Integridad y Sabiduria
Sermones

El poderoso salvador y Su ministerio perpetuo

Joan Veloz 23 octubre, 2022

Hebreos 7:25 presenta una verdad que debería transformar la manera en que vivimos: Jesús es poderoso para salvar para siempre a los que se acercan a Dios por medio de él, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos. Pero para que esta promesa tenga peso, primero hay que reconocer la condición real del corazón humano. No importa cuán buen padre, buen ciudadano o buena persona alguien crea ser; todos hemos cometido lo que R.C. Sproul llamaba "traición cósmica" contra Dios. Cada pecado es una afirmación de nuestra voluntad sobre la de nuestro Creador, y eso nos coloca en grave peligro ante un Dios santo.

La buena noticia es que existe un sumo sacerdote digno de representarnos: Jesús, santo, inocente, inmaculado, que no necesitó ofrecer sacrificio por sus propios pecados. Su sacerdocio pertenece al orden de Melquisedec, superior al de los levitas, y a diferencia de aquellos sacerdotes que morían, él permanece para siempre. Por eso la salvación que ofrece no es parcial ni temporal; los suyos están garantizados eternamente.

Pero hay más: Cristo no resucitó para descansar en el cielo. Él vive ahora mismo con un propósito específico: interceder por los suyos. Cada vez que Satanás acusa, cada vez que caemos, hay un abogado ante el Padre que dice: "Yo pagué por ese pecado". Como ilustra una historia de la guerra civil estadounidense, donde un niño tomó de la mano a un soldado desesperado y lo llevó directamente ante el presidente Lincoln diciendo "Papá, este soldado necesita hablar contigo", así Jesús nos lleva continuamente ante el Padre. En medio de la depresión, la incertidumbre o la tentación, el Rey de reyes está orando por nombre, sin cesar, por cada uno de los suyos.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Amados hermanos, acompáñenme por favor a la carta a los Hebreos, capítulo 7. En el día de hoy estaremos estudiando solamente un pasaje, pero un pasaje extremadamente profundo, un pasaje en el cual se pudieran escribir miles y miles de libros y faltaría papel y faltaría tinta para hablar de las profundidades que encontramos en él.

Yo he titulado mi mensaje del día de hoy "El poderoso Salvador y su ministerio perpetuo". Como yo les había compartido en la última oportunidad que tuve de compartir la Palabra de Dios, la carta a los Hebreos es mi libro favorito de toda la Escritura, y lo es por pasajes como este. Pasajes que nos permiten anclar nuestra vida y nuestra fe. Una carta que fue escrita para judíos creyentes, pero que dos mil años después nos sigue hablando a nosotros, sigue mostrando la gloria de Cristo y su obra por nosotros.

Pero para entender profunda y correctamente este texto, nosotros necesitamos subir unos versos más y ver de qué está hablando el autor aquí en el capítulo 7. Porque en el capítulo 7 el autor quiere mostrarle a estos judíos creyentes por qué el sacerdocio de Cristo es superior a los demás sacerdotes o sacerdocios de todo el Antiguo Testamento. Él quiere evidenciar por qué Cristo es el más grande de todos, y él muestra y trata de mostrar esto diciendo y enseñando por qué el sacerdocio de Jesús no pertenece al orden de Aarón o posteriormente al orden de los levitas, sino a un sacerdocio mucho mayor: al sacerdocio de un tal Melquisedec.

Y nosotros vemos en la Palabra, en el capítulo 6, versículo 19, que dice esto: "Tenemos como ancla del alma una esperanza segura y firme que penetra hasta detrás del velo, a donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho según el orden de Melquisedec, sumo sacerdote para siempre". Pero para poder entender la supremacía de Cristo, necesitamos entender quién era este sumo sacerdote, por qué se dice que Jesús era de este orden y no del orden común de los levitas. El mismo capítulo 7 nos lo dice, versículo 1: "Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que se encontró con Abraham cuando este regresaba de la matanza de los reyes, y lo bendijo".

Abraham se encuentra habiendo ganado una batalla y se encuentra con este sacerdote, con este sumo sacerdote. ¿Y qué hace Abraham? Abraham le entrega el diezmo y el sumo sacerdote lo bendice. En los versos del 6 al 10, el autor busca dar a entender que este evento es una evidencia de que el sacerdocio de Melquisedec es mayor que el de los levitas. Porque el autor lo dice del 6 al 10, y voy a tratar de parafrasearlo para no leer. Él dice: Abraham es mayor que Leví, Abraham fue bendecido por Melquisedec, por lo cual Melquisedec es mayor que Abraham, por consiguiente Melquisedec es mayor que Leví. Y él termina el versículo 7 diciendo: sin discusión alguna, el menor bendice al mayor. El sacerdocio de Melquisedec es un sacerdocio mucho mayor que el sacerdocio común de los levitas. Melquisedec estaba a un nivel superior inclusive del padre Abraham, como los judíos le conocían.

