distancia que yo vivo de la presencia de Dios. Mayor cercanía, mayor gozo. Eso es como es. Y es inversamente proporcional a cuánto yo vivo a la carne o en el Espíritu. A mayor vida en la carne, menor el gozo del Espíritu. A menor vida en la carne, inversamente proporcional, menor vida en la carne, mayor el gozo que experimento.
Ahora tú puedes ver entonces, ¿por qué el gozo del Espíritu no es tan común entre los hijos de Dios? Entonces tenemos que aprender a cultivarlo. Y quizás algunos están pensando: "Pero, ¿cómo lo cultivo?" Bueno, piensen en un fruto de la naturaleza, una fruta. ¿Qué requiere una fruta o un árbol frutal para poder dar ese fruto? Bueno, requiere de una tierra fértil, por lo menos que tenga los ingredientes necesarios, requiere de agua, requiere de luz del sol, requiere de un clima. Y hay productos que no crecen en climas áridos o cálidos, y otros que necesitan el frío para crecer. Bueno, esos son como requisitos para ver el fruto. De esa misma manera, el fruto del Espíritu tiene requisitos también.
Y quisiera hablar de eso, porque si lo voy a vivir necesito saber cómo lo voy a cultivar, cómo es que yo puedo ver esto en mi vida. Bueno, el requisito número uno ya lo mencionaba la semana pasada, lo mencionamos en el día de hoy más de una vez, y es que para que el fruto del Espíritu aparezca yo necesito la morada del Espíritu. Lo que implica una conversión, un nuevo nacimiento. No puedo como inconverso, en ausencia de la morada del Espíritu, esperar el gozo del Espíritu. No puedo, imposible. Ese es el requisito número uno.
Requisito número dos es la obediencia. Te imaginas lo incongruente que pudiera lucir que alguien que vive en desobediencia ande diciendo: "Tengo un gozo en esta desobediencia que es increíble, el gozo del Espíritu es mi fortaleza." No, eso como que es incongruente. Pero la Palabra enseña que es incongruente. Escucha lo que Cristo le dice a sus discípulos en el aposento alto, en Juan 15, versículos 10 y 11. Cuando leas el 10, fíjate bien, porque lo que Cristo dice en el 11 depende de lo que le dice en el 10. Juan 15: "Si guardáis mis mandamientos," eso es obediencia, sí, obedecen, "si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor." Dos veces Cristo les habla de obediencia: una de Él y otra de ellos. Si ustedes permanecen en mí, si ustedes obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor. De la misma manera que yo, dice Cristo, guardo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Hasta ahí está muy bien, es obediencia de lo que les está hablando.
El versículo 11 ahora: "Estas cosas os he hablado para que," con el propósito de, con la intención de que, "mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea perfecto." Yo les he hablado de la necesidad de obedecer para que mi gozo esté en ustedes, y es más, para que el gozo pueda ser completado. Fuera de la obediencia no puedes experimentar eso. De eso es lo que Cristo les habló: les he hablado estas cosas para que puedan experimentar gozo. De manera que yo necesito la morada del Espíritu y, además, una vida de obediencia. "Ah, pastor, por eso es que yo no tengo eso."
Número tres, yo necesito una disposición de gratitud. La ingratitud no reconoce las dádivas del Señor. Y cuando yo no reconozco las dádivas del Señor, lo que yo experimento es la amargura, y la amargura es el mayor ladrón del gozo del Espíritu. Si había algo dulce del gozo del Espíritu, la amargura me lo amarga, valga la redundancia. El apóstol Pablo escribió la carta a los filipenses, la carta del gozo, y esto es como Pablo comienza. Filipenses 1, los primeros cinco versículos: él da gracias dos veces a Dios, dos veces, en la cárcel, a oscuras, sin nadie. Da gracias dos veces. Y junto con eso él dice que él estaba orando por los filipenses con gozo. Mi actitud de gratitud es lo que me permite orar con gozo por ustedes. La ingratitud me roba y me amarga todo lo dulce que el gozo pudiera experimentar. La gratitud es un ingrediente para el fruto del Espíritu.
