IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Lo que Dios comienza, Dios termina. Esta verdad atraviesa la transición de Moisés a Josué en el umbral de la tierra prometida. Moisés muere no por enfermedad sino porque su propósito se cumplió; el texto bíblico lo identifica simplemente como "siervo del Señor", recordándonos que no hay distinción mayor que servir al Dios del cielo y la tierra. La obra continúa porque nunca dependió del instrumento sino del Autor.
Josué hereda una tarea inmensa con instrucciones mínimas: levántate y cruza. Dios no ofrece explicaciones detalladas porque su pueblo no vive de explicaciones sino de promesas. La tierra será conquistada, pero Josué debe caminar hacia donde Dios lo guía, dentro de límites claros. Cada llamado viene atado a una responsabilidad; el privilegio de servir incluye el posible costo del sufrimiento, como ocurrió con los profetas, con Juan el Bautista y con Cristo mismo.
Tres veces Dios repite a Josué: sé fuerte y valiente. El espíritu de cobardía es incompatible con los propósitos divinos. Esta valentía no surge de habilidades humanas ni de experiencia acumulada, sino de una fe que reconoce que la presencia de Dios es la única garantía verdadera. Moisés lo entendió cuando rechazó seguir adelante si Dios no iba con ellos; Josué lo aprendió observándolo durante cuarenta años.
La promesa de Dios a Josué resuena hasta hoy: no te dejaré ni te abandonaré. Pensar que Dios se olvidó de sus hijos es pecar contra su carácter. Él llena cada rincón del universo y cumple lo que promete, como lo demuestran las más de ciento setenta referencias a la tierra prometida en el Antiguo Testamento.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bueno, este es el tiempo que Dios ha escogido. Permítame simplemente muy brevemente presentarme delante de Dios y leemos su palabra. Padre, gracias por otra oportunidad de entrar a tu palabra y salir visitado por ti. Danos un encuentro contigo a través de tu palabra.
De eso se trata la predicación. No es una palabra muerta, es una palabra viva que nos permite tener un encuentro contigo cuando ella es expuesta. Abre nuestros ojos, circuncida nuestros oídos, rinde nuestras voluntades, cuida del predicador. No permitas que él se salga de lo que tu texto dice, ni a la derecha ni a la izquierda, para que tu nombre pueda ser honrado en Cristo Jesús. Amén.
Bueno, ya mencionamos, ¿verdad? Este es un domingo especial, y lo es por razones que han sido mencionadas. Por un lado, primer domingo del año, como ocurre cada año, 28 años de ser iglesia, de ver a Dios obrar. Mucho es lo que Dios ha hecho. Subraya eso: lo que Dios ha hecho, no lo que nosotros hemos hecho. Dios ha hecho muchas cosas en nosotros, incluyendo en la persona que habla. Ha hecho muchas cosas a través de nosotros como meros instrumentos. Y eso es lo que somos. Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas. Efesios 2:10 dice eso, de manera que la obra es simplemente una obra que Dios pensó tiempos atrás, desde la eternidad pasada, porque todo lo conoce desde siempre. Y simplemente, llegado el momento en tiempo y espacio, Él nos invitó a caminar, a ser parte de lo que Él había soñado. Es un privilegio poder hacerlo, pero Dios espera que lo hagamos de una forma obediente.
Bueno, es un domingo especial también porque presentamos al pastor Amauri y su esposa Virginia como aquella persona que ha de estar comenzando una nueva obra en Punta Cana. En vista de que este es un primer domingo del año —número dos—, en vista de que cumplimos 28 años, lo que Dios tiene que decirnos hoy, 28 años después, es exactamente lo mismo que Él tenía que decirnos en el día uno. Las cosas no cambian, pero lamentablemente los obreros de Dios, los pastores de Dios tienden a olvidarse de lo que Dios ha dicho. Y por eso yo quiero refrescármelo a mí mismo y refrescárselo a los demás que están escuchando, y al mismo tiempo porque yo creo que es un excelente pasaje para poder enviar a Amauri a Punta Cana con el respaldo nuestro.
Pero yo necesito situarte en la historia bíblica porque no todo el mundo ha estado aquí con nosotros. De manera que brevemente: hace dos domingos atrás, creo yo, estuvimos viendo un pasaje del libro de Números, capítulo 20. Ahí se relata que el pueblo había llegado a la región de Cades, y ahí entonces lo primero que el texto dice —el texto que leímos en esa ocasión— es que Aarón enterró a su hermana Miriam. Posteriormente, el texto narra que el pueblo otra vez volvió a quejarse, como de muchas otras veces, volvió a quejarse porque no encontró agua. Y entonces Moisés, como de costumbre, fue y consultó con Dios acerca de qué hacer ante la carencia. Dios le dio a Moisés instrucciones muy específicas que, lamentablemente, Moisés no siguió como Dios se las había dado.
En esta ocasión el texto no dice, como en múltiples textos anteriores, "y Moisés hizo conforme a todo lo que Dios le había ordenado." No, eso no fue lo que pasó. Dios le dijo a Moisés —de hecho a Moisés y Aarón en esa ocasión—: "Háblales, háblale a la peña." Esa es la palabra que está ahí, para que el agua salga de ella y yo le dé de beber a mi pueblo. Moisés no hizo eso. Moisés tomó su vara, fue a la peña, le dio una vez, le dio dos veces, y luego procedió a hablarle al pueblo, y de manera airada. Salmo 106:33 dice que Moisés habló de manera precipitada.
Este evento, junto a eventos anteriores de arranques de ira de Moisés —por lo menos en dos ocasiones distintas—, le costó a Moisés la tierra prometida. Y Dios le dijo: "¿Por qué?" Y esto es lo que Dios dice: "Porque cuando ustedes se rebelaron contra mi mandamiento en el desierto de Sin, durante la contienda de la congregación, debieron santificarme en las aguas ante sus ojos. Debieron santificarme ante el pueblo, y no lo hicieron. Me desobedecieron." Y el texto tiene un paréntesis y dice: "Esas son las aguas de Meriba de Cades, en el desierto de Zin."
La tierra con la que Moisés había soñado por 40 años, donde él toleró todo tipo de quejumbre de parte del pueblo, no la iba a poder ver. Moisés aprendió lo que todos nosotros necesitamos aprender: las acciones tienen consecuencias. Moisés perdió, a punto de entrar a la tierra prometida, ese privilegio. Le pidió a Dios que le concediera la oportunidad de entrar, y Dios le dijo, incluso: "Ya no me hables más de eso." En otras palabras: ya me lo has dicho, ya te lo he negado.
