Integridad y Sabiduria
Sermones

Cuando un líder compromete el evangelio

Miguel Núñez 8 agosto, 2021

Cuando un líder compromete el evangelio, las consecuencias pueden ser devastadoras para toda la comunidad de fe. Eso fue exactamente lo que ocurrió en Antioquía cuando Pedro, el apóstol a los judíos, visitó aquella iglesia donde judíos y gentiles compartían mesa y comunión. Pedro comía con los gentiles sin problema alguno, viviendo conforme a la visión que Dios le había dado: que lo que Él había limpiado, nadie debía llamarlo impuro. Pero cuando llegaron ciertos judíos de parte de Jacobo, Pedro comenzó a retirarse poco a poco, temeroso de lo que aquellos pensaran de él.

El problema no era simplemente un cambio de costumbres. Pedro creía una cosa sobre el evangelio pero estaba practicando otra, y esa dicotomía entre teoría y práctica es lo que Pablo llamó hipocresía. Lo más grave fue el efecto dominó: el resto de los judíos siguieron su ejemplo, y hasta Bernabé fue arrastrado por aquella conducta. Por eso Pablo lo confrontó cara a cara, públicamente, porque lo que estaba en juego era demasiado importante para manejarlo en privado.

El temor a los hombres llevó a Pedro a faltar a su integridad, a desobedecer la revelación que había recibido, y a despreciar a sus hermanos gentiles con quienes había compartido mesa. El evangelio tiene una definición teórica, pero también exige una práctica coherente. Cuando ambas no coinciden, negamos con nuestras acciones lo que afirmamos con nuestras palabras. Todas las vidas importan ante Dios, y no hay razón alguna para que un cristiano practique rechazo hacia otro por su nacionalidad, su estatus económico o el color de su piel.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Señor, Dios! Venimos a ti porque tú eres la fuente de agua viva. Tú dijiste que todo el que viniera a ti no tendría sed jamás. Ciertamente, tú bastas, oh Dios, para llenar toda y cada una de nuestras necesidades. En ocasiones, si nos hemos encontrado sedientos después de venir a ti, no es porque te ha faltado agua viva, sino porque hemos cavado cisternas agrietadas que no retienen agua. Pero lo que tú das es infinitamente disponible; en otras palabras, tú tienes para dar a cada ser humano que venga a ti, y al final, después de haber dado, tú estarás tan pleno como al principio. Tu fuente es inagotable, tú eres incansable.

Nosotros estamos aquí porque tú nos has convocado hoy a reunirnos, en primer lugar, para nosotros escuchar de ti. Nosotros somos los que estamos en necesidad, pero nosotros queríamos también, Señor, que tú escucharas de nosotros, de nuestros labios, de nuestras mentes y corazones, cantar aquellas cosas que ya tú has revelado en tu Palabra que son ciertas, que son verdad, que yo necesito recordar a mi alma. Hemos recordado cómo fuimos perdonados por tu sangre, hemos sido recordados cómo tu sacrificio es suficiente, cómo tú bastas, y nosotros te damos gracias.

Señor, ahora nosotros necesitamos, todos nosotros necesitamos, que tú abras el entendimiento para poder entender las cosas macroscópicas de tu Palabra y las cosas que pudiéramos considerar nimiedades, pero que viniendo de ti no pueden ser pequeñas. Tu Palabra es grande en sí misma, infinita, profunda, jamás no poder —como decimos nosotros—, infinita en sabiduría. Y por eso nosotros necesitamos que de alguna manera tú tomes el texto de dos mil años atrás, lo traigas al día de hoy, y nos tomes a nosotros en el día de hoy y nos lleves a dos mil años atrás. Eso solamente tú lo puedes hacer. Yo me ofrezco como instrumento tuyo, pero confieso mi inhabilidad para hacer tu trabajo y mi toda suficiencia en ti si tu Espíritu se dispone a hacerlo. Gracias por ser quién eres para cada uno de nosotros. En Cristo Jesús, y su pueblo dice: Amén.

Podemos sentarnos. Te invito a que tengas ahí la Palabra de Dios abierta, encendida, en el libro de Gálatas que estamos siguiendo, o la carta o epístola de Gálatas —más que un libro— para que nosotros podamos leer en unos minutos el texto que Dios tiene para nosotros en el día de hoy.

Antes de subir, alguien me saludó desde New Jersey. Quisiera saludar a nuestro hermano: bendición y gracias por visitarnos. No sé si hay algún otro que está aquí visitándonos, ya sea desde nuestro país o desde fuera del país, pero si estás aquí, siéntete saludado, te bendecimos en el nombre del Señor. Bueno, tú puedes levantar la mano. ¿Hay alguien que está aquí fuera del país o fuera de la iglesia visitándonos? Yo no veo bien con las luces, pero si hay alguien por ahí, usted vio mano, les saludo en el nombre de Cristo, le doy la bienvenida y te bendecimos.

Bueno, estamos continuando con esta carta, con esta serie: "Defendiendo y definiendo el Evangelio" es el título que escogimos, y quisimos hacerlo de esa manera porque exactamente eso es lo que Pablo hace en esta epístola desde el principio. Él defiende el Evangelio y él define el Evangelio explicando cómo el hombre no puede ser justificado por las obras de la ley, sino por la gracia en Cristo Jesús por medio de la fe. Y él tuvo que hacer eso en vista de que judaizantes, personas que querían judaizar a cristianos, estaban insistiendo en la necesidad de que antes de llegar a ser cristiano tendrías que abrazar el judaísmo, comenzando por la circuncisión, lo cual era como la puerta de entrada al resto de las obras de la ley, incluyendo las leyes ceremoniales y alimenticias presentes en todo el Antiguo Testamento.

