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Sermones

Entre la promesa y la recompensa: Viviendo a la luz del retorno de Cristo

Joel Peña 19 enero, 2026

El dolor, la maldad y las lágrimas tienen fecha de caducidad. Esta esperanza sostenía a un psiquiatra creyente que diariamente enfrentaba historias desgarradoras, y es la misma promesa que Apocalipsis 22 proclama con urgencia: Cristo viene pronto. Tres veces en este capítulo final de la Biblia se repite esa declaración, no como información distante, sino como una realidad que debe transformar cómo vivimos hoy.

La iglesia primitiva vivía con la venida de Cristo en sus labios constantemente. "Maranata" —el Señor viene— era su saludo, su despedida, su aliento en medio de la persecución. Como la resistencia francesa que aguardaba el desembarco aliado sin conocer la fecha exacta pero preparándose cada día, los creyentes de entonces y de ahora viven entre la promesa y la recompensa. La pregunta no es si Cristo vendrá, sino cómo nos encontrará cuando llegue.

El texto revela tres respuestas concretas ante su venida inminente. Primero, una vida de obediencia: bienaventurado el que guarda las palabras de este libro, no quien simplemente las escucha, sino quien se apropia de ellas. Segundo, una vida de adoración dirigida únicamente a Dios, como el ángel corrigió a Juan cuando quiso postrarse ante él. Y tercero, aunque el texto se interrumpe, el llamado es claro: vivir en santidad, sabiendo que un día ya no habrá más maldición, ni muerte, ni duelo, ni dolor.

El registro profético de Dios es perfecto. Lo que anunció sobre Israel, Babilonia y el Mesías se cumplió exactamente. Si ese mismo Dios dice que el juicio llegará y el Rey vendrá, no hay razón para dudar. Él viene, y esa certeza debe moldear cada área de nuestra vida mientras aguardamos.

Joel Peña

Joel Peña

Joel Peña es ingeniero industrial con estudios de posgrado en Productividad y Calidad. Sirvió en su profesión por 13 años antes de dedicarse al ministerio pastoral. Es pastor de los ministerios de jóvenes de la Iglesia Bautista Internacional y completó una Maestría en Divinidad en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Angélica Rivera y juntos tienen dos hijos, Samuel y Abigail.