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Sermones

El Dios abundante en misericordia no negocia Su santidad

Miguel Núñez 1 diciembre, 2025

El día después de su ordenación sacerdotal, Nadab y Abiú murieron consumidos por fuego divino. Habían ofrecido fuego extraño delante del Señor, algo que él no les había ordenado. Este episodio de Levítico 10 no es un relato aislado de severidad divina, sino un recordatorio permanente: el Dios que se revela como lento para la ira y abundante en misericordia no negocia su santidad. Quienes se acercan a él deben tratarlo como santo, y delante de todo su pueblo debe ser honrado.

La transgresión de estos sacerdotes no fue accidental. Usaron sus propios incensarios, ofrecieron incienso sin autorización y entraron donde solo el sumo sacerdote podía entrar una vez al año. Actuaron sin consultar a Moisés ni a su padre Aarón. Y esta irreverencia no surgió de la nada: Aarón mismo había fabricado el becerro de oro tiempo atrás sin mostrar arrepentimiento genuino cuando fue confrontado. El pastor Núñez señala que frecuentemente los hijos copian el pecado de sus padres, y es entonces cuando estos perciben la gravedad de lo que sembraron.

Frente a la muerte de sus hijos, Aarón guardó silencio. No hubo defensa ni acusación esta vez. El silencio fue su único acto de sumisión ante la justicia de Dios. Moisés le prohibió hacer duelo para no dar señal de desacuerdo con la disciplina divina.

El llamado final es directo: todo creyente ha sido constituido sacerdote real según el Nuevo Testamento. El privilegio de servir a Dios presupone la responsabilidad de vivir en santidad. No basta con pasión por el servicio si no hay igual pasión por cultivar una vida que honre al Dios tres veces santo.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Quiero invitarte a que puedas abrir el libro de Levítico en el capítulo 10 para que un poco más adelante podamos leer juntos el texto para el mensaje de hoy. Este es uno de esos pasajes que si tú lo lees detenidamente una vez, jamás lo vuelves a olvidar.

Pero antes de poder desempacar este pasaje, yo quiero recordarte que el mensaje anterior en esta serie tuvo que ver con aquella ocasión cuando Aarón fabricó el becerro de oro con sus propias manos, estimuló y permitió la celebración de una fiesta donde se danzó, se cantó y supuestamente todo a nombre de Jehová. Tú recordarás que Aarón pidió al pueblo —el pueblo se había inquietado, impacientado, porque Moisés estaba en la cima del monte hablando con Dios— y el pueblo no quería esperar más y pidió a Aarón que le hiciera un dios. Estaban acostumbrados a dioses hechos por manos. Y Aarón, en este momento todavía no el sumo sacerdote pero pronto lo sería, tiene la osadía de fabricar este becerro de oro y luego presentarlo al pueblo como que "estos son tus dioses que te sacaron de Egipto."

Este texto al que me acabo de referir está en el libro del Éxodo, pero el texto de hoy está en el próximo libro, el libro de Levítico, conocido como el libro de los sacerdotes, donde se relata meticulosamente el procedimiento que se debería llevar a cabo para ordenar a estos hombres al sacerdocio, y se relata con igual detalle sus funciones, las que ellos deberían llevar. Este libro se escribió como en el mes 13 de la salida de Egipto. Todo un año había pasado —eso está cubierto en el libro del Éxodo— y ahora en el próximo mes más o menos es que este libro está siendo escrito.

El tema del libro de Levítico es la responsabilidad de los sacerdotes de Israel y cómo debían enseñarle al pueblo a caminar en santidad. Y tú lees en Levítico 11:44-45: "Sean santos porque yo soy santo." Esa frase aparece en el versículo 44 y vuelve a aparecer en el versículo 45. La razón por la que tú y yo necesitamos vivir una vida de santidad es porque representamos al Dios tres veces santo.

Entonces, en este libro se describen con todo rigor los preparativos que se llevaron a cabo para ordenar al primer sumo sacerdote Aarón y a sus cuatro hijos. Cuatro hijos tenía Aarón; los cuatro fueron ordenados al sacerdocio. Tú puedes leer eso en el capítulo 9, versículos 9, 12 y 18. Pero previamente a la unción de Aarón y de sus hijos, Moisés consagra el altar con sangre y a Aarón y sus hijos con aceite. Luego, con parte de la sangre que él había rociado sobre lo que sería el lugar santísimo, o el lugar donde reposaba la presencia de Dios, él tomó algo de esa sangre y ungió el lóbulo derecho de la oreja de Aarón, el pulgar derecho de la mano y el pulgar del pie derecho, dice la Biblia. Y con eso, en esencia, Dios estaba tratando de comunicar la manera como Él valora y cuida de forma extrema su santidad, algo que a ti y a mí nos conviene, porque cuando nosotros la manejamos con liviandad, sufrimos las consecuencias.

Aparte de hacer todo eso, escucha lo que Moisés le dice a Aarón en Levítico 8:35. Voy a Levítico 10 prontamente. "Además, permanecerán a la entrada de la tienda de reunión día y noche por siete días y guardarán la ordenanza del Señor. Escucha ahora, para que no mueran, porque así se me ha ordenado." O sea: vamos a hacer esto, pero por siete días ustedes no van a salir de aquí del tabernáculo. La consagración, la separación de ustedes para uso exclusivo por parte de Jehová. Quedó claro que no reverenciar esta santidad podía llevar a la muerte.

Al octavo día, Moisés instruyó a Aarón para que él pudiera bendecir al pueblo. Es como el inicio, la inauguración de su sacerdocio, de manera que él iba a tomar dos carneros sin defecto de un año de edad, uno para la ofrenda del pecado y otro para el holocausto. Los hijos de Aarón le ayudaron a llevarle la sangre a su padre para el sacrificio que él tenía que ofrecer; estos eran sacerdotes auxiliares nada más. Moisés dio instrucciones similares al pueblo, porque este octavo día, el día de la ordenación de estos hombres, Dios iba a aparecer delante de ellos y delante de todo el pueblo.

