Integridad y Sabiduria
Encontremos a Cristo, a quien apuntan las Escrituras
Encontremos a Cristo, a quien apuntan las Escrituras

Foto de Oscar Ivan Esquivel Arteaga en Unsplash

Vida devocional

Encontremos a Cristo, a quien apuntan las Escrituras

Odrys Quéliz 4 agosto, 2022

La Biblia es una recopilación de libros y cartas producidos a lo largo de más de 1.600 años, escritos por cuarenta autores de distintas épocas, culturas y contextos. Sin embargo, de manera sobrenatural, todos fueron inspirados para narrar una misma historia con un único tema central: Dios redimiendo al ser humano, con Jesús como el protagonista absoluto. «Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él… Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud, y por medio de Él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de Su cruz» (Col. 1:16–20).

A través de Su Palabra, Dios quiere revelarnos Su plan de redención y testificar de Cristo. Las Escrituras enseñan que somos hijos de un Padre celestial que nos ama y que nos ha dejado Su Palabra como guía espiritual: el camino hacia Él para recibir vida eterna y vida en abundancia. El mismo Jesús lo declaró con claridad: «Ustedes examinan las Escrituras porque piensan que en ellas tienen vida eterna; y son ellas las que dan testimonio de Mí» (Juan 5:39).

Escudriñar las Escrituras con intención

¿Estamos estudiando las Escrituras con la meta de ver cómo todo apunta a Cristo? Como creyentes, debemos reflexionar seriamente sobre lo que significa estudiarlas de manera minuciosa, diligente y cuidadosa. Así como los hombres buscan oro cavando y excavando hasta encontrar el tesoro escondido, así como los cazadores persiguen su presa con enfoque y determinación, así debemos acercarnos a la Palabra de Dios.

Sin embargo, es necesaria una advertencia: no seamos como los fariseos. Ellos escudriñaban las Escrituras con gran diligencia; habían dedicado toda su vida a memorizar y obedecer la Ley de Moisés. Conocían la Palabra de Dios con profundidad, y aun así no reconocieron a Jesús. No permitieron que esa Palabra transformara sus corazones. Leer las Escrituras sin ver a Cristo es una tragedia espiritual, y aunque nos maravillamos ante la ceguera de los fariseos, con frecuencia caemos en el mismo error.

La Biblia no debe leerse como un simple repositorio de información ni por mero conocimiento intelectual. Junto con la guía del Espíritu Santo, debemos ser intencionales en descubrir el significado profundo de lo que leemos. Gran parte de las Escrituras solo se comprende mediante ese estudio cuidadoso. En ellas hay leche para los que se inician en la fe, y carne sólida para los que han madurado en ella.

Cristo en cada libro, en cada página

Las Escrituras revelan a Jesús en cada una de sus secciones. «Ellas dan testimonio de Mí», dijo Él. Ningún estímulo más poderoso puede existir: quien halla a Jesús, halla la vida; quien escudriña la Biblia, encuentra a su Salvador.

En los Salmos podemos encontrar a Cristo como nuestro socorro, a quien recurrir en los momentos de mayor tormenta. En Hechos, lo encontramos como nuestro Ayudador y Consolador a través de Su Espíritu, por medio del cual podemos dar testimonio de Él. En Hebreos, lo encontramos como nuestro Sumo Sacerdote que intercede por nosotros ante el trono de Dios, lo cual nos motiva a orar con confianza e intensidad. En Apocalipsis, lo encontramos como el Cordero digno de toda alabanza, honra, gloria y dominio, quien nos mueve a glorificarlo y adorarlo.

En toda Su Palabra podemos encontrar y conocer más a Cristo. Y al contemplar Su rostro, somos transformados: «Nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu» (2 Cor. 3:18).

El que halla a Jesús, halla la vida; el que escudriña la Biblia, encuentra a su Salvador.

Que Su Palabra nos transforme, no solo nos informe

El Espíritu Santo nos guía en la lectura para que no nos quedemos únicamente con el conocimiento, sino que verdaderamente entendamos, veamos a Jesús y avancemos hacia una transformación real del corazón y de la vida. «Considera lo que digo, pues el Señor te dará entendimiento en todo» (2 Tim. 2:7).

Oremos para que, al abrir nuestras Biblias, Dios nos ayude a encontrarle y a contemplar la gloria de Su Hijo. Que Su Palabra nos lleve más allá del simple conocimiento de las letras y nos permita verle a Él. Que nos transforme en todas las esferas de la vida: en la manera en que criamos a nuestros hijos, en cómo trabajamos, en cómo nos relacionamos con los demás. Que podamos pedir con fe: «Espíritu Santo, guíame a toda la verdad» (Juan 16:13). Y que, como David, podamos decir desde lo más profundo del alma: «Oh Dios, Tú eres mi Dios; te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de Ti, mi carne te anhela, cual tierra seca y árida donde no hay agua» (Sal. 63:1).

Odrys Quéliz

Odrys Quéliz

Magna aute consectetur magna non ex.

Sidebar Banner

UNETE A NOSOTROS

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elitLorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit

Banner