IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Miguel Núñez • 20 marzo, 2022
No existe la menor posibilidad de terminar bien la carrera cristiana caminando solo. Esta convicción recorre todo el texto de Gálatas 6, donde el apóstol Pablo gira la enseñanza sobre el fruto del Espíritu hacia una pregunta práctica: ¿cómo se relaciona lo que Dios ha cultivado en mí con el resto de la comunidad de creyentes? La respuesta es clara: el diseño divino para la iglesia no permite la autosuficiencia espiritual. Quien cree que puede lograrlo solo, se engaña a sí mismo, porque no es parte del plan de Dios.
El llamado comienza con humildad. Si Dios ha desarrollado paciencia o mansedumbre en ti, no tienes razón para enorgullecerte frente a quien aún no la tiene, porque todo lo recibiste por gracia. El orgullo es corrosivo para la comunidad; la humildad, en cambio, permite que el poder de Cristo se perfeccione cuando funcionamos como una sola unidad. Luego viene la responsabilidad de restaurar al caído, no con actitud condenatoria sino con ternura, recordando que tú mismo has sido perdonado y restaurado cientos de veces. Y está el mandato central: llevar los unos las cargas de los otros. Todos tienen algún tipo de carga, y cumplir la ley de Cristo significa exactamente eso: ser para otros lo que Cristo ha sido para nosotros.
El pastor Núñez cierra con la historia de Derek Redmond en las olimpiadas de Barcelona 1992, cuando su padre bajó de las gradas para ayudarlo a cruzar la meta tras desgarrarse el tendón. Así funciona el cuerpo de Cristo: caminamos junto al herido hasta que entre en gloria.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Yo decía esta mañana, al inicio, que si hay un concepto que la iglesia de hoy no tiene claro, y que posiblemente iglesias anteriores también lo tuvieron algo confundido, pero en especial esta generación, no creo que tenga una buena idea de lo vital que es el cuerpo de Cristo para tu vida cristiana, para tu caminar, para terminar, y sobre todo para terminar bien. Yo estoy convencido por la misma Palabra que no hay forma, no hay un solo chance de terminar bien fuera, alejado, separado, distanciado de la vida del cuerpo de Cristo.
Y estoy mencionando eso justamente porque el texto que vamos a estar abordando, en esencia, eso es lo que va a enseñar. Pero yo quiero recordarte muy brevemente: por diez semanas, de una u otra forma, hemos estado hablando de la lucha que existe entre la carne y el espíritu. Y esa lucha se da de manera personal, individual, en cada verdadero creyente. En el ejercicio espiritual de esa lucha, Dios va desarrollando en nosotros el fruto del Espíritu. Vimos las virtudes de ese fruto por un número de sermones.
Pero ahora el apóstol Pablo hace como un giro. A la enseñanza le da un giro, de manera tal que ahora la idea es no tanto hablar de lo que personalmente yo necesito, o contra lo que yo personalmente necesito luchar, pero más bien la idea es: ¿de qué forma el fruto del Espíritu, el fruto del Espíritu de Dios que ha desarrollado en mí, de qué forma eso se relaciona con el resto de la comunidad de creyentes? ¿Cuál es el diseño que Dios le ha dado a la comunidad de creyentes? ¿Cómo debe operar? ¿Cómo debe funcionar? ¿Cuál es el rol que juega en mi vida? ¿El rol que yo juego en tu vida?
A tal grado es la importancia que esa comunidad tiene, que me atrevo a decir que no tienes, tú no tienes, yo no tengo un solo chance de poder terminar bien, de salir bien de esta carrera, a menos que tú y yo corramos juntos la carrera marcada por delante. En lo absoluto. Cuando yo acabo de decir eso, un chance no lo tienes. Y la razón es que no solamente mi debilidad y tu debilidad, es que aquello que tiene un diseño a los ojos de Dios tiene una razón, y tiene una razón porque no puede funcionar bien de otra manera.
De tal forma que lo que vamos a ver en el día de hoy, justamente eso que yo acabo de mencionar o de explicar, y lo vamos a ver a partir de Gálatas 5:26. Yo mencioné la semana pasada que Gálatas 5:26 debiera estar en Gálatas 6, que es un versículo que debieron haberlo movido al próximo capítulo porque es ahí donde mejor encaja. Y con eso yo quiero que leamos entonces juntos ese texto, comenzando en Gálatas 5:26 hasta 6:5.
Esta es la Palabra de Dios: "No nos hagamos vanagloriosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros. Hermanos, aun si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales, restáurenlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Lleven los unos las cargas de los otros y cumplan así la ley de Cristo. Porque si alguien se cree que es algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo. Pero que cada uno examine su propia obra, y entonces tendrá motivo para gloriarse solamente con respecto a sí mismo y no con respecto a otro, porque cada uno llevará su propia carga."
El apóstol Pablo nos está hablando de responsabilidades que tú y yo tenemos en el cuerpo de Cristo, pero yo voy a preferir referirme a esas responsabilidades como llamados. Diferentes llamados hechos por Dios a sus hijos, que nos van a ayudar a entender mejor cuál es mi funcionamiento, mi rol y mi posición en el cuerpo de Cristo.
Y el primero de esos llamados aparece en Gálatas 5:26, y es un llamado a la humildad frente a mis hermanos, especialmente cuando el fruto del Espíritu ha sido desarrollado en mí. Escucha ahora el texto y la explicación: "No nos hagamos vanagloriosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros." Es un llamado a no enorgullecernos.
Dado el contexto inmediato, el contexto anterior del fruto del Espíritu, Pablo parece estar enseñando: hermanos, cuando el fruto del Espíritu se haya desarrollado en ti, o alguna cualidad específica que quizá no está presente en algún otro, o está presente en menor grado, no te enorgullezcas de lo que tú tienes, de lo que tú has recibido y que él no tiene, no ha recibido todavía. Porque no tienes razón. Tú lo que tienes lo has recibido por gracia, sin ninguna participación de tus méritos, de manera que tú no debes condenar a tu hermano sintiéndote orgulloso de lo que ya Dios ha hecho en ti. Porque lo único que eso va a despertar es envidia en el otro, que viendo lo que tú tienes y él no tiene, que viendo quizás un grado de gracia que Dios te ha dado, que quizás por alguna razón Dios todavía no le ha dado a él, se va a sentir menospreciado y por tanto va a despertar envidia en él.