Entonces, como ya Dios había desechado esa petición, Dios le dice a Moisés: "Bueno, terminamos. Tú has de morir de este lado del Jordán, antes de cruzar." Moisés le pide a Dios entonces que levante a un hombre que le pueda dar seguimiento al pueblo y lo pueda entrar a la tierra prometida. Moisés amó a ese pueblo entrañablemente, a pesar de todo lo que sufrió con ese pueblo. Entonces, Números 27 —no es el texto de hoy, estoy llevando el contexto—, versículos 18 al 20, dice: "Y el Señor dijo a Moisés: Toma a Josué, hijo de Nun, hombre en quien está el Espíritu. Pon tu mano sobre él y haz que se ponga delante del sacerdote Eleazar —hijo de Aarón, que Aarón ya había muerto— y delante de toda la congregación, e imparte la autoridad a la vista de todos ellos. Pondrás sobre él parte de tu dignidad, a fin de que le obedezca toda la congregación de los israelitas."
Ungido Josué como el nuevo líder, Moisés estaba listo para ser enterrado. Dios instruyó a Moisés que subiera, después que ellos habían llegado a los alrededores de la cordillera de Abarim. Dios le pidió a Moisés que subiera al monte Nebo, el pico más alto de la cordillera. Y allí Dios enterró a Moisés en un lugar donde nadie sabe hasta el día de hoy. Entendemos que probablemente ocurrió de esa manera para evitar la idolatría del corazón humano, que donde hubiera allí una tumba no se fuera a producir una procesión todos los años, o cada mes, para visitar la tumba de Moisés.
Ahora escucha. Deuteronomio 34 es el texto que nos habla con un poco más de detalle acerca de este final de Moisés. Escucha lo que dice, versículos 7 al 9: "Moisés tenía 120 años." ¡Wow! 40 años en Egipto, siendo como el príncipe de Egipto; 40 años en el desierto, después que mató a un egipcio —primero un arranque de ira—; y luego 40 años liderando al pueblo en el desierto. Moisés tenía 120 años cuando murió. No se habían apagado sus ojos ni había perdido su vigor. ¡Wow! Moisés tenía esa edad con el mismo vigor que hacía 80 años atrás. Los israelitas lloraron a Moisés por 30 días en la llanura de Moab, justo antes de cruzar el Jordán. Así se cumplieron los días de llanto y duelo por Moisés.
Este texto que yo acabo de leerte, de que Moisés no había perdido su vigor, no está ahí por accidente. Está ahí para dejarnos ver que Moisés no murió porque estaba enfermo. Moisés murió porque Dios había terminado su misión con él. Y cuando el propósito en la vida de Moisés terminó, Dios lo llamó a su presencia.
Eso fue la verdad con relación a Moisés. Es la verdad con relación a ti y a mí. Yo nazco con un propósito, se supone que viva para un propósito, y cuando Dios termine mi propósito en mi vida, Dios me llamará. La única pregunta que queda es: ¿qué tan bien voy a vivir mi propósito, el propósito de Dios? ¿Para bien o para mal? ¿Para exaltar su nombre, o lamentablemente, en otros casos, deshonrando su nombre?
Pero Moisés no murió porque estaba enfermo. Nadie muere a destiempo. Absolutamente nadie. Recuerda lo que el texto de Hechos dice: que cuando David cumplió su propósito en su generación, David durmió. De manera que Dios mantuvo la salud de Moisés hasta que se cumpliera su propósito. Cumplido el propósito, Dios lo entierra.
Ahora bien, nota qué es lo que sigue inmediatamente después. Esto es Deuteronomio 34; del otro lado, Josué capítulo primero. Ahí es donde vamos a comenzar en el día de hoy. Aquí es donde comienza mi mensaje.
Versículo 1, capítulo 1, Josué.
"Después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, el Señor habló a Josué, hijo de Nun y ayudante de Moisés, y le dijo: 'Mi siervo Moisés ha muerto. Ahora, pues, levántate, cruza este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los israelitas. Todo lugar que pise la planta de su pie les he dado a ustedes, tal como dije a Moisés, desde el desierto y este Líbano hasta el gran río, el río Éufrates, toda la tierra de los hititas hasta el mar grande que está hacia la puesta del sol, será territorio de ustedes. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida. Así como estuve con Moisés, estaré contigo. No te dejaré ni te abandonaré. Sé fuerte y valiente, porque tú darás a este pueblo posesión de la tierra que juré a sus padres que les daría.'"
"'Solamente sé fuerte y muy valiente. Cuídate de cumplir toda la ley que Moisés, mi siervo, te mandó. No te desvíes de ella, ni a la derecha ni a la izquierda, para que tengas éxito donde quiera que vayas. Este libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él día y noche para que cuides de hacer todo lo que en él está escrito. Porque entonces hará prosperar tu camino y tendrás éxito. No te lo he ordenado yo. Sé fuerte y valiente. No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo donde quiera que vayas.'"
Lo primero que yo quiero que notes es que lo que Dios comienza, Dios termina. Dios sacó el pueblo al desierto. La congregación se portó de manera rebelde. Dios enterró a la congregación. Eventualmente Moisés deshonra a Dios delante de su pueblo; entierra a Aarón, entierra a Miriam, entierra a Moisés, pero su obra continúa. Lo que él comenzó está a punto de terminar, y es la llegada a la tierra prometida con otro líder.
Ahora, tú notaste la facilidad con la que el texto bíblico pasa de un gran evento a otro. Esta es la página que relata la muerte de Moisés, la pasa para este lado y seguimos con Josué, como si la historia no se hubiese detenido y como si nada hubiera ocurrido.
40 años de liderazgo extraordinario de parte de Moisés. Silente. La única cosa que el texto dice de Moisés es "siervo del Señor", y nada más. El texto no dice nada del gran libertador que Moisés fue al sacar al pueblo de la esclavitud hacia el desierto. No dice nada del gran estratega militar que él fue cuando encargó a Josué que peleara contra los amalecitas y le venció. No dice nada de su capacidad de liderazgo en las peores condiciones. Tampoco dice nada del amor extraordinario que Moisés tuvo por el pueblo, hasta el punto de ofrecer su vida con tal de que Dios dejara al pueblo con vida. No dice nada de su corazón intercesor.
Al principio, cuando Moisés se levantaba temprano en la mañana, antes de que saliera el sol, y estaba sentado oyendo un caso de consejería tras otro hasta la puesta del sol, hasta que vino Jetro, su suegro, y le dijo: "Tú no vas a durar, esto no va, tú no puedes seguir así. Yo te aconsejo que busques ayuda." Y ahí, uno pensaría que Moisés buscaría uno, dos, tres, cinco más. No, no, no: 70 ancianos. 70. Y Dios puso sabiduría en 70 hombres que ayudaran a Moisés.
