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Sermones

La gracia de Dios luego de lidiar con el pecado

Miguel Núñez 27 enero, 2026

La victoria en Jericó fue proclamada por Dios antes de librarse; la derrota en Hai fue consecuencia de la infidelidad del pueblo. Entre ambos capítulos de Josué se revela una verdad que atraviesa toda la Escritura: la obediencia tiene recompensa, pero la desobediencia tiene consecuencias. Dios siempre está dispuesto a bendecir a los suyos, pero solo en el camino de la obediencia, y cuando hay pecado de por medio, él debe lidiar con él antes de restaurar su presencia manifiesta.

El problema comenzó cuando un hombre llamado Acán tomó del anatema —objetos dedicados a destrucción que Dios había prohibido tocar. Sus ojos vieron un manto, plata y oro; los codició y los escondió. Este patrón es el mismo del Edén: ver, codiciar, tomar. Y es el mismo de David con Betsabé. La codicia entra por los ojos, y el corazón humano nunca se sacia. Por eso Dios incluyó en los diez mandamientos una ley específica contra ella.

Lo más impactante es que el pecado de un solo hombre hizo que toda la nación fuera declarada anatema. Treinta y seis soldados murieron, el pueblo huyó aterrorizado, y Dios dijo claramente: "No estaré más con ustedes a menos que destruyan las cosas del anatema de en medio de ustedes." La eficacia de nuestras oraciones queda cancelada por la infidelidad de nuestras acciones.

Solo después de confesar y remover el pecado, el pueblo pudo avanzar. El pastor Núñez subraya que Dios no aminora sus consecuencias porque nosotros lo pidamos; más bien, debemos reconocer como David: "Eres justo cuando hablas y sin reproche cuando juzgas."

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Algunos de ustedes recordarán que el último mensaje predicado en esta serie, que se sigue extendiendo, tiene el título de "La gracia de Dios que nos rescata". Ese es el título de la serie: la gran caída que sostuvimos en Adán y Eva, y la gracia de Dios que nos rescata. Estuvimos entonces, en ese último mensaje de esta serie, en Josué capítulo 1.

Moisés había muerto, 40 años habían pasado. Toda una generación entera quedó enterrada debajo de la arena. Una nueva generación había sido levantada bajo el liderazgo de Josué. Están a punto de cruzar el Jordán. Y Dios habló con Josué y le dio ciertas garantías y, al mismo tiempo, le recordó que las garantías de Dios vienen con ciertas condiciones.

En esencia, esto es lo que Dios le dice a Josué en el versículo 5, capítulo 1: "Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida. Nadie, absolutamente nadie. Así como estuve con Moisés, estaré contigo. No te dejaré ni te abandonaré." Esa es la promesa: yo te prometo que en todos los días de tu vida yo estaré contigo, nadie podrá hacerte frente.

Pero al mismo tiempo, Dios le recordó a Josué que había ciertos requisitos que él, y nosotros, tenemos que llenar. Escucha lo que le dice en los versículos 8 y 9 del capítulo 1. Estoy tratando de situarte otra vez en tiempo y espacio, como frecuentemente digo. Estas son las palabras: "Este libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él día y noche, para que cuides de hacer todo lo que en él está escrito, absolutamente todo. Porque entonces harás prosperar tu camino y tendrás éxito. ¿No te lo he ordenado yo? Sé fuerte y valiente. No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo donde quiera que vayas." ¡Tremenda promesa!

La primera ciudad a conquistar, una vez que el Jordán fue cruzado, fue la ciudad de Jericó. Esa conquista es narrada en el capítulo 6, el capítulo anterior a donde estamos, y es una narración impresionante, porque ellos ganan sin armas, sin espadas, sin escudos. Ganaron la batalla porque Dios había entregado el pueblo a ellos. En ese sentido es que me estaba refiriendo a que Dios le dio la victoria, proclamó la victoria antes de que ellos lucharan por ella. La conquista de Jericó fue una obra divina declarada por Dios, como acabo de decir, antes de que ellos pusieran un pie en Jericó.

El próximo capítulo, que es donde estamos, capítulo 7, es completamente lo opuesto. Es como pasar de la cima de la conquista de Jericó a lo más profundo del valle. Y la pregunta sería: ¿cuál fue la diferencia, cuando Dios ha prometido que nadie te podría hacer frente? Bueno, la victoria del capítulo 6 estuvo relacionada a la obediencia a Dios, y la derrota en el capítulo 7 está relacionada a la desobediencia al mismo Dios.

Nosotros no podemos olvidar, lo hemos dicho a lo largo de esta serie, que la obediencia tiene un costo, pero la desobediencia tiene un costo mayor. La obediencia tiene un costo, pero tiene una recompensa. La desobediencia tiene un costo mayor, y lo que tiene es una consecuencia. No lo olvides: la obediencia tiene una recompensa y la desobediencia tiene una consecuencia. Y eso queda ilustrado en los capítulos 6 y 7 de Josué.

Dios siempre está dispuesto a bendecir a los suyos, pero en el camino de la obediencia. Eso es algo que a nosotros se nos olvida continuamente. Y cuando Dios no nos encuentra en el camino de la obediencia, Él estaría dispuesto a bendecirnos otra vez, pero no sin antes lidiar con el pecado.

Recuerda que el apóstol Pablo nos dice que nosotros hemos recibido riquezas en gloria, todas las riquezas en gloria, en Cristo. Pero para que Dios nos bendijera con tales riquezas en Cristo, a ese Cristo hubo que matarlo primero. Dios no te va a bendecir sin lidiar con el pecado primero. Y lo podemos ver en la cruz: de la cruz en adelante es que yo recibo todas las bendiciones en gloria, pero Dios Padre tuvo que lidiar con el pecado sobre la espalda de Su Hijo.

