IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Cuando Israel fabricó el becerro de oro, no solo violó los tres primeros mandamientos de la ley de Dios, sino que redujo al Dios infinito y santo a una imagen finita mientras celebraba con desenfreno. Aarón, confrontado por Moisés, respondió con una mentira absurda: que él simplemente echó oro al fuego y "salió este becerro". Esta excusa revela algo profundo sobre nuestra naturaleza caída: el pecado nos vuelve creativos para ocultar nuestras faltas, pero incapaces de reconocerlas. La mentira y el arrepentimiento son incompatibles; donde hay ocultamiento, no hay genuina contrición.
De las doce tribus de Israel, solo una —Leví— se puso del lado del Señor cuando Moisés llamó a una confesión pública. Las otras once, al no venir, declararon con su silencio que estaban contra Dios. Tres mil hombres murieron ese día como consecuencia de la disciplina divina. Dios perdonó al pueblo, pero se distanció: enviaría un ángel, ya no iría él mismo en medio de ellos. Dejó de llamarlos "mi pueblo" para referirse a ellos simplemente como "el pueblo".
Este distanciamiento nos confronta con una realidad incómoda: podemos continuar con actividades religiosas mientras nuestro corazón está lejos de Dios. Los labios pueden honrarlo mientras el corazón permanece frío. El pastor Núñez advierte que muchos creyentes viven contentos sin la presencia manifiesta de Dios, sostenidos solo por el activismo religioso. La solución no es una simple rededicación, sino un arrepentimiento genuino que solo Dios puede conceder —pero que debemos buscar con urgencia antes de que él visite su disciplina.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bendiciones, amados. Pueden sentarse. Es bueno tenerlos. El fin de semana tuvimos unas 2,000 mujeres, o un poco más, en una conferencia para mujeres donde Dios estuvo hablando, y ahora llegó el domingo y continuamos la serie, ¿verdad?, que iniciamos hace cuatro o cinco domingos atrás. Es una serie que hemos titulado "La gran caída y la gracia de Dios que nos rescata." Este es el quinto mensaje en esta serie. Los tres primeros fueron en Génesis 3, y un cuarto mensaje fue el domingo anterior, donde comenzamos a ver el libro del Éxodo, bueno, más que el libro, el capítulo 32 del libro del Éxodo.
Ahí se narró aquella ocasión cuando el pueblo esperaba por Moisés, que había subido a la cima del monte y estaba allá conversando con Dios. Los días fueron pasando, se fueron extendiendo, el pueblo se impacienta, va donde Aarón, el hermano de Moisés, el futuro sumo sacerdote, y le dice: "Haznos un Dios que vaya delante de nosotros." Pues un pueblo acababa de salir de la idolatría de Egipto. Y Aarón hizo lo impensable. Le pidió al pueblo que le entregara sus aretes, sus pendientes de oro, y con sus propias manos y la ayuda de un instrumento puntiagudo llamado buril, él confecciona un becerro de oro, se lo presenta al pueblo y le dice: "Ahí está tu Dios que te sacó de Egipto, y mañana vamos a hacer fiesta a Jehová."
En otras palabras, este becerro de oro finito es ahora una representación, en las palabras de Aarón, de Jehová, el Dios infinito, tres veces santo, como estuvimos cantando. Moisés está en la cima, no sabe nada de lo que está pasando. Dios vio a Aarón cuando confeccionó el becerro, vio al pueblo celebrando. Y Dios está airado y le dice a Moisés: "Corre, desciende, que el pueblo está desenfrenado."
Escucha ahora. Te voy a ir llevando por los versículos siguientes del capítulo 32 y alguno del 33, pero escucha ahora en el capítulo 32, versículos 19 y 20: "Tan pronto como Moisés se acercó al campamento, viene bajando, vio el becerro y las danzas, se encendió la ira de Moisés, arrojó las tablas de sus manos y las hizo pedazos al pie del monte. Y tomando el becerro que habían hecho, lo quemó en el fuego, lo molió hasta reducirlo a polvo, lo esparció sobre el agua e hizo que los israelitas bebieran."
En buen dominicano, Moisés está echando chispas. Moisés está airado. Moisés no puede creer lo que acaba de ver y oír. Recuerda que estuvimos viendo que el pueblo al día siguiente no simplemente estaba haciendo una fiesta a Jehová, porque no lo era. Estaban bebiendo, comiendo, y de acuerdo a lo que pudimos ver, de acuerdo a los estudiosos del hebreo, lo próximo que sigue es traducido como que se estaban regocijando, pero el lenguaje habla de algo que acompaña conducta altamente pecaminosa. ¿Te imaginas?
Moisés es un hombre mortal, es un hombre pecaminoso, y está airado. Imagínate el grado de ira del Dios santo, santo, santo. Y lo han acabado de reducir, entre comillas, a una imagen, celebrando de manera altamente pecaminosa. Moisés baja, desciende, va directamente donde su hermano. Él era la segunda persona en mando en el campamento. Va y lo confronta. Básicamente le está diciendo: "¿Qué es lo que tú has hecho?"
Escucha la respuesta de Aarón: "No se encienda la ira de mi señor, respondió Aarón. Tú conoces al pueblo, que es propenso al mal." En serio, Aarón. "Porque me dijeron: 'Haznos un Dios que vaya delante de nosotros, pues no sabemos qué le haya acontecido a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto.' Y yo les contesté: 'El que tenga oro que se lo quite.' Me lo dieron, lo eché al fuego, y salió este becerro."
Aarón piensa que le está contando un cuento a niños. Yo no lo puedo creer. Noten lo primero que Aarón hace: está tratando de minimizar su falta. "No se encienda la ira de mi señor", le dice a su hermano. Es como si Aarón le estuviera diciendo: "Oye, Moisés, yo creo que tú estás hiperreaccionando, porque no es que nosotros abandonamos a Jehová tampoco. No vayas tú a pensar mal de nosotros." No. Yo estoy pensando peor de ustedes por la danza que están haciendo y la manera como la están llevando a cabo. Y le han dicho al pueblo que esto es fiesta a Jehová.
Tú has violado el primer mandamiento de la ley de Dios, que te manda a no tener otros dioses delante de mí. El segundo mandamiento de la ley de Dios, que te manda a no hacerte imágenes de nada de lo que está en el cielo o en la tierra. El tercer mandamiento de la ley de Dios, que te dice que no tomes el nombre de Jehová en vano. Tú has violado los tres, y me está diciendo que no se encienda su ira. Y además me está diciendo: "Tú sabes que el pueblo es propenso al mal." Es como si él estuviera diciendo: "Tú sabes que yo no soy como ellos." Pero, ¿de quién fue la idea de hacer un becerro de oro con sus propias manos?