El texto no dice nada de eso. Lo único que el texto dice es que Moisés era siervo del Señor. ¿Sabes por qué, hermano? Tu distinción más grande en tu vida y tu mayor privilegio es ser siervo del Dios del cielo y la tierra. No hay nada más. No hay título, no hay doctorado, no hay apostolado. Este afán de hoy en día de la gente llamarse apóstol, ¿de dónde sale? Moisés: siervo del Señor, nada más y nada menos. Es lo que Cristo dijo, ¿verdad? Cuando tú lo hayas hecho todo, lo único que puedes decir es: "Siervos inútiles somos." Eso es lo que Miguel Núñez es: un siervo inútil al servicio del Señor. Y tú también.
Y mi amén es más alto que el tuyo, porque tú eres un siervo inútil también. Amén.
De manera que ahora yo quiero que presten atención a estas palabras de Matthew Henry: "Los obreros del Señor pueden morir como Moisés, pero no la obra del Señor." Claro que no. Dios cambiará de manos para mostrar que, sean cuales sean los instrumentos que él use, él no está atado a ninguno de ellos.
Identificado Moisés como el siervo del Señor, ahora vamos a identificar a Josué, que es el protagonista de la historia de hoy y del libro entero que continúa. Así es como Josué es identificado: hijo de Nun y siervo o ayudante de Moisés.
No dice nada de que Josué fue un ayudante o un siervo impresionante como guerrero, ganando la batalla que te mencioné de los amalecitas —puedes leer eso en Éxodo 17, cuando Moisés lo designó—. No dice nada de cuando Moisés lo escogió para subir al monte con él. A mitad del monte, Moisés y Josué solos; a mitad del monte, Moisés lo deja, Moisés continúa, se reúne con Dios por 40 días, y Josué estaba a mitad de la montaña esperando que Moisés descendiera, sin ninguna queja, de manera sumisa y de manera humilde.
Josué fue fiel al mentor que Dios le había dado para toda su vida. El texto no dice nada de lo que Éxodo 33:11 dice: que cuando Moisés visitaba la tienda del Señor a hablar con Dios, se llevaba a Josué. Entonces Moisés entraba, hablaba con Dios, terminaba, y el texto de Éxodo 33:11 dice que cuando Moisés salía y se iba, Josué se quedaba en la tienda de reunión, en el lugar de reunión con Dios. Josué aprendió a cuidar de la santidad de Dios tempranamente.
Cuando Moisés eligió líderes para explorar la tierra —la tierra que iban a entrar ahora 40 años después— Moisés la mandó a explorar como al año y medio o dos años de haber salido, porque Dios le dijo: "Ve a esta tierra, envía a estas personas para que la exploren, la espíen, para que entonces puedan entrar y la puedan ocupar." Y 10 de ellos dijeron: "No, esa tierra está llena de gigantes. No podemos entrar. Aunque Dios te haya dicho que entremos, nosotros no vamos a entrar. No podemos contra ellos." Pero Josué y Caleb, los únicos dos, dieron un reporte completamente contrario.
Lamentablemente, como el pueblo se quejó y rehusó entrar al año y medio de haber salido, Dios le dijo: "Ahora estarás en el desierto un año por cada día que exploraste la tierra." 40 años. Vas a entrar a los propósitos de Dios 40 años después, habiendo podido entrar 38 años antes de cuando lo harás.
Números 11:28 menciona a Josué simplemente como ayudante de Moisés: un hombre humilde, obediente, sumiso, un gran seguidor antes y un gran líder ahora. Y como se ha dicho antes, nadie llega a ser un buen líder a menos que sea un buen seguidor primero. La humildad se cultiva sirviendo a otros. Y ese es Josué.
Recuerda algo que en el texto ya leímos de varias formas, pero lo vamos a visitar de nuevo. Tu compromiso es obedecer a Dios; es lo que Dios está tratando de comunicar a Josué. El compromiso de Dios es darte lo que tú necesites para que lleves a cabo su propósito. Él es Dios. Él sabe lo que hace, y Dios solo, sin nadie más, es mayoría.
No es que tú y Dios son mayoría. ¿Cómo que tú y Dios? No, no, no. Dios solo es mayoría. Amén. De manera que lo único que tú necesitas es que Dios vaya contigo.
Ahora, Dios había seleccionado a Josué por razones evidentes. Déjame compararte estas dos figuras: Josué y Moisés. Moisés fue su mentor; Josué fue su seguidor, si tú quieres, o servidor. Josué nunca se olvidó de su mentor, nunca se olvidó del legado que su mentor le dejó. Y si tú me preguntas cómo yo lo sé, bueno, tú lees el libro entero y te percatas de que Josué menciona a Moisés en un libro relativamente corto 53 veces.
¿Tú crees que la vida de Moisés impactó la vida de Josué? Moisés fue el símbolo de la liberación del pueblo: lo sacó al desierto. Josué fue el símbolo de la victoria.
Lo entró a la tierra prometida. Moisés comenzó la obra de Dios. Josué terminó la obra de Dios. Hermano, recuerda: Dios puede enterrar a sus líderes, pero nunca enterrará sus propósitos, porque lo que Dios comienza, Dios termina. Apréndete esa frase: lo que Dios comienza, Dios termina.
Todo lo anterior nos habla de la providencia de Dios. Recuerda: en el desierto, por 40 años, Dios todos los días hacía aparecer una nube que los cubría del sol para que no se quemaran en el desierto. Todos los días hacía llover, si podemos decirlo así, pan —maná— de las nubes hacia abajo para alimentarlos. Cuando hubo necesidad de agua, porque el desierto tiene oasis de aquí y allá, pero en ocasiones no había agua, Dios le proveyó agua de la roca. En la noche, todos los días encendió un fuego para que les diera luz.
Todo eso se llama providencia de Dios: el cuidado, el gobierno que Dios tiene de toda la creación para ordenar todos los hechos, los grandes y los pequeños, todos los días, en todos los lugares, para que lleven a cabo sus propósitos. Esa es la providencia de Dios. Cuando quería algo más que pan, hizo volar codornices en su dirección y se pudieron alimentar dos millones de personas de codornices. ¿Te imaginas? Ese es nuestro Dios.