Entonces Pablo defiende el Evangelio en contra de esa herejía y pasa a defender su autoridad para enseñar, para aclarar, para corregir; en otras palabras, para hacer exactamente lo que le dijo a Timoteo para lo que la Palabra servía. En 2 Timoteo 3:16 él demostró cómo toda Escritura es inspirada por Dios, de manera que el resto de lo que sigue a esa frase es la consecuencia de la inspiración de Dios: toda Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñar, para reprender, para corregir e instruir en toda justicia —ese es el orden: para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en toda justicia—. De manera que Pablo lo que va a hacer en esta carta es exactamente eso con los gálatas: él les va a enseñar lo que verdaderamente es el Evangelio y lo que no es; luego los va a reprender por corromperlo, bueno, dejarse corromper o seducir por los judaizantes; luego él va a instruirlos más ampliamente en las implicaciones que todo esto tiene, y él va a corregir áreas que necesitaban ser redireccionadas.

Y vimos la semana anterior cómo Pablo quiso subir, reunirse en Jerusalén con los líderes de la iglesia: con Pedro, con Juan, con Jacobo, aquellos que eran considerados columnas o pilares de la iglesia, de manera que ellos pudieran escuchar cuál era el Evangelio que él estaba predicando entre los gentiles y lo que Dios estaba haciendo por medio de la predicación de dicho Evangelio, y que ellos pudieran comparar páginas, a ver si ustedes entienden que el Evangelio que ustedes recibieron del Señor Jesucristo es el mismo o no que el que yo recibí de parte del mismo Señor. Y al final ellos se pusieron de acuerdo y reconocieron que Dios le había dado a Pablo una gracia especial para ser el apóstol hacia los gentiles o la incircuncisión, que era otra forma de reconocerlos, y que Pedro había recibido igualmente un llamado también especial de parte de Dios para que él fuera el apóstol para la circuncisión o los judíos. La reunión se produjo catorce años después de la conversión de Pablo y concluyó en buenos términos, concluyó ellos poniéndose de acuerdo que no había diferencia entre lo que ellos habían estado predicando y lo que Pablo había predicado.

Se cierra. El texto no nos da detalles en qué dirección Pablo se dirigió, pero probablemente se regresó a Antioquía porque había venido de Antioquía. Un tiempo después lo opuesto ocurre: en vez de Pablo subir a Jerusalén otra vez, Pedro va a Antioquía. Y Pedro va a Antioquía y comienza a juntarse con los gentiles, comienza a comer con ellos sin ningún problema. De hecho, Pablo dice un poco más adelante —cuando estamos leyendo vamos a ver— que él era un judío viviendo como gentil; en otras palabras, Pedro comenzó a comer con ellos la misma dieta que ellos estaban comiendo y estaba disfrutando de su koinonía, su compañerismo, hasta que algo ocurrió. Y ese algo es el "pero" del versículo 11.

Leamos del versículo 11 al versículo 15, aunque lo que vamos a exponer llega hasta el 14: "Pero cuando Pedro vino a Antioquía, me opuse a él cara a cara, porque era digno de ser censurado. Porque antes de venir algunos de parte de Jacobo" —eso es Jerusalén— "él comía con los gentiles, pero cuando aquellos vinieron, Pedro empezó a retraerse y a apartarse porque temía a los de la circuncisión. Y el resto de los judíos se le unió en su hipocresía, de tal manera que aun Bernabé fue arrastrado por la hipocresía de ellos. Pero cuando vi que no andaban con rectitud en cuanto a la verdad del Evangelio" —ese es el problema: no andaban en rectitud con relación a la verdad del Evangelio— "dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿por qué obligas a los gentiles a vivir como judíos?" Es como: esto no tiene sentido, Pedro. "Nosotros somos judíos de nacimiento y no pecadores de entre los gentiles." Un versículo más, el 16: "Sin embargo, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo y no por las obras de la ley, puesto que por las obras de la ley nadie será justificado."

Pablo no podía creer lo que estaba viendo, lo que estaba ocurriendo. Con este texto, Pablo está cerrando su sección autobiográfica. Dijimos que la carta a los Gálatas podía ser dividida en tres secciones, y la primera era como autobiográfica, cosas que Pablo vivió y lo hemos estado viendo de esa manera. En lo adelante, Pablo va a pasar a una segunda sección que es más teológica, enseñanza de doctrinas, y la última sección son aplicaciones para la vida diaria. De manera que este texto sirvió de enseñanza para las iglesias en Galacia y sirve de enseñanza para el resto de la iglesia por el resto del tiempo, de manera que nosotros tenemos que escarbar y ver dónde está la enseñanza para nosotros.

El texto leído provee una ocasión para hablar, por un lado, qué pasa cuando —y este es el título de mi mensaje— ¿qué pasa cuando un líder compromete el Evangelio? Cuando un líder compromete el Evangelio. Pero también nos provee una ocasión para nosotros ver con claridad cuándo trazar la línea en la arena y dividirnos en cuanto a las enseñanzas doctrinales se refiere. Hermanos, hay enseñanzas doctrinales por las cuales no vale la pena dividirnos, que consideramos acá dentro de la ortodoxia general, aunque quizás nosotros no pensemos exactamente igual. Pero hay otras verdades doctrinales por las cuales debiéramos estar dispuestos a dar la vida si fuera necesario.

En inglés hay una frase que lo resume bastante bien, que lamentablemente no tenemos en español. Entonces voy a mencionar la frase, que es sumamente corta, y luego explicar la idea de la frase. La frase en inglés dice, habla de "hills to die on." "Hills," pendientes, colinas que yo estoy dispuesto —esta es la idea detrás de la frase—, son pendientes o colinas que tú estás dispuesto a luchar hasta quedar muerto en el intento de subirla, si es necesario. Entonces, de esa misma forma se habla de que hay colinas, pendientes, que vale la pena tratar de subirlas hasta el punto de perder tu vida, o la de tu hermano.

