IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La benignidad y la bondad no son simplemente cualidades agradables; son el reflejo visible del carácter de Dios en sus hijos. En una generación marcada por la ira verbal, la violencia, el bullying y la crítica despiadada, estas virtudes del fruto del Espíritu contrastan radicalmente con las obras de la carne: enemistades, pleitos, celos, rivalidades. La bondad es lo que somos internamente cuando el Espíritu ha transformado nuestro corazón; la benignidad es la expresión externa de esa bondad en palabras y acciones hacia los demás.
David ilustra esto de manera extraordinaria. Años después de la muerte de su amigo Jonatán, buscó a alguien de su familia para mostrarle "la bondad de Dios". Encontró a Mefiboset, un hombre lisiado y olvidado, y lo restauró completamente. David no quería mostrar su propia bondad, sino ser un instrumento de la bondad divina. Esa es la diferencia crucial: no hacemos el bien por interés, por impresionar o por obligación, sino porque hemos sido transformados por la misericordia que recibimos cuando éramos enemigos de Dios.
La persona verdaderamente bondadosa se pone en los zapatos del otro, siente su dolor, anticipa sus necesidades, prefiere ser herida antes que herir, y perdona con gozo. Jesús encarnó esto perfectamente: alimentó multitudes, lloró con Marta y María, sanó interrupciones sin airarse, y perdonó a la mujer adúltera. Si el otro fuera Cristo, pregunta el pastor Núñez, ¿qué no haríamos por él? Jesús mismo respondió: lo que hacemos al más insignificante, a él se lo hacemos.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Voy a pedir que abras tu palabra, tu Biblia. De nuevo nos vamos a Gálatas 5, pronto al versículo 20. Vamos a estar leyendo un par de versículos de esa carta de Pablo a las iglesias de Galacia, que ya hemos estado viendo y que yo creo que quizás nos hemos ido aprendiendo de memoria prácticamente. Pero para los que no han estado con nosotros, tenemos cuatro domingos revisando las primeras cuatro virtudes del fruto del Espíritu: hablamos del amor, hablamos del gozo, hablamos de la paz y hablamos de la paciencia.
En el día de hoy vamos a estar hablando de la benignidad y la bondad. Las vamos a abordar de manera conjunta porque esas dos palabras están íntimamente relacionadas, tanto así que aún en la Biblia frecuentemente ellas son usadas de manera intercambiable. Esta va a ser la quinta ocasión, pero no la última, en que vamos a volver a leer los versículos 22 y 23 de Gálatas 5. Esta es la Palabra de Dios, ella es la que nos rige; no importa cuántas veces la leamos, debemos volver a leerla si queremos poner por obra lo que en ella está.
De manera que este es el versículo 22 de Gálatas 5: "Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley."
Como ya mencionamos, estamos enfocando hoy dos de estas virtudes: la benignidad y la bondad. Virtudes que contrastan significativamente con lo que tú puedes leer apenas uno o dos versículos antes, en el versículo 20, una serie de vicios, no virtudes, sino vicios de las obras de la carne. Esta es la razón por la que el versículo 22 comienza con un "pero". La palabra "pero" ahí nos ofrece un contraste. En el versículo 20 tú lees enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones. Todas estas conductas abundan donde la benignidad y la bondad no están. De manera que si estas cosas —las enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones— están de un lado, la benignidad y la bondad están del otro lado.
Recuerden que en el mensaje anterior lo terminamos diciendo que la razón número uno para nosotros querer, desear y cultivar estas cualidades que forman parte del fruto del Espíritu es el llamado recurrente que tenemos, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, a reflejar el carácter de Dios desplegado en la persona de Jesús a su paso por la tierra. Esto es así, que Pablo les escribió a los efesios y les dice en Efesios 5:1: "Sed imitadores de Dios como hijos amados." En otras palabras, si somos hijos, debemos lucir como el Padre, como el Padre celestial, de la misma manera que muchos de los hijos terrenales lucen como sus padres físicamente, y a veces hasta moralmente o en conducta. Esa es la idea.
De manera que, con la idea de lo que es la benignidad y la bondad caracterizando nuestras vidas, yo quiero que tú puedas transitar el resto de lo que este mensaje es pensando que esas dos virtudes deben caracterizar tu caminar, que ellas tienen que ser parte de ti. Eso es importante en cualquier tiempo, pero esta es una generación que lo requiere, en mi entendimiento, de manera especial, porque estamos viviendo en un tiempo caracterizado por la ira expresada verbalmente. Todos los días soy sorprendido por la manera como la gente, incluyendo cristianos, hablan en las redes sociales, como si ese vocabulario violento fuera normal o parte de la vida cristiana.
Es una generación caracterizada por la violencia física, por el odio, por el rechazo, el desprecio, la falta de armonía, el espíritu de condenación y juicio, por la práctica del bullying con efectos emocionales y psicológicos sobre aquellos que lo sufren. Tanto así que el bullying ha pasado a ser parte de nuestras bromas. Eso nos da una idea de cuánto el pensamiento cultural ha infiltrado nuestro vocabulario y nuestras mentes.
Nuestra generación valora decir la verdad porque se gloría de ser transparente, pero dice la verdad —cuando la dice— divorciada del amor. Nosotros los cristianos no nos puede olvidar que la Palabra nos manda, nos ordena, espera que yo diga la verdad en amor. Esas dos cosas forman parte del carácter de Dios, son dos de sus atributos; tú nunca puedes separar los atributos de Dios. Es una generación que valora poder llamarle la atención al otro, pero lo hace sin la más mínima expresión de gracia, que pone énfasis en la crítica como una manera de sentirnos mejor y superiores a los demás. Nada de eso es compatible ni con la benignidad, y mucho menos con la bondad.