En primer lugar dijimos: nota que lo que Dios comienza, Dios termina. En segundo lugar, yo quiero que veas que Dios espera obediencia a su palabra con poca instrucción. ¿Y por qué Dios no nos da más explicaciones? Por una sencilla razón: el pueblo de Dios no vive de explicaciones. Los periodistas viven de eso. El pueblo de Dios vive de promesas, no de explicaciones, y tiene que aprender a confiar en las promesas de su Dios.
Escucha las instrucciones: "Mi siervo Moisés ha muerto. Ahora pues, levántate, cruza este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los israelitas." Eso es suficiente. ¡Tremendo reto! Moisés acaba de morir. Yo lo acompañé por 40 años. Quizá todavía estoy procesando la muerte de mi mentor. Y Dios le dice: "Ey, levántate y cruza, tú y todo el pueblo, a la tierra que yo les doy a los israelitas." Esa es la hora. Levántate y cruza a la tierra que yo les doy.
Dios está dejando claro: esto no es una tierra que tú te has ganado o que tú mereces. No. Es una tierra que yo te otorgo, que yo te doy de manera inmerecida. No vas a tener que pelear —en el mejor sentido de la palabra— por ella. Yo voy a pelear las batallas por ti y yo te estoy regalando esta tierra. Pero como has visto, como leímos, el hecho de que Dios le estaba regalando esta tierra no era razón para la pasividad, cruzarse de brazos, esperar que llegara. No. Levántate y cruza. Más bien era una oportunidad para que ellos pudieran soñar con cosas grandes en Dios y para Dios.
El ser humano es extraordinario en idear, pensar e imaginar cosas grandes para su vida. Lo que él no sabe hacer es dejar que Dios sueñe esos sueños y luego dejar que Dios te invite a que tú vivas los sueños grandes del Señor. Y por eso, cuando de Dios se trata, frecuentemente nuestras imágenes son muy pequeñas para Dios y sus propósitos muy grandes para nosotros. Josué, levántate y cruza.
La tierra tendrá que ser conquistada. Yo te voy a dar las victorias, pero la tierra tiene que ser conquistada por ustedes o no les será entregada. Hay una parte que a nosotros nos toca todo el tiempo. Ahora, recuerde, hermano, que eso es un gran privilegio que Dios le está concediendo a Josué: el ser llamado a trabajar para Él durante todo este tiempo. Pero cada llamado —escucha, si tú piensas que tienes un llamado— viene con una responsabilidad atada. Una cosa no está nunca separada de la otra.
Eso fue verdad con relación a los profetas del Antiguo Testamento cuando fueron perseguidos: una responsabilidad que ellos no podían eludir. Si hay que sufrir por la obra de Dios, yo lo voy a hacer. Eso no fue diferente en la vida de Juan el Bautista, que fue decapitado. Eso no fue diferente en la vida de Cristo, que terminó crucificado. Filipenses 1:29: "Ah, este es el privilegio al que Dios te ha llamado." Dios nos ha concedido como privilegio no solamente ser salvos y vivir por Él, sino también sufrir por Él.
Si tú dices que tienes un llamado, tienes que saber que ese llamado viene con una responsabilidad que no se divorcia de él. El pueblo se rebeló. Dios enterró una gran cantidad de ellos durante 40 años en la arena, pero continuó avanzando hacia el final de sus propósitos.
Si hay algo que yo he aprendido a lo largo de mi vida, es que si tú y yo queremos caminar con Dios, tenemos que vivir una vida de fe. Una vida de fe que, por definición, es una vida más grande que el conjunto de todas nuestras habilidades. Déjame decir eso otra vez: es una vida de fe que es más grande que el conjunto de todas nuestras posibilidades o habilidades.
Ahora, fe no es que yo sueño algo y digo que lo voy a obtener y que entonces lo voy a conseguir. No. Eso es fe en la fe. Eso es fe en una quimera. Fe es creerle a Dios, creer las promesas de Dios, independientemente de las evidencias o de las consecuencias. Esa vida de fe es más grande que mis habilidades, mis concepciones, mis capacidades, y no ha sido de otra forma en ningún momento. Si es de Dios, tiene que ser más grande que tú. Tiene que continuar después de la muerte de Miguel Núñez, o era simplemente la visión de Miguel Núñez.
En tercer lugar, notemos la certeza de las promesas de Dios. Versículos 3 y 4: "Todo lugar que pise la planta de su pie les he dado a ustedes, tal como dije a Moisés, desde el desierto y este Líbano hasta el gran río, el río Éufrates, toda la tierra de los hititas hasta el mar grande que está hacia la puesta del sol, será territorio de ustedes."
Déjame comenzar con la primera parte del versículo: "Todo lugar que pise la planta de su pie les he dado a ustedes." Ese es el versículo que muchos han distorsionado groseramente. Esa es la palabra que se usa hoy en día para decir que tú puedes pensar en algo que deseas, proclamarlo, pisarlo, porque ya Dios te lo va a dar. Dios le dijo a Josué que cuando él pisara en un lugar donde Dios lo iba a estar conduciendo —a él y al pueblo que le acompañaba— Él le iba a dar esa tierra por donde Dios lo estaba guiando. Nadie más ha recibido esa oferta, ni esa promesa, ni esa confianza. Así puedes ver cómo la gente toma la palabra de Dios y la distorsiona porque no la conoce, no conoce su contexto.
Luego Dios procede a darle los límites de la tierra. En otras palabras: "Josué, tú no vas a entrar ahí y caminar por donde tú quieras, porque yo no te prometí cualquier tierra de aquel lado del Jordán. Yo te di los límites: desde aquí hasta allí, desde allá hasta acá. Esa es la tierra que yo te estoy otorgando. No vas a entrar a Canaán y poseer lo que tú quieras."
Ahora, escúchame. Dios le hizo una promesa a Abraham de una tierra para sus descendientes. Déjame decirte varias cosas, porque nos vamos a ir hacia atrás y luego nos vamos a ir hacia el futuro. Génesis 12: Abraham recibe la promesa de Dios de que sus descendientes recibirían una tierra, una promesa que es ratificada en Génesis 15. En Génesis 26:3, la promesa es ratificada a su hijo Isaac. En Génesis 28:13-14 y luego en Génesis 35:10, la promesa es ratificada a Jacob, hijo de Isaac, nieto de Abraham. Abraham, Isaac y Jacob.
Luego, ahora en Josué 1:3-4, Dios vuelve a mencionar la promesa de una tierra para los descendientes de Abraham. Déjame hacerte una pregunta: ¿tú sabes cuántas veces el Antiguo Testamento alude a una tierra que Dios le daría a los descendientes de Abraham? Para Israel —no para la iglesia, para Israel— 170 veces. Y de esas 170 veces, Dios menciona esa promesa 55 veces bajo juramento, bajo pacto.