Pero hay otras en las que tú tienes que luchar y luchar aun si te mueres en el intento de escalarla. De esto está hablando este texto, es una de esas pendientes o colinas.

El evento se da en la ciudad de Antioquía. Quizás este sea uno de los eventos más dramáticos del Nuevo Testamento, ciertamente de las epístolas, quizás de todo el testamento, por los elementos que están involucrados. Se da en la ciudad de Antioquía, la tercera ciudad más importante en el imperio romano, detrás de Roma y Alejandría. Algunos han estimado su población en unas 500,000 personas, que para la antigüedad son muchísima gente. Otros han sido más conservadores y han hablado de 200,000, 300,000 personas, y algunos piensan que hasta un 10% de la población probablemente era judía, lo que implica que cuando esta iglesia surge, con toda probabilidad había en la membresía una mezcla de gentiles y judíos.

Esta fue una ciudad importante en todo el sentido de la palabra: su tamaño, las rutas comerciales. También porque en esta ciudad es donde por primera vez los gentiles comienzan a abrazar el Evangelio, de acuerdo a lo que leemos en Hechos 11, del versículo 19 al 21. Es en esta ciudad donde por primera vez a los seguidores de Cristo se les llama cristianos. Hasta este momento, hasta que esta ciudad comenzó a reverdecer, a los creyentes no se les llamaba como tal, no se les llamaba cristianos. De hecho, se pensaba que eran una secta del judaísmo. La iglesia de Antioquía reemplazó a la iglesia de Jerusalén, no por competencia, sino que se convirtió en el centro de evangelización del imperio romano.

Entonces, en esta ciudad tan vital, de donde Pablo salió en cada uno de sus viajes, se produce un encontronazo —esa palabra— entre dos apóstoles, y no dos apóstoles cualquiera. Entre Pedro, el apóstol de la circuncisión o a los judíos, y Pablo, el apóstol de la incircuncisión o a los gentiles. De hecho, el libro de los Hechos tú lo puedes dividir en dos. La primera parte, la figura central es Pedro. La segunda parte, Pedro como que desaparece, entre comillas, del mapa y la figura primordial es Pablo. Claro, porque en la primera parte es Jerusalén, es la iglesia madre; en la segunda parte Antioquía es la iglesia madre, y Lucas escribió el libro de los Hechos y andaba con Pablo en sus viajes.

De manera que aquí ha ocurrido algo vital, y es dramático no solamente por el encontronazo entre estas dos figuras, sino que lo que estaba pasando ponía en juego dos cosas vitales: el Evangelio de Cristo y la unidad de la Iglesia de Cristo. El encontronazo que se produce entre estos dos apóstoles tenía en juego al Evangelio de Cristo y amenazaba la unidad de la Iglesia de Cristo. Una iglesia joven, incipiente, perseguida; no una buena idea comenzar dividida.

Entonces, ¿qué fue lo que ocurrió? Bueno, el texto dice que Pedro visitó Antioquía en un momento dado, no nos especifica exactamente cuándo. Cuando él llegó a Antioquía, él se encuentra con que hay gentiles que están creyendo, es el reporte que recibió de Pablo y de Bernabé, lo encontró correcto, se unió a ellos, y dice el texto que él comía con los gentiles. El verbo "comía" está en el tiempo imperfecto, lo que implica, sobre todo en el lenguaje original, que Pedro tenía por costumbre comer con gentiles. No fue como que a Pedro le invitaron una vez, él fue y no tuvo problema con ello. Esta era su costumbre, como debía ser, porque Pedro había entendido algo. Había una visión que había recibido, hicimos la alusión a esa visión, pero te voy a recordar algo y te voy a ampliar algo de la misma.

En Hechos 10 y 11, nosotros tenemos que Pedro estaba en Jope y en una ocasión, de repente, le entra un éxtasis. Esa es la palabra que el texto usa, ya no sabía exactamente qué estaba pasando y recibió una visión. En la visión hay un gran lienzo, como si fuera una lona, decimos nosotros. Y en ese lienzo había, escucha, te lo voy a leer: "Había en él toda clase de cuadrúpedos y reptiles de la tierra y aves del cielo. Y oyó una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Mas Pedro dijo: De ninguna manera, Señor, porque yo jamás he comido nada impuro o inmundo." Estos alimentos no son para nosotros los judíos, yo nunca he violado la ley en cuanto a las leyes alimenticias, de manera que en esta visión yo no lo voy a hacer tampoco. Yo creo que Pedro pudo haber estado pensando posteriormente que iba a ser una tentación. De nuevo, por segunda vez llegó a él una voz: "Lo que Dios ha limpiado, no lo llames tú impuro." Si sigo leyendo, el texto dice que ocurrió una tercera vez.

Pedro se quedó meditando, dice el texto, qué era lo que esto implicaba. Y llegó a la conclusión, y bueno, es que el Espíritu de Dios iluminándolo, es que Dios no hace acepción de personas. De manera que Pedro, la visión que Pedro tuvo, le permitió entender dos cosas con claridad, que luego defiende en el capítulo 11 de Hechos, defiende entre aquellos que lo cuestionaron. Y es que, como Dios no hace acepción de personas, los gentiles pasarían a ser parte del pueblo de Dios, aquellos que creyeran. Pero llegó a entender otra cosa: se terminaron las leyes alimenticias del Antiguo Testamento. Lo que está en este lienzo, Dios lo limpió. Y ahora, Pedro, tú puedes comer como quieras con quien tú quieras. Los gentiles fueron hechos parte del pueblo de Dios, las leyes alimenticias del Antiguo Testamento quedaron abolidas con la muerte y resurrección de Cristo.

Nosotros pudiéramos pensar que eso era como, bueno, la gran cosa, no. Esto no era un asunto solamente cultural. Qué va, nada, el comer para los judíos era algo sagrado. ¿Qué tenía de sagrado el comer? Ordenado por Dios, es que la dieta especial dada al pueblo de Dios implicaba justamente que Dios había identificado un pueblo como especial, lo había separado para Él. Esa era parte del significado. Eso cobró fuerza en el período entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, como 200 años antes de que Cristo viniera comenzó a cobrar fuerza y a cobrar fuerza, y para el tiempo que Cristo vino, las leyes alimenticias eran como inviolables.

¿Tú te acuerdas cómo reaccionaron los fariseos cuando Cristo comió con gentiles? Yo me voy a leer un solo versículo de Marcos 2:16: "Cuando los escribas de los fariseos vieron que Él comía con pecadores, como si ellos no lo fueran, y recaudadores de impuestos, decían a sus discípulos: ¿Por qué Él come y bebe con recaudadores de impuestos y pecadores?" Cristo respondió: "Porque yo no vine a buscar a gente sana, yo vine a buscar a gente enferma, y como no hay nadie sano, con quien sea que yo coma es la misma cosa."

De manera que esta gente no estaba siguiendo en el Antiguo Testamento una ley alimenticia porque a alguien se le ocurrió, no. Dios quiso darle una identificación especial a través de su dieta, y la koinonía alrededor de la mesa era especial. Es la razón por la que en la Santa Cena todavía la koinonía alrededor de otra mesa sigue siendo especial y sigue siendo solamente para hijos de Dios. Hay una continuidad, pero también hay una discontinuidad, en lo que esta koinonía alrededor de la mesa sigue siendo sagrada, tiene que ver con una mesa, tiene que ver con algo que comemos, excepto que el significado es completamente diferente. ¿Me siguieron o no? La pausa es para saber si lo repetía otra vez.

De manera que la visión que Pedro ve, donde ve tantos animales antes impuros, le ayudó a entender lo que Cristo quería que él entendiera a partir de la resurrección: los gentiles que creyeran formarían parte del pueblo de Dios. Él surgió de Antioquía con ese entendimiento, se sienta a la mesa con gentiles, como dirían en inglés: "No problem." Hasta que vinieron unos judíos de parte de Jacobo, y entonces él comienza a retraerse. En el lenguaje original la expresión da la idea de que lo hizo como poco a poco y casi de una manera engañadora, como para que la gente no se diera cuenta. Tú sabes cómo es eso, ¿verdad? Tú te has retirado de alguna reunión como "voy al bañito para que no me vean," como algo así.

Jacobo era el líder de la iglesia de Jerusalén, bastante judío en su trasfondo y judío en sus prácticas, pero Jacobo entendió, le avalan lo que Pablo le explicó. El texto dice que este grupo vino de parte de Jacobo. Con toda probabilidad no eran falsos creyentes, no eran creyentes, eran bien judíos; lo que hoy pudiéramos llamar cristianos extremistas, cristianos de ultraderecha, así decirlo. De manera que esos son judíos cristianos, pero inmersos en el judaísmo. Tú sabes que no es fácil sacar la cultura de una persona de él; tú la puedes sacar de su cultura, pero es más difícil sacar la cultura de él. Algunos de nosotros hemos estado fuera del país, hemos oído a alguien hablar bien lejos de este país, miles de kilómetros de este país, y decimos: "Ese es dominicano." ¿Pero cómo tú lo sabes? No, porque yo lo voy a explicar, eso fue parte de tu cultura, cómo hablamos, expresiones. Pero también los hábitos culinarios de ciertos dominicanos en ciertos lugares, después de mucho tiempo continúan siendo los mismos, ¿o no? Sí, tú sabes que es así.

¿Qué estaba pasando? Bueno, la realidad es que en el Concilio de Jerusalén, que se celebró, que Hechos 15 relata, se llegó a un acuerdo y se firmó una carta. En esa carta, firmada por Jacobo también, Jacobo habla de que algunos que salieron de ellos fueron a ellos a enseñar cosas que él no había autorizado, pero diciendo que sí, que iban con su autoridad. Escucha lo que dice Hechos 15:24: "Puesto que hemos oído que algunos de entre nosotros, a quienes no autorizamos, los han inquietado con sus palabras, perturbando sus almas." Los falsos maestros, en este caso cristianos, judíos cristianos confundidos, tratando de asegurar que sus enseñanzas sean recibidas, tienden a atribuirse una autoridad que ellos no tienen. Y aquí en esta carta eso se revela: algunos han ido de parte de nosotros, pero nosotros no los autorizamos.

Entonces ahora, volviendo al texto que leí, Pedro creía una cosa con relación al Evangelio, pero él estaba practicando otra.

¿Cómo yo sé que Pedro creía? Yo lo sé porque antes de que este grupo llegara él estaba practicando el Evangelio, él estaba comiendo con gentiles. Pero luego ya este grupo que insiste que para ser cristianos hay que continuar con la ley, y Pedro se atemoriza. ¿Qué era lo que este grupo decía? Bueno, yo te voy a leer de otro grupo similar en Hechos 15:1: "Algunos que llegaron de Judea a Antioquía enseñaban a los hermanos: si no se circuncidan conforme al rito de Moisés, no pueden ser salvos." El problema es que la circuncisión era un problema porque le estaba creando una adición al mensaje de salvación, pero era solamente la puerta de entrada al resto de lo que el judaísmo implicaba.