Y ahora en el capítulo 7 de Josué vamos a ver algo como eso. Ese es el título de mi mensaje, habiendo dicho lo que he dicho: la gracia de Dios luego de lidiar con el pecado, porque eso es exactamente lo que aquí vemos. Es un capítulo largo, 25 versículos. Yo los voy a cubrir, Dios mediante, pero no lo voy a leer todo de un golpe, como decimos nosotros aquí en República Dominicana, sino que yo te voy a ir llevando a lo largo del relato y voy a ir comentando lo que leemos.

Entonces, lo primero que vamos a leer es solamente el versículo uno. Escucha. Desde que yo leo una victoria en el capítulo 6, volteo la página y voy al capítulo 7, y hay un "pero". Ya hay problemas. Es como que ya yo sé que las cosas no van a ser igual.

"Pero los israelitas fueron infieles." Subrayo esa palabra. Dios usa palabras fuertes para ayudarnos a entender qué pasa cuando pecamos. "Fueron infieles en cuanto a las cosas dedicadas al anatema, porque Acán, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó de las cosas dedicadas al anatema. Entonces la ira del Señor se encendió contra los israelitas."

Nosotros no hemos leído el pasaje entero y ya sabemos de qué trata. En esencia, el pueblo ha sido infiel y su infidelidad ha disparado, ha encendido la ira del Señor. Y el mismo versículo es impresionante, porque pocas veces tú encuentras un resumen tan rápido de toda una narración. En el primer versículo encontramos cuál fue la causa de la infidelidad y la causa de la ira de Dios: Acán tomó del anatema.

¿Qué es eso? ¿Cuándo pasó? Bueno, si tú lees la conquista de Jericó, Dios dijo que ellos no tomaran nada para sí de las cosas capturadas de la ciudad de Jericó, porque la ciudad y sus habitantes por completo eran parte del anatema. La palabra anatema implica condenación, maldición. De hecho, lo tomado de la ciudad sería como rededicado a Dios. Y Acán ha tomado del anatema.

Es increíble, porque los 40 años anteriores, bajo el liderazgo de Moisés, el pueblo se caracterizó por la desobediencia, la rebelión y la ingratitud una y otra vez. Ahora estamos con una nueva generación que entendió, que supo, que algunos vivieron parte de esas consecuencias. Y al final del capítulo 1, donde Dios bendice a Josué y le dice que va a estar con él todos los días de su vida, escucha el compromiso que el pueblo hizo con Dios y con Josué como el líder designado.

Al final del capítulo 1, donde Dios dice a Josué: "Tú eres el nuevo líder, yo voy a estar contigo. No te apartes ni a la derecha ni a la izquierda", escucha cómo el capítulo cierra, versículo 16: "Y ellos respondieron a Josué: 'Haremos todo lo que nos has mandado, y a donde quiera que nos envíes iremos.'" Hicieron un compromiso con Dios a través de Josué. El versículo 18, que cierra el capítulo 1 de Josué: "Cualquiera que se rebele contra tu mandato y no obedezca tus palabras en todo lo que le mandes, se le dará muerte. Solamente sé fuerte y valiente."

El pueblo se colocó, ellos mismos se colocaron, bajo juramento: vamos a cumplir todo lo que tú has mandado. Pero si en el proceso de la conquista, que duró 5 a 7 años, alguien se rebela contra tus palabras, Josué, nosotros nos vamos a encargar de darle muerte. Esas fueron las condiciones. De manera que la nueva generación entró en un pacto de compromiso con Dios y con Josué.

Entonces, ¿de qué habla el texto? Habla de la infidelidad de parte del pueblo y de la ira de un Dios santo que fue provocada por un pueblo infiel, o por alguien dentro del pueblo, infiel. Versículo 2: Josué envió hombres desde Jericó a Hai, el nombre de la próxima ciudad, que está cerca de Bet-avén, al este de Betel.

Unas diez millas de distancia con relación a Jericó, y les dijo: "Suban y reconozcan la tierra." Y los hombres subieron y reconocieron esa ciudad. Cuando volvieron a Josué, le dijeron: "Que no suba todo el pueblo. Solo dos o tres mil hombres subirán, no hagas cansar a todo el pueblo subiendo allá, porque ellos son pocos."

Josué, un estratega militar, lo probó bajo Moisés, lo probó en Jericó, y ahora él entendió como estratega militar que debía enviar una comisión, algunos hombres, a inspeccionar la próxima ciudad a conquistar.

Pero yo no sé si tú lo viste, pero yo lo vi. Aquí hay un problema. Es que estos hombres van a ver qué se requiere, y cuando regresan a Josué, dicen: "Lo que necesitamos son dos o tres mil hombres. Son pocos hombres, de manera que no canse al pueblo." No está dicho así, pero es como decir: "Nosotros podemos."

A ellos se les está olvidando que Israel nunca ganó una batalla porque ellos pudieran o no pudieran. Ellos ganaron las batallas siempre y cuando Dios estuviera con ellos.

Entonces, en esta propuesta de estos hombres a Josué, Dios no está en la ecuación, hermanos. Una y otra vez yo te voy a recordar eso: cuando Dios no está en la ecuación, no sigas. Es más, cuando Dios no está al principio de la ecuación, no ves el próximo paso. No es tu experiencia, no son tus dones, no son tus talentos, no es tu conocimiento. No, no, no, no, no. La ciudad era pequeña, pero tú necesitas a Dios más que cualquier otra cosa.

Yo creo que los espías, por un lado, se sintieron confiados y entendieron que podían conquistar la ciudad. Pero de nuevo ahí hay un problema, porque yo puedo decir que yo preparé el mensaje, hice toda mi exégesis, todas mis averiguaciones. El éxito de lo que pudiera pasar, si pudiera usar esa palabra hoy, no tiene nada que ver con mi preparación. Tiene que ver con Dios, pero yo tengo que estar bien preparado.

