Es San Valentín. Todo está de rojo: arreglos de flores, globos, parejas en restaurantes y plazas, personas vestidas de rojo que hablan con alegría de sus regalos o de sus planes para celebrar. Y ahí estás tú, sin pareja un año más —o quizás por primera vez—. Algunas personas te miran con lástima y evitan el tema cuando estás presente. Y vuelves a preguntarte por qué Dios te tiene soltero o soltera, o si realmente hay algo malo en ti, tal como sugieren ciertos comentarios de amigos, incluso de los mismos cristianos.
Por mucho tiempo, la soltería ha sido considerada una desgracia social. Algunos han llegado a afirmar que no forma parte del diseño de Dios, y que por tanto podría interpretarse como un castigo o como consecuencia de algún defecto de carácter. Sin embargo, según estudios recientes, la soltería está en aumento: cada vez hay más personas solteras en el mundo y en las iglesias. Las causas sociales son variadas, pero no es el propósito de este artículo explorarlas. Lo que sí puedes saber con certeza es que Dios está muy consciente de tu soltería. A Él no se le ha escapado ese dato.
En tono jocoso, algunos definen la soltería como el estado que las mujeres odian y los hombres aman. Al ver a alguien soltero, muchos suponen que su vida debe ser aburrida o que carece de pretendientes. Pero más allá de esos estereotipos, vale la pena hacer una pregunta sincera: ¿quieres casarte? Y si la respuesta es sí, ¿por qué quieres hacerlo?
Puede haber muchas respuestas distintas, y no todas apuntan en la misma dirección. Es completamente normal y bueno desear un compañero de vida y querer formar una familia para vivir el diseño de Dios en ella. Pero ese deseo bueno puede estar alimentado por motivaciones no tan buenas. Vale la pena examinar el corazón con honestidad.
Orgullo y presión social. Dado que la sociedad considera la soltería como algo negativo, algunos no quieren experimentar esa «vergüenza» ni que los miren con pena. Si esta es la motivación, se está idolatrando la opinión y aprobación de los demás. Quizás Dios quiere desmantelar ese ídolo antes de proveer un cónyuge. «¿Busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo» (Gá 1:10).
Competencia y envidia. ¿Es la envidia lo que impulsa ese deseo? ¿Porque amigos con quienes te comparas ya se han casado? Santiago advierte que ciertas oraciones no son escuchadas precisamente por sus malas motivaciones: «Piden y no reciben, porque piden con malos propósitos» (Stg 4:3). La historia de Raquel y Lea lo ilustra con claridad: Raquel nunca estuvo satisfecha, aunque Dios le concedió hijos, porque lo que la movía era la rivalidad con su hermana (Gn 29–30). Quien parte de la envidia llegará al matrimonio con las mismas cadenas.
Deseo sexual. En una sociedad tan sexualizada como la nuestra, en la que todo incita al sexo, es probable que este sea un motivo. El sexo es bueno y fue creado por Dios para disfrutarse dentro del matrimonio. Pero no es una necesidad biológica; nadie muere por no tenerlo. La persona soltera puede disfrutar de muchos placeres saludables y dignos, pero el sexo está reservado para el matrimonio. Como cristianos, la llamada no es andar tras placeres sino tras el gozo que viene del Espíritu.
Dudas sobre el amor de Dios. Algunos creyentes solteros piensan que su soltería es evidencia de que Dios no los ama, que está descontento con ellos o simplemente que los olvidó. Nada de eso es verdad. No estás soltero o soltera porque Dios no te ame ni porque haya algo malo en ti. Estás soltero o soltera porque Dios así lo ha dispuesto, de acuerdo con sus propósitos soberanos. «Él hace según su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra» (Dn 4:35). El Señor tiene contados incluso los cabellos de nuestra cabeza (Mt 10:30). Tu soltería actual no es una casualidad; está determinada por su voluntad buena y soberana.
La esperanza de que el matrimonio te hará feliz. Algunos creen que el amor romántico es lo que los llenará y dará plenitud. Miran el matrimonio como una fuente para saciar su sed. Esto es un ídolo. La relación matrimonial, por satisfactoria que sea, no otorga plenitud ni felicidad completa; solo Dios puede hacerlo. El matrimonio está diseñado para formarte, y exigirá que des de ti, que sirvas y no solo que seas servido. Quien llega al matrimonio con esa expectativa pondrá una carga muy pesada sobre su cónyuge y se sentirá desilusionado muy pronto.
Tu soltería actual no es una casualidad; está determinada por la voluntad buena y soberana de Dios.
Que nuestras motivaciones sean puras delante del Señor no es un detalle secundario; es el punto de partida. Antes de preguntarse por qué Dios nos tiene solteros, conviene preguntarse desde dónde estamos mirando esa soltería. Un corazón que ha examinado sus motivos honestamente está en una posición mucho mejor para recibir lo que Dios tenga preparado, sea el matrimonio o una vida de soltería fructífera y plena. En el próximo artículo exploraremos precisamente eso: el para qué de la soltería, sus bendiciones y cómo aprovecharla bien en la vida práctica.
A Grullón es cristiana que ama compartir el evangelio. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría, de la concentración de Consejería Bíblica. Vive en Santo Domingo, República Dominicana.
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