Pablo se percata que Pedro ha cambiado acá. Y esto, Pedro, en buen dominicano, Pablo lo puso al día. Él, Pedro, estaba siendo inconsistente con lo que ellos acordaron en Jerusalén. "Yo, Pedro, hace catorce años yo subí a Jerusalén, yo hablé con ustedes, yo les presenté el Evangelio, yo les dije que había gente que estaba tratando de imponer la circuncisión." Ustedes tuvieron, digo, catorce años después de mi conversión, perdón, yo subí a Jerusalén, tuvimos una conversación, pasé quince días contigo, Pedro. Y quedamos en que estas cosas no eran necesarias. De hecho, aquí en Antioquía yo te vi comiendo con gentiles, pero tú estás actuando en oposición al Evangelio.

Y Pablo explica desde el inicio del texto que leí: "Por eso yo me opuse a él cara a cara, porque era de censurar." Otras traducciones dicen "era de condenar," pero eso te dice que este es un evento dramático. Pablo le dice a Pedro cara a cara: "Tú eres de condenar, tú eres de censurar." Con esto Pablo está una vez más afirmando que la Escritura es útil para enseñar y corregir, para enseñar y reprender, para instruir en toda buena obra, aun a un apóstol si se desvía de la Escritura.

Pablo reaccionó muy enérgicamente y quizás tú le dices: "Sí, dice Proverbios que la respuesta blanda aplaca la ira. ¿Por qué tú reaccionas así?" Él es un líder, ¿por qué tú no lo has tratado en privado? Quizás Pedro lo que tenía era simplemente temor, pero yo creo que para entender la reacción enérgica de Pablo hay que ver todo lo que estaba siendo violado y todo lo que estaba siendo puesto en juego. Déjame mostrarte.

Con esa acción, Pedro estaba actuando en primer lugar contrario a la visión que él recibió. Una visión que tú recibiste de parte de Dios, de revelación, y con lo que estás haciendo ahora tú estás en desobediencia a la revelación de Dios directa para contigo, Pedro. No fue que esta visión vino a Pablo, en éxtasis, o a Jacobo; es que vino a ti, tú la interpretaste, tú vas a Jerusalén, tú la defiendes, y hoy tú la niegas. De manera que tú estás en desobediencia a una revelación especial que Dios te dio para que nos la explicaras al resto de nosotros. Y las desobediencias tienen sus consecuencias, es la realidad.

Número dos: Pedro estaba actuando contrario a lo acordado en Jerusalén. Cuando Pablo subió, nos pusimos de acuerdo. Ustedes me dieron la diestra del compañerismo, dice el texto anterior, la semana anterior. Tú endosaste mi ministerio a los gentiles y nos pusimos de acuerdo que nada de esto era necesario. Cuando tú actúas de esta forma después de haber dado tu palabra, eso es una violación de tu integridad, Pedro. Entonces otro problema: que aquí la integridad, lo acordado, está siendo violado. Y no solamente eso, la estás violando públicamente, Pedro. Esto ha sido ya esparcido entre los gentiles, que no era necesario que ellos siguieran estas cosas, y ahora públicamente tú estás diciendo eso no es verdad, sí hay que seguirlos. Eso es lo que tu actuación está dejando ver, por lo menos.

Número tres, yo estoy tratando de que puedas verlo, tú sabes, como capítulo a capítulo para ir balanceándote, que esto es serio. Número tres: la separación de Pedro de los gentiles ponía en juego la definición del Evangelio. Porque el Evangelio es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree, del judío primeramente y también del griego, del gentil, dependiendo de la traducción que tú tengas.

Y es la razón por la que Pablo le recuerda a Pedro en el versículo 15: "Pedro, es que antes de que esta gente viniera, tú siendo judío no vivías como judío." No es que literalmente abandonaste toda la cultura judía; no, probablemente él tenía mucho de su cultura, eso está bien. Pero lo que tú no puedes es asignarle a tus seguimientos culturales un valor salvífico y luego querer imponérselo a los gentiles, porque tú no lo crees. De hecho, no lo crees porque ni siquiera lo mostrabas así hasta que esta gente apareció que vino de Jerusalén. Y por eso el texto de hoy es precursor, yo lo voy a dejar a propósito para la semana próxima, del versículo 16 que leímos, y es que Pedro, recuerda que el hombre no es justificado por las obras de la ley sino mediante la fe en Cristo Jesús. También nosotros hemos creído en Cristo Jesús; esa es la clave.

Número cuatro, porque todavía no hemos acabado de explicar por qué la reacción tan enérgica de parte de Pablo. Número cuatro: la motivación para Pedro retirarse fue pecaminosa. No simplemente la consecuencia de comprometer el Evangelio, no; su motivación fue pecaminosa. ¿Qué dice el texto? Que él temió a los de la circuncisión, versículo 12, segunda parte: él temió a los de la circuncisión. Pero escucha, que el hombre Pedro no cambió en su mente la parte teórica del Evangelio, no, porque él la tenía bien clara de Cristo en primer lugar cuando le enseñó y luego vía esta visión. Lo que sí él comenzó a cambiar fue su estilo de vida, y ahí es donde comienza el problema. Porque ahorita yo creo que veremos que nosotros no nos caemos muy lejos de lo que Pedro hizo. O sea, Pedro tenía la ortodoxia clara; era la ortopraxis o la práctica correcta lo que estaba teniendo un problema.

Entonces él temió a los de la circuncisión. Pedro tenía un problema con el temor, como lo tenemos la mayoría de nosotros, o quizás todos nosotros. La pregunta es hasta dónde el temor me lleva a mí a pecar. Porque quizás tú tengas temor de una cirugía que te van a hacer mañana, pero te vas a meter a la cirugía. Él dice: "Tengo historial ansioso, pero yo voy a creer en Dios."

