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Sermones

Una mordida con consecuencias letales

Miguel Núñez 27 octubre, 2025

Una simple mordida explica todo el mal que vemos hoy: personal, matrimonial, familiar, nacional e internacional. Génesis 3 muestra cómo el pecado inmediatamente produjo vergüenza, temor y el impulso de esconderse de Dios. Adán y Eva, que antes caminaban en santidad y disfrutaban la presencia divina, ahora se ocultan detrás de los árboles como si pudieran escapar del Dios que todo lo ve. El profeta Isaías lo diría siglos después: son nuestras iniquidades las que nos separan de Dios, no él de nosotros.

Dios sale a buscar al hombre con cuatro preguntas penetrantes. No busca información, la tiene toda; busca confesión. Pero Adán y Eva responden con verdades parciales y autojustificación. Adán culpa a la mujer y veladamente a Dios mismo; Eva culpa a la serpiente. El pastor Núñez señala una realidad incómoda: no podemos arrepentirnos y defendernos al mismo tiempo. La defensa revela falta de arrepentimiento genuino. El contraste con el hijo pródigo es revelador: aquel joven no ofreció excusas, simplemente dijo "he pecado contra el cielo y contra ti, no soy digno de ser llamado hijo tuyo."

Las consecuencias del pecado afectaron a todos los involucrados. La serpiente fue maldita más que todos los animales. A la mujer le vino dolor en el parto y una lucha por el control con su esposo. El hombre, por su parte, repetiría su silencio y pasividad. La armonía diseñada por Dios para la eternidad entre los esposos se rompió, y solo un nuevo nacimiento puede comenzar a repararla.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bueno, en el día de hoy continuaremos con el pasaje de Génesis 3. Yo estaba ahí pensando, antes de subir, cuántas veces he estado en este pasaje, ya sea al escribir uno de mis libros. Yo dudo que haya uno de mis libros que no aluda a este pasaje de alguna manera; algunos de manera extensa y otros simplemente citando algo que explica dónde estamos hoy. Yo creo que está cientos de veces, ya sea en la reflexión para escribir un libro, en la reflexión para predicar un mensaje, en la reflexión para enseñar una charla o un mensaje, una cátedra —no sé cómo llamarle ahora mismo— de teología sistemática o de consejería. Pero todas esas cosas están en mi mente en este momento de forma muy clara, o en consejerías personales con parejas. Yo no creo que estoy mintiendo si pienso en cientos de veces.

Así de cardinal es este pasaje. Nosotros iniciamos ahí la semana pasada; dijimos que la serie está siendo llamada "La gran caída y la gracia que nos rescata." Y obviamente, si vamos a hablar de la gran caída, tenemos que comenzar en el libro del Génesis. Leímos la semana anterior algunos pasajes de Génesis 1, sobre todo acerca de cómo Dios formó e hizo al hombre, algunos pasajes de Génesis 2, donde Dios trajo la mujer a ese hombre y cómo les dio el mandato de que fructificaran y llenaran toda la tierra de su imagen. Pero nos aterrizamos, llegamos a Génesis 3 y cubrimos los versículos del 1 al 7.

A aquellos de ustedes que no estuvieron o que no escucharon el mensaje por alguna razón, yo les pido encarecidamente que lo escuchen, porque es lo que les va a permitir seguir el hilo conductor de principio a fin. Hoy vamos a estar en Génesis 3 otra vez y no vamos a terminar Génesis 3. Este es un capítulo lleno, empaquetado de instrucción para nosotros. Yo creo que la intencionalidad de toda la serie está en lo que tengamos que decir aquí este domingo, el próximo y en el anterior.

Dijimos el domingo pasado que una simple mordida es la explicación de todo el mal que nosotros vemos hoy, ya sea personal, matrimonial, familiar, nacional, internacional. Solo existe una sola explicación: una desobediencia al principio de la creación. Y dijimos también que nosotros no tenemos una buena idea de lo que el pecado es, pero mucho menos de la magnitud, la profundidad y de lo prolongado e impredecible que pueden ser las consecuencias del pecado. Y no lo vemos así porque después de miles de años todavía no acabamos de entender lo que es el pecado.

Dijimos que el pecado, entre otras cosas —esta definición no es exhaustiva, pero nos da una idea— es incredulidad hacia lo que Dios ha revelado, es desconfianza hacia su carácter, es menospreciar, quizás a veces pisotear la santidad de Dios. Y es una declaración de independencia, de autonomía de parte de la criatura hacia el Creador. Al final, todo eso se puede resumir —perdón— en una sola palabra: es rebelión e insubordinación contra el Dios del cielo y la tierra.

Entonces, en el mensaje anterior cubrimos Génesis 3 del 1 al 7, y al final, en el versículo 7, esto fue lo que leímos: "Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, ya mordieron ambos, y conocieron que estaban desnudos; y cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales." Anteriormente, su desnudez no había sido motivo de vergüenza ni delante de Dios ni delante de ellos. Pero ahora, todavía Dios no ha hablado con ellos y ya ellos están avergonzados.

Lo que voy a hacer ahora entonces es leer del versículo 8 al versículo 13, porque más adelante vamos a continuar hasta el 20, pero vamos a dividir el texto en dos para mejor edificación de todos ustedes.

Génesis 3:8-13: "Y oyeron al Señor Dios que se paseaba en el huerto al fresco del día. Entonces el hombre y su mujer se escondieron de la presencia del Señor Dios entre los árboles del huerto. Pero el Señor Dios llamó al hombre y le dijo: '¿Dónde estás?' Y él respondió: 'Te oí en el huerto. Tuve miedo porque estaba desnudo y me escondí.' '¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo?', le preguntó Dios. '¿Has comido del árbol del cual yo te mandé que no comieras?' El hombre respondió: 'La mujer que tú me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.' Entonces el Señor Dios dijo a la mujer: '¿Qué es esto que has hecho?' 'La serpiente me engañó y yo comí', respondió la mujer."

