Integridad y Sabiduria
Rindiendo mi tiempo al señorío de Cristo

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Vida cristiana

Rindiendo mi tiempo al señorío de Cristo

Maria del Carmen Tavarez 24 agosto, 2021

Dios quiere que seamos sabios. Y nosotros también lo anhelamos. Queremos tener sabiduría para entender los tiempos en medio de los cuales vivimos. La carta a los Efesios puede servirnos como un manual que establece la norma de cómo debemos vivir si somos hijos de Dios. En ella encontramos una exhortación tan práctica como urgente: caminar con cuidado, aprovechar cada momento y no desperdiciar lo que Dios ha puesto en nuestras manos.

Esta exhortación no es abstracta ni reservada para teólogos. Nos habla directamente a quienes, en medio del ajetreo diario, corremos de un lado para otro sin terminar lo que nos propusimos, y al final del día nos sentimos frustrados y vacíos. El problema, muchas veces, no es la falta de esfuerzo, sino la falta de sabiduría para administrar lo que solo a Dios le pertenece: el tiempo.

El llamado a caminar con sabiduría

En Efesios 5:15, el apóstol Pablo nos insta a ser cuidadosos en nuestra manera de andar: «Por tanto, tengan cuidado cómo andan; no como insensatos sino como sabios» (Ef. 5:15). Esta imagen supone caminar con atención, como quien avanza entre espinos: consciente del terreno, sin descuidos. El versículo siguiente añade algo igualmente importante: «aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos» (Ef. 5:16). Lo que Pablo comunica aquí es que, conociendo ya la voluntad de Dios, no debemos dejar pasar ni la más mínima oportunidad para vivir conforme a lo que Él ha establecido para nosotros.

Dios dispuso que el tiempo se marcara por el movimiento de los cuerpos celestes desde el principio de la creación: «Entonces dijo Dios: "Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche, y sean para señales y para estaciones y para días y para años"» (Gn. 1:14). Las divisiones del tiempo diseñadas por Dios constituyen el marco en que se insertan los acontecimientos. Todo se desarrolla de manera cronológica, firmemente relacionado con el tiempo y el espacio, pero todo —absolutamente todo— de acuerdo con los propósitos de Dios. El tiempo no es nuestro; es Suyo. Y las circunstancias que llenamos dentro de ese tiempo también están bajo Su soberanía.

El peligro de querer controlarlo todo

Uno de los errores más comunes entre los creyentes es creer que todo lo podemos y todo debemos hacerlo al mismo tiempo. Nos involucramos en más cosas de las que podemos resolver. En ese afán, se nos olvida que el único dueño del tiempo es Dios, y que, así como no podemos controlarlo, tampoco podemos controlar las circunstancias. El resultado es predecible: quedamos exhaustos, no logramos terminar lo que nos propusimos y terminamos sintiéndonos fracasados.

La realidad es que, si no distribuimos con sabiduría el tiempo disponible para cada cosa que debemos hacer, ese tiempo se agota y nosotros seguimos sin terminar. No es un problema de capacidad; es un problema de gobierno. ¿A quién le hemos cedido el control de nuestra agenda?

Santiago nos recuerda con claridad la dimensión de nuestra fragilidad: «Sin embargo, ustedes no saben cómo será su vida mañana. Solo son un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece» (Stg. 4:14). Si la vida es tan breve, cuánto más urgente resulta no desperdiciarla. En obediencia y de manera práctica, debemos hacer nuestro mejor esfuerzo para sacar el mayor provecho de nuestro tiempo en este mundo caído, cumplir con los propósitos que Dios trazó para nosotros y no perder las oportunidades que el Señor ha puesto en nuestros caminos para servirle.

Tomemos la firme decisión de rendir, de someter nuestro tiempo al Señor.

La sabiduría que se pide y se recibe

Someter el tiempo a Dios no es un acto pasivo ni resignado. Es una decisión consciente e intencional que requiere sabiduría, y esa sabiduría está disponible para quien la pide. «Porque el Señor da sabiduría, de Su boca vienen el conocimiento y la inteligencia» (Pr. 2:6). Dios no solo es el dueño del tiempo; es también la fuente de toda sabiduría para administrarlo bien.

Lo más alentador es que podemos pedir esa sabiduría con plena confianza: «Y si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada» (Stg. 1:5). No hay condena en esa promesa, solo generosidad. Dios no reprende al que reconoce su limitación y acude a Él.

Instrumentos sabios en las manos de Dios

Si Dios controla el tiempo, dirige las circunstancias y es la fuente de toda sabiduría, la respuesta lógica —y bíblica— es someternos a Él de manera consciente e intencional cada día. Al hacerlo, no solo evitamos la frustración que produce querer controlarlo todo; nos convertimos en instrumentos útiles en Sus manos, capaces de aprovechar cada oportunidad con propósito y claridad. La sabiduría para vivir bien no se conquista; se recibe de Aquel que gobierna hasta el último segundo de nuestra vida.

Maria del Carmen Tavarez

Maria del Carmen Tavarez

María del Carmen Tavarez es miembro de la IBI por más de diecisiete años. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría y actualmente finalizando la especialidad en Consejería Bíblica. Ha servido como maestra de Escuela Dominical y escribe para MPLGDG y Lifeway Mujeres. Sirve en los grupos pequeños del Ministerio de Mujeres Ezer.

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