De manera que es algo que tú puedes ver entre líneas. Y nosotros tendemos a hacer la misma cosa. Hacemos planes, planes que nosotros comenzamos, ideas que nosotros tuvimos, pero que en ningún momento Dios ha iniciado, ni las ideas ni los planes. Y es lo que yo quiero hacer. Pensamos que ya la experiencia o los años que tengo en la vida cristiana me dan lo que se requiere para iniciar. Pero, ¿sabes qué? No podemos nunca olvidar la enseñanza del Salmo 127, versículo 1: "Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican. Si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia."

Hermanos, yo no sé cuáles son tus ideas, tus planes, tus sueños, tus ambiciones, qué quieres para el futuro. Lo que sí yo te puedo decir es: si el Señor no es quien ha comenzado esos sueños en ti, ten por seguro que los sueños se volverán una pesadilla. Y la Palabra está ahí para ilustrarlo de principio a fin.

El capítulo 7 de Josué no dice nada, yo no sé si lo hicieron, pero no dice nada de que Josué haya orado. Después de orar y después de haber visto el tamaño de la ciudad, yo creo que con la ayuda de Dios podemos ir dos o tres mil hombres solamente, de manera que no canses al pueblo. No, eso no está ahí. Yo no estoy diciendo que no ocurrió, pero dado el resultado, no creo que ocurriera. Versículos 4 y 5: "Así que subieron allá unos tres mil hombres del pueblo." No dos mil, tres mil. "Pero huyeron ante los hombres de Ay. Los hombres de Ay hirieron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los persiguieron desde la puerta hasta Sebarim y los derrotaron en la bajada. El corazón del pueblo desfalleció y se hizo como agua."

Mira la diferencia. Cuando el pueblo se estaba preparando para entrar a Jericó, el texto dice que los habitantes de Jericó estaban muertos de miedo, de temor, porque habían oído lo que el Señor su Dios había hecho con ellos en el desierto, cómo los había librado de todo tipo de mal. Ahora, cuando esta derrota ocurre, quienes están con el corazón hecho agua es el pueblo de Dios. Al revés.

Tres mil hombres huyeron, treinta y seis de ellos heridos, no sé cuántos murieron. En la bajada los derrotaron, y el corazón del pueblo desfalleció, se atemorizó, se amedrentó. El pueblo que estuvo lleno de valor para entrar a Jericó ahora es el pueblo que está amedrentado. ¿Y cuál es la razón? Bueno, en el pueblo, o entre el pueblo, ha habido infidelidad hacia Dios.

La infidelidad del pueblo, o de uno de sus miembros, hizo que Dios retirara su presencia manifiesta. Dios es omnipresente. El Espíritu Santo está en ti. Pero cuando Dios retira su presencia manifiesta, en esencia lo que está diciendo es: "Sigue tu camino. Tú lo puedes hacer. ¿Tú crees que tienes experiencia? ¿Tú crees que tienes conocimiento? ¿Tú crees que tienes la fortaleza y la sabiduría? Puedes seguir sin mí." No cuenta.

Escucha la diferencia en el capítulo anterior, Josué 6, versículos 1 y 2: "Jericó estaba bien cerrada, muy bien cerrada, por miedo a los israelitas. Ellos eran los que tenían el miedo. Nadie salía ni entraba. Pero el Señor dijo a Josué: 'Mira, he entregado en tu mano a Jericó y a su rey con sus valientes guerreros.'" En otras palabras, no tienes nada que preocuparte. La victoria está cantada, como diríamos nosotros. ¿Te imaginas que todo lo que fueras a emprender, Dios te dijera: "No te preocupes, la victoria ya ha sido determinada. La victoria fue proclamada antes de librarla"?

Pero en la captura de Jericó hubo grandes diferencias con la derrota en Ay. Hermano, no olvides que la eficacia, escucha, porque muchos de nosotros oramos y pensamos que Dios no nos oye, o decimos: "Tengo tanto tiempo orando y Dios no me da respuesta." La eficacia de nuestras oraciones es cancelada por la infidelidad de nuestras acciones. Déjame decir eso otra vez. No estoy diciendo ni siquiera que es debilitada. La eficacia de nuestras oraciones es cancelada por la infidelidad de nuestras acciones.

Entonces, ahora el pueblo está derrotado. Salieron corriendo, treinta y seis heridos, el pueblo amedrentado. Versículo 6: "Entonces Josué rasgó sus vestidos y postró su rostro en tierra delante del arca del Señor hasta el anochecer." No sé a qué hora de la mañana ocurrió, pero probablemente te imaginas todo un día postrado en tierra delante del arca del Señor, que representa la presencia de Dios, él y los ancianos de Israel. Y echaron polvo sobre sus cabezas. Esa era la manera en que el pueblo hebreo expresaba su búsqueda de Dios en humillación, y al mismo tiempo la manera como expresaban su preocupación cuando alguna circunstancia se salía de sus manos, tenía un mayor tamaño de lo que ellos pudieran manejar y querían apelar a Dios. Se humillaban, se postraban en tierra, rasgaban sus vestidos y se ponían polvo sobre sus cabezas.

Esa primera reacción de Josué, extraordinaria. Lamentablemente, el pecado de la generación anterior por un momento contagió a Josué.

Escuche estas palabras. Yo nunca hubiese pensado que palabras como estas saldrían de sus labios. Versículo 7: "Y Josué dijo: '¡Ah, Señor Dios!'" Buen inicio. Lo que sigue, mal seguimiento. "¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán para entregarnos después en manos de los amorreos y destruirnos? Ojalá nos hubiéramos propuesto habitar al otro lado del Jordán."