¿Cuál es la probabilidad de que ese pueblo, esa descendencia de Abraham, no reciba la tierra que Dios prometió en el Antiguo Testamento? Cero. Escucha lo que Números 23:19 dice: "Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Lo ha dicho Él, ¿y no lo hará? ¿Ha hablado, y no lo cumplirá?" Es una imposibilidad que Dios haga una promesa a Abraham, la ratifique 150 y tantas veces, y que 50 y tantas de esas veces sea bajo juramento, y que ese pueblo no la vaya a recibir. No, no es posible. Podemos hablar de eso después, pero es un buen tiempo para recordar que Dios está manteniendo fiel lo que le habló una vez en Génesis a Abraham.
Número cuatro. Quiero que notes que Dios respalda a sus siervos en el cumplimiento de sus propósitos. Dios respalda a sus siervos, pero solamente en el cumplimiento de sus propósitos o promesas. Versículo 5: "Nadie te podrá hacer frente todos los días de tu vida. Así como estuve con Moisés, estaré contigo. Ni te dejaré ni te abandonaré." ¡Wow!
Nadie te podrá hacer frente, nadie podrá ser tu opositor y vencerte. No importa si esa persona es un ser humano, no importa si es un ser del dominio de las tinieblas, no importa lo que sea: Yo garantizo que nadie te vencerá. Y eso es un texto. Eso son palabras que Dios le repitió a diferentes personas y siervos en el cumplimiento de su labor. Escucha lo que Dios dice a Jeremías en 1:19 de su libro: "Pelearán contra ti, Jeremías," un profeta indefenso, llorón, como le decían, "pero no te vencerán, Jeremías, no te preocupes. Ellos van a pelear contigo, pero no te vencerán. ¿Por qué? Porque yo estoy contigo, declara el Señor, para librarte." Yo soy quien te libra. Confía en mí. ¡Wow!
Si tú le das para adelante al Antiguo Testamento y llegas al Nuevo Testamento, en Hechos 18:9-10, Dios le dice algo similar a Pablo. Por medio de una visión durante la noche, el Señor dijo a Pablo: "No temas, sigue hablando, no calles, porque yo estoy contigo. Nadie te atacará para hacerte daño, porque yo tengo mucha gente en esta ciudad." ¡Wow! Pablo, no dejes de hablar. No te intimides. No seas cobarde. Sigue hablando. Yo estoy contigo. Nadie te va a atacar.
Hermanos, la presencia del Señor no es tu mejor garantía, es tu única garantía, todo el tiempo, en todo lugar.
Esa es la razón por la que Moisés entendió eso bien. Cuando Dios amenazó al pueblo diciéndole a Moisés: "Yo no voy a seguir con este pueblo. Si yo sigo con ellos, lo voy a destruir. Yo le voy a enviar un ángel que irá delante y peleará la batalla y destruirá todos sus enemigos." Hoy en día muchos dirían: "¡Wow, qué bendición!" Pero no Moisés. Moisés dijo: "No, así no. Dios, si Tú no vas con nosotros, no nos hagas salir de aquí. Déjanos aquí. Yo no salí detrás de un ángel, yo salí detrás del Dios del cielo y la tierra." Moisés sabía: mi única garantía es que Tú estés con nosotros; si no, no hay garantías.
Y Josué había aprendido eso. Hermano, tus habilidades y capacidades no son tu mejor garantía para nada. Tampoco lo son tu experiencia, la experiencia acumulada, ni tu preparación académica, ni el dinero, ni las condiciones del momento, ni ningún otro ser humano. No, no, no, no. Tu mejor y única garantía es Dios y que Su presencia vaya contigo. Eso es lo que yo no puedo perder. Eso es lo que está conmigo toda la semana cuando yo estudio Su Palabra. Estoy loco por volver a predicarla. Y el próximo domingo, y el próximo domingo, me preguntan: "Pastor, ¿y tú no te cansas de eso?" No, no me canso, porque Dios no me puede cansar. Pero Su presencia tiene que estar, porque de lo contrario la vida cansa. Créeme que la vida cansa.
Versículo 5: "No te dejaré ni te abandonaré." Josué acompañó a Moisés por 40 años. Vio cómo Dios acompañó a Moisés todo el tiempo, cada día, en cada ocasión. Josué fue testigo de los grandes milagros. Fue testigo de cuando Dios le dijo a Moisés: "Yo no te voy a dejar ni te voy a desamparar." Lo que Dios le está recordando a Josué ahora, hermano, Dios te lo está recordando a ti también.
Nunca consideres la remota posibilidad, si tú eres Su hijo, de que Dios se ha olvidado de ti. No, eso es pecar contra Dios: pensar que Dios se volvió demente, o que está sufriendo amnesia, o que perdió Su fidelidad, y que de repente, después que Él te escogió en la eternidad pasada y después que envió a Su Hijo quien derramó sangre por ti, ahora en la mitad del camino Dios se desentendió de ti. No, es imposible. No importa dónde tú estés, Dios está ahí. Amén.
Pastor, ¿y si estoy viviendo en desobediencia? Dios está ahí. Y ese es el problema: que Dios está ahí cuando me porto bien y cuando no me porto tan bien. Escucha a David en el Salmo 139:7: "¿A dónde me iré de Tu Espíritu, o a dónde huiré de Tu presencia? Si yo voy a los cielos, ahí me encuentro contigo. Si voy al Seol, ahí estás Tú." Si salgo corriendo, me choco contigo, porque Tú llenas cada pulgada cúbica del universo entero. Tú nunca escapas a los ojos de Dios. ¡Wow!
Dios le está diciendo a Josué: "Yo voy a cumplir mi promesa, la voy a cumplir a través de ti." La pregunta nunca es si Dios va a cumplir Su propósito, sino si yo voy a creer los propósitos de Dios anunciados para Sus hijos. Porque Dios nunca, nunca, en buen dominicano: jamás y nunca abandona a los Suyos. Amén. Al que es Suyo, dice la canción, nunca dejará perder.
En quinto lugar, nota que el espíritu de cobardía es incompatible con los propósitos de Dios. Eso otra vez: el espíritu de cobardía es incompatible con los propósitos de Dios. Versículo 6: "Sé fuerte y valiente." Número uno. Versículo 7: "Solamente sé fuerte y muy valiente." Número dos. Versículo 9: "Sé fuerte y valiente, no temas ni te acobardes." Número tres. Tres veces, en tres versículos, enfatizada la misma cosa con diferentes palabras.