Ahora, pero hay más información acerca de este Melquisedec. ¿Hay algo más que debamos conocer? Versículo 2: el nombre Melquisedec, dice el autor, significa primeramente rey de justicia, y luego también rey de Salem, esto es, rey de paz. Sin tener padre ni madre y sin genealogía, no teniendo principio de días ni fin de vida, siendo hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote a perpetuidad. Un sumo sacerdote que no tenía genealogía, eterno, quien se hace llamar rey de justicia, rey de paz. ¿Son Melquisedec y Jesús la misma persona? Algunos entendemos que sí, otros entienden que Melquisedec es un tipo de Cristo. Lo que sí podemos concluir es que no hay duda de que este Melquisedec, esta orden de Melquisedec de la cual Cristo es parte, es mucho mayor que la orden de Aarón, la hora de los levitas. Por lo cual el sacerdocio de Cristo es mucho mayor.

Y tú te preguntarás: ¿por qué esto es importante? Recordemos que en el Antiguo Testamento el sumo sacerdote tenía la responsabilidad de representar al pueblo delante de Dios. Él debía ofrecer año a año sacrificio por su pecado y sacrificio por los pecados del pueblo. Pero este oficio, lamentablemente para cada sumo sacerdote, tenía fecha de caducidad. Estos hombres eran finitos y limitados, sus funciones no pueden ser llevadas a cabo eternamente a nuestro favor. Ellos eran hombres con el tiempo determinado por Dios. Y el mismo autor lo dice, versículos 23 y 24: los sacerdotes anteriores eran más numerosos, ¿por qué? Porque la muerte les impedía continuar. Y aquí exalta a Jesús: pero Jesús conserva su sacerdocio inmutable puesto que permanece para siempre.

La ira de Dios no cambia. Es por esto que tú y yo necesitamos un mediador, un intercesor que permanezca para siempre. Y ese mediador e intercesor inmutable que no cambia se llama Jesús. Y con esa introducción llegamos a nuestro pasaje del día de hoy, versículo 25. Por lo cual, dice el autor, esta es la conclusión de todo lo que yo vengo diciendo, esta es la parte más importante de mi enseñanza, la parte más importante de mi narrativa. Inclusive para muchos este es la parte más importante de todo el Nuevo Testamento: por lo cual Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos.

Y a la luz de esto hay tres puntos que salen gloriosamente del texto, que son los tres puntos que yo quisiera que viéramos en la mañana de hoy. Lo primero es que, según este pasaje, Jesús es poderoso para salvar, pero para salvar para siempre. Número dos: esta salvación es para aquellos que se acercan a Dios por medio de Jesús. Y número tres: Él vive con un propósito, Él vive para interceder por nosotros.

Primer punto: Jesús es poderoso para salvar para siempre. Hermanos, para yo poder saborear esto, lo primero que yo necesito entender es que tú y yo necesitamos ser salvados. Tú y yo nos encontramos en una condición de peligro en la cual no podemos libertarnos a nosotros mismos. Nosotros estamos en medio del mar a miles de kilómetros de la costa, sin flotador ni remo. Estamos literalmente perdidos y necesitamos que alguien extienda su mano y nos saque del agua. Pero no del agua, porque nosotros no es en agua que vamos a estar, sino que nos tomen y nos arrebaten del infierno, hacia donde nosotros vamos derecho y a donde merecemos estar.

Esto es lo primero que yo necesito entender. Yo necesito entender mi corazón, mi real condición. Porque si yo no entiendo mi real condición, esta idea de que Jesús es poderoso para salvar va a ser solamente una idea bonita. Pero tengo que entender que yo necesito ser salvado. Si una pequeña parte de mí todavía sigue diciendo: "Pero es que yo no soy tan malo, yo soy un hombre bueno, yo hago lo que me toca, yo soy un buen padre proveedor, estoy ahí para mi familia, yo la ayudo con las tareas, soy un buen hijo, yo honro a mi papá y a mi mamá, yo soy un buen esposo, yo aguanto esa mujer todos estos años y yo nunca le he sido infiel, no, yo soy un hombre bueno, inclusive hasta buen ciudadano, yo pago mis impuestos, miren, yo soy un buen ciudadano, yo merezco estar en la presencia de Dios, yo no necesito ser salvado, es interesante pero no lo creo"... Hermano, todo eso está bien, está bien que yo haga todo eso, pero tú no puedes olvidar: aunque tú hagas todo eso, tú sigues siendo un pecador. Todos nosotros somos pecadores. Nuestras mejores obras están teñidas por el pecado.

El apóstol Pablo lo dice en Romanos 3:10: "Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se han desviado, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no, ni siquiera uno." Y esta verdad tú tienes que entenderla para que esto de que Jesús es poderoso para salvar tenga el valor y la importancia que tiene.