¿Cómo fue eso, Josué? Tú estás hablando igual que el pueblo de la generación anterior cuando se rebeló en el desierto. Josué, tú perdiste la razón. Tú estás cuestionando el carácter de Dios. O sea, tú le estás diciendo a Dios: "Tú nos trajiste aquí frente al Jordán. Tú me prometiste estar conmigo. Ahora esto ha ocurrido. ¿Para qué hiciste eso? ¿Tú hiciste eso para entregarnos ahora en manos de los amorreos?" Es como decirle a Dios: "¿Dónde está tu fidelidad? ¿Dónde está tu poder? No entiendo."

Cuestionaron el carácter de Dios, su fidelidad, su poder. Hermano, nosotros no nos damos cuenta de las veces que cuestionamos el carácter de Dios. Y ese es uno de los problemas: nuestra generación no conoce al Dios que le ha salvado y al Dios a quien le ora. Es imposible que Dios pueda ser infiel a una sola de sus palabras en un solo momento.

¿De dónde salió esta pregunta? Josué, escucha. "Ojalá nos hubiéramos propuesto habitar al otro lado del Jordán." En otras palabras, ojalá nosotros hubiésemos decidido abandonar la tierra prometida total y nos quedamos de este lado del Jordán. Esas son las palabras del pueblo.

Escucha en Éxodo 14:2: el pueblo viene perseguido por los egipcios bajo Moisés, están frente al Mar Rojo y de repente, el mar aquí, las montañas allí, el pueblo allí atrás. Y ahí ellos dijeron: "Yo no sé para qué Dios nos sacó aquí para dejarnos morir en la arena." Se fueron las mismas palabras del pueblo en Éxodo 16:3, cuando llegaron a un lugar y faltaba comida, y Dios en su gracia les dio maná en medio de su desobediencia y rebelión. Dijeron las mismas cosas que Josué acaba de decir. En Éxodo 17:3, cuando llegó un momento donde no había agua, Dios les dio agua de la peña, de la roca.

Y repitieron las mismas palabras en Números 14:3, cuando Moisés envió a doce hombres a recorrer la tierra prometida. Regresaron diez de ellos con mal reporte, Josué y Caleb con excelente reporte, y otra vez volvieron a decir: "¿Para qué Dios nos trajo a este desierto a dejarnos morir aquí en la arena, en esta tierra miserable?"

En buen lenguaje coloquial dominicano, se le pegó a Josué. Se le pegó el vocabulario, se le pegó la actitud, perdió el enfoque, y así ocurre con nosotros. No hay nada más contagioso que la ingratitud. No hay nada más contagioso que la queja.

Hermanos, el pueblo de Dios, si cree en la providencia de Dios, imagínate a Dios con las cuerdas que bajan de sus dedos manejando el mundo. Si creemos en eso, no tenemos razón para quejarnos. Es su providencia. Vivimos en su providencia, como dice la canción.

Josué está acusando a Dios como causa del mal que le ha acontecido. Esto es como el Edén otra vez. Adán acusa a Eva y luego sigue hacia arriba y acusa a Dios: "Fue la mujer que tú me diste quien me dio de comer de la fruta." Y desde entonces, todo el mundo es culpable menos yo. Hasta Dios. Las circunstancias, las cosas, las personas.

En la última parte de la oración, Josué como que comienza a ganar la razón. Versículos 8 y 9: "Ah, Señor, ¿qué puedo decir ya que Israel ha vuelto la espalda ante sus enemigos? Porque los cananeos y todos los habitantes de la tierra se enterarán de ello y nos rodearán y borrarán nuestro nombre de la tierra. ¿Y qué harás tú por tu gran nombre?"

Ahora está recobrando la razón. Oye lo que Josué está haciendo. "Señor, ¿sabes qué? Algo ha ocurrido, algo está mal. Si esta gente, los cananeos, todos los habitantes de la tierra prometida de Canaán, se enteran de que fuimos derrotados y de cómo estamos llenos de miedo, ellos se van a juntar contra nosotros y nos van a borrar de la tierra." Y Josué entonces apela al honor del nombre de Dios: "Ya que nosotros no valemos dos centavos, ¿qué harás tú por tu gran nombre?"

Hermano, yo no sé si tú has revisado el Antiguo Testamento con cuidado. En varias ocasiones Dios dice que iba a hacer cosas por el honor de su nombre. Salmo 23: "Jehová es mi pastor, nada me faltará. Me guía por verdes pastos." ¿Por qué? "Por amor de tu nombre." Y Josué dice: "Por amor de tu nombre, por la honra de tu nombre, ¿qué tú vas a hacer?" En otras palabras, levanta la honra de tu nombre. Nosotros hemos sido una deshonra para ti en esta derrota.

Lo impresionante es —y yo no voy a entrar en la geopolítica de hoy en día— pero desde esa época, Israel ha tenido gente a su alrededor que quiere borrarlo de la faz de la tierra hasta el día de hoy, porque eso es lo que Irán ha dicho verbalmente más de una vez: que su interés es borrarlos de la faz de la tierra. Y ahí están ellos.

Versículo 11. El Señor dijo a Josué: "¿Te has postrado en tierra desde la mañana? Levántate. ¿Por qué te has postrado rostro en tierra?" Es como si dijera: "¿Por qué no me preguntas qué pasó antes de acusarme?" Versículo 11: "Israel ha pecado y también ha transgredido mi pacto que les ordené. Y hasta han tomado de las cosas dedicadas al anatema, y también han robado y mentido, y además las han puesto entre sus propias cosas."

¿Qué te llama la atención? Que Dios dice: "Israel ha pecado." Puede ser un hombre, pero es una comunidad. No sé si tú recuerdas que en ocasiones, cuando hemos hecho disciplina pública, me has escuchado decir: "Hoy alguien ha pecado, y hemos lidiado con el pecado y hemos exaltado la santidad de Dios." Porque se supone que somos un pueblo: lloramos con los que lloran y asimismo nos dolemos con los que se duelen.