Si tú y yo queremos vivir los propósitos de Dios, tú y yo tenemos que ser hombres y mujeres de fe. Y la fe produce valor, valentía. La valentía no es algo que surge de mí, ¿no? Tú puedes tener bravuconería de esa manera. Pero valentía para continuar cuando la evidencia no existe, para continuar cuando la oposición aumenta, eso es fruto de la fe en el Dios del cielo y la tierra.
Ahora, recuerda que eso es lo que Dios ha pensado para cada uno de Sus hijos, y no solamente para Josué. Escucha lo que Pablo escribe a Timoteo en su segunda carta, en 1:7: "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, no, no, no, eso no es de Dios, sino de poder, de amor y de dominio propio."
La verdadera fe no se atemoriza ante las adversidades. Claro que no. La verdadera fe reconoce: "Esto es una adversidad, es un problema turbulento, pero sabes qué, Dios lo ha aprobado. Pasó por las manos de Dios. Dios lo aprobó para que llegara a mí." Y la verdadera fe toma la adversidad como una oportunidad para que la fe sea probada. Eso es exactamente lo que Dios le dice al pueblo israelita antes de sacarlo al desierto: "Te saqué al desierto para probarte, para humillarte y saber lo que había dentro de ti, que tú no sabías." Entonces, la adversidad es una oportunidad para que Dios pruebe la fe y, al mismo tiempo, cultive y fortalezca la fe de Sus hijos.
Ahora escucha otra vez. Tener fe madura, verdadera, completa, absoluta, no es garantía de que todo va a salir bien como yo pienso que bien es. No, no, no, no.
Porque Juan el Bautista tenía fe y lo decapitaron, ¿recuerdan? Y Cristo, no podía nadie tener mayor confianza en su Padre que Cristo, el Hijo, y lo crucificaron.
No, lo que la verdadera fe hace es que vive las circunstancias y sabe que no importa lo dolorosa que sea, lo sacrificial que sea, al final de la historia todo cooperará para bien, conforme a los propósitos de Dios, conforme a la historia. Tú debieras recordar las letras de la canción "Providencia" que hemos cantado varias veces en los últimos domingos. Yo no me la sé en orden, pero yo me sé las letras. ¿Tú sabes lo que dice? "Yo conozco la historia. Yo conozco la historia. Yo conozco el final. La gloria tendrás." Yo sé que al final nosotros ganamos.
Yo sé que al final yo voy para donde verdaderamente Dios me creó, para un mundo de la eternidad, donde no hay muerte, no hay dolor, no hay llanto, no hay nada de lo que nosotros padecemos ahora. Por consiguiente, mi mente y mis propósitos están en aquel lado, no de este lado. Esto es un mundo efímero, temporal, que hoy está y mañana no está. Y entonces ahora yo creo las promesas de Dios, las vea, las reciba o no las reciba. Las promesas de Dios, en el momento en que Él las hace, son tan ciertas como la realidad de las promesas.
Si tú dices: "No, yo tengo la fe de que el año que viene yo voy a ir a Europa", bueno, eso es fe en la fe, hermano. Dios no te ha hecho esa promesa. Cuando Dios va del cielo y te dice: "Te aseguro, en el 2027 vas a ir a Europa", entonces eso es fe, porque Dios te prometió algo, ¿no? La fe es creer las promesas de Dios. Y la fe dice: la adversidad, por orquestación de Dios, va a salir bien, a la manera mía no necesariamente, pero todo cooperará para bien.
Número seis: nota que la obediencia es el requisito número uno, requisito número uno para caminar con Dios y entrar en sus propósitos. Y ahí es donde la mayoría de los hijos de Dios no pasan con buenas notas, o quizás no pasan. Versículo 7, segunda parte: "Cuídate de cumplir toda la ley que Moisés, mi siervo, te mandó. No te desvíes de ella ni a la derecha ni a la izquierda." Wow. Eso es un llamado a la obediencia absoluta.
Recuerda que una obediencia incompleta es desobediencia total. Nota la precisión del llamado: "Cuídate." Primer énfasis. "Cuídate de cumplir toda la ley." Recuerda eso: toda la ley. Porque al final vamos a volver ahí, ¿no? Una parte no es la mayoría. Nota el énfasis otra vez: no solamente que cuides de cumplir toda la ley, sino "no te desvíes ni a la derecha ni a la izquierda." Es lo mismo que acaba de decir, simplemente con mejores colores.
Ahora, en términos prácticos del día a día, eso es lo que Dios está diciendo: no te distraigas. Como Eva hizo, que se puso a hablar con una serpiente que ya ni siquiera conocía y olvidó mi palabra para seguir su palabra. No te distraigas. No te entretengas con las tentaciones que el mundo te va a presentar, como David hizo y desobedeció mi ley. No te dejes seducir como Sansón con Dalila. No te dejes comprar como Balaam, profeta de Dios que se dejó comprar y Dios tuvo que desecharlo. No cedas, no cedas ni una pulgada, ni una pulgada a tus deseos de la carne, porque te harán olvidar mi palabra y luego violentar mi palabra. No la hagas. No te desvíes ni a la derecha ni a la izquierda. Wow.
Versículo 8. Todavía estamos en el énfasis en la obediencia. "Este libro de la ley", el mismo libro de la ley de Moisés, los primeros cinco libros de la Biblia, es la ley de Moisés. Moisés lo escribió y ahora Josué lo tiene. "Este libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él día y noche, para que cuides de hacer todo lo que en él está escrito." Wow.
"No se apartará de tu boca." En otras palabras, esto no es que tú lo vas a leer en privado solamente. Yo quiero que cuando tú hables compartas esto, que cuando alguien te pida consejo uses mi palabra para aconsejarlo. Recuerda lo que la Palabra dice. Ah, eso es buena pregunta, pero la Palabra dice. "Este libro de la ley no debe apartarse de tu boca." Además, tampoco debe apartarse de tu mente: o la lees o la meditas, o la meditas después que la lees.
En otras palabras, no puedes oír el mensaje de esta mañana o leer Josué capítulo 1, irte y no volver a pensar más en eso en el resto de la semana. ¿Sabes por qué? Porque esta tarde lo vas a olvidar, y cuando lo olvidas esta tarde, esta noche vas a desobedecerla. Eso es lo que ocurre. Porque ni lo meditas para recordar mi palabra, cuando puedes ir rumiándola, porque lo contrario ya sé lo que va a pasar. Además, cuando no la meditas, no la tienes muy presente a la hora del temor, la incertidumbre, la disyuntiva: si a la derecha o a la izquierda, me confundo. Y en la confusión tú ni siquiera recuerdas lo que tú sabes.