Recientemente veía un video del difunto R.C. Sproul donde él hablaba acerca de los últimos tiempos, el día del juicio. Aquellos condenados se van a dividir en dos: los que crujen porque dicen "yo no merezco estar aquí, es injusto yo estar aquí, yo hice inclusive hasta la obra de Dios, no merezco estar aquí," y van a estar los que lloran. Y él dice estar convencido, y yo estoy convencido y creo eso, que a estas horas Sproul disfruta de la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Pero él decía lo siguiente, lo voy a citar, él decía: "Una cosa sé con certeza: al final de mis tiempos, si no estoy en la presencia de Dios..." Él dice: "Una cosa sé con certeza: si eso pasa, si me he engañado todos estos años y si soy uno de los que dicen 'Señor, Señor, ¿no hice esto o hice aquello?' y Él me mira y dice 'Por favor retírate, no te conozco' y me envía al infierno, algo que te puedo asegurar es que seré un llorón, no uno que cruje. Porque si sé algo de teología, yo sé que si me envía al infierno, esa noche no podría levantar queja alguna contra Él. Yo soy culpable de traición, traición cósmica. Cada vez que he pecado, he afirmado mi voluntad sobre la voluntad de mi Creador."

Y esa es la realidad tuya y mía. Todos nosotros hemos cometido traición cósmica contra nuestro Dios y necesitamos ser salvados de ese gran peligro. Y el gran peligro al cual nos enfrentaríamos es presentarnos delante de la presencia de Dios sin un sumo sacerdote que nos represente. El autor de Hebreos, en el capítulo 10, versículos 30 y 31, dice: "Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo pagaré. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo!" Y este es el peligro en el cual nos encontramos. Este es el peligro en que se encuentra todo aquel que no ha puesto su confianza en el sumo sacerdote Jesucristo.

Cristo mismo lo dijo en Juan 3:36: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él." Hermanos, Dios nos salva de Dios, y tú y yo necesitamos entender eso. Nuestro pecado, nuestra maldad, nuestra afrenta ha sido contra Dios, y sin un intercesor justo nosotros estamos en grave peligro. Tú y yo necesitamos ser salvados. Eso es lo primero que tienes que entender.

Lo segundo es que tú tienes que abrazar la verdad de que solo Jesús es poderoso para salvarte. Solo Él puede hacerlo. Y todo el capítulo 7, es más, toda la Escritura fue escrita para que nosotros pudiéramos entender el plan de redención, que podamos ver la condición del hombre y por qué solamente hay un sumo sacerdote digno que pueda salvarnos. Hermanos, solo hay una esperanza para nosotros los pecadores. Tú y yo necesitamos a alguien que pudiera poner la mano sobre Dios y la mano sobre nosotros. Necesitamos a alguien que pudiera cumplir la ley de Dios de manera perfecta. Necesitamos a alguien eterno, sin principio ni fin, inmutable. Necesitamos a alguien santo e inocente que no tuviera cuentas pendientes con Dios. Y de esos solamente hay uno, y se llama Jesús.

Y el autor de Hebreos quería que las personas que iban a recibir esta carta entendieran esta verdad. Y por eso en los versículos 26 y 27 sigue resaltando esto: "Porque convenía que tuviéramos tal sumo sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y exaltado más allá de los cielos; que no necesita, como aquellos sumos sacerdotes, ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus pecados y después por los pecados del pueblo." Tú y yo, el pueblo de Dios, necesitábamos, necesitamos un mediador justo. Y de esos solamente hay uno, y se llama Jesús.

El apóstol Pablo, cuando le escribe a los corintios, en 2 Corintios 5:21, dice: "Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en Él." Al que no conoció pecado, Jesús no conoció pecado, pero Dios, por amor a nosotros, lo hizo pecado. Y cuando nos referimos a que lo hizo pecado, es que sobre los hombros de Cristo, sobre los lomos de Cristo, se vertieron todos los pecados de todos aquellos que iban a creer en su nombre a través de la historia. ¿Para qué? Para que nosotros fuéramos declarados justos. Para que cuando Dios nos vea el día del juicio, donde vamos a pasar todos, aunque le andemos huyendo o no lo creamos, Dios nos vea y no vea mi pecado, no vea mi maldad, sino que vea la justicia de Cristo.

Hermanos, este es el satisfactorio. Y esa es la verdad que yo tengo que predicarme todos los días. Nuestro Rey Jesús es...

Poderoso para salvar, porque él cumplió la ley de Dios perfectamente, caminó en la tierra santamente, murió inocentemente para resucitar victoriosamente por ti y por mí. Él es poderoso para salvar, y esta salvación que él nos ofrece no es una salvación a medias, no es una salvación incompleta, es una salvación absoluta. Él nos lleva hacia donde debemos ir.

