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Sermones

La gracia que nos rescata

Miguel Núñez 3 noviembre, 2025

Lo que tomó a Dios seis días en crear quedó profundamente corrompido con una sola mordida de una sola criatura en un solo momento. Esa es la magnitud de la caída. Adán y Eva escucharon la voz de la serpiente, soñaron despiertos con las promesas de Satanás, y cuando despertaron descubrieron que el sueño era más bien una pesadilla de la cual ni ellos ni sus descendientes podrían salir por sí mismos. Pero en medio de la sentencia de juicio que Dios pronuncia en Génesis 3, aparece algo inesperado: gracia.

Génesis 3:15 contiene lo que ha sido llamado el protoevangelio, las primeras buenas nuevas de salvación. Dios anuncia que pondrá enemistad entre la serpiente y la mujer, entre la simiente de Satanás y la simiente de ella. Esa simiente de la mujer es Cristo, quien heriría mortalmente a Satanás en la cabeza, aunque Satanás lo heriría en el talón. Este versículo se convirtió en el timón que movió toda la historia de la humanidad hacia la cruz.

La historia comenzó mal en el jardín del Edén, donde de un árbol frondoso nuestros progenitores comieron. Pero terminará bien porque en otro madero, sin frutos ni ramas, en forma de cruz, un día Cristo se colgó para el perdón de los pecados de aquellos elegidos desde antes de la fundación del mundo. El pastor Núñez señala que cuando Cristo dijo "Consumado es", todo había terminado en cuanto a lo que había que hacer para nuestra redención.

Dios cubrió a Adán y Eva con pieles de animal, derramando sangre porque sin derramamiento de sangre no hay perdón. Aquellas vestiduras eran temporales, tipificando lo que vendría. La sangre de toros y machos cabríos nunca calmó la conciencia del pecador, pero la sangre del Cordero de Dios sí puede limpiarnos completamente de pecado.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Pueden ir localizando el capítulo 3 del libro de Génesis para ver si terminamos hoy de cubrir y cerrar este capítulo. Recuerda que estamos en una serie que iniciamos hace tres domingos atrás: "La gran caída y la gracia que nos rescata." La serie no termina hoy. Hoy termina el capítulo 3 del Génesis, pero seguiremos viendo a lo largo de la historia bíblica diferentes momentos donde alguien tropezó, se cayó, y de qué manera la gracia de Dios les rescató a pesar de la torpeza con la que esa persona pudo haber caminado hasta ese momento.

He titulado el mensaje de esta mañana "La gracia que nos rescata." Estuvimos viendo en mensajes anteriores, los últimos dos mensajes, cómo se produjo la caída de este primer hombre y esa primera mujer, y cubrimos hasta el versículo 20. Pero dijimos que el versículo 15 lo habíamos dejado afuera a propósito para cubrirlo hoy junto con los versículos 21 al 24.

Quiero, para beneficio de todos, recordar algunas cosas que ya dijimos para aterrizar en Génesis 3:15. Recuerda que Adán y Eva comieron de la fruta prohibida y ellos confesaron su crimen. Adán dijo: "Yo comí", versículo 12. Eva dijo: "Yo comí", versículo 13. Y luego agregó: "Pero la serpiente me engañó."

Dios había creado el mundo en seis días. Luego la criatura tuvo la osadía de desafiar su autoridad con consecuencias que perduran hasta el día de hoy. Es impresionante ver que aquello que le tomó a Dios seis días formarlo y crearlo quedó arruinado, profundamente trastocado y corrompido con una sola acción, una sola mordida de parte de una sola criatura en un solo momento. Seis días de trabajo, seis días de intervención, arruinados en un solo momento.

Adán y Eva escucharon la voz de la serpiente y soñaron despiertos, motivados por las palabras de Satanás, y con eso crearon todo un sueño en su mente. Pero cuando despertaron a la realidad se dieron cuenta de que el sueño era más bien una pesadilla de la cual ellos y nosotros no podremos salir por nosotros mismos.

Lamentablemente las cosas no han quedado ahí. Los descendientes de Adán, donde estamos nosotros, han seguido soñando despiertos, creyendo toda clase de voces. Nosotros creemos que las universidades nos dicen la verdad, y ellas han sido las primeras promotoras de toda esta ideología liberal a lo largo de muchos años. Creemos incluso que el mercado nos vende los mejores productos a los mejores precios para nuestro beneficio. Le creemos a los demagogos que nos alaban y nos halagan tratando de ganar nuestro favor. Le creemos a cualquier hombre, a cualquier mujer que te dice "te amo", cuando muchas veces lo que quieren es usarte. Y creemos cualquier otra cosa que pueda crear en nosotros un sueño que alimente nuestros deseos.

Y así vive el hombre desde la caída de Génesis 3 hasta nuestros días. Yo creo que las consecuencias de la historia bíblica, de la historia de la iglesia, quizás de tu propia vida, te han podido demostrar que aquello que Dios no sueña para nosotros siempre terminará en una pesadilla. Y eso es exactamente donde estamos hoy: el planeta Tierra vive una gran pesadilla.

El día que Adán y Eva comieron, parecía que Satanás había triunfado. Dios había creado un hombre y una mujer a su imagen y a su semejanza. Los puso en el huerto, los bendijo, les dijo que se multiplicaran, llenaran la tierra de su imagen, llenaran la tierra de su gloria. Pero en un momento dado, Adán y Eva, confundidos por la serpiente, mordieron la fruta, e inmediatamente después escucharon la sentencia. Dios le habla a la serpiente, luego le habla a Eva, luego le habla a Adán. Y cuando le habla a Adán, específicamente, le dice: "Maldita será la tierra por tu causa."

La historia comenzó mal, la historia de la humanidad, pero tendrá un buen final, como vamos a ver hoy. El día que Dios habló a la nada, comenzaron a aparecer los planetas y las estrellas y se formaron. Luego comenzaron a agruparse y formaron constelaciones y sistemas planetarios. Luego se agruparon todavía más y formaron grandes galaxias a la voz de Dios. Imagínate que Dios habló y dos billones de astros se formaron a su voz, y toda esa inmensa creación se mueve a lo largo del espacio de manera conjunta. Una de esas dos billones de galaxias es la nuestra, la Vía Láctea, que se mueve con millones de astros a 600 km por segundo sin chocar, perfectamente armonizadas.

Y pensar que esa creación de seis días, inmensa, difícil o imposible de concebir por la mente humana, fue arruinada en un solo momento por la acción de una sola criatura el día que ellos desobedecieron a Dios.

Terminada la creación, el drama de la creación había terminado. Y tú pudieras preguntarme: "Pastor, ¿y todos estos detalles de la astronomía que usted nos acaba de dar, cuál sería el propósito?" Bueno, yo quiero que nosotros sigamos pensando, meditando y reflexionando en lo que es el peso de las consecuencias del pecado. El día que Adán y Eva violentaron la ley de Dios no fue una confusión, simplemente no fue un desliz, no fue que se confundieron. No, no, no. Esto fue una traición cósmica, como Aris Pro le solía llamar. Debido a la corrupción de esa creación por el pecado, todo lo que fue construido, todo lo que fue creado, será destruido por Dios para traer cielos nuevos y tierra nueva.

Hermanos, tú y yo no podemos pasar por alto el pecado tan rápidamente, porque nunca vamos a aprender lo odioso que es para Dios. La realidad es que nosotros podemos elegir nuestro pecado, pero Dios elige nuestras consecuencias. Y Génesis 3 está ahí para recordarnos eso. Génesis 1 y 2: el drama de la creación. Génesis 3:1-14 describe el drama de la corrupción, la corrupción por el pecado de todo lo que había sido creado.

Y entonces en el versículo 14, Dios le habla a la serpiente, maldice a la serpiente, pero maldice también a la persona que estaba detrás de la serpiente haciéndola hablar. Dios le dice a la serpiente que andará sobre su vientre todo el tiempo y del polvo comerá. El domingo pasado estuvimos hablando de qué pudo significar eso para la serpiente, algún tipo de transformación de lo que ella era a lo que es hoy. Algunos piensan que la serpiente tenía patas y que ahora con la maldición se arrastra. Otros piensan que no. El punto no es ese; el punto es que de alguna manera la serpiente, el animal, sufrió algún tipo de transformación para dar evidencia visible de que aun el instrumento que Satanás usó fue maldito.

Pero si hubo una maldición sobre la serpiente, tú pensarías que habrá una maldición mayor sobre la persona, Satanás, detrás de la serpiente. Y eso es lo que Dios dice en Génesis 3:15, que no cubrimos, y que es como el punto focal del resto de la historia hasta llegar a la cruz.

"Pondré enemistad", dice Dios, "entre tú y la mujer, entre tu simiente y su simiente. Él te herirá en la cabeza y tú lo herirás en el talón", o en el calcañar, dependiendo de tu traducción.

Este versículo anuncia el futuro de Satanás y el futuro que les espera a él y a sus descendientes. Nota que Génesis 3:15 anuncia una enemistad que Dios crea entre la mujer y su simiente, y Satanás y su simiente. Teológicamente, la forma como esto ha sido visto por muchos años es que la mujer representa a una mujer futura, hija de Eva. Recuerda que Eva significa "madre de todos los vivientes", que en el tiempo señalado daría a luz un hijo, la simiente de la mujer, y ese hijo destruiría a Satanás.

Satanás, por otro lado, tiene su propia simiente. La manera como esto ha sido visto es que todos los ángeles caídos que fueron echados fuera de la presencia de Dios junto a Satanás el día que él pecó forman parte de este conglomerado de la simiente de Satanás. Y no solamente eso, sino también toda aquella población que ha seguido los pasos de Satanás hasta el día de hoy.

Hasta que, llegado el tiempo, la mujer Eva, reproducida en María por así decirlo, diera a luz la simiente: Jesús. Escucha cómo Pablo lo dice en Gálatas 4:4-5.

Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer —ahí tú puedes poner nacido de María—, nacido bajo la ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción de hijos.

Es interesante que Génesis 3:15 habla de la simiente de la mujer, pero en Génesis 22, Dios hablándole a Abraham le dice que en su simiente, la de Abraham, serían benditos todos los pueblos de la tierra. Resulta que la simiente de la mujer es la misma simiente de Abraham, que es Jesús. En ambos casos la misma palabra es usada: un descendiente, aquella persona sobre la cual estaría la misma persona de Dios. Entonces, Satanás, como representante del mundo de las tinieblas, representa el mundo de la oscuridad, de la maldad, y Cristo representa el mundo de la luz.

Pero recuerda algo: Satanás no estuvo tranquilo cuando apareció el primer Adán, y no estuvo tranquilo cuando apareció el segundo Adán, que es Cristo. Al primer Adán lo tentó en el jardín y lo hizo caer. Con el segundo Adán lo tentó en el desierto, pero no pudo triunfar.

Pero aun antes de eso, María queda embarazada, da a luz la simiente de la mujer, y de repente Herodes, en su maldad, oye que había nacido Jesús, el Rey de los judíos. Se enoja y emite un decreto para que destruyeran o mataran a todos los niños de alrededor de dos años en Belén, donde se dijo que había nacido ese niño, y en todos sus alrededores. Una amenaza contra esta simiente de la mujer.

Los años pasan, Cristo se hace hombre, está a punto de comenzar su ministerio, entra al desierto y ahí se encuentra Satanás con el segundo Adán. Con el primero había sido en el jardín frondoso, donde no hacía falta nada; con el segundo Adán, en un desierto donde hacía falta de todo. Y dice Marcos en su evangelio, en el capítulo 1, que Satanás lo tentó por cuarenta días corridos, tratando de hacerlo caer igual que al primer Adán, pero no pudo.

Al final de sus días, Satanás entró en Judas, lo poseyó, y estando poseído, Judas fue a las autoridades, negoció un precio para entregar a la simiente de la mujer, a Jesús. Y lograron llevarlo a la cruz y darle muerte a la parte humana de Jesús.

Lo que Satanás no sabía era que eso que se anunció en Génesis 3:15 —que en la cruz Satanás heriría a Cristo, la simiente de la mujer, en el calcañar o en el talón, pero que Cristo le produciría una herida en la cabeza— se cumpliría exactamente así. Él no tenía idea de que cuando Jesús muriera en el madero, quedarían debilitadas todas las fuerzas de las tinieblas. Eso es exactamente lo que Pablo nos dice en Colosenses 2:15, hablando justamente de la crucifixión de Cristo, de cómo Él clavó la ley que nos acusaba y nos condenaba. Y entonces dice en Colosenses 2:15: "Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él."