Mira, Pedro es recurrente en esto. Pedro está caminando sobre el mar, Cristo le hace caminar sobre el agua, comienza a caminar sobre el agua, él temió y casi se hunde. Pedro decide seguir a Cristo en sus juicios, entra al patio del sumo sacerdote y está escuchando, y viene una sierva o una sirviente, dice el texto, y le pregunta que si él no era uno de los galileos. Pedro se atemoriza y lo niega. Vuelven y le preguntan, vuelven y le preguntan, y él se atemoriza, vuelve y lo niega. Ese Pedro es recurrente en este temor. Y ahora en Antioquía él se atemoriza y comienza a negar el Evangelio.

Por eso es que Pablo dice con toda claridad en el uno diez de esta carta que leímos: "¿Busco yo ahora el favor de los hombres o busco yo ahora agradar a Dios? Porque si yo buscara el favor de los hombres, no fuera ya siervo de Cristo." Ese es el problema: una vez tú comienzas a buscar el favor de los hombres, Dios deja de ser Dios en tu mente y tú dejas de ser siervo de Cristo en la práctica.

Pedro en esa área parece que todavía no había crecido lo suficiente, porque a Pablo no le pasó eso en ningún momento. Pablo dice al contrario, cuando escribe a los romanos veinticinco años después de su conversión: "No me avergüenzo del Evangelio, es poder de Dios." Ya él había estado preso, torturado, perseguido en diferentes lugares: Salónica, en Atenas, en Berea. Y él dijo: "Hoy yo no me avergüenzo del Evangelio, es poder de Dios para salvación."

Pedro no ha crecido lo suficiente, y quizás eso explica en parte la indignación de Pablo, además de todo lo otro que hemos mencionado. Es como si Pablo estuviera pensando: "Pedro, tú te avergonzaste de Cristo tres veces, o te avergonzaste de Cristo y lo negaste tres veces, y ahora años después te avergonzaste del Evangelio y por lo menos en tu accionar lo estás negando."

El temor. Ahora un poquito del temor, porque ahí tenemos que ir buscando la aplicación para nosotros. El temor llevó a Pedro a faltar a su integridad porque habían acordado algo en Jerusalén. Yo creo que muchas veces el temor nos lleva a nosotros a comprometer la integridad. "No, yo me siento mal porque le iba a decir... porque se iba a sentir mal." Traducido: para que él no se sienta mal, mejor que Dios se ofenda. De manera que tú puedes ver cómo nosotros no nos caemos muy lejos de Pedro.

El temor llevó a Pedro a la desobediencia, como si él nunca hubiese tenido aquella visión. El temor te ha llevado a ti, y llevó a Pedro, a romper su lealtad a Dios. Cristo ahora lo conoce. A veces dicen: "¿Qué estás buscando usted? No, yo no, nunca lo había visto." El temor te lleva a romper tu lealtad a Dios; tú juras cosas a Dios que luego las rompes.

El temor llevó a Pedro a regresar; Pedro retrocedió en el tiempo con esto. Llevó a Pedro a regresar a antes de la cruz y la resurrección de Cristo. Es como que Cristo no había venido, que hay que seguir con estas leyes, seguir con estas restricciones alimenticias. El temor llevó a Pedro a despreciar a sus hermanos los gentiles con quienes él comía.

Déjame ver si yo puedo traer esto como para que podamos sentirlo de cerca. Suponte que nosotros tengamos en la congregación hermanos haitianos, que hemos tenido y ojalá sigamos teniendo. Y como son miembros nuestros, les amamos, nos juntamos con ellos, celebramos con ellos, comemos con ellos, vamos a sus cumpleaños y nos invitan a los nuestros, tenemos Santa Cena junto a ellos. Y de repente hay un grupo de cristianos que viene, no sé, de Santiago, por escoger una ciudad, segunda ciudad del país. Entonces de repente el pastor Miguel, o el diácono Fulano, o el anciano tal decide que no se va a juntar con esos hermanos haitianos.

¿Cómo tú piensas que solucionaría? ¿Cuál sería la palabra? Horrible, horrendo. ¿Qué clase de pastor es ese? ¿Qué clase de anciano es ese? ¿Qué clase de diácono es ese? No vuelvo a la iglesia. En este caso, ¿qué clase de apóstol es este? Lo podéis tener un poco más de cerca: el temor.

Entonces, sabes que la Palabra de Dios dice que el perfecto amor echa fuera todo temor, cierto. Y eso es verdad, pero no te dije que también es verdad que el perfecto temor echa fuera todo amor. Me repetiré esa otra vez. El perfecto amor de Dios echa fuera todo temor. De manera que yo tengo que experimentar eso de cerca para que me importe Dios más que los hombres. Pero el perfecto temor echa fuera todo amor. Cuando Pedro sintió temor, dejó de amar a Cristo, lo negó tres veces. El negarlo es mejor que amarlo. Hasta ahí no llega mi amor, ya ha habido dispersión, ¿verdad?

Cuando Pedro sintió temor, cuando llegaron estos de Jerusalén, dejó de amar a sus hermanos gentiles y se apartó de ellos. El amor de Cristo convirtió a los rechazados en nosotros, en recibidos y aceptados, ¿cierto? Bueno, pues el temor de los hombres convierte a los aceptados ya en rechazados otra vez. Como pasó con Pedro en la vida de Jesús y en la vida de los gentiles.

Lo que ocurre es que el temor, no hay nada como el temor para aumentar nuestro egocentrismo. No hay nada como el temor para que tú concluyas, aunque no lo digas, pero lo sientes: no, esto se trata de mí, no me importa nadie más. Entonces, ¿cómo yo ilustro eso? Continuamente en consejería. Tú estás en un barco, el barco comienza a hundirse, hay 500 salvavidas y hay 100 personas. ¿Qué tú piensas que comenzaría a ocurrir entre aquellos que están tratando de que nos salvemos? Que cada cual como se mira. Mira aquí, aquí hay un salvavidas, mira, protoma este. Y sobraban 400, ¿por qué no? Pero vamos a invertirlo ahora. Hay 500 personas y hay 100 salvavidas. Entonces, algo va a ocurrir: que sálvese quien pueda. Y va a haber plato, mordida, trompadas, galletas, patadas y todo por el salvavidas, porque el temor alimenta tu egocentrismo. Lo pudiste ver.