Quisiera que comencemos en esta mañana por explorar la definición o significado de estas dos virtudes. Digo eso a sabiendas de que es extremadamente difícil definirlas. Muchas veces es más fácil caracterizar algo o ilustrar algo, y este es el caso en el día de hoy. Pero para comenzar, permíteme decirte que estas virtudes transmiten la idea de experimentar un deseo genuino de reconocer y llenar las necesidades de otro, para usar una expresión de Jerry Bridges en su libro "The Fruitful Life" o "La Vida Fructífera".
Uno pudiera pensar que la benignidad, o gentileza, o amabilidad —dependiendo de la traducción que tú tengas de la Biblia— representa la expresión externa de la bondad. Dicho de otra forma: la bondad es, y la benignidad hace. Es lo que sale de mí. Si Dios ha hecho un trabajo cultivando la bondad en el interior de un corazón por medio de su Espíritu, lo natural es que haya una expresión externa de benignidad, o de amabilidad, o de gentileza hacia los demás. Y es expresada en palabras y en acciones.
Albert Barnes, en su muy conocido comentario, nos dice que la palabra en el original traducida a nosotros como benignidad se opone a un temperamento áspero, malhumorado y torcido. Es un temperamento apacible, es calma de espíritu, es una disposición imperturbable y una disposición a tratar a todos con amabilidad y cortesía. Fin de la cita. Dicho de otra forma, la benignidad como fruto del Espíritu corrige el temperamento irritable, endulza las palabras hirientes y cargadas de ira, y elimina las palabras ofensivas y denigrantes.
El Diccionario Bíblico de Tyndale resume la amabilidad o benignidad como ese estado —nota que es un estado del ser— que incluye los atributos de afecto amoroso, simpatía, amabilidad, paciencia y bondad. Continúo: la amabilidad es una cualidad que se muestra en la forma que una persona habla y actúa. Es más volitivo que emocional, dice el diccionario. En otras palabras, me voy a comportar de una manera benigna o bondadosa no simplemente cuando yo lo sienta. No, no. Cuando yo entienda que esa es la manera como me toca hacer por ser hijo de Dios. Por eso es volitivo, tiene que ver con la voluntad. No puedo esperar a sentirme bondadoso para actuar bondadosamente. ¿Nos va quedando el sombrero hasta ahora?
Por otro lado, la palabra bondad es una palabra que solo aparece en la Biblia. En la antigüedad, en el griego secular, no está. Es como si esta palabra no existiera, es como si no hubiera en el mundo secular de entonces tal cualidad o la necesidad de reconocerla. Pero es una virtud que en la Biblia es ampliamente asociada con Dios, desplegada a lo largo de toda la revelación bíblica de una forma extraordinaria cuando de Dios se habla.
Mira el Salmo 145:9: "El Señor es bueno para con todos, y su compasión sobre todas sus obras." No pases por alto la frase "para con todos". Pero en realidad, esa es la frase que uno debería esperar si entendió la frase anterior. La frase anterior dice "el Señor es bueno". Es que el Señor se comporta de manera bondadosa o bonachona, y entonces por eso lo está calificando de esa forma. No es que es lo que es; por tanto, si eso es lo que es, Él lo será para con todos. Como mencionaba esta mañana, yo siempre me viene el ejemplo del agua. Es como el agua: el agua moja porque esa es su naturaleza, y hará eso con todos.
Cuando tú piensas en Dios, Él es bueno y Él hace lo bueno. Esa sería una manera de decirlo. Mira cómo el salmista dijo exactamente lo mismo pero con sus palabras en el Salmo 119:68: "Tú eres bueno y haces únicamente el bien." Únicamente. De manera que aquellas cosas que nosotros dictamos como malas, no, desde el punto de vista de la divinidad son buenas porque fueron necesarias para el propósito para el cual Dios estaba obrando. Tú eres bueno, oh Dios, y Tú haces lo que eres. Tú eres bueno y Tú haces lo que eres. Y de ahí entonces que su bondad se extiende sobre todos.
Ahora, la frase para mí es el hecho de que se extienda sobre todos. No me fue tan impresionante, no porque no lo vea, sino porque ya lo sabía. Pero en mi meditación, rumiando el versículo para fines de este mensaje, lo que se volvió a captar mi atención es que su compasión o su bondad es sobre todos en un mundo ingrato, en un mundo de maldad, en un mundo que niega su existencia. En un mundo que cuando no niega su existencia la afirma, pero entonces luego vive de espaldas a ese Dios como si Él no existiera. Y en otros casos afirma la existencia de Dios, pero nuestros espíritus de queja continuamente revelan que no tengo gratitud hacia Él.
Cuando Dios reveló en Romanos 2 —en Romanos 1— que había dos disposiciones del espíritu del hombre que habían provocado su ira: uno, que no lo reconocieron como Dios a pesar de que sabían que había un Dios, y dos, que tampoco le dieron gracias. De manera que la falta de gratitud en nosotros hacia el Dios que ha derramado su bondad es en parte responsable de que la benignidad y la bondad no sean parte de nuestros frutos.
Hasta ahí he intentado definir estas cualidades, pero como mencioné, ellas son mejor ilustradas, ellas son mejor ilustradas y caracterizadas que definidas. Una vez más, la razón número uno para nosotros exhibir estas cualidades es la necesidad, la obligatoriedad que tenemos de reflejar el carácter de Dios, porque a eso hemos sido llamados. Y por eso yo titulé este mensaje: "Cuando tu benignidad y bondad reflejan a Cristo."
Esto es como va a lucir en lo adelante según seguimos exponiendo. Esto es como tu vida va a lucir cuando tu benignidad y tu bondad son reflejo del carácter de Cristo.
