Integridad y Sabiduria
Amando al Señor con todo nuestro corazón y con toda nuestra mente
Amando al Señor con todo nuestro corazón y con toda nuestra mente

Foto de Julio Lopez en Pexels

Vida cristiana

Amando al Señor con todo nuestro corazón y con toda nuestra mente

Miguel Núñez 8 agosto, 2022

El mandamiento más grande no es una sugerencia ni un ideal inalcanzable: es la piedra angular de toda la vida cristiana. Fue proclamado primero en el desierto, a las puertas de la tierra prometida, cuando Moisés le recordó a Israel su prioridad absoluta: «Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza» (Dt. 6:4-5). Este llamado, conocido en hebreo como el Shemá Yisrael, se convirtió en una oración que los israelitas repetían varias veces al día. No era un ritual vacío, sino un recordatorio constante de a quién pertenecían y en quién debían centrar toda su existencia.

Siglos más tarde, cuando un escriba le preguntó a Jesús cuál era el mandamiento más importante de todos, el Señor respondió citando ese mismo Shemá: «El más importante es: Escucha, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es; y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza» (Mr. 12:28-30). Jesús repitió el mandamiento original, pero añadió una palabra: mente. Como autor de la Palabra, tenía todo el derecho de hacerlo. Con esa adición, el Señor dejó en claro que amar a Dios no es una experiencia puramente emocional; requiere involucrar el pensamiento. Nuestra mente debe llenarse de Su verdad e informar nuestros afectos, para que podamos experimentar emociones genuinas y no un simple sentimentalismo.

El corazón que se deleita en lo que Dios ama

Lamentablemente, con frecuencia la Palabra de Dios está presente en nuestras vidas solo en el plano intelectual: arraigada en la mente, pero sin echar raíces profundas que penetren y transformen el corazón. Sin esa transformación interior, la voluntad no se mueve en dirección a la voluntad de Dios. Solo cuando la Palabra penetra hasta lo más profundo del ser —y con la ayuda del Espíritu Santo— es posible doblegar el orgullo y amar a Dios con todo lo que somos y por todo lo que Él es.

Amar al Señor con todo el corazón significa que nuestro ser se deleita en las cosas en que el Señor se deleita, y aborrece todo aquello que Dios aborrece. Vale la pena detenerse en esa verdad y preguntarse con honestidad: ¿cuánto de lo que nos entretiene a diario es agradable a Dios? ¿Cuánto podría ser, en realidad, abominación para Él? Amar a Dios con todo el corazón implica también llorar por lo que el corazón de Dios llora: las injusticias cometidas contra los débiles, los pobres, los extranjeros, las viudas y los huérfanos.

Significa, además, que no hay cosa alguna que deseemos más que a Dios, ni relación que compita con nuestra relación con Él. El mismo Jesús lo dijo con toda claridad: «Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo» (Lc. 14:26). Si amamos a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestros cónyuges o a nosotros mismos más que a Dios, no somos dignos de ser llamados discípulos de Cristo. Amar a Dios con todo el corazón comprende amar las cosas que el corazón de Dios ama: Su Palabra, Su nombre, Su causa, Su cruz, Su Iglesia, Su pueblo. Cuando estas cosas son mencionadas, nuestras emociones se encienden, porque amar a Dios con todo el corazón es sentir entusiasmo por lo que Dios siente entusiasmo.

La mente renovada que piensa conforme a Cristo

Amar a Dios con toda la mente nos lleva a pensar como Él piensa a la hora de tomar decisiones y actuar. Y si esto parece imposible, basta recordar lo que el apóstol Pablo afirma con toda claridad: los creyentes tienen la mente de Cristo (1 Co. 2:16). Esa mente está plasmada en Su Palabra y mora en nosotros por medio del Espíritu Santo. Entre la Escritura y el testimonio del Espíritu, el creyente tiene acceso a la manera de pensar de Dios.

Amar a Dios con toda la mente implica someter todos nuestros pensamientos a Su voluntad y sumergirnos en Su Palabra hasta que nuestra mente esté impregnada de las cosas de Dios. Charles Spurgeon decía de John Bunyan que, si lo cortabas, sangraba las Escrituras. Ese debería ser el nivel de saturación de la Palabra en la vida de todo creyente.

Amar a Dios con todo nuestro corazón y con toda nuestra mente implica someter todos nuestros pensamientos a Su voluntad y sumergirnos en Su mente, plasmada en las Escrituras, hasta que nuestra mente esté impregnada de las cosas de Dios.

El apóstol Pablo nos exhorta en Romanos 12:2 a no adaptarnos a los patrones y formas de pensar de este mundo, sino a renovar nuestra mente, lo cual ocurre por obra del Espíritu Santo en la medida en que estudiamos y meditamos las verdades de las Escrituras. Por el contrario, si permitimos que el mundo dé forma a nuestra manera de pensar, no podremos amar a Dios con toda la mente ni conocer Su voluntad: lo que es bueno, aceptable y perfecto.

Una vida consumida por Cristo

La consigna del creyente es y siempre deberá ser la que Pablo resumió de forma inigualable: «Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia» (Fil. 1:21). La razón de nuestra existencia es Cristo, y aun después de la muerte, solo Cristo. Nuestras vidas deben consumirse por Su persona, Sus palabras, Su causa y Su reino. Todo lo demás, como bien dijo el apóstol, es basura (Fil. 3:8).

Que la Iglesia de Cristo en todo el mundo comprenda la gravedad de no amar a Dios con todo el corazón, toda el alma, toda la mente y toda la fuerza. Que cada creyente pida a Dios que le ayude a recordar diariamente lo que Cristo hizo en la cruz del Calvario, y que le permita responder de la misma manera en que Él lo hizo: entregando la vida por la causa de Dios.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

Sidebar Banner

UNETE A NOSOTROS

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elitLorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit

Banner