Escucha cómo Aarón bendijo al pueblo en la inauguración de su sacerdocio. Entonces Aarón alzó sus manos hacia el pueblo y lo bendijo. Y después de ofrecer la ofrenda por el pecado, el holocausto y las ofrendas de paz, descendió. Moisés y Aarón —ellos dos solamente— entraron en la tienda de reunión, y cuando salieron bendijeron al pueblo. La gloria del Señor apareció a todo el pueblo. Salió fuego de la presencia del Señor que consumió el holocausto y los pedazos de grasa sobre el altar. Al verlo, todo el pueblo aclamó y se postró rostro en tierra. ¡Wow!

Hasta aquí tú puedes ver que durante estos siete días de preparación no hay nada trivial, nada ordinario con relación a nuestro Dios. Cuando Dios es tratado de forma ordinaria, amados hermanos, Dios reacciona a nuestra liviandad.

Y con eso ahora tenemos una idea de qué aconteció al otro día de la ordenación de Aarón y sus cuatro hijos. Al día siguiente, pero... ya comienzan los problemas. El "pero" te da una idea. Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron sus respectivos incensarios y, después de poner fuego en ellos y echar incienso sobre él, ofrecieron delante del Señor fuego extraño que Él no les había ordenado. De la presencia del Señor salió fuego que los consumió, y murieron delante del Señor.

Entonces Moisés dijo a Aarón: "Esto es lo que el Señor dijo: 'Como santo seré tratado por los que se acercan a mí, y en presencia de todo el pueblo seré honrado.'" Y Aarón guardó silencio.

Moisés llamó también a Misael y a Elzafán, hijos de Uziel, tío de Aarón, y les dijo: "Acérquense, llévense a sus parientes de delante del santuario fuera del campamento." Y ellos se acercaron y los llevaron fuera del campamento, todavía en sus túnicas, como Moisés había dicho. Luego Moisés dijo a Aarón y a sus hijos Eliazar e Itamar: "No descubran sus cabezas ni rasguen sus vestidos, para que no mueran y para que Él no desate todo su enojo contra la congregación. Pero sus hermanos, toda la casa de Israel, se lamentarán por el incendio que el Señor ha traído."

Ni siquiera saldrán de la entrada de la tienda de reunión. No sea que mueran, porque el aceite de unción del Señor está sobre ustedes. Y ellos hicieron conforme al mandato de Moisés.

Wow. Aarón y sus hijos acaban de ser ordenados al sacerdocio, uno como sumo sacerdote y los otros como sacerdotes auxiliares. Yo he leído este texto no sé cuántas veces. Yo he estudiado el texto, yo he enseñado el texto en varias otras ocasiones, y yo tengo que decirles que invariablemente, incluyendo en esta ocasión, otra vez, yo vuelvo a ser impactado de la misma manera, primordialmente por el recordatorio de la responsabilidad que pesa sobre aquellos de nosotros que hemos sido llamados hoy al pastorado, pero también sobre aquellos de nosotros que hemos sido llamados como sacerdotes, lo que nos incluye a todos, como veremos más adelante.

Todo lo que leímos es la razón por la que yo he titulado mi mensaje: "El Dios abundante en misericordia no negocia su santidad." Dios se lo había revelado —está en el libro de Éxodo— a Moisés como el Dios lento para la ira, pero no sin ira, abundante en misericordia, pero se cuidó de revelar al mismo tiempo su santidad, y lo hizo de forma extrema.

Los capítulos 8 y 9 —leí porciones simplemente— contienen una serie de instrucciones para consagrar a Aarón y a sus hijos de forma meticulosa. Terminada esa descripción, al próximo día el capítulo comienza con un período. Esto pasó ayer, pero hoy algo ha desatado la ira de Dios hasta el punto de quitarle la vida a dos de los hijos de Aarón. Los ordenaron ayer y están muertos hoy.

¿Cuál fue la infracción? El texto dice "fuego extraño". No nos da detalles. Yo creo que en parte no nos da detalles —creo yo— no porque Dios no quería que lo supiéramos, sino porque cualquier cosa que ofenda a Dios es fuego extraño. Por otro lado, pudiéramos preguntar: ¿cuál fue la consecuencia? Bueno, la muerte de dos de sus ministros. Eran cinco: cuatro hijos y el sumo sacerdote, cinco. ¿Y cuál fue exactamente la transgresión?

Bueno, si tú lees a rabinos de cientos de años atrás, quizás los más antiguos de los rabinos, algunos de ellos mencionan doce razones posibles —no juntas, pero posibles— de lo que pudo haber constituido fuego extraño. Déjame ver algunas de ellas simplemente. Por un lado, ellos ofrecieron incienso. Sí. El problema es que esta función estaba reservada para el sumo sacerdote, que era su padre. Tú puedes ver eso en Éxodo 30:7-10.

Por otro lado, el texto dice que ellos tomaron sus respectivos incensarios, sus incensarios, no el incensario del sumo sacerdote diseñado para ofrecer este incienso. De hecho, la instrucción era que Aarón iba a tomar cada mañana incienso del altar de incienso, de ningún otro lugar, y que entonces lo ofrecería.

En tercer lugar, se supone que al lugar santísimo —descrito como la presencia de Dios— solo podía entrar el sumo sacerdote una vez al año, el día de la expiación, y que ese día él entraría con incienso en su mano, con el incensario echando incienso, de tal manera que se formara como una especie de cortina entre el arca del pacto y sus ojos, como una manera de proteger al sumo sacerdote de la santidad de Dios. Esta vez el incienso fue ofrecido por sus hijos, y no parece que fue el día de la expiación.

Además, el versículo 1 menciona que el incienso fue ofrecido delante de la presencia del Señor, lo que implicaría —uno llegaría a pensar— que definitivamente esto fue en el lugar santísimo. Por otro lado, el incienso no especifica qué clase, pero la fórmula a preparar para el incienso era muy específica. De hecho, detallada en Éxodo 30:34-38. Y esa fórmula no la podía usar para ninguna otra cosa, ni podías tú tomar la fórmula y usarla de manera personal. No, no, no. Este incienso preparado de esta forma era para uso exclusivo de Dios.