Escucha lo que Dios dice. Uno: Israel ha pecado, en un solo versículo. Dos: transgredieron mi pacto. Tres: tomaron de las cosas dedicadas al anatema. Cuatro: han robado y han mentido. Tú escuchaste cómo Dios califica la acción de lo que ha ocurrido. Número uno, le llama pecado, llámese pecado. Número dos, teníamos un pacto —o tenemos un pacto—, transgresión. Eso es otra de las connotaciones de lo que implica pecar. Cada vez que yo peco, yo transgredo un límite que es la ley de Dios. Número tres, tomaron de las cosas dedicadas al anatema, se contaminaron con aquello que Dios había maldecido. Además, son ladrones, y además son mentirosos.

Versículos 12 y 13: "No pueden pues los israelitas hacer frente a sus enemigos en esas condiciones." Como se diría en inglés: no way, no how. Hermanos, hay cosas que tú muchas veces estás pidiéndole a Dios y Dios muchas veces no te las entrega; está diciendo: en esas condiciones, no way, no how. Me estás pidiendo cosas antes de arreglar cosas. "Vuelven la espalda delante de sus enemigos porque se han convertido en anatema." El pueblo ahora, con lo que ha hecho, se convirtió en anatema él mismo.

"No estaré más con ustedes." Pero tú dijiste a Josué que estarías con él y con nosotros hasta el final. Pero escucha: "No estaré más con ustedes a menos que destruyan las cosas dedicadas al anatema de en medio de ustedes." Hay condiciones. Si no van a lidiar con el pecado, yo no sigo.

Versículo 13. Dios continúa: "Levántate, consagra al pueblo." Consagrar es separar para uso exclusivo de Dios. "Consagra al pueblo y di: 'Conságrense para mañana, porque así ha dicho el Señor Dios de Israel: hay anatema en medio de ti, oh Israel. No podrás hacer frente a tus enemigos hasta que quiten el anatema de en medio de ustedes.'"

Ahora bien, el día de hoy mis hijos no podrán seguir hacia adelante en bendición, ni siendo prosperados espiritualmente ni en cualquier otra forma, a menos que haya cosas en sus vidas que sean dejadas a un lado. No lo voy a hacer yo. No lo puedo hacer. A ellos mismos no les conviene que yo lo haga. Tengo que lidiar con el pecado primero.

Claramente, Dios revela que la derrota de la nación es la única derrota en todo el libro de Josué. Las otras ciudades fueron conquistadas, aunque luego el pueblo estaba luchando de manera conjunta. Pero llegó un momento donde cada cual estaba en una parte de la tierra prometida y, lamentablemente, ya como tribus individuales no hicieron lo que Dios les había pedido que hicieran, que era echar fuera a los habitantes de Canaán, y les permitieron vivir junto con ellos. Pero como nación, esta es la única batalla perdida.

Entonces, la palabra anatema en la Biblia tiene diferentes connotaciones, pero en general se refiere a algo o a alguien que ha sido calificado por Dios como una maldición, como parte del juicio, como algo que merece ser destruido. En la ciudad de Jericó, todos los habitantes fueron destruidos, y en cuanto a las posesiones, Dios dijo: "Como estas pertenecían a ellos y merecen ser destruidas, en vez de hacer eso, me las pueden dedicar a mí." Pero, ¿para qué? Dios no necesitaba ninguna de esas cosas. Lo que Dios no quería es que ellos se corrompieran con ellas. Una vez dedicadas a Él, tú no las vas a usar. Y Josué acaba de recibir instrucciones específicas.

Dios comunica la metodología. Yo te lo voy a resumir ahora, pero es lo que está en los versículos 14 al 18. Esto es lo que Josué se supone que haga, está descrito en los versículos 14 al 18. Josué llama a todas las tribus de Israel, las doce, las llama a las 12 por su nombre. Luego, yo te voy a señalar cuál tribu tú debes llamar primero a rendir cuentas. Y esa tribu es la tribu de Judá.

Cuando estés lidiando con la tribu específica, tú vas a llamar a las familias de esta tribu una por una. Y de todas las familias de Judá, la familia seleccionada fue la familia de Cera. De esa familia, Dios le dice a Josué: "Ahora llámalos hombres por hombres." Son las cabezas de las familias. Judá, de todas las tribus; de Judá, las familias; de las familias, la de Cera; y ahora de la familia de Cera, yo te voy a señalar un hombre.

Versículo 18: Acán, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Cera, de la tribu de Judá. Él es el hombre. Había sido señalado como culpable, y era de la tribu de Judá, de la tribu de donde vendría el Mesías. Qué chocante.

Lo que debió haber ocurrido en ese momento, para mejores resultados quizás, es que Acán, cuando estaba ocurriendo esto, hubiese ido donde Josué y le dijera: "Josué, mira, ya no sigan. Yo soy el culpable. Esto fue lo que hice y esto es donde yo lo escondí." Pero no, está callado, como esperando a ver si Josué da con él. Pero hay un culpable que no se hace responsable de su pecado.

Hermano, cuando tú pecas y eres confrontado, no esperes a que Dios tenga que disciplinarte para arrepentirte. No, confiesa, admítelo, aprópiate de tu pecado. Ese curso de acción probablemente tenga mejores resultados. No repitas lo de Adán y Eva: "La mujer que tú me diste, ¿no? La serpiente." Wow.

Ya Dios le había dicho: "Nadie puede tomar nada de la ciudad de Jericó, absolutamente nada. Y después de tenerlo, se lo iban a dedicar a Él. De lo contrario, perecerían." Escucha ahora Josué 6:17-18. O sea, nos vamos atrás a ver, con la conquista de Jericó, qué fue lo que Dios le dijo.

"La ciudad será dedicada al anatema. Todos sus habitantes morirán. Ella y todo lo que hay en ella pertenece al Señor. Solo Rahab y todos los que están en su casa vivirán, porque ella escondió a los mensajeros que enviamos. Pero ustedes tengan mucho cuidado en cuanto a las cosas dedicadas al anatema, las cosas de la ciudad, no sea que las codicien, y tomando de las cosas del anatema, hagan maldito el campamento de Israel y traigan desgracias sobre él."