Si Dios te ha dado paciencia, y eso es una virtud del fruto del Espíritu, entonces tú necesitas tener paciencia con aquellos que no la tienen todavía. Y por eso es que este es un llamado a la humildad, este es un llamado en el contexto del fruto del Espíritu a cómo comportarnos dentro de la comunidad de creyentes.
El orgullo es corrosivo y destructivo para la comunidad de creyentes. Corrosivo y destructivo. De hecho, es incongruente que personas indignas, personas indignas de recibir lo que hemos recibido por gracia de parte de Dios, podamos sentir algún grado de orgullo por algo que exhibimos, que Dios ha cultivado en nosotros, que el Espíritu de Dios ha hecho brotar en nosotros sin ninguna participación de mi esfuerzo, de mis méritos. Y Pablo está diciendo: hermanos, no te enorgullezcas cuando veas esto y mires a tu hermano. Lo vamos a ver todavía un poco mejor más tarde.
Pero por otro lado, la humildad permite desarrollar la fortaleza que tú y yo podemos alcanzar como comunidad de creyentes cuando funcionamos como un entramado en unidad, de tal forma que el poder de Cristo pueda ser perfeccionado en nosotros para funcionar como una sola unidad, independientemente de que seamos decenas, cientos, miles o millones a lo largo del mundo. Ese es mi primer llamado: a no enorgullecerme de esto que Dios ha hecho en mí frente a mis hermanos, que lo va a provocar a envidia.
Mi segundo llamado es restaurar al hermano que tropieza o cae mientras corre. El versículo uno de Gálatas 6: "Hermanos, aun si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales, restáurenlo —plural— en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado."
Te voy a leer la Nueva Traducción Viviente porque como que le da algún color extra para ayudarnos a saborear mejor, o entender mejor, o quizá animarnos mejor a lo que este texto está tratando de enseñar. Gálatas 6:1, Nueva Traducción Viviente: "Amados hermanos, si otro creyente está dominado por algún pecado, ustedes que son espirituales deberían ayudarlo a volver al camino recto con ternura y humildad, y tengan mucho cuidado de no caer ustedes en la misma tentación."
¿Notaste cómo comienza el versículo primero? "Hermanos", de manera que Pablo está hablando a personas en quienes se supone que mora el Espíritu Santo y que por tanto somos hermanos en Cristo. Y no le está hablando a un grupo en particular, les está hablando a todos, a una comunidad de creyentes que tiene la obligación de honrar el evangelio por medio del cual ellos fueron salvados, y que tienen ahora la necesidad de terminar bien la carrera precisamente para honrar el llamado que Dios les ha hecho, o nos ha hecho. Y la responsabilidad de que terminemos, y terminemos bien, es de todos como comunidad. No de los líderes, no de un grupo. De todos.
Por tanto, cuando veas a un hermano que no está caminando bien o corriendo bien, nosotros que hemos recibido el Espíritu tenemos la obligación de hacer algo por ese hermano que se ha tropezado. Recuerda que en ocasiones un corredor tropieza y continúa, pero hay otras ocasiones donde el corredor se cae. Y como no estamos compitiendo unos con otros, la idea no es continuar para ver quién llega de primero. La idea es devolvernos y levantar al hermano caído para que pueda volver a correr.
La pregunta es: ¿quién debe hacer eso? El texto dice: los que son espirituales, los que son más maduros, los que tienen más tiempo en la fe, los que tienen más experiencia y sabiduría. Nota que ese trabajo no es solamente de pastores, ancianos o de diáconos. Es de cualquier persona. De hecho, cuando Pablo explica qué es lo que tenemos que hacer con ese hermano o hermana, nota el verbo: restáurenlo. ¿Quiénes? Está en plural el verbo. Restáurenlo. ¿Quiénes? La comunidad de creyentes. Y en especial aquellos que quizás, por cierto grado de sabiduría, algo que Dios haya hecho en su vida ya en años anteriores, están mejor capacitados para ir y darle una mano y levantarlo.
Pablo no solamente explica quiénes deben hacerlo, pero explica cómo debemos hacerlo. Y debemos hacerlo con mansedumbre, en un espíritu de mansedumbre. No de forma airada, no de manera sarcástica, no de forma vergonzosa, no de manera condenatoria.
Escucha algo sumamente breve. Agustín, conocido como San Agustín en ciertos círculos, en el siglo IV —nació en el cuarto, murió en el quinto, entre el siglo IV y V— comentando sobre este versículo de Gálatas 6:1, lo que él dice. Agustín dice que la mejor prueba de la espiritualidad de una persona es el trato que él le da al pecado de otro. La mejor prueba de espiritualidad de una persona es el trato que él le da al pecado del prójimo. Comparemos la falta de misericordia de los fariseos con la gracia escandalosa de Cristo.
Creo que hay un libro mencionado en el primer servicio llamado de esa manera. No lo he leído, pero creo que he visto el título: Gracia escandalosa. Y ciertamente la gracia que Cristo exhibió hacia una mujer samaritana, hacia una mujer que ha sido encontrada en el mismo acto del adulterio, hacia publicanos, fue un escándalo en su tiempo. Y por eso le he llamado también a la gracia de Cristo gracia escandalosa. Aquellos de nosotros que hemos recibido gracia en abundancia debiéramos volver con gracia y mansedumbre, nunca con un espíritu de superioridad.