Y como si eso no fuera suficiente, tú no lees de ninguna manera, en ningún lugar del texto, que ellos fueron donde Aarón y le preguntaron o le pidieron permiso, o fueron donde Moisés y le pidieron permiso. No. Ejercieron su propia autoridad y fueron a ofrecer incienso.

Fueron fulminados. Moisés llamó a Misael y a Elzafán, hijo de Uziel, tío de Aarón, y les dijo: "Acérquense, llévense a sus parientes, sáquenlos fuera del campamento." Todavía ellos en sus túnicas, lo que da la impresión de que las túnicas no fueron consumidas, porque de haberse quemado no había manera de llevarlos todavía en sus túnicas. Lo que implicaría —como yo estaba dejando ver claramente— que el fuego cayó sobre aquellos que son culpables. La túnica no tiene nada que ver con lo que ha ocurrido. Wow.

Moisés dijo a Aarón entonces, y a sus hijos Eleazar e Itamar: "No descubran su cabeza ni rasen sus vestidos, para que no mueran." ¿Te das cuenta? O sea, esto está meticulosamente ordenado para que él no desate todo su enojo contra la congregación. Moisés, instruido por Dios, está ejerciendo cierta gracia y misericordia, pero dice: "Mira, no hagan eso, no sea que la ira de Dios se desate contra toda la congregación." Además, ni siquiera saldrán de la entrada de la tienda de reunión, no sea que mueran —otra vez la advertencia— porque el aceite de la unción del Señor está sobre ustedes.

Lo que Moisés le prohíbe a Aarón y a sus hijos es guardar luto —en inglés llaman to mourn—, llorar, entristecerse por sus dos hijos. Y tus dos hermanos tampoco lo pueden hacer. Cuando tú estabas triste, tú rasgabas tu vestido, podías poner ceniza en tu cabeza. Dios dice a través de Moisés: no, no lo van a hacer. No descubran su cabeza ni rasguen sus vestidos.

¿Por qué? Porque eso podría dar una señal posiblemente al pueblo de que ellos estaban en desacuerdo con la disciplina de Dios. Es exactamente lo que Dios hace con Ezequiel cuando ya el pueblo estaba en el exilio. Dios se le aparece a Ezequiel en la mañana y le dice: "Esta noche va a morir tu esposa." Pero no la puede llorar, porque tu falta de llanto no solamente comunica que estás de acuerdo con mi acción, sino que eso es lo que este pueblo merece. Este pueblo no merece misericordia ni gracia en ese momento. Y así hizo Ezequiel.

Hermanos, mostrarnos en desacuerdo con Dios no es algo ligero. Y a veces tú lo oyes: "Pastor, pero a mí me parece como que eso es injusto de parte de Dios", y yo quiero como esconder la cabeza. Eso no es ligero. Eso es constituirme en juez sobre Dios y juzgar su carácter.

Hermano, yo no sé si tú lo has pensado, no sé si tú lo has hablado, pero créeme que yo me lo he hablado decenas de veces para mí mismo: todo lo que Dios hace es bueno y justo por definición. Si no lo entiendo, si no me gusta, pregúntate: ¿quién tiene que hacer el ajuste? Y eso es una gran lección.

Ahora, hermanos, yo no quiero que tú olvides quién es Aarón, qué es lo que Aarón ha hecho en el pasado. Porque Aarón, padre de estos dos jóvenes que trivializaron a Dios, fue el que confeccionó el becerro de oro, que propició la danza y los cantos alrededor de él. Y eso se ve realmente todavía hoy, y lo vamos a ver un poco más adelante: que con cierta regularidad, la manera como los padres tratan a Dios es la manera como sus hijos terminan tratando a Dios. Eso no ocurre así todo el tiempo, pero es frecuente.

Y Dios lo permite porque muchas veces los padres que lo han tratado de una forma no se percatan de la gravedad de lo que hicieron hasta que ven lo mismo ocurrir en sus hijos. Yo no creo que Aarón —lo vamos a hablar un poco más adelante también— yo no creo que el día que Moisés lo confrontó, realmente él se percató de la gravedad de lo que había hecho.

Ahora, escucha de parte de Dios, a través del profeta Oseas, en 4:6, lo que Dios dice de esta relación entre cómo me honras y cómo yo tiendo a hacer con la próxima generación: "Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento. Por cuanto tú has rechazado el conocimiento, yo también te rechazaré para que no seas mi sacerdote."

Esa es la nación entera. La nación debía ser una nación sacerdotal que representara a Dios ante las naciones. "Te voy a rechazar como mi sacerdote. Escucha ahora: como has olvidado la ley de tu Dios, yo también me olvidaré de tus hijos."

Israel había olvidado que la ley de Dios representa el carácter de Dios. De manera que cuando nosotros, cuando Israel, violentamos la ley de Dios, en esencia estamos violentando su carácter. Estamos violentando lo más importante para Dios, que es su carácter. Y quizás a través de Oseas, Dios estaba diciendo: "Como te has olvidado de lo más importante para mí, quizás yo me olvido de lo más importante para ti, tus hijos, para que quizás tú recapacites y me pongas atención y me creas y ganes conciencia."

Yo les decía que no creo que Aarón, cuando Moisés lo confrontó, aquilató la gravedad de lo que hizo, porque ni siquiera dio muestra de arrepentimiento. Tú recuerdas, nosotros lo vimos, pero tengo que recordarte. Lo primero que Aarón hizo fue acusar al pueblo para él quedar limpio. Aarón respondió a Moisés: "No se encienda el aire de mi señor. Tú conoces al pueblo, que es propenso al mal." En serio, Aarón, ¿quién fue que hizo este becerro de oro? ¿Quién fue que propició y permitió los cantos y las danzas?