Lo tercero que tú puedes ver es que él está tratando de esconder su pecado, diciendo que tomó los aretes, los echó al fuego, y del fuego salió un becerro. Como otros han dicho, y me perdonan la palabra, pero son muchos los que lo han dicho a lo largo de los años: el pecado nos vuelve estúpidos. Y cuando tratamos de ocultar nuestro pecado, usamos excusas estúpidas y pensamos que los que escuchan nuestras excusas se están creyendo lo que estamos diciendo. Pero como ellos no están necesariamente en pecado en ese momento, pueden ver a través de nuestras excusas y no las creen. Quizás nos sentimos mejor, pero estamos peor.
Es como que Aarón le hubiera dicho: "Moisés, a la verdad que hay misterios en este mundo. ¿Sabes lo que es uno tirar esos aretes y salir un becerro de ahí?" Eso es más o menos lo que Aarón está tratando de insinuar. Yo creo que esa mentira debieran darle el premio de la mentira del año, del siglo o de toda la historia.
Pero, ¿sabes qué? Así somos. Cuando haces algo inapropiado, pecaminoso, las ideas de cómo ocultarlo llueven a tu mente. Lo que no ocurre cuando tienes que decir la verdad. Es mucho más fácil, mucho más creativo hablando mentira que hablando la verdad. Pero con quien Aarón está hablando es con Moisés, que viene de hablar con Dios. Moisés sabe la verdad. Él lo vio, él lo oyó.
De hecho, el versículo 25 dice que Aarón les había permitido el desenfreno. Aarón, no solamente tú comenzaste esto que terminó tan mal, es que cuando viste al pueblo desenfrenarse, no hiciste absolutamente nada. Moisés está tan airado que tomó las dos tablas que Dios escribió con los diez mandamientos y las tiró al piso, las rompió. Algo sagrado. Dios escribió estas tablas con su dedo, de alguna manera. Dios no tiene dedos, obviamente, pero es una expresión para decirte que Dios personalmente escribió estos mandamientos.
Moisés se paró, versículo 26, a la puerta del campamento y dijo: "El que esté por el Señor, venga a mí." Y se juntaron a él todos los hijos de Leví, y él les dijo: "Así dice el Señor, Dios de Israel: póngase cada uno la espada sobre el muslo, le dijo a los levitas, y pasen y repasen por el campamento de puerta en puerta, y maten cada uno a su hermano, a su amigo y a su vecino." Los hijos de Leví hicieron conforme a la palabra de Moisés, y cayeron aquel día unos 3,000 hombres del pueblo, los 3,000 principales causantes de lo que acababa de ocurrir.
Yo no sé si te llamó la atención, pero lo que Moisés está haciendo es llamar a una confesión pública: "Pónganse al lado mío los que están del lado del Señor." ¿Tú recuerdas quiénes vinieron? Israel tenía 12 tribus. Vino una: la tribu de Leví. ¿Dónde estaban las otras 11 tribus? Esas 11 tribus que no vinieron al lado de Moisés, cuando Moisés dice: "El que esté por el Señor que venga a mi lado." No solamente que no vinieron al lado de Moisés, es que ellos estaban contra el Señor, porque la confesión pública fue: "El que esté de parte del Señor que venga a mí."
Tú sabes lo que Cristo dijo, palabras que salieron de sus labios: "El que no está conmigo está contra mí." De manera que cuando los levitas vinieron, Moisés los había llamado en nombre del Señor, las once tribus estaban contra Dios, literalmente hablando. Tres mil personas murieron como fruto de la disciplina de Dios.
Si tú piensas que eso fue muy cruel, solamente recuerda que tu pecado y el mío llevó al Hijo de Dios a la cruz de una forma más cruel todavía que lo que estos tres mil hombres sufrieron. Y esa acción de ese día nos deja ver que cuando nosotros no tratamos con el pecado y continuamos en nuestra desobediencia, el costo de la desobediencia se hace sumamente alto.
¿Usted sabe cuál era la intención del Señor? Lo vimos el mensaje pasado: eliminarlos a todos. Se calcula que quizás salieron de Egipto dos millones de personas; eliminarlos a todos y comenzar de nuevo con Moisés, hacer un nuevo pueblo a partir de Moisés. Moisés intervino, y Dios estuvo dispuesto, por la intervención de Moisés, el mediador entre ellos y Dios, a detener esa magnitud de ira, de disciplina, de castigo, y simplemente limitarlo a estas tres mil personas.
¿Sabes por qué había que hacer eso? Porque no hay todavía una sola muestra de arrepentimiento. Aarón acaba de mentir; él no está arrepentido. De las doce tribus de Israel hay una que vino al lado de Moisés y se identificó con Dios, pero el peor de todos es Aarón.
Hermanos, tanto para entender lo que Aarón ha hecho como para entender nuestra propia condición, la razón por la que es evidente que Aarón no estaba arrepentido es precisamente su mentira. Es incompatible la mentira con el arrepentimiento. Cada vez que tú y yo estamos dispuestos a mentir para ocultar nuestro pecado, eso debe sonar una alarma en nuestra mente y decirnos: "No estás arrepentido. Y si no estás arrepentido, puedes estar seguro de que lo volverás a hacer otra vez."
¿Sabes por qué? Porque en cuanto al arrepentimiento, en el hebreo hay dos palabras principales —hay más, pero hay dos principales— que nos dejan ver qué es lo que implica el arrepentimiento. Por un lado, hay un dolor de lo que hicimos, y por otro lado, *shub* implica que yo me devuelvo. Yo iba por este camino, me doy media vuelta y me alejo de donde yo iba. Y la otra palabra, en griego, es *metanoia*, que implica un cambio de mente. Aarón no ha cambiado de mente; él está tratando de ocultar lo que él diseñó con su mente. Y las once otras tribus no experimentaron arrepentimiento.
No quedaba otra cosa que la ira de Dios; eso era lo que el pueblo merecía. Cuando Dios para su ira y castiga a tres mil nada más, esa fue su oferta de misericordia. Y ese es el título de mi mensaje: lo que el hombre merece, porque eso es lo que merecía el pueblo —todos muertos—, y lo que Dios ofrece, que es su misericordia y su gracia.