Entonces, ahora Pedro, se ha temorizado. Mira, le digo: bueno, yo no voy a arriesgar que estos judíos vayan a llevar malos reportes a Jacobo acerca de lo que yo estaba haciendo aquí. Entonces, ¿qué fue la consecuencia de esta acción de Pedro? Versículo 13: "Y el resto de los judíos se unió a su hipocresía, de tal manera que aun Bernabé fue arrastrado por la hipocresía de ellos."

Ok, hay unos judíos que vienen de Jerusalén, pero en Antioquía había judíos. Esos judíos habían estado comiendo con Pedro. Habían estado comiendo con Pedro con los gentiles. Cuando ellos ven que Pedro el apóstol comienza a retirarse, el resto de los judíos que ya también habían abrazado la visión de Pedro probaron lo mismo. Lo peor de todo es que Bernabé fue arrastrado por ellos. Espérate, Bernabé. Se unió a su hipocresía.

Grant Osborne dice lo siguiente de la hipocresía con relación a este texto: "La hipocresía ocurre cuando una persona desarrolla prácticas externas que implícitamente contradicen creencias internas, que llevan a dar una falsa impresión." En otras palabras, Pedro entendía el Evangelio en su mente, pero comenzó a practicar una cosa que le daba la impresión a los que vinieron de Jerusalén que él estaba igual que ellos, no juntándose con gentiles. La dicotomía que Pedro creó entre la práctica y la teoría constituyó la hipocresía, ya que Pedro y los demás actuaron contrario a lo que ellos sabían que era correcto. Fin de la cita.

Pedro arrastró a Bernabé. Yo creo que Pablo cuando vio eso, probablemente se indignó más. ¡Bernabé! Saber, Bernabé, el que me introdujo a mí ante la iglesia primitiva cuando la iglesia no quería recibirme. Bernabé, que fue a buscarme a Tarso. Él estaba en Antioquía, fue a Tarso, me buscó, me llevó a Antioquía para que yo ayudara con el trabajo de los gentiles. Bernabé, que subió conmigo a Jerusalén, se sentó conmigo con Juan, con Jacobo, con Pedro, y hablamos acerca del Evangelio que no incluía circuncisión y nada que tenía que ver con judaísmo. ¿Que este Bernabé sea arrastrado a la hipocresía de Pedro? Es como que Pablo pudiera decir: ya esto se acabó, dejemos esto aquí, recojan y vámonos. Yo creo que es lo que Bernabé... Es como: ¡hasta tú, Bruto! ¡Hasta tú, hete Bruto! Recuerde esa frase de la historia.

El problema es, escucha dónde está el problema. Hebreos 3:13: "No sea que alguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado." El pecado engaña. De hecho, Pablo de eso en la carta a los Romanos dice que el pecado lo engañó y lo mató. Diciendo: el pecado me engañó, haciéndome creer que yo podía cumplir la ley, y me mató, porque yo creía que estaba vivo cuando en realidad estaba condenado. Entonces el pecado te engaña. El pecado engañó a Daniel, el pecado me engaña a mí, te engaña a ti. Y la práctica del pecado en el tiempo endurece a la persona hacia Dios y hacia los demás.

Hebreos 3:13: "No sea que alguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado." El problema es que el pecado, la práctica del pecado nos lleva... Cuando tú practicas algo una y otra vez, tu conciencia se va insensibilizando y la acepta como normal. Por eso es que cosas que son muy erradas en tu familia, cuando tú las ves y las practicas, cuando ves a otro haciendo lo mismo, o tú mismo las practicas, tú encuentras que es una cosa de gran tamaño, porque tú creciste así. Lo mismo ocurre en nuestra cultura, hasta que tú sales fuera, te pasas unos años fuera, y luego tú miras tu cultura y dices: no puedo creer que los dominicanos vivían así. Bueno, pues así tú y yo vivimos también en un momento de ahí.

Entonces, ¿cuál fue la reacción de Pablo? Versículo 14: "Cuando vi que no andaban con rectitud" —o sea Pedro, el resto de los judíos, Bernabé— "cuando vi que no andaban con rectitud en cuanto a la verdad del Evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿por qué obligas a los gentiles a vivir como judíos?"

El problema fue el estilo de vida. El estilo de vida que Pedro cambió no era conforme al Evangelio. Cuando el Evangelio está en juego, Pablo no estaba dispuesto a ponerse de acuerdo con genialidad. No, no, no, así no.

Pablo dice, yo te lo leí la semana pasada, lo voy a leer de forma abreviada, en 1 Corintios 9:20-22: "A los judíos me hice como judío, a los que estaban bajo la ley me hice como que yo estaba bajo la ley, a los que estaban sin ley me hice como que yo estaba sin ley, a los débiles me hice como débil. Es más, a todos yo me hice todo, por amor al Evangelio." Ahí está la clave: por amor al Evangelio yo cedo en múltiples cosas.

Ahora, Pablo fue acusado, herido, maltratado, mal entendido, apresado, torturado, rechazado, perseguido, menospreciado, calumniado, cuestionado, decepcionado. Y para todo eso yo lo paso por alto, yo lo perdono, eso tiene que ver conmigo, eso no importa. Por eso es que les dice que cedió, a los judíos como digo, él hizo de todo. Pero el Evangelio es uno de esos "hills to die on", una de esas colinas pendientes que tú luchas y luchas y luchas por subir aunque te mueras en el intento. Ahí yo no voy a ceder. Y eso es lo que estaba ocurriendo aquí.