Yo creo que eso es una señal incontrovertible de que no estás arrepentido, y eso debe servirnos de lección. Lo dijimos en un sermón anterior: cuando tú tratas de acusar a otro de lo que es tu propio pecado, tú no estás arrepentido de tu pecado. En segundo lugar, primero lo acusa, luego miente, porque le dijo a Moisés que él tomó los pendientes de oro, los tiró al fuego y salió un becerro. La mentira del año. Eso es otra señal de que tú no estás arrepentido.

Escucha, hermano: defenderte, mentir, acusar al otro son todas señales de que no hay arrepentimiento en ti o en mí. No hay la menor evidencia, en este primer encuentro de Moisés con Aarón, de que su hermano estaba arrepentido. Quizás lo hizo después, no lo sé, no lo voy a juzgar porque no está revelado.

Ahora, nota la diferencia entre la confrontación de Aarón por parte de Moisés la primera y la segunda vez. La primera vez él miente, se excusa, acusa al pueblo. Esta vez escucha la confrontación de Moisés para su hermano. Versículo 3 del texto de hoy: "Entonces Moisés dijo a Aarón: esto es lo que el Señor dijo." Yo me imagino algo como esto: aquí está Moisés, Aarón se entera de lo que ha pasado, viene donde Moisés, obviamente él es el líder, él es el que habla con Dios cara a cara. Es como si Aarón dijera: "¿Qué pasó? No entiendo." Y Moisés, yo me imagino, lo detiene y le dice: "Escuche lo que el Señor dijo: como santo seré tratado por los que se acercan a mí, y en presencia de todo el pueblo seré honrado."

¿Tú recuerdas las primeras respuestas de Aarón, verdad? La primera confrontación. Escucha esta respuesta: Y Aarón guardó silencio. Hermanos, cuando tú eres confrontado con la verdad, hay una sola respuesta que Dios aceptaría. Tú bajas la cabeza, tú guardas silencio, porque tú aceptas la verdad de lo que se te ha traído. No hay razón para la defensa, no hay razón para la mentira, no hay razón para la acusación. Esta vez no hay mentira, no hay acusación, no hay defensa. Él hizo lo que nos toca hacer a cada uno de nosotros: Aarón guardó silencio.

Tú te puedes imaginar algo como esto: Aarón viene y le señala, por lo menos, a sus hijos, probablemente llorando, como diciendo: "¿Y esto?" Mientras él miraba hacia abajo a sus hijos, yo me imagino a Moisés mirando hacia arriba y diciendo: "Tú sabes lo que el Señor dijo." Uno mira hacia abajo y el otro mira hacia arriba.

Hermanos, la disciplina de Dios: cuando te encuentres bajo su disciplina, o haya la menor amenaza de que Dios pudiera disciplinarte, recuerda lo que el salmista escribió en el Salmo 19: "Los juicios del Señor son verdaderos, todos ellos justos." Por definición, ahí no hay que dos más dos pudieran ser dos punto uno. No, no, no, no, no. Los juicios del Señor son verdaderos y todos son justos. En ocasiones sus juicios parecen no ser justos. ¿Sabe por qué? Porque están llenos de gracia. Y justicia es darte lo que tú y yo merecemos. Pero gracia no es injusticia. Y eso es lo que tú y yo tenemos que recordar.

El Señor estaba tratando de sentar un precedente al inicio de este sacerdocio para la nación de Israel. Porque si tú lees tres versículos más abajo —yo leí hasta el siete, desde el 1 al 7—, en el versículo 10 Dios le dice a Aarón y a los hijos, a los otros dos que quedaban, que ellos debían enseñar al pueblo a hacer distinción entre lo santo y lo profano, entre lo inmundo y lo limpio. Pero si esa es tu tarea, tu responsabilidad —en mi caso, enseñarles a ustedes a hacer la diferenciación entre lo santo y lo profano—, es igualmente responsabilidad mía vivir la diferencia entre lo santo y lo profano. A mí me toca vivir eso; de lo contrario, no hago nada con enseñárselo al pueblo.

Y lo triste es que esto debía haber sido un día de celebración. Es como el hijo que se gradúa y viene donde sus padres al otro día, lleno de alegría. Este día, en cambio, es un día de luto. Ellos inician su sacerdocio y mueren. El mismo día que iniciaron su sacerdocio, a ellos se les olvidó que el tabernáculo, la tienda de reunión, era como un microcosmo santificado para representar la morada de Dios.

Yo pudiera imaginármelo de esta manera: el tabernáculo era el único lugar sagrado en toda la tierra. Por eso es que no se podía entrar al lugar santísimo sino el sumo sacerdote, y una vez al año. Este lugar no podía ser profanado bajo ninguna circunstancia. En el resto de la tierra todo el mundo puede entrar a todos los lugares; aquí no. Pero este día el tabernáculo fue profanado de dos maneras: número uno, ofrecieron fuego extraño; y número dos, estos jóvenes murieron dentro del tabernáculo.

Cuando alguien entraba en contacto con una persona muerta, o con cualquier cosa que estuviera en contacto con esa persona muerta, era declarado inmundo inmediatamente por siete días. Y para salir de ese estado de inmundicia había que llevar a cabo una serie de rituales —llamémoslos pasos de limpieza— para que pudiera volver a su estado original. Probablemente esa es la razón por la que los dos hermanos, ni Aarón, pudieron dar sepultura a sus dos hijos. Vinieron primos, sobrinos de Aarón, a llevar a cabo la sepultura, porque de lo contrario hubiesen quedado declarados como inmundos por siete días.

Ahora, yo no sé qué vino a la mente de Aarón cuando esto pasó. Yo dudo que su irreverencia de tiempo atrás no llegara a su mente en ese momento. Aarón nunca pensó que su irreverencia delante de Dios sería copiada por sus hijos de alguna manera, y que le costaría sus vidas.

Padres: frecuentemente sus hijos copian el pecado de los padres. Y es en ese momento cuando los padres comienzan a percatarse, por primera vez, de la gravedad de lo que ellos hicieron en primer lugar. Recuerda que Aarón no mostró arrepentimiento la primera vez; la segunda vez guardó silencio. Padres, ustedes necesitan ser cuidadosos de cómo caminan delante de Dios, pero también de cómo caminan delante de sus hijos. Como caminan delante de sus hijos, caminan delante de Dios, porque Dios lo ve todo.