Moisés estaba en el monte hablando con Dios. El pueblo estaba abajo, al pie de la montaña, pero al pueblo se le olvidó que Dios no es como nosotros. Dios vio todo lo que ocurrió; de hecho, escudriñó sus pensamientos antes de que ocurriera, y este Dios que estaba hablando con Moisés lo instruyó para que descendiera. Ese pueblo, que estaba apenas comenzando sus cuarenta años en el desierto, debió haber aprendido tempranamente, pero nunca lo aprendió: algo que Pablo le comunicó a los Gálatas en Gálatas 6:7: "De Dios nadie se burla."
Claro, hermanos, porque cuando yo sé que Dios prohíbe algo, y sé que Él es omnisciente, y que estoy a punto de violar ese límite que sé que no debo violar, pero sé que Él me está viendo y lo violo de todas formas, yo me estoy burlando de Dios. Yo sé que no lo decimos así, pero eso es lo que implica: "Yo sé que tú me ves, yo sé cuál es tu límite, y lo voy a hacer de todas maneras."
Recuerda que Moisés rompió las tablas con los diez mandamientos, pero el pueblo necesitaba los mandamientos por escrito. De manera que Dios instruyó a Moisés que volviera a subir, porque los mandamientos había que volver a escribirlos y él tendría que bajar con ellos. De manera que el versículo 30 de Éxodo 32 nos dice que al día siguiente Moisés dijo al pueblo: "Ustedes han cometido un gran pecado, y ahora yo voy a subir al Señor. Quizás pueda hacer expiación por su pecado."
Moisés está consciente de algo: cuando pecamos, alguien tiene que pagar por mi pecado. En el servicio anterior dije algo —no recuerdo si lo dije al revés o no, pero es posible—: Dios perdona pecadores, pero no el pecado. En otras palabras, si tú quieres que un pecador sea perdonado, Dios puede hacerlo, pero su pecado tiene que ser pagado. Dios no exonera el pecado.
Y la mejor evidencia de eso es Cristo en la cruz. O yo voy al infierno, o Cristo va a la cruz y yo acepto su pago por mi pecado. Pero como hemos dicho otras veces, en el reino de Dios el que la hace la paga. Lamentablemente, Moisés dice: "Déjame subir a ver si yo hago expiación por su pecado. Déjame ver qué vida tengo que ofrecer, a quién tengo que ofrecer, qué tengo que matar para que Dios perdone al pueblo." Eso es en esencia lo que está en su mente. Lo vamos a ver ahora.
"Entonces volvió Moisés al Señor y dijo: '¡Ay, este pueblo ha cometido un gran pecado! Se ha hecho un dios de oro. Pero ahora, si es tu voluntad, perdona su pecado.'" Escucha: "Perdona su pecado." Sobre qué base, Moisés. "Y si no, bórrame a mí del libro que has escrito." ¿Te das cuenta? Alguien tiene que pagar por mi pecado. Moisés dice: "Me habías ofrecido quedarme yo solo y destruir a todo el pueblo. Yo te pido, Dios, que preserves al pueblo y me mates a mí."
Pero Dios no podía hacer eso, porque la única persona que podía pagar por el pecado de otro, literalmente, era su Hijo, que murió sin pecado. Entonces, ya Moisés había intervenido una vez anteriormente cuando Dios quería eliminar a todo el pueblo. Esta es la segunda intervención de Moisés. Moisés amaba a esta gente; por eso ofreció su vida a cambio.
Moisés amó a este pueblo incluso antes de salir de Egipto. ¿Por qué lo sabemos? Porque el texto de Hebreos nos dice que Moisés, cuando salió de Egipto, prefirió identificarse con las penurias del pueblo de Dios antes que con los tesoros de Egipto. Él era el heredero del faraón, porque el faraón no tenía hijo y la hija del faraón adoptó a Moisés. Él prefirió identificarse con las penurias, las dificultades, el sufrimiento y el dolor del pueblo antes que con los tesoros de Egipto.
Todavía Moisés está amando a esta gente y le dice: "Si tú no los vas a perdonar, entonces yo seré la expiación. Bórrame a mí del libro." Pero obviamente Dios rechaza la oferta de Moisés de quitarle la vida. Y escucha la respuesta de Dios en el versículo 33: "Y el Señor dijo a Moisés: 'Al que haya pecado contra mí, lo borraré de mi libro.'"
Ya habían muerto tres mil. "El que haya pecado contra mí, yo borraré de mi libro. Pero ahora ve, conduce al pueblo a donde te he dicho." Bueno, esas son buenas noticias, porque Dios todavía le está diciendo que suba al pueblo al lugar donde le había dicho que irían. "Mi ángel irá delante de ti, pero el día que yo los visite, los castigaré por su pecado." Ya Dios se reservó el derecho de visitar su ira y su castigo en otra ocasión.
Eso no debe sorprendernos, porque en la historia bíblica, en múltiples ocasiones, Dios ha anunciado una disciplina o un castigo, no lo ha llevado a cabo en el momento y lo ha detenido por años. En la época de Noé, el pueblo estaba muy mal, haciendo solamente mal, siempre, todo el tiempo. Y Dios retuvo su ira por ciento veinte años, mientras Noé fabricaba el arca, hasta que llegó el diluvio y solamente ocho personas sobrevivieron: los que estaban dentro del arca.
Al reino del sur, Judá, las dos tribus del sur, Benjamín y Judá, Dios le anunció, le dijo: "Presten atención a lo que le ha ocurrido a su hermana del norte, 10 tribus en el norte que ya se fueron al exilio. Si ustedes no quieren correr la misma suerte, arrepiéntanse."
Año 1, año 5, año 50, año 80, 100, 110, 120, 125 y quizás hasta 150 años, dependiendo de la fuente que tú leas. Dios esperando, pero Dios visitó su ira. Y aquí tú lo tienes, versículo 34: "Pero el día que yo los visite, lo castigaré por su pecado." Hermano, si no te has arrepentido de tu pecado, no esperes, no le des largas hasta que Dios diga: "Por un día, por un año, por más, he tratado de llevarte al arrepentimiento. No lo has hecho, y ahora llegó el día, la hora, la forma, el momento cuando tendré que ejercer mi disciplina o mi ira."
Aquí hay una combinación de malas noticias y buenas noticias. Dios le dice a Moisés: "Sube a la tierra que yo te dije que ibas a ir." Eso es buena noticia. Dios no ha desistido de llevarlo hasta allá. La segunda buena noticia aparente es que Dios dice: "Mi ángel va a ir delante de ustedes." Pero algo cambió. Es que hasta aquí Dios ha acompañado al pueblo de manera personal, representado por la nube que los cubría y por el fuego que los alumbraba, pero sobre todo la nube todo el día cubriéndolos.