Y el versículo uno me ayuda a entender no solamente el espíritu con el que yo debo hacerlo, que es un espíritu de mansedumbre, sino el cuidado con que debo hacerlo, porque: "mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado". Yo tengo que mirarme a mí mismo, porque yo mismo —no estoy hablando en términos figurativos— Miguel Núñez, yo mismo he pecado, yo mismo he sido perdonado cientos de veces, yo mismo he recibido gracia de parte de Dios comenzando con mi salvación, yo mismo he sido restaurado y vuelto al camino, y tú también. Yo mismo tendré que ser perdonado en un futuro cercano. ¿Qué tan cercano? ¡Esta tarde! Porque Dios renueva sus misericordias todos los días sobre nosotros, y si no, ya hubiésemos sido consumidos.
Yo mismo he recibido la palabra de la reconciliación para ayudar a reconciliar al hombre con Dios, en quien estaba Cristo. Dios estaba en Cristo reconciliando al hombre consigo mismo, no contándoles a los hombres sus transgresiones, y ahora nos ha dado la palabra de la reconciliación para que yo pueda ir y hacer exactamente lo mismo. Entonces, yo tengo que mirarme a mí mismo y tengo que tener cuidado, no sea que yo mismo sea tentado. Por eso es que el apóstol Pablo, cuando escribe a los corintios, dice que el que crea que está firme, cuídese de que no caiga. Ten cuidado de que tú no estés condenando el pecado de otro del cual tú mismo seas culpable. O ten cuidado de no estar condenando el pecado de otro como si tú estuvieras muy por encima de la posibilidad de caer en ese mismo pecado, de manera que tú puedas y yo pueda aprender a ser más humilde. Es eso lo que tengo que hacer con mi hermano que ha tropezado o ha caído.
Tercer llamado: ayudarnos mutuamente a llevar las cargas los unos de los otros. Versículo 2: "Lleven los unos las cargas de los otros y cumplan así la ley de Cristo". Es en este versículo donde vamos a pasar la mayor cantidad de tiempo. La premisa en este versículo al leer es que todo el mundo tiene algún tipo de carga, esa es la premisa. Y que por consiguiente tú y yo necesitamos ayudar al otro a llevar su carga, y tú tienes que ayudarme a mí a llevar mi carga. Las cargas son de diferentes tipos, diferentes tamaños, diferentes circunstancias, diferentes formas, diferentes colores.
Permíteme comenzar conmigo para que tú puedas ver de qué manera ustedes me han ayudado a llevar mis cargas. Algunos me han ayudado a ministrar al cuerpo de Cristo. Lo vimos esta mañana, pero ocurre en el horario de toda la semana. Otros me han ayudado orando por mí; me lo dicen, me lo escriben, me lo recuerdan. Otros me han animado. Otros me han ayudado con cosas muy grandes y otros con cosas muy pequeñas, igualmente importantes. Otros me han señalado faltas. ¿De ustedes? "Oh, pastor, y usted también tiene faltas". Pregúntale a mi esposa. O mejor no le preguntes.
Algunos me han ayudado señalándome faltas, otros me han alentado, me han animado, me han consolado. Otros me han escuchado, y al escucharme me han permitido, han servido de confidentes y me han descargado. Otros me han ministrado al hablar, otros me han ministrado al cantar. Múltiples veces se lo he comunicado, no lo digo como un cliché: Dios les ha usado para ministrar a mi alma. Otros me han levantado. Otros me han servido de asistentes, oficialmente o extraoficialmente. Otros han visto mis lágrimas y hasta las han compartido. Otros incluso se han atrevido, en el buen sentido, a cuidar de mi salud y hasta cuidar de mi dieta. Otros me han llamado estando aquí, me han escrito. Otros me han escrito estando fuera, simplemente para saber si estaba bien y si necesitaba oración, y para recordarme que estaban orando por mí. Otros me han escrito para decirme simplemente que me aman. Y me han escrito, y a todos les escribo simplemente para que sepan que yo les amo mucho. Y todo lo que han hecho, lo han hecho, y así lo he recibido, como una expresión del amor de Cristo a través de una comunidad de creyentes. Es absolutamente todo.
Entre nosotros hay algunos a quienes les falta dominio propio y tienen arranques de ira. Entonces alguien con espíritu manso, de mansedumbre, tiene que acercarse y ayudarle a ver un poco cómo luce la mansedumbre, y al mismo tiempo, además de modelarle por lo manso que es, confrontar su falta de dominio propio. Otros tienen enfermedades crónicas que son una carga. Otros no tienen enfermedades crónicas, pero tienen un hijo, tienen una hija, tienen una madre con enfermedades crónicas o con un nuevo diagnóstico pesado, y alguien tiene que ir a su lado y tiene que consolarle, tiene que orar con él o con ella, tiene que continuar con él o con ella.
Otros han perdido seres queridos. Seres queridos a veces que es un padre, una madre. A veces un período de veinte días aquí adentro en los últimos meses, y esa persona se sentó conmigo hace unos días atrás a decirme cómo el cuerpo de Cristo estuvo ahí, cómo le fortaleció, cómo le consoló, cómo oró con él. Y sabes lo que más gozo me dio: que lamentablemente, por diferentes razones que este no es el momento para hablarlo, pero lo hablamos él y yo, yo no estuve ahí en el momento de lo ocurrido, y él me decía: "Pastor, no se preocupe, la iglesia estuvo". Y eso es algo que me llenó de gozo, porque yo creo que esa persona ha entendido que esto es una responsabilidad de todos. Y cuando uno o dos o tres van, la iglesia fue. No hay un visitador oficial, no hay un confrontador oficial, no hay un consolador oficial. Es el cuerpo de Cristo funcionando como una unidad, de tal manera que nosotros podemos estar con todo el que esté en un lío.