Mira la relación entre padres e hijos en la Biblia. ¿Recuerdas la historia de Elí? Elí tuvo dos hijos. Elí fue sacerdote de Israel en los días de los jueces.

Probablemente fue uno de esos jueces. Sus dos hijos se comportaron de manera malvada, tan malvada que llegaron a tener relaciones íntimas con las mujeres que estaban a la entrada de la tienda de reunión. Tú puedes leer eso en Primera de Samuel 2:12 y 22. Lo que el texto dice es que Elí, su padre, no los corrigió a tiempo.

Y cuando vino a reprenderlos con cierta firmeza, o quizá a reprenderlos por primera vez, escucha lo que Primera de Samuel 2:25 dice: ellos no escucharon la voz de su padre. ¿Pero por qué? Porque el Señor quería que murieran. Puesto en otras palabras, como el arrepentimiento viene de Dios, dado por Dios, la razón por la que no escucharon la voz de Elí es porque Dios no les dio arrepentimiento. Y no les dio arrepentimiento porque ya Dios había pasado sentencia de muerte sobre ellos.

Ahora, ¿tú recuerdas quién crió a Samuel? Elí. Desde los 2 años, Ana le pidió a Dios un hijo. Dios le dio el hijo. Ella le dijo que se lo iba a dedicar a Él, y a los 2 años fue y le entregó el niño, que había sido destetado, dice la Biblia, y se lo entregó a él.

Cuando Samuel era viejo, dice el texto de Primera de Samuel 8:3, él puso como jueces a sus hijos sobre Israel. Mala decisión. Pero oye, los "peros" de la Biblia son siempre problemáticos. Sus hijos no anduvieron en los caminos de su padre, sino que se desviaron tras ganancias deshonestas, aceptaron sobornos y pervirtieron el derecho.

Cuando los ancianos de Israel, que eran como sus líderes, se percatan de que Samuel los ha dejado o quiere que tengan ahora como jueces a hijos perversos, los ancianos van a él. Samuel dice: "No, hasta ahora Dios ha sido nuestra guía. Nos hemos guiado, hemos caminado por Él. Es una teocracia. Es como que Dios era el rey sobre ellos." "No, no, no, no, no. Estos jueces no. Mejor danos un rey para ser como las demás naciones." Wow. Eso desagradó a Samuel. Y Dios le dice: "Samuel, tranquilo, ellos no te han desechado a ti. Es a mí que me han desechado."

Pero, ¿cuál fue la razón? Tus hijos. Eso es como Henry Blackaby lo escribe en su libro *Dios y su profeta Samuel*. Elí pecó y sus hijos pecaron. Samuel pecó al nombrar a estos hijos, quizás no los corrigió tampoco, y luego sus hijos pecaron. Elí, sus hijos, Samuel, sus hijos, y luego generaciones enteras, por cientos de años, de la nación de Israel pecaron. Las consecuencias del pecado son impredecibles y se extienden muchas veces por generaciones.

Israel tenía que aprender, y nosotros también, que la condición número uno para relacionarte con Dios es santidad. Demostrado de todas las formas en la Palabra de Dios. Dios se aleja del pecado. Cuando el pueblo se comportó como se comportó alrededor del becerro de oro, Dios dijo: "Yo te voy a dar un ángel. Yo no quiero seguir con este pueblo. Si sigo, lo destruyo."

Hermano, recuerda algo que yo te dije en otra ocasión para ayudarte a ver que todo lo que se relaciona con Dios tiene un llamado a ser santo. El nombre de Dios es llamado santo, en Levítico 22:2. Su Espíritu es llamado santo en múltiples pasajes de la Biblia. Sus caminos son santos, Salmo 77:13. Su trono es santo, Salmo 47:8. Sus ángeles son santos, Deuteronomio 33:2. Sus profetas son llamados santos, en Hechos 3:21.

En el tabernáculo había, dentro de él, dos lugares: uno es llamado santo y el otro lugar santísimo. Su pueblo es llamado "mi pueblo santo" en Deuteronomio 7:6. La tierra donde Dios llevó al pueblo, la tierra prometida, es llamada la tierra santa. La condición número uno para relacionarme con Dios es mi santidad.

Pero yo no veo a muchos cristianos preocupados por vivir una vida de santidad. A veces veo a algunos, o a muchos, un grupo preocupado por predicar el evangelio para que otros se salven. Sí, sí, pero espera. Lo que no veo es la misma pasión por cultivar una vida de santidad.

Quizás te sorprenda esta primera parte de lo que voy a decir, pero espera, al final es bien corto. Cristo no murió para salvarte. Cristo murió para hacerte santo. Ahora, para hacerte santo, tenía que salvarte primero. El propósito eterno en la mente de Dios, Romanos 8:28-29, es hacernos conforme a la imagen de su Hijo, que es perfectamente santo. La razón por la que Cristo murió fue para hacerte santo a ti y a mí. Para hacerme santo, Él tenía que salvarme primero. Tenía que sacarme de mi inmundicia.

Hermano, quizás todos nosotros de alguna manera, sea en el pasado o en el presente, hemos experimentado esto que voy a decir: una pasión por servir en la iglesia. Amén, qué bueno. Lo que yo no veo frecuentemente es la misma pasión por cultivar una vida de santidad.

Cuando en realidad, recuerda lo que Dios dijo: "Como santo seré tratado por los que se acercan a mí, y como santo seré tratado delante de mi pueblo." Si quiero servir al pueblo de Dios en cualquier capacidad, yo estoy tratando de acercarme más a Dios para que Él me use. Y Dios me dice: "Delante de mi pueblo, tú sabes cómo tienes que vivir." El deseo de servir, o el privilegio de servir, presupone la responsabilidad de vivir en santidad. Déjame decir eso otra vez: el privilegio de servirle a Dios presupone la responsabilidad de vivir una vida de santidad. ¿Por qué? Porque eres un representante de Dios cuando sirves de alguna manera.