Hasta ahí vamos a quedarnos. A partir de ahí siguen las consecuencias que Dios trajo, el veredicto que Dios pronunció sobre cada uno de ellos. Recordemos: anterior a la caída, Adán y Eva caminaban en santidad delante de Dios y delante de ellos mismos, y disfrutaron la presencia santa de Dios. Pero ya no es lo mismo. Las cosas han cambiado en un solo momento, en un solo acto.

De manera que tan pronto Adán sintió la presencia —no sabemos si Dios quiso que él sintiera pasos o de alguna otra manera, pero que ellos sintieran la presencia de Dios caminando entre ellos o en el huerto— el texto dice, versículo 8, que ellos se escondieron de la presencia del Señor Dios entre los árboles del huerto. La primera pareja sintió por primera vez la necesidad de distanciarse de Dios. Uno pensaría que debió haber sido lo opuesto: buscar ayuda en Dios. Pero lamentablemente lo que el profeta Isaías escribió cientos y cientos de años después es tan cierto.

Escucha a Isaías 59:2 en la Nueva Traducción Viviente: "Son las iniquidades de ustedes las que los separan de su Dios." No es que su Dios ha cambiado; su Dios ha estado en el mismo lugar. Son las iniquidades de ustedes las que han hecho separación entre ustedes y Dios. Eso es exactamente lo que vemos en el jardín del Edén: Dios estaba buscando a la pareja, estaba en su mismo lugar, y ellos se escondieron.

Y lamentablemente, cuando el hijo de Dios comienza a vivir en pecado —nota que no he dicho cuando comete un pecado, como que cometió un pecado e inmediatamente esto pasa, sino cuando comienza a vivir en pecado— él pierde el deseo por las cosas de Dios. Y en vez de acercarse a Dios para resolver su situación, paradójicamente él se aleja de su presencia, porque no se siente cómodo delante de Él ni de nada ni nadie que le recuerde a Dios. Se aleja de la congregación de los santos y de todos aquellos que pudieran de alguna forma recordarle cómo está viviendo.

El hombre en su pecaminosidad nunca se ha sentido cómodo delante de la santidad de Dios. Y eso es, de hecho, el veredicto a lo largo de toda la Biblia. Recuerda a Isaías otra vez, cuando se encontró con el Dios Santo, Santo, Santo en una visión de su trono: como inmediatamente se sintió perdido, arruinado, deshecho. ¿Por qué? Porque soy un hombre de labios impuros. La pecaminosidad nunca está cómoda delante de la santidad de Dios. Y esta primera pareja se escondió para cubrir su vergüenza, para cubrir su culpa.

Ellos mismos trataron de cubrirse a sí mismos —volveremos a eso el mensaje del domingo que viene—, pero no pudieron hacer tal cosa. Y lo hicieron para evitar ser confrontados por Dios, como si tú pudieras esconderte de Dios detrás de árboles. ¿Puedes creer eso? Como que los árboles pudieran esconderte de Dios.

No importa, hermano, dónde tú estás cuando pecas. Antes, durante y después que pecas, ten por seguro que estás delante de los ojos de Dios. Todo el tiempo, nunca escapa. David experimentó eso en su propia vida y lo registró en el Salmo 139:7-8: "¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿A dónde huiré de tu presencia? Si subo a los cielos, allí estás Tú. Si voy al Seol y allí preparo mi lecho, allí Tú estás."

Es que, hermano, hermana, no te engañes, no te escondas. Oh, Miguel, no te engañes, no te escondas. Estás siempre delante de los ojos de Dios, que recorre toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyos corazones son verdaderamente suyos. Tú notaste que Adán no salió a buscar a Dios. Yo he aprendido en mi vida, mi hermano, que por pequeño que sea mi pecado, tan pronto Dios lo trae a mi memoria, yo voy corriendo delante de Él.

Pero Adán no salió a buscar a Dios. Es Dios quien sale a buscar a Adán. "Adán, ¿dónde estás?" No es Adán diciéndole a Dios: "Dios, violamos tu ley. ¿Dónde estás? Ayúdame. Dime qué hago." No, no, no, no. Nosotros estamos escondidos. Dios tiene que salir a buscar al hombre, y nunca ha sido diferente.

Dios salió a buscar a Abraham en Ur de los Caldeos y lo encontró y le dio una misión. Salió a buscar a Moisés en el desierto cuarenta años después. Dios salió a buscar a Cristo, salió a buscar a cada uno de sus discípulos y los llamó y los invitó a que dejaran las redes. A San Mateo, que dejara la mesa donde estaba cobrando impuestos. Dios interceptó a Pablo camino a Damasco cuando Pablo estaba persiguiendo a su propia gente. Dios es quien sale a buscar al hombre. Claro, porque nadie busca de Dios. Romanos 3:12 lo dice claramente: nadie ha buscado ni busca ni buscará de Dios. Dios siempre, desde el jardín del Edén, ha salido a buscar al hombre.

W. H. Griffith Thomas —yo sé que no es un hombre muy conocido; fue un pastor teólogo anglicano que murió a principios de la década de 1920, en 1924— era un teólogo muy reputado en su círculo. En su comentario sobre este pasaje él dice: "La pregunta de Dios para Adán resuena en el oído de cada pecador: ¿Dónde estás?"

Y Thomas agrega: "Ese es el llamado de la justicia de Dios, que no puede ignorar el pecado." Pero no termina ahí. Es el llamado del dolor divino que se aflige por el pecador. Es el llamado del amor divino que ofrece redención del pecado. Para cada uno de nosotros, termina la cita, el llamado es reiterado: ¿Dónde estás tú?

¿Dónde estamos? ¿Tratando de esconder nuestro pecado, o buscando a Dios para que nos ayude a resolver nuestro pecado?