Porque el autor no dice "Jesús es poderoso para salvar" y lo deja ahí. Y está bien que lo hubiera dejado ahí, pero él pone otra palabra que yo debo abrazar, tomarla para mí y hacerla mía: Jesús es poderoso para salvar para siempre. La buena obra que Jesús comenzó en nosotros, dice el apóstol Pablo, él va a perfeccionar hasta el día de Cristo Jesús. Los que son suyos, los que han sido salvados, están garantizados por él para siempre.

El príncipe de los predicadores, Charles Spurgeon, hablando sobre esta idea de que el creyente puede hoy estar y mañana no estar, ser portador del Espíritu Santo y que mañana el Espíritu Santo se vaya, dice lo siguiente: "Suponen que alguna vez Jesús permitirá que un cristiano se pierda, que un cristiano se pierda. Dondequiera que vaya, siempre espero llevar mi sincera protesta contra la doctrina más odiosa de la apostasía y la muerte de un santo. Hay algunos ministros que predican que el hombre puede ser hijo de Dios ahora e hijo del diablo mañana, que Dios puede absolver a un hombre y sin embargo condenarlo, salvarlo por gracia y luego dejarlo perecer, permitir que un hombre sea arrebatado de la mano de Cristo aunque ha dicho que tal cosa nunca sucedería. ¿Cómo explicas esto? Desde luego, si entiendes que no falta poder, que él es todopoderoso, entonces debes acusarlo de falta de amor. ¿Y te atreves a hacer esto? Él está lleno de amor, y como él también tiene el poder, él nunca permitirá que uno de su pueblo se pierda."

Es verdad y siempre será la verdad: nuestro Jesús salva para siempre. Y esta verdad nosotros tenemos que entenderla y abrazarla. Los suyos jamás serán echados fuera, porque nosotros mismos no podemos separarnos de su perfecto amor. Romanos 8, el apóstol Pablo cuando habla en Romanos 8 versículo 37, no puede decirlo de una manera más clara: "Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó." Nosotros somos vencedores no por nosotros, somos vencedores por aquel que nos amó. "Por eso estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni principados, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrán separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro." Nada nos podrá separar de su amor porque nos ha salvado para siempre.

"Pastor, ¿y qué pasa con los hermanos de la iglesia que son tibios, que hoy están y hoy no están? ¿Cómo justificamos eso?" Esos hermanos tienen un llamado del apóstol Pablo: examínense a ver si están en la fe, pónganse a prueba. Porque muchos son los que vienen a la iglesia, se congregan semana a semana, y con cierta seguridad quieren decir: "Señor, Señor, ¿no era en tu nombre que nosotros hacíamos esto? ¿No era en tu nombre que hacíamos aquellas cosas?" Y al final escucharán decirle a nuestro Dios: "Por favor, retírate, no te conozco." Pero los suyos tienen la garantía de que perseverarán para siempre, porque él los hace perseverar.

Jesús es poderoso para salvar para siempre a todos los que se acercan a Dios por medio de él. Y este es el punto número dos: todos los que se acercan a Dios por medio de él. Aquí el autor no hace limitación de secta o denominación. Él no dice "todos los bautistas que se acerquen a él, todos los católicos, todos los pentecostales, los independientes que se acerquen a él." No, él dice a todo el que se acerca a Dios, a los que se acercan a Dios por medio de Jesús.

Por lo cual, todo hombre de toda raza, lengua y nación —ruso, haitiano, dominicano, peruano, chileno, italiano— si se acerca a Dios por medio de Jesús, entonces será salvo. Porque Jesús es poderoso para salvar a aquellos que reconocen su condición de pecado, aquellos que saben que no tienen lugar a dónde ir, aquellos que saben que están en el mar perdidos y que necesitan esa mano que solamente Cristo puede darles, aquellos que saben que son culpables delante de Dios.

Esos que se acercan a Dios lo hacen a través de Cristo y no a través de rituales, no a través de otros intermediarios, no a través de una iglesia. Que es importante congregarse en la iglesia porque es mandato de la Palabra, necesitamos la iglesia, pero yo no llego a Dios a través de la iglesia, yo no llego a Dios a través de una religión. Yo solamente tengo un camino para llegar a Dios, y es a través de una relación con mi Salvador, una relación con Jesús.

"Pastor, pero ¿cómo lo hago? ¿Cómo yo puedo hacer esto?" El llamado de Dios es a que rindamos todo nuestro ser a él. Lo que debe hacer mi corazón latir, lo que me debe levantar en las mañanas, debe ser querer servir y honrar a mi Salvador. Ese debe ser el motor que mueve el carro de mi vida: un deseo genuino por exaltarle a él. Y esa exaltación viene a través de una disposición de dejar a un lado todo cuanto soy, todo cuanto quiero ser, y someterme, entregarme plenamente a él y a su voluntad.