Y ahora Dios dice: "Esa presencia cercana y personal ustedes no la van a tener. Yo voy a enviar un ángel." Mientras tanto, Dios perdonó al pueblo y se reservó el derecho de castigarlo más adelante. Y ahí fue mi observación: apresurémonos, corramos a pedirle a Dios que nos conceda arrepentimiento mientras nosotros confesamos nuestro pecado. Ahí cierra el Éxodo 32 cuando abrimos el próximo capítulo.
Éxodo 33, versículos 1 al 7. Déjame leértelo. "Entonces el Señor dijo a Moisés: 'Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que has sacado de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, Isaac y Jacob.'" Y ahora le está diciendo a Moisés: "Vete con el pueblo, sube a esa tierra que yo te juré, que yo les juré a Abraham, Isaac y Jacob. Cuando dije a tu descendencia la daré, enviaré un ángel delante de ti. Y echaré fuera a los cananeos, a los amorreos, a los hititas, a los ferezeos, a los heveos y a los jebuseos. Sube a una tierra que mana leche y miel."
"Buena noticia. Pues yo no subiré en medio de ti, oh Israel, no sea que te destruya en el camino, porque eres un pueblo terco. Yo no voy." No de la manera como había estado caminando con ustedes. Hablaremos del por qué. Cuando el pueblo oyó esta mala noticia —hay buena noticia y mala noticia—, hicieron duelo y ninguno de ellos se puso sus joyas, porque el Señor había dicho a Moisés: "Dile a los israelitas: ustedes son un pueblo terco. Si por un momento yo me presentara en medio de ustedes, los destruiría. Ahora pues, quítense sus joyas para que yo sepa qué hacer con ustedes." A partir del momento del monte Horeb, el mismo monte Sinaí, los israelitas se despojaron de sus joyas.
Aquí hay varias cosas que señalar. Dios sigue mostrándose fiel a su pueblo y dice: "Mira, van a seguir hacia la tierra de la que yo les había hablado, pero no tiene nada que ver con ustedes. Se merecen que los elimine a todos, pero yo hice un pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Por la fidelidad a mi pacto, yo voy a dejar que continúen hacia adelante, pero yo no voy." Irá un ángel. Lo bueno de nuestro Dios es que recuerda: él juró algo a Abraham, Isaac y Jacob. Lo que Dios comienza, Dios termina. Y la evidencia de que él va a terminar es justamente que él lo comenzó.
Recuerda lo que Pablo le dice a los filipenses en el capítulo 1, versículo 6: "Aquel que comenzó la buena obra en ustedes será fiel en completarla." Dios nunca ha comenzado nada y lo ha dejado a mitad de camino. Nosotros hacemos eso por múltiples razones. Nosotros comenzamos algo, las cosas no nos salen como queremos y nos desanimamos, nos decepcionamos. A Dios nunca le ha pasado. Dios nunca ha tenido una decepción, porque tú te decepcionas cuando ocurre algo que tú no estabas esperando. Dios conoce absolutamente todo cuanto ha de acontecer.
La negación de Pedro no lo decepcionó. Claro que no. Cristo se la anunció antes de que ocurriera, y le dijo: "Antes de que el gallo cante, me negarás tres veces." Cuando él lo negó, él no estaba decepcionado. Él sabía cuál era el corazón de Pedro en ese momento. A veces nosotros comenzamos algo y no terminamos porque nos faltan recursos humanos, económicos, fuerzas, y nos detenemos. En otras ocasiones nosotros comenzamos algo, juramos un pacto de compromiso delante de Dios y luego nos divorciamos. Sí, juraste delante de Dios, pero nosotros hacemos eso porque somos infieles. Dios no lo es. Otras veces nosotros comenzamos algo y nos detenemos a mitad porque nos dimos cuenta a mitad del camino que el precio que había que pagar para conseguir eso es muy alto, y no estamos dispuestos a pagarlo.
Cristo comenzó su plan de redención y estuvo dispuesto a pagar el precio con su propia vida. Pero nota: Dios ha comenzado a distanciarse del pueblo. "Sube de aquí, tú y el pueblo." Nota: tú y el pueblo. Esa no es la manera como Dios hablaba antes de este tiempo. Ahí falta una palabrita de dos letras: "mi" no está. ¿Por qué te menciono eso? Porque anteriormente Dios se refería al pueblo de Israel como "mi pueblo." Tú encuentras esa expresión en Éxodo 3:10, 3:12, 5:1, 6:7, 10:3, 7:4, y 14 veces más hasta este punto.
De este punto en adelante no es "mi pueblo", es "el pueblo." Hay diferentes formas como Dios está mostrando su distanciamiento: es "el pueblo", no "mi pueblo"; va un ángel, no yo. Cuando Dios se le apareció a Moisés ante la zarza ardiente, dice que el ángel del Señor se le apareció a Moisés, que teológicamente entendemos es una aparición preencarnada de la persona de Jesús, lo que llamamos una cristofanía. Y en otras ocasiones Dios habló de "mi ángel irá con ustedes." "Mi ángel" ahora es "un ángel"; otro va a ir.
Dios está mostrando fidelidad porque va a continuar hacia el lugar llamado tierra prometida, lo cual indica que Dios no ha abandonado por completo a su pueblo, porque le va a enviar un ángel. Pero tú no puedes pecar tan gravemente y pensar que la presencia manifiesta, cercana e íntima de Dios continuará contigo, en este caso con el pueblo de Israel. Recuerda lo que Isaías 59:2 dice: que sus iniquidades han hecho distanciamiento, separación entre su Dios y ustedes.
El pecado hace que Dios se distancie de nosotros. Tú pudieras preguntar: "Bueno, ¿pero de qué manera? Si yo soy creyente, verdaderamente creyente, y el Espíritu de Dios mora en mí, ¿de qué manera Dios se distancia de nosotros?" Es más de una manera. Sí, Dios tiene una incapacidad —esa es la palabra— para relacionarse con el pecado. En su santidad perfecta, él no puede relacionarse con el pecado. Él no puede tolerar el pecado. De hecho, la cohabitación de Dios y el pecado es sinónimo prácticamente de destrucción. Para no destruirte, eso es lo que Dios dice: "Me separo, me distancio, porque si yo me apareciera por un momento delante de ustedes, los destruyo a todos, porque es un pueblo de dura cerviz."
