IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Foto de RDNE Stock project en Pexels
Joel Peña • 30 abril, 2020
La vida transcurría a toda velocidad. Los estudios, el trabajo, los compromisos sociales y los interminables embotellamientos consumían cada minuto del día sin dejar espacio para la tranquilidad. Nadie habría imaginado que las cosas cambiarían tan radicalmente como lo hicieron a consecuencia del COVID-19. De pronto, casi todo se pausó y el tiempo libre en casa se multiplicó de forma inesperada. Antes la pregunta era: «¿Cómo lograré que el tiempo me rinda?»; ahora se convirtió en: «¿Qué haré con tanto tiempo libre?».
Uno de los recursos más valiosos que Dios ha puesto en nuestras manos es el tiempo y, consciente de ello, nos llama a usarlo con sabiduría y no como necios. En Efesios 5, Dios anima a los creyentes, a través del apóstol Pablo, a «aprovechar bien el tiempo, porque los días son malos» (Ef. 5:16). No hacerlo es necedad e insensatez (Ef. 5:15, 17). Si los días eran malos en tiempos de Pablo, los nuestros lo son por igual o quizás más; por tanto, el llamado permanece vigente: ¡aprovecha bien tu tiempo!
Antes de hablar de estrategias prácticas, es indispensable entender por qué debemos aprovechar el tiempo. Pablo no lanza este mandato al aire; lo ancla en una teología robusta que lo precede. Al leer detenidamente Efesios 5:1–17, se descubre que el capítulo comienza con una petición que funciona como sombrilla sobre todas las instrucciones siguientes: «sed imitadores de Dios, como hijos amados» (Ef. 5:1). De esa gran solicitud se desprenden todas las demás, incluida la de aprovechar bien el tiempo.
El principio de la imitación es el punto de partida. Si algo debe caracterizar la vida del cristiano es un esfuerzo continuo e intencional de imitar a aquel que es su Padre. La correcta imitación es posible únicamente cuando ocurre la correcta contemplación. Un padre que observa a sus hijos reproducir sus gestos y su forma de hablar experimenta tanto alegría como asombro, porque sabe que ellos han prestado atención. Lo mismo ocurre con el hijo de Dios: la forma de pensar, decidir, hablar, entretenerse y dedicar el tiempo será transformada en la medida en que se empeña en observar y admirar a su maravilloso Padre a través de las formas en que Él se ha revelado.
El principio de la identidad es igualmente central. Los versículos de Efesios 5 dejan en claro que se imita al Padre porque se es su hijo. Quien eres determina lo que haces. Pablo afirma que los creyentes son «santos» (Ef. 5:3), «luz en el Señor» e «hijos de luz» (Ef. 5:8), y que el andar debe ser coherente con esa identidad. Una ilustración lo hace concreto: dos jóvenes que pasaban sus días correteando y haciendo travesuras aceptan la invitación del entrenador para unirse al equipo de atletismo. Cuando sus amigas los buscan con pastel en mano, ellos responden: «Es que ahora somos parte del equipo de atletismo; no podemos comer cualquier tipo de comida y debemos prepararnos para la competencia. ¡Gracias, pero será para la próxima!» Lo que cambió en ellos no fue una regla externa, sino su identidad. Del mismo modo, debido a que Dios nos ha hecho santos e hijos de la luz, nuestras decisiones y el uso de nuestro tiempo deben orientarse hacia lo que es coherente con esa realidad. Cuando se esté en la disyuntiva de aprovechar o desperdiciar el tiempo, conviene recordar quién se es.
Al llegar al versículo 15, Pablo usa la expresión «por tanto» para señalar una conclusión: «tengan cuidado en cómo andan, no como insensatos, sino como sabios» (Ef. 5:15). Tomando en cuenta todo lo anterior, la idea podría resumirse así: puesto que tenemos un Padre digno de imitar y una identidad digna de mostrar, prestemos mucha atención a que nuestra forma de vivir sea caracterizada por la sabiduría, no por la necedad.
Andar como sabios, en términos bíblicos, va más allá del conocimiento intelectual; es aplicar en el día a día el conocimiento que se tiene de Dios y de Su Palabra. El diccionario Webster define la sabiduría como «la capacidad de hacer uso del conocimiento que se tiene». ¿De qué vale saber qué hacer si no se hace? Por eso Pablo no se queda en la teoría: de inmediato ofrece una expresión práctica de lo que significa andar con sabiduría: «aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos» (Ef. 5:16).
Algo especialmente significativo en este versículo es que la palabra griega usada para «tiempo» es kairos, que significa oportunidad, temporada o época concreta. El llamado no apunta simplemente a administrar bien las horas de un día ordinario, sino a reconocer y aprovechar las temporadas únicas que Dios permite vivir.
Esta cuarentena que ha llegado a tu vida es una oportunidad divina y única puesta delante de ti para aprovecharla al máximo.
El kairos de la pandemia —con todo su peso y su pausa— fue precisamente eso: una temporada concreta en la que Dios puso delante de cada creyente una oportunidad que no volvería a repetirse de la misma manera.
Como toda oportunidad o temporada, la cuarentena pasó. Paulatinamente, todos volvimos a ritmos similares a los que teníamos antes, con agendas llenas y tiempo libre reducido. Sin embargo, los principios que Pablo articula en Efesios 5 no caducan con ninguna época.
El llamado permanece vigente: imitar al Padre como hijo amado, manifestar la identidad de santo e hijo de luz, y observar con cuidado que el caminar sea sabio. Estos tres principios no son una lista de deberes externos; son la expresión natural de una vida transformada por el evangelio. Aprovechar bien el tiempo no es, en última instancia, una técnica de productividad: es un acto de adoración que declara, con cada decisión, a quién pertenecemos y en cuál luz caminamos.
Joel Peña es ingeniero industrial con estudios de posgrado en Productividad y Calidad. Sirvió en su profesión por 13 años antes de dedicarse al ministerio pastoral. Es pastor de los ministerios de jóvenes de la Iglesia Bautista Internacional y completó una Maestría en Divinidad en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Angélica Rivera y juntos tienen dos hijos, Samuel y Abigail.
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elitLorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit