Statamic
La voluntad de Dios para tu vida
La voluntad de Dios para tu vida

Foto de RDNE Stock project en Pexels

Vida cristiana

La voluntad de Dios para tu vida

Héctor Salcedo 10 agosto, 2018

Imaginemos que alguien acaba de ser contratado en una empresa. Lleva apenas un día en su nuevo puesto y ya le preguntan: «¿Cuál es el plan de tu jefe para ti y tu carrera en los próximos diez años?». La pregunta sería imposible de responder con honestidad, porque aún no conoce cómo piensa su jefe, qué valora ni cómo toma decisiones. Con la voluntad de Dios ocurre exactamente lo mismo. La respuesta corta a «¿cómo conocemos la voluntad de Dios?» es esta: conociéndole a Él. Mientras más lo conocemos, más fácil resulta deducir Su voluntad.

Esta no es una idea abstracta ni una fórmula espiritual vacía. Es, precisamente, lo que el apóstol Pablo afirma al concluir su carta a los Romanos: «Por consiguiente, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes. Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto» (Rom. 12:1-2). Conocemos la voluntad de Dios cuando dejamos que Su Palabra transforme nuestra manera de pensar.

La Palabra de Dios como fundamento del conocimiento

Dios es un ser que piensa de manera radicalmente distinta a nosotros. Sus pensamientos no son nuestros pensamientos, Sus reacciones no son nuestras reacciones, Sus emociones no son nuestras emociones. Por eso, nadie puede simplemente deducir a Dios por intuición o razonamiento propio. Si vamos a conocerle, tenemos que adentrarnos y profundizar en Su Palabra. Solo allí Él se ha revelado con claridad.

La consecuencia práctica de esto es significativa: mientras más entendemos a Dios a través de las Escrituras, cuando se nos presenta cualquier decisión, nuestra respuesta estará más fundamentada en lo que Él ha dicho y en la manera en que Él piensa. Conocerle nos facilita encontrar Su voluntad. No se trata de acumular información teológica por el simple placer intelectual, sino de cultivar una familiaridad viva y creciente con Aquel a quien servimos.

Aquí vale la pena hacerse una pregunta incómoda: ¿cuándo fue la última vez que le pedimos a Dios más pasión por Él y por Su Palabra? Si esa petición nos parece extraña o poco urgente, es probable que no lo conozcamos tan bien como creemos. Porque si lo conociéramos, sabríamos que esa es la mejor petición que podríamos hacerle. Y cuando pedimos conforme a Su voluntad, Él nos oye y nos responde.

Una relación, no una consulta

Uno de los errores más comunes al buscar la voluntad de Dios es tratarlo como un oráculo: vamos a Él con una pregunta específica, esperamos una respuesta inmediata y luego seguimos con nuestra vida. Pero Dios no trabaja por consulta. Él trabaja a través de una relación en la que nos acercamos a Él, aprendemos a entender cómo piensa y luego vivimos con esa comprensión de forma continua.

Jesús lo expresó con claridad en el Sermón del Monte: «Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas» (Mat. 6:33). Buscar el reino de Dios es vivir de tal manera que el señorío de Dios se haga presente en cada área de la vida. En otras palabras: ocúpate de agradar a Dios en todo, y Él proveerá lo que necesites. La voluntad de Dios no es difícil de encontrar cuando nos proponemos conocerle de verdad.

Sin embargo, cuando pedimos sin ese fundamento relacional, los resultados son predecibles. Santiago lo advierte con firmeza: «Piden y no reciben, porque piden con malos propósitos, para gastarlo en sus placeres» (Sant. 4:3). Muchas oraciones aparentemente «sin respuesta» no lo están porque Dios sea sordo o indiferente, sino porque han sido formuladas al margen de un conocimiento genuino de quién es Él y qué le agrada.

Caminar con Dios a través de Su Palabra también incluye, en ocasiones, buscar consejo en la comunidad de creyentes donde Él nos ha colocado. El orgullo nos convence de que no necesitamos ayuda, pero la sabiduría reconoce que Dios trabaja también a través de Su pueblo.

La búsqueda de la voluntad de Dios es un proceso que se facilita mientras más yo conozco y me acerco a Dios.

La mente transformada como camino permanente

Encontrar la voluntad de Dios no es el resultado de un momento de iluminación ni de una decisión aislada. Es el fruto de una mente que ha sido, y sigue siendo, transformada por las Escrituras. «No se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto» (Rom. 12:2). La voluntad de Dios no es un destino que se alcanza una sola vez; es una realidad que se verifica con mayor claridad a medida que lo conocemos más. Acercarse a Dios, saturarse de Su Palabra, vivir bajo Su señorío y caminar con Su pueblo: ese es el camino.

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas, financieras y el ministerio de jóvenes adultos (M-Aquí), además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.

Sidebar Banner

UNETE A NOSOTROS

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elitLorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit

Banner