Es San Valentín. Todo está de rojo: arreglos de flores, globos, parejas tomadas de la mano en restaurantes y plazas. Y ahí estás tú, soltero o soltera un año más. Algunas personas te miran con pena y evitan el tema frente a ti. Y te preguntas en silencio si Dios te ha olvidado, o si hay algo malo en ti —como parecen insinuar ciertos comentarios, incluso de amigos cristianos.
Por mucho tiempo, la soltería ha sido considerada una desgracia social. Algunos han llegado a afirmar que no forma parte del diseño de Dios, y que por lo tanto podría interpretarse como un castigo o como consecuencia de algún defecto de carácter. Sin embargo, algo de lo que puedes estar seguro es esto: Dios está completamente consciente de tu soltería. A Él no se le ha escapado ese dato.
Antes de reflexionar sobre por qué Dios permite la soltería, conviene hacer una pregunta más íntima: ¿quieres casarte? Y si la respuesta es sí, ¿por qué? Hay razones nobles y razones que merecen una revisión honesta del corazón. Desear un compañero de vida es normal y bueno; querer formar una familia para vivir el diseño de Dios en ella es un deseo legítimo. Pero ese mismo deseo puede estar impulsado por motivos que no lo son tanto. A continuación se presentan cinco motivaciones que vale la pena examinar con sinceridad.
Orgullo y presión social. Cuando la cultura considera la soltería como algo vergonzoso, es fácil querer casarse simplemente para evitar esa «vergüenza» y las miradas de lástima. Pero si esa es la motivación principal, lo que está ocurriendo es una idolatría de la aprobación humana. Pablo lo advierte con claridad: «Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo» (Gál. 1:10). Quizás Dios quiere destruir ese ídolo antes de cualquier otra cosa.
Competencia y envidia. ¿Es posible que el deseo de casarse esté motivado, en parte, por la envidia hacia otros que ya lo han hecho? Santiago advierte que las oraciones con malas motivaciones no son escuchadas (Stg. 4:3). La historia de Raquel y Lea en el Génesis ilustra este peligro con elocuencia: Raquel nunca encontró satisfacción, ni siquiera cuando Dios le concedió hijos, porque lo que la movía era la competencia con su hermana. Quien vive así seguirá insatisfecho incluso después de casarse.
Deseo sexual. En una cultura que sexualiza casi todo, este puede ser un motivo poderoso. Sin embargo, el sexo, aunque bueno y creado por Dios para disfrutarse dentro del matrimonio, no es una necesidad biológica en el sentido estricto. Como creyentes, la llamada no es correr detrás de placeres, sino detrás del gozo que viene del Espíritu Santo.
Dudas sobre el amor de Dios. Quizás la motivación más dolorosa es esta: algunos creyentes solteros interpretan su estado como evidencia de que Dios no los ama, los ha olvidado, o no está complacido con ellos. Pero eso no es cierto. Hay personas casadas con serios problemas de carácter, y personas solteras profundamente amadas por Dios. La soltería no es un veredicto sobre el valor de nadie. Como afirma Daniel 4:35, Dios hace según su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra. Y si Dios tiene contados los cabellos de nuestra cabeza (Mt. 10:30), también tiene plena conciencia de nuestra situación afectiva. Tu soltería no es una casualidad; está determinada por la voluntad buena y soberana de Dios.
Existe una motivación adicional que merece atención especial: la creencia de que el matrimonio es la fuente de la felicidad plena. Muchas personas miran el amor romántico como aquello que finalmente las llenará, la respuesta a esa sed profunda que llevan dentro. Pero convertir el matrimonio en esa fuente es construir un ídolo.
El matrimonio, por satisfactorio que pueda ser, no fue diseñado para dar plenitud completa. Solo Dios puede hacer eso. El matrimonio fue diseñado para pulir, para exigir entrega, para enseñar a servir y no solo a ser servido. Quien llega al matrimonio esperando que el otro lo llene terminará poniendo una carga insostenible sobre su cónyuge y se sentirá profundamente desilusionado.
Tu soltería actual no es una casualidad; está determinada por la voluntad buena y soberana de Dios.
Revisar las motivaciones del corazón no es un ejercicio de culpa, sino de libertad. Cuando los deseos están bien ordenados —cuando Dios ocupa el lugar que le corresponde y el matrimonio su lugar correcto—, la soltería deja de ser una sala de espera angustiante y comienza a ser un tiempo con propósito propio. ¿Por qué Dios permite la soltería? ¿Para qué puede usarse este tiempo? ¿Cuáles son sus ventajas y bendiciones concretas? Esas preguntas serán el tema del próximo artículo. Por ahora, el primer paso es este: llevar al Señor un corazón examinado y honesto, libre de ídolos y abierto a su voluntad.
A Grullón es cristiana que ama compartir el evangelio. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría, de la concentración de Consejería Bíblica. Vive en Santo Domingo, República Dominicana.
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