Eso tampoco debe sorprendernos, hermanos. Dios creó a Adán y Eva, los creó sin pecado, completamente santos, intrínsecamente santos. En otras palabras, Adán y Eva son las únicas dos personas en toda la historia hasta ahora, aparte de Cristo, que tenían santidad intrínseca en ellos mismos. Tu santidad no es intrínseca, ni la mía tampoco. Es algo otorgado por Cristo, que me imputa, me carga su santidad a mi cuenta para que yo pueda entrar al reino de los cielos. Adán y Eva eran santos intrínsecamente y pecaron. Entonces, ¿sabes qué ocurrió después que Dios los confrontó? Los expulsó del jardín.
De ahí en adelante hasta el día de hoy, para disfrutar la cercanía que Adán y Eva tenían con Dios, nosotros necesitamos un mediador, que en este caso es Cristo Jesús. Adán y Eva no necesitaban un mediador. Ellos estaban cara a cara con Dios. Y tú sabes qué es lo que impide que Dios pueda relacionarse cercanamente con el pecado en su santidad.
Esto queda tan gráficamente representado que cuando Cristo va a la cruz, él no tenía pecado, nunca tuvo pecado, nació, vivió y murió sin pecado. Como Cristo asumió la paga del pecado de aquellos que Dios había llamado desde la eternidad pasada, y como Dios perdona a pecadores pero no el pecado, entonces, hijo mío, lamentablemente ahí en la cruz, cuando tú decidas cargar con los pecados de aquellos que tú quieres que yo perdone, tú vas a morir ahí en una cruz clavado, cruelmente tratado.
Y cuando Cristo estaba ahí clavado, en el momento cumbre en que está representando que está cargando con los pecados de la humanidad, Dios Padre le voltea la cara, le hace sentir completamente solo, por primera vez en toda la eternidad que ellos tenían juntos. Y Cristo clama, grita: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué te has distanciado?" Elí, Elí, ¿lamá sabactani? Hijo, porque yo tengo una incapacidad de relacionarme cercanamente con el pecado. Eso casi destruye a la segunda persona de la Trinidad en su humanidad.
¿Y por qué Dios es así? Bueno, Isaías 57:15 dice: "Yo habito en lo alto y en lo santo, donde no hay pecado, lejos del pecado, lejos de este mundo de aquí abajo." Y nosotros debiéramos darle gracias a Dios que Él es santo. ¿Sabes por qué? Porque si Dios no fuera santo, su amor fuera indulgencia, permiso para pecar. Si Dios no fuera santo, su soberanía sería una tiranía, un dictador, pero no lo es porque Él es santo.
Si Dios no fuera santo, su omnipotencia fuera peligrosa. Yo no la quisiera. ¿Te imaginas a un ser omnipotente no santo? No, tú no quieres ese Dios. Si Dios no fuera santo, Él no restringiría el pecado, no castigaría el pecado. Imagínate, vamos a ponerlo en términos humanos, que nosotros tuviéramos un gobierno donde todo tipo de pecado es permitido y nunca es castigado: homicidios, suicidios, violaciones, robo. Se hace invivible. Tú y yo debiéramos darle gracias a Dios que Él es santo, porque Él es quien retiene y restringe las acciones pecaminosas de los hombres.
Ahora bien, hermano, yo he oído esta expresión mal usada. Es una verdad mal usada, mal interpretada, de parte de aquellos que no creen en la elección desde toda la eternidad de parte de Dios. Dicen: "Una vez salvo, siempre salvo." Time out, como dicen en inglés. Eso es una verdad, pero no es así de sencilla ni de simple. De hecho, representa una distorsión pecaminosa de una verdad que Dios ha dicho. Claro que Dios puede dejarnos sentir su distanciamiento aun morando en nosotros, cuando estamos viviendo en pecado. Sin lugar a dudas, porque algo va a comenzar a pasar en mí que no estaba pasando antes.
Te vas a enfriar. Las cosas de Dios no te van a llamar la atención. Leer la Palabra te va a costar mucho más, si es que lo haces. Venir a la iglesia lo vas a hacer más como una responsabilidad que como un deseo de estar en su presencia, de escuchar su Palabra, de oír su predicación, de adorar a Dios.
Y lamentablemente, ¿sabes cuál es el problema? Que ese creyente que no está bien, pero se cree que está bien, piensa que está bien porque continúa involucrado en actividades religiosas. Escucha como Blackaby lo dice en uno de sus libros: "El pueblo que se aparta de Dios trata de mantener su alianza con Dios mediante diversas actividades religiosas." Voy aquí, voy allí, estoy en un grupo pequeño, voy el domingo a la iglesia, pero sabes qué, perdí mi primer amor, perdí mi entusiasmo. Puedo ir un día, puedo no ir otro día, y como que me saben lo mismo los dos días.
Y esta es la razón. Blackaby, hablando en su libro sobre Dios y el profeta Samuel, dice que la gente que se aparta de Dios continúa sus actividades religiosas, y esas actividades religiosas le llevan a creer que Dios no se ha apartado de ellas. Cuando la gente continúa sus actividades religiosas habiéndose apartado de Dios, ese pueblo vive —y esto es doloroso— ese pueblo vive contento sin la presencia manifiesta de Dios.
Activismo, hermanos. Yo he vivido eso en múltiples países donde he ido. Hay actividades, hay conferencias, hay reuniones los domingos. Pero, ¿sabes qué? Muchas veces ha habido una adoración vacía, canciones que no tienen contenido doctrinal que haya salido de la Biblia, una liviandad a la hora de predicar la Palabra como a la hora de hablarle a Dios.
Lamentablemente, cuando comenzamos a alejarnos de Dios, esto es lo que ocurre: mis labios siguen hablando lo que yo conozco, el lenguaje. Y nos pasa lo que les pasó a los fariseos en tiempo de Cristo. Cuando Cristo les habla a los fariseos, estaba citando al profeta Isaías, escrito 750 años antes. En Isaías 29:13, Dios le dice a ese pueblo: "Este pueblo se acerca a mí con su boca y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado." Hay palabras en los labios, lo que no hay es corazón. Eso le dice Cristo a los fariseos, que ayunaban tres veces a la semana, que oraban tres veces al día, que de labios le honraban, pero su corazón estaba muy lejos de Él.
