Integridad y Sabiduria
Encontrando la libertad a través de la rendición
Encontrando la libertad a través de la rendición

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Vida cristiana

Encontrando la libertad a través de la rendición

Angélica Rivera de Peña 20 septiembre, 2022

Quisiera poder decir que siempre he rendido a Dios todo pecado y que en todo tiempo le he obedecido sin reservas ni condiciones, pero la realidad es que hay pecados que, en algún momento, no he querido abandonar. Ya sea porque me había acostumbrado a ellos, porque me producían cierta satisfacción o porque a mis ojos no parecían tan graves. Sin embargo, siempre he comprobado que el pecado nunca ofrece lo que promete y que, mientras más tiempo se pasa sin rendirlo, más difícil resulta dejarlo, porque el pecado nos esclaviza y, al hacerlo, nos roba el gozo que buscamos.

Desde la caída del hombre en el jardín del Edén, todos hemos fallado en encontrar y disfrutar esa vida abundante y libre que Cristo vino a darnos. Somos seres caídos, disfuncionales, que no vemos la vida como es en realidad, sino conforme a lo que somos. Vivir en libertad no nos sale de manera natural; necesitamos reaprender a vivir de una forma diferente, bajo el estándar de Dios. La buena noticia es que Cristo vino a este mundo para liberarnos del pecado que nos encadena, lo cual nos permite vivir una vida plena y llena de gozo mientras esperamos la redención que nos aguarda en los cielos.

Dos caminos que se confunden con facilidad

Cristo quiere liberarnos de nuestras culpas, inseguridades, temores, ansiedades, hipocresías, indecisiones, orgullos, egoísmos, rencores, celos y envidias, porque todo eso nos hace esclavos. Su voluntad es que seamos libres. Por eso, estamos llamados a vivir en plena libertad, sin usar esa libertad para satisfacer nuestra carne, tal como lo señala Pablo: «Porque ustedes fueron llamados a la libertad, hermanos; solo que no usen la libertad como pretexto para la carne» (Gál. 5:13).

Sin embargo, debemos cuidarnos mucho de confundir libertad con libertinaje. El libertinaje busca satisfacer la naturaleza pecaminosa; no se somete a ninguna autoridad ni reconoce límites, sino que decide vivir como quiere, aunque eso resulte dañino para uno mismo o para los demás. Con frecuencia se escucha a jóvenes decir: «Quiero ser libre; quisiera mudarme y vivir solo para no tener límites en casa de mis padres». Eso, sin embargo, no es libertad: es libertinaje.

La verdadera libertad, en cambio, entiende que hay reglas y límites establecidos para el bien propio y el de los demás, y se somete a ellos reconociendo que precisamente allí reside la libertad genuina: dentro del contexto del amor a Dios y al prójimo. Pablo lo expresa con claridad: «y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos» (2 Cor. 5:15).

Una vida libre, entonces, es aquella que ya no vive para sus propias metas, sueños y deseos, sino que su único motivo de respirar es hacer la voluntad de Dios, obedecerle y honrarle. Es una vida que reconoce haber muerto juntamente con Cristo y que ahora existe solo para hacer su voluntad. Al hacerlo, le da gloria a Dios y comienza a experimentar la libertad que solo él puede otorgar.

La verdad que rompe cadenas

La libertad que perdimos en el Edén al pecar la recuperamos al rendirnos a Dios, al aceptar que su voluntad es mejor que la nuestra, reconociendo que el pecado nos esclaviza, pero la ley de Dios nos libera. Esto es precisamente lo que Jesús enseña en el evangelio de Juan: «y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres [...] En verdad, en verdad les digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre. Así que, si el Hijo los hace libres, serán realmente libres» (Juan 8:32, 34–36).

La libertad que perdimos en el Edén al pecar la recuperamos al rendirnos a Dios, al aceptar que Su voluntad es mejor que la nuestra, reconociendo que el pecado nos esclaviza, pero la ley de Dios nos liberta.

Estas palabras no son una promesa abstracta; son la realidad de todo aquel que decide soltar lo que lo ata y confiar en Cristo. El Hijo tiene autoridad para romper cualquier cadena, independientemente de cuánto tiempo se haya cargado con ella.

El primer paso hacia una vida verdaderamente libre

¿Hay algún área en tu vida que necesites rendir para poder ser libre? No esperes más. Ríndete hoy y disfruta de la libertad que viene al soltar tu carga de pecado y confiar tu vida en las mejores manos que pueden sostenerte. El verdadero camino hacia la libertad comienza cuando se dice con sinceridad: «Señor, me someto a ti, te obedezco a ti, haz lo que quieras de mí.» Esa oración sencilla es la puerta de entrada a la vida plena que Cristo vino a darnos.

Angélica Rivera de Peña

Angélica Rivera de Peña

Angélica Rivera de Peña es miembro de la Iglesia Bautista Internacional en la República Dominicana y sirve junto a su esposo, el pastor Joel Peña, en el ministerio de Vida Joven. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría y posee un certificado en ministerio del Southern Baptist Theological Seminary a través del Seminary Wives Institute. También forma parte del equipo del ministerio de mujeres Ezer. Está casada con Joel, y juntos tienen dos hijos: Samuel y Abigail.

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