Y número cuatro, no que no hayan otros ingredientes, pero escogí estos: yo necesito una mente espiritual. Porque la mente carnal disfruta todo lo que está de este lado. La mente carnal solamente puede disfrutar lo que la carne disfruta, no puede disfrutar lo que el Espíritu disfruta. Y las cosas que la carne disfruta están aquí hoy, pero no están mañana. Todas, porque son temporales. Escucha cómo Pablo lo dice en Romanos 8:5: "Porque los que viven conforme a la carne ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu." El gozo que nosotros estamos hablando es el fruto de una mente espiritual que tiene su pensamiento, su meditación puesta en las cosas del Espíritu, en ninguna otra.
Por eso es que el apóstol Pablo nos invita en Colosenses, en la carta a los colosenses, a poner la mira en las cosas de arriba y no las de aquí abajo. Porque las de aquí abajo tienen una sola posibilidad: extraernos tristeza. Solamente es cuestión de tiempo. Entonces, cuando tú tienes las cosas puestas en este mundo, las cosas de aquí abajo, hay tribulación, hay aflicción, claro que las hay. Pablo les llama a esas cosas, que tiene su mente en otro mundo, les llama leves y pasajeras: las persecuciones, los naufragios, las veces que fue latigado treinta y nueve veces, las veces que tuvo hambre y escasez, una noche y un día en alta mar, las cárceles. Pablo le llama a todo eso leves y pasajeras. Y nosotros pasamos la décima parte de lo que Pablo pasó y nos parece esa cosa monumental y dura de veras. ¿Cuál es la diferencia? Yo tengo una mente demasiado terrenal, muy puesta en las cosas de aquí, y Pablo tenía una mente celestial. Yo necesito una mente espiritual para poder disfrutar de las bendiciones de Dios, y una de esas bendiciones es el fruto del Espíritu.
Recuerda cómo en Filipenses 2, donde se nos habla que Cristo se despojó a sí mismo, la invitación que se nos hace al principio del capítulo, ¿cuál es? "Haya, pues, en vosotros esta mente que hubo también en Cristo Jesús." La palabra en el original es froneo, una disposición o actitud mental que hubo en Cristo Jesús. Entonces, la manera como mi mente piensa es el origen número uno de la falta de gozo en nosotros. Nuestra sensación de gozo es demasiado frágil. Nos vamos de picnic, nos vamos para la playa, se nubló y llovió. Nos fuimos contentos para la playa o para el picnic, regresamos amargados. ¿Y qué fue lo que te pasó? "No, que llovió, imagínate." ¿Ya no hay más días? ¿No existió algo con tu familia, con tus amigos que fue divertido, que pudiste disfrutar? ¿Todo dependía de unas nubes que aparecieran o no aparecieran? O nos fuimos y llovió, "qué la pasaba un tiempo buenísimo en compañía de..." ahí el nombre que tú quieras.
El apóstol Pablo nos dice cuando escribe a los romanos que nosotros no podemos permitir que las corrientes de este mundo le den forma a nuestras vidas, y que por el contrario nosotros debemos tener una mente transformada, renovada por el Espíritu. Bueno, es esa, la falta de transformación de esa mente es la causa número uno de la ausencia de gozo en nosotros. Nuestra actitud determina cómo yo reacciono ante lo que me pasa. Más de una persona, yo creo que ha dicho, que en la vida diez por ciento es lo que a mí me pasa y noventa por ciento es cómo yo proceso lo que me pasa. Y si tú lo piensas bien, es así. La manera como Pablo procesó las prisiones, o Cristo la cruz, no es como tú y yo la hubiésemos procesado. De manera que tú y yo necesitamos una mente espiritual si vamos a tener el fruto del Espíritu.