Si representas a Dios, no debemos dar un mal ejemplo delante del pueblo, no debemos dar un mal ejemplo al pueblo acerca del Dios a quien ellos se supone que adoren, porque el pueblo no va a quedar con una buena impresión de la santidad de ese Dios.

El problema es que vivimos con tantas contradicciones. Yo creo que tú y yo, de alguna manera, sea en el pasado o en el presente, podemos decir, si somos sinceros, que nos ha importado más la reputación ante los hombres que la santidad de Dios. Nos ha importado más la reputación ante los hombres que la santidad ante Dios.

¿Cómo luce eso? Bueno, cuando hacemos lo que no debemos hacer, hacemos lo imposible para esconder nuestros pecados, por la reputación ante los hombres. Pero lo que yo estoy tratando de esconder es algo que Dios lo vio mientras yo lo hacía. Nunca he entendido, cuando me siento a pensarlo racionalmente, ¿por qué tememos más a lo que el hombre pueda decir que a lo que Dios te pueda hacer? Escucha otra vez: ¿por qué tememos más a lo que el hombre pueda decir, y por eso lo oculto de ellos, que a lo que Dios me pueda hacer, cuando no puedo ocultar nada delante de Dios? Ah, porque la reputación ante los hombres vale más que la santidad con la que vivo delante de Dios.

Recuerda la palabra del apóstol Pablo a los filipenses en 2:12: "Ocúpense de su salvación con temor y temblor." La palabra, el verbo "ocúpense", es un imperativo en tiempo presente. En otras palabras, Pablo le está diciendo a los filipenses: "Todo el tiempo ocúpate, cuida con esmero, con temor y temblor." El temor y temblor es lo que me lleva a mí a decir "con esmero". No les está diciendo que cuiden de no perderla. No, no, no, no. La salvación que tú dices que tienes, la salvación que tú valoras tanto, que tú dices que Cristo te dio, que Cristo pagó con su sangre, ocúpate de cultivar una vida que corresponda a la salvación que recibiste. Cuando lo vayas a hacer, hazlo con temor y temblor. Es delicado.

Cultiva una vida de obediencia. La vida de obediencia te va a llevar a una vida de piedad. Un corazón santo se ilustrará; una mente santificada se mostrará en una vida piadosa. Escucha cómo Eusebio, conocido como el padre de la historia de la iglesia, definió la piedad. Me encanta esto. La definió de esta manera: "La piedad es como levantar la vista hacia el único Dios que la levanta, y vivir la vida en concordancia con Él." Entonces, obediencia es ponerme de acuerdo con Dios.

Sí, pero Eustaquio, creo que fue bien sabio al decir, antes de eso, que tú tienes que levantar la vista hacia Dios, porque tú no puedes obedecer al Dios que no conoces. Mi vida de obediencia revela cuánto conozco o no conozco a Dios. Eso es lo que usted está diciendo. Para vivir una vida de piedad, yo necesito conocer a Dios por lo que Él es. Y luego debes vivir una vida que sea congruente con el Dios que has conocido.

Quizás esa es la explicación: poco conocimiento de Dios, poca vida de obediencia. Yo creo que Eustaquio me ayudó mucho a entender la problemática. Moisés trató de vivir una vida congruente con Dios, claro, porque él hablaba con Dios. Pablo fue llevado al tercer cielo y vivió la vida que llevó. Mientras más conozco a Dios —no mientras más conozco de Dios, no he dicho mientras más teología conoces, no, no—, mientras más conoces el carácter de Dios, más tu mente será impactada por lo que Él es.

Bueno, pastor, pero usted dijo al principio que ha leído este texto, lo ha enseñado, lo ha estudiado, y que siempre una de las razones es que le recuerda la responsabilidad que Dios ha puesto sobre los hombros de aquellos que hemos sido llamados a pastorear. Sí, pero yo agregué algo inmediatamente después: la responsabilidad que Él ha puesto sobre todos nosotros que hemos sido llamados a ser sacerdotes.

Ah. Pero yo pensaba que eso es del Antiguo Testamento. Sí, pensabas. Pero piensa ahora diferente. Escucha. Apocalipsis 1:6: "Cristo hizo de nosotros un reino, sacerdotes para Dios su Padre. A Él sea la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén."

Si eso no es suficiente, Pedro quiere que yo entienda que mi sacerdocio, en un sentido, es muy superior al sacerdocio del Antiguo Testamento. ¿Por qué? Porque el sacerdocio del Antiguo Testamento era un sacerdocio terrenal. Y 1 Pedro 2:9 me dice que nuestro sacerdocio es real, sacerdocio real en el sentido de la realeza. Claro, porque nosotros somos sacerdotes del Rey. Nada de terrenal.

Bueno, pastor, pero nosotros no tenemos que cumplir requisitos ni hacer sacrificios con tantas especificaciones como se dieron en el Antiguo Testamento. Nosotros no tenemos que hacer esos sacrificios. Nuestra condición es de mayor peso, hermanos, porque los sacerdotes hacían sacrificio en el día a día, dos veces al día. Y luego, cuando la gente venía y les traía alguna ofrenda para el perdón de sus pecados, volvían a ofrecerla. Pero ellos lo ofrecían dos veces al día.

El problema es que yo no lo ofrezco dos veces al día ni el domingo. Escucha lo que Romanos 12:1 dice: "Por tanto, hermanos, les ruego por la misericordia de Dios, por todo lo que Dios ha hecho, que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes." Que presentes, en vista de todo lo que Dios ha hecho, de su misericordia, todo tu cuerpo, toda tu vida, como un sacrificio continuo para Dios.

Y eso no es nada extremo, nada extremo. No, ese es tu culto, adoración, servicio racional. Eso es lo lógico. Cualquier cosa por debajo de eso es completamente ilógico. ¿Qué fue lo que cantamos? Que mi vida iba a ser, ¿qué? "Dedicaré mi vida a ti para honrar tu gran amor." Tu vida entera, todos los días, de principio a fin.

