Integridad y Sabiduria
Consumado es: Las palabras de triunfo en la cruz

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Teología y doctrina

Consumado es: Las palabras de triunfo en la cruz

Miguel Núñez 17 abril, 2019

El avivamiento espiritual que ha recorrido Latinoamérica y el mundo durante los últimos siglos no comenzó en 1517, cuando Martín Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg. Comenzó mucho antes: el día en que un rabino judío, nacido en un pesebre y criado en la oscuridad de Nazaret, fue colgado en una cruz bajo la acusación de blasfemo y revolucionario. Aquel hombre había vivido treinta y tres años en perfecta conformidad con la ley de Dios y había enseñado única y exclusivamente lo que el Padre le había encomendado —ni más ni menos—. Era el Mesías anunciado por los profetas del Antiguo Testamento.

La noche anterior a Su crucifixión, Jesús interrumpió una conversación íntima con Sus discípulos en el aposento alto para dirigirse al Padre con estas palabras: «Yo te glorifiqué en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera» (Jn. 17:4). Los discípulos no comprendieron aquellas palabras en ese momento. Horas después, en la cruz, Jesús pronunció siete frases que resumen Su misión: una de perdón (Lc. 23:34), una de salvación (Lc. 23:43), una de amor filial (Jn. 19:26), una de angustia (Mt. 27:46), una de sufrimiento humano (Jn. 19:28), una de triunfo —«¡Consumado es!» (Jn. 19:30)— y una de confianza final (Lc. 23:46). De todas ellas, fue precisamente la sexta la que estuvo en el centro de la controversia de Lutero con Roma.

«Tetelestai»: un océano de significado en una sola palabra

Charles Spurgeon afirmó que «Tetelestai» era «un océano de significado en una gota de lenguaje». Y tenía razón. En el griego, esta palabra está en el tiempo verbal perfecto, voz pasiva, lo cual indica que un hecho quedó completado con efectos que perduran para siempre. Cuando Cristo dijo «Tetelestai», estaba sellando algo de consecuencias eternas en favor de toda la humanidad redimida.

En la antigüedad, esta palabra se empleaba en varios contextos que iluminan su profundidad. Los esclavos la pronunciaban al terminar una tarea encomendada por su amo: «Tetelestai, lo que me encomendaste, lo completé». Eso es exactamente lo que Jesús expresa en Juan 17:4. Los artistas la usaban al contemplar una obra acabada, cuando no había absolutamente nada más que agregar. Del mismo modo, Dios había venido entretejiendo Su tapiz a lo largo de toda la historia: Moisés era la sombra del Profeta perfecto; Aarón, la sombra del Sumo Sacerdote eterno; David, la sombra del Rey soberano del universo. Cristo es la realidad de todas esas sombras, y desde la cruz podía contemplar Su obra y decirle al Padre: «He concluido».

Los sacerdotes también empleaban «Tetelestai» al examinar el cordero que sería ofrecido en sacrificio. Cuando verificaban que el animal era perfecto, sin mancha ni defecto, lo declaraban apto para el altar. Pedro lo aplica directamente a Cristo: «Sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecederas como oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo» (1 P. 1:18-19). Finalmente, los comerciantes usaban la palabra para sellar el pago total de una deuda. Cuando alguien saldaba lo que debía, el certificado de cancelación llevaba escrito: «Tetelestai, pagado por completo».

Lo que terminó cuando Cristo dijo «Consumado es»

Cuando Jesús pronunció ese grito desde la cruz, varias realidades llegaron a su fin de forma definitiva. En primer lugar, los sacrificios continuos del templo quedaron abolidos. Esas ofrendas del Antiguo Testamento pagaban, por así decirlo, los intereses de la deuda moral del hombre con Dios, pero nunca cancelaban el capital. La deuda permanecía abierta. Cuando Cristo dijo «Tetelestai», hizo perfectos para siempre a aquellos por quienes murió (He. 1:3). Ningún sacerdote anterior había podido terminar esa tarea; pero el Hijo de Dios, encarnado y ofrecido como sacrificio perfecto, al concluir Su obra, se sentó a la diestra del Padre. No hay sacerdote que se siente mientras sigue habiendo trabajo pendiente.

En segundo lugar, cada profecía que apuntaba a Cristo encontró su cumplimiento. El Salmo 22:6 anticipa que el ungido sería como el gusano «tola», un insecto que al ser aplastado derramaba una tinta roja usada para teñir tejidos. Isaías 53:10 declara que fue voluntad del Padre «aplastarlo». Cuando el Padre aplastó a Su Hijo en la cruz, la sangre de Cristo tiñó y limpió de pecado las vidas de todos los que creerían en Él.

En tercer lugar, el poder del enemigo fue desarmado. Colosenses 2:15 lo afirma sin ambigüedad: «habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él». A partir del «Tetelestai», Satanás es un enemigo desarmado, debilitado y desautorizado. El Hijo de Dios vino «para destruir las obras del diablo» (1 Jn. 3:8).

En ese momento, la ira y la misericordia de Dios se besaron: la ira de Dios demandó el pago debido por la deuda moral del hombre, y la misericordia de Dios en Cristo se ofreció para ser dicho pago.

La deuda cancelada y la libertad proclamada

La controversia de Lutero con Roma no era un debate académico menor: era una disputa sobre si la obra de Cristo en la cruz era suficiente o si el hombre debía añadir algo para completarla. «Consumado es» responde esa pregunta con una sola palabra. La deuda moral de todo aquel que confíe en ese sacrificio ha sido cancelada en su totalidad. Podemos acercarnos al Señor con toda nuestra culpa y escuchar Su respuesta: «Tu deuda está cancelada, porque consumado verdaderamente fue».

Por eso, es inconcebible que un hijo de Dios viva aterrorizado por el poder de las tinieblas. La victoria ha sido proclamada, el enemigo ha sido desarmado y Cristo está con Su pueblo. La palabra final de Romanos 8:1 lo sella todo: «no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús». ¡Consumado es!

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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