Entonces, pudiera ser bueno preguntar: ¿Cuál fue la mente del apóstol Pablo? ¿Cuál fue la actitud mental que le permitió pasar por estos sinsabores y poder disfrutar, como Santiago dice, de tenerlo por sumo gozo? Déjame leerlo, pero porque lo escribió y dónde y cuándo lo escribió. Lo escribió en una cárcel, como Pablo frecuentemente estaba. Recuerda que él no se hospedaba en hoteles, sino en cárceles, era donde lo ponían. Entonces, Pablo escribió esto desde una cárcel y escribió la carta del gozo, conocida como la epístola a los filipenses. Capítulo 1, versículos 20 y 21, de manera que casi al principio de la epístola él describe cuál es su actitud mental en la vida: "Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado, sino que con toda confianza, ahora como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte. Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia."
Pablo, ¿cómo fue que tú pudiste vivir de esta manera? Bueno, déjame decirte, yo tenía un interés en la vida. ¿Interés cuál era? Que Cristo fuera exaltado. Pero explíqueme bien. Bueno, no importa, no importa cómo yo viviera, en la cárcel, fuera de la cárcel, con libertad, sin libertad, con dinero, sin dinero, con ropa, sin ropa, con alimentos, sin alimentos. Con tal de que en cada una de estas circunstancias Cristo fuera exaltado, yo estaba tan gozoso como si yo hubiese estado suplido, comido, dormido, descansado. Porque al final yo lo que quiero es que en esas otras circunstancias Cristo también hubiese sido exaltado. Y Pablo, ¿cómo tú puedes vivir así? Tú pareces casi ni pareces humano. "No, es que, ah, miren, yo tengo un secreto: que para mí el vivir es Cristo." ¿Ya? "Y eso es así porque el morir para mí es ganancia, todavía mejor." ¿Cómo tú puedes vivir así? Tú puedes experimentar el gozo del Espíritu en cualquier circunstancia.
"Pastor, mire, es que esta pandemia va para largo." Yo sé, porque hemos estado ahí juntos. "Pastor, mire, que este país, en este país nadie puede vivir feliz." Yo sé, porque tú y yo vivimos en el mismo país, no vivimos en un país diferente. Yo sé cuál es.
Y no me diga que para que el apóstol Pablo pudiera experimentar lo otro tendría que vivir, no sé, en Hawái. "Pastor, es mi trabajo." Mira, mañana si tú quieres cambiamos; te entrego todo lo que yo hago para que me des todo lo que tú vas a hacer. "Pastor, es que la inflación..." Es que yo no estoy hablando del gozo de vivir sin pandemia. Yo he hablado del gozo de vivir, no sé dónde está tu imaginación. O el gozo de vivir con otro trabajo, o el gozo de vivir con dinero. Yo no estoy hablando de eso. No sé si me han oído hablar de eso, porque yo no he hablado de eso. Yo he hablado del gozo del Espíritu que se experimenta con o sin pandemia, con trabajo o sin trabajo, en un buen trabajo o en un trabajo no tan bueno, en escasez o en abundancia, en este país o en otro país. De eso es que yo estoy hablando.
El Espíritu de Dios nos hizo un llamado. Nos dio su morada, nos dio vida eterna, inspiró la Palabra y después nos entregó la Palabra. Nos abrió los ojos, nos abrió el entendimiento. Nos da seguridad de que somos hijos, nos da seguridad de salvación. Nos dio garantías, nos dio su presencia, nos dio sabiduría, nos dio discernimiento, propósito, certidumbre. Nos colocó en medio de una comunidad cristiana, mira, para que tengas una familia más grande. Si te hacían falta primos, tíos, sobrinos, madre, padre, hay una familia más grande que la tuya. Nos provee diariamente, nos sostiene en la adversidad, se acerca en el dolor, y todavía nos quejamos.