Entonces, el Evangelio tiene una definición teórica, pero tiene, se supone que tiene, una práctica. Y Pedro estaba comprometiéndole el Evangelio en la práctica, no en la teoría. Y eso es hipocresía. Eso es lo que Pablo llamó hipocresía. Así, la teoría y la práctica no son congruentes, no congrúen, eso es hipocresía.

Amencieres otra vez, porque lo voy a mover aplicado una vez más a nuestras vidas. Si la teoría, lo que yo creo, y la práctica no son congruentes, eso es hipocresía.

Entonces, se supone que el Evangelio me llama a amar al prójimo. Cuando yo no amo al prójimo como a mí mismo, hay una dicotomía que Pablo diría: eso es hipocresía, porque yo lo creo. El Evangelio, la práctica del Evangelio se supone que me llame a hacerme siervo de todos. Cuando eso no ocurre, Pablo diría: eso es hipocresía. El Evangelio en la práctica me debe llevar a perdonar todo a todo el mundo. Cuando eso no ocurre, Pablo diría: eso es hipocresía. Hay una dicotomía.

El Evangelio en la práctica, en la vida diaria, que es una frase que se ha puesto más o menos como de moda en ciertos círculos... El Evangelio en la vida diaria. De hecho, yo creo que he hablado de eso, me han traído como cuatro veces en diferentes países. Evangelio en la vida diaria. Se supone que a mí me debe llevar a hablar con mansedumbre. Cuando yo no hablo con mansedumbre, Pablo diría: eso no es conforme a la verdad del Evangelio. El Evangelio en la práctica debe llevarme a un estilo de vida humilde. Cuando eso no está paralelo, eso es una dicotomía. Eso es una dicotomía, porque tú eres un pecador en bancarrota moralmente, perdonado pero no culpable. El Evangelio debe llevarte a trabajar armoniosamente con creyentes y no creyentes. El Evangelio en la vida diaria no es condenador, más bien reconciliador.

Mencioné todo eso por lo que nosotros vamos a ver, que nosotros tenemos incongruencias. Muchas frecuentes no tienen que ver con los hábitos culinarios, porque nosotros no teníamos ese trasfondo culinario. Pero nosotros tenemos muchos otros trasfondos que nos llevan a negar el Evangelio en la práctica y que nosotros nos estamos comenzando a corregir.

Definitivamente, no hay razón alguna para que un cristiano pueda sentir o practicar rechazo hacia otra persona, ya sea por su estatus económico, ya sea por su descendencia, ya sea por su nacionalidad, ya sea por el color de su piel, ya sea porque no habla tu idioma, ya sea porque es flaco, porque es gordo, porque es feo, porque es hermoso, porque es bajito, porque es alto. Todas las vidas importan. Todas las vidas importan. No un solo tipo de vida, no un solo grupo. Todas las vidas importan.

De manera que en el día de hoy, Dios ha usado este texto para ayudarnos a entender lo que pasó hace dos mil años. Nos llevó allá atrás y luego tomó el texto y nos está trayendo aquí, ahora, el día de hoy, para que nosotros podamos salir de aquí habiendo entendido el Evangelio. Y comprendido que el Evangelio es tu llamado, pero no solamente es tu llamado, es tu responsabilidad. Y no solamente tu responsabilidad, es tu privilegio. Y no solamente es tu privilegio, es tu bendición. ¿Tú entendiste? Que es tu llamado, tu responsabilidad, pero es un privilegio, es una bendición vivir el Evangelio.

De manera que otros puedan ver el Evangelio ambulante en nuestra ciudad. Sal de aquí decidido a reflejar a Cristo por amor al Evangelio, porque al final del camino Él es el Evangelio. ¿Tú entiendes eso? Cristo es el Evangelio. Entonces, cuando tú lo reflejas, reflejas el Evangelio y no te avergüenzas del Evangelio.

De tal forma que yo tengo que permitir que el Evangelio cale profundamente, íntimamente, y trabaje en sus implicaciones. Y quien hace eso es el Espíritu de Dios que mora en mí, en respuesta a la rendición de mi voluntad a su trabajo. De manera que eso requiere literalmente que yo finalmente acabe de morir a mí mismo y deje que Cristo viva en mí, de tal forma que tú puedas decir con el apóstol Pablo: "Es Cristo en mí, no soy yo, pero Cristo que vive en mí". O a través de mí, es la vida de Cristo a través de la tuya.

Que Dios use su Palabra en el día de hoy para ayudarme a entender varias cosas: en Cristo yo estoy completo, en Cristo yo necesito reflejar quién Cristo es, en Cristo yo necesito reflejar su mensaje, en Cristo yo he sido hecho embajador de Cristo para la gloria del Padre, para la salvación de los hombres. Y una de las maneras como eso se hace es verbalmente, y la otra forma es practicando lo que mis palabras dicen, de manera que haya una congruencia entre lo que yo creo y lo que yo practico.

¡Padre, gracias! Porque ciertamente en Cristo completo estoy. ¡Padre, gracias! Porque el temor, el temor a la condenación, el temor a ser rechazado, el temor de no poder cumplir la ley, todo eso se ha ido, todo eso pasó. Pero hay otro temor que tiene que terminar de irse, Dios. Si es el temor a los hombres, yo te pido junto con mis hermanos, que por amor a Cristo, que a través de ese espíritu no de cobardía sino de valor, de dominio propio, de coraje, Tú nos permitas nunca avergonzarnos del Evangelio, sino más bien reflejarlo. Gracias por hacerme completo en Ti.

Y su pueblo dice: ¡Amén! Vayan en paz.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.