Ahí está. Esta es la herida mortal en la cabeza de Satanás que fue profetizada en Génesis 3:15. Impresionante, porque Dios anuncia una sentencia de juicio en Génesis 3, y en el mismo capítulo, junto con la sentencia de juicio, nos habla de la gracia que nos va a rescatar a través de la simiente de la mujer. Uno no esperaría encontrar gracia en medio del juicio, pero eso es exactamente lo que Génesis 3:15 hace.

Y entonces Génesis 3:15 movió toda la historia en la dirección de la cruz para que ese día llegara, hasta el punto en que luego, en Apocalipsis 20:10, se nos dice cómo lo que ocurrió en la cruz terminó destruyendo —o destruirá— a Satanás en un futuro: "Y el que los engañaba —desde el Génesis los engañaba— fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde también están la bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos." Satanás, sus ángeles caídos, la bestia y el falso profeta, todos en el lago de fuego, junto con todo aquel que no se haya encontrado con Cristo de este lado de la gloria.

De manera que cuando Cristo vino, Él dividió la humanidad en dos. Llamémoslos por ahora hijos de la luz e hijos de las tinieblas. Pero yo te voy a leer lo que salió de los labios de Cristo para que tú veas cómo Él les llamó. En un momento dado, Cristo había estado enseñando en parábolas y no le entendían, y ese grupo de personas vino a Cristo a decirle que no le entendían. Cristo les dice en Juan 8:43-44: "¿Por qué no entienden lo que les digo?" Y el mismo Cristo da la respuesta: "Porque no pueden oír mi palabra." Versículo 44: "Ustedes son de su padre el diablo, y quieren hacer los deseos de su padre. Él fue un asesino desde el principio, desde el Génesis, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira."

Los hijos de Dios son llamados hijos de ira en Efesios antes de la gracia, e hijos de gracia para aquellos que son hijos de Dios. Hermanos, la mentira de Satanás, comprada por Eva y Adán en el jardín, es la misma mentira que nosotros seguimos comprando y repitiendo. Tenemos que recordar que nuestras mentiras nunca pueden ser piadosas, nunca pueden ser blancas. Cada vez que tú mientes, en cualquiera de sus formas y en cualquiera de sus grados, has hecho una identificación con el padre de la mentira, no con Cristo, que se llamó a sí mismo la luz del mundo, que se llamó a sí mismo la verdad, no la mentira.

Entonces, en Génesis 3:15, en medio del juicio, hay un anuncio de que vendría alguien descendiente de una mujer —María— que finalmente terminaría destruyendo a Satanás. Esta es la razón por la que este versículo, Génesis 3:15, es tan fundamental en el entendimiento de la teología bíblica, desde el jardín hasta la cruz, por así decirlo. Y este es el versículo que ha sido llamado el protoevangelio, las primeras buenas nuevas de salvación para un futuro. Quizás Martín Lutero fue la primera persona que acuñó ese término: el protoevangelio, el primer evangelio, el primer anuncio de las buenas nuevas de salvación.

Entonces, recuerda lo que tenemos. Génesis 1 y 2 es el drama de la creación. Génesis 3:1-14 es el drama de la corrupción, de la corrupción de la creación por medio del pecado que entró a la humanidad. Y Génesis 3:15, que es donde estamos hoy, anuncia el triunfo en el drama de la redención. Creación, corrupción, redención: así es como estamos avanzando.

Esta destrucción anunciada en Génesis 3:15 concuerda con lo que Dios ha dicho en el Nuevo Testamento. Escucha a Pablo en Romanos 16:20: "Y el Dios de paz aplastará pronto a Satanás debajo de los pies de ustedes." Dios va a aplastar a Satanás. No somos nosotros. Nosotros no tenemos poder ni autoridad para estarle hablando a Satanás, como muchos han hecho a veces en pantalla: "Yo te piso, yo te aplasto." No, no, no. Dios aplastará a Satanás debajo de sus pies. Nosotros estamos en Cristo, y cuando Cristo lo acabe de destruir, Satanás quedará por debajo de nosotros.

Esa es la historia. Comenzó muy mal en el jardín del Edén, porque de un árbol muy frondoso, en ese jardín fértil provisto de todo, nuestros progenitores comieron. Pero la historia va a terminar muy bien, porque en otro madero, no frondoso, sino sin frutos, sin ramas, en forma de T, un día un rabino judío se colgó para el perdón de los pecados de aquellos que habían sido elegidos por Dios desde antes de la fundación del mundo. Y allí Cristo, en la cruz, pudo decir: "Consumado es."

La cruz es el anuncio del final de una larga pesadilla de la cual todavía no hemos acabado de despertar. Eso es como realmente es. Entonces, literalmente, hermanos, nosotros estamos viviendo el drama de la redención. ¿Tú sabes por qué le estoy llamando drama? Porque en un drama hay misterios, hay dolor, hay sufrimiento, cosas que se saben, cosas que no se saben, cosas por descubrirse. Eso es más o menos como ocurre en un drama.

La manera como Juan Calvino lo concibió fue esta:

Imagínate una obra de teatro. Tú vas a ver una obra de teatro en una sala de teatro. Tú te sientas, ves los actores y ahí entonces se lleva a cabo la obra de teatro frente a tus ojos. Calvino decía que el drama de la redención... Dios creó la sala de teatro para ese drama, que esa sala de teatro es el planeta Tierra y que Dios escogió este planeta para desplegar su gloria a través de su plan de redención. Nosotros somos los actores de este drama, y Dios está llevando a cabo toda la redención de la raza humana, de la parte elegida de antemano, ¿verdad? Dios está llevando a cabo esta redención, y la redención misma de la creación, y lo estamos viviendo como tú vives una obra de teatro. Y ahí Dios decidió desplegar su gloria.

Génesis 3:15. La enemistad anunciada, la destrucción anunciada de Satanás es el timón de la historia de la humanidad hasta llegar a la cruz. Literalmente, Dios movió toda la historia de pueblos gentiles y del pueblo hebreo para que culminara en la cruz. Y literalmente cuando Dios lo hizo, Dios anunció el resto de la historia, que es el triunfo final de Cristo.