Yo lo he dicho, me han oído decirlo otras veces. Viví en Estados Unidos 15 años; no escuché allá una sola queja que no haya escuchado aquí. Según ellos, el tráfico es un rollo. En esas autopistas de tres carriles, según ellos, el correo no funciona. Según algunos de ellos, entran a un mercado, no encuentran un producto y "no hay de nada." No, en buen dominicano: no es en la sábana que está la nigua, que somos nosotros.
Y las razones que todavía no podemos decir "para mí el vivir es Cristo." Mi preocupación única es que en esta circunstancia que estoy viviendo, Cristo sea exaltado. "Pastor, pero a usted no le pasan esas cosas, usted no..." Como que se resbala. Sí, claro, yo soy un ser humano igual que tú y que el otro. El día pasado, estando hablando con alguien de confianza, estaba como ventilando ciertas quejas, y la persona tomó el celular, lo abrió y me dijo: "Te voy a dar una dosis de tu propia medicina," y me leyó una cosa que le había enviado días antes. Eso es. Cada vez que tengas a tu hermano enfermándote, dale una dosis de la medicina de Dios o de su propia medicina. Si soy yo, dámela a mí, y yo la necesito igual que tú, para que podamos volver como en sí otra vez y saber de qué es que se trata el gozo del Espíritu.
Porque el Señor mira por arriba y puede preguntar: "¿Cuál es tu problema realmente? Explícame. Yo te he provisto todo lo que tú tienes y estás insatisfecho. ¿Es que yo te soy insuficiente? ¿Es que la vida que yo compré no te gusta, que yo compré para ti, personalmente para ti? ¿No te es grata? ¿O es que tú sientes que yo no te he amado lo suficiente? ¿Cómo me acusas de haberte regalado una vida tan difícil de llevar? En serio, para eso yo envié a mi Hijo, lo crucifiqué en una cruz, lo clavé. Él te enseñó al entrar a la cruz que la vida que Él te ha ofrecido era de un yugo fácil y liviano, pero tú me dices que no, que lo que Él compró y te entregó es una cosa sumamente gravosa, porque te oigo con frecuencia así, que no te es fácil. ¿En serio, hijo? No me hagas lucir como un ogro delante de los incrédulos, porque el incrédulo no va a saber quién soy yo sino como yo luzco."
Entonces, ¿qué es lo que Tú quieres, Señor? Esto es lo que Él diría: "Regocíjate en el Señor siempre. Otra vez lo diré: regocíjate." Tú, yo, todos nosotros, de manera que el mundo sepa que hay un lugar donde tú puedes encontrar plenitud, satisfacción, que yo llamo gozo del Espíritu, y ese lugar es mi presencia. Adán y Eva lo tuvieron y lo perdieron cuando un día ellos decidieron salirse de lo que eran mis parámetros, donde yo había garantizado toda la experiencia de satisfacción, gozo y plenitud que ellos pudieran experimentar. Pero ellos pensaron que fuera de ahí podían encontrar cosas que yo no había provisto para ellos. Pues que el mundo sepa que no, que esa pareja se equivocó, y todos los que han venido después de ellos también. Que es en mi presencia donde hay plenitud de gozo y delicias para siempre.
Padre, gracias. Gracias porque Tú eres verdaderamente nuestra fuente de felicidad, de gozo, de propósito, de sentido, de significado, de certidumbre, de seguridad. Es en Ti que las cosas subsisten, es en Ti que el gozo permanece, es en Ti donde yo puedo amar verdaderamente, es en Ti donde yo puedo disfrutar de la vida que compraste. Señor, nuestras faltas y pecados son enormes y son muchos. El solo hecho de pensar que tu gracia es mayor que todas mis faltas y pecados debe ser causa de gozo suficiente para mí. Ayúdame a aquilatar, saborear, entender, reflexionar mucho más en la anchura de tu gracia, para que yo no lama mis heridas, sino que más bien yo te glorifique en mis heridas, para que Cristo sea exaltado. Te lo pedimos en su nombre, amén. Bendiciones.
Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal, de forma que tú puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.