Ahora, habiendo visto someramente las definiciones de benignidad y bondad, yo quisiera que pudiéramos hablar ahora de las razones para cultivar esas virtudes. La primera: reflejar el carácter de Dios, que yo te mencioné. Tú y yo debiéramos exhibir tanto la benignidad como la bondad, porque de lo contrario nosotros estaríamos fallando a nuestro llamado, y fallar a nuestro llamado es fallar al que nos llamó. Déjame decir eso otra vez: fallar a nuestro llamado es fallar al que nos llamó, y eso es pecado. No es tan sencillo como que "bueno, yo no tengo este temperamento, yo sé que hay otros que tienen temperamento más apacible, más benignos, más mansos, más bondadosos." No, estás fallando a quien te llamó, como lo acabo de expresar.
Dios conoce que estas cualidades no están en nosotros de manera natural. Él conoce que yo no las puedo producir; hasta ahí incluso llega Dios. Y por tanto, Él me resuelve el problema. Él dice: "Como yo sé cómo eres, como yo sé cuál es tu naturaleza, porque de un árbol malo no pueden salir frutos buenos, yo voy a poner, yo te voy a injertar" —para usar la metáfora— "te voy a injertar con el Espíritu Santo de manera que Él produzca el fruto del Espíritu en ti, porque yo quiero, yo deseo que mis hijos me reflejen." Y el Espíritu de Dios tiene un deseo increíble, extraordinario, por hacer su trabajo en ti de forma que tú y yo comencemos a lucir como Cristo. Y cuando eso no está ocurriendo, hay con toda probabilidad una resistencia de mi parte, consciente o inconsciente, al trabajo de Dios en mí.
Ahora, antes de continuar, notemos que a veces nosotros hacemos el bien y hacemos lo bueno, pero no necesariamente porque seamos buenos. Hay ocasiones donde nosotros hacemos lo bueno de manera interesada, porque yo tenía algo que conseguir de esta persona o de este trabajo. Otras veces nosotros hacemos el bien porque, bueno, imagínate, solo es lo que se esperaba de mí, y voy a dar esta consejería porque como pastor es lo que se espera, que aconseje.
O a veces tenemos el deseo de impresionar a otros. Y vamos a una entrevista de trabajo, y en esa entrevista: "Ah, ¿cómo no, señor? Muy amable, encantado, un placer para servirle. Servir al cliente es lo que yo he hecho toda mi vida, ahí es donde está mi fortaleza." Y luego comenzamos a trabajar. Y luego nos vamos de la entrevista y vamos con nuestros amigos y comenzamos a decir: "Imagínate, yo estaba ahí que ya tú sabes, con una amabilidad y una gentileza que el hombre estaba impresionado. Es más, creo que por eso fue que me dieron el trabajo." Y hasta nos reímos. Todavía en otras ocasiones somos gentiles, amables, por temor a las consecuencias.
Pero la benignidad y la bondad como fruto del Espíritu son el resultado de un cambio en mi naturaleza, en mi mente, en mi corazón. En otras palabras, ya no pienso igual; como no pienso igual, ya no siento igual; y como ya no pienso ni siento igual, ya no actúo igual. Es un cambio interno, real, genuino, donde ahora no es algo que yo voy a hacer, es algo que yo soy.
Y una de las cosas que más me ayuda a ser así es el reconocimiento de la bondad de Dios sobre mi vida, sobre nosotros, que nos lleva a vivir con gratitud, y esa gratitud nos debe mover a querer hacer el bien. Si tú puedes realmente aquilatar el valor de la infinita bondad que Dios ha tenido para contigo, no solamente al momento de salvarte, al momento de preservarte hasta el día de hoy, si tú puedes aquilatar eso, la forma como tú vas a tratar a los demás es extremadamente bondadosa, de manera natural.
Yo les mencioné que es más fácil ilustrar esto que definirlo, de manera que en el día de hoy voy a usar varias ilustraciones. La primera viene directamente de la Palabra de Dios. Yo creo que no hay mejores ilustraciones que las que encontramos aquí mismo.
La mayoría de ustedes conocen que el rey David tenía en su juventud un amigo muy cercano de nombre Jonathan, hijo del entonces rey Saúl. Esos dos individuos establecieron una amistad del alma, si es como yo la llamo, una amistad poco común, una amistad que yo diría que fue única. La manera como yo lo sé es porque cada uno de ellos tenía un interés prioritario en el bienestar del otro, literalmente hablando. En el transcurrir del tiempo, Jonathan y Saúl —Saúl el rey, Jonathan el hijo— murieron, y el tiempo pasó. Pero David amó a Jonathan y por consiguiente no se olvidó de él.
El segundo libro de Samuel en el capítulo 9 tiene la siguiente historia, y presta atención cada vez que oigas la palabra "bondad" en este texto: "Entonces David dijo: ¿Hay todavía alguien que haya quedado de la casa de Saúl para que yo le muestre bondad por amor a Jonathan? Y había un siervo de la casa de Saúl que se llamaba Siba, y lo llamaron ante David. Y el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Tu servidor, respondió él. El rey le preguntó: ¿No queda alguien de la casa de Saúl a quien yo pueda mostrar la bondad de Dios? Y Siba respondió al rey: Aún queda un hijo de Jonathan, lisiado de ambos pies. ¿Dónde está él?, preguntó el rey. Y Siba respondió al rey: Está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar. Entonces el rey David mandó a traerlo."