El hermano tiene que recordar que esto es como un hospital. Me lo han oído decir eso desde el primer día que plantamos la iglesia. Pero tú sabes qué ocurre en un hospital, en una clínica: hay gente que está en cuidados intensivos, y ahí tú te involucras y tienes que ir una vez, dos veces, tres veces a visitarlo. Estoy hablando en un sentido literal, pero luego tú puedes hacer la comparación con la iglesia. Pero esa gente que está en cuidados intensivos no se queda ahí; ellos salen. Y ahora, cuando salen a la sala, sabes que ahora los ves menos frecuentemente, más con menos tiempo. Y eventualmente se supone que ellos son dados de alta. Y ahora muchas veces tú le dices: "Sabes qué, si vuelven estos síntomas, si vuelve la fiebre, si vuelve todo, tú me llamas, pero estás de alta". Y ahora, ¿qué vas a hacer? Vas a tener que dedicarle tiempo a aquellos que están en cuidados intensivos. De esa misma manera necesitamos vernos, que muchas veces la ausencia de un lugar o de una persona implica la presencia en otro lugar y con otra persona.
Hay otros que tienen cargas pesadas por pecados del pasado, culpas pesadas. Alguien en mansedumbre, con humildad, tiene que acercarse, no solamente poner sus brazos debajo de las cargas, pero al mismo tiempo ayudarle a llevarle al arrepentimiento por esos pecados que han cargado su alma y que le han pesado. Otros se han sentido solos y necesitan quién les acompañe.
En fin, la idea es que tú y yo no podemos terminar bien. No hay manera, no tienes un chance de terminar bien, a menos que estés involucrado con el cuerpo de Cristo y el cuerpo de Cristo forme tu soporte. La vida está llena de personas que no terminaron bien. Terminaron, lograron gloria incluso, pero no terminaron bien. No podemos pensar que David terminó bien cuando su familia quedó destruida. Y así podemos hacer una larga lista de personas que no terminaron bien.
Esa es la razón por la que Hebreos 10:25 dice: "No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre". Aparentemente, aún en la iglesia primitiva había algunos creyentes ya en quienes moraba el Espíritu Santo que se habían dado a la costumbre de no estar presentes en el cuerpo de Cristo. Y el autor, no Pablo porque no sabemos quién lo escribió, nos dice: "Sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca". Hay una responsabilidad de exhortación, pero para yo poder ser exhortado tengo que verte, tengo que estar contigo, tú tienes que estar conmigo. Y mucho más en la medida en que el día se acerca; los días se han ido poniendo cada vez más difíciles.
El Nuevo Testamento está lleno de pasajes que hablan de eso, de lo que se supone que "unos a otros" significa y representa. Y todo lo que hacemos es en amor y por amor. El amor por el hermano debería llevarnos en ocasiones a amonestarnos, pero en otras ocasiones a amonestarle, pero en otras ocasiones debería llevarnos a motivarlo.
Escucha lo que dice Pablo en Tesalonicenses, primera carta, 5:11: "Por tanto, aliéntense los unos a los otros y edifíquense el uno al otro, tal como lo están haciendo". La tarea de alentarnos no es de los líderes, de los pastores, de los ancianos, de los diáconos; es de todos. La mayoría de los pasajes, la inmensa mayoría de los pasajes a lo largo de toda la Biblia, la responsabilidad es de todos en lo que es el pueblo de Dios. Hay contados pasajes —subraya la palabra contados— hay contados pasajes donde la responsabilidad se le asigna a pastores o diáconos. El resto es una responsabilidad de todos.
En el lenguaje original, este mandato que está aquí de alentarnos unos a otros está en el presente continuo, lo que implica que esa acción de alentarnos, de edificarnos, debe ser algo continuo. Y eso implica animar, motivar, y dada nuestra condición caída y el mundo en que nosotros vivimos, nosotros estamos en necesidad continuamente de ser alentados y exhortados. Nosotros vivimos en días difíciles. Nosotros tenemos una lucha continua contra Satanás, y si lo dejas a un lado, tú y yo tenemos una lucha continua de la cual hablamos, entre la carne y el espíritu. Yo no necesito ahora que otra carne venga y me trate de hundir y de condenarme. Yo necesito que me alienten, yo necesito que me corrijas cuando lo necesite. Yo necesito que me motives cuando necesito ser motivado.
Pablo les escribió a los romanos y en 15:1 les dice que los más fuertes debieran sostener a los más débiles. La premisa es que en una iglesia hay gente fuerte y gente débil, y que los fuertes han de constituirse la fortaleza de los débiles. Y esa fortaleza que yo pongo al servicio de mi hermano debo hacerlo con sumo gozo y de manera habitual. Nosotros tenemos que hemos sido llamados a realizar esa labor.
Escúchenme, si te puedes quedar con algo y se te va a olvidar todo lo que vas a escuchar, yo quisiera que te quedes con esto. Hay dos cosas, esta es la primera con la que yo quisiera que te quedes y te va a olvidar el resto: es que tú y yo necesitamos ser para otros lo que Cristo ha sido para nosotros. Tú y yo necesitamos ser para otros lo que Cristo ha sido para nosotros.
Cristo no está aquí como estuvo en Palestina caminando por las calles o los caminos. De tal manera que tú y yo somos los pies y las manos de Cristo en el interior. Cristo hace cosas todos los días, y muchas, pero ¿sabes qué? Las hace a través de seres humanos que Él ha colocado en una iglesia local. En la enorme mayoría de las veces las hace a través de otros. Dios hace cosas a través de su Palabra, pero resulta que su Palabra la predica alguien, la enseña alguien, la expone alguien. Y Cristo usa medios naturales con poder extraordinario por el Espíritu que vive en nosotros para hacer su trabajo.
De manera que la Palabra nos llama a alentarnos los unos a los otros. Y algunas iglesias se tomaron esta responsabilidad muy seriamente. Una vez esa iglesia fue la iglesia tesalonicense, que ustedes me han oído decir mil veces que para mí es la iglesia modelo en el Nuevo Testamento. Porque esta es una iglesia que cuando recibió la Palabra de Dios, la recibió por lo que verdaderamente es y no como la palabra de los hombres. Eso fue lo que hizo la diferencia.