Escucha a Blackaby otra vez: "Cuando Dios retira su poder de su pueblo, el mundo que está fuera nunca podrá tener un encuentro con Dios." Claro que no. Si Dios retira su presencia manifiesta de este lugar, la predicación pudiera continuar, pero no va a haber eficacia en la predicación. No hay poder transformador a través de la predicación si no hay un Dios aplicando la Palabra al corazón y a la mente de esa persona. ¿Quién los va a convencer de pecado? Dios envió al Espíritu Santo para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Pero si el Espíritu de Dios no está obrando aquí dentro, los que están afuera no tienen esperanza, como está pasando en muchos lugares hoy en día.
Lamentablemente, creo que hay muchas iglesias, muchas personas que caminan sin la presencia manifiesta de Dios, pero no les molesta, están contentos sin ella. La liturgia puede estar presente, pero es muerta. Puede haber un orgullo como el de los fariseos, que estando mal pensaban que estaban muy bien, de quienes Cristo dijo: "Déjalos, ellos son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán al hoyo." Pero ellos pensaban que estaban no solamente bien, sino mejor que todo el pueblo, cuando estaban peor que todo el pueblo.
Claro, porque cuando la presencia manifiesta se va de mi vida, yo ni siquiera sé que estoy mal. Yo ni siquiera sé que estoy pecando, porque no hay convicción de pecado de parte de Dios en mi vida. Mi estilo de vida se vuelve mundanal, aunque el otro no lo sepa, pero es fruto de eso. Y no solamente es mundanal, sino que llega un momento en que me rebelo y pienso que yo lo voy a hacer independientemente de lo que Dios decida. Y las cosas de Dios me producen apatía, me parecen aburridas.
¿Por qué es eso importante, hermanos? Porque cuando no hay arrepentimiento, una simple rededicación de mi vida no va a ser suficiente. No, Dios no la va a aceptar, porque yo no necesito una rededicación de mi vida.
No, yo necesito un arrepentimiento primero, y si no hay arrepentimiento, no redediques tu vida, porque lo que estás rededicando es una vida pecaminosa.
Pero tengo un problema más, y es que el arrepentimiento lo da Dios. Y si yo no estoy honrando a Dios, tampoco espere que Dios me va a dar arrepentimiento. O sea, es como un círculo vicioso, por así decirlo. No tengo arrepentimiento, pero Dios no me lo está dando. No, no me lo está dando porque tampoco lo estoy buscando, tampoco estoy confesando.
Si tú lees la historia de Elí y sus hijos, la historia dice que los hijos de Elí, que fueron perversos, no se arrepintieron porque Dios había decidido matarlos. Wow. Como Dios es el que da el arrepentimiento, ya Él llegó a un final con los hijos de Elí y dijo: "Déjalos, pueden seguir viviendo, pero no va a haber arrepentimiento para ellos, ni hay una segunda oportunidad tampoco." Dios dice ahora que no va con ellos.
Versículo 4, Éxodo 33: "Cuando el pueblo oyó esta mala noticia, hicieron duelo y ninguno de ellos se puso sus joyas." El versículo 6: "A partir del monte Horeb, los israelitas se despojaron de sus joyas." Bueno, esta era una expresión externa de lo que se suponía que estaba ocurriendo internamente. Si esas dos cosas estaban apareadas, excelente. Gloria a Dios. Aleluya. Pero si no, no iba a valer nada. Ustedes pecaron con sus joyas, entonces entreguen sus joyas, para que les cueste y no vuelvan a hacer algo parecido.
El versículo 7 al 11 en el capítulo 33, yo te lo resumo, pero en esencia el texto dice que Moisés tomaba entonces la tienda de reunión —que no es el tabernáculo, el tabernáculo no ha sido hecho todavía—, algo más sencillo que Moisés tomaba y la sacaba. Parece que era portable; la sacaba fuera del pueblo, la colocaba a cierta distancia del pueblo, y Moisés iba a la tienda de reunión a hablar con Dios. La nube que se movía, que estaba cubriendo a los israelitas, dice que bajaba y descendía sobre la tienda de reunión, y que Dios hablaba con Moisés cara a cara. Wow.
Entonces la presencia de Dios permanecía a la entrada de la tienda. Versículo 10: "La columna de nubes situada a la entrada de la tienda de reunión, y todos, el pueblo entero, se levantaba y adoraba, cada cual a la entrada de su tienda." Versículo 11: "Y el Señor acostumbraba a hablar con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo."
Nadie ha hablado de esa manera con Dios, Adán y Eva, pero cara a cara, donde tú puedes escuchar la voz de Dios, ¿no? Eso es lo que Cristo está tratando de restaurar a través del proceso de redención, de manera que cuando yo llegue a Su presencia lo pueda ver cara a cara y no necesitar un intermediario en ese momento para hablar con Dios, para relacionarme con Dios.
Dios le dice a Moisés: "No voy; te envío un ángel, y voy a enviar al pueblo." Moisés no ha respondido, pero él no está cómodo. Versículo 12, Éxodo 33: "Entonces Moisés dijo al Señor: 'Mira, tú me dices: haz subir a este pueblo, pero tú no me has declarado a quién enviarás conmigo.'" O sea, me dijiste un ángel, pero yo ni siquiera sé quién es. "Además has dicho: 'Te he conocido por tu nombre y también has hallado gracia ante mis ojos.'"
Nota cómo Moisés tiene la confianza con Dios. Le dice: "Bueno, si he hallado gracia ante tus ojos, te ruego que me hagas conocer tus caminos para que yo te conozca y haya gracia ante tus ojos." Dos peticiones, todavía falta la segunda. Número uno: si yo he hallado gracia ante tus ojos, yo quiero conocerte mejor, y para conocerte mejor, yo creo que la mejor forma es conocer tus caminos.
Eso no es una frase al aire, hermano. Tú puedes ir al Salmo 103, versículo 7, donde dice literalmente que Moisés conoció los caminos de Dios y el pueblo conoció sus obras. Una diferencia: el pueblo vio la nube, vio el fuego, vio el maná y otros milagros. No, no. Moisés conoció los caminos de Dios. Wow.
Entonces Moisés quiere eso. Sí, pero Moisés es un intercesor impresionante que apunta a Cristo. Esta es la segunda petición: "Considera también que esta nación es tu pueblo." Es como que Moisés está diciendo: "Yo noté cuando dijiste 'el pueblo', que subiera el pueblo hasta la tierra prometida." Pero no, no, no. "Mi pueblo" es lo que hace falta. Yo quisiera volver a oírte decir "mi pueblo", de manera que considera que esta nación es todavía tu pueblo. Wow.