"Y Mefiboset, hijo de Jonathan, hijo de Saúl, vino a David, y cayendo sobre su rostro se postró. Y David dijo: Mefiboset. Tu siervo, respondió él. David le dijo: No temas, porque ciertamente te mostraré bondad por amor a tu padre Jonathan, y te devolveré toda la tierra de tu abuelo Saúl, y tú comerás siempre a mi mesa. Él se postró de nuevo y dijo: ¿Quién es tu siervo para que tomes en cuenta a un perro muerto como yo? Un lisiado que no te sirve para nada, ya como una genealogía desaparecida."
"Entonces el rey llamó a Siba, siervo de Saúl, y le dijo: Todo lo que le pertenecía a Saúl y a su casa queda dado al nieto de tu señor. Y tú, tus hijos y tus siervos cultivarán la tierra para él, para el hijo de Jonathan, y le llevarán los frutos para que el nieto de tu señor tenga alimento. Sin embargo, Mefiboset, nieto de tu señor, comerá siempre a mi mesa. Siba tenía quince hijos y veinte siervos."
¿Notaste las veces que la palabra "bondad" fue usada en el texto y la manera como fue usada? Escucha: "Para que yo le muestre bondad por amor a Jonathan." La bondad brota del amor por el otro; el amor es la semilla de la bondad. Ellas caminan de la mano, ellas son gemelas en el mismo vientre.
Escucha la segunda vez que la palabra "bondad" aparece en el texto que te leí: "¿No queda aún alguien de la casa de Saúl a quien yo pueda mostrar la bondad de Dios?" No "a quien yo pueda mostrar mi bondad," no "a quien yo pueda mostrar bondad" en neutro. No, no: "a quien yo pueda mostrar la bondad de Dios." David estaba consciente de que es meramente un instrumento a través del cual puede o no fluir la bondad de Dios, y él quiere que así sea. "Yo quiero encontrar a un descendiente de Jonathan a través de quien Dios pueda bendecirlo con su bondad." Cuando nosotros no estamos dispuestos a comportarnos bondadosamente, es una manera de negarnos a ser instrumentos de Dios para que su bondad pueda fluir, tocar a otros y cambiar a otros en muchas ocasiones.
Finalmente, David dice: "Te mostraré bondad por amor a tu padre." Jonathan ya había muerto, pero no el amor de David por Jonathan. El amor verdadero es una llama difícil de extinguir. Y el refrán dominicano —no sé si es dominicano o latinoamericano— "ojos que no ven, corazón que no siente," no se aplicaba a David y Jonathan. David no estaba viendo a Jonathan, pero su corazón todavía sentía por él, porque el amor verdadero es una llama difícil de extinguir. Así luce la bondad, así se mueve la bondad, así siente la bondad.
David había sido perdonado por Dios. Dios lo había perdonado a David infinitamente, una cantidad infinita de sus pecados graves, severos. David estaba consciente de eso, y ahora en agradecimiento a la bondad de Dios, él quiere ser un instrumento, una fuente de bondad para con otros.
Pero hablemos de la benignidad. Yo quiero usar la Palabra para ilustrar la benignidad, porque en otra ocasión otro descendiente de Saúl, de la casa de Saúl, pariente de Jonathan, estaba airado con David. Y David iba caminando con sus hombres —nosotros le llamaríamos guardaespaldas; en aquella ocasión le llamaban hombres valientes, los hombres valientes de David— y este hombre viene caminando al lado de manera paralela, viene insultando al rey, tirándole piedras al rey. Y uno de los valientes de David se irrita y dice: "¿Por qué ha de maldecir este perro muerto a mi señor el rey?" Y le dice a David: "Déjeme que vaya ahora y le corte la cabeza." En otras palabras, típico de los reyes en aquella época: "Esa no es la manera como se trata a un rey, ni como se honra a un rey, ni como se cuida de un rey, como te diriges a un rey. ¿Cómo tú te atreves, perro muerto? Se murió tu dinastía. ¿Hablarle así? Mi deseo es cortarte la cabeza." Y este hombre solamente esperaba por el permiso de David.
Escucha la benignidad de David: "Déjalo que siga maldiciendo, porque el Señor se lo ha dicho. Quizás el Señor mire mi aflicción y me devuelva bien por su maldición de hoy." Eso es un acto de benignidad de David. David fue benigno hacia este hombre. David sabía que si esto estaba ocurriendo, eso no ocurrió separado de la providencia de Dios. Dios había dado por lo menos el permiso para que tal cosa ocurriera. Le dice: "No, déjalo, déjalo, déjalo, déjalo que me siga maldiciendo. Quién sabe si la mano de Dios está detrás de él, y al final, si me porto benignamente, bondadosamente, quién sabe si yo reciba una bendición por su maldición."
David conocía la bondad de Dios, y es la infinita misericordia de tu Dios hacia tu vida la que demanda que tú y yo seamos bondadosos hacia los demás, incluyendo mis enemigos. "Pastor, ¿mis enemigos que reciban bondad de parte mía?" Eso fue exactamente lo que tú eras y yo era para Dios cuando yo recibí misericordia y recibí salvación.
La Palabra de Dios me caracteriza como un enemigo de Dios, lo afirma en Romanos cinco días, hasta que yo vengo a sus caminos. De manera que cuando Dios me visitó con su misericordia y su bondad y su gracia y su perdón, yo era un enemigo de Dios. De esa forma, Dios me dice: si yo te visité en tu enemistad conmigo, ¿cómo es que tú no vas a visitar tu bondad hacia tus enemigos ahora? Porque tienes un llamado a imitarme, y lo único que estoy pidiendo es que hagas algo que ya yo hice contigo.