"Adán, ¿dónde estás?" Es la primera pregunta. Hay que notar que Dios tampoco dice: "Adán y Eva, ¿dónde están?" No, no, no. Yo quiero hablar con la cabeza federal de la raza humana, a quien yo le di instrucciones de no comer del árbol antes de que Eva estuviera presente. Adán, ¿dónde estás? Él responde: "Te oí en el huerto. Tuve miedo porque estaba desnudo y me escondí." La primera experiencia de miedo y de aislamiento.

Adán dijo la verdad, pero no dijo toda la verdad. Dios no estaba tratando de encontrar información; Dios sabía dónde él estaba. Dios estaba buscando confesión, y no una confesión parcial. Adán no ha confesado su pecado. Lo que él ha dicho es: "Si quieres saber dónde estoy, aquí, detrás de un árbol. ¿Quieres saber por qué? Porque tuve miedo." Sí, pero tú sabes que detrás de mi pregunta hay otra cosa. ¿Dónde estás? ¿Por qué te escondes? Anteriormente tú me buscabas, o si yo te buscaba, tú venías gozoso. ¿Y ahora qué fue?

Bueno, Adán y Eva comieron, cometieron el primer pecado, hicieron el primer intento de huir de Dios y conocieron lo que era el temor por primera vez. Hermano, yo no sé con cuánto temor tú vives, pero hay una relación directa entre mi grado de temor y la cercanía y lo tranquilo que me siento cerca de Dios.

En ausencia de pecado, Adán y Eva nunca experimentaron temor. Pero una vez que el pecado entró a la humanidad, el temor es una experiencia común a todos los hombres. Y el mandato más frecuentemente reiterado a lo largo de la Palabra de Dios —muchas veces con las mismas palabras, otras con palabras semejantes— es: "No temas."

El hombre pecador, o el hijo de Dios que está viviendo en pecado, no se siente cómodo ante un Dios santo. ¿Tú recuerdas la ocasión cuando Jesús estaba con los discípulos en la playa, al comienzo del día, tempranito en la madrugada probablemente? Había dos barcas, dice Lucas 5, y entonces Cristo se montó en una barca y le dijo a Pedro que echara la barca hacia lo más profundo y que tirara las redes en ese lado más profundo del mar.

Bueno, ellos habían estado ahí tratando de pescar toda la noche, no habían pescado nada, absolutamente nada. Y ahora el Maestro viene a decir que volvamos para dentro, que volvamos a echar las redes. Yo me imagino a Pedro: "Eh, ¿cómo? O sea, ¿que echemos las redes en el mar que estuvo vacío de peces toda la noche?" Algo así. Pero dice: "Pero como tú eres el Señor, ya las voy a echar." Pedro echa las redes y resulta que todos los peces del mar de Galilea brincaron para estar dentro de las redes.

Y el texto de Lucas 5:8 dice: "Al ver esto, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús diciendo: 'Apártate de mí, Señor, pues soy hombre pecador.'" Tú pensarías que Pedro hubiera dicho: "Señor, todos los días queremos salir a pescar contigo. A la hora que tú digas, tiramos las redes del lado que tú quieras." Eso no es como Pedro reacciona.

Pedro, en su incredulidad, en su duda, en su escepticismo, seguramente con cierto aire de que él tenía la experiencia y el Señor no, cuando vio lo que ocurrió a pesar de su duda y se encontró con la santidad del Dios que había hecho que este milagro ocurriera, su reacción inmediata fue: "Apártate de mí; yo no soporto estarte viendo." ¿Por qué, Pedro? "Pues yo soy un hombre pecador."

Es la misma razón por la que cuando el creyente está viviendo en pecado tiende a alejarse de Dios, de su pueblo y aun de su Palabra misma. Tú no puedes vivir en pecado y continuamente ir a leer la Palabra de Dios. No. La realidad es que la Palabra de Dios te aleja del pecado, o el pecado te aleja de la Palabra de Dios. No estoy seguro quién dijo eso; pudo haber sido Spurgeon, o Luther, no estoy seguro.

El hombre en pecado se siente acusado al relacionarse con Dios o con alguien que vive en santidad. Todavía recuerdo la historia de hace mucho tiempo, cuando aparentemente en un campeonato de golf en Estados Unidos había tres premios para el primero, segundo y tercer lugar, y uno de los premios era que el ganador del primer lugar iba a tener la oportunidad de jugar un juego de golf con Billy Graham. Tú pensarías: "Pero Billy Graham no podría ser un gran jugador de golf." Yo no sé qué tan bueno era o no era, pero él era uno de los premios. Y ese día al campeón de golf le estaba yendo muy mal.

Entonces, cuando terminó, un amigo que lo conocía y que había ayudado a orquestar este encuentro entre ellos dos le dice: "¿Cómo te fue?" Dice: "No, muy mal. Billy Graham no tenía que estar tratando de meterme el evangelio por la garganta." Y el amigo, que conocía la humildad de Billy Graham, le dijo: "¿En serio? ¿Billy dijo eso o hizo eso?" Le dijo: "No… yo simplemente tuve un mal día." Billy no dijo ni una sola palabra.

La pecaminosidad no se siente cómoda delante de alguien que representa la santidad de Dios. Adán se escondió en medio de su temor, y seguimos haciendo lo mismo hasta el día de hoy. El hombre sigue escondiéndose en su silencio, en su pasividad, en su falta de liderazgo, detrás de sus largas jornadas de trabajo, o en una cueva emocional de donde no quiere que lo saquen, o en sus formas airadas que mantienen a los demás alejados. Eso es parte de su aislamiento, pero el origen de todo eso está en el escondite detrás de los árboles, en la pasividad y el silencio de Adán.

Bueno, Adán respondió la primera pregunta, pero Dios quiere llevar a Adán a donde él tiene que llegar, porque él ha comenzado a admitir algo que hizo. Pero Dios no quiere información —él ya la tiene—; él quiere confesión. "¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo?" Segunda pregunta. Ahora vamos caminando hacia allá.

Dios conoce la respuesta a cada pregunta, y no lo dejó ni siquiera responder esa segunda pregunta. Le hizo una tercera pregunta inmediatamente después, porque Dios sabía que una cosa estaba ligada a la otra. "¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo?" Tercera pregunta, inmediatamente: "¿Has comido del árbol del cual yo te mandé que no comieras?" Adán, tú no has dicho nada de eso todavía.