Si Josué hubiese recordado eso, inmediatamente hubiera dicho: "No los derrotaron. Aquí hay problema. Aquí hay algo, alguien o un grupo de personas que ha violentado lo que Dios ha dicho." Lo que Dios estaba diciendo al pueblo era: cuando conquisten a Jericó, tengan cuidado de lo que vean, no sea que viéndolo lo codicien.

Josué entonces procede a interrogar al que Dios ha señalado como culpable. Escucha la piedad, hermano. Cuando tú vas a aplicar disciplina a tus hijos o vas a recriminar a alguien, no hay necesidad de impiedad. Escucha cómo Josué se dirige al ya señalado por Dios como culpable, culpable de una derrota: "Hijo mío." Al culpable de que la nación ahora sea anatema, le dice "hijo mío", y le llama a glorificar al Señor y darle alabanza a la hora de su confesión.

Eso es exactamente lo que David hace en el Salmo 51 después de su pecado, apelando a la misericordia de Dios, a la bondad de Dios, y dice: "No, yo soy el pecador. Yo no te voy a dar ninguna razón por la que yo lo hice. No voy a tratar de disminuir tu disciplina. Yo más bien voy a exaltarte." Escucha lo que dice David en el Salmo 51:4: "Contra ti, contra ti solo he pecado y he hecho lo malo delante de tus ojos. De manera que eres justo cuando hablas y sin reproche cuando juzgas."

David no sabe lo que Dios le va a imponer, pero antes de que Dios lo anuncie, le dice: "Mira, Señor, no importa lo que tú anuncies, yo estoy claro de que tú eres justo cuando hablas y sin reproche cuando juzgas." Hermano, yo te voy a recomendar que cuando tú hayas pecado y te confieses con Dios, no apeles a que aminore tus consecuencias, porque si Dios las va a aminorar, eso implicaría que tu corazón y tu mente pensaron en algo mejor que lo que Dios había pensado.

Yo te voy a dar una recomendación, y Dios es mi testigo que he orado de esa manera más de una vez: "Señor, no importa lo que tú me impongas a mí o a la iglesia, tú eres justo cuando hablas, sin reproche cuando obras." Y poco va a ser, porque después de que tú le impusiste a tu Hijo la muerte por mis pecados, no importa cómo tú me trates, poco será, porque tu Hijo fue tratado mucho peor de lo que tú me vayas a imponer.

Entonces, aquí está lo que pasó con este hombre. Aquí está su confesión. Versículo 19: Josué le dice: "Hijo mío, te ruego, da gloria al Señor, Dios de Israel, y dale alabanza. Declárame ahora lo que has hecho, no me lo ocultes." Y Acán respondió a Josué: "En verdad he pecado contra el Señor, Dios de Israel, y esto es lo que he hecho. Cuando vi entre el botín un hermoso manto de Sinar, y 200 siclos, que son 2,28 kg de plata, y una barra de oro de 50 siclos de peso, los codicié y los tomé. Todo esto está escondido en la tierra dentro de mi tienda, con la plata debajo."

Lo que ocurrió fue que, estando en la conquista, de repente sus ojos vieron un manto, vieron oro, vieron plata y los codició. Volvemos al Génesis 3: vi la fruta, la codicié y la mordí. Ahora avancemos, como se dice en inglés, fast forward, y nos vamos hasta el rey David. Otra vez sale al balcón, ve una mujer que no es su mujer, que está casada, la vio y la codició.

Hermanos, ¿cuándo es que vamos a dejar de codiciar lo que no es nuestro? ¿Cuándo vamos a dejar de codiciar lo que Dios ha prohibido? Los ojos son un problema. Job lo sabía, por eso dice que hizo un pacto con sus ojos para no pecar contra Dios. Hermanos, ¿cuándo es que vamos a dejar de pararnos frente a la televisión o a una pantalla a ver cosas con nuestros ojos para ser provocados en nuestras codicias, en nuestros deseos de todo tipo, y ser incitados a hacer lo que Dios ha prohibido que hagamos?

Proverbios 27:20 dice que los ojos del hombre nunca se sacian. Tengo esto, quiero uno más grande. Tengo aquello, quiero uno mejor. Ya el año pasado vi esto, ahora quiero más. Los ojos nunca se sacian de ver, de desear, de codiciar. Y el maligno es experto en presentarnos cosas y personas delante de nuestros ojos, y planes y sueños, porque él sabe que con eso la mitad del camino ya está ganado.

No es por accidente que cuando Dios le dio una constitución a una nación, las primeras leyes a la nación de Israel, diez leyes, antes de cerrar esas diez leyes le dio una contra la codicia. A mí nunca se me hubiese ocurrido pensar: vamos a escribir una constitución, las diez leyes principales, y entre las diez leyes va a haber una contra la codicia. Escucha el mandamiento número 10, Éxodo 20:17.

"No codiciarás la casa de tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo. Oíste, David. No codiciarás ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo."

Escucha cómo diferentes culturas no cristianas han pensado sobre la codicia. En el idioma hebreo, uno de los términos empleados para referirse a la codicia es *chamad*, que significa un deseo excesivo de tener algo.

Es más que eso, escucha: algo como una sed que no se sacia. El corazón del ser humano es insaciable. Si no, pregúntale a Salomón con sus mil mujeres. Tenía quinientas, ¿y para qué quiere quinientas más? "Es que no estoy saciado." Así son nuestros ojos y nuestros corazones.