Número tres: es bueno conocer los obstáculos para el crecimiento de la bondad y la benignidad en nosotros. Como acabamos de mencionar, después de que nosotros hemos recibido el amor, la misericordia, la bondad, la gracia, el perdón de parte de Dios, no tenemos ninguna justificación, cero, ninguna justificación para tratar al otro con desdén, con desprecio. Yo no puedo ser tratado por Dios, quien tenía el derecho a maltratarme, a tratarme de otra forma en vista de que Él es el Juez, Él es el tres veces Santo, Él es el Justo, y si Él me trató de esa manera, yo no tengo razón alguna para despreciar al otro, para sentir desdén por el otro, para pensar mal del otro. Si la persona que podía condenarme, que tenía el derecho, tenía la autoridad, tenía la razón para hacerlo, no lo hizo, entonces yo no tengo razón alguna para poderlo hacer.
Benignidad y bondad, sus obstáculos. Bueno, ninguna de estas dos virtudes pueden crecer en un corazón ingrato, porque como viste en David, David responde con bondad habiendo sido visitado por la bondad de Dios. Es la bondad de Dios visitada en mí que se convierte en la motivación para ser bondadoso hacia otros. Estas virtudes no crecen en un corazón egoísta, porque el corazón egoísta está interesado solamente en él, tiene un mundo y es el suyo. Pero resulta que dijimos al principio que la bondad y la benignidad representan un deseo genuino, tienen un deseo genuino de querer identificar y llenar las necesidades del otro. Nosotros vivimos en un mundo egoísta, autocentrado. Ese mundo necesita ver cómo luce un hermano de Cristo, un hijo de Dios, cuando ha sido tocado y transformado.
Déjame leerte una historia a manera de ilustración, porque como decía, tengo que seguir ilustrando estas virtudes. Será mejor que la definición, pero para que tú puedas entender cómo es. Quizás algunos de ustedes han oído o leído esta historia, tiene un tiempo circulando, pero yo creo que ilustra mucho. Una mujer esperaba una noche en un aeropuerto que llegase su hora de embarcar. Tenía largas horas de espera. Entró en una librería en el aeropuerto, escogió un libro, compró una bolsa de galletas y buscó dónde sentarse a esperar. Estaba absorta en el libro leyendo cuando vio que el hombre que tenía al lado, con todo descaro, sacaba una galleta de la bolsa que estaba entre los dos. Y ella simuló no percatarse para evitar una escena. Ella leía, comía galletas, miraba el reloj, mientras el ladrón de galletas le consumía su provisión.
A medida que pasaban los minutos se irritaba cada vez más pensando: "Si no fuera tan educada le pondría un ojo morado a este hombre", porque cada galleta que ella sacaba, él sacaba otra. Cuando solo quedó una, ella se preguntó: "¿Qué haría él?" Con una sonrisa en la cara y una risa nerviosa, el ladrón sacó la última galleta, la partió en dos, le ofreció a ella una parte mientras se comía la otra parte. Ella se la arrebató mientras pensaba: "¡Ay, hermano! ¡Qué descarado este tipo y qué grosero! Pues no ha mostrado el menor agradecimiento." La mujer nunca había sentido tanta rabia y suspiró aliviada cuando llamaron para embarcar su vuelo. Recogió sus cosas y fue hacia la puerta negándose a volver la mirada y mirar al ingrato ladrón.
Subió al avión, se hundió en su asiento, buscó el libro que casi ya había terminado de leer y al hurgar en su equipaje, dio como un grito de asombro. Allí ante sus ojos estaba su bolsa de galletas llena. "Si estas son las mías", ella respiró profundamente, "entonces las otras eran suyas. Y él trataba de compartirlas." Demasiado tarde para disculparse, pensó con tristeza. Pensó que ella al final era la grosera, la ingrata y la ladrona.
En la historia, el caballero había sido generoso, había sido amable, bondadoso, gentil. Pero como ella no tenía toda la información y tenía un corazón como el nuestro, ella no pudo percatarse de su acto de bondad y generosidad frente a sus ojos. ¿Cuántas galletas no nos habremos comido nosotros a lo largo del camino, cuando alguien ha sido generoso y gentil y afable y bondadoso y benigno, tratando de ayudarnos, y con la información incorrecta o incompleta nosotros condenamos a la persona, cuando en realidad era el otro que estaba siendo generoso conmigo?
Un corazón airado tampoco podrá experimentar virtudes compasivas, es imposible. De hecho, la ira es como lo opuesto de la amabilidad, lo opuesto de la gentileza, lo opuesto de la generosidad y de la bondad. El corazón airado no puede ni ser amable, ni ser gentil, ni ser generoso, ni ser bondadoso. Son cosas imposibles.
De hecho, la Palabra de Dios me enseña eso de otra manera, pero me enseña en Efesios 4:31-32. Estoy leyendo la Nueva Versión Internacional. Esto es lo que dice: "Abandonen toda amargura, ira, enojo, gritos, calumnias y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo Jesús." En ese texto que yo acabo de leer, hay un primer llamado: abandona la ira, el enojo, los gritos, la amargura. Y luego hay un llamado a abrazar la bondad, la generosidad, la compasión. Tú no puedes, con un corazón airado, abrazar la bondad, es imposible. Tú tienes que deshacerte de esas cosas primero para luego hacerte de aquello que caracteriza al nuevo hombre. Lo otro es del viejo hombre, esto es del nuevo hombre: la compasión y la bondad.
Esas virtudes tampoco pueden crecer en un corazón endurecido. El corazón tiene que ser ablandado por el amor de Dios, tiene que experimentar el amor de Dios primero para luego poder experimentar la compasión de Cristo. Si hubo alguien en la Palabra de Dios que ejemplificó en carne la benignidad y la bondad, fue la persona de Cristo Jesús. De hecho, Él encarnó perfectamente todas las virtudes, pero estas dos salen a relucir de una manera extraordinaria en los evangelios. Y de esta forma entonces Él también nos enseñó la necesidad que tenemos de poder mostrar esas virtudes en nosotros.