Hay textos de la Palabra, no solamente que lo leíste una vez; más de una vez lo escuchaste predicar, más de una vez tú sabes el texto, pero a la hora de decidir ni te acordaste. ¿Sabes por qué? Porque como no te acostumbraste a rumiar mi palabra, no lo tienes presente a la hora de tomar decisiones en medio de la confusión.
Y la gente a veces me pregunta, a veces en domingo: "Pastor, ¿y cómo usted se recuerda de estos pasajes bíblicos, de su contenido, de las citas?" Esa es la misma pregunta que yo me hago: ¿y cómo es que tú eres un fanático del béisbol y te acuerdas de cuántas carreras bateó fulano, cuántos ponches hizo tal pitcher, cuántos jonrones ha dado, o tú recuerdas el récord de fulano y sutano en baloncesto, en fútbol o en tenis? Yo no sé cómo ustedes se recuerdan, pero si yo sé cómo yo recuerdo lo que yo sé, yo sé lo que tú haces con esos récords. Pero no lo haces con el récord de Dios.
¡Uf! Hermanos, este es el récord de Dios. ¿Tú quieres saber cuántos jonrones Dios ha dado? Aquí está. ¿Tú quieres ver todo lo que Dios ha hecho? Aquí está. Las obras que nadie ha hecho, que no las podía ni soñar ni imaginar. Ese es su récord. Ignoramos la Palabra, desconocemos sus implicaciones, no la recordamos en el momento en que tenemos que recordarla.
¿Sabe lo que me llamó la atención estudiando sobre este texto? La palabra que el texto usa para decir "meditarás en ella", en todas las otras ocasiones del Antiguo Testamento no la traduce como meditar, sino que la traduce como murmurar o hablar. O sea, que tú la meditas para que la hables, tú la meditas para que la puedas hablar. Wow. Es como el propósito de que tengas esta Palabra: que la compartas. Eso es exactamente lo que Deuteronomio 6 dice con relación a los padres y los hijos: "Estas palabras que yo te mando hoy estarán sobre los postes de tu casa, y le hablarás a tus hijos cuando te levantes, cuando te acuestes, le hablarás. Estarán en tu boca, en tus labios." Wow.
Y Dios le dice, entonces, entonces podrás tener el cumplimiento de mis propósitos. Mis propósitos son invariables, pero no sin condiciones. Ahora lo ilustro de una mejor manera. De nuevo, versículo 7: "No te desvíes ni a la derecha ni a la izquierda."
Vamos a hablar ahora de lo que acabo de mencionar. Séptimo lugar: Dios condiciona el éxito de Josué, y el tuyo, a la obediencia, el éxito a la manera de Dios. Porque, hermanos, yo sé que mucha gente en desobediencia tiene éxito. Sí, pero ese éxito, ¿a dónde te lleva? A la condenación eterna. Dios define el éxito de una manera muy distinta a como la Real Academia define el éxito en el diccionario. Muy diferente. Como decía alguien: fracasar es tener éxito en las cosas que no importan. Uy. Fracasar es tener éxito en las cosas que no importan.
Entonces, ¿cuáles son las condiciones del éxito? Versículo 7: "No te apartarás de esta ley, ni a la derecha ni a la izquierda. Para que tengas éxito donde quiera que vayas." Versículo 8, segunda parte: "Que cuides de hacer todo lo que en él, este libro de la ley, está escrito, y entonces harás prosperar tu camino y tendrás éxito." Ahí está.
Dios promete algo, pero no sin condiciones. Desde el punto de vista de Dios, sus promesas son incondicionales. Sí, es verdad. Te dije que íbamos a entrar a la tierra prometida. Vamos a llegar a la tierra prometida. Lo que yo no te prometí es que todo el mundo que salga de Egipto va a llegar a la tierra prometida. No, eso no, porque eso es condicionante y tiene que ver contigo. Ni Moisés pudo entrar. Wow.
Entonces, si hay algo que Dios dejó claro en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento, es que la obediencia es el requisito número uno para caminar con Él.
Pastor, ¿y cómo se define la obediencia? Es la definición más sencilla que existe, pastor. Pero que obedecer es complicado, ¿no? Yo estoy diciendo que la definición es sencilla. Obediencia es ponerse de acuerdo con Dios. Así, así mismo. Si tú no estás de acuerdo con algo que está aquí, averigua quién está equivocado, porque Dios no lo es.
Ahora, ¿qué es lo que hace la obediencia compleja? Bueno, yo te voy a decir ahora: la obediencia tiene un costo, pero la desobediencia tiene un costo mayor. La pregunta es: ¿cuál tú quieres pagar? La obediencia tiene un costo, la desobediencia tiene otro, pero es mayor.
Aquí está. La obediencia requiere —aquí están los costos de la obediencia— sumisión a los planes de Dios. Obediencia requiere sumisión. Okay, ahora tengo que definir la palabra sumisión. La sumisión no es solamente someterte, porque la gente —valga la redundancia— la gente se somete a los dictadores y los odia. No, no, no. Tengo que definir eso mejor.
La verdadera obediencia implica someterte, siempre y cuando la sumisión implique una rendición de todas las áreas de mi vida. Todas las áreas, absolutamente todas, y a su voluntad. Cristo en Getsemaní: "Hágase tu voluntad y no la mía." ¿Okay? Obediencia, sumisión, rendición. La rendición tiene un costo: requiere una muerte. La muerte del yo. Eso es lo que no queremos.
Yo quiero lo que yo quiero. ¿Cuándo yo lo quiero? ¿Cómo yo lo quiero? De la manera como yo lo quiero. Con la intensidad que yo lo quiero. Pero recuerda, te decía que la desobediencia tiene un costo mayor. Recuerda que obediencia tardía es desobediencia temprana. Yo lo voy a hacer, pero yo he oído cosas como estas: después que yo me case, después que yo tenga mis hijos y los hijos se hayan ido, ah, después que ya yo esté en edad avanzada. La obediencia tardía es desobediencia temprana.
Si vas a esperar que la obediencia no duela para hacerlo, eso no es obediencia, eso es conveniencia. Si la obediencia nunca te va a doler, eso es conveniencia. Y la obediencia parcial es desobediencia total.
De nuevo, tú puedes tener éxito viviendo en desobediencia, pero para la gloria no es que ese camino te lleve; créeme, te lleva al fracaso eterno.
Ahora, pensando en términos aplicativos del día a día, ¿verdad? Es impresionante ver la frecuencia con que los hijos de Dios viven en desobediencia y oran, y al orar esperan respuestas de parte de Dios de forma rápida y fiel. Como que Dios está diciendo: "Espérate, vamos a ver, déjame ver la cosa. Tú me eres infiel, tú me pides algo y en tu infidelidad tú esperas que yo responda a tu oración fielmente y rápido."