Escucha lo que nos dice Pedro en su primera carta, en 1 Pedro 1:20: "Él, Cristo, estaba preparado desde antes de la fundación del mundo, pero se ha manifestado en estos últimos tiempos por amor a vosotros." ¿Escuchaste? Cristo fue preparado como el Redentor antes de que el teatro de la obra de Dios existiera, antes de que la creación existiera. De manera que en la eternidad pasada, imagínatelo de esta manera, la Trinidad —Padre, Hijo, Espíritu Santo— se reúnen, tienen una conversación, orquestan toda la historia providencialmente y eficazmente, no solamente de la creación del hombre, sino también de la caída del hombre, permitida, y luego de la redención del hombre y de la creación.

Esa es la razón por la que Apocalipsis 13:8 nos habla de Cristo como —escucha ahora— el Cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo, o desde antes que los tiempos comenzaran, dependiendo de tu traducción. El Cordero inmolado: nosotros lo conocemos a partir de estos dos mil años para acá, en términos de lo que pasó. La Trinidad lo decidió y lo vivió en su mente desde antes de la creación del mundo. Cristo, en la eternidad pasada, estableció una cita en su agenda, dos citas en su agenda, de dos grandes eventos: una, su encarnación; y dos, su crucifixión. Y desde entonces todo ha sido movido para ese momento.

Una vez escogido Cristo, Dios comenzó a mover la historia, como dijimos, de los pueblos gentiles y del pueblo hebreo, la hizo coincidir. Y entonces Pablo escribió, como leímos ya, Gálatas 4:4: "En la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer." Sí, es el Hijo de María. Imagínatelo de esta forma: dos historias. El pueblo hebreo, que Dios no quería que se juntara con los pueblos gentiles nunca, los mantuvo separados. Aquí está la cruz. Estas historias se van a mover en la dirección en que la cruz debe producirse. Y cuando esas dos historias se interceptan, ahí llegó la cruz.

La plenitud del tiempo nos habla de un momento donde coinciden, donde ya habían coincidido todos los eventos necesarios que debían entrecruzarse para que Cristo pudiera venir. La plenitud del tiempo nos habla acerca del propósito de Dios que estaba madurando, pero no estaba maduro hasta que llegó un momento. Cuando ese momento llegó a su clímax, entonces en el momento preciso, no antes, no después, ni por un día, Cristo, la simiente de la mujer, vino al mundo.

Y Cristo vino también en un momento donde Israel había comenzado a desgastarse, el judaísmo de Israel se había ido desgastando, y la población había ido perdiendo su fe y había comenzado a entender que la ley de Dios es imposible cumplir a cabalidad, lo cual hablaba de que alguien tendría que venir y hacerlo. Y como se lo había prometido el Mesías en la historia pasada, ellos tenían esa esperanza de que un día vendría un Mesías a producir algo diferente. Cristo vino, cumplió la ley a cabalidad, y habiéndola cumplido, fue a la cruz y se colgó.

Lo que yo quiero que tú veas es que desde la creación, caída, redención, crucifixión, ninguno de estos eventos fue accidental, ni fue incidental, ni fue sorpresivo, ni nada fue imprevisto o nunca visto antes. Nada fue fortuito. No, no, no, no. Ni la caída de Adán ni la crucifixión de Cristo tomó a Dios por sorpresa. Para nada, en lo más mínimo. Recuerda que Hechos 4 nos dice que en Jerusalén se juntaron Pilato y Herodes, los romanos, los gentiles, para hacer todo cuanto tu mano había previamente determinado. A ese punto se refiere Génesis 3:15, cuando la simiente de la mujer propinaría una herida fatal a Satanás.

La cruz de Cristo representa el clímax de todos los pensamientos de Dios, de todos los propósitos de Dios, de todos sus planes, todos sus caminos, todas sus intenciones, todas sus motivaciones. Y ya una gran parte de la historia ha transcurrido, pero todavía estamos en la espera, estamos en el "ahora, pero no todavía." Y uno pudiera preguntarse: "Pastor, ¿pero por qué esperar tanto tiempo? Si al final Dios de todas maneras iba a terminar redimiendo la creación y redimiéndonos a nosotros." Bueno, nosotros no tenemos la respuesta completa de parte de la Biblia. Sin embargo, yo creo que hay cosas que nos permiten imaginar o concluir algunas cosas en la espera.

La espera ha puesto de manifiesto cuán profunda y odiosa es la caída, o la pecaminosidad de ese hombre caído, que nosotros no acabamos de entender. Pero recuerda que tú abres Génesis, estamos en Génesis 3, tú pasas a Génesis 4, llegas al capítulo 5 del Génesis y en el 6, estamos en los principios, en los albores, por así decirlo, de los tiempos. Dice el texto que en Génesis 6:5 era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era solo hacer siempre el mal. La humanidad se fue despegando de Dios, despegando de Dios, hasta un punto que la humanidad entera existente tenía un solo propósito: hacer la maldad. Esa era la intención, la única intención de su corazón, y de hacerla siempre y solamente.

Hermanos, tú y yo no entendemos lo mucho que Dios abomina el pecado. Recuerda, Dios está en la esfera, le está permitiendo cosas en la historia que nos están enseñando cosas. Yo decía esta mañana, ¿verdad?, que los imperios vinieron: surgió el imperio de Egipto. Y ese imperio pensó en la inmortalidad, y la manera de entrar en la inmortalidad era creando estas momias que están ahí petrificadas en las pirámides todavía. Pero nosotros sabemos que esas momias jamás iban a poder encontrar inmortalidad aparte de la cruz.

El imperio egipcio cayó y surgió el imperio de Babilonia, con su gran esplendor, los jardines colgantes de Babilonia, su gran belleza. Pero cayó en una sola noche. Tú te imaginas un imperio entero caer, dejar de ser en una noche, dejándonos entender, en la espera de este Mesías, si queremos aprender, que no importa el esplendor que tú tengas: solamente el reino de la cruz durará para siempre. Amén. Todo es temporal, todo es pasajero.