Y en esa iglesia, es a esa iglesia que Pablo le está diciendo: "Por tanto, aliéntense los unos a los otros y edifíquense al uno al otro". Pero escucha esta frase, no la puedes pasar por alto: "tal como lo estáis haciendo". Están caminando bien, sigan caminando igual. ¡Wow! Que Pablo pueda pasar la revista a la iglesia tesalonicense y decirle esta vez: "Están caminando bien, no tengo ninguna corrección, no tengo ninguna instrucción, sigan haciendo lo que están haciendo".
Al final de esa carta yo te leí 1 Tesalonicenses 5:15. Este es como el final de la carta, pero un poquito más abajo, en 5:14, oye lo que Pablo hace. Pablo les ayuda a entender a ellos, y ahora nos está ayudando a entender a nosotros, que en una iglesia como esta hay diferentes grupos, en diferentes estadios, en diferentes condiciones emocionales y espirituales.
Entonces escucha la recomendación en 5:14 de Primera Tesalonicenses: "Les exhortamos, hermanos, que amonesten a los indisciplinados". Ese es un grupo de hermanos —que son hermanos— indisciplinados; corrígelos, amonéstalos. "Que animen a los desalentados", ese es otro grupo de hermanos también. "Que sostengan a los débiles", ese es un tercer grupo. Pero esta frase final del camino más me gusta: "y sean pacientes con todos".
O sea, con el indisciplinado, claro. Tú piensa que tu vida ha sido disciplinada desde el momento que naciste de nuevo hasta ahora, y Dios ha sido paciente contigo. ¿Y qué vas a hacer con ese? Bueno, tú lo vas a amonestar. Y la amonestación es una bendición, porque la misma acción de reprensión es una bendición. Dejar que el hermano sufra las consecuencias de la indisciplina no es amar al hermano. El Señor amonestó a Pedro, amonestó a Juan y a Jacobo que querían hacer bajar fuego del cielo, amonestó a otros seguidores, a los otros discípulos.
Decía uno de los puritanos del pasado que cuando tú no dices nada y permites que tu hermano permanezca en su pecado, eso es que cometemos como homicidio contra su alma. Ver el pecado de tu hermano y no decir absolutamente nada es como homicidio contra su alma. "No, pero es que yo no soy pastor para hacer eso". No, no, espérate. El pasaje de Mateo, el pasaje de Mateo 18, que habla de disciplina, de "si tu hermano peca", ¿dice "ve al pastor"? No, dice "repréndelo a solas". Es una responsabilidad de todo el cuerpo de Cristo. El cuidado de los miembros del cuerpo de Cristo fue entregado a todos los miembros del cuerpo de Cristo.
Entonces, a los desalentados tú no los amonestas, tú los animas a que perseveren en la carrera marcada por delante de cada uno de nosotros y a centrar los ojos en los cielos. Y a los débiles, pues no los vas a amonestar, tú los vas a sostener, los vas a sostener en la fortaleza que Dios te ha dado, y le vas a dejar saber que es Cristo el que lo está haciendo, pero lo está haciendo a través de ti. Pero al final del camino, tú y yo necesitamos ser pacientes con todos, porque esa es tu responsabilidad, esa es mi responsabilidad.
Eso como el texto del versículo 2 que leí. Yo lo leí y lo dice. A ver, lo leo otra vez: "Lleven los unos las cargas de los otros". Los unos vamos a llevar las cargas de los otros, los otros van a llevar las cargas de los unos, por así decirlo. Y mira cómo el texto termina: "y cumplan así la ley de Cristo".
Hablamos sermones atrás de lo que era la ley de Cristo. Muchos lo entienden, yo lo entiendo igual, que la ley de Cristo no es más que el resumen de los Diez Mandamientos en dos, que Cristo hizo, y nadie más podía hacerlo. El más grande mandamiento: que ames a Dios con toda tu alma, toda tu mente, toda tu fuerza, todo tu corazón. Segundo mandamiento: ama a tu prójimo como a ti mismo. En eso se resume toda la Ley y los Profetas. Esa es la ley de Cristo.
De manera que Pablo nos está diciendo: si tú quieres llenar, cumplir con la ley de Cristo, hay una sola forma de hacerlo, no dos. Tú llevas las cargas los unos de los otros. De hecho, el apóstol Pablo en Gálatas, en esta epístola que estamos estudiando, resume esos dos mandamientos en uno y dice que este es el cumplimiento de la ley: que ames a tu prójimo como a ti mismo. ¿Y por qué Pablo tiene el atrevimiento de esos dos mandamientos tomar al segundo para definir la ley de Cristo o toda la Ley? Porque no puedes amar a tu hermano a menos que ames a Dios primeramente. Y Pablo dice: cuando tú haces esto que estamos hablando hoy, tú llenas, tú cumples el amor o la ley de Cristo. Y cuando uno en la iglesia lo ha hecho, toda la iglesia lo ha hecho.
De manera que Gálatas 6:2 nos exhorta a cumplir la ley de Cristo viviendo de esta manera. Tenemos que velar por el hermano, por su integridad física, emocional, espiritual.
Mira cómo Pablo, en el próximo versículo de Primera Tesalonicenses —leímos el 5:14, ahora el 5:15— dice: "Mirad que ninguno devuelva a otro mal por mal, sino procurad". Quédate con esta palabra: procurar. "Siempre lo bueno los unos para con los otros y para con todos". Para con todos.
Leon Morris en su comentario sobre este texto dice lo siguiente: que debemos actuar de esta manera con amor en el contexto de situaciones hostiles, porque es el contexto de la carta. Dice que debemos actuar de esta forma que el versículo describe cuando somos provocados, y entonces responder con mansedumbre y con amor. Morris agrega que el verbo está en presente continuo, de manera que esta respuesta en mansedumbre y con amor yo debo darla siempre, de manera habitual, rutinaria, que ese debe ser mi estilo de vida.