Y con eso yo quiero pasar a mi cuarto punto entonces, para que podamos hablar de la benignidad y la bondad como estilo de vida. Cuando el Señor Jesucristo predicó el Sermón del Monte, me voy a referir al Sermón del Monte en dos versiones distintas. El Sermón del Monte de Mateo es un sermón mucho más largo; la versión de Lucas es más corta. Mateo habla de ocho bienaventuranzas, Lucas habla de cuatro bienaventuranzas. En Mateo se habla del Sermón del Monte, Cristo subió, se sentó y enseñó; en la versión de Lucas dice que Él bajó al llano. De manera que probablemente fueron dos sermones del mismo tema, temática similar, predicados en momentos diferentes, y eso explica la diferencia entre ellos.
Entonces, en la versión de Mateo capítulo 5, versículos 43 al 48, Cristo hablando para que nosotros podamos entender cómo estas virtudes necesitan ser un estilo de vida en nosotros. Cristo comienza en el versículo 43: "Ustedes han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Pero yo les digo: amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen." Ese es un llamado a la bondad. "Para que sean hijos de su Padre que está en los cielos", eso es un llamado a imitar a Dios. "Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos." Así luce la verdadera bondad: sobre justos e injustos.
"Si ustedes solamente aman a quienes los aman, ¿qué recompensa recibirán?" No hay recompensa para eso. Eso es egoísmo: yo te amo si tú me amas, yo te doy si tú me das, yo te saludo si tú me saludas, yo te perdono si tú me perdonas. "¿Acaso no hacen eso hasta los recaudadores de impuestos? Y si saludan a sus hermanos solamente, ¿qué de más hacen ustedes?" O sea, ¿cuál es el extra que ustedes hacen? Eso es una advertencia contra la falsa bondad, la bondad falsificada, porque quizás en la iglesia me muestro bondadoso, quizás en el grupo de parejas, en un grupo pequeño, pero no es una característica en mi vida. Y Cristo dice: "No, si solo saludan a los hermanos solamente, si solamente hacen para los hermanos, ¿qué de más hacen ustedes? ¿Acaso no hacen eso hasta los gentiles? Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto." Ahí está el llamado otra vez a reflejar el carácter de Dios.
A la hora de vivir, la persona bondadosa se pone en los zapatos del otro, ve la necesidad del otro, siente la necesidad del otro. Como cuando Cristo vio las multitudes como ovejas sin pastor, vio su necesidad, sintió su necesidad, se percató de que ellas estaban más hambrientas espiritualmente que físicamente, pero tenían hambre de las dos. Las alimentó al hablarles y las alimentó al darles pan para comer. La persona bondadosa siente el dolor del otro, como cuando Cristo ve a Marta y a María y llora, y llora con ellas delante de la tumba de Lázaro. No por Lázaro, Él sabía que venía a resucitarlo. Dos días antes, cuatro días antes, se lo habían informado y Él sabía cuál era su plan. Pero el dolor de Marta y María, su llanto, su tristeza, lo movió a Él a lagrimear por ellas.
La persona bondadosa quiere ayudar al otro. La persona bondadosa está buscando, está pensando en la necesidad del otro, anticipa la necesidad del otro, se ofrece a la hora de la necesidad. Como cuando Cristo estaba al tanto de que los discípulos habían tratado de pescar toda la noche en el mar de Galilea. Ellos vivían de esto, y al día siguiente, al caer la mañana, comenzar la mañana, comenzar el sol a subir, resulta que no habían pescado un solo pez. Y Jesús les dice: "Tiren las redes del otro lado". "Maestro, hemos pescado toda la noche, pero como tú lo dices, bueno, lo vamos a hacer". Y tú conoces la historia: cada pez del lago de Galilea quería estar dentro de esas redes. Jesús vino en su ayuda.
La bondad anticipa la necesidad del otro. La persona bondadosa quiere descargar al otro, al otro que lo ve cargado: "¿Qué te pasa? ¿Cómo te puedo ayudar?". Quiere descargar a ese otro, como cuando Cristo invitó a las multitudes. Se les dijo: "Venid a mí, todos aquellos que estáis cargados y cansados, y yo los haré descansar". "Yo los veo cargados, yo te veo cargado hasta de tu propio pecado. Ven a mí, tú vas a encontrar perdón, vas a encontrar misericordia, vas a encontrar el camino para no pecar otra vez".
La persona bondadosa está dispuesta a perdonar el pecado del otro; de hecho, se deleita en perdonar el pecado del otro. Como cuando Cristo se encuentra con esta mujer que fue tomada en el mismo acto del adulterio. Se la trajeron, probablemente aquellos que vinieron con ella tenían piedras en las manos listas para comenzar. Por lo que Cristo le dice al final de la historia... Y Cristo se baja al piso y comienza a escribir, y no sabemos lo que escribió, pero luego se paró y resulta que mientras él escribía, cada uno de los acusadores se fue yendo. Yo me imagino —el texto no lo dice, pero yo me imagino— que Cristo escribió algo como "ira" y puso su ojo sobre alguien que sufría de ese problema; "adulterio" y puso su ojo sobre otra persona, y así sucesivamente. Y luego les dice al pararse: "El que esté libre de culpa, que tire la primera piedra". Todos se van.
Y escucha a Cristo. Me imagino su tono, me imagino su cara, me imagino su... ¿cómo lo decía?, suavísimo, como Él lo hacía: "Mujer, ¿dónde están ellos, los que te acusaban? ¿Ninguno? ¿Ninguno te ha condenado?". "Ninguno, Señor", respondió ella. Jesús le dijo: "Yo tampoco. Yo tampoco te condeno. Vete, y desde ahora no peques más. No seas más adúltera".