Babilonia cae y surge el imperio de Grecia, sus grandes filósofos: Sócrates, Platón, Aristóteles. Pero ninguno de ellos con sus enseñanzas sanó el problema o solucionó el problema del pecado, ni pudieron aminorar la culpa de los hombres. Por eso es que Pablo viene a los corintios y les dice: "Los judíos quieren señales, pero los griegos quieren sabiduría. Pero nosotros no vamos a hacer ni una cosa ni la otra. Nosotros vinimos a predicar a Cristo y a este crucificado." Lo que fue anunciado en Génesis 3:15, yo, Pablo, lo estoy anunciando ahora como algo que ya pasó.

Cayó el imperio de Grecia, surgió el imperio de Roma, y ahora sí estas dos historias se están juntando: el imperio de Roma representando a los gentiles, y el pueblo judío por otro lado.

Se interceptan al punto de que cuando Cristo vino, la simiente de la mujer, Cristo fue crucificado como siendo parte del pueblo judío, estando dominado por el Imperio Romano bajo Poncio Pilato y el emperador Tiberio César. En ese preciso momento, cuando el idioma griego se había hecho universal y todo el mundo podía prácticamente leer este idioma, es cuando Cristo viene y comienza a construir su historia.

Tú notaste lo que hemos estado diciendo hasta ahora. El primer Adán vino, pecó y fue maldito en el jardín del Edén. El segundo Adán vino, no pecó, pero fue maldito también en un madero. La maldición que cayó sobre Adán, fruto del pecado, es la que tú y yo heredamos. Para yo ser salvo y ser librado, mi maldición tuvo que ser tomada sobre los hombros de Cristo, y Él murió literalmente, según la Palabra, maldito en un madero.

La diferencia es que la maldición del primer Adán trajo condenación. La maldición del segundo Adán en ese madero trajo redención. Condenación. Redención. Cuando Cristo dijo: "Consumado es", todo había terminado en cuanto a lo que había que hacer. El resto era simplemente que los insubordinados terminaran de rendirse. Entonces, ahora ya tenemos una mejor idea de la importancia del peso que tiene Génesis 3:15 para dedicarle suficiente tiempo a desempacarlo.

Ahora podemos comenzar a ver el resto de la historia, y vamos a leer entonces Génesis 3:21 hasta el 24, y lo vamos a dividir. Habíamos cubierto hasta el 20, y ahora el 21: "Y el Señor Dios hizo vestiduras de piel para Adán y su mujer, y los vistió."

Antes de abordar este versículo, recordemos algo. En el versículo 7 de Génesis 3 dice que Adán y Eva, cuando pecaron, se vieron desnudos, experimentaron vergüenza y culpa, y entonces ellos, pensando que crearon un problema, en vez de ir al Creador para que les resolviera el problema, decidieron otra vez tomar las cosas por sus manos y hacerse delantales de hojas de higuera. Pero eso no resolvió el problema. Claro que no.

La vergüenza experimentada por Adán y Eva no tenía nada que ver con su ropa. Absolutamente que no. Anterior a la caída no tenían ropa, no tenían nada que los cubriera, no tenían vergüenza, no tenían culpa, y estaban en perfecta armonía con su creación y con el Creador. Lamentablemente, la imagen de Dios había sido terriblemente manchada, y su vergüenza era no genital, y su culpa era moral. De manera que cubrirse con las hojas de higuera no iba a solucionar absolutamente nada.

Es interesante porque a lo largo de las Escrituras la desnudez y la vergüenza han sido asociadas al pecado, a un problema moral. Escúchalo: estamos hablando en Génesis 3, principio de la Biblia, y se nos está hablando de la desnudez y la vergüenza después del pecado. Tú avanzas toda la Biblia y llegas a Apocalipsis, último libro, y te encuentras que la desnudez y la vergüenza siguen siendo asociadas al pecado, porque es un problema más moral, interno que externo.

Escucha lo que le dice Cristo a la iglesia de Laodicea. Apocalipsis 2 y 3 hablan de siete mensajes a siete iglesias. El último de esos mensajes es a la iglesia de Laodicea. Escucha cómo la iglesia de Laodicea se consideraba a sí misma, cómo lucía aquí abajo y cómo lucía desde arriba. Cristo, que está disciplinando a sus iglesias, dice en Apocalipsis 3:17-18 lo siguiente: "Soy rico —dice la iglesia de Laodicea— me he enriquecido y de nada tengo necesidad." La iglesia crece, se enriquece y dice: "Míranos. Otros tienen necesidades, pero yo no tengo ninguna."

Escucha lo que Cristo dice de cómo ellos lucen desde arriba: "Y no sabes que eres un miserable y digno de lástima, y pobre, y ciego, y desnudo." Ahí está la desnudez. "Te aconsejo que de mí compres oro refinado por fuego para que te hagas rico" —riquezas espirituales— "y vestiduras blancas para que te vistas, para que no se manifieste la vergüenza de tu desnudez. Y colirio para ungir tus ojos para que puedas ver." No es física, es moral. ¿Te das cuenta de que una cosa es la realidad como se ve aquí abajo y otra cosa es cómo esa realidad se ve desde arriba?

Aquí abajo la iglesia estaba bien suplida, autosuplida, se veía autosuficiente. Cristo la ve y le dice: "Si tú supieras que desde aquí tú luces tan pobre, tan miserable, luce desnuda y luce avergonzada."

Ahora bien, Adán y Eva crearon un problema. Ellos lo crearon y ellos trataron de resolver su problema entrelazando hojas de higuera. Pero la ropa, como ya dijimos, no era el problema, porque habían estado desnudos. Por tanto, si ahora se veían desnudos y con vergüenza, su ropa no se lo iba a solucionar, ni sus coberturas. El problema no era externo, era interno. Si antes de la caída la ropa no fue un problema, después de la caída la ropa no me lo puede solucionar.

Y en vez de ir al Creador y expresar su vergüenza y su arrepentimiento, y pedir perdón y ayuda, eso no fue lo que hicieron. No, ellos tomaron otra vez las riendas en sus manos y se cubrieron ellos mismos. Y entonces en Génesis 3:21, que fue el texto que te dije que íbamos a exponer, Adán se presenta finalmente donde Dios con estos delantales de hojas de higuera, y el Señor se los quita. "Y el Señor Dios hizo vestiduras de piel para Adán y su mujer, y los vistió."