Yo puedo llamarme cristiano, pero si mi vida no es un sacrificio santo, agradable a Dios, Él no la va a aceptar. Entonces, ¿cómo sé cuándo llegué a la altura del sacrificio que debo hacer? No es tan difícil. Tú mira la cruz, mira, contempla, medita, reflexiona la magnitud del sacrificio que Él ofreció. Y mi sacrificio debe estar a la altura de lo que Él ofreció primero.

Él no me pide que yo haga eso primero para luego superarme. No, no, no. Él me superó. Me dice: "Okay, esto es más o menos un ejemplo de hasta dónde Dios llegó para salvarte a ti. Por tanto, tú debes llegar al extremo para honrar a Dios."

Ahora bien, vamos a tratar de comparar algunas cosas. El incienso, mencioné, se suponía que tenía una fórmula especial para uso exclusivo de Dios. Los utensilios musicales para tocar en el tabernáculo o en el templo eran de uso exclusivo para la música de Dios. ¿Tú no piensas que si el incienso, que es algo que tú quemas y que incluso desaparece, fue de uso exclusivo para Dios, entonces tu vida debiera tener un uso exclusivo de igual manera?

Bueno, pastor, es que usted habló del tabernáculo, el incienso en el tabernáculo, el lugar santo donde moraba la presencia de Dios. Exactamente. Es por eso que le estoy diciendo: ¿sabe quién es el tabernáculo hoy? Eres tú y soy yo. Una vez al año, el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo, donde moraba simbólicamente la presencia de Dios. El problema ahora es que yo vivo en el lugar santísimo, porque en mí mora la presencia de Dios. 1 Corintios 6:19: Pablo les dice: "Ustedes son el templo del Espíritu."

Por eso es que no hay tabernáculo. Por eso es que no ofrecemos los sacrificios que ellos ofrecían. No, no, no, porque no es el día, es toda tu vida. Bueno, pastor, pero estoy tratando de aplicar lo que aprendimos al tiempo del Nuevo Testamento, la era de la gracia. Pastor, mira, lo que pasa es que en el Antiguo Testamento Dios era mucho más severo con su justicia y su ira.

En serio, escucha lo que Hebreos 10:28-30 dice: "Cualquiera que viola la ley de Moisés muere sin misericordia, como los dos hijos de Aarón, por el testimonio de dos o tres testigos." Ese es el Antiguo Testamento. ¿Tú quieres que te lea Nuevo Testamento? Próximo versículo, Hebreos 10:29: "¿Cuánto mayor castigo piensan ustedes que merecerá el que ha pisoteado bajo sus pies al Hijo de Dios, y ha tenido por inmunda la sangre del pacto por la cual fue santificado, y ha ultrajado al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: 'Mía es la venganza, yo pagaré', y otra vez: 'El Señor juzgará a su pueblo.'"

Si eso pasó en el Antiguo Testamento, ¿cuánto mayor castigo debiera ser cuando pisoteamos y deshonramos bajo nuestros pies al Hijo de Dios, y tenemos por inmunda la sangre del pacto por la cual fuimos santificados? Le está hablando a hijos de Dios. Cuando hijos de Dios tienen por inmunda y deshonran el sacrificio de Cristo, la pena que debiéramos esperar es mucho mayor.

Y escucha, no termina ahí. No solamente es deshonrar el sacrificio de Cristo, sino que también ha ultrajado al Espíritu de gracia —permíteme agregar— que vive en ti y vive en mí. Hermanos, cuando te sientas a ver algo, cuando disfrutas de algo que no es del agrado de Dios, y mucho más cuando haces algo que no es del agrado de Dios, no solamente ultrajas el sacrificio que te limpió: ultrajas al Espíritu Santo que vive en ti, y delante del cual, y con quien tú te has sentado a ver eso, o lo estás haciendo participar de tus acciones pecaminosas.

Bueno, pero gracias a Dios que hoy en día no hace descender fuego del cielo. Bueno, espérate. Hebreos 12:28-29: "Por lo cual, puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable, con temor y reverencia. ¿Por qué? ¿Cuál es el peligro de no hacerlo? Porque nuestro Dios es fuego consumidor."

O sea, el fuego que consumió a los hijos de Aarón, que salió de la presencia de Dios, ahora está afirmado que la naturaleza de ese Dios es exactamente igual: es fuego consumidor. Entonces me dice que, como Él es así, mi servicio sea aceptable y lo ofrezca con temor y reverencia.

Escucha, yo creo que te leí esto hace dos o tres años atrás, algo que escribió Juan Crisóstomo, el arzobispo de Constantinopla, en el siglo IV, porque esto tiene mucho que ver con lo que acabo de decir. Dice: "Evita que tu ojo mire algo pecaminoso, porque tu ojo ha sido convertido en un sacrificio. No permitas que la lengua diga algo vergonzoso, porque ha llegado a ser una ofrenda. No permitas que la mano haga alguna acción ilícita, porque es tu holocausto." Pero estas cosas no son suficientes.

También debemos hacer buenas obras. Permite que tus manos den dádivas, que tu boca bendiga a aquellos que te abusan, bendícelos, porque son labios transformados por el Espíritu, santificados para representar el carácter de Dios, que bendijo a aquellos que estaban al pie de la cruz. Que tu oído sea dedicado a escuchar continuamente un hablar divino.

Que bendigas a aquellos que abusan con tus labios, y que tu oído sea dedicado continua y estrechamente a un hablar divino. Para ofrecer algo en sacrificio no puede haber nada impuro. Tu sacrificio es el primer fruto de todas tus acciones. Por tanto, ofrezcamos a Dios un sacrificio de los primeros frutos de nuestras manos, de nuestros pies, de nuestras bocas y de todos los demás miembros de nuestros cuerpos.

Crisóstomo lo entendió: "Ofrece tu cuerpo como sacrificio vivo, santo, aceptable a nuestro Dios." Tus ojos, tus oídos, tu lengua, tus manos, tus pies, para que sea aceptable a nuestro Dios. Amén.