La persona bondadosa quiere perdonar el pecado del otro, sabiendo que muchas veces el perdón incluso es un estímulo para que el otro pare de pecar. O como cuando Jesús... Tú puedes ver también cuando Jesús te ha perdonado a ti setenta veces siete y todavía tiene que seguir. ¿Cuándo pasó Jesús ese número en tu vida? Hace muchos años.
La persona bondadosa —recuerda, estamos hablando de la bondad y la benignidad como estilo de vida— la persona bondadosa prefiere ser herida antes que herir. Si alguien va a ser herido, mejor soy yo el herido. Como cuando Jesús sana la oreja del soldado que Pedro había cortado. ¿Está bien? A pesar de que ese soldado lo iba a escoltar para que fuera juzgado, para terminar en una cruz, herido malamente, clavado, sangrando. Porque la bondad prefiere ser herida antes que herir.
La persona bondadosa está dispuesta a ser interrumpida sin airarse. Jesús está en una ocasión caminando, y viene una mujer y se acerca. Tenía doce años enferma. Se acerca, le toca el borde de su manto y queda sana, y Él comenzó a hablar con ella. Pero resulta que antes de ocurrir esto, Él había comenzado otra conversación con Jairo, el oficial de la sinagoga. Y mientras Él estaba escuchando esa historia, esta mujer hace eso, de manera que la mujer interrumpió su conversación con Jairo. Y Cristo no se aíra al saber que esta mujer ha gastado todo, tiene doce años sangrando. Es como que le dijera: "Jairo, dame un segundo". Se pone a conversar con la mujer.
Y mientras Él está entonces conversando con ella, quizás Jairo inquieto, quizás airado, porque su hija está al borde de la muerte, y cuando el Maestro continúa, "esto no... no va a haber tiempo para sanarla". Y llegaron de la casa de Jairo. Alguien llegó de la casa de Jairo y le dijo: "Tu hija ha muerto. No molestes más al Maestro". Esa es una forma de darle la noticia: "Mi hija acaba de morir, ¿y tú me estás diciendo que estoy molestando al Maestro, cuando yo en realidad lo que vine fue a pedirle misericordia para que sanara a mi hija?".
Jesús interrumpe la conversación con la mujer que está sangrando. El texto dice que cuando Jesús oyó la mala noticia y la forma como se lo dijeron, les respondió: "Jairo, no temas. Cree solamente, y ella será sanada". Porque la bondad está dispuesta a ser interrumpida sin airarse.
La benignidad y la bondad cambian la manera como tú miras los hechos. Una interrupción es convertida en una ministración. Una ofensa es una oportunidad para perdonar y enseñar a otros a perdonar. Y una molestia es usada para descargar a otro. Una molestia: "Excuse me, que te moleste". Y de este lado: "Molesta todo lo que tú quieras, si eso te va a descargar". Pero necesitamos adoptar estas cualidades como estilo de vida. Eso es cómo luce, porque estamos hablando de llegar a ser algo, no hacer.
Número cinco y final: tus actos de bondad serán recompensados por Dios. Tus actos de bondad serán recompensados por Dios. Escucha la versión del Sermón del Monte en Lucas, solamente un versículo, 6:35: "Antes bien, amad a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad no esperando nada a cambio, y vuestra recompensa será grande". Vuestra recompensa será grande, sobre todo cuando aman a sus enemigos, cuando hacen el bien a sus enemigos.
Escucha el resto: "Y serán hijos del Altísimo". Entonces, entonces verdaderamente lucirás como hijo del Altísimo, aquel que te perdonó y te envistió con bondad cuando tú eras su enemigo. Entonces ahora Él te dice: "A esos enemigos tuyos, por ellos tú les haces el bien. Así serás, así parecerás hijo del Altísimo". ¿Por qué? Él es bondadoso —escucha— para con ingratos y perversos. Para con ingratos y perversos. ¿Cuántos de nosotros que hemos recibido salvación no hemos sido ingratos, y su bondad no ha parado? ¿Cuántos de nosotros antes de recibir salvación no éramos perversos, y su bondad llegó con salvación en medio de nuestra perversidad? La razón para tal comportamiento es que Dios es bondadoso para con ingratos y perversos.
Escucha cómo Proverbios 11:17 en la Nueva Traducción Viviente me deja ver que nuestros actos de bondad son recompensados, serán recompensados: "Tu bondad te recompensará, pero tu crueldad te destruirá". Tu bondad te recompensará. La bondad no es una persona para recompensarme, pero está personificando la bondad para decirme que cuando yo actúo de manera bondadosa, hay una recompensa prometida por Dios que va a llegar a mi vida.
La Nueva Biblia de las Américas lo dice de esta manera: "El hombre misericordioso se hace bien a sí mismo". ¡Wow! El hombre que es misericordioso para con otros, él se está haciendo bien a sí mismo. ¿Cuál es el bien que se está haciendo? Es que él ha sido preparado, se está preparando para recibir las recompensas prometidas a aquellos que actúan de esa manera.
Nuestras buenas obras están diseñadas para ser de testimonio y posible conversión para el incrédulo. Es lo que Pedro nos dice en su primera carta, en 2:12, yo creo que es. Si no me falla la memoria. Pero en esencia esto es lo que Pedro dice: que nosotros debiéramos hacer buenas obras delante de los hombres, por si acaso, para que ellos, los incrédulos, glorifiquen a Dios en el día de su visitación. El día que Dios decida visitar a un incrédulo, a un grupo de incrédulos, que ellos puedan acordarse de que hubo cristianos delante de él, que vivían con ellos o alrededor de ellos, que vivieron bondadosamente, y que eso le puede hablar —¡wow!— del mismo Dios que ahora está invitándolo a venir, a confesar, a pedir perdón y a ser perdonado. Es el efecto que tiene sobre nosotros, pero también el efecto que tiene sobre otros.