Te decía que te quedaras con la palabra "procurar", porque la palabra ahí en el original es dioko, y esa palabra implica perseguir algo con determinación y entusiasmo. Perseguir algo con determinación y entusiasmo. Entonces permíteme tomar esa idea de la palabra original dioko —determinación y entusiasmo— con el resto de la idea que ya explicó Morris, que tiene que ver con situaciones difíciles y que tiene que ver con la mansedumbre que yo expreso. Permíteme construir un párrafo como paráfrasis del texto de Primera Tesalonicenses 5:15:
"Mirad que ninguno pague mal por mal, sino perseguid con determinación y entusiasmo el hacer lo bueno todo el tiempo, aun en medio de la dificultad y en medio de la hostilidad contra vosotros, y que eso se constituya en vuestro estilo de vida".
¿Se entendió? Lo repito otra vez. ¡Qué gracia! Pues yo quería, pero no me atrevía. Pero como vamos a llevar las cargas los unos de los otros, entonces tú me estás ayudando.
Mirad que ninguno pague mal por mal, sino perseguid con determinación y entusiasmo. Ese es el significado de "diōkō" ahí, de procurar: perseguir con determinación y entusiasmo el hacer lo bueno. ¿Cuándo? Todo el tiempo. ¿Pero cómo ha sido todo el tiempo? Aun en medio de la dificultad y en medio de la hostilidad contra ti, vas a hacer lo bueno, y lo vas a hacer con determinación y entusiasmo. Y que eso sea tu estilo de vida, que eso sea cómo tú vives, que eso sea lo que tú respiras. Lo cual está en cualquier época, pero en esta época en la que tú y yo vivimos es un mandato contracultural, porque alguien pudiera decir: "¿Y quién vive así?". Bueno, aquellos en quienes se ha tallado la imagen de Cristo.
Tú y yo tenemos que ser para otros lo que Cristo ha sido para mí, para nosotros. Nosotros tenemos cincuenta, sesenta, setenta pasajes distintos en la Palabra de Dios que nos hablan de esta idea de "unos a otros". Así de numerosos. Ahora, tú no puedes leer todos, y te voy a decir lo que no vas a encontrar: no hay un solo pasaje que diga "juzgaos los unos a los otros", "criticaos los unos a los otros", "celaos y envidiaos los unos a los otros", "competid unos contra otros", "sobresalid los unos sobre los otros", "recordad la ofensa de los unos y los otros", "llevad el récord de las malas acciones de los unos y los otros", "chismeaos los unos a los otros", "prejuiciaos los unos a los otros", "oídos los unos contra otros".
Hermanos, ningún cristiano le hace bien ni al hermano, ni a la causa de Cristo, ni a la novia de Cristo, ni a la honra de Cristo, ni al cuerpo de Cristo, ni a la imagen de Cristo condenando y criticando a otro hermano. Ni de esta iglesia ni de ninguna iglesia. ¿Qué hace la gente en internet, en Twitter? Condenando hermanos de otra iglesia, pastores de Dios de otra iglesia. Esa iglesia tiene un dueño y Señor; Él se encargará de hacer estas cosas, no nosotros, no tú. No podemos ser un ejército que le dispara a sus propios heridos. ¿Es posible? Eso no lo hacen ni siquiera las fuerzas de los hombres cuando van a la batalla. Me encanta la frase, el lema de los ejércitos norteamericanos: "Ningún hombre dejado atrás". Si nos vamos a retirar, nos llevamos nuestros heridos, y después si nos llevamos nuestros muertos también. Nadie es dejado atrás.
Quizás una de las actitudes más importantes en esto de llevar las cargas es servirnos unos a otros. Eso es justamente eso: servirnos unos a otros. Cristo dijo que Él no vino a ser servido, sino que Él vino para servir, y luego lo mostró, lo modeló. En la Pascua, horas antes, fue y lavó los pies de los discípulos. El amo, a los siervos. Y luego, que Él terminó, tú conoces el texto: "Vosotros también os debéis lavar los pies los unos a los otros". La actitud de servicio es parte de lo que caracteriza a un verdadero discípulo. Y un siervo rinde su servicio no para ser reconocido, sino simplemente porque los siervos sirven donde Dios los colocó.
El servicio no siempre nos hace sentir cómodos. Hay servicios que intimidan. Cuando yo comencé a predicar, la predicación me intimidaba, pero yo seguí predicando. Ya hoy es otra cosa. De manera que nosotros vamos a servir a veces con temor y temblor. Como dirían en inglés: "¿Y yo qué?". Está bien, pero a medida que lo haces para complacer a Cristo, Cristo te va a ayudar y vas a comenzar a sentirte cómodo. La Palabra de Dios nos llama a servir continuamente. El ejemplo de Cristo quedó, el ejemplo de los apóstoles quedó. Ahí quedaron de testimonio para nosotros, y quedaron de testimonio también para que podamos entender y ver que tenemos que servir a otros y servirnos unos a otros.
Déjame darte algunos pasajes de la Palabra para que puedas ver cómo eso luce. Gálatas 5:13: "Servíos por amor los unos a los otros". La frase "por amor" no está ahí por accidente. Es que no es "servíos por responsabilidad", no. Por amor. Que tu motivación al servir sea que tú amas a ese hermano que Cristo compró a precio de sangre y que fue hecho parte de ese cuerpo. Nota que Gálatas 5:13 no dice "pastores, servíos por amor los unos a los otros". No, todos nosotros. Yo soy un pastor, pero yo soy una oveja con necesidades humanas y similares a las tuyas.
Primera de Pedro 4:10: "Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviendo los unos a los otros". Nosotros tenemos dones. Todos nosotros, dice la Palabra de Dios, que cada uno por lo menos tiene un don. Y yo te digo, si te lo doy, te lo digo, pero te lo doy para una sola cosa, no para otra: es para que puedan servirse unos a otros.