¿Cómo entendemos eso teológicamente? Viendo el resto de lo que ocurrió después. Dios mató a un animal, derramó sangre para el perdón del pecado, porque sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecado, dice Hebreos 9:22. Sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecados. Entonces Dios mató a un animal, derramó sangre, tomó sus pieles y los cubrió.

Pero, ¿sabes qué? Aun esas vestiduras de pieles hechas por Dios eran insuficientes, eran temporales. Y asimismo fue temporal el perdón ofrecido por los pecados de los hombres hasta que Cristo viniera. Tú recuerda que en Éxodo, inmediatamente después del Génesis, Moisés construyó un tabernáculo por orden de Dios. En el tabernáculo comenzaron a sacrificarse corderos y a derramarse la sangre de los corderos. Incluso el altar en el lugar santísimo, el altar de oro, era santificado, por así decirlo, cuando lo salpicaban con sangre de los machos cabríos y de los toros.

Dejándonos entender y recordar: aquí hay un problema. Alguien perdió la vida en el Génesis, y el pecado requiere la muerte del pecador. En lo que ese Cordero de Dios llega, lo vamos a tipificar con la muerte de otros corderos mientras llega el Cordero de Dios. La sangre de los machos cabríos y de los toros, dice el autor de Hebreos, nunca calmó la conciencia del pecador.

Tú ibas al sacerdote, traías tu cordero, lo mataban, se ofrecía ese sacrificio por el perdón de tus pecados, el sacerdote decía: "Vete en paz." Tres meses después tú volvías con otro cordero, y detrás de ti había otro que venía con otro cordero, porque tú nunca te sentías completamente limpio. Es como yo lo ilustraba esta mañana: es como si tú tienes una deuda con el banco, no puedes pagarla, hay un arreglo legal con el banco, el banco te permite que pagues los intereses. Pero tú puedes pasarte cinco años pagando los intereses y al quinto año tienes la misma deuda todavía.

La sangre de los toros y los machos cabríos pagó los intereses, por así decirlo, pero la deuda seguía abierta. Y alguien iba a tener que venir y derramar sangre, porque sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecado. El problema era que la única persona que podía hacer eso era Dios mismo encarnado, viviendo una vida sin pecado, colgándose en un madero sin haber pecado, limpio de culpa, y allí esa sangre sí podía limpiarme de pecado.

Entonces, Dios cubre a Adán y Eva con pieles. Versículo 22: "Entonces el Señor Dios dijo: 'He aquí, el hombre ha venido a ser como uno de nosotros...'"

El hombre no había conocido el mal anteriormente, no sabía lo que era la maldad. La Trinidad sí sabía, porque Lucifer se había revelado en los cielos y había una experiencia con él conociendo el bien y el mal. "Cuidado ahora, no vaya a extender su mano y tomar también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre." Versículo 23.

Estos dos versículos son de los más pesados cada vez que yo los leo, por lo que implican. Déjame leértelo. "Y el Señor Dios los echó del huerto del Edén." Párate un momentito.

Yo me he imaginado a Dios hablándole a Adán y Eva, como si yo fuera Dios hablándoles. "Se me van de mi jardín." Imagínate tú como hijo, tenías, no sé, 15 años, 20, no importa, que tu padre se levanta un día y te dice: "Te me vas." "Padre, pero yo he estado aquí todos los días contigo." "Te me vas. No vas a estar en mi presencia jamás. Hay un abismo entre tú y yo de aquí en adelante."

Dios los echó. Si el texto dijera simplemente: "El peso de la culpa era tan grande que Adán y Eva decidieron salir", eso no es lo que dice. Dios los echó del huerto del Edén para que labrara la tierra de la cual fue tomado. Tú vas a labrar la tierra, pero no es la tierra frondosa, el fértil jardín al que tú estabas acostumbrado. No, es una tierra que te va a dar problema labrarla, pero eso es tu trabajo ahora. Wow.

Versículo 24. El mismo vocabulario: "Expulsó pues al hombre." Nota que no dice al hombre y a la mujer, pero la mujer está incluida. Lo que pasa es que Adán es la cabeza federal de la raza. "Expulsó pues al hombre, y al oriente del huerto del Edén puso querubines y una espada encendida que giraba en todas las direcciones para guardar el camino del árbol de la vida."

Imagínate: tú viviste un tiempo en la presencia de Dios, puedes hablar con Él cuando tú quieras, tienes comunión con Él cuando tú quieras. El día que Él te echa de su presencia, te dice: "Y aquí no vuelvas." De hecho, querubines van a proteger precisamente la puerta de regreso, la entrada de regreso, por si quisieras, porque no puedes entrar.

Yo te grafíco estas cosas para que tú puedas entender el peso del pecado, lo odioso del pecado. La gente va al infierno por una eternidad de dolor, sufrimiento, oscuridad, llanto y crujir de dientes, simplemente porque pecaron. No es tan simple. Cristo, el Hijo de Dios, completamente santo, la segunda persona de la Trinidad, para poder salvarnos de la maldición en la que Adán nos hundió, tuvo que morir cruelmente. Pero lamentablemente no acabamos de aprender la lección.

El hombre fue cubierto por Dios con pieles, hablamos de eso un momentito atrás, y el hombre ha seguido cubriéndose hoy. Lo ha hecho de todas las maneras. Él compra ropas finas y piensa que se siente mejor, sobre todo si se ve el sellito de la ropa. Lo que él no sabe es que el mal olor que sale de él, el peor hedor, si yo pudiera decirlo así, no tiene nada que ver ni con su condición física ni con su anatomía; sale de su corazón.

Quizás esta ilustración te pueda servir. Nosotros odiamos el estiércol, el olor a estiércol. Tú no quieres pisarlo porque se te pega, y no quieres que esté cerca de ti tampoco. Eso es el pecado para Dios. Lo que pasó en el jardín del Edén, Dios así mismo lo abomina. Y cuando Cristo cargó con tu pecado en la cruz, Dios le dio la espalda a Cristo. Sus ojos son tan puros, Habacuc 1, que no pueden ver el pecado; que no pueden ver lo que tú y yo hacemos, cosas que llevaron a Cristo a la cruz. Lo sabemos y lo seguimos haciendo. Eso es horripilante.