Versículo 12. El hombre respondió: "La mujer que tú me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí." Adán trató de evadir la respuesta.

La pregunta fue que si has comido o no del árbol que yo te mandé a ti, no a Eva. Eva no estaba contigo cuando yo te di la orden. Tú debiste haber dicho: "Sí, yo comí." Pero no. "Yo te voy a explicar, Señor, cómo fue lo que pasó." Adán trata de justificar su pecado acusando a otra persona. ¿Tú crees que eso ha terminado hoy?

Adán trata de minimizar su falta magnificando la falta de Eva. "Sí, yo comí, pero entiende que antes de yo morder había una mujer, y antes de esa mujer había un Dios que fue el dador de ella. Con ustedes dos también hay que hablar." Y Adán trata de quedar libre de su culpa cargando la culpabilidad entera sobre la mujer que hasta ese momento había sido la niña de sus ojos, a quien había amado incondicionalmente.

Pero la única manera de amar incondicionalmente es sin pecado en tu vida, y ellos perdieron eso. Solamente Dios ama de esa manera. Por eso tú encuentras a Adán tratando de justificarse, de minimizar su pecado y luego de quedar libre de culpa.

Leyendo a Lutero sobre este pasaje, él le llama que esa reacción de Adán fue estúpida, y dice que lamentablemente el pecador se acusa a sí mismo por la forma como se defiende, y se incrimina a sí mismo al tratar de defenderse. Hay algo que yo he visto, no sé si cientos de veces, pero decenas de veces, exactamente eso en consejería. Es que la defensa, si tiene algo de discernimiento espiritual, pone en evidencia que lo has hecho. Está tratando de evadir la respuesta.

Tratar de defenderse delante de Dios, de justificarse delante de Dios, por eso no ha parado en oraciones. Muchas veces nosotros vamos a Dios a pedir perdón y en la misma oración decimos: "Señor, tú sabes que fulano tiene una personalidad muy difícil, y entonces tú sabes que yo he tenido unos tiempos, una semana difícil con esta tormenta." Todo esto tratando de justificar y aminorar mi culpa. Adán, ¿okay? Fue la mujer que te dio a comer.

Pero escucha lo que dice Robert Kelleman en su libro sobre consejería, *Gospel-Centered Counseling*, o consejería centrada en el evangelio: "Adán eligió la bondad de la mujer sobre la bondad de Dios." Si tú quieres culpar a Eva, tú elegiste la bondad de la mujer que te dio de comer sobre la bondad de Dios. Viendo a Dios como el gran prohibidor, Adán eligió a la que había consumido de la fruta prohibida. Ella fue más preciosa a sus ojos que Dios. Valoró más la sabiduría de la mujer que la de Dios. Adán valoró más su propia voluntad que la de Dios. Fin de la cita.

Adán, tú has quedado peor parado al tratar de culpar a Eva, porque mira todas las implicaciones de lo que me has dicho. Entonces, hablé con Adán. Él dice que Eva fue la que comenzó todo.

Versículo 13. Cuarta pregunta ahora de Dios. Las tres primeras hacia Adán; esta, hacia Eva. Entonces el Señor dijo a la mujer: "¿Qué es esto que has hecho?" Ella tiene el mismo pecado de Adán y reaccionó de la misma forma: "Déjame autojustificarme y ver si culpo a otro. La serpiente me engañó y yo comí", respondió la mujer. A Eva solamente le faltó agregar: "La serpiente que tú creaste." "Me engañó y yo comí."

Hizo lo mismo, tratando de encontrar un culpable. Para Adán, la culpable fue Eva y luego Dios. Para Eva, la culpable fue la serpiente. Ambos apelaron a circunstancias atenuantes en este juicio. ¿Conocen la expresión, verdad? Circunstancias atenuantes en un juicio. Excelentes abogados, pero se olvidaron de quién era el juez. Porque en la corte celestial las circunstancias atenuantes no funcionan.

Ya ambos por lo menos se confesaron culpables. Versículo 12, Adán dice: "Yo comí." Versículo 13, Eva dice: "Yo comí." ¿Sabes qué? Muy bien, hablaron verdad, pero ellos no han hablado toda la verdad. Y así pasa frecuentemente con nuestras confesiones.

Es el deseo del pecador de saber cuál es el mínimo que yo tengo que confesar para por lo menos sentirme bien. Si Dios lo encuentra bien con eso, no sé; yo lo que quiero es sentirme bien. ¿Cuál es el mínimo que yo tengo que confesar? Y para eso usualmente el pecador recurre a culpar a otro, a explicar circunstancias, y a justificarse de qué manera realmente él no es tan malo como parece ser.

Hermanos, hay algo que yo he aprendido acerca del arrepentimiento: tú no puedes arrepentirte y defenderte al mismo tiempo. No es arrepentimiento; eso se llama autojustificación. Eso es como un mito del arrepentimiento, que me puedo defender y autojustificarme, o que me puedo arrepentir y defenderme al mismo tiempo.

El mejor ejemplo en parábola de cómo ocurre un verdadero arrepentimiento es la parábola que Cristo contó. Cristo fabricó la historia porque no fue algo real; las palabras son fabricadas, pero con toda la verdad que Cristo quería que tuviera para mostrar algo. Y en la parábola del hijo pródigo, Cristo muestra cómo luce, cómo habla una persona arrepentida. El hijo pródigo se va, gasta todo lo que tenía en placeres, en mujeres, todo lo demás. En un momento dado dice: "Volvió en sí." Exactamente: cuando vivimos en pecado, perdemos la razón. Cuando nos arrepentimos, volvemos en sí, comenzamos a ver la gravedad.