Primera de Corintios 12:25: "A fin de que en el cuerpo no haya división, sino que los miembros tengan el mismo cuidado los unos por los otros". Me encanta esa frase ahí también: los miembros. No los pastores, los líderes, los diáconos. No, los miembros, que tengan el mismo cuidado los unos por los otros. Esta es una labor de todos, porque la imagen de Cristo se está formando en ti y en mí también. Y como el siervo no es mayor que su Señor, tú y yo estamos mandados, ordenados a servir.
El servicio es la manera como tú y yo mostramos que hemos dejado de amarnos egoístamente, que hemos decidido usar un tiempo que pensaba que iba a ser quizá para descanso y usarlo para servir. Como Cristo y los apóstoles hicieron en un momento dado que estaban cansados, se retiraban a descansar, la multitud apareció, y Cristo y sus discípulos, cansados, que no habían comido todavía —dice el texto—, se mandó a recostarles para servirles, porque ya habían dejado de amarse egoístamente. Aunque Cristo nunca lo hizo de esa forma.
Cristo, como el buen pastor, siempre olió a ovejas, y nosotros como pastores debemos oler a ovejas todo el tiempo. Pero déjame pensar en Cristo, el buen pastor perfecto que nunca pecó. Como el buen pastor, él olió a ovejas todo el tiempo. Pero yo entiendo, a la luz de la Palabra, que Cristo asumió que, llegado el tiempo, las ovejas lucirían como él. ¿Entendiste eso? A mí sí me atraviesa. Como si Cristo dijera: "Ok, ovejas, yo voy a servirles, voy a ministrarles, voy a oler a ovejas, voy a estar con ustedes todo el tiempo. Pero, ¿sabes qué? No pueden seguir luciendo como ovejas; tienen que comenzar a lucir como yo." De manera que la intencionalidad de yo estar entre ustedes, oliendo a ovejas, es que llegado el momento ustedes entonces luzcan como yo. Ese es el fruto del Espíritu, y de lado del fruto del Espíritu es donde el servicio comienza a darse.
De esta manera, el servicio desinteresado es la mejor vestimenta, o es la vestimenta que mejor identifica a las ovejas del buen pastor. El servicio desinteresado es la vestimenta que mejor identifica a las ovejas del buen pastor. El servicio que tiene a los demás como una meta, como una meta que quiere llenar. Porque, como alguien decía, a veces hay personas que quisieran servir en la iglesia, pero como consultor: en el momento que siempre sea conveniente, en el momento que yo no tenga nada que hacer, y que sea bueno, a mi manera, en mi tiempo.
Recuerda que no es lo mismo servir que ser un siervo. Servir lo puede hacer hasta el mundo, y a veces lo hacen muy bien. Te vas a Estados Unidos, donde hay una cultura de servicio, la gente se entrena para servir. Te vas a servicio al cliente y te dan lecciones del servicio. Saca la hoja y pídele que siga sirviendo. Pero el siervo, donde quiera que tú lo pones, él está sirviendo. Y lamentablemente muchas veces hasta en el servicio queremos ser selectivos, y tenemos que pedirle a Dios que nos ayude a morir a nosotros mismos, a abrazar la toalla y la vasija como él lo hizo para lavar los pies de otros.
Por eso uno es la razón por la que nos necesitamos unos a otros. En el versículo 13: "Porque si alguien se cree que es algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo." En otras palabras, si alguien cree que es tan importante, si alguien cree que es tan autosuficiente, si alguien cree que realmente él lo puede hacer solo, "yo y Dios solos podemos hacer lo que debemos hacer, lo que yo tengo que llegar a ser," estás autoengañado. Eso no va a ocurrir nunca en la vida, jamás, imposible. No es parte del diseño; de hecho, niega lo que la Palabra de Dios revela. Por eso es que Pablo dice que él se engaña a sí mismo, porque se cree algo no siendo nada. No somos absolutamente nada. No tenemos esa capacidad de autodesarrollarnos, aun si es bajo la mano de Dios. No la tenemos porque Dios la diseñó dentro del cuerpo de Cristo.
El cuarto llamado en el texto que estamos examinando es a no compararnos con otros, quizás menos avanzados, para sentirnos superiores. Si Dios está haciendo una obra en ti, está desarrollando el fruto del Espíritu en ti, no te compares, no te vayas a sentir superior. Versículos 4 y 5: "Pero que cada uno examine su propia obra, y entonces tendrá motivo para gloriarse solamente con respecto a sí mismo, escucha, y no con respecto a otros." Si tú quieres evaluarte, ok, evalúate en lo que tú eres. Si tú encuentras que eres buen dominicano, la última Coca-Cola del desierto, gloríate, pero te vas a gloriar solamente en lo que tú has llegado a ser. Si tú quieres irte por ese camino, que no es bíblico, pero si quieres irte, no te sientas mejor ni superior comparándote con otros, porque el punto de comparación y de referencia, tú sabes quién es: la imagen de Cristo. Y tú sabes lo bajito que quedamos ahí.
Porque cada uno, versículo 5, llevará su propia carga. Pero eso es como una contradicción, porque ahorita era que lleváramos las cargas los unos de los otros, y ahora cada uno va a llevar su propia carga. No, espérate, es que de hecho en el original la palabra "carga" en el contexto de llevar los unos las cargas de los otros es una, y aquí es otra palabra. No voy a entrar en los detalles técnicos, pero lo que Pablo está haciendo alusión ahora es que si tú te vas a comparar, tiene que ser contigo mismo. Número uno. Y número dos, a la hora del juicio final y de tu evaluación, tú vas a llevar tu propia carga. Tú vas a llevar la carga de lo que hiciste o no hiciste. No se te va a tirar una curva para ver qué tan bien tú quedaste en la curva. No, cada cual va a ser evaluado por sí solo.
Y Pablo está diciendo entonces, en este contexto de ayudarnos unos a otros y del desarrollo del fruto del Espíritu: tienes que evaluarte a ti mismo. No mires al otro, no te compares, no pienses que estás por encima de nadie, porque al final, Dios te examinará a ti mismo con relación a ti mismo. El único marco de referencia que va a usar es la imagen de Cristo.