Yo creo que muchos de nosotros, si Dios se apareciera y dijera: "Okay, mira, yo me he relacionado contigo de cerca. Yo no voy a seguir por H o por R, pero yo te voy a enviar un ángel", yo creo que nosotros hubiéramos dicho: "¡Wow, qué bendición! Oye, Dios sí es misericordioso." Moisés dice: "No, yo no quiero ir con un ángel. Primero, no sé quién es. Y segundo, no es que yo salí de Egipto detrás de un ángel ni guiado por un ángel. Yo salí detrás de ti." Ah, si tú no vas a ir, como vamos a leer pronto, no nos hagas salir.
Ahora, a mí me impresiona que Moisés le diga: "Hazme conocer tus caminos para que yo te conozca." Moisés, ¿tú no conoces a Dios? ¿Dios no habló contigo en la zarza ardiente cara a cara? O sea, no oíste su voz. Ajá. ¿Y cuando tú bajaste a Egipto y vinieron las diez plagas que tú anunciaste, Dios no te habló audiblemente con cada una de las plagas? Así es. Wow. Pero tú pasaste ya cuarenta días con Dios la primera vez, y todavía tú no le conoces. Pero ahora en la tienda de reunión tú sigues hablando cara a cara, ¿y qué tan insaciable de conocer a Dios es lo que tú tienes?
Ahora tienes una idea de por qué Dios vio con agrado a Moisés. Porque hay una parte que a nosotros nos toca. Nota: Moisés quiere conocer a Dios, pero hay algo que él tiene que hacer. ¿Qué hizo él? Él se lo pidió a Dios. Entonces, pensemos por un momento. ¿Cuántas veces tú le has pedido a Dios que te abra el entendimiento, que al leer la Palabra tú puedas llegar a conocer Su carácter mejor?
No tienen que levantar las manos, pero de aquellos ustedes que pudieran levantarla en un momento y decir, no sé, una, o tres, o cinco, ocho, o diez veces, hagamos un ejercicio en una balanza. Pon aquí el número de veces que tú le has pedido algo a Dios, y pon aquí el número de veces que tú le has pedido a Dios que te abra el entendimiento porque tú quieres conocerlo mejor. ¿Cómo tú crees que lucería la balanza?
¿Sabes por qué, hermano? Porque nosotros buscamos a Dios para que nos resuelva los problemas. Si Dios no resolviera todos los problemas, probablemente su pueblo ni orara.
Esa es la razón —yo lo he dicho de testimonio— por la que años atrás, creo que comenzó estando en Estados Unidos, yo comencé a no gustarme irme de vacaciones, porque encontraba que pasaba menos tiempo con Dios cuando tenía más tiempo para hacerlo. Y cuando yo regresaba yo le decía: "¡Acabat, esto no puede ser!" Bueno, por eso Dios tiene que permitir dificultades en nuestras vidas, porque de lo contrario nosotros jamás lo buscaríamos.
Sin embargo, Dios reveló desde el Antiguo Testamento cuál debiera ser tu preocupación número uno, una sola. Si va a tener una, eso es lo que Dios está diciendo. Lo resumió en Jeremías 9:24: "No se gloríe el sabio de su sabiduría." No te preocupes por tener más sabiduría como lo primario. "Ni se gloríe el poderoso de su poder." No te gloríes de manejar poder o posiciones. "Ni el rico se gloríe de su riqueza." No te preocupes por acumular riquezas. ¿De qué es que quiere que me preocupe? Ah, aquí está: "Pero si alguien se gloría, gloríese de esto: de que me entiende y me conoce." Wow.
Tu problema número uno en la vida es que no me conoces. Moisés lo sabía; le pidió que le ayudara a conocer Sus caminos. Pablo lo sabía; decía: "Yo quiero conocer el poder de Su resurrección." ¿Y qué más, Pablo? "Y padecer junto con Él, conocer Sus padecimientos." Pablo, pero tú eres masoquista. No, es que hay cosas del carácter de Dios que yo no puedo conocer a menos que esté en dificultad, donde yo pueda sentir Su presencia, la dulzura de Su presencia.
Yo recuerdo un momento difícil en mi vida donde no tenía más que hacer, y pasé toda la noche leyendo salmos y orando, y esa noche jamás la he olvidado. Nunca ha estado Dios más cerca de mí que esa noche. Cuando literalmente yo abrí los salmos y le dije: "Señor, no sé qué más hacer." Pero yo sabía dónde ir. Cuando tú no sepas qué hacer, tú sabes dónde ir. Amén.
De manera que, de alguna manera, Dios fue llevando a Moisés para que conociera sus caminos. Sus caminos son de santidad. ¿Qué implica eso? Que cuídate, cuídate, Miguel, de no pecar ni de coquetear con el pecado. Sus caminos son soberanos, de manera que no cuestiones sus designios; que no salga de tu boca ni llegue a tu pensamiento: "A mí me parece eso injusto de parte de Dios." No, no, no. Son caminos soberanos. Que sus caminos son de fidelidad, que nunca se te ocurra pensar que Dios se olvidó de ti. Que sus caminos son inescrutables: no trates de entenderlos.
Dios dice, libro de Hebreos, que la fe es la certeza de lo que no se ve. No tengo la evidencia, pero ¿qué tengo? Tengo sus promesas. ¿Cree sus promesas, que son más reales que la realidad que tú estás viviendo? La fe es creerle a Dios. Sus caminos son de fidelidad; nunca pienses que Dios te ha sido infiel, te ha fallado o no ha cumplido.
Ahora, te dije, esa fue la respuesta de Moisés: "Dame, enséñame tus caminos. Y al pueblo, perdona lo que es tu pueblo." Dios tiene que responder a eso. Escucha la respuesta de Dios. Versículo 14: "Mi presencia irá contigo." ¿What? En serio. "Y yo te daré descanso", le contestó el Señor.
Esta es la segunda intervención de Moisés. Dios dice: "No, yo voy a enviar un ángel." Moisés interviene, y tú sabes que no son meras palabras. Otro salmo, no el 103, el 106, si no me equivoco, habla de que si no hubiese sido por Moisés, que se paró en la brecha, Dios hubiese destruido al pueblo. Cientos y cientos y cientos de años después, Dios recordó la vez cuando Moisés se paró en la brecha como intercesor.
Y tú sabes por qué yo sé que él hizo una diferencia. Porque luego, cuando Dios mandó al pueblo al exilio a Babilonia, Dios le dice a Ezequiel: "Yo busqué a un hombre entre ellos que se parara en la brecha y no encontré ninguno. Por eso, para el exilio." ¡Wow! Yo no sé cómo interactúa la soberanía de Dios con la responsabilidad nuestra; lo que yo sé es que hay una interacción y que Dios conoce cuál es.