Ahora vamos a salirnos de la cultura hebrea cristiana. Los griegos tenían una palabra para referirse a la codicia: *pleonexia*. Alude al deseo de tener siempre más, sin importar el costo ni lo que deba hacerse para obtener lo que se ambiciona. Esos son como los drug dealers: son millonarios y quieren vender más. ¿Para qué quieres más, si ya con los millones que tienes puedes vivir el resto de la vida? Sin importar el costo ni lo que deba hacerse para obtener lo que se ambiciona.

Los romanos, hablando de cultura clásica, usaban dos frases en latín. Una de ellas, la usó Ovidio, el renombrado poeta romano, y se traduce como, escuche: "amor maldito de poseer." Roma, que era calificada como una cloaca de iniquidad, decía en su cultura que la codicia era como un amor maldito de poseer.

Y Pablo le escribe a Timoteo y en 1 Timoteo 6:10 le dice: "Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual codiciándolo, algunos se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores." Tú escuchaste: no hay que ser rico para amar el dinero. Tú puedes ser pobre y dedicarte a vender drogas por amor al dinero. Raíz de todos los males es el amor al dinero.

¿Sabes qué ocurre, hermano? Que cuando nosotros codiciamos, removemos a Dios del trono de nuestro corazón y colocamos lo codiciado en ese trono. Ya mi vida no está bajo el señorío de Cristo. Comenzamos teniendo codicia, pero cuando alcanzamos lo codiciado, entonces la codicia termina teniéndonos a nosotros.

Déjame revisar esto otra vez. Cuando yo codicio, remuevo a Dios del trono de mi corazón y coloco ahí lo que estoy codiciando. Entonces, comenzamos teniendo codicia, pero una vez yo adquiero lo que estuve codiciando, ahora la codicia me tiene a mí.

Y la codicia es tan vieja como la humanidad. En Jeremías 6:13, Dios dice: "Porque desde el menor hasta el mayor, todos ellos codician ganancias, y desde el profeta hasta el sacerdote, todos practican el engaño." Del mayor al menor, el profeta y el sacerdote son todos iguales. Ahora tú entiendes por qué Dios los envió a Babilonia. Todos iguales. ¿Y cuál era el problema? Codicia. Unos, dinero; otros, mujeres, como David; y los sacerdotes igual, y los profetas igual.

Pero Dios dice, cuando definió la infidelidad, que son también mentirosos y ladrones. ¿Qué fue lo que robaron, o a quién le robaron? "A mí. Las cosas tomadas de Jericó no eran para ninguno de ellos. Se suponía que iban a ser dedicadas a mí, para protección de ellos. A mí me han robado."

Malaquías, capítulo 3, donde Dios le dice: "Tú dices que te hemos robado. ¿En qué nosotros te hemos robado?" Dice: "Sí, tú me has robado en diezmos y ofrendas." Y Acán no olvidó que nuestro pecado siempre es contra Dios y que Dios lo ve. ¿Saben lo que hizo? Que nadie se enterara. En medio de su tienda cavó un hoyo, lo enterró, lo cubrió. Y ahora nadie me ha visto, excepto el cielo. Recuerda que un pecado oculto aquí es un escándalo en el cielo.

Entonces, el pecado es clasificado como robo, y también como mentira, porque está escondiendo la verdad, la evidencia. Hermano, Dios no necesita el manto, el oro, la plata. ¿Para qué? Pero cuando Él lo separa, le dice: "Dedícamelo a mí." Está protegiéndolos para que no lo toquen, para que no hagan uso de ello, para que no corrompan su corazón.

La confesión de Acán, si tú la lees, es sincera; él describió los hechos, pero fue tardía. Y así ocurre con muchas de nuestras transgresiones: son sinceras, pero tardías. Como se diría en inglés: *too little, too late*. Muy poco, muy tarde. Porque la confesión ocurre luego de treinta y seis soldados heridos, luego de una nación derrotada y luego de que el nombre del Señor había sido deshonrado.

Dios no podía permitir eso. La nación estaba apenas entrando a la tierra que tenían que poseer. Este era el inicio, el fundamento del resto de la historia. Lo mismo lo encuentras en el Nuevo Testamento. Tú avanzas al libro de los Hechos: en el capítulo 2 la iglesia nace, y en el capítulo 5 hay una pareja de esposos, Ananías y Safira. Esa pareja quería lucir como que eran muy generosos. Venden un pedazo de tierra —que nadie les dijo que tenían que venderlo—, van donde Pedro, se quedan con una parte del precio y le entregan la otra parte a Pedro. Luego le dicen: "Este fue el precio total de la venta." Se cayó muerto el esposo. Al rato viene la esposa Safira. "Señora, ¿esto que están donando es el precio de lo que ustedes vendieron?" "Sí, sí, sí." Se cayó muerta.

Yo sé lo que tú estás pensando: "Uy, gracias a Dios que hoy no se muere la gente por mentir." ¿Sabes qué? Era el principio de la iglesia. Tú no puedes permitir errores de construcción en la zapata de este edificio; quizás en una pared, en un pañete, como decimos nosotros, pero no en la zapata. Y tú ves lo mismo en las primeras iglesias: en Corinto, hubo gente que tomó la cena del Señor indignamente, se enfermó, y otros se murieron. Porque cuando estamos iniciando algo, no podemos permitir el pecado en la misma base. Y por eso es que Dios hoy no puede permitir el pecado en los líderes de la iglesia: esa es la base. No lo permite en nadie, pero especialmente en los líderes.

Entonces, una vez Acán confesó su pecado, esto es lo que sigue. Versículo 22: "Josué envió emisarios que fueran corriendo a la tienda, y hallaron el manto escondido en su tienda con la plata debajo. Lo sacaron de la tienda y lo llevaron a Josué y a todos los israelitas, y lo pusieron delante del Señor. Entonces Josué y todo Israel con él tomaron a Acán, hijo de Cera, y la plata, y el manto, y la barra de oro, y sus hijos, y sus hijas, y sus bueyes, y sus asnos, y sus ovejas, y su tienda, y todo lo que le pertenecía, y los llevaron al valle de Acor."