Y él regresa donde su padre. Lucas 15:21 dice que el hijo pródigo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Yo no soy digno de ser llamado hijo tuyo." Eso es un corazón arrepentido. Él sabe que no merece nada. De hecho, en su reflexión, antes de llegar al padre, dice que pensó cuando volvió en sí: "Le diré a mi padre: hazme uno de estos jornaleros. Yo no tengo mérito alguno. ¿De qué me voy a defender?"

El hijo pródigo no viene diciendo: "Tú sabes que yo era joven, no tenía experiencia, y pensé que me iba a llevar el mundo por delante, pero ya lo gasté todo, y entonces comí comida de los puercos, y ahí me recuerdo, tú sabes, padre, perdóname." No, no, no, no, no. "Yo no merezco nada, Padre." Y el padre, cuando oyó una confesión de tal magnitud, lo recibió y lo cubrió con ropas de gala. Porque el hijo pródigo entendió que no podemos arrepentirnos y defendernos o justificarnos al mismo tiempo.

Ahora, déjame darte una opinión personal. Bueno, déjame cambiarlo: es una convicción personal lo que voy a decir. Yo no estoy diciendo con esto que Dios me lo dijo, ni que Dios dice esto así en su Palabra, pero es mi convicción personal. Yo creo que Adán y Eva fueron honestos, entre comillas, porque admitieron que comieron, pero no podían admitir otra cosa, o sea, no podían decir otra cosa. Es como que yo me robo un libro; cuando yo tengo el libro en la mano, tú me ves, me paras y me dices: "¿Tú te robaste el libro?" Y yo te digo: "Sí, me lo robé." ¿Qué voy a decir?

El arrepentimiento va más allá. El arrepentimiento va cuando yo comienzo a admitir qué fue lo que hice y por qué lo hice. Entonces, si Adán y Eva hubiesen sido íntegros, en mi convicción personal, esto es lo que debió haber salido de sus labios: "La serpiente nos dijo que tú no nos habías dicho toda la verdad con relación a la fruta, y que lo cierto era que tú no querías que llegáramos a ser como tú. Además nos dijo que si comíamos de la fruta llegaríamos a ser como Dios y conoceríamos el bien y el mal. E incluso agregó que de hacerlo, ciertamente no moriríamos. Lamentablemente desconfiamos de ti, Señor, y le creímos a la serpiente. Nosotros somos culpables de incredulidad, cuestionamiento de tu carácter, violación de tu ley, insubordinación y rebelión. Perdóname. Amén."

Eso es lo que debió haber salido. Pero fue la mínima confesión para salirse con la suya. Yo no sé si eso hubiese cambiado las consecuencias de la rebelión. Quizás no, porque ya el pecado estaba cometido y la promesa había sido hecha: "El día que comas, morirás." Pero yo creo que quizás el trato hubiese podido ser diferente. No lo sé.

Esa otra parte no sé, no la quiero ni siquiera hurgar ahí. Hermano, si hay algo que yo he aprendido estudiando la Biblia como pastor y como consejero, es que pecar para luego mentir, para encubrir tu pecado, lo único que tú haces es cavar tu tumba más profundamente. ¿Con quién te vas a ir al fondo de la tumba? Con Satanás, el padre de mentiras.

No, yo prefiero hablar verdad, pase lo que pase, pero con el paracaídas de Cristo. Mentir para encubrir mi pecado no solamente prueba mi falta de arrepentimiento, sino que agrava mi pecado delante de Dios. Y de hecho, cuando mentimos para encubrir mi pecado, estoy revelando que me importa más la opinión de los hombres que la opinión de Dios. Dios ya sabe que mentí, que pequé y ahora que estoy mintiendo. Sí, pero lo que me interesa son ellos, quedar bien con ellos.

Ahora que la pareja había confesado su crimen, yo comí. Aunque no creo que hubo arrepentimiento hasta ese punto. No digo que no lo hubo internamente y que Dios no lo supo. Eso es otra cosa.

Ahora viene el veredicto. El veredicto sobre la serpiente, la sentencia. Y el Señor dijo a la serpiente: "Por cuanto has hecho esto, serás maldita más que todos los animales y más que todas las bestias del campo. Sobre tu vientre andarás y polvo comerás todos los días de tu vida."

La serpiente fue descrita anteriormente como la más astuta de todos los animales del campo, y ahora es descrita como la más maldita de las bestias del campo. Nadie está seguro si la serpiente tenía patas anteriormente. Hay personas que de manera categórica dicen que no; otros que categóricamente dicen que sí. Yo no sé.

Ahora, yo sí creo que la serpiente participó de manera especial en esta maldición sobre el pecado. Y alguien pudiera decir: "Bueno, pastor, pero la serpiente no tenía control sobre ella, era simplemente un animal." Sí, pero yo creo que ella sufrió algún tipo de transformación, y ante esa objeción yo diría: "No, espera." Todos los animales de la tierra participaron de la maldición, la tierra entera, las condiciones climáticas, todo participó de la maldición. De manera que si ciertamente la serpiente fue más afectada, fue simplemente eso: más afectada.

Quizás Dios lo hizo para dejar como evidencia visible de que el pecado tiene consecuencias severas, incluyendo a todos los que participan en la acción, aún sea una serpiente. Pero la serpiente también tipifica a Satanás, como dijimos, y nosotros sabemos que esto trajo todavía un juicio mayor sobre Satanás. De hecho, Judas 6 nos dice que a los ángeles que no conservaron su señorío original, sino que abandonaron su morada legítima, los ha guardado en prisiones eternas bajo tinieblas para el juicio del gran día. Hay ángeles caídos que no tienen la libertad de moverse como demonios que rondan por ahí en el día de hoy, sino que están en prisiones oscuras porque abandonaron su morada legítima. No sabemos si Judas está relacionando eso directamente con lo que ocurrió en esta ocasión, o si está relacionado con algo que se relata más adelante en Génesis 6.