Y ese es el primer mandamiento, lo vemos. "Pastor, pero qué difícil parece ese primer mandamiento." Cristo hablando en Marcos 12:30: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente." Esa es la manera cómo yo me acerco a Dios: yo sé que soy un pecador, que merezco la muerte, que Cristo es el único medio, y me rindo a él completamente —mente, alma y corazón— con todo mi ser.

Cristo no pudo haberlo dicho más claro. ¿Tú quieres acercarte a Dios realmente? Ahí está la forma de hacerlo. Juan 14:6: "Yo soy el camino, yo soy la verdad, yo soy la vida." Y aquí viene una parte importante que eso no puede olvidar: "Nadie viene al Padre si no es a través de mí." Este "nadie" es un absoluto, es un absoluto total. No hay otra vía. Hay un dicho popular que dice que todos los caminos llevan a Roma, pero hay un solo camino que lleva a Dios, y se llama Jesús nuestro Señor.

Jesús es poderoso para salvar para siempre a los que se acercan a Dios por medio de él, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos. Y es el punto número tres: él vive para interceder por nosotros. Y es importante que tú puedas ver esto. Cuando el texto dice "puesto que", literalmente quiere decir que esta es la razón por la cual Jesús vive ahora mismo. Este es el motor que le mueve: interceder por ellos, interceder por nosotros.

En su estado glorificado, en este momento, él no resucitó, ascendió, se fue al Padre y está en un chaise longue en el cielo descansando, viviendo, tomando piñas coladas, esperando: "Así mis hermanos, ¿cuándo vendrán? ¿Cuándo será el día?" Él no está de vacaciones, él está intercediendo por nosotros. Y él vive para esto, y es importante que tú no pases por alto esta palabra: él vive para esto.

Piensa esto por un minuto: Jesús se hizo hombre por ti, vivió una vida perfecta por ti, murió en la cruz por ti, resucitó por ti, ascendió al cielo por ti, y ahora vive para interceder por ti. ¿Qué más podemos pedirle a nuestro glorioso Salvador? ¿Qué más él puede hacer por nosotros? Él ahora está a la derecha del Padre para servirnos a nosotros en su ministerio perpetuo, que es la intercesión.

Por tres semanas el pastor Miguel estuvo compartiendo con nosotros lo que fue la oración sacerdotal de Cristo antes de enfrentarse a sus acusadores, enfrentarse a la muerte. ¿Qué estaba haciendo? Estaba orando por nosotros. Luego de morir, resucitar y ascender, ¿qué está haciendo? Él sigue orando por nosotros. Y lo triste, hermanos, es que muchos de los hijos de Dios hoy día pasan por alto esta verdad, y muchos la desconocen.

Frecuentemente, cuando tengo la oportunidad de entrevistar hermanos para bautismo o compartir con ellos para el proceso de membresía, suelo hacerles esta pregunta. Así que si tú no has sido entrevistado todavía, ya tienes una respuesta que dar aquí, ya vas de robo ahora. Yo siempre les hago esta pregunta: ¿Qué ha hecho Jesús por ti? Una pregunta relativamente fácil para aquellos que son creyentes. ¿Qué ha hecho Jesús por ti? Y las respuestas suelen ser más o menos las mismas: "Él murió por mí, él vivió y pagó mi deuda, gloria a Dios, compró mi salvación, aleluya, me regaló la vida eterna." Es verdad, todo eso es cierto, que Jesús hizo todo eso. Pero su mayor ministerio, el cual está ejecutando en este momento, que es la intercesión por los santos, es olvidado.

Y tú no puedes olvidar que el Rey y Señor, Creador, Sustentador de todas las cosas, vive con un propósito hoy día, que es interceder por ti. Tú no puedes olvidar eso, no puedes pasar por alto esta verdad: Cristo vive para interceder por nosotros.

Así como él intercedió por Pedro para que su fe no faltara, Lucas 22:31-32: "Simón, Simón, mira que Satanás los ha reclamado a ustedes para zarandearlos como a trigo, pero yo he rogado por ti para que tu fe no falle." Así como él oró por Pedro, ahora ora por ti y por mí.

Cuando somos acusados —que no sé tú, pero nosotros somos acusados constantemente— tú vas al libro de Job y te encuentras en un momento que Dios estaba y Satanás viene a acusar a Job. Cristo dice que Satanás ha pedido permiso para zarandear a Pedro. Nuestro enemigo no descansa, y él está todo el tiempo buscando acusarte y acusarme.

Y yo me imagino este escenario. Yo me imagino en el trono de Dios, Satanás entra: "Tu siervo Iván, el de Higüey, mira el orgullo que tiene, mira cómo le habló a su hijo hoy. Su hijo le dice 'papi, yo quiero estar contigo' y lo que le dice es 'súbete pa' tu cuarto, que tú querías otra cosa.' Mira cómo está ahí sentado siete horas viendo una serie de Netflix, ahí pegado. Se acabó el capítulo y le da adelante. ¿Y eso qué es? Tú, en vez de estar buscándote a ti, mira en lo que está. Mira la música que está oyendo. Mira cómo le habló a su esposa hoy."