Ahora escucha, no quiero que pasen por alto estas dos cosas, porque Dios las unió con un propósito: "Mi presencia irá contigo y yo te daré descanso." Claro, esas dos cosas van de la mano. ¿Qué es lo que Cristo dijo? "Venid a mí todos los que están cargados y cansados, y yo los haré descansar." Hermano, yo te he dicho mil veces —quizás no me lo creas— que el mayor cansancio que el ser humano experimenta no es de origen físico. Aunque tú lo sientes físicamente, no es de origen físico; es ausencia de la presencia de Dios.
Estás cansado, ven a mí, lo haces. Estás cargado, ven a mí, lo haces. Y si lo haces, te queda ahí hasta que lo experimentes y puedas ser descansado. Esa es una promesa de Cristo para nosotros, y se la dio a Moisés con garantía: "Mi presencia irá contigo y yo te daré descanso." Wow. Dios pudo haber puesto: "Mi presencia irá contigo y, como consecuencia, tendrás descanso." Hubiese sido lo mismo.
Dios respondió. Ahora Moisés va a responder. A mí me encanta el Antiguo Testamento; me encantan estos diálogos. Entonces Moisés le dijo: "Si tu presencia no va con nosotros" —ya Dios le dijo que iba a ir—, pero es como si Moisés estuviera queriendo estar seguro. "Si tu presencia no va con nosotros, no nos hagas salir de aquí. Pues, ¿en qué se conocerá que he hallado gracia ante tus ojos, yo y tu pueblo?" Tu pueblo, tu pueblo. Moisés siempre regresó a decirle a Dios: "Este es tu pueblo." "¿En qué se va a conocer? ¿No es acaso en que tú vayas con nosotros, para que nosotros —yo y tu pueblo— nos distingamos de todos los demás pueblos que están sobre la superficie de la tierra?"
Moisés no estaba dispuesto prácticamente a salir con un ángel; si no iba a ir Dios, él prefería no ir. Ahora nota que Moisés habla de nosotros: él está intercediendo no solamente por él, está intercediendo por el pueblo. Wow. Yo no creo que Moisés está siendo atrevido; yo creo que él está hablando con su Padre, a quien conoce.
Ante la intercesión de Moisés, escucha cómo termina el texto que estamos cubriendo hoy. Versículo 17: "También haré esto que has hablado, por cuanto has hallado gracia ante mis ojos y te he conocido por tu nombre." Segunda intervención y segunda vez que Dios dice: "Okay, Moisés, te escuché. ¿Qué fue lo que me pediste? Que fueras con nosotros." ¿Qué es lo que Dios dice? "También haré esto que has hablado." ¿Por qué, Dios? "Porque has hallado gracia ante mis ojos."
El pueblo no se lo ha ganado. Tú no te lo has ganado. Gracia. Hallaste gracia, y esta es mi contestación. Wow. Tú ves el título del mensaje mejor ahora. Lo que el pueblo merece es ira de Dios, disciplina, castigo. Lo que Dios ofrece, ¿qué es? Misericordia y gracia. Lo que el hombre merece, lo que Dios ofrece. Wow. Esa es la gracia de Dios que nos rescata.
Hermano, ¿tú no quieres vivir como Moisés? ¿Tú no quieres disfrutar la presencia y el descanso de Dios? ¿Tú no quieres conocerle más cada semana? Una de las razones por las que me encanta estudiar, enseñar y predicar es que yo crezco cada vez que lo hago. Y tú sabes en qué dirección: en la dirección de Dios. Lo veo más grande, lo veo más claro. Es una de mis peticiones más frecuentes: "Dios, abre mi entendimiento, dame luz, déjame verte en lo que voy a leer, a estudiar, a predicar."
Yo quiero —a mí me encantan las historias, pero no por las historias— es porque las historias me revelan el carácter de Dios con lujos y detalles, con colores multicolor. Eso es lo que Pablo le pide a Dios para los efesios: que Dios les abra el entendimiento para que ellos puedan ver una serie de cosas, entre ellas la anchura, la longitud, la profundidad, la altura del amor de Dios que es en Cristo Jesús. Eso solo, eso solo sería impresionante. Pablo dice: "Ese amor de Cristo que yo vi en cuatro dimensiones es lo que me apremia, me constriñe, me obliga, me hace vivir para su causa." ¿Cuál amor? No el amor que yo tengo por Cristo —eso no es lo que está diciendo en ese pasaje—, sino el amor de Cristo para conmigo. Yo lo vi tan extraordinariamente que esa apreciación sola me lleva a vivir solo para Él. Wow.
Hermanos, Dios es un Dios santo, pero ¿sabes qué? Te llamó para hacerte santo. "Sed santos porque yo soy santo." ¿Y qué va a costar eso? Tú piensas que eso va a ser difícil, verdad, que va a costar mucho. ¿Sabes que el mayor precio ya lo pagó Dios mismo con su Hijo? "Eso va a costar la sangre de mi Hijo. Recuerda: yo puedo perdonar pecadores, pero no el pecado. El pecado hay que pagarlo, y lo pagó mi Hijo. Todo lo demás que tú pienses que yo te exijo es poco para lo que yo le pedí a mi Hijo."
Pero su santidad a ti te conviene, por las cosas que dijimos. Un Dios soberano sin santidad es tirano, créeme. Y un Dios sin santidad permite el pecado, el homicidio, los robos y todo lo demás, y deja que la sociedad se desenfréne. Tú no quieres ese Dios. Tú quieres un Dios santo que llama al hombre a capítulo y le hace rendir cuentas, para que nosotros podamos vivir en la sociedad y vivir con sentido de lo trascendente y lo eterno.
Padre, gracias. Gracias porque en tu inhabilidad de relacionarte con el pecado encontraste una forma de hacerlo, y enviaste a tu Hijo, lo encarnaste, y Él se relacionó con el pecado. Tan de cerca, que el pecado, por así decirlo, lo mató; lo clavó en una cruz. Gracias por haber encontrado una forma que nosotros jamás hubiésemos pensado ni imaginado. Nunca lo hubiéramos hecho por nosotros mismos con nadie, pero tú lo hiciste con todos aquellos a quienes tú has llamado. Ayúdanos ahora, al terminar, a aquilatar mejor tu santidad y rumiarla por toda la semana, en Cristo Jesús. Amén.
Amén.
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