Pero ahí estamos. Hay una maldición sobre la serpiente que continúa en el versículo 15, que habla de la simiente de la mujer y los descendientes de la serpiente. Yo no voy a cubrir el versículo 15 a propósito, porque lo voy a hacer la semana que viene, si Dios me permite, predicar junto con el versículo 21, cuando ellos son cubiertos por Dios con pieles y luego expulsados del Edén.

Pero ahora pasamos a la sentencia sobre la mujer. Versículo 16: "A la mujer dijo: 'En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto.'" Eso no era parte de la creación. "Con dolor darás a luz los hijos." Eso es nuevo. Y con todo, hay una segunda implicación: "Tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti."

La sentencia sobre la mujer tiene dos aristas. Número uno: Eva, yo te hice para ser el vaso a través del cual tú traerías hijos e hijas al mundo, que se reproducirían y llenarían la tierra de mi imagen, de mi gloria. Eso, Eva, en un principio debió haber sido tu mayor deleite, verte como madre de todos los seres vivientes, como eventualmente Adán termina llamándola.

Lamentablemente las cosas han cambiado, Eva. Y ahora el parto, el embarazo van a ser de otra manera. Tú vas a experimentar durante el embarazo lo que yo ahora les explico que es la hiperemesis gravídica, o quizás ustedes no necesitan explicaciones: vómito durante el embarazo. No creo que eso era parte del diseño original. Pero tu labor de parto también será con dolor, tanto dolor que muchas necesitarán anestesia. Tu deleite convertido en dolor.

Yo creo que a esta primera pareja, Dios pudo haberle dicho a Eva en relación a su embarazo y partos: "Mira de dónde has caído, Eva." Comparemos el deleite que Eva pudo haber sentido con cómo las cosas desde entonces han ido empeorando. Piensen en esa frase: "¿Desde dónde has caído?" Vamos a pensar en la mujer, ahorita vamos con el hombre. ¿Desde dónde has caído? Bueno, de ser la madre de todos los vivientes y ser un deleite para ti traer hijos al mundo, a mujeres hoy que pelean en tribunales por tener el derecho de quitarle la vida a su propio bebé en el útero, y hombres que están dispuestos a financiar tal aborto después que ellos mismos embarazaron a dichas mujeres, y en algunos casos lo han financiado en contra de la voluntad de la mujer. ¿Desde dónde han caído?

Padres y madres hoy en día que han abandonado a sus hijos. Un caso en Francia hace meses atrás, quizá el año pasado, donde la pareja fue a la corte porque ni el padre ni la madre se querían quedar con los hijos y no se sabía qué iba a pasar. Entonces, ¿de dónde han caído? Ustedes hacen cosas que los animales no hacen. Las madres cuidan de sus crías a veces a expensas de ellas mismas. Antes de ayer veía un video de una perrita en sus huesos, ya casi por morir, caquéctica la llamaríamos nosotros, con seis perritos pegados amamantando de ella, y ella tranquila, porque aún en su muerte quería cuidar de sus crías, y alguien las rescató.

¿Desde dónde han caído Adán y Eva? Además, Eva, ¿sabes algo? Cuando la serpiente habló contigo, es verdad que Adán permaneció en silencio y fue pasivo, pero no es menos cierto que tú recibiste la instrucción de Adán, quien la recibió de parte de mí. Y tú no te volteast e a Adán a preguntarle: "¿Qué tú crees?" De manera que con todo esto, tu deseo —y ahora lo explico— será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti.

La palabra "deseo" ahí no es el deseo sexual hacia su marido, no. Esa palabra aparece solamente una vez más en toda la Biblia. Esa palabra es *teshuvá*. Aparece en Génesis 4:7, donde se le dice a Caín que el pecado tratará de dominarlo y que él iba a tener que luchar para dominar ese pecado que quería tener dominio sobre él. De manera que la gran mayoría de los teólogos están de acuerdo en lo que Génesis 3 nos está diciendo, y que Génesis 4:7 nos trae luz sobre un pasaje menos claro, que es este de Génesis 3:16 que estamos viendo.

Y es que de ahora en adelante, Eva, tú tratarás de luchar por el dominio, el control y el liderazgo de tu esposo. Pero como consecuencia de la caída, en vez de tu esposo ofrecerte un liderazgo de servicio y amoroso, él terminará enseñoreándose sobre ti, o como la nueva Biblia de las Américas dice, él tendrá dominio sobre ti.

Tú vas a tratar de dominarlo, de manipularlo, de hacerlo. Él podría ser la cabeza, pero tú vas a luchar por ser el cuello, de manera que lo puedan mover, tomar el control. Lamentablemente, el hombre siguió repitiendo el silencio de Adán, la pasividad de Adán, y cediendo ante los deseos pecaminosos muchas veces de su pareja, porque él no ha sabido mantener la línea que Dios le mandó a mantener. Y esa lucha continúa hasta el día de hoy.

Por otro lado, la mujer ha ido aumentando ese deseo, y lo vemos en el feminismo rampante de nuestros días. La armonía entre Adán y Eva era la armonía diseñada por Dios para la eternidad entre los esposos. Se rompió. Perdieron la armonía con Dios, y de ahí en adelante nadie puede estar en armonía, ni la creación. No hay armonía con Dios, no hay armonía entre los hombres, lo que implica no hay armonía entre el hombre y la mujer.

Y va a tomar, para tratar de comenzar a reparar eso, un nuevo nacimiento, que cada cónyuge muera a sí mismo, que cada cónyuge haya llegado a creer y viva la plenitud del Espíritu. Entonces el hombre podrá amar a su esposa incondicionalmente, y la mujer podrá someterse tiernamente a su marido.

Mientras tanto, los hombres y las mujeres nacemos enemigos de Dios. Romanos 5:10. Cuando Dios te encontró y te dio salvación, tú eras enemigo de Él, dice Dios. Y entonces, justificado por la fe, posteriormente, cuando ponemos nuestra confianza en Cristo, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Anterior a la caída, Adán y Eva tenían acceso a Dios sin ningún intermediario. Ahora ellos requerían, nosotros requerimos un intermediario, y no cualquier mediador.