Yo me imagino estas conversaciones, Satanás con su lista de pecados acusándonos. Y Jesús allí, delante del trono de Dios: "Yo pagué por eso, yo morí por ese pecado, ya yo lo compré, ese pecado ya yo lo cubrí." Cada vez que una acusación pueda levantarse y presentarse ante Dios, abogado tenemos en nuestra defensa.

Ninguna acusación puede sostenerse, ya que el abogado que nos defiende es el mismo que se entregó y pagó por nosotros. El apóstol Juan quería que nosotros supiéramos esta verdad, y por eso cuando él le escribe en su primera carta, él dice lo siguiente: "Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no pequen." Primera de Juan 2:1. Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Yo veo a Juan aquí como un padre, como un pastor que quiere cuidar sus ovejas. Les escribo estas cosas para que no pequen, y si alguien peca, tenemos abogado para con el Padre, a Jesucristo el justo.

Hermanos, este verso no es una licencia para pecar. Y si tú crees esto, tú estás muy equivocado, y te invito a revisar tu corazón, porque eso no es una licencia para pecar. El apóstol Juan comienza este versículo diciendo: "Hijitos míos, les escribo para que no pequen." Pero nos recuerda: si pecan —y él sabía que nosotros vamos a pecar porque somos pecadores— abogado tenemos. Un abogado que está ahí para defendernos, que nos llama a vivir de una manera santa y digna del perdón que hemos recibido. Cristo está ahí como nuestro intercesor.

Y yo no sé si ustedes han entendido el concepto de intercesión. Intercesión es literalmente que hay alguien que está en medio de dos personas defendiendo y representando a una. Quizás algunos se preguntarán: "Pastor, pero usted dijo al principio que la obra de Cristo fue completa, la salvación fue completa. ¿Por qué es necesario esto? ¿Por qué es necesario que Jesús esté ahí intercediendo por nosotros perpetuamente?"

Porque Dane Ortlund, en su libro "Manso y humilde", que es un libro que yo les recomiendo a toda la congregación poder leerlo por lo precioso que es, dice lo siguiente. La respuesta a esta pregunta, por qué Jesús tiene que hacer esto si su obra fue completa, él dice lo siguiente: "La respuesta es que la intercesión adjudica lo que la expiación logró. La actual intercesión celestial de Cristo a nuestro favor es un reflejo de plenitud, la victoria y la integridad de su obra terrenal, no reflejo de que algo falte. La expiación logró nuestra salvación. La intercesión es la apropiación momento a momento de esa obra expiatoria. En el pasado Jesús hizo aquello de lo que ahora habla. En el presente Jesús habla de lo que ya hizo." Es recordando, intercediendo, hablando continuamente de lo que hizo por nosotros.

El apóstol Pablo no puede decirlo con mayor claridad. Romanos 8:33-34, no puede ser dicho de una mejor manera: "¿Quién acusará a los escogidos de Dios? ¿Quién puede acusar a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo es el que murió; más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros." No se puede decir con mayor claridad: Cristo está a la diestra del Padre intercediendo por ti y por mí.

Es por eso una cita adicional que quiero compartir con ustedes. Dice: "Mientras que Cristo por su muerte proveyó todo lo que era necesario para tu salvación, él por su vida aplica la provisión que hizo en su muerte. Él vive con el propósito de ver que te traigan a casa y disfrutes todos estos benditos dones y privilegios que él compró en el madero cuando murió en tu lugar."

Es por eso que los cristianos podemos buscar la ayuda de Dios en cada momento de nuestras vidas, porque Jesús vive para interceder por nosotros. Él vive para interceder por nosotros. Y piensa esto por un minuto, que tú puedes hasta cerrar los ojos ahí y pensarlo ahí por dentro: en medio de todo el oro, Jesús está intercediendo por ti. En medio de tu momento de depresión, que no sabes cómo salir de ahí, en los cielos hay uno que está intercediendo por ti. En tu momento de escasez, esa situación difícil, que tú no sabes cómo vas a cuadrar el mes, que la tarjeta ya no aguanta más, en los cielos hay uno que está intercediendo por ti.

En tus momentos de incertidumbre. Esta semana hemos estado en un proceso de oración, orando por una pareja de nuestro grupo pequeño, que su hijo le nació, le mandaron a hacer un estudio que se suponía que en una semana saldría el resultado. Tres semanas esperando. Padres por tres semanas esperando con incertidumbre para saber un diagnóstico de su hijo. Gracias a Dios, ayer le dieron el diagnóstico: carne negativo. ¡Gracias, Señor! Pero por tres semanas en incertidumbre. Yo le decía, hermanos: en medio de incertidumbres, Jesús está orando por ti. En esa incertidumbre, Jesús está orando por nosotros.