Y cuando ese incrédulo... Cuando tú haces eso, alguien puede decir: "Pastor, pero es que a veces uno se cansa de hacer el bien. Se cansa de hacer el bien, y como que el otro no responde, no tiene un efecto sobre el otro que no responde".
Escucha cómo Romanos 12:20-21 nos describe cuál es ese efecto: "Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer". O sea, ¿a mi enemigo? A tu enemigo. "Y si tiene sed, pues dale de beber. Pues haciendo esto, carbones encendidos amontonarás sobre su cabeza". Si él no reconoce tu bondad como una bondad que viene de parte mía, como David hablaba de la bondad de Dios; si él no reconoce tus actos de bondad como algo que viene de parte de Dios, entonces en el día final, él tendrá que rendir cuenta por no haber reconocido mi bondad a través de ti. Y por eso hoy amontonas carbones encendidos sobre su cabeza. "No seas vencido" —versículo 21— "por el mal, sino vence el mal con el bien".
Al traer este mensaje a conclusión, veo que es hora de cerrar. Pero no podemos cerrar sin irnos con una pregunta, reflexión, una que lo resuma todo. Son dos. No son exactamente mi construcción, pero vi la idea similar y la puse en estas palabras.
Si yo fuera Cristo —cada uno de ustedes, en tu mente piensa—, si yo, Miguel, y tú puedes pronunciar tu nombre, fuera Cristo, ¿qué haría yo por el otro? Si yo fuera Cristo, ¿qué yo haría por el otro?
La segunda pregunta es mejor que la primera: ¿Si el otro fuera Cristo, qué yo haría por él? O lo puedes hacer la pregunta de esta manera: si el otro fuera Cristo —tú vas en la calle y miras a alguien, a Cristo, en necesidad—, si él fuera Cristo, ¿qué yo no haría por él?
¿Sabes por qué esa última pregunta es buena? Porque Cristo dijo, y Mateo registra en 25:40: "Cuando hicieron alguna de estas cosas al más insignificante de estos, más pequeñitos, más pobre, al menos relevante, al menos conocido, al que menor aplauso podía recibir..."
Mis hermanos, me lo hicieron a mí. En la calle, me lo hicieron a mí. En las cárceles, me lo hicieron a mí. En las casas de restauración, me lo hicieron a mí. En los barrios, me lo hicieron a mí. En el ministerio Rahab, que trabaja con las prostitutas, me lo están haciendo a mí. Si el otro fuera Cristo, ¿qué no haría yo por Él?
Padre, gracias. Gracias porque Tu Palabra es tan clara acerca de quién Tú eres, cómo Tú luces, cómo Tú obras, lo que me has dado de lo que Tú eres, y cómo Tú me llamas a lucir como Tú. Señor, Tú no me diste una enseñanza de moralidad, Tú me diste Tu Espíritu para cambiar las fibras de mi moral. Y todo te lo agradezco, porque Tú, conociendo la profundidad de la maldad en nuestra naturaleza caída, nos diste poder infinito en la tercera persona de la Trinidad para lidiar con nuestras debilidades, fallas, fracasos y pecados.
Señor, nosotros necesitamos un cambio verdadero de mente, de corazón, de emociones, de sentimientos, una nueva valoración de Ti, de mí mismo, de los demás. Señor, no nos dejes igual. No, yo sé que Tu deseo es no dejarnos igual. Mejor cambio la petición: Señor, no permitas que yo me resista a Tu cambio, para que yo no quede igual. Abre mis ojos, abre mi entendimiento para yo ver la bondad de Dios. Yo estoy rodeado de la bondad de Dios todos los días. Mi vida ha sido rodeada de Tu bondad.
Señor, Tú has sido tan fiel. En mi vida entera, Tú has sido tan fiel, Dios. Yo pensaba en esto ayer y antes de ayer, y me maravillaba de Tu fidelidad aun en los peores momentos. Tú has estado ahí, más cerca que en cualquier otro. Señor, ayúdame a responder en gratitud, que mi gratitud no sea simplemente palabras hacia Ti, sino acciones hacia otros, como el rey David, que quería honrar la memoria de su amigo, por amor a su amigo. Dame amor por los demás, porque entonces seré bondadoso con ellos.
Mira, si tú estás aquí y reconoces que el Espíritu de Dios ha venido a habitar en ti, que tú no has tenido un encuentro con Cristo y Dios te habló de eso, pues entonces aprovecha ahí donde estás y di: "Señor, perdóname por mis pecados. Gracias por Tu bondad en Cristo Jesús. Gracias por Tu gracia. Mira todo lo que yo soy, mira todo lo que he hecho. Perdóname." Y el perdón que te pido, te lo pido por la obra de Cristo a mi favor, por la cobertura de Su sangre, el cumplimiento de la ley que Él hizo. Y aun si yo no entiendo muchas de estas cosas, aun si no entiendo muchas de estas cosas, Señor, simplemente con que Tú digas "hoy estarás conmigo en el paraíso", en el sentido de que entraré al reino de los cielos, eso podría ser suficiente. Pero yo te pido perdón. Recibo Tu perdón si Tú me lo das. Te proclamo mi Señor y mi Salvador. Ayúdame a vivir congruentemente con lo que hoy confieso. En Tu nombre, Jesús. Amén.
Y sean bendecidos. Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal, de forma que puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.