"Y Josué dijo: '¿Por qué nos has turbado? El Señor te turbará hoy.' Todo Israel los apedreó, y los quemaron después de haberlos apedreado. Levantaron sobre ellos un gran montón de piedras que permanece hasta hoy. El Señor se volvió del furor de su ira. Por eso se ha llamado aquel lugar el valle de Acor hasta el día de hoy."

Pastor, ¿pero por qué sus hijos? ¿Por qué sus hijas? Dios pudiera hablar desde los cielos y decirle: "Fueron ustedes también." Si tú piensas que eso fue terrible, ¿por qué no has pensado que fue terrible que mi Hijo muriera por ti? Dios no puede bendecir a nadie si primero no se lidia con el pecado, y el Hijo de Dios está ahí para probarlo. Es como si el Hijo le hubiese pedido a Dios: "Bendícelos a ellos", y Dios le hubiera respondido: "Sí, pero hay que lidiar con el pecado primero. O sea, que tú tienes que morir por sus pecados, y luego los podemos bendecir." Una manera de ilustrar.

Y el hecho de que Dios hiciera lo que hizo y juzgara a esta familia de la manera como la juzgó fue una bendición, porque de lo contrario el pueblo entero iba a tener que pagar. El que Cristo fuera juzgado como fue juzgado en la cruz fue una bendición. Para Él no: para Él fue una maldición, pero para nosotros fue una bendición, porque de lo contrario la humanidad entera hubiese pagado por sus pecados.

Luego de que Dios lidia con el pecado, ahora estamos dispuestos a operar en la gracia de nuevo. ¿Cuál fue el título del mensaje? La gracia de Dios. Luego de lidiar con el pecado, tú pasas la página, llegas al capítulo 8, y estamos cerrando, no te preocupes. Versículo 1.

Entonces el Señor dijo a Josué: "No temas ni te acobardes. Toma contigo a todo el pueblo de guerra y levántate. Sube a esta ciudad donde pasó la derrota. Mira, escucha: he entregado en tu mano al rey de Ay, su pueblo, su ciudad y su tierra." ¡Amén! Victoria proclamada.

Acán nunca pensó que el manto babilónico, el oro y la plata le iba a costar a él su vida, la vida de sus hijos, la vida de sus hijas y todo lo que tenía. ¿Tú recuerdas aquellas diez leyes del pecado que escribía hace un tiempo atrás? Una de ellas dice que el pecado siempre te costará más de lo que tú querías pagar. Ahí está demostrado.

Y por otro lado, una segunda ley de esas diez dice: "Tú puedes, tú y yo podemos pecar a nuestra manera, pero Dios decide las consecuencias." No es como: "Señor, mira, yo me robé el manto, el oro, la plata; yo quisiera que tú me aplicaras esta consecuencia." No, no. La consecuencia la decido yo. Y en este caso tiene que ver con tu vida, tus hijos, tus hijas. Quizás los hijos sabían dónde él lo había escondido, y por eso fueron también hallados culpables.

Hermano, recuerda, déjame decirte varias cosas. No hay nada más codiciado que lo prohibido. Los estudios han sido hechos. Tú tienes un parque con bancas; la gente pasa por ahí todos los días junto a esas bancas. De repente las bancas las pintan y le ponen un letrero: "No tocar, pintura fresca." Todo el que pasa por ahí quiere tocar, aunque está mojado todavía, hermano. Tiene un letrero. Tú pasaste ayer por ahí y no lo tocaste, pero ahora está prohibido.

La codicia es terrible. ¿Tú sabes qué es lo único que puede contra la codicia? Que tú ames a Dios con todo tu corazón, toda tu alma, con toda tu mente y toda tu fuerza. Entonces no codiciarás las cosas que Dios ha puesto fuera de tu límite. ¿Por qué no lo vas a hacer? Porque tienes un amor más grande que cualquier otra cosa que te pudiera atraer; porque tienes una pasión, un deseo por algo más grande que cualquier cosa que tú pudieras desear: cosas, personas, lugares.

Tienes algo que rige tu vida, que gobierna tu vida. Hermano, tenemos que dejar ya de ser gobernados por ideas nuestras, por cosas nuestras, por sueños nuestros, ambiciones nuestras, futuros nuestros. Hermanos, Dios nos creó para Él, para su gloria. Dios nos creó para deleitarnos en Él por el resto de la eternidad.

Es en Dios que está mi satisfacción. Si mi satisfacción no está en Dios, nada me va a satisfacer. Ahora, hay cosas que pueden traer gozo a tu vida si las disfrutas en Dios. Amén. Dios en el trono, y ellas tú las tienes para servir a Dios, no para servirte a ti. Y esa es una de las lecciones que aquí nos quedan.

Hermano, Dios quiere bendecirnos todo tiempo. Es su gozo bendecirnos, pero no sin antes lidiar con el pecado. Gracias, Dios, por pasajes tan llenos de enseñanzas, no simplemente de una historia del ayer, sino de cosas para hoy, para nosotros.

Líbranos de ser Acán, aunque somos como Acán cuando permitimos ver cosas que luego codiciamos, donde Tú no estás en la ecuación, Tú no la iniciaste, Tú no la trajiste a mi mente, pero yo deseo eso que mi mente ha concebido después de haberlo visto. Perdónanos, y gracias aun por tu disciplina y tus juicios, porque como bien decía David: "Tus juicios son justos, y así mismo Tú eres sin reproche cuando hablas." Amén.

Ayúdanos a pedirte perdón diciéndote exactamente: "Señor, yo confío en ti aun después de mi pecado. Las consecuencias que tú quieras imponerme, que sean como tú quieras, porque yo sé que serán justas. Es más, serán mejores que justas, porque vendrán llenas de gracia y de misericordia, como Tú eres en Cristo Jesús." Y su pueblo dice: "Amén."

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.