En medio de la tentación, cuando quiero hacer algo que yo sé que deshonra a mi Señor, que yo estoy ahí como que... en los cielos hay uno que está orando, intercediendo por mí. Y piensa esto por un minuto: la Palabra nos enseña que el Espíritu Santo mora en nosotros, que Dios está en los cielos intercediendo por nosotros. No es para menos que cuando Sproul decía —orita que— cuando pecamos es porque cometemos traición cósmica contra Dios. Porque, ¿qué más necesitamos para no pecar? ¿Qué más necesitamos para no caer en la tentación? Era provisto todo lo necesario. Nos ha dado su Espíritu y nos ha dado su intercesión constante. En todo tiempo, alegría, bonanza, pérdida, tú tienes en los cielos a Jesús intercediendo por ti.

Y si nos pudiéramos mover a esto, si nuestra vida sería totalmente diferente. Si pudiera ver a Jesús orando ahí, nuestra vida debería ser diferente. Pero la distancia no cambia su oración. El misionero Robert Murray decía exactamente esto. Decía: "Si pudiera escuchar a Cristo orando por mí en la habitación del lado, no le temería a un millón de enemigos. Sin embargo, la distancia no hace ninguna diferencia. Él está orando por mí. Él está intercediendo por mí."

Esta verdad debería cambiar la forma como nosotros vivimos. Esta verdad debería moldear mi estilo de vida. Esta verdad debería hacerme ver todo lo cuanto me ocurre de una manera diferente, porque yo tengo al Rey de reyes, al Señor de señores, al Sumo Sacerdote digno orando, intercediendo por mí.

El pastor y presidente del Seminario Teológico de Dallas, John Walvoord, tiene una cita que quise resaltar porque para mí tiene mucho valor a la luz de este texto que estamos estudiando. Él dice: "La doctrina de la intercesión enfatiza la gran verdad de que Cristo nunca deja de interceder por los suyos. Mientras las oraciones humanas en la tierra están limitadas tanto en extensión como en poder, la intercesión de Cristo no conoce límites dentro de la voluntad de Dios. Como persona infinita, Cristo puede concentrar su intercesión por completo en cada creyente individual sin disminuir o detraer las necesidades de otro. En efecto, el creyente está seguro de la intercesión de Cristo de tal manera que Cristo centra con todo su amor y toda su intercesión en ese único creyente." Cuando ustedes estén diciendo: "¿No puede ser? ¿Por qué somos tantos? ¿Cómo él puede orar por tantos?" Él es el Todopoderoso. Cuando intercede por nosotros, de manera personal, por nombre, directamente. Cualquiera que sea la limitación de la oración humana, el creyente tiene la seguridad de que hay uno que nunca se cansa de orar por él y por sus necesidades, y que este intercesor tiene todo poder y favor ante el Padre, y en consecuencia es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos.

Con lo importante que es que nosotros oremos los unos por los otros —es un mandato orar los unos por los otros, llevar nuestras cargas los unos por los otros— pero cuánto más es saber que mi Cristo está orando por mí, que mi Jesús está ahí intercediendo por mí.

Y tú te preguntarás: "Pastor, ¿y hasta cuándo es esto? ¿Hasta cuándo él va a estar ahí? ¿Esto se acaba?" Bueno, el pasaje dice que él vive para interceder por ellos perpetuamente. ¿Tú tienes idea de lo que significa el concepto perpetuo? En el original, la palabra perpetuo literalmente quiere decir amplitud, plenitud, duración sin fin, algo que no pausa, algo que no se detiene, algo que no descansa. "Pastor, ¿y nosotros somos tan malos que Jesús tiene que orar por nosotros perpetuamente, que no puede tomarse ni un descanso, ni un break de unos minutos?" Los que conocemos nuestro corazón sabemos que nosotros somos pecadores perpetuos, y por eso necesitamos un intercesor perpetuo que vele y hable en nuestro favor todo el tiempo. Alguien indigno con acceso al Padre que puede hablar a nuestro favor.

Quiero cerrar con una historia, una historia que probablemente han escuchado anteriormente, pero que al leerla entendí que puede tener una buena aplicación para el cierre de este mensaje. Durante la Guerra Civil de los Estados Unidos, había un joven soldado de la Unión cuyo padre y su hermano habían muerto en batalla. Se fue a Washington D.C., a la capital, a ver a los altos comandantes para pedirle que le permitieran cesar en sus funciones en el servicio militar y poder volver a casa para poder cuidar a su madre y a su hermana. Él hace todo lo que está a su alcance para ver al presidente. Inclusive, nadie le dio acceso: amigos, jefes, nadie le concedió el acceso para él poder ver al presidente y llevar su caso.