Pero hermano, yo tengo que cerrar, el tiempo se ha ido. Pero mientras más vivo, mientras más veo la condición del ser humano, el corazón en el Antiguo Testamento y el corazón de los hombres en el Nuevo Testamento no es nada diferente. Y esto es lo que Dios dice a su pueblo ya en el exilio, a través de Ezequiel. Imagínate que yo soy Ezequiel ahora, y estoy diciendo algo que Dios me dijo.

Ezequiel 33:30-32: "Pero en cuanto a ti, hijo de hombre, los hijos de tu pueblo hablan de ti junto a los muros, y en las entradas de las casas hablan el uno al otro, cada cual a su hermano, diciendo: 'Vengan ahora y oigan cuál es la palabra que viene del Señor.'" Tu pueblo habla bien de ti frente a los muros, dice: "Vengan a oír la palabra del Señor." Y vienen a ti como viene el pueblo, y se sientan delante de ti como pueblo mío. Oyen tus palabras, le dice Dios a Ezequiel, y no las hacen, sino que siguen los deseos sensuales expresados por su boca, y sus corazones andan tras sus ganancias. Tú eres para ellos como la canción de amor de uno que tiene una voz hermosa y toca bien su instrumento. Oyen tus palabras, pero no las ponen en práctica.

Ven a oír a Spurgeon, ven a oír a John Piper, gente de nuestros días más o menos. Lee este libro de Tozer. ¡Wow! Pero no lo vivo, no lo pongo en práctica. ¿De qué me sirve? Y yo me estoy diciendo esto a mí mismo: cada vez que yo aprendo algo nuevo de la Palabra o de Dios, o soy recordado nuevamente, como lo fui en la preparación de esto acerca de su santidad, yo tengo un grado mayor de responsabilidad, porque saber la verdad presupone práctica de la verdad. Haber sido recordado de la verdad presupone un mayor grado de responsabilidad de obedecerla, comenzando con quien la está predicando y terminando por cada uno de ustedes.

Hermano, esto es serio. Yo estaba adorando mientras meditaba acerca de la santidad de Dios. Las primeras dos canciones, sobre todo en ellas, donde se nos recordaba de la Santísima Trinidad, no podía parar de llorar, de considerar cómo es que este Dios santo de manera infinita ha llegado hasta el colmo —esa es la palabra— de colocar a su Hijo en un cuerpo humano y sacrificarlo, para poder llevar a rebeldes a ser como su Hijo, que luego puedan compartir el reino entero del Hijo con nosotros, el resto de los hijos, coherederos con Él.

Y que luego, después de todo eso, yo viva una vida mediocre de obediencia con la cual deshonro la sangre —tenida por inmunda— la sangre que me limpió, y ultrajo al Espíritu que vive dentro de mí. Hermanos, la vida de obediencia, la vida de santidad, la vida de piedad es seria para Dios, extremadamente seria.

Que este sermón me sirva a mí. Yo quiero siempre comenzar conmigo. No tengo nada que decirle a ustedes si no me lo digo a mí primero. Lo aprendí de la Biblia, de Isaías: "Yo y mi pueblo somos hombres de labios inmundos." Lo aprendí de Daniel, que pidió perdón: "Yo y mi pueblo hemos pecado contra ti." Notaste: el profeta Daniel, el profeta Isaías, yo primero, luego el pueblo. Así es que estoy tratando de verlo. Es serio.

Mi vida tiene que ser consagrada, y eso implica ser separado para uso exclusivo. Esa es la palabra en hebreo detrás de la palabra consagrar: ser apartado para uso exclusivo. De hecho, esa es la palabra para matrimonio en hebreo. Tú separas a un hombre para uso exclusivo de la mujer, y separas a una mujer para uso exclusivo del hombre.

Padre, gracias por tu Palabra, gracias por tu misericordia. Que tú tienes tanta misericordia que nos enseñas cosas, nos recuerdas cosas, volvemos y desobedecemos, y como hiciste con Moisés, todavía decides seguir con nosotros.

Hermano, si Dios te ha hablado hoy —yo espero que Dios le haya hablado a todo el mundo que está aquí, porque me habló durante la semana y volvió a hablarme mientras predicaba— espero que tú hagas un compromiso. Pero no un compromiso que inicie con "voy a obedecer más." No, no, no. Eso es después. Un compromiso de que vas a vivir una vida de arrepentimiento todos los días, como nos enseñó Martín Lutero en su primera tesis de las 95, cuando dijo: "Arrepiéntanse." Él quiso decir que llevemos una vida de continuo arrepentimiento.

No puedo ofrecerte una simple rededication sin arrepentimiento, porque sería dedicar a ti algo inmundo. Danos arrepentimiento, Dios, de manera individual, a cada uno de nosotros, por la manera como hemos vivido, pensado, como hemos usado los ojos, la boca, las manos, los oídos, dónde hemos ido. Perdónanos. Te rogamos que nos des arrepentimiento; eso viene de ti, Dios. Que no se diga de alguno de nosotros que no escuchó tu voz porque ya tú habías decidido su juicio final.

Que si hoy oyes su voz, no endurezcas tu corazón. Tú puedes decirle: "Señor, me arrepiento de esto, de esto, de esto, de esto, pero dame el arrepentimiento que yo no puedo producir, para que luego entonces yo pueda rededicar mi vida." Quizás puedas hacer algo resumido entre tú y Dios, para que luego esta noche te puedas ir a tu habitación y hablar más detalladamente con Él, con lujo de detalles, de cada cosa por la que quieres pedir arrepentimiento y que quieres dedicar a Dios nuevamente.

Pero mientras tanto, hagamos un compromiso de rededicar nuestras vidas a Dios, presuponiendo que habrá entonces arrepentimiento y una vida de arrepentimiento continuo. Pues te lo pedimos en el nombre precioso de aquel que derramó sangre para redimirnos, Cristo Jesús. Su pueblo dice: "Amén." Amén. Nos ponemos de pie.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.