Y el hombre entonces se ha cubierto, en principio, con largas ropas, y después, como que descubrió que la ropa era un problema, y ahora el ser humano ha comenzado a desvestirse. Ahora queremos enseñar todo lo que estaba cubierto antes, porque ni vergüenza tenemos. Perdimos la vergüenza, como el pueblo de Israel al que Dios le dice en un momento: "Tú no sabes ni siquiera enrojecerte. Has perdido la capacidad de ruborizarte." Hace las peores cosas y tu color no cambia. Wow.

Bueno, descubrimos que a veces aun la parte externa de la piel despide un mal olor. Nos compramos perfumes, y mientras más caros, mejor. El problema es que el mal olor no es externo, es interno. Es el interior del hombre que sale. "Lo que entra por la boca no contamina al hombre; es lo que sale de su boca", dijo Cristo, "lo que contamina al hombre." Wow.

No entendemos la dimensión de lo que implicó ser expulsado de la presencia de Dios. Deja ver si te lo puedo ilustrar en los minutos que nos quedan. Cuando Adán se despegó de Dios de manera instantánea, Adán perdió el sentido de lo trascendental. Ya para Adán todo lucía ordinario.

Claro, hay una sentencia de muerte: "Tú vas a morir, Adán." Todos los días Adán se levantaba quizás pensando: "¿Será hoy? ¿Será hoy?" De manera que el ser humano entra a este mundo pensando que lo más importante es el aquí y el ahora. Antes que me muera, yo quisiera hacer esto; antes que me muera, yo quisiera visitar tal lugar, porque lo más importante para él es lo temporal. Él no tiene dimensión de lo eterno. Por eso es que continuamente Dios nos llama a poner la mirada en las cosas de arriba. ¿Por qué? Porque nuestros ojos solamente están en las cosas de aquí abajo. Las cosas de aquí abajo son las que nos llenan, nos dan placer, nos dan satisfacción, pero no lo dan.

El hombre ha tratado de llenar ese vacío con cosas temporales. El problema es que el vacío que dejó la lejanía de Dios tiene el tamaño infinito de Dios y la forma de Dios. Pero el hombre entonces frecuentemente se deleita en lo ordinario, se aburre, se cansa y no se siente atraído por las cosas de Dios.

Ah, esto lo digo con deseo de ilustrar; yo no soy juez para acusar a nadie, pero piénsalo. "Me da dificultad leer este libro, y si lo leo, ay, qué pesado es esto. Oye, ¿podemos ir para el mall? Vámonos." Lo trascendental no le llama la atención al hombre; es lo ordinario, lo temporal, lo del aquí y lo del ahora. Él perdió esa dimensión.

Pero eso no fue lo único que él perdió. Recuerda que él estaba unido a Dios; Dios era su identidad. Adán, ¿quién tú eres? "Yo soy imagen. Yo fui hecho imagen y semejanza de Dios." Mírate, ya no. "Yo fui hecho así, pero yo manché eso." No tenemos identidad con la santidad. De hecho, nuestra identidad es más con el pecado que con la santidad. Por eso es más fácil pecar que vivir en santidad. Fuera del jardín no hay sentido de identidad.

Entonces, ¿cómo se volvió Adán? Inseguro. Imagínate la primera noche rodeado de animales que eran sus mascotas; ahora son fieras. Este hombre fuera del jardín vive preocupado por el futuro. Claro: "¿Qué me va a pasar? ¿Cómo cuido mis hijos para el futuro? ¿Cómo me aseguro de asegurar lo que ellos van a vivir?" Y compramos pólizas, y compramos pólizas más grandes, pero seguimos inseguros. Ahorramos, pero seguimos inseguros.

Su sentido de propósito también se perdió. Él no tiene un sentido de propósito eterno, porque su mirada está aquí abajo.

Por tanto, él busca en las cosas de aquí abajo su propósito, pero él sigue vacío. Pero cuando tú le hablas al hombre sobre estas cosas, quizá alguien que está escuchando ni siquiera me cree. ¿Sabes por qué no me cree? Porque él sigue soñando, al igual que Adán y Eva, con una realidad que no es real.

Y cuando él adquiere el próximo logro, él piensa: "Ya lo alcancé." Pero comienza el vacío a moverlo otra vez. Entonces, otra cosa y otra cosa y otra cosa, pero él sigue inquieto, porque fuera de Dios no hay seguridad, no hay identidad, no hay propósito.

El hombre se propone lograr más, pero esos logros se convierten en un obstáculo para la adoración. La gente siempre encuentra tiempo para hacer un curso más, una preparación más, hacer algo más en la casa, o comprar otra casa, o hacer otra inversión, lo que tú quieras. Para Dios es que no hay tiempo. Da trabajo orar, da trabajo leer la Palabra.

Lo impresionante es que el hombre a lo largo de los siglos, y ahora más recientemente la mujer, le dan en esfuerzo, entrega y trabajo —esfuerzo, entrega, sudor— a su trabajo, que no se lo dan ni a Dios ni a su familia. Queriendo asegurar el futuro de la familia, destruimos la familia, porque sus logros no pueden garantizar un futuro que está en las manos de Dios y no en las manos de nosotros.

Las ropas no nos resuelven el problema. Ni las muy largas, ni las de marca, ni la escasa ropa con la que el hombre moderno quiere vivir tampoco resuelve el problema. El problema es interno. Los perfumes no nos quitan el mal olor del pecado, porque el olor sale de adentro, no de afuera.

Y entonces, ¿qué iba a pasar? Bueno, tenía que pasar exactamente lo que Génesis 3:15 anuncia: que la simiente de la mujer, Jesús, vendría y destruiría, causaría una herida mortal a la simiente de Satanás, a Satanás y su simiente, todos sus secuaces, por así decirlo.

Y el día que Cristo fue a la cruz, esto fue lo que sucedió. 2 Corintios 5:21: "Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en él."