Cuenta la historia que él, frente a la Casa Blanca, se sienta en un banco en el parque, y hay un niño que lo está viendo. Él lo ve y le dice: "Joven soldado, ¿qué le pasa a usted? Está muy desanimado, se ve como un hombre infeliz." El joven soldado le cuenta la historia, le cuenta lo que le ha pasado a su padre, a su hermano, lo que quiere hacer y lo que no ha podido ser. El niño lo tomó de la mano, lo condujo a través de las puertas traseras de la Casa Blanca, más allá de los guardias, y hasta la oficina del presidente. El presidente Lincoln miró hacia arriba y le preguntó: "Tad, ¿qué puedo hacer por ti?" Tad le respondió: "Papá, este soldado necesita hablar contigo."

Mas Jesús es ese niño que diariamente, hasta que termine los tiempos, está delante del Padre intercediendo a nuestro favor. Trayéndote al Padre, trayéndote al Padre para que puedas llevar ante él tus necesidades. Abriéndote camino para que tus oraciones no sean estorbadas y sean escuchadas. Hablando en tu favor cada vez que caes y crees que no puedes levantarte. Defendiéndote cuando eres acusado por tus pecados. Rogando por ti para que tu fe no falle.

Este pasaje que estudiamos en el día de hoy, Hebreos 7:25, está llamado a ser un pasaje ancla donde nosotros...

podamos anclar nuestra esperanza y poner nuestra confianza plena en nuestro Señor Jesús, porque solo Él es poderoso para salvar para siempre a los que se acercan a Dios por medio de Él.

Sin embargo, en medio de un grupo como este, quizás alguno que nos ve a través del internet, hay algunos que todavía no han rendido su corazón completamente al Señor, que han querido llegar a Dios por otro camino, que siguen luchando queriendo ganar su salvación por sus propias fuerzas. Y yo quiero rogarte, mi querido amigo, mi querida amiga, que si tú has escuchado la satisfacción de Dios hoy, no endurezcas tu corazón. Que recuerdes que solamente hay un Sumo Sacerdote suficientemente digno, santo e inocente que puede atraerte, traerte al Padre, y ese es Jesús. Tus obras, por buenas que parezcan, nunca podrán comprarte el favor de Dios. No olvides: tú y yo hemos cometido pecado cósmico contra Dios, y si no es por medio de Jesús, un día nos tocará rugir o llorar cuando escuchemos de nuestro Padre: "Por favor, retírate, no te conozco."

Si tú has escuchado la satisfacción de Dios, busca al Señor mientras pueda ser hallado. Arrepiéntete, abandona tus malos caminos y conoce que solo Cristo puede darte perdón para tus pecados.

Si tú eres del grupo que ya ha abrazado esta verdad, pero que todavía vive como en la línea, queriendo disfrutar las cosas del mundo y las cosas de Dios, este texto es un recordatorio para ti de que tu Salvador es digno de renunciar a todas las cosas de este mundo y vivir plenamente para Él. Sabiendo, hermanos, que ante el trono celestial tenemos a uno que intercede por ti, que intercede por mí: al gran Sacerdote Jesús, que por siempre vivirá, y por sus manos, por su amor, mi nombre ya ha grabado está. Y mientras Él en su trono esté, nadie de Él me apartará. Vivamos esa verdad, exaltemos su nombre cada día de nuestra vida.

Vamos a orar. Padre, gracias, gracias Señor, porque aunque estábamos perdidos en nuestro pecado, Tú extendiste tu mano y nos sacaste de las profundidades de las aguas. Nos libertaste, Señor, del camino de muerte en el que llevábamos y nos trajiste a ti. Y lo hiciste a través del único medio posible: a través del Sumo Sacerdote Jesús, el único santo digno, el único inocente, aquel que se hizo pecado para que nosotros fuéramos hechos hoy justicia de Dios en Él. Gracias, Señor, por declararnos justos, pero gracias, Cristo, porque Tú no descansas, Tú sigues obrando a nuestro favor, Tú sigues intercediendo por nosotros, y no solamente eso, Tú vives para interceder por nosotros. Oh Dios, sé Tú exaltado, y que tu pueblo pueda seguir caminando en tu verdad y conociéndote más, porque Tú eres digno. Gracias, Señor. En el nombre de Jesús, amén.

Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal, de forma que tú puedas recibir notificación la próxima vez que haya un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Joan Veloz

Joan Veloz

Joan Veloz conoció la gracia de Dios en 2005 en la IBI, es pastor de la Iglesia Bautista Internacional y Vicepresidente de Integridad & Sabiduria. Es abogado con maestrías en Gerencia y Productividad, Estudios Teológicos (MATS) y Divinidad (MDiv) y un Doctorado en Ministerio, todos completados en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Michelle Suzaña y tienen tres hijos: Daniella, Camila y Miguel Andrés.