IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La última petición del Padre Nuestro toca una realidad incómoda pero ineludible: somos tentados continuamente, y la fuente más frecuente de esa tentación está en nosotros mismos. Santiago lo llama concupiscencia —solo nos tienta aquello que deseamos—, lo que significa que cada día necesitamos ser rescatados de nosotros mismos. Pero la tentación no viene únicamente desde adentro. El mundo ofrece opciones con colores brillantes y promesas seductoras, mientras que las fuerzas espirituales de maldad operan con sutileza, jugando sucio, seduciendo de maneras que ni cuenta nos damos. Ante este triple frente —nuestra naturaleza, el mundo y el enemigo—, la oración reconoce lo que tantos creyentes olvidan: no tenemos lo que se requiere para vencer solos.
Esta petición nace de reconocer nuestra fragilidad. Como señala el pastor Núñez citando a Paul Tripp, hasta que no pasemos al otro lado, somos un peligro para nosotros mismos. Ni la experiencia acumulada, ni el conocimiento teológico, ni los dones nos hacen inmunes. Lo que necesitamos es que Dios nos abra los ojos para ver la tentación, nos dé un corazón que desee su voluntad sobre la nuestra, y nos muestre la puerta de salida que Él siempre provee. Esta oración cierra reconociendo que de Él es el reino, el poder y la gloria —y precisamente porque todo es suyo, podemos confiar en su protección diaria.
Según la enseñanza, ¿cuáles son las tres fuentes de tentación que enfrenta el creyente y por qué la primera de ellas es descrita como la más frecuente?
¿Qué error menciona el pastor Núñez que cometen algunos creyentes respecto a su vulnerabilidad ante la tentación, y qué factores los llevan a esa falsa conclusión?
Si la concupiscencia significa que solo te tienta lo que deseas, ¿qué deseos específicos en tu vida reconoces que te hacen más vulnerable a la tentación actualmente?
La clase menciona que Dios siempre provee una puerta de salida cuando somos tentados, pero que necesitamos ojos para verla y un corazón que desee salir por ella. ¿Puedes identificar alguna ocasión reciente donde viste esa puerta pero elegiste no cruzarla? ¿Qué te detuvo?
Si realmente somos "un peligro para nosotros mismos" hasta que entremos en gloria, ¿cómo debería esto cambiar la manera en que nos relacionamos con otros creyentes y la honestidad que practicamos en comunidad?