"Pastor, porque yo tengo dos semanas orándole a Dios y todavía no me responde." Tengo un mes orándole a Dios y todavía no me responde. ¿Y tú crees que hay mucho? Okay. Seis meses. ¿Tú crees que hay mucho? Un año. ¿Tú crees que es mucho? ¿Tú sabes cuántos años pasó Cristo para predicar su primer sermón? ¿Tú sabes cuánto? Treinta años. Treinta años. ¿Sabes cuántos años pasó el pueblo para entrar a la tierra prometida? Cuarenta años. Tenemos dos mil años esperando que Él regrese, y tú me estás diciendo que tienes seis semanas y que el Señor no te habla y que eso es demasiado tiempo.
No. El Señor siempre contesta tus oraciones. La pregunta es si yo oigo su respuesta. Porque las innumerables veces que Dios te ha dicho que no, tú dices que no te ha respondido. No, es que no te gusta el no. ¿Y cómo yo sé que es no? Porque no ha ocurrido. Es como que no hay que darle ni mente. Como decimos aquí: los "no" de la vida son los "sí" de Dios. Los "no" de la vida son los "sí" de Dios.
Mira cómo el texto de hoy cierra, diciéndole a Josué, ya te he dicho todo esto. Versículo 9: "¿No te lo he ordenado yo? ¿Cómo qué más yo tengo que hacer?" Eso es suficiente. Y Él vuelve y le dice: "Oye, sé fuerte y valiente, no temas ni te acobardes" —cuatro veces la misma cosa con diferentes palabras—. ¿Por qué? "Porque el Señor, tu Dios, estará contigo donde quiera que vayas." Wow.
Tu mejor garantía es que Dios vaya contigo. Cuando Dios no está contigo —Dios es omnisciente y omnipresente, está en todo lugar, entiende la idea— cuando Dios no está contigo en tus propósitos, tú no tienes ninguna garantía. Dios le está diciendo a Josué básicamente: "Oye, tú tienes una sola responsabilidad: obedecer. La mía es proveerte lo que tú necesitas mientras tú me obedezcas para que lleves a cabo mis propósitos. Es mi responsabilidad permanecer contigo."
¿Sabes qué? La conexión entre obediencia y permanencia es tan contundente a lo largo de toda la Biblia, que cuando Dios le va a dar a los discípulos la Gran Comisión en Mateo 28 —nosotros somos parte de la Gran Comisión, la predicación del evangelio hasta los fines de la tierra, nosotros formamos parte de eso—, cuando Dios le va a dar a los discípulos la Gran Comisión, escúchale, escucha lo que les dijo: "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra." Primera garantía: Yo lo gobierno todo, tengo toda la autoridad.
"Ahora vayan pues, hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo." Aquí viene el versículo 20: "Enseñándoles a guardar todo." ¿Te acuerdas de toda la ley? Yo te dije que guardáramos eso porque vamos a regresar ahí al final. "Enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado." No es una parte de la ley, la mayoría no; absolutamente todo. Y recuerden ahora la conexión: "Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo."
Obedezcan, y Yo estaré detrás de su obediencia. Lo que Dios comienza, Dios termina. Pastor, ¿y qué evidencia tengo yo de que Dios lo va a terminar? Que lo comenzó. La evidencia de que Dios va a terminar algo es que lo comenzó. Pablo le escribe a los filipenses —creo que en el capítulo uno— dice: "El que comenzó la buena obra en ustedes la completará." La termina hasta el día final. Claro que lo terminará.
Dios es un Dios de pactos. Dios es un Dios de promesas. Lo que Dios promete, Dios lo hace realidad. ¿Por qué? Porque Dios es un Dios fiel. Aun cuando tú eres infiel, está en la Palabra. Dios es un Dios sabio sin medida. Dios es todopoderoso para vencer cualquier obstáculo que quiera oponerse a la realización de sus propósitos. Dios es omnisciente para conocer el final desde el principio.
En la eternidad pasada, Dios sabía que en este lugar, en este 4 de enero, celebrando 28 años, estaría algo llamado la IBI celebrando su nacimiento 28 años después. Desde la eternidad pasada lo sabía, porque Él es omnisciente. La omnisciencia implica que Dios nunca ha aprendido nada nuevo. Nosotros no entramos aquí esta mañana diciendo: "Oh, wow, están celebrando 28 años, no me había dado cuenta." No, eso no ocurre con Dios.
Y Dios cumple sus propósitos porque Él es santo. Dios jamás, jamás podrá en su santidad retractarse de algo que Él haya jurado, porque cuando Él da su palabra, Él empeña el honor de su nombre.
De manera que hoy yo quiero invitarte a todos nosotros, 28 años después, a que recuerdes que Dios es fiel, pero es fiel a sus propósitos. Que nosotros tenemos el gran privilegio de haber sido llamados por Dios desde la eternidad pasada.
Hay otro privilegio de haber sido lavado por la sangre de Cristo, pero con cada privilegio viene una enorme responsabilidad de vivir una vida de obediencia a sus propósitos, de tal forma que nosotros podamos ser fieles a nuestro llamado, como Él es fiel al llamado que nos hizo, y hasta el final de ese propósito con que Él nos hizo nacer a cada uno de nosotros.
Padre, gracias. Gracias por tu fidelidad, que Tú no tienes que probársela a nadie, pero que has dejado en tu récord las historias de tu fidelidad para con los tuyos, Señor. Lo que Tú hiciste en el día de ayer, Tú lo puedes hacer otra vez en el día de hoy. Tú eres el mismo Dios, el de ayer, de hoy y de siempre.
Señor, ayúdanos a creer tu Palabra. Señor, somos tan dados a pensar: "Si Dios me hablara hoy audiblemente, entonces yo haría, yo creería." Señor, recuérdanos que cuando queramos oírte hablar audiblemente, es tan fácil hacerlo: solamente tenemos que abrir la Biblia, leerla en voz alta, y esa eres Tú hablando audiblemente.
Señor, ayúdanos a recordar que Tú eres un Dios de pactos, un Dios que cumple sus promesas. Ayúdanos a ser fieles hasta que entremos en gloria, que se pueda decir: "Aquí vivió, murió y yace un hombre, una mujer que fue fiel a los propósitos de Dios." En tu nombre te lo hemos pedido. Su pueblo dice: "Amén." Amén. Nos ponemos de pie y cantamos a ese Dios fiel a sus pactos.