Yo te necesito. Yo, pastor, yo te necesito. Tú me necesitas. Tú necesitas al hermano de al lado. Tú necesitas al hermano de al lado, o hermano, no tienes un chance de terminar bien caminando solo, andando solo. No tienes un chance de terminar bien rechazando el diseño que Dios le dio a su iglesia para que podamos llegar a la línea final.
Quizás esta historia te puede ayudar, y con esto cerramos, a entender cuál es el rol de nosotros. Es una historia real, y he usado a lo largo de los años varias ilustraciones de olimpiadas, carreras olímpicas. Esta es una de ellas. En 1992, Derek Redmond estaba en el apogeo de su carrera como corredor. Derek era poseedor del récord de 400 metros y estaba a punto de competir en las semifinales de Barcelona. Incluso tenía a su padre en las gradas para animarlo. Tú estás en la grada cuando yo estoy corriendo; yo estoy en la grada cuando tú estás corriendo.
Pero una vez que Derek desgarró el tendón del hamstring, que es un grupo de tres músculos aquí detrás del muslo, ese tendón que en español es traducido como tendón de la corva, una vez él desgarró el tendón del hamstring, sintió un estallido instantáneo de dolor. Es como un golpe y un dolor intenso. Su tendón de la corva se había roto y lo obligó a caer al suelo. Tú puedes ver el video. Yo conozco este ejemplo y esta historia por años. Yo volví a ver el video, dos minutos treinta y siete segundos, y tenía que contener mis lágrimas para no llorar audiblemente de la emoción.
A pesar del dolor insoportable, algunos de nosotros pasamos por esos dolores en el cuerpo de Cristo, Derek estaba decidido a terminar la carrera, a pesar de que los médicos y oficiales ya estaban en la pista tratando de que se detuviera. Todos los demás corredores ya habían cruzado la línea de la meta, pero Derek sintió a alguien más a su lado. De repente hay alguien ahí al lado de Derek, como tratando de caminar. Fue entonces cuando se giró para darse cuenta de que su padre había corrido desde las gradas hacia la pista, pasando la línea de seguridad, cuando vio a su hijo caer al suelo.
Derek le dijo a su padre que necesitaba terminar la carrera, por lo que su padre abrazó a Derek y juntos comenzaron a caminar hacia la línea de la meta. Hubo una ovación de pie cuando este par se aferró el uno al otro todo el camino. Este momento, como ves, se ha visto en todo el mundo y aún hoy sigue siendo una inspiración.
Derek era el corredor que sufrió el desgarro, comenzó a caminar con dolor intenso. Tú puedes ver cuando el padre sale de las gradas y hay algunas personas que trataron como de pararlo, y él está como diciendo: "No, este es mi hijo, yo lo ayudo." Y él terminó con su padre que estaba ayudándole, animándole en un momento difícil y ayudándole a llevar la carga.
Pero Derek terminó por dos razones. Uno, porque él tenía la determinación de hacerlo. Y tú estás corriendo, y tú y yo nos desanimamos, pero nosotros tenemos que desarrollar una determinación de que yo tengo que terminar la carrera y quiero terminar bien. Derek terminó de pie la carrera. Pero Derek tenía a alguien a su lado que lo ayudó a llevar el peso y animarlo en uno de sus peores momentos. Tú puedes ver cuando él se da cuenta de que su padre lo abraza, comienza a llorar ahí profundamente en los hombros de su padre.
Y tú y yo tenemos que estar dispuestos a correr con el hermano hasta la línea final, hasta que él entre en gloria. ¿Y sabes cuándo es eso? Cuando él dé su última respiración. De manera que, de cierta forma, nosotros como que lo entramos en gloria. Pero, ¿sabes qué? Yo no lo entro en gloria; es Cristo en mí que ayuda a esta otra persona a entrar en gloria, porque somos los pies y las manos de Cristo para otros.
De tal forma que mi compromiso contigo es hasta que llegues a la gloria. Pero yo te necesito para que me ayudes en todos los momentos intermedios, pero hasta el último momento. Quizás yo necesito gente conmigo, como tú lo puedes ver en este video.
Lo puedes ver de otra manera: que yo soy hijo del Padre celestial, el buen, buen Padre, y él envió a su Hijo a correr conmigo, a correr la carrera conmigo. Y él va a correr conmigo hasta que yo entre en gloria, porque lo que él comienza él lo termina, y él no me va a dejar a mitad. Pero resulta que él no está aquí en carne y hueso como lo estuvo en Palestina, sino que él ha desarrollado un cuerpo de creyentes en quienes ha puesto a morar su Espíritu. Y ahora, de repente, ese cuerpo de creyentes son sus manos y son sus pies, de tal forma que nosotros seamos los que caminemos hasta la línea final con aquel que está herido, debilitado, desanimado. Porque para eso Cristo nos ha puesto juntos, el uno al otro.
Y ese Cristo es tu amigo, es mi amigo, y no hay ningún amigo como Cristo. Pero como yo tengo que hacer para otros lo que Cristo es, yo modelo, habiendo sido modelada la amistad por Cristo, necesito ser el amigo del otro.
Padre, gracias. Gracias por darme un amigo en Cristo como ningún otro. Gracias por darme un Señor y Dios que, al mismo tiempo, ni se avergüenza de llamarme hermano ni de llamarme amigo. Gracias por tu gran bondad. Gracias por ejemplos como el de este corredor que nos inspira.
Permiten ver algo humano en él aquí en el ahora, y pensar en algo espiritual que tiene que ver con el mundo venidero. En la medida en que nosotros cantamos ahora acerca de este amigo que tengo en Cristo, yo te pido en el nombre de ese mismo Cristo que tú puedas tomar lo que vamos a cantar con el elemento visual que vamos a colocar en pantalla, y que tú unas esas dos ideas y nos ministres profundamente, de manera que salgamos cambiados de este lugar. En tu nombre, Jesús.
Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal, de forma que tú puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.