Ellos perdieron su paz con Dios, perdieron la paz entre ellos, y ahora perdieron su paz interior. Nosotros guardamos tres relaciones todo el tiempo: una con Dios, una conmigo mismo y otra con los demás. No hay paz interna. Por eso el hombre vive ansioso, preocupado, airado, frustrado, decepcionado, y muchas veces hasta deprimido. Claro, la armonía se rompió con Dios, y eso rompe la armonía interior que yo puedo guardar cuando vivo en Él. Y eso ha seguido siendo así por siempre.

Y la armonía entre los hombres no es simplemente que los hombres no se aman unos a otros. No, es que, peor aún, se acusan unos a otros, nos condenamos unos a otros, criticamos los unos a los otros, porque no hay armonía. Desconfiamos del otro. Yo lo he hecho, tú lo has hecho.

Ahora Dios le habla a Adán. Él comenzó cuestionando a Adán, pero quiere cerrar la sentencia con Adán: dos portalibros. Dios pronuncia su veredicto sobre Adán. Versículo 17: "Entonces el Señor dijo a Adán: 'Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer'"— tú que estabas ahí, fue ahí donde comenzó el problema, Adán— "y has comido del árbol del cual te ordené a ti". No dice "a ti", pero eso es lo que está diciendo: "Del cual te ordené, diciendo: No comerás de él." Ah, dos acusaciones tengo contra ti. Tú escuchaste la voz de tu mujer antes que mi voz. Mi voz tú la escuchaste, pero no la obedeciste. La de tu mujer la escuchaste y la seguiste. Ella tuvo más credibilidad para ti; su voz tuvo más credibilidad que la mía. Segunda acusación: tú has comido del árbol del cual te ordené —no les ordené, te ordené— diciendo: No comerás de él.

Llegada la tentación, Adán no lideró a su mujer, no le recordó la prohibición de Dios, la dejó pecar, y luego pecó con ella. La dejó pecar y luego pecó con ella. Dios había hecho un huerto y había puesto a Adán en él para que lo cultivara y lo cuidara, dice el texto, antes de Eva. Luego Dios vio que no era bueno que el hombre estuviera solo. Bueno, ahí en el huerto le dijo: "Mira, puedes comer de todo, pero del árbol del bien y del mal no puedes comer." Y luego Dios hizo caer a Adán en un sueño, tomó de su costilla y formó a la mujer, de manera que la prohibición se hizo en la ausencia de Eva.

Y por eso dice la Palabra: "Maldita será la tierra por tu causa. Con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás de las plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado. Pues polvo eres y al polvo volverás." La sentencia más larga cayó sobre Adán.

Anterior a la caída, Dios ahora está maldiciendo la tierra. Anterior a la caída, hermanos, no había sequías, inundaciones, huracanes, calentamiento global, epidemias, pandemias. Pero una mordida lo cambió todo. Nosotros ni sabemos lo que es el pecado, ni sabemos la magnitud, la profundidad, la longitud, por así decirlo, la prolongación de las consecuencias del pecado.

"Maldita será la tierra." ¿Qué va a pasar? Bueno, la tierra era fecunda y te produciría frutos, Adán, de manera natural. Las estaciones del año funcionarían armónicamente, de manera que tú ibas a cultivar la tierra, pero no iba a ser con trabajo; la tierra iba a cooperar contigo. Ah, pero ahora comiste.

Yo no sé si tú prestaste atención a lo reiterativo que es el verbo "comer" en Génesis 3. Escucha. En Génesis 2:17, Dios le dice a Adán: "No comerás del árbol, porque el día que de él comas, morirás" —uno, dos—. Génesis 3:12: "Yo comí", dijo Adán —tres—. Génesis 3:13: "Yo comí", dijo Eva —cuatro—. Génesis 3:17: "Ahora comerás de la tierra con trabajo" —cinco—. Génesis 3:18: "La tierra te producirá espinos y cardos, y comerás de las plantas del campo" —seis—. Génesis 3:19: "Con el sudor de tu rostro comerás el pan" —siete—. El verbo "comer" es repetido.

La razón por la que menciono eso —no sé si Dios así lo une, pero así me vino a la mente— es que para salir del lío en que Adán y Eva nos metieron, tendremos que volver a comer. "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final." Amén. La Cena del Señor es un recordatorio de que tenemos que comer, pero del árbol correcto, del árbol de la vida que es Jesús.

El hombre, ahora en el versículo 20, le pone nombre a su mujer y la llama Eva. Dice el texto que fue porque ella era, o sería, la madre de todos los seres vivientes. En Génesis 2:23, Adán llamó a su compañera "mujer", porque el texto dice que él vio que había salido de él. El nombre para varón u hombre en hebreo era Ish. "Si salió de mí, esta es Ishá." Eso es lo que el texto dice en el hebreo.

Entonces, ahora en Génesis 2:23, la razón por la que Adán no le cambia sino que le agrega otro nombre a su compañera —que es Eva— es porque ella sería la madre de todos los seres vivientes. Claro, ella va a dar a luz hijos e hijas, esos hijos se van a reproducir, pero todas las mujeres que den a luz en un futuro habrán salido de esa primera mujer, de Eva.

Hermano, las consecuencias del pecado son letales. Y quizás hasta ahora no había oído el título de mi mensaje. No fue intencional, pero la palabra "letales" me lo recordó. El título de mi mensaje es: "Una mordida con consecuencias letales."

Las consecuencias son letales, o han sido letales. Nosotros, miles de años después, seguimos pecando con facilidad, seguimos coqueteando con el pecado que sabemos que Dios prohíbe. Nos divertimos en pantallas o en vivo nosotros mismos con los pecados por los cuales Cristo fue crucificado, los pecados que cuelgan del clavo de la mano de Cristo. Con eso nos divertimos.

Adán y Eva perdieron su vida espiritual inmediatamente. "Polvo eres y al polvo volverás." Dios debió —sin gracia, pero siendo justo— haberlos eliminado físicamente también. Esa fue la promesa: "El día que comas, morirás." Dios, en su gracia que nos rescata, dijo: "Okay, van a morir espiritualmente, necesitan un mediador para relacionarse conmigo."