Bueno, yo quiero que tú te imagines esto. Trata de hacerlo. Yo traté de hacerlo y lo estoy tratando de hacer otra vez contigo. Piensa en tus peores pecados, antes y después de ser cristiano, no importa, de tus peores. El día que Cristo fue a la cruz, esto fue lo que Dios hizo. Es una ilustración, pero es real. Estos pecados horripilantes de Miguel, de José, de Juana, de María, se los colgó a Cristo sobre sus hombros. No son tuyos, pero la penalidad de esos pecados repugnantes que ellos hicieron, tú los vas a cargar. Y aquel que no conoció pecado fue hecho pecado. Él no era un hombre pecaminoso en la cruz; cargó con el pecado de la humanidad.

"Padre, ¿qué más? Esto es lo que va a ocurrir cuando Miguel venga a ti un día, en un momento dado de su historia, confiese lo horrible de su pecado, la necesidad que él tiene de arrepentirse y recibir perdón. Entonces yo quiero, Hijo, que tú tomes tu santidad y lo arropas a él." Eso es lo que esto quiere decir aquí: "para que fuéramos hechos justicia de Dios en él." Ahora, cuando Dios Padre ve al pecador arrepentido que ha nacido de nuevo, más que ver sus pecados, ve la santidad de Cristo que cubre sus pecados.

Esta es la cobertura que yo necesito. No higueras, no hojas de higueras, ni siquiera pieles animales. Yo necesito la cobertura de Cristo para poder volver a entrar al jardín, a la presencia de Dios, para el resto de la eternidad. Cristo es mi solución.

Él es quien cubre tu desnudez y tu vergüenza, de una vez y para siempre, por un solo sacrificio. Y lo que cubre tu desnudez y vergüenza es su santidad otorgada, imputada, cargada a la cuenta del pecador. Por eso Romanos 8:1 dice: "No hay condenación para aquellos que están en Cristo Jesús."

Hermanos, podemos pensar en dos o tres grupos. Un primer grupo que nunca ha sido cubierto por la santidad de Cristo. Hoy es tu día. Si hoy escuchas su voz, no endurezcas tu corazón. Confiesa tus pecados, pide a Dios más arrepentimiento, que Él te lleve a la cruz y allí habla con Dios. Confésate pecador, horriblemente pecador. Pídele perdón en base a lo que Cristo hizo en la cruz. Dile que de corazón, si lo sientes, no de los labios para afuera, que quieres entregarle tu vida, tu mente, tu corazón, tus planes, tus propósitos, tus anhelos, ambiciones, todo lo que eres, todo lo que tienes, te lo vas a entregar para que Él lo maneje y para que Él renueve y regenere tu espíritu. Tú puedes hacer eso; lo puedes hacer ahora en tus propias palabras.

El otro grupo. Puede ser que tú seas nacido de nuevo, pero el pecado te ha alejado de Dios. Quizás tú no creas que estás alejado de Dios porque todavía vienes a la iglesia o lees la Biblia, y yo puedo hacer ambas cosas y estar alejado de Dios. Entonces, ¿cómo sé la diferencia, pastor? Cuando estás cerca de Dios, tu corazón vibra por las cosas que vibra el corazón de Dios. Cuando estás cerca de Dios, tu corazón anhela las cosas que Dios anhela para ti. Cuando estás cerca de Dios, tú anhelas escuchar su Palabra, estudiar su Palabra, escudriñar su Palabra, rumiar su Palabra. Tú anhelas al pueblo de Dios, tú amas al pueblo de Dios. Las cosas de Dios te entusiasman; no tienen punto de comparación.

Si tú estás ahí, yo te pido que también puedas tomar este tiempo para arrepentirte y poder decir a Dios: "Dios, perdóname, porque lo temporal, el aquí, el ahora, lo que el mundo me ofrece me entusiasma mucho más que las cosas que Tú me ofreces a través de tu Palabra. Perdóname, porque quizás estoy como los de Laodicea, que se veían bien suplidos, bien cubiertos, pero Tú me ves como pobre, ciego y desnudo. Perdóname."

Y quizás hay un tercer grupo donde hay gente que sí está cerca de Dios, está experimentando todo este gozo y abundancia de gozo en su presencia, que camina con Dios. Hermanos, cuiden eso. No lo den por sentado, no lo ensucien. No se alejen. Estaban lejos; Dios los acercó. Quédense ahí.

Cuida tu salvación con temor y temblor. Pídele a Dios todos los días que no te permita alejarte de Él, que haga lo indecible para mantenerte a su lado, que mueva tus ojos de este mundo hacia el mundo de arriba y, si ya están arriba, que los deje ahí arriba en Él.

Porque todo esto que está a tu alrededor, ¿sabes cómo Dios lo ve? Como Pablo lo vio cuando lo entendió: como basura. Como basura. Tan desechable es que Dios piensa tomar toda la creación que Él mismo hizo en seis días y la va a destruir por completo para traer cielos nuevos y nueva tierra. Así de desechable es este planeta. Imagínate lo poco que yo puedo tener en el planeta, si el planeta entero lo van a desechar.

Padre, gracias. ¡Uf! Gracias y perdón al mismo tiempo. Perdón porque el pecado de Adán me afectó a mí y a todos, y mis pecados te afectaron a ti porque te llevaron a la cruz en la persona de tu Hijo. Perdónanos. Perdónanos todavía más cuando, después de haber sido perdonados y limpiados, nos hemos vuelto a ensuciar otra vez, y disfrutamos las cosas por las cuales Cristo fue a la cruz por mí.

Perdónanos. Perdona nuestra falta de mente sólida, racional, bíblica, equilibrada, cuando no sabemos poner en una balanza las ofertas de Dios y las ofertas del mundo, o la ponemos, pero lamentablemente dejamos que la balanza se incline hacia las cosas que el mundo nos ofrece, como si tuvieran mucho mayor peso que las cosas que tú nos ofreces.

Tu Hijo mismo nos dijo: "Si ya te has mostrado infiel en las cosas pequeñas, en las cosas de este mundo, ¿cómo te voy a confiar riquezas espirituales?" Pudiéramos ser más ricos espiritualmente si deseáramos ser menos ricos materialmente. Vacía nuestras manos, oh Dios, de lo que no es tuyo, y llénanos con aquello que solamente tú puedes proveer.

Hazlo por amor a ti mismo, para gloria de Cristo, nuestro Redentor, y para el gozo nuestro. Solo en Cristo yo puedo estar cubierto y vivir satisfactoriamente. En tu nombre hemos predicado, y su pueblo dice: "Amén." Amén.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.