De hecho, Adán llegó a vivir 935 años. Pero cuando Adán murió, pasó exactamente lo que Dios le anunció: "Pues polvo eres y al polvo volverás."

Me debatía si continuar y hacer en los próximos tres o cuatro minutos esta parte, pero lo voy a hacer porque yo creo que esto merece al final una reflexión y quizás una confesión de parte tuya entre tú y Dios.

Nosotros seguimos cosechando las consecuencias de Génesis 3, y todavía hoy usamos la mentira para cubrir lo que sabemos que hicimos mal. Delante de Dios lo vamos a cubrir. Nos creemos la mentira de que otros no se enteran, yo estoy bien. Por lo menos así nos sentimos. Mentimos para cubrir otra mentira. De hecho, a veces fabricamos historias acerca de otro para cubrir mi historia. Eso es como el pecador es, y lo ha hecho, y lo hemos visto. Creamos historias que nos justifiquen.

Vivimos en la mentira luciendo que estamos bien, sabiendo que espiritualmente no lo estamos, y la conciencia nos acusa. Mentimos para guardar la reputación. Porque amamos más la reputación de lo que odiamos el pecado. Amamos más la reputación de lo que odiamos el pecado. Tim Chester, en su libro *You Can Change* —tú puedes cambiar—, dice lo siguiente: "Estamos preparados para elegir el pecado, rechazar a Dios, abandonar la libertad y aún arriesgarnos a ir al infierno, en vez de que la gente piense mal de nosotros." ¡Wow!

Decimos cosas no ciertas para cubrir lo que no hemos dicho. Reinterpretamos los eventos para que nosotros podamos lucir bien en medio de ellos. De hecho, hermano, podemos mentir sin hablar. Y de ahí el refrán dominicano: el que calla otorga. Cuando no hablas y tú sabes que te tocaría hablar, tú eres cómplice del pecado.

Después que Adán desobedeció, se alejó de Dios, y de ahí en adelante, hermano, el pecado le da color a —escuche— todas tus decisiones, a todas tus relaciones, a todas tus percepciones, a todas tus conversaciones, a todos tus pensamientos, a todas tus motivaciones e intenciones, a todos tus deseos, a todos tus entretenimientos, a tu trabajo y aún a tu descanso. El pecado le da color a todo en tu vida y en la mía.

La mentira nos separó de Dios, y la cercanía a Dios se convirtió en lejanía. De ahí que Cristo vino y dijo: "Yo soy la verdad. El que cree en la verdad, o la verdad que es, te hará verdaderamente libre." Ahora no puedes acercarte a Dios como si no hubiera un velo entre tú y Él. Sabes que no vas a Dios Padre sino a través de un mediador, y no cualquier mediador. 1 Timoteo 2:5: "Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres: Cristo Jesús, hombre." Amén. Un solo mediador. Por sus méritos, Dios Padre oye mis oraciones. Por sus méritos puedo entrar al reino de los cielos. Porque tengo un abogado defensor, tengo un mediador que puede defenderme. No puedo entrar a la presencia de Dios sin un mediador, como Adán y Eva sí pudieron en un principio.

Y la muerte espiritual llegó a ellos. Ya sabemos que fue la muerte espiritual, ¿no? Espérate. Oye todo lo que implica mientras uno sigue vivo. El entendimiento del hombre quedó entenebrecido —2 Corintios 4:4—. El hombre pasó a tener un corazón de piedra —Ezequiel 11:19—. La voluntad quedó esclavizada al pecado —Romanos 6:6—. El hombre perdió el camino de regreso a Dios y se extravió —Isaías 53:6—. Por eso Jesús tuvo que venir como mediador y decir: "Yo soy el camino." Su conducta quedó tan afectada que hoy no hay nadie justo, no hay ni siquiera uno; no hay quien haga lo bueno, ni siquiera uno —Romanos 3:10-12—.

No fue como que, bueno, por lo menos nos dejaron vivos físicamente. Sí, nos dejaron vivos físicamente, pero muy mal parados; y todavía, aunque nazco de nuevo, todas esas cosas que mencioné siguen afectando. Amados, yo acabo de describir la condición de toda la raza humana y las consecuencias que todavía tienen raíces en tu vida, aún si eres creyente.

Lo peor de todo es que después de conocer esta historia, después de nacer de nuevo, después de la morada del Espíritu Santo y de recibir la mente de Cristo en este libro y a través de Su Espíritu, todavía muchos deciden repetir la experiencia del Edén: desobediencia, distanciamiento de Dios y Su pueblo, mentiras, el culpar a otro de nuestro pecado, la autojustificación y la confesión forzada y a medias para ver si me puedo salir con "yo comí." Ajá. Eso es todo lo que me va a decir.

O sea, tú vas a reducir tu rebelión, tu insubordinación, Adán, tu pasividad, tu falta de liderazgo —lo vas a reducir— a "yo comí." Eso fue lo único que me confesaste. Y vas a pasar por alto todo lo que creíste, todo lo que deseabas hacer, todo lo que pensaste de mí, que yo no era tan bueno como yo les hacía saber de mi bondad, de mi benevolencia, de mi abundancia. ¿Y tú quieres reducir toda esa violación a "yo comí"? Oh, Adán. Oh, Eva. "Yo comí."

Hermanos, lo peor de todo es que todas esas raíces están en ti y en mí. Como yo te dije al principio, mientras oraba o mientras introducía este pasaje, toda la semana me sirvió de espejo. Yo no tengo nada que decirte si no tengo nada que decirme a mí primero. Dice la Palabra de Dios. Si yo fuera Cristo pudiera decir: "Habéis oído que yo os digo, pero yo os digo…" No, no puedo decir eso. Dios ha dicho, y yo repito. Eso es lo mejor que puedo hacer.

Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal de forma que puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.